Marzo 1, 2001.
Luego de tres meses siento una nueva sensación recorrer mi cuerpo, ya no tengo nervios al encontrarme frente a la mesa que he visto cientos de veces, ahora estoy más preparada para continuar con mi misión, tengo el apoyo de mi maestra, mi cuerpo esta lleno de seguridad, no me creo superior a mi oponente, sin duda alguna ese sería el peor error, sin embargo tampoco me creo inferior, quizá no seamos iguales, sus capacidades son diferentes a las mías y eso es lo que hará de esta pelea un gran combate, habrá zonas en las que fallé pero seguramente al tener más experiencia en este momento podré ver cuales son sus puntos débiles. No pienso cambiar de arma, mi elección es una daga y como la primera vez su elección es la misma, estamos de frente, caminando en círculos a una distancia prudente, esperando el momento de atacar y defendernos del ataque, mi vista esta en sus ojos, el combate se lleva a cabo de manera nocturna, si falló en este combate es probable que muera, al igual que Mai, si sucede lo mismo de la vez anterior no habrá como ocultar nuestro entrenamiento, esta vez no lucho sólo por mi integridad física, pero debo despejar mi mente. Es sólo una milésima de segundo lo que tarda en acercarse a mí, pero es suficiente para esquivar y atacar, puedo sentir como mi velocidad es mucho mayor, no me refiero solamente a la de mis movimientos sino también a mi reacción y a mi vista, han avanzado conforme mis movimientos lo hacen, una descarga de adrenalina corre por mis venas, todo se desarrolla muy rápido, no se cuanto tiempo pasa desde el inicio hasta el momento en el cual la pelinaranja para el combate, esta vez no porque haya quedado inconsciente, sólo perdí la noción del tiempo, pudieron ser cinco minutos, media hora incluso toda la noche, jamás había sentido eso y una lejana comparación sería cuando me plantaba frente a la televisión con el control del videojuego en mis manos. Acabamos jadeando y me alegró saber que no sólo yo, los resultados fueron un par de rasguños en los brazos por mi parte y por ella un ligero corte en la mejilla.
-Eso es suficiente. – Mi maestra se mostraba complacida con el resultado había una sonrisa en sus labios. – Tendrás unos días de descanso por las noches. Es hora de la fase dos.
Marzo 9, 2001.
Mi cuerpo recupera fuerzas lentamente, aún no se cuando comenzaré el nuevo entrenamiento, estoy ansiosa, me intriga conocerlo pero debo aprender a ser paciente, esa será una ventaja cuando comience "trabajar", poco a poco mis recuerdos del exterior comienzan a abandonarme, a veces no logro recordar algunas cosas, como la voz de mis amigos o de mis maestros, inclusive algunas partes de la escuela ahora parecen borrosas, se que son cosas relativamente insignificantes pero me asusta que pronto comiencen a ser los rostros de mis seres queridos, temo perder mis recuerdos más valiosos siendo estos los que me mantienen viva aquí adentro, no puedo decir que esto sea el infierno mismo, pero los detalles insignificantes a los cuales jamás les di un gran valor ahora lo cobran, en una situación como esta es cuando te preguntas donde quedaron los verdaderos amigos y si en verdad existieron en algún momento, a ninguno les di explicación de nada, me pregunto si por lo menos uno de ellos este preocupado por mí. Muchas noches el techo parece interesante, sirve como un gran telón blanco en donde proyectar mis pensamientos, donde visualizar mis recuerdos sin nadie que interrumpa mi meditación constante. Ya no me interesa si me vigilan, si fuera así ya estaría muerta cuando los demás se enterasen de mis salidas nocturnas para entrenar. Algo que extraño de mi casa es la enorme ventana de mi habitación, si bien permanecía cerrada la mayor parte del tiempo para resguardarme de la luz solar en las noches dejaba entrar el aire freso mientras observaba la luna y las estrellas, jamás las conté y tampoco intenté hallar figuras en un juego de "une los puntos", sólo me preguntaba la distancia que me separaba de poder tocarlas, su luz llegaba a mi quizá con una diferencia de años desde el momento en cual fue emitido ese brillo, tal vez esa estrella ya no existiera, así parecía mi vida en este momento, estaba segura de ser libre algún día, era un presentimiento pero no sabía cuando llegaría, tal vez pasaran años para conseguirlo y la paciencia era algo que apenas estaba desarrollando.
Marzo 16, 2001.
-¡Más vale que esa niña este ahí dentro o te irá mal! – Los gritos me despiertan parecen cercanos, las pisadas se acercan cada vez más a mi puerta, me pego a la pared intentando desaparecer en la oscuridad o fundirme con la pared. - ¡Nadie juega conmigo y ustedes no van a ser las primeras! - Esa es la voz de mi maestro, la llave es introducida violentamente en la cerradura y la puerta cede de la misma manera, la escena es impactante pero logro controlar mi cuerpo, su rostro esta completamente transformado por la ira, sus ojos son fríos, sus cabellos oscuros están completamente revueltos, examina la habitación hasta detener su vista en mí aún en la cama, con las piernas flexionadas, pegada a la pared.
- Te dije que estaba aquí. – Mi maestra entra con paso calmado, voz serena, trasmitiendo el mensaje con la mirada, debo permanecer tranquila mientras mi vida corre serio peligro.
-¡Calla! – Nos observa a ambas, intentó controlar mi respiración mientras mis latidos aumentan de velocidad vertiginosamente. – No se como lo hicieron pero lo voy a averiguar, no se lo que traman pero se que algo traen entre manos y lo voy a descubrir en este momento. – De dos pasos ya se encuentra frente a mí, me toma de los cabellos jalándome hacia la puerta, es doloroso aunque nada comparado a los cortes y heridas que me he provocado antes. Me lleva hasta una habitación no muy agradable, no es la forma de la habitación o los muebles sino lo que hay en ellos, me empuja con brusquedad y caigo al piso sin poder evitarlo, se lo que seguirá, inevitablemente mis manos quedaran presas de los grilletes unidos al suelo, no tarda demasiado en cumplirse mi predicción estoy inmovilizada a merced de mi maestro furioso.
-¡No hemos hecho nada! ¡Déjala en paz! – Logro identificar la desesperación en esa voz que me ha brindado amistad. - ¡No descargues tus falsas dudas en ella!
-¿Por qué la defiendes tanto? –Una sonrisa cínica se forma en sus labios. – Ya veremos que tan falsas son mis dudas, esto servirá de demostración a todo aquel con el atrevimiento de retarme. – Salió de la habitación dejándonos solas a mi maestra y a mí, escuchamos sus pasos alejarse cuando ella se acerca.
-Te liberaré de esto antes de que vuelva.
- No lo hagas o sabrá que sus sospechas eran verdaderas. – Ella interrumpe su labor de tratar de liberarme.
-Entonces confiesa antes de que haga cualquier cosa y seguramente saldrás bien de esta situación.
-No lo haré. – Ella me mira confundida. – Esta vez no sólo mi vida depende de mis acciones, también la tuya, guardaré silencio y que pase lo que tenga que pasar. – Se pasa la mano por el cabello.
-¡No entiendes! Te matará. Si confiesas yo sufriré las consecuencias, mi vida vale mucho menos que la tuya, mis manos ya están manchadas de sangre, las tuyas aún están limpias, yo moriré y tu podrás conseguir tu venganza. – Escuchamos pasos cercanos y ella se aleja suplicándome con la mirada.
-¡Aquí esta la prueba! ¡La advertencia para los que quieran retarme! – Seguramente en esa habitación estaban todos los que trabajan para él, rodeándome, viéndome con burla y desprecio. – Te lo preguntaré una sola vez. Ustedes dos han hecho algo a escondidas de mí. ¿Cierto? Pero no porque tu quisieras sino porque seguiste las ordenes de tu maestra. ¡Responde! – Toma mi cabello con brusquedad tirando hacia atrás, veo por el rabillo del ojo la cara de Mai leyendo en sus ojos un "delátame".
-No. – Es apenas un susurró, me suelta de golpe.
- Así que no quieres hablar. Bien. Serán treinta, si luego de eso sigues diciendo lo mismo, creeré en ustedes y les dejaré en paz. – Sólo se alejó unos pasos, no tenía ni la más pequeña idea del significado de treinta. - ¡Uno! – Un fuerte golpe azotó mi espalda a todo lo largo, clara marca de un látigo, doloroso como nada de lo que hubiera sentido antes dejando a su pasó un terrible ardor. - ¿Cambiaste de opinión?
-No. – No quería imaginarme cuan doloroso sería el segundo golpe, ¿por qué no la delataba y acababa con mi martirio de una vez? En estos momentos la venganza pasaba a segundo termino, la amistad era más importante, Mai era lo único que tenía en este lugar, una persona en la cual podía confiar, una gran persona que no debía morir, tal vez moriría ese día, tal vez la muerte es una forma de libertad que jamás contemple.
-¡Dos! – El golpe fue incluso más duro que el primero pero no me atrevía a gritar, debía soportarlo con la frente en alto. - ¡Tres! – Cerraba los ojos ante cada golpe, podía sentir la sangre recorriendo mi espalda. - ¡Cuatro! – Intenté concentrarme en algo que me alejara del dolor, un rostro, un momento, alguna imagen, algún sonido que me hiciera soportar tal martirio. - ¡Cinco! – Sólo pude encontrar una imagen, la cara misma que le di a mi consciencia, esa hermosa niña, debía sobrevivir a esto, para vengar la muerte de mi madre, para vengar a esa niña y a su progenitora, vengarme de cada vez que el látigo golpeara mi cuerpo. - ¡Seis! – Así fije mi vista en un punto fijo de la pared, visualizando en esta esos ojos. - ¡Siete! – Deje de sentir el dolor por un instante, recordando ese momento lleno de crueldad, sentí la furia recorriendo mis venas. - ¡Ocho! – Deje de sentir el impacto, todos se encontraban callados, podía escuchar como el cuero impactaba mi piel y como una por una las gotas de sangre caían al frío piso. - ¡Nueve! – Las miradas de burla se transformaron completamente en indescifrables, como si en cierta parte no creyeran lo que pasaba. - ¡Diez! ¿Algo que decir? – Guardé silencio, el látigo se detuvo durante unos instantes y cometo el más grande error; relajarme. - ¡Once! – Había cambiado de látigo, ahora ero una con la punta dividida para causar mucho más dolor, mis ojos se humedecieron pero sacando fuerzas de todo mi pasado me trague las lágrimas y el grito que insistía cada minuto en salir. - ¡Doce! – Mantuve los ojos abiertos apretando con fuerza la mandíbula. - ¡Trece! – Sentía como las gotas pasaron a ser finos hilos, podía sentir como el pantalón comenzaba a humedecerse de mi sangre. - ¡Catorce! – Por fin logré entender el significado de todas esas miradas, admiración y respeto, lo cual me hizo cuestionarme muchas cosas pero ahora no era tiempo de contestar. - ¡Quince! – Mi bloqueó mental del dolor había desaparecido totalmente en un instante. - ¡Dieciséis! – Era insoportable, los golpes seguramente ya no herían mi pial puesto que probablemente mi espalda estuviera completamente abierta así que los golpes impactaban la carne viva*. - ¡Diecisiete! – Mi vista empezaba a nublarse. - ¡Dieciocho! – Todo parecía moverse, veía doble seguramente por la perdida de sangre. - ¡Diecinueve! – Sentí mis manos teñirse de rojo para luego cerrar los ojos. - ¡Veinte! – Cerré los ojos sin perder la consciencia, al menos no del todo. - ¡¿Cómo puedes soportar tanto? – Esa pregunta me la hacía también. - Sólo hay dos opciones; quieres tanto a tu maestra para protegerla así o realmente dices la verdad. – Sonreí mientras observaba a la mencionada pelinaranja.
-Nadie ha soportado tanto.
-¿Cómo puede seguir con esto? ¡Es una barbaridad!
-¡Debería estar muerta! –Eso se escuchaba en rumores que crecían lentamente.
- ¡Silencio! – Se acercó a mi rostro obligándome a verle a los ojos. – Nadie jamás ha soportado más de cinco golpes, quizá hubo uno que llegó a los diez pero se rindió al siguiente. Tú tienes algo que yo no. No me equivoqué al traerte. – Me sonrió como si nada hubiese sucedido. – Te ruego me perdones, debo confiar más en ti. – Tenía ganas de escupirle en la cara pero probablemente si lo hacía no terminaría mi castigo ahí. – Puedes irte. – Siento como mis manos son liberadas de su prisión, seguramente hay marcas rojas alrededor de mis muñecas pero no tengo muchas fuerzas como para cerciorarme, consigo ponerme de pie lentamente, sintiendo la viscosidad de mi sangre en mis pies descalzos, con dificultad para respirar y a paso cansino, tambaleante como si fuera a caerme en cualquier instante llego a mi habitación, todos parecen sorprendidos, no imaginaron que pudiera llegar a mi cuarto por mi propio pie, dejo caer parte de mi cuerpo sobre la cama, mis fuerzas no dan para más, un estupor me invade brindándome unos minutos de paz.
-¿Por qué lo hiciste? – Le dedico una sonrisa cansina a mi maestra la cual me observa al borde del llanto.
-Dije la verdad. – Bien, no la dije pero no iba a confesar cuando estábamos rodeadas por todo el mundo, ya habría tiempo de sobra para charlar cuando estuviéramos solas. Mai se acercó a mí ayudándome a subir a la cama no sin antes deshacerse de la blusa hecha jirones, el simple roce ligero de la tela al ser retirada era insoportable. – Yo me encargo, pueden irse. Cierra la puerta después de salir Julliet. – Así que esa era el nombre de la joven pelirroja que había visto sólo un par de veces. – Perdóname, por favor…perdóname.
Abril 9, 2001.
Hasta el día de hoy he podido sentarme en el borde de la cama, mi cuerpo se ha visto afectado al estar lastimado tantas veces por eso mi recuperación ha sido demasiado lenta, la curación de las heridas fue incluso más dolorosa que el dolor de las mismas, me hicieron una transfusión de sangre, en verdad cualquier persona común debería haber muerto, tal vez mis deseos de vivir hayan resultado más fuertes que la fuerza de los impactos, tal vez la ira que fluía por mi cuerpo ante cada golpe me haya salvado o quizá…sólo quizá en algún lugar haya alguien que me proteja.
Abril 18, 2001.
Aún sigo un poco adolorida pero puedo volver a mi entrenamiento, mi maestro al parecer ya no sospecha nada peo debemos andar con cuidado, no podemos confiar en nadie, tal vez ahora las paredes tengan oídos, Mai no quería que regresara aún pero terminó cediendo ante mis suplicas, no es que este del todo bien pero por lo menos con los entrenamientos me distraigo un poco, no soportaba estar sola en mi habitación tumbada en la cama sin hacer absolutamente nada, sin hablar con nadie, sólo a ratos cuando mi maestra me llevaba la comida pero a pesar de haberla perdonado por algo que no hizo ella no se perdonaba a si misma, no podía verme a los ojos. No me gustaba nada esa situación tenía que arreglarlo pero ya no estaba segura en esa habitación, el porque no habíamos pasado a la segunda fase era muy simple, mi maestro creía que yo aún no llegaba a esa parte, debíamos continuar con la farsa y cancelar los entrenamientos nocturnos.
Abril 21, 2001.
Sólo quedan un par de días más para terminar la gran mentira, estoy en mi habitación en penumbras como siempre, estoy esperando a Mai, es hora de hablar con ella, no puedo dejar que cargue con un peso que no le corresponde, se que no puedo borrar las imágenes de ese día de su mente, no puedo borrarlas de ninguna persona ni siquiera de mi mente pero supongo que verme a mi fue más impactante de lo que yo vi. No tarda demasiado en aparecer por el umbral de la puerta, no me mira, no me dirige palabra alguna, se limita a dejar la cena para disponerse a salir, antes de que alcance a dar un paso con dirección a la puerta la sujeto por la muñeca. Me mira sorprendida por un segundo para luego desviar la mirada.
-Quédate, por favor. – Estar tanto tiempo sin hablar con nadie, aislada de la gente hace que mis palabras se atoren en mi garganta, si antes me costaba expresar mis sentimientos ahora era mucho peor, en este mundo donde tus emociones son tu punto más débil debes aprender a ocultarlas lo malo de este hecho es cuando quieres, no, necesitas expresarte y decirlas.
- Yo… - Sus ojos comenzaban a humedecerse nuevamente y fue ahí, en ese instante donde hice lo que jamás había hecho antes con ninguna persona. Le abrace.
- Mai, se que te sientes culpable pero nada de lo que paso fue culpa tuya, fue mi decisión no hablar. Eres mi única amiga en este lugar y no quiero perderte. – Todo estaría bien, algún día lograría salir de ahí, por ambas. Vengaría cada golpe que ese hombre me dio, después de todo, en la vida todo se paga.
