Hola a todos, bien aqui estoy reportandome con un nuevo capitulo que espero disfruten.


Marzo 26, 2002 parte II

Cuando K abrió la puerta de la mansión dejando ver su larga cabellera el ambiente se tensó, todos guardaron silencio abruptamente sin atreverse siquiera a tomar sus armas para apuntarle, todos excepto Yosho, aquel hombre que estuvo a punto de matarla hace meses ahora le apuntaba nuevamente con mano firme y sin titubear un segundo, si ella se movía abruptamente la aniquilaría sin pensarlo.

-¿Qué haces aquí? ¿Acaso buscas la muerte? – La sonrisa irónica la hizo sonreír a ella también, lentamente camino hasta llegar a una silla le dio la vuelta de tal forma que el respaldo quedara frente a ella, se sentó sosteniendo la mirada oscura de aquel hombre bajo las ordenes de Kanzaki padre.

-Baja tu arma, solamente quiero hacerles un par de preguntas.

-¿Quién te crees? No eres más que una niñata intentando hacerse la valiente.

-Tal vez pero tuve el valor de hacer lo que ninguno de ustedes pudo. – El chico moreno pareció confundido por un instante cosa que la ojiverde no desaprovecho. - ¿Acaso creen que Kanzaki les está dando lo mejor que les pudo pasar en la vida? Dinero fácil, protección contra las leyes, se pueden vengar de quienes ustedes quieran pero apuesto a que muchos de ustedes sino es que todos en un principio deseaban acabar con Shin pero se acostumbraron, olvidaron lo que él quería que olvidaran, ahora se sienten en familia, tienen nuevos "amigos", una nueva familia. Pero ¿a cambio de qué? ¿Qué les quitó? A mí me robó a mi madre, me robó mi vida. Yo no puedo volver a mi colegio, no podré ver jamás a mis antiguos amigos, no podré quedarme en mi casa, él me quitó todo eso y nada de lo que pueda darme ahora compensará el daño que me hizo. – La ojiverde recorrió la estancia con una mirada rápida observando como todos reflexionaban sobre sus propias situaciones incluso el hombre parado frente a ella había bajado ya el arma. - ¿No se dan cuenta? Nos convirtió en sus esclavos, matamos para él pero en el momento en que nos hartamos de esto y decidimos dejarlo nos mata ya no le servimos para nada, Mikoto. – La aludida la observó con un poco de temor. – He visto a tu madre, a tu hermano Reito y a Mai ¿te gustaría volver con ellos? – Una enorme sonrisa apareció en el rostro de la pelinegra. – Puedo llevarte con ellos.

-¿De verdad? – K solamente asintió con la cabeza y la pequeña corrió a abrazarla.

-¿Cuántos de ustedes realmente son felices aquí? Perdieron a sus esposos o esposas, a sus hijos, padres, amigos, hermanos y ahora están aquí como si eso jamás hubiera sucedido, como si no les doliera.

-¿Qué pretendes hacer? – Iori un joven de pelo castaño y ojos miel habló quedamente.

-Cuando intentamos actuar solos nos enfrentamos a la muerte pero si todos decidiéramos comenzar de nuevo, él no tendría oportunidad contra nosotros, seguiríamos unidos pero sin dejar que el tomara el poder de nuestras vidas, todos comenzaríamos de nuevo y nos podemos proteger los unos a los otros, les propongo que se unan a mí para vengar a todas esas personas, a todos sus seres queridos y a aquellos inocentes que se vieron obligados a matar, si quieren matarme está bien, háganlo. – Se puso de pie para luego arrodillarse en el frío suelo de madera y extender los brazos esperando algún disparo, en su mente aparecieron aquellos ojos tan rojos como las mismas llamas del infierno.

-Yo estoy contigo. – K abrió los ojos sorprendida mientras lentamente cada uno de los ahí presentes le daba su apoyo, al final Yosho también se unió a ella.

-Tendrán todo mi apoyo, no les prometo que será sencillo porque no lo será pero…podemos, merecemos algo mejor que la vida que Kanzaki nos estaba dando. Si alguna vez uno de ustedes necesita de mí sólo búsquenme estaré ahí y espero que si en algún momento yo los necesito a ustedes pueda contar con su apoyo aunque yo no los obligaré a hacer algo que no quieran. – De igual manera todos presentían que no podía haber nada peor que estar recluidos durante meses inclusive años en aquel lugar. – Ahora vámonos de aquí. – Poco a poco cada uno de los asesinos a sueldo tomaba su auto, le quitaba la placa, la guardaba y salía de los extensos terrenos, la última en salir fue K pero algo llamó su atención y regresó hasta introducirse en el despacho de Shin, abrió su escritorio y sacó decenas de carpetas con la información de cientos y tal vez miles de personas a las cuales había asesinado o se habían quedado en proceso. Rápidamente buscó algún objeto que le sirviera para transportar todos esos documentos, luego de unos segundos salió a paso tranquilo cargada con una enorme bolsa deportiva, se introdujo en el edificio y subió al cuarto donde Shizuru la recibió con un gran abrazo.

-No cometiste una locura ¿o sí? – La miraba preocupada y Nat no pudo evitar responderle con una mirada tierna, la abrazo sintiendo su calor invadiendo su cuerpo y su aroma invadiendo sus sentidos.

-Vámonos de aquí. – Bajaron hasta la recepción, Natsuki pagó el tiempo que había utilizado el departamento y antes de subir a la Ducati la peliazul sacó las llaves. – Tú conduces.

-¿Qué? – Aquella experta de la muerte le enseñó que debía hacer, unos minutos después la castaña encendió el vehículo, temerosa de causar un accidente.

-Procura no matarnos ¿quieres? – Pronto la castaña dominó aquella máquina, su mirada iba al frente pero debía aceptar que la sensación del viento contra su rostro le gustaba, sin darse cuenta comenzó a aumentar la velocidad hasta más allá de los límites de velocidad permitidos e inclusive superiores a los que la misma Nat había llegado por lo cual ahora era la peliazul quién se aferraba a la cintura de su compañera cerrando los ojos mientras intentaba controlar un poco sus nervios. Cuando llegaron al edificio donde vivían, K se alegró como jamás se hubiera imaginado de bajarse de la moto. - ¡Tierra! – Su cara mostraba tal espanto que la castaña no pudo evitar reír intentando callar sus carcajadas cubriendo su boca con la mano, esa expresión únicamente la había visto una vez cuando subieron a la montaña rusa, recordar lo que pasó después causó el silencio completo de su risa pero guardando las apariencias un poco conservó la sonrisa, apagó el vehículo y se acercó a la otra.

-Ara, tenía entendido que Natsuki le temía a las alturas pero jamás imaginé que también la velocidad causaba ese efecto. – Después de que a la morena se le pasará un poco el susto respiró profundo antes de contestar, no podía creer que aquella joven de familia adinerada jamás en su vida hubiera tocado una moto.

-No te burles. – Comenzaron a subir las escaleras pero a la ojiverde le costaba un poco poder hacerlo con facilidad a través del estrecho pasillo con aquella bolsa deportiva llena de expedientes. – Normalmente no temo a las altas velocidades podríamos decir que mi vida siempre ha sido acelerada o por lo menos últimamente, el punto es que la velocidad no me da miedo…- Shizuru la veía un poco irónica. – excepto cuando tu conduces. – La mirada de la ojirubí se volvió divertida. Quizá podría manejar más a menudo tan sólo para ver nuevamente esa expresión en la chica que iba a su lado. – Recuérdame no dejarte conducir nunca más si quiero conservar mi integridad física.

-¡Que mala es Nat! No me dejará disfrutar su linda cara de terror. – Como reacción las mejillas de la menor se tornaron de un intenso color escarlata. La castaña sonrió satisfecha con el resultado. Al llegar frente a las puertas de sus respectivos apartamentos no supieron que hacer ¿debían quedarse en uno? En ese momento recordó a Mikoto quien seguramente estaría con Mai puesto que le había dicho cómo llegar con ella sin embargo aún debía hablar con Reito quien no sabía nada de que su hermana seguía con vida, había llegado el momento de contarle toda la verdad. - ¿Sucede algo? – Shizuru parecía un poco preocupada al notar el momento de pensamiento en su novia quien lentamente negó con la cabeza.

-Es sólo que ha llegado la hora de hablar con Reito y ayudarle en el reencuentro con su hermana.

-Si quieres puedo ir a buscarlo y así podemos hablar con él, debes entender que para Reito no eres la persona más buena del mundo y no creo que sea tan fácil convencerlo de toda esta situación, después de todo es de su padre de quién hablamos pero seguramente me creerá a mí. – La peliazul asintió con la cabeza para segundos después ver desaparecer a la ojirubí escaleras arriba, tomó esos segundos para entrar en su departamento, arrojar aquella pesada bolsa en una esquina y salir nuevamente al corredor desierto. Ya tendría tiempo para analizar aquella extensa fuente de pruebas pero por ahora tenía cosas mucho más importantes que hacer, los pasos retumbando sobre los escalones de madera alertaron a la ojiverde quien los esperaba apoyada contra la puerta de su apartamento, Reito venía atrás con el cejo fruncido aparentemente bastante molesto por la presencia de la menor quien mostraba un semblante calmado.

-¿De qué quieres hablar conmigo? – Seguía siendo el mismo chico arrogante que conoció cuando la castaña comenzó a mostrar interés por ella sin embargo aunque lo odiara desde el fondo de su alma debía tomarse este asunto a la ligera por lo cual manteniendo la tranquilidad, se acercó dos pasos al pelinegro.

-Debes acompañarme. – El joven Kanzaki sonrió de forma cínica.

-¿Por qué debería hacerlo? – Estaba jugando con fuego puesto que Natsuki había descubierto que la paciencia no era una de sus mejores virtudes, si seguía retándola simplemente le soltaría la verdad de golpe.

-Mira Reito, sé que no confías en mí…que no nos llevamos bien y que tal vez nos odiamos. – Él solamente amplió la sonrisa y la asesina tuvo que respirar profundo para no golpearlo. – Pero esta vez es diferente y no importa cuánto te deteste y cuanto me detestes a mí esto es algo que debes saber así que debes acompañarme. – Ambos mantuvieron un duelo de miradas por unos instantes en los que pareciera que pronto se agarrarían a golpes pero una melodiosa voz interrumpió el momento de tensión.

-Reito, sé que no confías en Nat pero por favor…confía en mí. – Eso bastó para que el amigo de la castaña asintiera desviando la mirada de los orbes verdes y comenzara a caminar lentamente casi arrastrando los pies para seguir a la peliazul, algunos minutos más tarde llegaron frente a la puerta del restaurante perteneciente a Mai, antes de entrar las chicas se detuvieron ocasionando que Reito también lo hiciera.

-Probablemente con lo que te diga me detestes más pero tu odio no me importa Reito. La razón por la que te traje aquí es porque tu padre y tu hermana están vivos. – El joven abrió los ojos con sorpresa por un instante pero luego su mirada se llenó de odio. – Tu padre…Shin Kanzaki se convirtió en asesino, no puedo decirte el número total de personas que ha matado pero puedo asegurarte que son muchas, ha secuestrado a personas durante varios años para crear su propia compañía y ahora está a punto de caer.

-¿Cómo te atreves a deshonrar así a mi padre? – Se acercó rápidamente hasta que casi se encontraban frente a frente sin embargo la mirada verde se tornó demasiado peligrosa haciendo que el pelinegro volviera a su lugar con un nudo en la garganta que le impedía hablar.

-No soy tan despreciable como para mentirte Reito, quizá debí decirte todo desde el principio pero no tuve el valor hasta que tu padre me dio una última misión, matarte. En ese momento decidí que por más que te odiara no podía lastimarte sin lastimar a Shizuru por más tonto que suene. Si no me crees puedes confirmarlo por ti mismo. – Abrió la puerta del restaurante para dejar a la vista a una niña de cabellos oscuros a la cual Reito identifico como su hermana en una milésima de segundo.

-¡Hermano! – Mikoto corrió en cuatro extremidades hasta saltar sobre Reito quien la recibió feliz en sus brazos, Shizuru y Natsuki decidieron que era mejor dejarlos conversar pues tenían muchas cosas por contarse, antes de cerrar la puerta para regresar al edificio el pelinegro se levantó.

-Gracias. – El chico mostraba una sonrisa sincera de total agradecimiento.

.No me las des. – K salió luego de hacerle una ligera reverencia para inmediatamente tomar la mano de la castaña y caminar rumbo al edificio para comenzar de cero una vez más. Las dos puertas frente a ellas nuevamente, la duda las invadió por unos instantes pero Nat estaba dispuesta a no perderla ni un segundo más de vista, quería recuperar el tiempo perdido, quería sentir la tibieza del cuerpo de la castaña quemando su piel así que la tomó de la mano y sin decir palabra la llevó al interior de su departamento. Con una sonrisa tímida llegaron hasta la sala donde tomaron asiento en el cómodo sillón de tres plazas.

-¿Qué sucede Nat? – Shizuru se preocupó al ver el semblante triste de la peliazul, parecía haberse perdido en sus propios pensamientos, en unos que aparentemente le dolían.

-Sólo pensaba…he hecho demasiadas cosas malas Shiz. – A pesar de la ligera sonrisa que se le formo a la joven belleza de Kioto al escuchar ese nuevo sobrenombre aún seguía con la sensación de querer abrazar a la peliazul para calmar su dolor. – Yo diría terribles, he matado a tantas personas. – Cerró los ojos con una mueca de arrepentimiento profundo pues en su mente apareció un rostro, si bien ella no era la culpable de su muerte, era testigo del daño y no hizo nada para evitar que aquella niña de cabellos rubios muriera luego de ver morir a su madre, había dejado la imagen en el rincón más oscuro intentando olvidarlo. – Es ahora cuando me pregunto sobre las familias de aquellas personas, no solamente dañé a aquellos que murieron en mis manos sino también destruí a todos los familiares. Hice lo que me hicieron a mí, en las calles debe haber cientos de personas preguntándose quién asesinó a sus seres queridos, queriendo vengarse como yo lo quise hacer, yo no quería esto, no pensé que la venganza me convertiría en alguien así, no puedo perdonármelo. – Y ahí, en medio de aquella sala, sentadas en el mullido sillón mientras el Sol caía sobre las calles de Japón, K desapareció por un momento pero no se hizo a un lado para dejar entrever a Natsuki o a Nat, por un instante la cruel y despiadada asesina desapareció completamente dejando caer la barrera de frialdad junto con las lágrimas que ahora se deslizaban por las mejillas de la ojiverde quien encontró un refugio en los brazos de su novia, tenía que sacar todo lo que sentía, se había hartado de fingir y callar, deseaba con toda su alma que alguien se acercara a ella sin miedo, sin rencor, sin dudas, alguien que no la viera con pena sino que simplemente le comprendiera y se quedara a su lado rodeándola en un abrazo como lo hacía en ese momento la castaña. – Ver ahora todo el daño que he ocasionado es algo que no puedo perdonarme.

-No te culpes. – Shizuru sentía todo ese dolor haciéndolo suyo, aquella chica entre sus brazos aún era una niña, aunque fuera apenas dos años menor que ella misma, nadie se detuvo un momento para consolarla inclusive en algunas veces tuvo que dar el consuelo que ella misma necesitaba, eligió sus propias cadenas intentando alcanzar la libertad y ahora que esta parecía estar cerca sus cadenas la retenían en un hueco oscuro y profundo del cual no la dejarían salir, la culpa, el miedo, el odio; esas eran sus ataduras. – Te han obligado a hacer todo eso Nat, no tuviste elección. Has sufrido tanto. – Pero Nat no podía perdonarse porque no podía negar que había llegado a gustarle matar, era la única forma de sacar todo lo que sentía sin ponerse a llorar, era la única forma de sentirse un poco mejor sin embargo los remordimientos existían, muy adentro de su ser pero existían y ahora que estaba en la comodidad de su departamento junto al ser que más quería no podía evitar sentirse culpable, no quería seguir por ese camino, siendo de esa forma y en algún momento lastimar nuevamente a Shizuru, ese nuevamente era lo que más le dolía a pesar de querer a esa castaña de ojos rojos con toda su alma la había lastimado. La belleza de Kioto quería hacer lo que nadie había hecho, quería adentrarse en las profundidades del corazón de Natsuki, descubrir quién era realmente debajo de todo el odio, no quería ver nunca más lágrimas de tristeza en aquellos ojos esmeralda, la besó, en un acto tierno, comprensivo, lleno de amor, haciéndole sentir por primera vez segura. La ahora afamada asesina a sueldo no sabía a ciencia cierta en qué momento el sillón había desparecido para darle paso a la cama, de hecho no le importaba y es que había cosas más interesantes en las que ocuparse, había dejado de entender muchas cosas de un momento a otro por ejemplo; no sabía por qué sentir los ligeros temblores de Shizuru mientras besaba su cuello lentamente le hacía sentir tan bien, recorrer su piel con las yemas de los dedos para descubrir despacio cada centímetro de su ser antes oculto tras las estorbosas prendas, escuchar su nombre entrecortado en aquella melodiosa voz, ahogar decenas de gemidos en su boca mientras la joven bajo ella apenas podía resistir el placer, no comprendía cómo hacerla llegar al éxtasis entre un mar de besos podía causarle tantas sensaciones distintas al mismo tiempo, le gustaba sentirse así; con el cuerpo perlado en sudor pegado al de su castaña la cual tenía el cabello despeinado, los ojos cerrados intentando recuperar su respiración normal, los labios ligeramente entreabiertos que tanto la tentaban, su cuerpo desprovisto de cualquier objeto que cubriera su desnudez, su hermosa y perfecta desnudez. Ahora Natsuki creía que no existía mejor atuendo para la ojirubí que ese, sus manos no podían detenerse ya, recorrían suavemente la tersa piel del abdomen jugando un poco con las reacciones de Shizuru quien a veces temblaba ligeramente, a veces un pequeño suspiro escapaba de sus labios y otras tantas algunas risillas salían cuando la peliazul tocaba algún punto sensible en aquel estomago plano.

-Ara, ¿acaso Nat quiere hacerme sufrir? – El tono seductor de la castaña hizo tragar con dificultad a la princesa de hielo quien no pudo evitar perder el control de la situación en un par de segundos, ahora estaba bajo aquel cuerpo cálido, su respiración comenzaba a acelerarse mientras la otra jugaba con su oreja, su cuello, inclusive pareciese que la conocía de memoria, sabía cómo hacerle soltar un suspiro, mil sensaciones recorrían su cuerpo al compás de las caricias de la chica arriba suyo hasta hacerle conocer el séptimo cielo en esas pupilas rojas mientras su nombre salía en un grito que no pudo contener. El dolor, el miedo habían desaparecido siendo remplazadas por la felicidad, su libertad ahora solamente quedaba sujeta a una sola atadura; la venganza pero estando al lado de Shizuru Fujino nada podría evitar que ella Natsuki Kuga fuera simplemente ella, cuando su respiración se hubo calmado abrazo fuertemente a la castaña, aspirando su peculiar aroma, el cansancio pronto las sumergiría en un profundo sueño donde seguirían juntas sin embargo la ojiverde no quería perder la oportunidad de decir lo que su corazón sentía.

-Te amo Shiz. – La mencionada sonrió.

-Y yo a ti mi Nat. – La luna se mostraba esplendorosa en un cuarto menguante como mostrando una sonrisa por el amor y felicidad momentáneas de aquellas dos hermosas jóvenes que ahora reposaban tranquilas en los brazos de Morfeo. Un par de horas más tarde tanto castaña como peliazul se despertaron moviéndose de manera incomoda y es que Shizuru jamás en su vida había podido dormir bocabajo mientras que su contraparte no podía hacerlo bocarriba, no querían moverse, se sentían bien así pero la incomodidad era demasiada, la peliazul en un rápido movimiento invirtió las posiciones para luego acomodarse en el pecho de la castaña escuchando sus los latidos de su corazón.

-Así está mucho mejor.

-Ara, ¿así que Natsuki quiere estar siempre arriba mío? – A pesar de estar semidormida la belleza de Kioto no podía perder oportunidad para disfrutar de las mejillas sonrojadas de la otra.

-¡Shizuru! – Con las mejillas coloradas hasta el grado de obtener el color de un tomate Natsuki conservaba la sonrisa, muy dentro de sí sabía que si por ella fuera la ojirubí jamás saldría de esa cama.

Marzo 27, 2002.

Hora: 8:24

Nat se encontraba abrazada a una almohada como suplente de la castaña que se había despertado hace rato, un delicioso aroma a té comenzaba a invadir el apartamento haciendo sonreír de manera inconsciente a la peliazul, seguía profundamente dormida y no tenía demasiadas ganas de levantarse pronto hasta que un objeto húmedo y frío recorría su oreja haciendo que su piel se erizara, no era un hielo, era algo más suave como una lengua, eso era…una lengua recorriendo su cuello.

-Shi…zu…ru. – Sus sueños pronto se habían transformado en unos donde esa lengua pertenecía a la castaña, una risilla llegó lejana a sus oídos como si estuviera fuera de ellos.

-Veo que Natsuki está un poco confundida. – Cuando aquella voz llegó hasta ella comprendió perfectamente que la castaña no era quien se encontraba jugando cruelmente con su cuello y se despertó abruptamente encontrándose con un par de ojitos verdes que le miraban con un brillo de felicidad, las orejitas gachas al sentirse observado, la chica peliazul simplemente negó con la cabeza mientras acariciaba al pequeño animal. - ¿Besa mejor qué yo? Porque Nat parecía estarlo disfrutando. – Una vez más la aludida se sonrojó y si tuviera orejas las hubiera bajado esperando que la tierra se la tragara pues era consciente de todo lo que había dicho mientras dormía.

-No te burles, además no es mi culpa, yo no sabía que traerías al pequeño. – Hizo un puchero que a la castaña le pareció simplemente adorable. – Estaba soñando…

-Ara no quiero saber que estaba soñando Natsuki-chan. – Una vez más en la mañana sus mejillas obtuvieron un intenso color rojo y eso que no llevaba ni diez minutos despierta.

-¿Y cómo se llama? – Ese era el mismo cachorro que el señor Fujino le había regalado a su hija para navidad, el pequeño animal le lamía las manos incitándola a seguir con las caricias.

-Eso se llama perro Nat.

-Ya lo sé. – Al parecer Shizuru parecía divertirse con los gestos de la ojiverde. - ¿Cuál es el nombre del perro? – La ojirubí se acercó hasta donde estaba su amada para ofrecerle una taza de té, ahora que lo pensaba no tenía un nombre, no recordaba haberle puesto uno en algún momento.

-Realmente no tiene nombre, nunca se lo puse.

-¿Por qué no le llamas Dhuran? – Tenía que intentar recuperar lo más posible de su vida.

-Dhuran. – El cachorro alzó las orejas intuyendo que se referían a él. – Parece que le gusta. – Ambas chicas jugaron un rato más con el animalito hasta que un sonido gutural salió del estómago de la peliazul. - ¿Por qué no vamos a desayunar? – Nat asintió para luego salir de la cama y cubrir su cuerpo con un bata, el tiempo pasaba rápido ahora que estaban juntas, nada podía salir mal sin embargo esa bolsa oculta en una esquina que podría pasar inadvertida para cualquier persona estaba latente en la mente de K, presentía que algo no estaba bien así que debía encontrar el espacio de tiempo suficiente para poder examinarla. A mitad del desayuno la hija del señor Fujino recibió una llamada precisamente de su padre quién quería verla para corroborar que ella estaba bien, el espacio entonces requerido se abrió cuando la puerta del departamento se cerró tras dejar salir a la castaña. La ojiverde con paso un tanto dudoso llegó hasta la esquina donde se encontraba aquella bolsa negra con vivos en rojo, la tomó para luego volver a la mesa depositándola sobre la misma, sus dedos temblaban un poco cuando tomó el cierre entre sus dedos y lo deslizó suavemente para que la bolsa revelara su contenido, las carpetas se mostraron ante ella incitándola a tomar cualquiera de ellas y así lo hizo, el primer nombre se mostraba en la tapa de la misma Suzushiro Haruka. En su mente pasaron todos los acontecimientos de esa noche pero ya no sentía más la adrenalina sino una inmensa culpa, con un poco de desdén comenzó con la lectura del expediente.

El nombre de la víctima es Suzushiro Haruka, nacida en Tokio Japón, trabajó durante tres años en la compañía pero un fallo en su desempeño ha hecho que deba morir. Reconocía esa información pues fue esa hoja la que se le dio, sin detalles de esa falta pero suficiente para llevar a cabo la muerte de Haruka, cambió la hoja para enterarse a detalle de aquel error que la llevara a la muerte. A Suzushiro Haruka se le ha encomendado la misión de acabar con la vida de una de las mayores amenazas para la compañía Kanzaki, una joven estudiante de la Academia de Policía de Japón, apenas ha cumplido los diecinueve años pero está completamente decidida a llegar al fondo, su padre al igual se encuentra dentro del sistema policiaco sin embargo ha sido nuestro aliado durante todo este tiempo, nos ha cubierto las espaldas desde el inicio de la compañía pero no podemos confiar en que ella haga lo mismo, es por eso que Suzushiro tiene como misión acabar con la vida de la recién graduada de la APJ; Fujino Shizuru.

A la mente de Nat simplemente vino un recuerdo, aquella tarde cuando la castaña leía el periódico, donde se mostraba la noticia de la muerte de Haruka, Shizuru sabía que la rubia había muerto por salvarle la vida, el remordimiento la hizo presa una vez más pero de forma tan violenta que no pudo evitar derramar algunas lágrimas. Había matado a Haruka por una orden sin detenerse a pensar un segundo cual había sido el fallo, el error había sido negarse a aniquilar a su mejor amiga, por eso Shizuru estaba completamente segura de que su muerte había sido causado por alguien de la compañía, quizá por eso la ojirubí se volvió policía, se había hartado de las constantes muestras de impunidad que la "justicia" le daba. En un momento de lucidez su mente entendió que Shizuru seguramente también estaría entre ese mar de carpetas, con una velocidad impresionante, buscó en toda la bolsa intentando hallar aquella que le era de utilidad, luego de unos segundos la encontró, al fondo. En la portada las letras en tono rojo brillante, como si esa persona fuera de las más importantes, con manos temblorosas la abrió para encontrarse con la foto de aquella persona que había robado su corazón hace un tiempo ya, toda su información plasmada en varias páginas incluyendo un disco anexado en la penúltima página, lo tomó antes de leer cualquier cosa; con el pequeño Dhuran detrás de ella avanzó hasta la sala de estar donde había un computador, insertó el disco para poder ver su contenido, era una grabación donde se mostraba a la castaña con el uniforme policiaco. Después de todo este tiempo no le importaba demasiado que la castaña fuera policía ya que confiaba en ella. A medida que él video avanzaba, su mirada se ensombrecía lentamente hasta que sus ojos quedaron vacíos de sentimiento alguno durante unos cuantos minutos para después llenarse con todo el odio posible pero este no iba dirigido a la castaña, lo que acababa de ver le había mostrado una nueva faceta de Shin Kanzaki y ahora tenía que acabar con él, ya no era tiempo de seguir con juegos tontos, mientras más rápido el saliera de sus vidas más pronto podrían vivir en paz, más pronto podría ser libre.

Hora: 15:47

La castaña apenas regresaba a casa encontrando a su novia en la cocina intentando preparar el almuerzo sin hacer explotar el edificio cosa que se le complicaba bastante ya que jamás en su vida había preparado algo diferente a un emparedado o cereal con leche puesto que durante mucho tiempo su madre cocinaba para ella y estando reclusa era Mai quién se encargaba de ese asunto, su mente estaba tan absorta en hacer algo digno de comer que no notó la presencia de Shizuru hasta que ésta la tomo suavemente de la cintura haciéndole dar un pequeño salto por la sorpresa cosa que hizo reír un poco a la ojirubí.

-¿Intentando quemar la cocina? – La morena era tan inexperta en ese tema que las llamas de la estufa estaban demasiado altas como si pretendiera cocinar el techo.

-No te burles, es la primera vez que intento hacer algo de comer. – La castaña no pudo evitar reír al ver la expresión de enfado de la morena al no poder cocinar de manera adecuada, Shizuru pensó que era mejor sacarla de ahí si no quería tener pronto a los bomberos en casa y así ella tomó el control sin saber que dentro de la ojiverde K ya se había instalado preparada para dar el golpe final por eso luego de revisar algunas carpetas más salió para pedir ayuda a la ex compañía Kanzaki, ya no había mañana, la trampa estaba puesta esperando la caída de la víctima, por eso K había salido a comprar lo que necesitaba, algunas balas para el arma que ocuparía y claro también un látigo, no dejaría escapar la oportunidad de hacer sufrir a Shin hasta que este le pidiera piedad, hasta que él le pidiera su propia muerte. El aroma de algo delicioso borró la mirada fría que inconscientemente había salido a relucir. Su estomago gruñó indicándole que era hora de cumplir con una de sus necesidades básicas, cuando ambas chicas se sentaron a comer Nat se tensó un poco, no quería preocupar a la castaña saliendo de la casa sin decir a donde, no quería repetir la historia, si ella iba a estar a su lado tenían que superar aquella última prueba, era el final de una complicada historia llena de sufrimiento y oscuridad. Nat tenía en sus manos la vida de Shin Kanzaki y ya no le daría una nueva oportunidad puesto que él no se la merecía, el mundo sin él no podría hacer nada más que mejorar.

-Shizuru. – La aludida levantó el rostro para encontrarse con esos ojos verdes que le miraban seria haciendo que algo en su interior llamado intuición le dijera sin necesidad de palabras lo que sucedería.

-¿Tan pronto? – Esto sorprendió a la peliazul mientras que la hija de Kioto mostraba un semblante triste, tenía miedo de perderla además su secreto hacía balancear su lealtad y es que ella Shizuru Fujino ya sabía que Natsuki Kuga había matado a varias personas, sabía el nombre de cada una de ellas, sabía que su Nat había pertenecido a una de las más grandes compañías de asesinos a sueldo bajo el nombre de K, si bien anteriormente no sabía a quién pertenecía esa red eso no cambiaba el hecho de que la persona a la que amaba se hubiera convertido en una de los diez más buscados en todo el país pero aún sabiendo todo lo que sabía no podía evitar que su corazón siguiera latiendo desbocado por la ojiverde. – Iré contigo.

-Será muy peligroso. – Intenta convencerla de quedarse en casa a pesar de saber que se negará rotundamente puesto que quiere quedarse a su lado en todo momento para evitar que cometa una locura sin embargo no es el peligro lo que preocupa a la morena sino más bien no quiere que Shizuru conozca su faceta cruel, despiadada, imposibilitada para dar amor. – No quiero perderte. – Esas palabras llevan un doble significado puesto que ahora sabe la verdad sobre la castaña y sabe en el dilema moral en el que se encuentra, no quiere perderla por ir a la cárcel, no quiere perderla por la muerte y tampoco quiere hacerlo por la decepción que pueda causarle conocer su ser lleno de sed por la venganza. Hay tantos motivos que pueden separarle…sin embargo si no elige un camino jamás será feliz a pesar de tener lo que haría feliz a todos los demás pero ella necesita ese último paso, necesita liberarse de esa última cadena.

-Yo tampoco quiero perderte pero no voy a echarme para atrás ahora, cuando tome tu mano asumí con eso los riesgos que estar a tu lado pudiera implicar aún si eso significa estar demasiado cerca de la muerte. – La ojirubí cumplirá con la promesa que le hiso de manera silenciosa al tomar su mano, estaría con ella pero su obligación como policía le ataba a entregarla por eso permaneció en silencio durante el resto de la comida, el ambiente parecía tenso a ojos extraños pero ellas estaban tan sumidas en sus propios pensamientos que no prestaban demasiada atención al ambiente. Mientras la ojiverde repasaba mentalmente su plan la otra seguía en el debate de sus emociones, dejarse llevar por el amor o la justicia porque por más grande que fuese su amor no podía olvidar la carpeta llena de investigaciones donde la culpable en todos parecía ser la chica sentada al otro lado de la mesa, tendría que llamar a sus compañeros para detener por lo menos a Shin y hacer que Natsuki huyera antes de que ellos llegaran, sólo así podría dejar en libertad a la persona que más amaba en el mundo sin tener un cargo de conciencia demasiado grande. Luego de unos minutos de haber acabado de comer K fue directo a la habitación para cambiar su atuendo informal por uno mucho más acorde a la situación, una gabardina larga de color negro sería suficiente para hacer pasar desapercibida su arma en uno de los bolsillos y enrollado y sujeto a su pantalón llevaba aquel látigo idéntico al que hirió su piel hace meses, de cuero abierto en la punta hasta formar doce largas tiras, sus manos apenas protegidas por un par de guantes por si era necesario luchar cuerpo a cuerpo, la daga escondida en un bolsillo imperceptible en su pantalón, no había espacio para los nervios, era ahora o nunca.

Hora: 17:50

Hace un rato que los integrantes de la ex compañía Kanzaki se encontraban reunidos en un bar cercano al edificio en cuestión repasando el plan por última vez, algunos vigilarían las entradas de los terrenos, otros vigilarían cualquier intento de sabotaje por aire, cuando Shin estuviera en donde ella quería se vigilarían las entradas de la mansión para cerrar cualquier vía de escape, cuando el quede preso en esos mismos grilletes le aplicará la misma tortura que recibió para luego lentamente herir sus brazos, piernas y cualquier parte de su piel que esté expuesta a la vista, hará cortes con la daga, algunos profundos otros no tanto, sacará su arma para disparar a sus extremidades sin matarlo pues no lo dejará irse tan rápido, cuando él le suplique la muerte ella se la concederá porque dentro de ella existe un poco de bondad incluso para él. Y ahí están, todos escondidos en sus respectivos lugares guardando el mayor silencio para no ser escuchados, Shin no tarda demasiado en llegar a la mansión junto con un par de hombres musculosos que seguramente fueron contratados para su seguridad, K ya se encuentra dentro, sentada en el sillón esperando que el pelinegro entre para saludarlo cordialmente con una mirada cínica. Sus piernas están cruzadas, su mirada al frente y no se inmuta cuando el sonido de las llaves en la cerradura indican que él ya está ahí. Sin darse cuenta aún de la presencia de la morena el padre de Reito enciende la luz palideciendo en el acto al verla dentro.

-Buenas tardes, Shin. – Entonces todo el mecanismo se activa, las puertas son bloqueadas y afuera ya se escucha el sonido del combate seguramente de los nuevos hombres de Kanzaki contra los antiguos, adentro el "jefe" se ha visto rodeado por cerca de cinco de sus anteriormente subordinados que ahora lo miran burlonamente, en el centro han quedado ambos rivales y él comete el primer error, abalanzarse sobre ella esperando atestar un buen golpe sin imaginar que la velocidad de la chica no es realmente la que él conocía, de algo había servido entrenar durante las noches al lado de Mai. De un golpe en el estómago K le sacó el aire dejándolo en el suelo pero obviamente nada terminaría ahí, con una ira incontenible el hombre sacó su daga intentando herir a esa morena que esquivaba fácilmente cada uno de los golpes. Y entonces cuando Kanzaki intentaba irse nuevamente contra ella no lo esquivo sino más bien contra atacó ocupando la misma inercia que llevaba el mayor, un golpe con el codo en los nervios del abdomen, un golpe con la mano extendida en los nervios de la ingle, un certero puñetazo en la nariz para hacerlo dar dos pasos hacia atrás y finalmente un golpe con los nudillos de ambas manos en los nervios del pecho para hacerlo caer semiconsciente todo eso en sólo un par de segundos, si su golpe final hubiera llevado más fuerza de la aplicada seguramente el hombre estaría muerto y K lo sabía por eso había perfeccionado la técnica SILAT. Ahora que Shin estaba en el piso, ella simplemente lo tomó de la camisa y como si pesara apenas algo más que un costal de papas lo subió por las escaleras con poco cuidado haciendo que la cabeza del pelinegro rebotara varias veces contra los escalones pero sin la suficiente fuerza para herirlo de gravedad de eso se encargaría ella. Aprisionó sus muñecas en los grilletes vaciándole una jarra de agua helada para hacerlo despertar, esa oscura mirada mostraba un odio incalculable. – Vamos Kanzaki, no me mires así. Yo pensaba que me darías una mejor pelea después de todo tú fuiste quien me enseñó parte de lo que sé. ¿No eras tú el maestro del Kung – Fu animal? Es cierto, no lo eres puesto que tus tácticas solamente eran para agotarme ¿No es así? – No fue hasta ese momento en el cual el pelinegro se dio cuenta de su estado y su mirada se llenó de temor. – La última vez que estuvimos aquí le dijiste a los demás que eso era una lección para mí y una advertencia para los demás que quisieran retarte pero en estos momentos todos los que alguna vez trabajamos para ti estamos reunidos aquí para darte una lección a ti.

-¡K! ¡La policía viene en camino! – La aludida cerró los ojos, así que Shizuru iba a entregarla, si ese era el precio a pagar por matar a Kanzaki entonces sería libre de una forma que alguna vez llegó a contemplar, luego de acabar con él se quitaría la vida también siendo ese par de ojos rojos lo que la llevaría al infierno.

-Está bien, márchense todos, yo me hago cargo aquí. – Todos subieron a sus autos saliendo de los terrenos hacia caminos distintos, todos excepto cierta castaña quién subió las escaleras para encontrarse con una peliazul dispuesta a azotar a un hombre encadenado. – Bien Shin, te lo dije, todo lo que hagas en la vida se te regresa al triple, tú lastimaste mi cuerpo con un látigo veinte veces y como supongo que sabes hacer una simple multiplicación pues no te diré el número de veces que yo te haré lo mismo. – De forma lenta los golpes comenzaron a caer sobre una piel apenas protegida por una camisa de algodón, al principio Shin soporto los golpes en silencio pero luego del quince necesitó de un muy buen control, luego del veinte ligeros gemidos de dolor salían quedos, luego del cuarenta comenzaron a ser débiles gritos y llegando a los cincuenta el temible Shin Kanzaki ya no lo era tanto, parecía más bien un niño desconsolado gritando por clemencia cada que el látigo y sus doce tiras impactaban su carne desgarrada, su sangre bañaba el piso dándole un brillante tono rojo que a la peliazul le parecía el más indicado para el suelo. La castaña estaba inmovilizada en el marco de la puerta viendo atónita la rabia en esos ojos verdes.

-Nat, por favor detente. – Esa mirada fría se poso en la castaña haciéndole sentir miedo por primera vez en mucho tiempo y lo peor es que temía al ser que más amaba.

-Deberías saber que ahora que estoy aquí y lo tengo a él en el punto que quiero no voy a dejar pasar la oportunidad tan fácilmente, siento que tengas que ver esto Shizuru pero no voy a parar, no ahora, no voy a dejar la "justicia" en manos de la policía porque la cárcel no es suficiente castigo para alguien que destruyó tantas vidas. – Le sonrió de manera amarga y descompuesta para luego regresar su atención a ese hombre. – Lo siento Shin, creo que te he lastimado mucho, veré que puedo hacer por ti. – Tomó una botella de alcohol para proceder a vaciar el contenido sobre la espalda ya sin piel cosa que causó un alarido del hombre. El placer de la tortura embriagó totalmente a K que soltó una cruel risotada mientras la castaña cerraba los ojos. - ¿Recuerdas con qué arma mataste a mi madre? – Le quitó los grilletes haciendo que él cayera al suelo, le dio la vuelta para luego abrirle la camisa. – Con una daga Shin. – Comenzó a herir sus brazos con ligeros cortes que rápidamente se hicieron profundos en el pecho y piernas. – Sabes, como no tengo demasiado tiempo acabaremos con esto un poco más rápido. – Sacó el arma y apuntó a su frente pero luego cambió de opinión realizando un disparo a una pierna, luego a un brazo, inclusive realizó un tiro al abdomen para luego regresar a las extremidades que aún no habían tenido su turno. – Pensaba matarte de un tiro pero eso sería demasiado fácil así que te dejaré morir desangrado para que sufras sintiendo como tu vida se desliza lentamente fuera de tu cuerpo con cada gota de sangre que pierdas. – En su arma solamente queda una bala que no piensa desperdiciar en ese hombre que estará muerto en no más de diez minutos.

-Nat, por favor, vete. – La hija de Fujino – san está llorando puesto que jamás imaginó que Natsuki pudiera ser tan cruel y le duele porque sabe que nadie le ha dejado otra opción, ni siquiera ella pudo cambiar el modo de ver la vida de la peliazul quién siempre tuvo como objetivo la venganza.

- Claro, debo seguir las órdenes de la "Vampire Amethyst" * - La sorpresa fue tal en la castaña que sus lágrimas cesaron por unos instantes. ¿Cómo había averiguado eso? – Yo confiaba en ti y se perfectamente que hice muchas cosas malas, se que mate a varias personas a sangre fría pero intenté protegerte sin embargo cuando mis sentimientos se desbordaron no pude seguir ocultándote la verdad, te confesé mis secretos más oscuros, te conté mi vida entera sin omitir ningún detalle por más doloroso que me resultara recordarlo inclusive busque consuelo en tus brazos y tú…Shizuru Fujino no tuviste el valor de decirme quién eras en realidad, ahora comprendo tantas cosas. Por ejemplo tu; estudio lo que mi padre quiere que estudie de seguro te divertías viendo todo mi dolor esperando el momento para poder conseguir tu objetivo pero no importa cuánto me duela Shizuru, he llegado muy lejos por mi misma y sé perfectamente que podré salir adelante sin ayuda alguna. – Levantó su arma apuntando al entrecejo de la castaña quién no podía decir palabra alguna, no sabía qué hacer. La morena jaló el gatillo sin reparo alguno y la ojirubí cayó de rodillas al frío suelo, un par de lágrimas corrieron traviesas por las mejillas de Natsuki quién con rabia levantó el casquillo del piso guardándolo en su bolsillo para que nadie reconociera sus huellas, por un momento se detuvo observando el cuerpo casi sin vida de Shin Kanzaki en medio de un charco de sangre y por otra parte a Shizuru quién aún conservaba los ojos abiertos ahora carentes de emoción alguna. Sonrió con desprecio antes de salir por la puerta, tomar su motocicleta y salir de ahí apenas un par de minutos antes de que la policía apareciera, por fin se sentía libre aunque su corazón estuviera sangrando.

FIN


Bueno, les agradezo a todos los que me han seguido durante todo este tiempo lamentablemente hemos llegado al FINAL...DEL CAPITULO. xD

Me pregunto que me hubieran hecho si de verdad este fuera el fin, creo que me torturarían igual que K ha hecho con Shin pero la verdad queridos amigos es que solamente nos resta un capitulo más y el epílogo, así que espero pronto subir el fin de la historia y no decepcionar a nadie. Ha llegado la hora de hacer un par de aclaraciones y contestar todos sus comentarios.


* Ese termino de Vampire Amethyst explicaré en el siguiente capitulo el porque del sobre nombre de vampiresa amatista de nuestra querida Shizuru, sean pacientes.


Ian.23: Gracias por seguir aún esta historia, espero no te haya decepcionado. Y para aclarar lo de mi odio hacia Tate bueno es porque a parte del ShizNat también me gusta el MaiNat y Tate no me cuadra en esa ecuación xD Se que muchos me odiaran pero bueno veanlo de esta manera de MaiNat solamente he escrito dos pequeños one y de ShizNat he hecho un largo fic y ya tengo otro a punto de salir a la luz cuando este muera.

Seiryu: Dejo mis finales como de telenovela en viernes xD lo dejo en suspenso pero no puedo evitar que K se adueñe de mi y los deje picados, muchas gracias por leerme aún.

Natsuki K. de Fujino: Maldad? donde? xD Si lo sé pero repito, no puedo evitarlo pero bueno siempre dejo continuación aunque no sea tan rápida como muchos quisieran, lo sé y lo siento intentaré arreglar eso en futuros fics. Y ya ves, mi perversa mente no tiene descanso pero igual espero que te haya gustado.

Serket: Me alegra que te guste, en verdad gracias por pasarte por esta historia y darte tiempo a leer y dejar tu comentario, espero ye haya gustado la conti.

jessi: Pues Shizuru aún nos guarda un par de secretos aunque este muerta o tal vez no lo este? xD Tendrá una doble identidad? Descubralo en el proximo capitulo de Ojos de rubí, la mirada de una asesina. Su telenovela favorita xD No ya veremos que sucede con Shiz, gracias por darte tiempo a leer.

Zaii-chan: Creo que a la que le paso algo no fue presisamente a Nat no? Gracias por leer en verdad un escritor no es nada sin ustedes.

Vianka: Igualmente yo valoro el tiempo que se dan ustedes los lectores y por eso no dejo las cosas a medias aunque a veces me tarde medio siglo en actualizar pero seguro terminare todos los proyectos que empiece o haya empezado hace tiempo. Gracias por pasarte.

leva21: Muchas gracias por tu cumplido, he intentado pulir mi forma de escribir desde hace un tiempo y fue con esta historia donde sentí que por fin había logrado un cambio bueno en mi forma de redactar. Espero no hayas muerto ya en lo que lo subia porque seria una lastima que te perdieras el final xD Y Shzuru bueno ella...no coman ansias ya veran que sucede con la castaña.


Por favor si te ha gustado este capitulo hazmelo saber a traves de un RR.

"Porque sólo el color de tus ojos puede enseñarme que el rojo no sólo es el color del infierno".