Capítulos emotivos si los hay u.u No se dan una idea de lo nostálgica y melancólica que me pongo cuando hablo de Obito :'( Es tan, tan triste la historia de él y Kakashi...

Pero en definitiva, resultó un lindo capítulo. El ante último, lo tengo decidido. Así que disfruten porque la semana que viene se terminó lo que se daba u.u

Como siempre, gracias por sus hermosos comentarios y el apoyo que le dan a esta y todas mis historias :)

Saludos!

PD: El mundo de Naruto no me pertenece, son obra y gracia de Masashi Kishimoto.

Disfruten.


9 – Si un amor es imposible... posiblemente no sea amor.

Ella tenía un plan. Simple y efectivo. Sin lugar para los errores. Con un fin prometedor para ella.

Y esperaba con todo su desilusionado ser que funcionara como quería.

Con letras grandes y legibles escribió en el papel blanco la palabra que leería cada día al levantarse. Que leería cada noche al irse a dormir.

Y que recordaría cada vez que lo viera a él.

-'Olvidarlo'- dijo firmemente, con sus ojos verdes clavados en el cielo azul que veía desde la ventana.

Sus ojos se cerraron y suspiró con cansancio. Esperaba poder hacerlo… sin derrumbarse en el intento.

No iba a mentirse. El dolor que sentía era peor que cualquier herida. La tristeza en su alma parecía inundarla cada vez un poco más. Y las lágrimas que se agolpaban en sus ojos verdes eran interminables.

El fin de semana había pasado lento, entre llantos. Ese lunes sería el primero que saldría de su casa después de aquello.

Y francamente, no tenía ganas de hacerlo. Porque sabía que en esa aldea, podría encontrarse con el peligris fácilmente.

¡Pero esa no era la mentalidad! Tenía que tener optimismo y pensar que sí lo lograría. Que se olvidaría de su exasperante ex sensei y podría vivir feliz con algún otro hombre.

Suspiró con pesadez y miró una vez más aquel despejado cielo… imaginando que olvidar al peligris le costaría tanto como poder llegar a ese azul.

Negó suavemente con la cabeza mientras se alejaba de la mesa.

-Qué débil soy…- se dijo a sí misma, mientras salía de su casa con rumbo al hospital.

Y claro que lo era. Había estado tanto tiempo mentalizándose para olvidarlo y llevar a cabo su plan… pero todo el tiempo pensando en él.

Pero aunque era débil, no podía bajar los brazos sin intentarlo. Tenía que tratar y luchar. Estaba bien si pensaba en él, si lo extrañaba, no pretendía olvidarlo de la noche a la mañana.

Pero tenía que probar. Y seguir intentando. Todo era por su único bien.

Sólo el tiempo podría borrar su dolor y su tristeza… con un poco de suerte, tal vez el tiempo también podría borrar el amor que sentía.

Un par de pasos más y por fin estaba en su trabajo. El hospital de Konoha. Uno de los lugares que Kakashi odiaba… eso era algo bueno.

Sonrió suavemente ante ese pensamiento. Al menos tenía la certeza de que jamás lo vería en gran parte del día.

Sí… eso era algo muy bueno. Además de empezar a ver el lado positivo de esa situación era un plus que la motivaba a seguir adelante.

Entró en esa sagrada institución que la esperaba llena de trabajo. Y las horas empezaron a correr rápido.

Y así también los días.

Su 'rutina' consistía en levantarse, ir a trabar, almorzar en Ichiraku donde de vez en cuando se encontraba con Naruto y Sasuke, volver a su casa y mirar una película o leer un buen libro.

Exactamente unos cinco días habían pasado desde que vió a Kakashi besarse con Iruka, y afortunadamente para ella no lo había vuelto a ver.

Lo que era bastante curioso, ya que el peligris era de salir a dar vueltas por la aldea o leer su preciado Icha Icha bajo la sombra de algún frondoso árbol.

Pero no sólo no lo había visto de día. Ino y Hinata siempre la invitaban a salir de noche, junto con los chicos, y ella no podía negarse. Si algo necesitaba era despejarse un poco.

Y para su sorpresa, el peligris nunca estuvo en ninguno de los lugares a los que fueron y que él casi siempre frecuentaba.

Pero ella no fue la única en notarlo, a Naruto también le sorprendía la ausencia del shinobi en aquellos lugares, por lo que en una de sus charlas supuso que debía estar en una misión.

Y hoy era una de esas noches. De esas que necesitaba para poder dar un paso más y olvidarse de él.

Miró el cielo nocturno de Konoha mientras caminaba por las tranquilas calles, y le rogó a Kami que el peligris estuviera bien.

-Sakura…- la llamó aquella apática voz a su lado.

Ella desvió su mirada, posándola sobre el morocho.

-¿Qué pasa, Sasuke?- le preguntó suavemente.

-Tsk, espero que te guste el lugar.- dijo el Uchiha. –El dobe me lo recomendó, así que espero este a la altura…- comentó no muy seguro el chico.

Ella sólo sonrió y asintió con la cabeza. No tenía mucho que decir.

Hacía unas tres noches que salía con el morocho, y a decir verdad, se sentía a gusto con él. Aunque el chico siempre era frío y aparentemente desinteresado, podía hablar tranquilamente con él.

No le importaba si Sasuke tenía alguna intención detrás de aquellas amistosas salidas a solas. Si así era, ella haría todo lo posible por hacer que aquello funcionara.

Después de todo, el Uchiha era muy atractivo y su viejo amor de la infancia. Si alguien merecía una oportunidad, definitivamente era Sasuke.

El silencio entre ellos no era incómodo, ni tenso. Era un silencio agradable. De esos que de vez en cuando son necesarios… y le parecía increíble por estar así con él.

Siempre lo había amado, y ahora prácticamente estaban en una 'cita' Lo que siempre había querido a sus inocentes 13 años.

Recordaba con diversión cuando se peleó con Ino-cerda. O cuando su rubia mejor amiga le había contado que al Uchiha le gustaban las chicas con pelo largo. Y ni hablar cuando vio al rubio Uzumaki robarle el primer beso del morocho.

Rió por dentro al acordarse de cuánto 'amaba' a su amigo y compañero de equipo, de verdad que había sido una pequeña inocente.

Todas las lágrimas que lloró por el Uchiha, todo lo que sufrió por él, todo ese 'amor' que le tenía… ¿dónde había quedado?

Miró el hermoso cielo estrellado una vez más, tratando de hacer memoria y recordar ese momento exacto donde esos sentimientos se quebraron.

Como si fuera una película, su cerebro empezó a pasar las imágenes de ese memorable momento; y su corazón latió con fuerza una vez más.

Su mente se remontó tres años en el pasado, cuando estaba en sus caóticos 16.

Recordaba claramente que era una noche como esa. Con el cielo nocturno completo de estrellas que brillaban cual preciosos diamantes.

Habían estado buscando a Sasuke, sin tener ningún éxito. Y sus esperanzas habían decaído considerablemente, así como su tristeza y su dolor habían llegado casi al tope de lo que podía soportar.

Miró a Naruto que dormía a algunos pasos alejado de ella, como si nada pasara.

Le sorprendía y le asombraba la tenacidad, la esperanza y la llama que tenía ese hiperactivo rubio; sobre todo a la hora de buscar al morocho Uchiha.

Y francamente, lo envidiaba. Porque ella ya no podía manejar toda esa ráfaga de sentimientos que se arremolinaba en su interior, mientras que su amigo seguía adelante sin bajar los brazos no importaba qué.

Si hubo algo que siempre rescató y rescataría de aquel atolondrado muchacho, era su amplia esperanza y su inagotable sed de conseguir lo que se proponía. Envidiable en esos dos aspectos.

Pero ella era todo lo contrario. Aunque había estado un buen tiempo entrenando con Tsunade, todavía era el eslabón débil. No sólo en fuerza física, sino también en lo emocional.

La frustración, la desilusión, la tristeza, y el dolor entre otras sensaciones estaban terminando con toda su idea de que Sasuke volviera a la aldea, y tal vez, tal vez la amara.

Las lágrimas descendieron por sus ojos verdes, mientras ella abrazaba más fuerte sus rodillas.

Odia toda esa estúpida situación. Esos innecesarios sentimientos. Y esa maldita debilidad suya.

Quizás si fuera un poco de esperanzada y fuerte de lo que era Naruto, podría lograr superar aquella sensación. O si fuera una pizca de lo frío que era Sasuke. O una sospecha de tranquilidad de lo que era su ex sensei.

Pero no. No tenía nada eso. Sólo tenía su amor que empeoraba todo.

Y si lo pensaba, era justamente ese cruel sentimiento que le causaba todo eso. Porque si sintiera una simple amistad por el Uchiha, tal vez sí tendría la esperanza que tenía Naruto.

Pero ella tuvo que enamorarse. ¡Era tan estúpida!

Su llanto se hizo incontrolable, tanto que su cabeza dolía fuertemente… no tanto así como su corazón.

-Sakura…- escuchó aquella suave voz.

A duras penas levantó su mirada, enfocándola en su ex sensei que la miraba desde arriba.

Él se sentó a su lado, mirando el cielo complemente cubierto de estrellas.

-¿Sabes?...- musitó el peligris. –En noches como esta es cuando más me acuerdo de Obito…- le contó con tranquilidad.

Ella sólo lo siguió mirando, escuchándolo atentamente.

-Estoy seguro de que si él estuviera vivo… estaría acá nosotros buscando a Sasuke.- contó el shinobi.

-Cuando Sasuke y Naruto pelean, me acuerdo de nuestras peleas…- comentó con voz nostálgica.

-Él era muy parecido a Naruto… aunque no tan tonto.- dijo con algo de humor.

-Pero cuando miro los ojos azules de Naruto, veo la misma decisión que en los ojos de Obito.- contó con seguridad.

-No dudo de que Naruto haría por Sasuke lo que Obito hizo por mí…- dijo con algo de tristeza.

-Pero yo tampoco lo dudo de Sasuke.- le dijo segura ella, logrando que él la mirara. –Como tampoco dudo de que vos lo hubieras hecho por Obito…- comentó suavemente.

Entonces él la miro con esa mirada tranquila, no la vaga, sino la comprensiva.

-¿Sabes qué era lo más importante para Obito?- le preguntó el peligris.

-Rin…- contestó ella en voz baja.

-Yo juré protegerla con mi vida, porque era lo que Obito más amaba…- empezó a decir el Hatake.

-Lamentablemente, no pude cumplir mi palabra.- su voz se tornó apagada al decir aquello. –Pero mantengo la promesa que les hice a ustedes.- recordó con seguridad.

-También quiero que Naruto cumpla la promesa que te hizo a vos…- comentó su ex sensei.

-Y tal vez así… Obito pueda estar orgulloso de mí…- musitó suavemente, mirando una vez aquel cielo estrellado.

Entonces ella apretó con impotencia sus rodillas.

Tomó el rostro del peligris, y lo forzó a que la mirara.

-¡Él está orgulloso de vos, porque no bajaste los brazos!- exclamó efusivamente.

-¡Porque pudiste perdonar a tu padre y aprendiste que no es esencial seguir las reglas!- exclamó sollozando.

-¡Nos hiciste una promesa, y siempre la cumplís! ¡Siempre la vas a cumplir!- dijo con seguridad.

-Obito está orgulloso de vos… no podría tener un mejor amigo…- musitó con un nudo en su garganta, soltándolo suavemente.

-Pero yo… yo jamás podría hacer algo así…- susurró mirando el pasto debajo de ella.

-Yo sólo… yo sólo soy un estorbo…- dijo entre fuertes sollozos.

-Sakura…- la llamó la tranquila voz del peligris.

Sintió aquella fuerte mano tomar su mentón, y lo subía suavemente para mirarlo.

-No pretendía hacerte sentir mal con lo que te dije…- le contó el shinobi. –Sólo quería que vieras, que no todo está perdido.- sentencio con seguridad.

Pero ella sólo podía escucharlo y seguir llorando.

-Sé que pensas que sos débil, que no podes seguir, que te gustaría ser como Naruto.- contó el peligris, y sus ojos verdes se abrieron sorprendidos.

-Pero no sos débil, al contrario, venciste a uno de los Akatsuki.- le recordó. –Y todos sabemos que eso no es fácil, a demás de necesitar mucho valor.- comentó el shinobi.

-También sé la raíz de todo eso.- avisó. –Seguro de vez pensar que si no amaras a Sasuke, todo sería más liviano.- 'adivinó' el Hatake.

Ella suspiró y borró inútilmente las lágrimas que seguían cayendo.

-¿Tan obvia soy?- le preguntó en voz baja.

Y una sonrisa pareció dibujarse debajo de la máscara de aquel hombre.

-No, solamente te conozco.- contó seguro el peligris. –Si fueras obvia, Tsunade-sama ni siquiera te hubiera dejado venir.- comentó con algo de humor.

Entonces ella lo quedó mirando… ¿cuándo fue que su exasperante y despreocupado ex sensei la conocía tanto?

-¿Queres un consejo?- le preguntó Kakashi con tranquilidad.

¿Kakashi Hatake dándole un consejo? Eso había que verlo. Asintió con la cabeza.

-Ummm… tal vez no te lo tomes tan en serio viniendo de alguien como yo…- empezó a decir el peligris. –Pero en temas de amor, no se necesita ser un genio.- comentó obvio.

"¿Amor? ¿Él va a darme un consejo de amor?" se preguntó divertida, borrando las últimas lágrimas que caían por sus ojos.

-Te escucho…- musitó ella, curiosa.

-Es simple: si un amor es imposible, posiblemente no sea amor.- dijo sabiamente el Hatake.

La frase la golpeó inesperadamente. Jamás lo había pensado así.

-No es un consejo…- musitó ella.

-Ummm… no, no lo es. Pero tiene el mismo fin, ¿no?- comentó despreocupado el peligris.

Entonces ella suspiró entre cansada y divertida.

-Supongo…- dijo no muy segura.

-Ummm… pero al menos hice que dejaras de llorar.- contó el shinobi.

Y ella misma se sorprendió al darse cuenta de que, efectivamente, ya no lloraba. Ni se había percatado de eso. Es más, ni siquiera sentía ese dolor punzante dentro de suyo.

Tal vez algo se movió dentro de ella al escucharlo hablar.

Le sonrió dulcemente, y besó la enmascarada mejillas del peligris.

-Gracias, Kakashi.- las dio aún sonriendo.

Él, sin embargo, parpadeó sorprendido. Pero no perdió su típico aire de tranquilidad.

-Ummm… de nada.- contestó suavemente.

-Bien. ¿Vas a decirme de dónde sacaste eso?- le preguntó más animada, sonriendo divertida.

-Ummm…- musitó él, pensando. –No.- negó burlón.

-¡Kakashi!- exclamó ella suplicante.

-Si queres saberlo, vas a tener que averiguarlo.- le dijo misterioso el shinobi.

Y ella así se lo propuso. ¡Iba a adivinar todo sobre el pasado amoroso de su ex sensei!

Pero al ir indagando y pasando más tiempo con él, algo fue naciendo dentro de ella. Sin si quiera darse cuenta.

"Sí… fue aquella noche…" pensó la pelirosa, recordando el momento donde todos sus sentimientos por el Uchiha desaparecieron.

"Entonces… tal vez esto que siento por Kakashi… tampoco sea amor…" consideró tristemente.

-Sakura…- la voz del morocho terminó con sus pensamientos. –Ya llegamos.- le dijo el Uchiha, frenando su caminata.

Algo atontada miró a su amigo, y luego al lugar frente a ella. 'Único' pudo leer el nombre en aquellas elegantes letras manuscritas.

Su verde mirada se volvió a posar sobre el Uchiha, y le regaló una suave sonrisa.

El chico no dijo nada. Sólo musitó uno de sus típicos 'hmp' y la tomó de la mano, entrando en el local.

Torpemente seguía al morocho, sorprendida por el repentino acto. El tacto de su mano era frío, pero extrañamente suave. Por alguna loca razón había imaginado unas ásperas manos, pero eran todo lo contrario.

También podía sentir la masculina y agradable fragancia que el Uchiha emanaba, le provocaba acercar más su nariz y sentirlo completamente. Su cabello negro parecía ser sedoso, incitándola a tocarlo.

Les dieron una mesa para dos al lado de la ventana, y ella no podía sacarse esas retorcidas ideas de la cabeza. ¿Era su estúpida impresión… o Sasuke volvía a despertar algo en ella?

"Bueno… siempre pensé que era muy, muy lindo…" aceptó algo apenada, mirándolo embobada.

Entonces como un flash, la imagen de aquella noche en que besó a cierto peligris exasperante, golpeó su cabeza.

Un solo beso. La única vez que había visto ese perfecto rostro que se escondía bajo aquella máscara. La noche que sintió amarlo más y más… estaba grabada a fuego en su memoria.

No tendría que ni acordarse de él, pero no pudo evitar comparar al Uchiha y al Hatake. Y lamentablemente para Sasuke, Kakashi siempre sería mucho más atractivo.

Aunque el morocho tenía ese rostro juvenil y fresco, jamás podría ser competencia para los maduros y tranquilos rasgos del peligris. Ni él, ni nadie.

Definitivamente, Kakashi era… de ensueño.

Un suspiró se escapó de sus labios rosados, lo extrañaba demasiado.

-¿Pasa algo, Sakura?- le preguntó Sasuke, típicamente frío.

-No… nada.- negó con calma ella, sonriéndole suavemente.

Entonces él la miró fijamente, y ella se removió en su silla algo incómoda por aquella oscura mirada.

El mozo llegó justo en ese instante, afortunadamente para la pelirosa que suspiró más tranquila.

Sasuke volvió a revisar el menú. Levantó su mirada una vez más para preguntar sobre el plato del día…

Pero, pero…

-¡Miren! ¡Son Sakura-chan y el teme!- aquel grito le encrespó los nervios.

Miro a la entrada, donde un alegre rubio se acercaba a ellos a paso rápido; seguido por una peliazul, una rubia y un morocho aburrido.

-Hola, chicos…- los saludó Sakura, divertida.

Sus amigos le devolvieron el saludo, cada uno con su respectiva y característica manera.

-¿Vinieron a cenar?- preguntó pícara Ino, mirándola.

-Es obvio, cerda.- le contestó ella con humor. -¿Ustedes también? ¿Una doble cita?- preguntó curiosa.

-¡Sí!- exclamó alegre Naruto. -¡Pero sería mejor una triple cita!- dijo animado, sonriendo de oreja a oreja.

Sin perder tiempo le preguntó al mozo si podían juntar dos mesas más, y el hombre afirmó amablemente.

Mesas y sillas empezaron a circular, hasta quedar perfectamente armadas junto a la suya. Los recién llegados se acomodaron y todos juntos ordenaron.

Al poco tiempo el mozo trajo las bebidas, y algún que otro aperitivo antes de la cena.

El hiperactivo rubio contaba su última misión, quejándose que la rubia Hokage ya no lo estaba tomando tan en serio y lo mandaba a hacer tareas que eran propias de un genin recién recibido.

-Pero Naruto, vos sos un genin.- le recordó aburrido Shikamaru, tomando de su vaso.

-¡Pero yo esencialmente soy un chunnin!- exclamó indignado el rubio.

-¿Qué es lo que tiene tu escancia que te hace un chunnin, dobe?- le preguntó sarcástico Sasuke.

El muchacho iba a contestar con emoción y fuerza… pero al no ocurrírsele una respuesta sólo pudo abrir y cerrar su boca.

-Bueno…- musitó al final. –Yo he hecho muchas cosas con las cuales los genins sueñan hacer.- se defendió el Uzumaki.

-Supongo que tenes razón, Naruto.- habló Ino. –Pero si Tsunade-sama te manda a misiones rango C, será porque no hay ningún peligro importante.- comentó la rubia.

-Es verdad Naruto.- apoyó Sakura. –Además, no sos el único. Hay muchos chunnin y jounin que también han estado en misiones de rangos bajos.- contó la pelirosa.

El atolondrado muchacho simplemente se cruzó de brazos e infló un poco sus cachetes, haciendo sonreír a la peliazul que amaba verlo así.

La cena llegó a los pocos minutos, y todos degustaron hambrientos. Aunque cierta persona todavía pensaba que el ramen de Ichiraku era insuperable.

El postre no se hizo esperar, y entre otras charlas y abundantes risas tomaron un delicioso helado.

Tras pagar su cuenta, Ino y Shikamaru se retiraron. Al parecer a eso de las 23:30hs Asuma y Kurenai saldrían en una misión, y ellos cuidarían del pequeño Ryuu.

Siguieron conversando con Hinata y Naruto… aunque la voz del rubio era, prácticamente, lo único que se escuchaba.

Sakura desvió la mirada por un segundo, posándola sobre el morocho enfrente de ella. Y por aquella molesta mirada pudo deducir que el Uchiha no estaba muy contento que digamos.

"¿Esperaba estar a solas conmigo?" se preguntó confusa.

(No, si simplemente te invitó a este divino lugar porque no tenía otra cosa mejor que hacer) comentó sarcástica su Inner.

"No hay necesidad de ser sarcástica, sólo quería confirmarlo" se quejó de ella misma.

Su voz interior rodó los ojos, y decidió callarse para seguir viendo.

-Sasuke…- lo llamó con voz suave.

Los negros ojos del Uchiha se fijaron en ella, casi, casi robándole el aliento.

Abrió su boca para decirle…

Pero, pero…

-¡Kakashi-sensei, Iruka-sensei!- el grito del rubio interrumpió una vez más.

Pero al escuchar cierto nombre, su corazón dejó de latir por cortos milisegundos.

Giró su cara y ahí estaba él, caminando despreocupadamente con Iruka a su lado.

-Ummm… buenas noches.- saludó aburrido el peligris.

-Hola, chicos.- saludó amablemente el castaño.

-¡Siéntense!- invitó Naruto, señalando los lugares vacios.

Ellos se miraron entre sí, y tras un suspiró cansado del mayor aceptaron la invitación.

El Umino se sentó al lado de la pelirosa, donde antes estaba la rubia. Y el Hatake se sentó en medio de Sasuke y Naruto, donde había estado el aburrido Nara.

Naruto empezó con sus rápidas y curiosas preguntas, que los mayores contestaron con calidez y aburrición respectivamente.

Podía sentir la mirada del exasperante peligris en ella, pero bajo ninguna circunstancia lo miraría. ¡Había llegado demasiado lejos como para tirarlo todo por la ventana con una sólo mirada!

Podía soportar escuchar su voz, sentir su presencia, y su inconfundible aroma… pero jamás, jamás debía mirarlo. Porque sabía que si osaba hacer eso, caería una vez más en aquel hechizo.

Su mirada de enfocaba en Sasuke, de vez en cuando en Naruto o Hinata, pero siempre volvía a mirar al morocho.

Procuraba sonreírle y tratar de hablar con él, pero el rubio opacaba cualquier otra conversación. Suspiró cansada y miró el vaso lleno de agua, ya estaba cansada de estar ahí.

-Sakura…- escuchó la voz del morocho llamarla.

-¿Sí, Sasuke?- le preguntó, levantando la mirada para mirarlo.

-Tsk, ¿vamos?- le preguntó el Uchiha.

Ella suspiró mentalmente aliviada, y asintió con la cabeza.

-Voy a ir al baño primero, tengo las manos pegajosas por el helado.- comentó divertida, poniéndose de pie.

Caminó varios pasos entre las demás mesas, hasta que por fin pudo llegar a los baños. Cerró la puerta detrás de sí y suspiró sonoramente, descargando la tensión que sentía.

Afortunadamente el baño estaba vacío. Se acercó hasta los lavabos y miró su reflejo en el espejo. Un leve sonrojo ocupaba sus mejillas, que ella ni había sentido. Sus ojos verdes tenían un extraño brillo, como si fuera a llorar.

Se sorprendió a sí misma, en ningún momento se había percatado de su estado. ¿Los demás lo habrán notado?

-Espero que no…- susurró ligeramente asustada.

Lavó sus manos pegajosas y acomodó un poco su cabellera rosada. Se miró una última vez al espejo y caminó de vuelta a la puerta.

Pero antes de abrirla escuchó unas voces del otro lado. Pero el ruido de gente hablando de fondo, ruidos de platos, vasos y cubiertos chocar no la dejaba escuchar con claridad.

Hizo un gesto desinteresado y abrió la puerta rápidamente.

-¡Te amo! ¿¡Eso querías que…- vio como el peligris dejaba la frase inconclusa al verla.

Sus ojos verdes se abrieron de par en par al verlo ahí, confesándole su amor a Iruka.

Sus ojos se llenaron de lágrimas que trató de esconder debajo de su rosado cabello. Sin decirles nada pasó entre ellos con pasos apurados. Tomó a Sasuke del brazo sin despedirse de nadie, y siguió caminando hasta salir del lugar.

Su corazón volvía a romperse una vez más. Las lágrimas caían fluidamente de sus tristes ojos verdes. Y la opresión de su pecho dolía más que nunca.

Si su amor imposible, posiblemente no sea amor… ¿entonces por qué dolía tanto?