Los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos, aunque, puede que alguno me lo invente.

Este capítulo lo escribí escuchando de fondo It´s my life de Bon Jovi en forma acústica, ponedla es Youtube, es una monada, amo a Bon Jovi *_*

Miedos entre caricias.

Extraño.

Bella.

Diez minutos y podré reunirme con Edward.

Cincuenta y nueve segundos, cincuenta y ocho segundos, cincuenta y siete segundos, cincuenta y seis segundos...

¡Para ya Bella, olvídate de que Edward existe!

Dios, ¿Qué me estaba pasando con Edward? Siempre había sido como el hermano que nunca tuve, ese que cuando tenía miedo por las noches se acostaba a un ladito de mi cama, sin rozarme, solo me miraba y cantaba una extraña nana que con el tiempo se convirtió en mi nana, Bella´s song, fue el único de la familia al que le permití acercarse más de lo habitual a mí.

Llegué con diez años a la casa Cullen, desde el primer día me acogieron muy bien, como una más de ellos, pero me costó habituarme a ellos, no solo me costó vivir entre ellos por sus ágiles y extraños movimientos, que, me aturdían, mi miedo a que me tocaran o a que me rozaran seguía ahí y sería algo con lo que viviría siempre, me gustara o no, formaba parte de mi vida, nunca podré olvidar esa noche de verano en Phoenix, nunca, se llevaron a mi padre, a mi madre, mi infancia, a mi misma.

No bella, ahora no...

El estruendoso tono de la campana empezó a sonar con el mismo tono insistente y desesperante de todos los días, nunca me había agradado el tono del timbre, incluso un día pensé en escribir una queja al director en la que pusiera cuan insoportable y desagradable era el sonido de la campana, pero hoy no era así, hoy amé el timbre como si fuera alguien de mi familia.

Gracias-le dije en mi cabeza al timbre.

¡Al fin sirves para algo! Sonreí ante mis estúpidos pensamientos, como siguiera así, Carlile y Esme me meterían en un loquero de cabeza.

Mis pensamientos últimamente solo eran los viejos y asquerosos recuerdos de los que mejor no hablar, no, no ahora, no quería recordarlo, Edward estaba por llegar y no quería que me viese mal, porque yo sabía que, de alguna extraña e inexplicable manera, a Edward le afectaba lo que a mí me pasaba. Edward, Edward, Edward... él era el personaje principal de mis pensamientos desde un tiempo atrás.

Estoy enamorada de Edward Cullen.

Me reprendí por haberlo afirmado, por haberlo dicho en mi cabeza, pero era verdad, y no podría ocultármelo más por mucho que quisiese, una no elegía de quien enamorarse...

Choqué contra algo duro que me hizo soltar una exclamación ahogada.

-Idiota, mira por donde...-miré a la persona con la que me había chocado y luego me sonrojé-e... no sabía que eras tú.

Edward sonreía como si lo de idiota no hubiese sido para él.

-No tengas problema-me miró-¿Almorzamos?

-Vale.

Edward caminó a mi altura sin decir nada, era rara la forma en la que Edward y en general los Cullen podían controlarse con tanta sangre humana tentándoles, cada día más, me sorprendía como no le hincaban el diente a cualquiera, sobre todo a mí, que vivía con ellos las veinticuatro horas del día.

Me acerqué hasta donde estaba la comida vegetariana y empecé a llenar mi plato.

Un poco de lechuga, unas cuantas rodajas de tomate, un poco de millo, aceitunas, zanahoria, aguacate, atún... en pocos segundos tuve una perfecta ensalada a la que miré con admiración, había hecho record, no se me había caído.

Cogí el plato muy segura de mi misma, me di la vuelta para dirigirme a la mesa que todos los Cullen siempre cogían y me encaminé hacia ella con el plato de ensalada en mis manos.

Pero, desgraciadamente, no pude llegar hasta mi destino. Un estúpido Mike Newton se tuvo que estampar contra mí y tirarme toda su sopa de fideos y mi ensalada en mi impecable uniforme que, ahora no era más que una chapuza.

-Lo siento Bella, lo siento de verdad, yo no quería, fue sin querer, ¿Estás bien?, te lo recompensaré te lo prometo, te invito al cine, no, mejor, a un restaurante, a lo que tú quieras pero por favor, perdóname, fue, no fue a propósito, yo, no quería, te haré lo que quieras durante todo el tiempo que tú quieras, seré tu esclavo...-Mike Newton me estaba volviendo loca, como no se callase ya, cogería un plato del suelo y se lo estamparía en la cabeza.

La gente no tardó mucho en darse la vuelta y mirar la estúpida y vergonzosa escena que a estas altura Mike y yo estábamos dando, era penoso, era penosa.

-Mike, déjalo ya, creo que ya has hecho suficiente.

Hice ademán de irme pero Mike me cogió por la muñeca y sentí algo dentro de mí, estaba empezando a temblar, cerré los ojos, pero no dije nada.

-Suéltala-

Esa voz... al segundo mi mano estaba libre, no me digné a mirarle ni a mirar a nada, estaba demasiado avergonzada como para hacerlo, además ya estaba bañada en lágrimas.

-Hay que ver cómo eres Bella Cullen-gritó alguien desde una mesa-lloras porque te han manchado el uniforme, ¡Niña chica!

Eso fue lo último que necesitaba para derrumbarme.

¿Niña chica? ¡Pero qué sabría esa tía de mi vida! Yo no lloraba porque me hubiera estropeado el uniforme, tampoco lloraba por el ridículo que acababa de hacer con Mike Newton delante de todo el instituto, tampoco lloraba porque me hubiese quedado sin comida, lloraba por razones que ninguno de esos estúpidos humanos sabían. El recordar era bonito, era mágico el recordar, recordar esos momentos que viviste en un viaje fuera de tu ciudad con tus amigos, el recordar las cenas de navidades en familia, todos como locos cantando villancicos y comiendo todo tipo de dulces, recordar el día en que la gente adornaba sus casas con adornos navideños, los mismos adornos navideños estropeados y anticuados de todos los años que la gente guardaba cuando los días de fiesta pasaban, recordar tu primera vez, recordar tu primer novio, recordar tu primera caída, recordar era bonito, bonito si esos momentos eran agradables, si tu primera vez fue con la persona que querías y bajo tu consentimiento, para la gente el recordar era especial, para mi recordar era un tormento, era recordar una y otra vez mi pasado, ese pasado del que vengo huyendo desde Phoenix, ese pasado que me pisa, me atormenta, me persigue y no se aleja de mi.

Claro que no lloraba porque mi ropa estuviera estropeada, claro que no, ¡Por dios! Lloraba de rabia, de no poder haber hecho algo en ese momento, si hubiese hecho algo, si no hubiese gritado y me hubiese ido como mi padre me dijo, ahora no estaría corriendo y lamentándome por lo que me hundió la vida, sería una chica normal, bueno, normal no, estaría rota, llena de dolor, pero no de este dolor tan profundo que me absorbe y que solo se desvanece cuando Edward está cerca, si no hubiese gritado, no hubiese conseguido que mis padres estuvieran vivos, porque eso estaba en mi destino, pero si me hubiese evitado tanto sufrimiento.

Al fin había salido del instituto, ya estaba fuera de tanto tormento.

Me puse a caminar de vuelta a casa, sin parar de llorar, era una tonta, lo sabía pero no podía parar las lágrimas, hay algunos momentos en los que, es necesario dejar que las cosas sigan su naturaleza y esta era una de ellas, mejor dejar que las lágrimas siguieran su camino, no quería forzar nada, no quería obligarme a dejar de llorar, sería peor.

Hacía frío, como todos los días en Forks, pero ahora lo notaba más que otros días, mi cuerpo estaba húmedo por la sopa en la ropa y estaba empezando a sentir como eso me pasaba factura.

Sentía que el moquillo de la gripe salía por mi nariz.

¡Mierda!-pensé al intentar coger algo de la mochila, no podía, no tenía mochila, la había dejado dentro.

Rogando para que Edward la hubiese cogido seguí mi camino a casa.

Desde aquí a casa, calculando más o menos bien, serían unos… ¡Tres horas! Joder, al paso que voy… parezco una tortuga, y Emmet se hubiera burlado de mi si me viese así.

Sonreí. Dejé de llorar y sonreí. El pensar en mi "familia", o sea los Cullen, me sacaba siempre una sonrisa, porque ellos eran especiales y geniales así como eran, si, todos los Cullen, aunque unos fueran más amables que otros.

Un coche que yo conocía muy bien aparcó delante de mí y un chico de pelo cobrizo se bajó de él y en segundos estuvo enfrente mía, fue visto y no visto, era como un borrón cuando corría.

-¡Estas locas Bella!-

Lo miré sin decir nada, tenía todo el derecho del mundo a estar molesto conmigo, iba a dejar que se desahogara, la verdad que Edward nunca protestaba por nada y parecía comérselo todo él, no podía desahogarse, no lloraba.

En ese momento me pregunte como sería eso, no llorar, sería algo desconcertante y raro para una chica como yo que está todo el día llorando, en verdad, llorar era desahogarse, de rabia, de impotencia, de nerviosismo, era desahogarse.

-Bella-dijo apretándose el puente de la nariz-no vuelvas a hacer eso.

Suspiré y le miré.

-Estoy harta Edward-dije mirándole a los ojos.

Eran preciosos, todo en el era precioso, su ojos dorados aclarados por la sangre de animal, su pelo cobrizo siempre despeinado, en diferentes direcciones, su cara pálida y aniñada, sus cejas siempre levemente fruncidas, sus finos pero a la vez carnosos labios de un color carne natural, su cuerpo alto y fornido. Suspiré, todo en el era perfecto, y él no se fijaría nunca en una persona que no le llegaba ni a la suela de los zapatos, como yo.

-¿De qué Bella?

-De todo-lágrimas de rabia-de no poder ser normal-lágrimas de impotencia-de no poder dejar de llorar ni un estúpido y asqueroso día-cada vez elevaba más la voz-de no poder ser yo, ser esa niña que antes era, antes de que toda esta mierda pasara-lágrimas de tristeza-harta de no poder olvidar.

Me mordí el labio inferior, podía sentir el dulce sabor de las lágrimas, miré a Edward.

Su cara era un manojo de tristeza, rabia, impotencia, compresión y muchos sentimientos más, sabía que Edward me entendía y se ponía en mi situación.

-Déjalo ya pequeña, encontraremos la forma de que olvides todo pero por favor no llores más-susurraba en mi oído y me abrazaba para tranquilizarme, aunque su cuerpo estaba helado en comparación con el mío, no le di importancia y pasé de ese pequeño dato-deja de llorar, más nunca vueltas a derramar una lágrima, porque me desarmas.

Eso último me dejó en Off, no sabía a lo que se refería Edward con; Me desarmas, pero con lo ingenua que había sido siempre pensé, solo por un momento que realmente le importaba a Edward y no solo como una pequeña hermana humana que se había acoplado a la familia porque no tenía a más nadie a la que recurrir.

-Vamos a casa-cogió mi mano y me acercó al coche-creo que será mejor que te quites esa camiseta, hace frío y está mojada, te pondrás enferma y ya puedo apreciar que tu cuerpo está empezando a notarlo.

-No tengo más nada que ponerme-le dije, ya no lloraba y mi voz sonaba segura.

-Yo te dejaré algo.

Caminó al lado de su moderno Volvo plateado y llegó al portabultos en menos de lo que canta un gallo, abrió la puerta trasera con un solo tirón y rebuscó dentro de él.

-Ten, ponte esto, no es gran cosa pero es mejor que lo que llevas puesto, al menos esto no está mojado-dijo tendiéndome una blusa suya.

-Eh… ¿Cómo me la pongo?

-Me doy la vuelta, tranquila, no miro.

Se dio la vuelta sin esperar respuesta.

Empecé a quitarme el jersey torpemente, en él todavía quedaban pequeños trozos de fideos que el deficiente de Mike me tiró encima, ese capullo, cuando lo pillase. Luego de haberme quitado el jersey hice lo mismo con la camiseta, esta estaba amarilla, lo había traspasado todo.

Me estaba entrando frío, solo mi sostén blanco tapaba mis pequeños senos.

-Espera Bella, esa camiseta está agujereada-dijo Edward y se dio la vuelta.

Sus ojos se abrieron sorprendentemente. Me estaba viendo casi desnuda, como nunca me había visto antes. Nos miramos.

Se acercó.

Me acerqué.

Se acercó.

Me acerqué.

Mi cuerpo no respondía, hacía lo que el corazón le dictaba y mi cabeza y mi miedo decía que eso no era lo más sensato.

Edward y yo estábamos muy cerca, casi nos estábamos rozando. Su frío aliento rozó mi piel y hizo temblar todas y cada una de las partes de mi cuerpo. Mis terminaciones nerviosas se activaron, mi cabeza dejó de funcionar y mi corazón pareció pararse unos segundos, ya no veía nada, ya no podía ver más nada, nada más allá de Edward y yo, su frío cuerpo tan cerca del mío, sus carnosos y a la vez finos labios rozados tan cerca desprendiendo un aliento frío y dulce…

Posó una mano mi cintura y instintivamente cerré los ojos, eso ya era mucho para mí.

Sentí mi cintura libre otra vez, Edward la había retirado, ya no sostenía mi cintura, si no la manecilla de su coche.

-Ponte la camisa, nos vamos a casa-dijo con voz rara y seria.

Entró en el coche dando un portazo, pude ver a través de los cristales trasparentes del Volvo como se maldecía a sí mismo.

Me puse la agujereada camiseta verde de Edward y tropezando me subí a su coche.

Ninguno de los dos habló por el camino, cada uno estaba sumergido en sus pensamientos.

De vez en cuando miraba a Edward furtivamente por el rabillo del ojo, estaba tenso, su perfecta mandíbula cruelmente tensa y sus cejas fruncidas. De vez en cuando se apretaba el puente de la nariz como solía hacer cada vez que estaba furioso o frustrado, y esa era una de esas situaciones.

Llegamos a casa antes de lo que hubiese durado un camino normal, pero es que este no era un camino normal, ni un día normal.

Edward aparcó con brusquedad y se bajó sin mirarme, dando un fuerte portazo al cerrar.

Yo lo imité pero al contrario que él, la puerta fue mucho más floja, apenas un chasquido.

Entré cerrando la puerta detrás de mí. Para mi sorpresa, toda la familia Cullen estaba reunida en el salón, al parecer esperándonos. Edward se paró al ver la escena, pero fue tarde para mí el darme cuenta porque me choqué contra su espalda. Me dirigió una fugaz mirada y volvió su mirada a la familia.

-¿Pasa algo?-preguntó con voz monocorde.

-Eso nos preguntábamos nosotros-contestó Carlile.

-Sí, hemos escuchado un portazo muy fuerte-siguió Esme.

-¡AHHHHHHH!-gritó Alice-¡BELLA! ¿QUE LLEVAS PUESTO?

Edward me volvió a mirar, cerró los ojos, apretó la mandíbula, volvió a abrir los ojos y subió las escaleras rumbo a su cuarto.

-Bella esa ropa…

-Ahora no Alice, estoy muy cansada-miré a "mis padres" en busca de apoyo.

-Descansa Bella-me dijo Carlile.

-Buenas noches cariño-esta vez fue Esme.

Subí a desgana los inmensos escalones que tenía que recorrer para llegar a mi humilde y agradable guarida, ese sitio en el que me podía hundir más cada día, mi habitación.

Llegué hasta ella y abrí la puerta. Eché una ojeada al pasillo, buscando realmente la habitación de Edward, sentí unas ganas inmensas y terribles de ir hasta su cuarto, besarle, abrazarle y decirle lo mucho que le quería, pero como que no, eso mejor dejarlo para los sueños.

Entré y me quité toda la ropa nada más entrar, iba a ir directa a la bañera.

Me bañé durante un buen rato, con sales minerales traídas desde Tailandia, me relajé un poquito.

Salí de la bañera y me sequé.

Me puse mi pijama rosa, ese que no soportaba, era un conjunto de seda rosa, pantalón largo y camiseta larga con unos corazones y unas estrellas a las que Emmet denominaba como: mariconada. A regañadientes me lo puse, era el único que tenía limpio, seguro Alice mañana me vendría con siete o más conjuntos de pijamas, uno por día.

Me acomodé en mi cama, cogí mi Ipod verde manzana y me coloqué los auriculares en las orejas, dejando que la música me relajara y me llevara a ese país a donde me llevaba cada vez que me dormía. Mi pelo estaba mojado, pero no me importó, estaba tan cansada que no me preocupé en ese pequeño detalle, era demasiado tarde cuando me di cuenta, Morfeo me llevaba con él al país de los sueños, y mañana, el haberme acostado con el pelo mojado me pasaría factura.

Bueno, sé que he tardado una semana en poneros el capítulo tres pero es que pienso que es mejor subir todos los Domingos, de momento, aunque seguro no tardaré tanto en subir la próxima vez.

¿Estará Edward enfadado con Bella? ¿Qué pasa entre ellos? ¿Y ese comportamiento tan extraño? Eso se sabrá en el próximo capítulo de miedos entre caricias xD

Le invito a que pasen a mis otras historias.

Después de Amanecer, Reneesme/ Jacob – completo.

Mi novio es un licántropo, Reneesme/Jacob- está en proceso, solo e colgado el prólogo, pero prometo que mañana actualizo.

Bueno, yo ya mejor me marcho que aquí en Las Islas Canarias ( España) son las 12 : 51 y en la Península e islas Baleares ( otra parte de España, más arriba de donde vivo) 1: 51.

¿Reviews? Por favor, unos cuantitos, me alegran.

Por cierto, muchas gracias por los reviews recibidos, se agradecen (:

¡Saludo!

Jm.