Las vueltas de la vida son increíbles, nada sale cómo lo planeas.
Sé que les dije que hoy se terminaba esta fantástica historia, pero resulta ser que a medida que lo iba escribiendo se me hacia larguísimo :/ Entonces lo dividí en dos. Juro y prometo que la semana que viene definitivamente se termina ^^'
Gracias por sus lindos comentarios y apoyar mis escritos :) El lunes sí o sí subiré la continuación de El Chico de Arriba, perdón también por eso u.u'
PD: El mundo de Naruto no me pertenece, es obra y gracia de Masashi Kishimoto :)
Disfruten.
10 – Inesperado.
-¡Tenes que hacer algo!- le dijo efusivamente Iruka, una vez que estuvieron lejos de los demás.
-Ummm…- musitó él simplemente, mirando a cierto morocho Uchiha.
-¡Sakura estaba a punto de llorar, tenes que decirle la verdad!- siguió hablando el castaño.
-Ummm…- repitió él, sin despegar su vaga mirada de su ex alumno que ahora no le caía nada bien.
-¡Sasuke se va a quedar con Sakura!- avisó el maestro. -¡Tenes que decírselo!- insistió.
-¿¡Qué querías que le diga!- le preguntó enojado al chunnin. -¡Te amo! ¿¡Eso querías que…- no pudo continuar al verla ahí.
Las lágrimas se agolparon en sus ojos verdes casi de inmediato, y ella trató de cubrirlas con su cabello; aunque era inútil, él ya las había visto.
La vio pasar enfrente de él, ir hasta donde estaba Sasuke e irse con el morocho sin decirle nada a nadie.
Entonces sintió algo en su corazón, un dolor enorme… y una extraña tenue sensación de alegría. ¿Por qué sería?
Ella no podía… ella jamás… nunca… ¿podría estar enamora de él?
Aquellas lágrimas le dieron la idea. Lo sumo a cómo ella reaccionó cuando lo vio 'besar' a Iruka. Y a la vez que le dijo que le 'gustaban' los hombres… ahora todo parecía encajar.
Pero… si ella lo amaba, ¿por qué había intentado acercarlo a Iruka?
El golpe de la puerta azotarse lo sacó de sus recuerdos.
Con cansancio y sin quererlo se sentó en el sillón de la sala donde estaba recostado, para encontrarse de frente con un Iruka que respiraba bocanadas de aire con desesperación.
-Ummm… ¿qué pasó?- le preguntó despreocupado.
Pero el castaño no podía hablar, sólo se enfocaba en recuperar el oxígeno perdido. Se sentó a su lado para descansar, y él decidió traerle un vaso con agua.
-Gracias… pensé… que nunca… lo ibas… a hacer…- dijo entre cortado el maestro, mirándolo con cansancio.
-Ummm…- musitó simplemente el peligris. -¿Qué pasó?- preguntó una vez más.
El Umino inspiró y exhaló ya más calmado, aunque con lo que tenía para contar esa calma le duraría poco.
Flashback.
Era una soleada mañana de verano, e Iruka Umino se disponía a salir con dirección a la Academia de Konoha.
Las calles de la aldea estaban repletas de gente que a esa hora ya estaban trabajando, limpiando o comprando cosas. Sin mencionar a algunos shinobis que recién salían de los bares.
Había sido una agitada noche la de anoche. Kakashi no había hecho ni dicho nada en lo que restó de la velada después de que Sakura se fue, y él intuía que el peligris algo sospechaba.
Aunque todavía no entendía cómo siendo tan genio y asusto no se daba cuenta de los sentimientos de la pelirosa kunoichi. Si con todo lo que la muchacha hacía quedaba más que claro.
Bueno, hay quienes dicen que hay razones del corazón que la razón no entiende… pero siendo el peligris Kakashi Hatake era bastante sorprendente, y bastante frustrante.
"Aunque supongo que para Sakura-chan debe ser peor…" pensó el castaño mientras entraba en su lugar de trabajo.
En su respectivo lugar tenía una buena cantidad de papeleo que lo esperaba para ser ordenado, calificado y/o sellado. La 5ª Hokage siempre atenta para que no se aburra.
Suspiró desanimado y se sentó a hacer su trabajo, tedioso y aburrido, pero él siempre lo hacía con una gran sonrisa en su achocolatado rostro.
Pero si algo bueno tenía ese trabajo era todo el tiempo que tenía para pensar, y…
-Iruka, tengo mejores cosas que hacer que escucharte hablar sobre lo que pensas…- lo interrumpió con aburrición el Hatake.
-¿Cómo qué? ¿Leer por 20º vez consecutiva el 2º tomo del Icha Icha?- le preguntó sarcástico el maestro.
-Ummm…- musitó pensándolo el shinobi. –Sí.- respondió con su ojito arqueado.
El castaño suspiró cansado, Kakashi-san y sus contestaciones.
-Está bien, voy a pasar a lo importante.- avisó el castaño con seriedad.
-¿Hay algo importante?- preguntó 'sorprendido' Kakashi. –Pensé que sólo querías parlotear…- contó con algo de diversión.
El maestro lo fulminó con la mirada… aunque al peligris en nada afectó.
-Entonces…- dijo para proseguir.
Eran alrededor de las 13:00hs e Iruka Umino por fin terminaba con su papeleo.
Sonrió aliviado y se estiró en su silla desperezándose. Escuchó su estómago rugir con hambre, y no le pareció mala idea ir a Ichiraku y ver si cierto rubio hiperactivo lo acompañaba por un tazón de ramen.
Contento y vivaracho salió de la Academia con rumbo al puesto de comidas, esperando que Naruto estuviera ahí.
-Iruka…- musitó aburrido el peligris.
-¡Está bien! ¡Está bien!- se quejó el castaño.
Entre uno que otro pensamiento mientras iba caminando por las calles de la aldea, una conocida voz lo llamó a su espalda.
-Sakura-chan…- dijo sorprendido al ver a la pelirosa ahí parada.
-¿Podríamos hablar, Iruka-sensei?- le preguntó la muchacha con una suave falsa sonrisa.
Él aceptó, después de todo, algo le decía que era importante.
Caminaron un largo rato, hasta una de las partes más alejada de la aldea. Afirmó entonces que aquello era importante.
-Iruka-sensei, yo… quiero pedirle algo.- dijo la pelirosa en voz baja, mirando al piso.
-Claro, Sakura.- aceptó él con calidez. –Podes pedirme lo que quieras.- le dio confianza.
-Yo… quiero que…- musitó débilmente la chica.
Entonces levantó la mirada, posando aquellos ojos verdes inundados de lágrimas en los cafés del maestro.
-Quiero que… cuides siempre a Kakashi…- le pidió sollozando. –Que… lo ames cada día de tu vida cómo él te ama a vos…- agregó con tristeza.
-Sakura…- murmuró impactado el castaño, sin poder creer lo que escuchaba y veía.
-Nunca lo dejes solo… y jamás lo engañes…- siguió diciendo la kunoichi. –No desconfíes de él, ni dudes de lo que prometa…- dijo con un nudo en su garganta.
-Hacelo feliz, Iruka…- musitó mientras las lágrimas caían aún más. –Hacelo feliz por mí… porque yo nunca voy a poder hacerlo…- dijo con tristeza.
-P-porque aunque lo ame tanto… él no me ama a mí…- el dolor que sentía era insoportable.
-Pero yo quiero que él sea feliz…- musitó borrándose las lágrimas inútilmente.
-Iruka…- lo llamó con voz apagada, mirándolo. –Prometeme que lo vas a hacer…- le pidió.
Pero él… no sabía qué hacer, qué decirle… no podía mentirle.
-Sakura, yo…- -Sólo hacelo, Iruka.- lo interrumpió ella.
-Pero Sakura, tenes que escucharme.- le dijo seguro el maestro.
-No quiero.- negó con angustia la pelirosa. –Ya escuché suficiente… y vi suficiente…- comentó con dolor.
-Iruka, amalo…- le pidió suavemente. –Al menos un poco de lo que yo lo amo…- dijo con tristeza, llorando sin descanso.
-Sakura, no…- le iba a decir, pero ella salió corriendo.
La vio alejarse cada vez más, y entonces supo que todo había llegado demasiado lejos. Kakashi tenía que saberlo.
Fin del flashback.
-Y de ahí vengo corriendo.- dijo Iruka. –Tenía que decírtelo.- aseguro mirándolo.
Pero Kakashi… no decía nada. Sólo lo miraba con esa típica mirada vaga y aburrida. ¡Él quería saber qué estaba pasando por la mente del peligris!
-¡Kakashi!- lo llamó el maestro. -¿Qué estás pensando?- le preguntó.
-Ummm…- musitó el Hatake. –Anoche pensé en eso.- dijo simplemente.
-¿En qué?- cuestionó confuso el castaño.
-Ummm… en todas las reacciones de Sakura desde que le dije que me 'gustaban' los hombres.- aclaró. –Y… tal vez, tal vez tengas razón.- comentó.
-¿Tal vez?- preguntó con sarcasmo el Umino. -¡Tengo razón! ¡Ella me lo dijo! ¿¡No escuchaste lo que te conté!- exclamó como loco el chunnin.
-Sí, te escuché.- afirmó el peligris. –Pero si Sakura me amara… ¿entonces por qué intentó ayudarme a 'conquistarte'?- le preguntó con lógica.
Iruka no podía creer lo que escuchaba. ¿¡Qué importaba eso ahora! ¡Tenía que ir corriendo a decirle que todo era mentira, no dudar de ella!
-¡Eso no es lo importante!- dijo con obviedad.
-Sí, lo es.- refutó serio Kakashi, mirándolo fijo.
Y esa mirada hizo temblar de miedo al maestro… no le convenía que su superior se enojara.
Inspiró y exhaló para calmarse, tenían que hablar de esto con tranquilidad.
-No sé por qué lo hizo, sólo ella puede decirte eso.- comentó el castaño. –Pero Kakashi-san, yo sé que Sakura me dijo la verdad.- afirmó seguro.
El Hatake calló. Desvió la mirada y la posó sobre el cielo completamente despejado. Deseando que aquella enroscada situación fuera tan clara como ese azul.
¿Sakura lo amaba?... Lo amaba… amaba…
Sólo podría creerlo si lo escuchaba de sus dulces labios. Esos labios que tantas ganas tenía de volver a probar.
-Kakashi-san…- lo llamó Iruka. –Ella te ama…- dijo con firmeza. –No dejes que te olvide.- le pidió con algo de tristeza.
El peligris volvió a mirar al maestro, que tanto lo había ayudado, y en sus orbes cafés podía ver sinceridad.
-Si ella me ama… no va a olvidarme.- dijo con tranquilidad.
El castaño entendió un poco a su superior al ver aquella mirada, y sonrió suavemente.
-Entonces no dejes que Sasuke ocupe tu lugar.- le avisó recuperando el buen humor.
El Hatake suspiró.
-¿Tenes algo pensado, Iruka?- le preguntó aburrido.
Las cejas del chunnin se alzaron sarcásticas.
-¿Necesitas mi ayuda en este caso?- le 'preguntó'
Entones Kakashi sonrió bajo su máscara. Claro que no necesitaba ayuda, algo en su brillante mente se le ocurriría para decirle la verdad a la pelirosa.
Tres golpes en la puerta terminaron con la conversación.
Y él no supo por qué espero que fuera ella, aunque era bastante imposible. Cosa que corroboró al ver a un ANBU parado enfrente suyo.
-Tsunade-sama lo necesita en su despacho.- dijo el shinobi, y sin más, desapareció.
-Ummm…- musitó aburrido. –¡Salgo!- exclamó simplemente para que el maestro escuchara, y una nube de humo apareció en el lugar donde estaba.
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La 5ª Hokage tenía su furiosa mirada sobre él… y de vez cuando la pasaba a la muchacha que tenía al lado.
Era más que claro que estaba enojada por algo. Tal vez porque Shizune no le dio una botella de sake, era lo más probable.
-¿Alguna duda con la misión?- 'preguntó' entre dientes la rubia de grandes atributos.
-Tsunade-sama…- musitó la chica a su lado. -¿Es necesario…que vaya yo?- le preguntó.
La mujer bufó molesta ante tal pregunta.
-Sí, Sakura.- afirmó con obviedad. –Es necesario, sos un ninja médico.- le recordó.
Entonces la pelirosa tembló ligeramente… ¡algo tenía que ocurrírsele para salir de esa!
-Pero… hay otros jounin…- musitó algo nerviosa.
-¡No me importa, Sakura!- exclamó irascible Tsunade, golpeando la madera de su escritorio con fuerza.
-¡Yo decido acá! ¡Y no se discute!- dijo con autoridad.
-Ahora váyanse, salen dentro de una hora.- avisó bruscamente, y volvió a mirar los escritos que tenía desparramados por el escritorio.
Vio como la pelirosa apretó sus puños con fuerza, tanto que creyó escuchar el ruido de sus nudillos; y luego la vio salir rápidamente del despacho de la Hokage.
Sentía los pasos apurados y pesados de ella alejarse cada vez más. Estaba realmente enojada.
Cerró su único ojo visible y suspiró con cansancio. Le dolía verla así, ignorándolo. Pero también sentía un extraño y curioso calor dentro suyo, de esos que avecinaban algo bueno.
-Kakashi…- masculló con ira la rubia Hokage.
Intuyó que algo volaría directo a su plateada cabeza. Entonces arqueó su ojito y desapareció en su característica bola de humo.
No podía dejar que Tsunade lo matara ahora, al menos tenía que tener la chance de decirle a Sakura la verdad.
Sin perder tiempo se transportó a su habitación para empezar a preparar la mochila que llevaría a la misión.
Si no recordaba mal, tenían que ir a llevarle a Gaara un escrito. Así que tenían dos días de viaje y dos días para volver… la oportunidad no podía ser mejor.
Sólo esperaba que ella le creyera… aunque primero tenía que hacer que lo escuchara.
-Ummm… que lindo problema que me busque…- musitó sarcástico, terminando de preparar sus cosas.
-No… no es eso, Ayame…- escuchó la nerviosa voz de Iruka desde la sala.
Sin entender muy bien que pasaba se acercó a la puerta de su habitación y con sigilo abrió un poco la puerta, a demás de esconder su chakra… aunque el maestro jamás se figaría en eso.
-¿Entonces qué es? No encuentro otra explicación razonable…- le dijo un poco molesta la castaña cocinera de Ichiraku.
-B-bueno… e-es que…- tartamudeaba el castaño.
-Te gusta Kakashi-san… ¿verdad?- preguntó la muchacha. –Por eso ahora viven juntos…- concluyó, con algo de tristeza, según él.
-¡No, no, no!- se apresuró a negar Iruka, y el peligris imaginó un divertido sonrojo en la cara del chunnin.
-K-Kakashi-san me dejo vivir con él h-hasta que pueda volver a pagar el a-alquiler de mi departamento.- mintió descaradamente el Umino.
-Pero… ¿no me habías dicho el mes pasado que compraste ese departamento?- le preguntó confusa la chica.
Y el peligris podía imaginarse la cara del castaño… ¡todo un poema!
-N-no… h-habrá sido a-alguien m-más… ¡ja, ja!- rió nervioso Iruka, tratando de escapar de su metida de pata.
-Pero me acuerdo que viniste con Naruto-kun a celebrarlo. Comieron tanto que todavía te falta pagar tres tazones de ramen.- afirmó segura Ayame.
El silencio se formó después de esas palabras, y Kakashi quería saber cómo terminaba aquello.
-Yo pensé… que… nosotros…- musitó débilmente la castaña, y el peligris agradeció tener tan buen oído.
-Sí me hubieras dicho que Kakashi-san te gustaba… yo no me hubiera hecho tantas ilusiones…- notó la voz triste de la chica, entonces supuso que estaba llorando.
Escuchó pasos, pocos pero decididos.
-Ayame… a mí no me gusta Kakashi-san.- la voz de Iruka sonó segura y firme.
-Lo estuve ayudando por una buena causa… pero todo resultó peor de lo que estaba.- siguió hablando el castaño.
"Más le vale no decir nada…" pensó cansado el Hatake.
-¿A-ayudarlo? ¿C-con q-qué?- preguntó entrecortadamente la muchacha.
-No puedo decírtelo.- dijo el Umino. –Pero todo esto por la felicidad de Sakura-chan y Kakashi-san.- comentó suavemente.
"Idiota…" pensó sin poder creer lo que escuchaba el Hatake. ¿¡Cuántas veces le había dicho que no quería que nadie más se enterara!
-¿K-Kakashi-san y Sakura-chan?- preguntó sorprendida Ayame.
-Sí.- afirmó simplemente Iruka, y el peligris sabía que en su estúpido rostro el castaño tenía una estúpida sonrisa.
"Pero él me las va a pagar…" pensó maquiavélico el shinobi.
-Entonces, Ayame-chan… ¿me perdonas?- le preguntó apenado el maestro.
-Iruka…- musitó ella dulcemente. –Claro que sí.- afirmó la castaña.
-Ayame…- escuchó al chunnin suspirar.
Y después no escuchó ninguna palabra más. Sólo débiles suspiros.
Sonrió con malicia bajo su máscara.
-¡Iruka, me voy a una misión! ¡Volveré dentro de una semana más o menos!- exclamó con alegría, interrumpiendo el beso del castaño.
-Kakashi…- masculló molesto el Umino, fulminando con la mirada al mayor.
-No te olvides que esta es mi casa y vos sólo estás de colado, así que nada de cosas impuras, ¿ne?- dijo con naturalidad, arqueando su ojito.
-Aunque pensándolo mejor… no te vendría nada mal algo de diversión.- le guiñó el ojo al maestro.
-Eso suponiendo que sabes cómo hacerlo, ¿no, Iruka?- 'preguntó' con obviedad.
-En fin. Si haces algo que no deberías, lo limpias.- le habló al castaño.
-Y acordate, nunca la dejes insatisfecha.- le recordó con picardía.
-¡Adiós!- saludó con su ojito arqueado.
Y sin más, desapareció en su típica nube de humo. Dejando a un colorado Iruka con una tic nervioso en su ojo.
-¡Kakashi!- escuchó su nombre ser gritado desde muy lejos.
-Ummm… dulce venganza.- musitó con diversión, llegando a la entrada de Konoha.
-Llegas tarde.- le reprocho una voz molesta, que él conocía muy bien.
Camino unos pasos más, hasta salir completamente de la aldea. Y ahí, apoyada en la pared, estaba la pelirosa mirando al cielo.
-Ummm…- musitó él simplemente.
Sakura suspiró pesadamente.
-Vamos…- dijo sin ánimos, empezando a caminar.
Kakashi la siguió, colocándose a su lado.
El silencio era tan tenso que hasta los animales de los alrededores podían sentirlo. Y a él poco y nada le gustaba estar así con su querida pelirosa. Pero él se lo 'buscó' O simplemente tuvo demasiada mala suerte.
Suspiró desganado y llevó su mano al porta kunai, sacando de este su preciado y fiel Icha Icha.
Sintió una fugaz mirada de la kunoichi sobre él al hacer eso, y estaba seguro de que no estaba contenta. ¿Pero qué podía hacer? Ella de por sí estaba enojada, y él todavía no había pensando algo.
Así que se zambulló de lleno en aquellas páginas que tan buenos ratos le hacían pasar, y tal vez, tal vez algo podía ocurrírsele… aunque seguramente sería algo que no lo ayudaría mucho.
"O quizás me ayude en la reconciliación…" pensó pícaro el peligris mirándola de costado.
"¿Pero qué estoy pensando?" se preguntó algo molesto consigo mismo.
De todas las cosas que podían pasar, eso era lo más lejano. Lo último en la lista. Es más, hasta casi era lo imposible.
Pero lo mejor era leer y dejar que el día pasara. Después de todo, tenía bastante tiempo.
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El Sol se iba perdiendo en el ocaso, anunciando que en cualquier momento la noche caería.
-Ummm…- musitó cierto peligris. –Mejor empezamos a armar las carpas.- dijo con aburrición.
Su compañera sin poner reproches asintió silenciosamente, como había estado todo el tiempo.
Caminaron todo el día, sin descanso, y la pelirosa no se quejó en ningún momento.
Cierto era que hacía mucho que no iban a una misión juntos, pero recordaba claramente que ella siempre pedía descansar en algún momento del viaje. Así sea para darle un respiro a sus pies o simplemente para escapar un poco del calor.
Sin perder tiempo la pelirosa empezó a armar su propia carpa, y él la imitó con algo de pereza.
Pero escuchó unos ruidos en los arbustos, y un chakra que le resultaba extrañamente familiar. Se puso en posición de ataque, alertando a Sakura a que se preparara.
Los arbustos siguieron moviéndose escandalosamente, hasta que por fin vieron salir a alguien.
Los ojos verdes de la pelirosa se abrieron sorprendidos e incrédulos ante la persona que veía. Pestañó unas 10 veces seguidas sin dar crédito a sus ojos, pero la imagen no cambiaba ni cambiaría.
Ahí, parado frente a ellos, un peligris se sacaba las hojas que se quedaron atrapadas en su uniforme jounin y se quejaba de la tierra que se metió en sus ojos negros.
-Kakashi…- murmuró apenas audible, mirando a ese hombre que era idéntico a su exasperante ex sensei que tanto quería olvidar.
-¿Eh?- musitó el desconocido, mirándolos. -¡Pero si es Kakashi-niisan!- exclamó alegre, con sus oscuros ojos negros brillando, y se tiró a darle un gran abrazo al Hatake.
-¿Niisan?- preguntó confusa la pelirosa, mirando a su compañero de equipo.
Kakashi era una caja llena de sorpresas…
