Primero que nada, quiero pedirle al destino, la vida, alguna Deidad o lo que sea que lo que está pasando en el mundo no llegue a mayores. Y que todas las personas en el país de origen de nuestro amado anime y manga tengan la fortaleza para salir a delante, y que pronto el miedo y la desesperación pasen para poder empezar con las tareas de reconstrucción. Ninguna palabra de afecto va a ser suficiente, pero espero y deseo que todo mejore.


Ahora a lo que nos concierne en cuando a la historia: ¡POR FIN SE TERMINÓ! Sí, sí. Es triste, lo sé. Pero todo tiene un final, todo termina (8)

No puedo decirle nada más que darles las gracias por apoyar la historia a lo largo de los capítulos y dejar tan, tan lindos comentarios :)

Les comento que ya estoy trabajando una nueva historia, y cuando tenga algunos capítulos hechos la subiré. Así que esperenla ^^

Advertencia (?): El capítulo contiene lemon... o al menos esa fue mi intención ^^'

PD: El mundo de Naruto no me pertenece, es obra y gracia de Masashi Kishitomo (¡Kami-sama quiera que esté bien!)

Disfruten :')


12- La noche en que los sueños se hicieron realidad.

Los días habían pasado increíblemente rápidos. Y ya estaban a un solo día de volver a Konoha.

Suspiró con cansancio y miró disimuladamente a la muchacha que tenía al lado, pero Sakura sólo miraba al frente, ajena a todo lo que pasaba por su cabeza.

Kakashi miró el cielo, bastante nublado, y predijo que caería una fuerte lluvia aquella noche. Lo mejor sería buscar una posada.

-Sakura, creo que va a llover.- comentó 'desinteresado' mientras fingía leer su Icha Icha.

La aludida levantó su mirada hacia el cielo, y efectivamente, unos grandes nubarrones grises empezaban a llenar el cielo.

-A unos… 80 metros de acá hay una posada, podemos quedarnos ahí.- comentó con tranquilidad la Haruno.

El Hatake se sorprendió un poco ante eso.

-Ummm… ¿por qué estás tan segura?- preguntó 'aburrido'

-Takumi me lo dijo antes que dejáramos Suna.- respondió simplemente la muchacha.

"Takumi…" pensó en su hermano, recordando los últimos días que había pasado con él.

Sí, con él. Porque el muy… cómodo de su gemelo les pidió acompañarlos lo que quedaba de viaje hasta la aldea de la Arena a donde él, justamente, se dirigía.

Y Sakura no se negó, por lo que estuvo todo el tiempo que restaba hablando con su gemelo, ignorándolo por completo a él.

"Tendría que haber usado mi Sharingan…" pensó el Hatake, algo molesto.

Ahora tenía poco tiempo para hablar con la pelirosa, y no tenía idea de cómo afrontar la situación.

¡No podía simplemente ir y decirle 'no soy gay, ahora bésame' como haría Maito Gai!

Suspiró con cansancio, el tiempo se le escurría entre sus dedos como el agua… era realmente frustrante.

¿Por qué no aclaró la situación en el momento en que cometió el error? ¡Porque era un idiota!

Suspiró una vez más, nada ganaba con pensar en lo que no hizo. Tenía que pensar en lo que haría… o difícilmente tendría otra oportunidad para estar a solas con ella.

Siguieron caminando por el gran bosque en completo silencio, mientras las grandes nubes cargadas de gotas de lluvia tapaban por completo al Sol.

Pero no había problema, ya podía ver a algunos pasos más adelante la dicho posada que Takumi le había dicho a Sakura.

La lluvia empezó a caer lentamente, y se lanzó con todo apenas pusieron un pie dentro del cálido lugar.

-Buenas tardes.- saludó la señora en la entrada. -¿En qué puedo ayudarlos?- preguntó amablemente.

-Ummm… buenas tardes, necesitamos dos habitaciones.- pidió Kakashi con aburrición.

La mujer de unos 50 años asintió con la cabeza y se dirigió a la modesta recepción.

-Lo lamento, pero sólo tengo una habitación matrimonial.- contó con voz suave.

El peligris miró a su compañera de equipo, ella decidía en aquellas situaciones.

-Sí, la tomamos.- aceptó Sakura después de sentir la mirada de su ex sensei.

Después de todo, necesitaba que Kakashi estuviera en su misma habitación para poder llevar a cabo el plan de 'seducirlo' como Takumi le había aconsejado.

Aunque ella no estaba tan segura de que funcionara… después de todo el peligris vivía con Iruka, los había visto besarse, y como si fuera poco, ¡había escuchado cómo se le declaraba!

¿Cómo tener esperanzas?

Pero lo intentaría, no tenía nada que perder…

La amable mujer les entregó la llave de la habitación y luego pasó a darles el horario de la cena y desayuno, y por último les mostró el camino al cuarto.

La habitación era lo suficientemente grande como para que estuvieran cómodos… lo único que desentonaba un poco era esa enorme cama en el centro.

'Desentonaba' porque ellos no eran pareja, para desgracia de la pelirosa, y por lo tanto era algo incómoda la situación.

Unos grandes y cristalinos ventanales se encontraban detrás de la cama, adornados con unas cortinas de un color bordó, dando una hermosa vista de los grandes árboles que rodeaban la posada.

El piso debajo de sus pies era de una madera oscura y resistente. A la izquierda había un gran sillón negro, y al lado de éste estaba el guardarropa que poco usarían. Y a la derecha había una puerta que parecía sería el baño.

Ahora entendía por qué había costado tanto… y por qué Takumi pasaba por ahí cuando lo necesitaba con urgencia. El bosque era gratis, después de todo.

-Ummm… yo voy a dormir en el sillón, Sakura.- le avisó el peligris, sacándose su mochila, el porta kunai y su chaleco jounin.

-Mmm…- musitó ella simplemente, embelesado por ese cuerpo que rara vez veía sin el pesado chaleco verde.

-L-La cama es bastante grande…- dijo con algo de nervios, captando la atención del hombre. –Podríamos dormir… sin problemas…- comentó, mirándolo apenada.

Kakashi se la quedó mirando sorprendido… jamás en su vida esperó que ella le dijera eso. ¿No se suponía que estaba enojada con él?

-Ummm…- musitó, aún mirándola. -¿No te molesta?- le preguntó.

La pelirosa sintió su cara arder fuertemente ante aquella mirada. ¡Claro que no le molestaba! ¡Le encantaría!

-Ummm… voy a bañarme.- dijo el Hatake, buscando una toalla en el placar de al lado.

-Pensalo mientras tanto…- musitó pasando a su lado, con dirección al baño. –No quiero que te sientas incómoda.- comentó sin mirarla.

Y sin esperar respuesta, entró en el baño.

Sakura suspiró más calmada, los nervios la estaban matando. ¿Por qué no le contestó? ¡Qué tonta era!

-Tengo que hacer algo…- murmuró para sí misma, mirando la puerta del baño donde estaba Kakashi.

Entonces una idea iluminó su mente, algo osada, pero era muy buena idea.

Sonrió con seguridad, y se apresuró a tomar una toalla del placar.

Se acercó a la puerta, cerciorándose de que él estuviera ya en la ducha. Y efectivamente, escuchó el ruido del agua correr.

Abrió con sigilo la puerta, procurando no hacer ruido, y se metió rápidamente en el baño. Cerró con cuidado la puerta detrás de sí, y miró las ropas del peligris tiradas en el suelo.

Subió un poco la mirada, posándola sobre la cortina transparente del baño que ya estaba empapada del vapor del agua caliente, y pudo ver la imagen borrosa del cuerpo del Hatake bajo el agua.

Tembló ligeramente y deseo con todas sus fuerzas no estar sonrojada, o si no arruinaría su plan.

Se descambió sin hacer ruido. Y una vez completamente desnuda, inspiró y exhaló para darse ánimos.

Y entonces…

-Kakashi, estaba pensando que sería buena idea bañarnos juntos.- comentó como si nada, entrando en la ducha con él.

El peligris se sorprendió de sobre manera al verla ahí, en el baño, con él… desnuda… mirándolo y hablando como si fuera lo más común del mundo.

-Como la tormenta afuera es muy fuerte, pensé que tal vez se podría cortar la luz y el agua, entonces sería mejor si nos bañamos juntos.- siguió diciendo la pelirosa, empezando a enjabonarse.

"Mira la pared, mira la pared, ¡mira la pared!" se decía mentalmente el Hatake.

Pero eso era imposible… y más para un hombre como él que amaba ver el cuerpo de las mujeres, y más si era el de Sakura.

-¿Estás segura?- le preguntó, mirando su espalda, siguiendo las gotas que caían por ella y desembocaban en…

-Sí, supongo que no hay problema.- contestó tranquila la pelirosa. –Después de todo no te gustan las mujeres, ¿verdad?- preguntó dándose vuelta, mirándolo con inocencia.

Su ojo negó subió rápidamente, mirando aquellos verdes con 'aburrición'

-Ummm… sí, claro.- contestó 'despreocupado'

Ella le sonrió dulcemente. Pero él poco pudo disfrutar de su sonrisa, ya que su ojo sólo quería bajar y mirar…

-¿Te lavo la espalda?- le preguntó la Haruno.

-Ummm…- musitó el peligris, volviendo a subir su vista.

Entonces se dio vuelta, dejándole su gran espalda a la pelirosa.

Sintió las pequeñas manos de Sakura acariciando su piel, frotando levemente, bajando centímetro a centímetro… y francamente, eso era demasiado para su autocontrol.

Miro hacia abajo, y como lo supuso: si Sakura seguía con eso, tendría que ir a desahogarse bajo la fuerte tormenta de afuera.

Entonces fue que los sintió. Los… grandes, firmes y suaves pechos de la pelirosa contra su espalda.

-Perdón Kakashi, me resbalé un poco.- pidió Sakura, alejándose de él.

-Está bien, yo ya terminé.- avisó rápidamente el Hatake, saliendo de la ducha.

La pelirosa lo vio tomar una de las toallas y enredarla a su cintura, prohibiéndole que disfrutara de sus lindos glúteos. Luego juntó apuradamente la ropa en el suelo, y salió.

Suspiró sacándose toda la presión que sentía, pero estaba claro que no podía dejar eso así. Kakashi no la había rechazado del todo, ¿verdad?

Tenía que seguir con el plan, sólo pararía y se dedicaría a olvidarlo cuando él le dijera que le gustaban los hombres y amaba a Iruka.

-Sí… sólo si dice eso voy a parar…- musitó con seguridad mientras cerraba las canillas y salía de la ducha.

¿De dónde había sacado tanta seguridad? Bueno, tal vez por las cosas que le dijo Takumi habían despertado aquellas viejas dudas que tenía cuando su ex sensei le confesó su homosexualidad.

Pero como sabía, Kakashi era una caja de sorpresas y tal vez… tal vez…

-No tengo que pensar más.- se dijo a sí misma, terminando de secarse. –Sólo tengo que actuar.- musitó decidida, enrollando la blanca toalla en su cuerpo.

Posó una de sus manos en el picaporte, respiró hondo para darse ánimos, y entonces salió.

Revisó con una rápida mirada toda la habitación, y para su sorpresa, el peligris se encontraba sentado en la cama mientras se secaba el cabello.

Con su infaltable máscara puesta, hasta después de un momento así.

Sonrió para sus adentros y se acercó a él, sentándose a su lado.

-Kakashi…- lo llamó suavemente. -¿Puedo pedirte algo?- le preguntó con tranquilidad.

El aludido la miro, con su vaga mirada, y asintió silenciosamente con la cabeza.

Pero ella no pudo decirle nada. Lo que tenía pensado pedirle… le daba tanta vergüenza y la ponía tan nerviosa que sólo pudo sonrojarse.

-E-eh…- musitó nerviosa. –Y-yo te ayudo con eso.- le dijo rápidamente, sentándose en sus piernas y tomando la toalla que estaba en su cabeza.

Kakashi simplemente la miraba, tratando de que su sorpresa no fuera muy obvia… y rogándole al cielo que la pelirosa no se moviera mucho o DE VERDAD tendría que desahogarse bajo la tormenta.

-Ummm…- musitó, sintiendo como ella le secaba el cabello. -¿Qué ibas a pedirme?- le preguntó 'aburrido'

Aunque lo que sentía ni se acercaba a la aburrición.

Pero la muchacha no le dijo nada. Sólo siguió frotando la toalla en su cabeza, con algo de brusquedad. Se notaba nerviosa.

-Sakura…- la llamó, tomando las manos femeninas para alejarlas de su cabello.

Su mirada se fijó en aquellos hermosos ojos verdes, que parecían tener algo de miedo y vergüenza. Bajo un poco más, y pudo ver el gran sonrojo en las mejillas de la pelirosa.

¿En qué pensaba ella?

-Sakura… ¿qué pasa?- le preguntó en voz baja, sin dejar de mirarla.

Y la Haruno tembló ligeramente… ¡pero no era momento de acobardarse! Había llegado demasiado lejos como para rendirse ahora.

-K-Kakashi… quiero pedirte…- musitó con nerviosismo, presa de aquella profunda mirada negra.

-Ummm… ¿qué?- la incitó a seguir el peligris, con voz calmada.

¡Pero era tan difícil! ¡Tan vergonzoso! Y eso sin contar el riesgo de que su corazón se rompiera en miles de pedazos… otra vez.

Pero tenía que hacerlo. Era la única manera de confirmar sus sospechas y las palabras de Takumi.

Sus manos bajaron lentamente para abrazarse y darle calor al cuello masculino.

-Quiero… tener mi primera vez con vos Kakashi…- susurró su nombre, mirándolo fijamente.

El ojo negro y vago del Hatake se abrió ligeramente con sorpresa. Sus oídos lo engañaban, ¿verdad?

-Sos la persona en la que más confío, Kakashi… sólo a vos podría pedirte esto.- contó con sinceridad, acercándose a él un poco más.

-Pero Sakura…- la interrumpió él. –No es algo que tengas que hacer con alguien en quién confies.- dijo con seguridad.

-Yo creo que sí…- afirmó ella. –Es algo importante para mí, y no quiero que sea con cualquiera.- contó con seguridad.

-Yo sólo amo a una persona, y nunca voy a poder estar con él…- comentó con algo de tristeza la Haruno. –Por eso te lo pido a vos, porque sé que siempre vas a estar conmigo.- dijo con una suave sonrisa.

Kakashi no dijo nada. Se quedó impactado ante aquellas palabras, ante aquella sonrisa… frente a esa mujer que tanto amaba y ahora le pedía que la hiciera suya.

-Kakashi…- susurró su nombre la pelirosa, bajando lentamente la máscara.

Sintió las pequeñas y suaves manos de su ex alumna tomar su rostro, acariciándolo castamente.

Luego, su cálido aliento chocar contra el suyo sutilmente.

Y entonces, sus dulces labios sobre los suyos. Besándolo lentamente. Probándolos una vez más.

Él le correspondió. Con esas inmensas ganas de besar aquella apetecible boca, como tantas veces había soñado. Reviviendo una vez más el primer beso.

Sus manos viajaron a la pequeña cintura femenina, donde se abrazo sin intenciones de dejarla ir.

Sintió la pícara lengua de la pelirosa acariciar sus labios, pidiendo permiso para entrar. Y fue entonces cuando su razón entró en juego: él estaba fingiendo ser algo que no era.

-Sakura…- la llamó, rompiendo el beso.

-¿T-te dio a-asco?- le preguntó con la respiración agitada la pelirosa, mirándolo algo apenada.

¿Asco? ¡Había que ser demente para que un beso así te diera asco!

-No… pero… tengo algo que decirte.- dijo con seriedad el jounin.

Sakura sintió su corazón latir con mucha más fuerza de lo que ya palpitaba… ¿qué era lo que Kakashi tenía para decirle? Sólo esperaba que no fuera nada malo.

-Yo… no puedo hacerte esto.- musitó en voz baja el peligris. –Yo no… no soy lo que pensas.- dijo con algo de culpabilidad.

La médica lo miro confundida. ¿A qué se refería?

-No te entiendo…- musitó, mirándolo con el seño levemente fruncido.

El peligris suspiró con cansancio. Con lo que diría podría perder a la mujer que amaba… pero se odiaría si la hacía suya con una mentira.

-A mí… no me gustan los hombres, Sakura.- confesó mirándola fijamente, diciéndole la verdad.

-¿Te acordás la noche en que te lo dije?- le preguntó el Hatake.

Ella asintió suavemente. Cómo para olvidarlo…

-No era eso lo que iba a decirte.- contó seguro. –Yo iba a decirte… que me gustas… que te amo.- dijo con sinceridad, mirando aquellos pozos verdes.

-Pero estaba nervioso, y mi mente me jugó una mala pasada… y terminé diciéndote eso.- contó con algo de amargura.

-Pero… ¿entonces por qué…?- dejó la frase en el aire la Haruno, dándose a entender.

-Parecías muy emocionada en ayudarme… y francamente después de haber dicho eso, no tenía el valor para decirte la verdad.- respondió en voz baja, con algo de molestia.

-Le conté la historia a Iruka, le pedí su ayuda, y él aceptó.- siguió contando el peligris. –Todo lo que viste… fue una farsa.- contó con culpa.

Sakura se quedó en silencio por algunos segundos… ¡La alegría no le cabía en el cuerpo! ¡Takumi tenía razón! ¡Kakashi no sólo no era gay, sino que estaba enamorado de ella!

Aunque había una última cosa por saber…

-Pero… te escuché decirle a Iruka que lo amabas…- dijo suavemente la pelirosa, conteniendo esas ganas de sonreír con felicidad.

-No, eso no fue así.- negó seguro Kakashi. –Iruka me estaba diciendo que tenía que hacer algo, decirte algo; y yo estaba bastante enojado…- comentó el peligris.

-Entonces le grite que qué quería que te dijera, ¿qué te amaba?- explicó mirándola. –Y fue ahí cuando saliste y escuchaste el 'te amo'- musitó en voz baja.

Ya está no tenía nada más para decir. Había aclarado todo, y hasta le había confesado sus sentimientos. Ahora todo quedaba en manos de Sakura.

-¿Hiciste todo eso… por mí?- le preguntó la pelirosa suavemente.

-Ummm…- musitó él sin esperanzas. -¿Por quién más lo haría?- le contestó sin dejar de mirarla.

Un silencio se formó en la habitación, dejando escuchar sólo el ruido de la fuerte tormenta de afuera.

Las luces se apagaron repentinamente al mismo tiempo que un trueno caía desde el cielo.

Sintió las manos de la pelirosa aferrarse más a su cuello, seguro por la sorpresa del corte de luz y el sorpresivo ruido.

Unos débiles rayos de la luz de la luna entraba en la habitación, dejándole ver un poco aquel hermoso rostro que sólo lo miraba fijamente.

-¿Te acordás?- musitó Sakura suavemente. –En una noche parecida a esta te pedí que me besaras…- comentó, acercándose más a él.

Pudo sentir el aliento de la pelirosa acariciar sus labios sensualmente, tan tentador.

-Y ahora te pido… que me hagas el amor, Kakashi…- susurró dulcemente.

Y volvió a besarlo.

Con todas esas sensaciones y sentimientos que tenía por él. Sobre todo con ese gran amor y ese enorme deseo que eran incontrolables.

Kakashi le correspondía de la misma manera. Con amor y pasión. Marcando un ritmo tan sexy que el calor empezaba a nacer dentro de ella.

¡Ah! ¡Pero no le había dicho!

Se separó rápidamente de él, sorprendiendo al peligris.

-Se me olvidó decirte… que te amo, Kakashi…- confesó con una dulce sonrisa, sin dejar de mirar a aquel hombre por el cual suspiraba.

Una seductora sonrisa se dibujó en los tentadores labios del peligris, dedicada a ella y sólo a ella.

Tan encantada estaba por ese gesto que no supo cuándo fue que el peligris le sacó la toalla y la tumbo en la cama, dejándola completamente a su merced.

Los ojos verdes de la kunoichi se tiñeron de sorpresa, y sus mejillas ardieron en un color rojo avergonzado al estar desnuda frente a él.

Sintió la vaga mirada de su sexy ex sensei detallando su cuerpo minuciosamente. Desde sus piernas, pasando por su intimidad, por su cintura, sus pechos, y llegando a sus ojos.

Kakashi definitivamente sabía cómo excitarla.

-De en sueño…- susurró roncamente el peligris, mirándola fijamente mientras se recostaba encima suyo.

El silencio se formó en aquella acalorada habitación, donde los dos amantes se miraban con tranquilidad y adoración.

El sonido de un trueno caer nuevamente en la tormenta sorprendió a la pelirosa, quien rápidamente se abrazó aquel níveo cuello de su exasperante ex sensei, juntando mucho más sus cuerpos.

Un leve gemido salió de sus rosados labios al sentir la despierta intimidad del Hatake encontrarse con la suya, sólo separados por la fina toalla en la cadera del jounin.

Kakashi divisó en los hermosos pozos verdes de la pelirosa un tinte de vergüenza mezclado con deseo y pasión, haciéndolo perder la cordura un poco más.

Besó con hambre contenida por tanto tiempo aquellos labios que tanto había extrañado, y había soñado besar una vez más.

Sus grandes manos acariciaron suavemente el delicado y sensual cuerpo debajo de él, sintiendo como ella se estremecía con el caliente contacto de sus pieles.

Se separó de aquella boca que lo volvía loco para recuperar un poco el aire perdido en sus pulmones, pero no dejó de besar.

Bajo hasta el fino cuello femenino, dejando ardientes y húmedos besos en la tersa piel de su ex alumna, escuchando como ella suspiraba con placer.

Sus manos subieron lentamente atrapando aquellos firmes y suaves pechos, acariciándolos sensualmente, haciendo gemir más audible a la muchacha debajo suyo.

Su boca siguió besando, dejando un camino de dulces besos en el cuerpo femenino. Bajando por sus hombros, a su clavícula, hasta la naciente de sus pechos.

Atrapó el izquierdo con su caliente boca, masajeando con su mano el derecho, provocando que Sakura arqueara levemente su espalda al sentir su húmeda cavidad… excitándola de sobre manera.

Succionó, besó, lamió, y mordió ligeramente ambos duros botones rosados, escuchando los sensuales gemidos de la pelirosa que avivaban mucho más aquel calor dentro de él.

Subió una vez más hasta atrapar los rosados labios de esa mujer que jamás creyó estaría en aquella situación con él. Que jamás pensó le pediría le hiciera el amor.

Con pasión, deseo y lujuria devoró esa boca salvajemente, conteniendo poco y nada los fuertes sentimientos y sensaciones que ella tan tentadoramente le provocaba.

Las manos de su amada pelirosa recorrían con algo de timidez su cuerpo. Acariciando sus brazos, su pecho, su estómago, clavando sus uñas en su caliente piel blanca.

Su pequeño y excitante cuerpo se arqueaba contra el suyo, buscando más contacto. Suspiros de puro placer se escapaban de aquella rosada boca entre besos ardientes.

Dejando su cordura completamente extinta ante tan exquisito acto.

Una de sus pícaras manos bajo acariciando castamente el estómago femenino… llegando a aquella parte más íntima de tan delicada anatomía.

Sus gentiles dedos acariciaron la húmeda entrada con suavidad implacable, arrancándole sonoros gemidos a la pelirosa.

Sus dedos se movían con agilidad dentro de ella, sintiendo como ella se removía impaciente debajo de su cuerpo ante aquellas sensuales caricias.

Sentía las uñas de Sakura clavadas en sus hombros, y su nombre jadeante salía una y otra vez de aquella boca roja por tantos apasionados besos.

-K-Kakashi…- gemía ella en su oído, atrayéndolo más a su cuerpo que se arqueaba ante esas íntimas caricias.

-Sakura…- susurró él con voz ronca, mirando aquellos pozos verdes teñidos totalmente de deseo.

Entonces no lo soportó más, su excitación empezaba a dolerle y podía ver y sentir que su ex alumna le pedía a gritos que lo haga.

Retiró lentamente su mano de la dulce intimidad de la pelirosa, y mientras la miraba fijamente a los ojos se deshizo de la única prenda que le faltaba para estar completamente desnudo.

La blanca toalla voló fuera de la cama, quedando olvidada en alguna parte de aquella habitación.

El sonrojo de Sakura fue más notable aún al ver el fuerte cuerpo del exasperante y sexy peligris sin ropa alguna… excitándola mucho más de lo que ya estaba.

Cierto es que en la ducha había dado una indiscreta mirada a la intimidad de su ex maestro, pero ahora que lo veía en todo su esplendor y completamente despierto… no pudo evitar pensar en todo el placer que le esperaba.

Su cara ardió como el mismo infierno al darse cuenta que su mirada estaba fija en la intimidad del Hatake. Sus ojos verdes subieron rápidamente, mirando con vergüenza el ojo negro de aquel sensual hombre.

Su respiración se había vuelto más agitada de lo que estaba, ¡vaya que tenía ganas de hacer aquello! Pero sólo porque era él. Sólo porque era Kakashi quien podía excitarla de tal manera.

Le sonrió dulcemente y acarició sus fuertes hombros con suavidad, para luego abrazarse al cuello níveo del peligris.

El jounin abrió gentilmente sus temblorosas piernas, para acomodarse entre ellas. Y sus grandes manos se posaron en sus caderas.

Sus respiraciones cálidas y agitadas se volvían a encontrar. Ambos corazones latían frenéticamente en las cajas torácicas de cada uno. Y sus miradas llenas de sentimientos estaban fijas en los pozos del otro.

-Sakura…- murmuró Kakashi roncamente, pidiéndole permiso con la mirada.

La pelirosa sonrió aún más, jamás había visto la faceta dulce del peligris… y le encantaba, sobre todo porque sólo ella podía verla.

Se abrazó más fuerte al cuello masculino, juntando aún más sus cuerpos calientes.

Y entonces lo besó. Con amor y ternura, disfrutando de esos suaves labios… aceptando su petición.

Lentamente el peligris fue entrando en ella, conteniendo con fuerza sobre humana su lado más salvaje. No quería hacerle mal a su preciosa pelirosa.

Pero inevitablemente lo hizo, rompiendo aquella fina barrera que la hacía pura.

Un leve gemido de dolor se escapó de sus labios, y unas rebeldes lágrimas se escaparon de sus ojos verdes.

Kakashi dejó de moverse, esperando a que el dolor pasara y que ella se acostumbrara a la sensación.

Sakura apretó fuertemente sus ojos, el dolor era más grande de lo que había imaginado. Pero poco a poco iba pasando, mientras sentía los relajantes besos del peligris en su cuello y en su hombro.

La sensación era extraña, nueva. Pero a la vez tan excitante. Sentía su intimidad completamente ocupada por Kakashi. Tan, tan caliente…

Bajó con algo de timidez sus pequeñas manos, acariciando con deleite la gran espalda del jounin; mientras le besaba sensualmente el cuello.

Kakashi supuso que ya podía comenzar a moverse… igualmente, poco y nada faltaba para que su autocontrol se perdiera definitivamente.

Se separó un poco de ella y besó con amor y pasión aquellos rosados labios, mientras empezaba con el lento vaivén de sus caderas.

Quiso ser gentil, suave y dulce… pero los jadeantes gemidos de Sakura contra sus labios, la ardiente estreches dentro de ella, y sus manos acariciando su cuerpo con fervor en nada lo ayudaron.

Se aferró más fuerte a aquellas calientes caderas, marcando un ritmo rápido y salvaje, como si fuera la primera vez que estaba con una mujer.

Y tal vez su ex alumna no era la primera con quien tenía relaciones, pero definitivamente estaba seguro que era la primera con quien hacía el amor. Porque jamás, jamás sintió aquel torbellino de sensaciones por un mujer.

Su boca volvió a ocuparse de ese dulce y fino cuello, dejando ardientes y húmedas marcas en la tersa piel de la kunoichi. Ella era suya.

Los excitantes gemidos de la pelirosa golpeaban de lleno en su oído, llenándolo de un fuerte y sofocante calor por dentro.

Las contorneadas piernas femeninas se enredaron en su cadera, buscando que el contacto sea aún más profundo, más cercano.

Sus instintos más bajos afloraron ante aquello, ¿cómo poder no hacerlo teniendo a semejante mujer jadeando con placer debajo tuyo?

Demente. Había que ser demente.

Su rápido vaivén se volvió frenético. Sexy. Caliente. Lujurioso. Salvaje. Imparable… incomparable.

-Ka… K-Kakashi…- gimió Sakura mientras buscaba sus labios. –T-te... a-amo…- confesó jadeante, sonrojada, mirándolo con deseo y vergüenza.

Entonces el jounin no lo resistió más, esa imagen había sido demasiado.

Sus uñas se clavaron en la suave y caliente piel de la pelirosa, embistiéndola con todo su lado más salvaje y pasional; escuchando los dulces gemidos de su amada pelirosa.

Las femeninas piernas se aferraron más fuerte en su cadera, y empezó a sentir aquel ardiente interior más estrecho.

Una oleada de sensualidad los golpeó a ambos, produciendo un dulce y exquisito espasmo en ambos cuerpos calientes.

-Sakura…- gimió roncamente en su oído el peligris.

Y sintió algo cálido llenar su ya no virgen intimidad.

Sonrió aún respirando agitadamente, mientras Kakashi salía lentamente de ella y se acostaba a su lado en el cómodo colchón.

Los tapó a ambos con la suave sábana, y la abrazó protectoramente sin querer dejarla ir.

Sus respiraciones lentamente fueron calmándose, y aún sentían en sus cuerpos ese agobiante calor interior aunque la tormenta de afuera era todo lo contrario.

Sakura no podía borrar su gran sonrisa, de alegría y satisfacción. Sólo en sus más remotos sueños podía haber pasado aquello, pero eso no era un sueño.

Sintió los suaves labios del Hatake besar su frente con cariño, bajando hasta besar su colorada mejilla, para después probar una vez más su cuello, mordiendo ligeramente su hombro.

-¿Quién diría que Hatake Kakashi podía ser tan dulce?- preguntó divertida la pelirosa, disfrutando de tan tiernas caricias.

-Ummm…- musitó el jounin, dejando un último beso en su hombro. –Sólo con vos…- musitó mirándola a los ojos.

Sonrió aún más si es que podía, ¡Kakashi era tan tierno!

Besó rápidamente aquellos dulces labios masculinos, y acarició con deleite ese rostro tan lindo que siempre ocultaba la malvada máscara.

Delineó suavemente y con cuidado la cicatriz en el ojo izquierdo del peligris, imaginando lo mucho que debía haberle dolido… no sólo físicamente, sino también emocional por haber perdido a su mejor amigo.

Elevó un poco su cabeza y le dio un cariñoso beso sobre aquel pozo rojo, sorprendiendo y maravillando al Hatake.

-Ummm…- musitó el jounin, disfrutando de tan cálidos tratos. -¿Quién hubiera pensado que la irascible Haruno Sakura podía ser tan dulce?- preguntó divertido, arqueando sus ojitos.

-¡Ey!- exclamó la médica en forma de queja. -¡Yo siempre fui dulce!- se defendió ofendida.

-Ummm… Naruto no opina lo mismo.- comentó burlón el peligris, sonriendo con diversión.

Sakura se quedó completamente embobada ante tan espectacular imagen, ¡esa sonrisa podía enamorar a cualquier persona!

Pero al ver una ceja gris levantarse sorprendida y algo confundida, retomó su charla.

-É-Él se lo buscó…- dijo apenada, corriendo la mirada.

Kakashi simplemente sonrió un poco más, y se dedicó a fortalecer aquel cálido abrazo, juntando más sus cuerpos.

Inspiró el dulce aroma de su ex alumna, deleitándolo. Acarició suavemente su pequeña espalda, sintiendo como ella se estremecía ligeramente.

Quería asegurarse que eso no era un sueño. Que de verdad le había hecho el amor a la mujer que creía inalcanzable.

Tenía que cerciorarse que ahora estaba con ella. Sintiendo su inconfundible fragancia, su única piel tan suave, su sensual cuerpo debajo de sus brazos…

-Kakashi…- escuchó esa voz que sólo podía pertenecerle a ella.

-Ummm…- musitó para que prosiguiera.

-¿D-de verdad… b-besaste a Iruka-sensei?- escuchó su tímida pregunta.

Entonces sonrió, mirando aquellos pozos verdes que lo miraban con pena e impaciencia, y una pizca de miedo. Además de ese infaltable adorable sonrojo en sus mejillas.

Sí. Sin duda alguna, eso era real. Aquello no era un sueño.

Y Sakura lo amaba.

-No. Afortunadamente te fuiste antes de que lo hiciera.- contestó con notable alivio el Hatake.

La kunoichi lo miró sorprendida.

-¿Ibas a besarlo de verdad?- le preguntó incrédula, con sus ojos verdes abiertos ligeramente.

-Claro…- respondió con obviedad el jounin.

-¿Por mí?- preguntó apenada, pero curiosa la pelirosa.

El peligris sonrió dulcemente, como pocas veces hacía.

-Sólo por vos…- musitó, acariciando la colorada mejilla femenina. –Haría cualquier cosa por vos, Sakura…- dijo con seguridad, mirándola fijamente.

La pelirosa sintió como su corazón se llenaba de ternura al verlo así, tan dulce y sincero, y palpitó fuertemente contento.

-Yo también haría cualquier cosa por vos, Kakashi…- le dijo sonriendo cariñosamente.

Pero entonces vio como el brillo en el vago ojo del Hatake cambiaba… tornándose ¿pícaro?

-¿Cualquier cosa?- preguntó en voz baja el jounin, acariciando la cintura femenina.

Ella rió coqueta.

-Sí, cualquier cosa…- respondió con una provocativa mirada la pelirosa.

Vio como aquellos labios se curvaban en una media sonrisa, tan sexy…

-Ummm… ¿sabes?- musitó suavemente el jounin, acomodándose sobre ella una vez más.

–Hay una escena en el Icha Icha con la cual siempre soñé recrear con vos…- comentó besando lenta y sensualmente el cuello femenino.

-Mmm…- suspiró con placer la pelirosa, acariciando la grisácea cabellera de su ex sensei.

-¿Cómo es?- preguntó disfrutando de aquello labios tan expertos.

Kakashi se alejó lentamente de la piel de su pelirosa, recibiendo una mirada de reproche por dejar de hacerlo.

-El paciente y su enfermera…- contestó con voz seductora el peligris, mirando profundamente aquellos pozos verdes.

Sakura se sonrojó un poco ante esa poderosa mirada, mas la idea no le desagradó.

Le sonrió sensualmente a su sexy peligris exasperante, y con movimientos hechizantes se posicionó sobre él.

-Paciente Hatake…- susurró en el oído masculino, besando su cuello, la fuerte mandíbula… y se alejó dejándolo con las ganas de besarlo.

Posó su dedo índice en los calientes labios del peligris, indicándole que ninguna palabra saliera de ellos.

-Veamos cómo estás…- musitó con una pícara mirada en sus orbes verdes, sonriendo coquetamente.

Besó con hambre los labios de su amado exasperante jounin, mientras que sus manos empezaban a repartir caricias a lo largo y ancho de ese cuerpo tallado por los Dioses.

Kakashi sonrió mentalmente al ver a su ya no tan tímida Sakura besarlo y tocarlo de aquella excitante y sugestiva manera, empezando a sentir el calor quemarlo por dentro.

Una de sus grandes manos se posó en la ardiente cadera femenina, y la otra subió para acariciar la delicada espalda de su querida pelirosa.

Ya sabía que era ella. Que era real. Pero sentía la necesidad de tocarla para asegurarse… Después de todo lo que había pasado, aún le parecía un sueño.

No pudo evitar recordar todo lo que vivió.

Su gran metida de pata, el hecho de hacerle creer a ella que era gay, pedirle ayuda a Iruka; salir con él, vivir con él, y casi besarlo… Todo por Sakura.

Por Sakura su vida despreocupada y sin problemas había dado un giro de 180º

Y sólo por Sakura, volvería a hacerlo.

FIN.