Esta viñeta fue inspirada por la canción Red headed woman, de Bruce Springsteen. Recomiendo que la escuchen e interioricen la letra antes de leer este fic, aunque si no lo hacen no es tan grave tampoco. Hago muchas referencias a la canción en el fic, por eso se los digo.

Estaba conversando con una amiga el otro día sobre canciones que nos hacían pensar en los merodeadores, y de repente se me vino a la cabeza esta canción. En mi mente, Sirius escucha esta canción y NECESITA CON URGENCIA molestar a James, va más allá de él, no puede evitarlo. Y eso fue lo que escribí.

Me divertí MUCHÍSIMO escribiendo esta viñeta, así que espero que lo pasen siquiera la mitad de bien leyéndolo. Me gusta pensar que logré capturar un poco ese espíritu merodeador y jugar un poco con esta amistad que tienen James y Sirius, que se adoran a tal punto de estar dispuestos a morir por el otro, pero que viven haciéndose bromas y molestándose mutuamente porque no saben expresar su cariño de otra manera.

Espero que les guste :D

Disclaimer: Este mundo es de Jotaká Rowling, y algunas de las frases que dice Sirius son de Bruce Springsteen, junto con todas las referencias que hago a su maravillosa canción.


—James, hoy tuve una epifanía —Sirius está de espaldas sobre su cama, con las manos cruzadas detrás de la nuca, las piernas estiradas una sobre la otra, y los ojos fijos en el techo, como si pudiera atravesarlo y ver la inmensidad del universo que se extiende sobre Hogwarts. Quién sabe, quizás puede.

James entra en la habitación que comparten los alumnos de Gryffindor y se queda quieto al escuchar a Sirius, que pese a hablarle directamente, no desvía la mirada del techo ni un solo milímetro.

—¿Ah, sí? —Sirius lanza un bufido al aire y entorna los ojos debido a la elocuencia de su amigo.

—Lily es pelirroja —impregna las palabras de una seriedad que hace pensar que hay trascendencia en esa verdad irrefutable, pero el brillo en sus ojos es claro indicio de que está bromeando, tramando algo, de que hay algo no tan serio e inocente detrás de esa afirmación. Aunque no puede verlo: Sirius no se ha dignado a mirarle desde que cruzó el umbral de la puerta. Tras un segundo de sorpresa, James echa la cabeza hacia atrás y se ríe a carcajadas.

—¡Merlín, Canuto! Sabía que eras corto de luces pero, ¿es en serio? ¿Esa es tu gran epifanía? —repite para sí mismo las palabras "gran epifanía" como entre burlándose y no pudiéndoselo creer. Sirius despega los ojos del punto fijo sobre su cabeza y mira a James como si el corto de luces fuera él, que no logra entender lo que le quiere decir, y entonces James lo ve, obscenidad en los ojos de Sirius, y se asusta un poco.

—¡Pelirroja, Cornamenta! ¡Pelirroja! —Sirius salta de la cama, se para frente a James, lo agarra por los hombros y lo zarandea. Al darse cuenta de que sigue mirándole como si hubiera perdido la cabeza, suspira frustrado—. ¿Es que nunca has oído a Bruce Springsteen? —claramente no, porque la única respuesta que obtiene de parte de James es un alzamiento de cejas.

—Remus te lavó el cerebro —le espeta como si fuera el peor insulto que le podrían decir a uno.

—¡Y debería lavártelo a ti también! Bruce Springsteen es el mejor muggle que pisa la faz de la tierra. Y antes de que digas cualquier cosa, estoy convencido de que los Beatles son magos.

—¿Quién es? —pregunta James, curioso, sin querer caer en el juego de Sirius, pero por la expresión que éste pone, puede dar tal objetivo por perdido.

—Alguien que sabe mucho de muchas cosas pero, sobre todo, de pelirrojas —como si esas fueran las palabras mágicas, la expresión en el rostro de James cambia y se transforma en una de genuino interés. Si pudiera entrar en la mente de Sirius, escucharía los gritos de ¡Victoria! y no se confiaría tanto, pero nunca logró aprender Legeremancia.

Con un movimiento de varita, Sirius hace aparecer un equipo con unos parlantes enormes que hacen retumbar la habitación, y tal vez el castillo entero, con los acordes de una guitarra que suena alegre, pegajosa y hasta traviesa, pero que bajo ningún concepto suena británica, lo que es bastante extraño viniendo de Sirius, principal defensor de la superioridad mundial de los ingleses. Un hombre grita y si James supiera un poco más de los muggles o de América, ese grito le haría pensar en un jinete espoleando a su caballo y haciendo girar un lazo sobre su cabeza. Pero la verdad es que no sabe nada ni de muggles ni de América, así que solo escucha cada vez más sorprendido.

Basta que el hombre, Bruce Springnoséqué había dicho Sirius, pronuncie dos palabras para que James reconozca el acento, haga un mohín con la cara y murmure "norteamericano", como si eso lo explicara todo. Y luego escucha, una, dos, tres veces, pelirroja, pelirroja, pelirroja, y decide que tiene que ponerle atención a la letra de esa canción porque definitivamente ese hombre sabe a lo mejor no mucho, pero sí algo acerca de las pelirrojas.

Sirius le mira con cara de "¿ves que yo tenía razón?" y cuando la canción termina, James le pide que la ponga de nuevo. La escucha por segunda vez y se da cuenta de que no entiende qué es lo que ese tal Bruce está diciendo. O sea, no es que no lo entienda, que a pesar del acento entiende cada palabra a la perfección, pero no tiene idea de qué mierda está hablando. Repite las palabras "trabajo sucio" casi tanto como "pelirroja" y dice algo como que desperdicias tu vida si no pruebas a una, pero por más que le da vueltas, no se le ocurre nada.

—No entiendo —le confiesa finalmente a Sirius cuando, después de ya haber escuchado la canción cinco veces, su amigo le mira impaciente, esperando a que diga algo, por favor.

—No me tomes el pelo —Sirius le mira fijamente, no dando crédito a lo que escucha. ¡Y le decía a él corto de luces!—. ¡Pero si hasta Peter lo entendería! —lo piensa un par de segundos y se rectifica—. De acuerdo, quizás Peter no. Pero Remus de todas maneras lo haría.

—Subestimas a Lunático, Sirius.

—Algo tendré que hacer contigo. Si quiero mantener mi reputación, no puedo permitir que mi mejor amigo sea tan mojigato.

—Yo también te quiero —le espeta James, procurando sonar más ofendido de lo que realmente se siente. Sirius sigue tratando de contener la risa, sin lograrlo demasiado, y James, exasperado, se rinde—. ¿Vas a explicarme algo o tendré que ir a preguntarle a Lupin?

—¡Merlín me libre! Por supuesto que te explico yo —James piensa que quizás no era tan mala idea preguntarle a Lupin, pero ya no hay vuelta atrás. Sirius pone otra vez la canción en el equipo, haciendo con magia que la introducción se alargue lo suficiente como para dejarle decir un par de cosas necesarias para entender de qué va la canción—. Esta, Cornamenta, es una gran canción que habla de un gran tema: Cunillingus.

—Y eso es… —suena a "lengua" y nada que tenga a Sirius y "lengua" juntos puede ser bueno.

—Eso, mi querido y buen amigo, es el maravilloso y sofisticado arte de… a ver, cómo te lo digo para que tus vírgenes oídos no se espanten… comer coños —los ojos de James se abren a una velocidad abismante y Sirius podría jurar de rodillas que un poco más y se le salen de las órbitas. Hace esfuerzos inhumanos por no reírse de su amigo, pero es que es imposible, la cara de James merece ser fotografiada y guardada para la posteridad—. Esto es mucho peor de lo que pensaba —el tono de Sirius es melodramático, y habla al mismo tiempo que rueda los ojos. James se arrepiente de no haber acudido a Remus, él no se habría reído, al menos no en su cara.

—¿Tendré que hacer eso alguna vez?

—¡Claro que sí! A las chicas les encanta —el tono con que dice "les encanta" es tan obsceno que hace que James tenga imágenes mentales de su mejor amigo que habría preferido no tener nunca—. Incluso puede que de eso dependa el que Lily se case contigo o no.

—¡¿Tendré que hacerle eso a Lily? —James está asustado, aterrado, petrificado, pensando seriamente en suicidarse y solucionar el problema. Llegados a ese punto, Sirius considera que lo mejor es dejar de torturar al pobre Cornamenta y, golpeando el equipo suavemente con su varita, el instrumental que llevaba ya harto rato sonando da paso a la rasposa voz de Bruce Springsteen, que grita que las morenas están bien, que las rubias son divertidas, pero que a la hora de hacer el trabajo sucio, él prefiere a una pelirroja.

James comienza a atar cabos en su cabeza. Las frases que anteriormente no tenían para él ningún sentido, ahora, luego de la breve introducción de Sirius, se transforman en una cantidad desmedida de información que intenta entrar demasiado rápido a su cerebro y le abruma más que un poco. Recién entiende a qué se refiere este hombre a quien Sirius parece admirar profundamente cuando dice eso de arrodillarse y probar a una pelirroja, y el pánico que siente se multiplica por mil.

Como un flash del pasado llega a su memoria el recuerdo de un grupo de tres o cuatro chicas murmurando entre ellas en el pasillo que lleva a las mazmorras. Una le contaba a las otras, que le escuchaban con franca curiosidad, que Black, el de Gryffindor, hacía maravillas con la lengua, y se sonrojaba al mismo tiempo que sus amigas soltaban risitas chillonas. James siempre pensó que se referían a que besaba bien, pero ahora lo ve todo más que claro.

—Mierda —murmura, demasiado impactado por su propio descubrimiento—. Tú ya lo has hecho antes.

—Nunca con una pelirroja, Jimmy, así que esto —señala los parlantes—, sigue siendo para mí pura teoría —la expresión en su rostro da a entender que, ahora que conoce las maravillas de las pelirrojas, poco tiempo pasará antes de que lo compruebe por sí mismo.

Pura teoría o no, esa noche James tuvo que darse más de una ducha de agua fría antes de poder conciliar el sueño.