14. Unidos para siempre
Damon entró cuando ella aún alimentaba a los pequeños, y se quedó mirando embelesado hasta que los acostó a dormir.
—Te has vuelto muy sentimental, mi ángel oscuro — le susurró Elena acercándose a él, lasciva.
—¿Ángel oscuro? Nunca me habías llamado así —también susurró él.
—Pues tú dices que yo soy tu ángel, y en verdad soy un hada; pero dicen que las hadas muy antiguas terminan por convertirse en ángeles. Y yo ya sé que tú a veces dices cosas que no sabes que sabes…
—Eso es un trabalenguas.
—¡No me interrumpas! La cosa es que sí tú eres en parte hada, en parte unicornio y en parte vampiro, ya no sé bien ni lo que eres. Pero eres antiguo, bastante como para ser un ángel…
—…un ángel oscuro.
—Ajá.
—Pero Isfendarmad dice que estoy saliendo de la Oscuridad.
—Ah, pero siempre quedará un poco dentro de ti, ese poco de Oscuridad que te hará seguir sendo un vampiro y que te da ese toque especial. Sí, prefiero un ángel oscuro a uno luminoso.
—¿Cuánto lo prefieres? —él hablaba ahora a su oído. Elena empezó a desabotonarle la camisa.
—Mucho.
Él la besó con ansias, y luego miró a las cunas.
—Creo que debíamos salir de aquí. Esos niños cambian por minuto y podrían estar ya entendiendo todo.
—Salgamos —asintió ella, y casi lo arrastró fuera—. ¿Hay alguien más en la pensión?
—No. Sage sigue prefiriendo el bosque para dormir. Stefan no quiso quedarse, y creo que Bonnie no lo va a dejar despegársele mucho rato.
—¿Stefan y Bonnie…?
—Pues sí, la brujita tiene cierto interés en mi hermanito bien comportado recién vuelto a ser humano, ¿te molesta?
—¡No! ¡Al contrario! Ojalá ellos se entiendan, para así tú y yo ser felices sin ningún tipo de remordimientos.
—Yo no tengo remordimientos ahora mismo.
—¡Oh, malicioso! —introdujo sus manos dentro de la camisa y lo acarició, él terminó de quitársela de un tirón. Subieron la escalera al tercer piso tropezando con la ropa que ambos se quitaban como podían. Arriba quedaba una sola habitación, la del desván, más pequeña y misteriosa, pero también más íntima. Elena miró alrededor—. Estoy segura de que la señora Flowers ha puesto más magia en esta habitación que en ninguna, ¡me gusta!
—La magia la pones tú, mi ángel, dondequiera que estés conmigo —la besó en el cuello. Ella se dejó hacer y luego se escapó hacia la cama. Damon olisqueó tras su nuca—. Es irónico que… me preguntaste hace poco por la sangre de hada, por los poderes que da a quien la tenga, y resulta que tú… eres toda un hada… irresistible.
—¿Entonces es sólo mi sangre de hada lo que te atrae? —ella se le insinuó aún más.
—¡No! Aunque no te niego…
—Damon —lo interrumpió ella—, ¿cuánto hace que no bebes sangre humana?
—Bebí la tuya, hace poco.
—Eso fue sólo un sorbo. Yo digo beber… de verdad.
—Creo que la última vez fue aquella donación masiva que orquestaron el dr. Meggar y todos los demás en la casa de lady Ulma para salvarme la vida. La primera donante fue Meredith.
—Y de eso hace… ¿un mes ya?
—Tal vez sí.
—¿Y eso no te debilita, Damon? Te necesito con todos tus poderes al máximo; este pueblo te necesita en tu mejor forma ahora.
—¿Qué estás queriendo decir, Elena? —él se separó un poco y la miró a los ojos—. Creí que te desagradaba la idea de que los vampiros beban sangre humana.
—Sí, me desagrada, si es mediante engaños y bajo compulsión. Pero tengo la solución perfecta para ti.
—¿Ah, sí? —él volvió a acercarse, interesado.
—Beberás mi sangre; como es sangre de hada, te bastará sólo conmigo.
—¿Estás loca? Si donas tu sangre todos los días puedes enfermar, o volverte una vampira.
—No si tú me curas —le acarició la mejilla. Él la miró con picardía.
—De acuerdo. Podemos empezar ahora, pero con una condición.
—¿Cuál?
—Tú bebes primero, de mí.
—Está bien, mi ángel oscuro, tienes razón.
Él sonrió y, con los dientes, abrió una herida en su muñeca. Cuando Elena empezó a chupar, él sintió el deseo apoderarse de su cuerpo. No pudo esperar mucho tiempo antes de que su ansiedad por la sangre prometida, la sangre de Elena, lo dominara por completo. Ya él había visto lo que hacía esa sangre; lo había visto en Stefan poco después de que ella volviera a la vida: salud, poder, y felicidad. Se deslizó un poco hacia abajo, dejando su brazo en la misma posición, al alcance de los labios que ahora lamían lentamente, y mordió el costado interior del muslo de Elena, muy cerca de la ingle. La reacción fue devastadora para los dos: habían creado un círculo de entrega, una unidad mágica que explotaba en todos sus sentidos, en todos sus nervios, y especialmente en su sexo. Elena fue la primera en dejar de beber, subyugada por el grito de placer que acompañó a su orgasmo. Damon también se detuvo; y la miró extasiado. La luz de la luna llena entraba por la buhardilla, iluminando a los dos. Ella estaba embriagada de lujuria al observarlo bajo esa iluminación.
— ¡Eres tan bello! —él sólo la besó como respuesta a su comentario halagador; ella volvió a tomar aire cuando él soltó su boca y suspiró—. ¡No puedo creer que seas sólo mío!
—¡Cállate ya! ¡Y ven acá! —la colocó completamente bajo su cuerpo, y ella pudo sentir una vez más su sexo despierto—. ¡Yo soy tuyo, Elena; y tú eres mía, sólo mía! Di que eres sólo mía.
—Soy sólo tuya.
Él entró en ella con una mezcla de fuerza y ternura que hizo a Elena gemir suavemente y agarrarse con fuerza a su cuello. Estaban saboreando el placer con los sentidos abiertos, concentrados uno en el otro, sin perderse en metáforas ni ceremonias mágicas, sólo sintiéndose las pieles, las caricias, la dulce sensación de estar unidos. Elena recordó «no bebés ahora». Y sintió el eco de la voz de Damon en su mente. ¡Podían escucharse sin pronunciar palabras!
Luego, abrazados en la cama, Elena empezó a reír.
—¿Sabes en qué estoy pensando, mi ángel oscuro?
—A ver… —trató de leer su mente— ¿en boda?
—Sí —ella rió más—. Pero no por mí, yo no necesito eso para saber que estamos unidos para siempre. Pero si vamos a quedarnos por un tiempo en el pueblo, tía Judith no nos dejará en paz si no lo hacemos.
—Pero no en la iglesia.
—¿Por qué no? No creo que le temas a las cruces y el agua bendita.
—No creo en el dios cristiano; eso es todo.
—Bueno, pues yo ahora sé que creo en muchas cosas más que el dios cristiano, pero en fin… la ceremonia es sólo un símbolo de amor inmortal, da lo mismo quien la haga.
—Está bien. Lo haremos así entonces. ¿Siempre haces que todos bailen a tu son, Elena Gilbert?
—Casi siempre —ella seguía riendo—.Ya lo imagino, Margaret de damita, Bonnie y Meredith de damas de honor…
—Si está Meredith, vendrá Alaric…
—Oh, y ojalá puedan estar Matt y Stefan…
—Sí, ojalá. Sobre todo para mostrarles a esos dos que eres mía de todas las formas posibles, para que no se les vaya a ocurrir…
—¡Ah, vamos, Damon! ¡No creo que aún tengas celos! Voy a demostrarte que no debes —esa vez ella se colocó sobre él; y empezaron otra batalla de cuerpos.
Afuera ya empezaba a amanecer.
