Los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos, aunque puede que alguno me lo invente.
Jeanette: Antes que nada, agradecer a: Pauli de Cullen, LiahDragga, BeuxiCullenSwam, mi fiel Merlys Caroline Black, Conii-loovee, Flopi, isa-21, anabel24, Yuuuuus y milella masen por sus reviews, de verdad muchas gracias y espero que la cuenta de reviews siga subiendo (: nos leemos a bajo.
Miedos entre Caricias.
Celos.
Bella.
-¡Déjala ya! Creo que ya le has hecho suficiente daño-dijo uno de los encapuchados con una voz demasiado afeminada como para ser de hombre.
-¡Cállate!-gritó su compañero derribándola al suelo de un solo cachetón.
La mujer, porque a estas alturas ya me había dado cuenta que, el rostro que se ocultaba bajo ese pasamontañas negro era una mujer, empezó a llorar como un bebé recién nacido.
El estúpido que estaba encima de mí y se estaba llevando mi infancia gritó molesto que se la llevaran, que así no podía concentrarse, y su estúpido compañero le hizo caso y se llevó a la mujer cogida de un brazo.
Era mi fin, ya no había esperanza que valieran, no pararía, mi última esperanza había sido arrastrada como una perra de un brazo. No me quedaba otro remedio que hacer de tripas corazón, pensar lo menos que pudiese y aguantar como una niña fuerte, porque eso es lo que me tocaría hacer a partir de esta noche, aguantar como una niña fuerte.
¡Agh!
Me desperté empapada en mis propias lágrimas y en mi propio sudor.
¡Mierda! No podía seguir así, tenía que hacer cualquier cosa para olvidarme de esas pesadillas que me atormentaban por la noche, era inhumano.
Palpé a ciegas el trocito de mi cama que sobraba, tenía la mínima esperanza de que él estuviera allí, pero como me imaginaba, no había ningún cuerpo fuerte y frío, él no había estado a mi lado en toda la noche, no había aparecido.
Me sentí triste y decepcionada por ello, el tenerlo a mi lado hacía que mi dolor cesase aunque fuera por unos escasos minutos.
Prendí la lámpara que estaba encima de la mesilla de noche y miré el reloj, eran las cuatro de la mañana.
Suspiré y me dejé caer encima de la cama. Recordé que todavía las lágrimas estaban presentes en mi cara y me las limpié con la manga de mi camiseta.
Me quedé un largo tiempo mirando al techo, en él había inscritas muchas frases célebres, todas con finas pinceladas de la mano de Edward.
Ser o no ser, esa es la cuestión- Williams Shakespeare.
El rock and Roll, no se escucha, se siente-Freddie Mercury.
Estamos hechos del mismo material de que se componen los sueños, nuestra pequeña vida está compuesta a base de sueños-Williams Shakespeare.
Es tan ciego porque solo ve lo que quiere ver-John Lennon.
Y muchas más de ese estilo escritas todas por Edward, todavía me acuerdo de ese precioso y perfecto día.
Flashback.
-¡Edward, te vas a caer!-dije con preocupación.
-¡Por dios Bella! Es imposible que me caiga y si lo hago no me pasará nada, ¿Recuerdas lo que soy?-dijo con una nota de amargura en su voz que rápidamente llegó a sus ojos.
Oh, oh, se estaba poniendo paranoico y eso no me gustaba nada, si lo dejaba que siguiera hablando se despreciaría como lo hace siempre: es que no tengo alma, es que soy un monstruo.
¡No te queda nada Edward Cullen! Si tú eres un monstruo ni que decir de la Lindsay Lohan.
-Hay Edward, bájate ya-le espeté, me estaba poniendo de los nervios.
Miró hacia abajo y sonrió. Estaba subido a una banqueta y me daba espina esa banqueta, cojeaba.
-¿Estas preocupada por mi?-dijo meneando el pincel de lleno de tinta negra y goteándome todo el suelo.
-¡Edward, me manchas la alfombra!
-Hazte la loca…-sonrió con suficiencia.
Le miré y nuestras miradas se encontraron.
-Ahora verás-le dije y moví el taburete.
El taburete se movió y se calló al suelo, Edward cayó pero antes de caer me arrastró a mí con él, los dos caímos al suelo como pesos muertos. Cerré los ojos, me iba a dar con la espalda contra todo el suelo, eso iba a doler. Pasó unos segundos, no había ocurrido nada. Abrí los ojos y Edward estaba debajo de mí, me había puesto encima mía para que fuera él el que recibiera el leñazo y no yo. Nuestros cuerpos estaban tan cerca y, a pesar de que Edward era tan frío como el hielo yo sentía un extraño e intenso calor.
-Niña, muévete no tengo todo el día-dijo uno de los encapuchados y se puso encima de mí…
Empecé a recordar y me aparté de encima de Edward llorando, y como soy tan tonta no se me ocurrió otra cosa que meterme en el baño, a ahogar mis penas en silencio.
Fin del flashback.
¡Dios! ¿Por qué todo me pasaba a mí? ¿No tenía ya suficiente con todo lo que me había pasado de pequeñita como para ahora encima enamorarme de mi "hermano"?
No podía hacerlo, sería defraudar a Esme. ¡Éramos sus hijos!
Dios Bella, búscate la manera de olvidarte de él.
Suspiré y me levanté de la cama de un salto. Ya estaba harta de estar mirando el techo como una tonta, y para colmo eso no me hacía más que recordar los buenos momentos con Edward. Lo que me faltaba, encima recordar.
Abrí la puerta de mi cuarto con desesperación, necesitaba un buen chutazo de leche.
Bajé las escaleras con miedo a caerme, pero esta noche tenía un extraño equilibrio que me hizo sonreír un poco, siempre solía ser una patosa y por un día que no lo era tenía que celebrarlo, y que mejor celebración que una sonrisa.
Llegué a la cocina y encendí la luz, entré y me senté en uno de los taburetes amarillos cantosos que Esme había comprado el mes pasado.
Apoyé los codos en la mesa y mi cara en mis manos.
Me quedé así por un tiempo hasta que me di cuenta de que tenía un hambre feroz. Me acerqué a la cocina y saqué de la nevera una manzana.
Cogí un cuchillo del cajón y empecé a pelar la manzana.
-Si sigues haciéndolo así te cortarás.
Al escuchar esa voz levanté la cabeza de lo que estaba siendo y miré hacia la persona que tenía delante. Edward estaba delante de mí, con la misma ropa con la que había estado todo el día, Alice lo iba a matar.
-Así siempre lo hago yo-dije y aparté la mirada de él, me concentré en lo que estaba haciendo.
Sentí sus fríos brazos deslizarse por mis manos desde atrás.
-No tengas miedo, no voy a hacerte daño-dijo con sus suave y frío aliento golpeándome en la oreja.
-Lo sé, sé que nunca me harías daño.
Al contrario de lo que siempre solía ocurrir, dejé que sus manos acariciaran las mías y me ayudara a pelar la manzana, sus manos ascendían y descendían por las mías lentamente, rozando cada parte de ellas, me estremecía antes su contacto, pero no me importó, me sentía tan bien.
-¡Bella! ¿Qué haces todavía despierta?-preguntó preocupada Esme entrando por la puerta.
Instintivamente Edward y yo apartamos las manos y la manzana rodó y cayó al suelo sin tiempo a que Edward pudiera atraparla.
-Ella ya se iba Esme-dijo Edward hablando por mí.
¿Qué? Si ni siquiera había comido. Tenía hambre.
-Bella, ya es muy tarde y deberías descansar-masculló y me miró directo a los ojos, frunció el seño-¿Eso que tienes debajo de los ojos son ojeras?-se acercó a mí como un rayo, tanto que solo distinguí un borrón hasta que apareció delante de mí, acercó sus manos a mis mejillas, pero no me aparté. Ella con cautela rozó suavemente debajo de mis ojos-estas falta de sueño Bella, tu condición vampira te delata.
-Ya me iba para la cama Esme, buenas noches-ignorando el hambre que tenía le di un beso a Esme y salí de la cocina.
Llegué a mi habitación casi con los ojos cerrados, el sueño había aparecido antes de lo previsto y dudé si Jasper tenía algo que ver en esto, seguro, nadie más que él podía hacer que una emoción o sensación apareciera tan deprisa.
Me tiré en la cama y no sentí más nada.
-¡Bells cariño, despierta, despierta! ¡Papa Noel ya llegó! ¡Y este año se ha portado muy bien, hay muchísimos regalos debajo del árbol!
La voz de mi mamá me despertó. Abrí los ojos y no dije ni buenos días ni le di un beso, me bajé de la cama de un salto y corrí por el pasillo a todo gas, resbalándome en la última recta y metiéndome un gran pencazo, pero no me importó, debía ver que me había regalo Papa Noel este año.
Al bajar me encontré a mi papá sentado en el sillón.
-¡Papá! ¡Corre!-grité desesperada y me abalancé contra el árbol teniendo tan mala suerte que mi pierna se enredó en la vieja alfombra persa de mi mamá y cayendo encima del árbol de navidad destrozándolo todo.
-¡Bella!-gritó mi papá levantándose del sillón y tirando el periódico que estaba leyendo un lado para poder venir a ayudarme.
Mi madre bajó las escaleras a trompicones alarmada por el ruido y corrió junto a mi padre a ayudarme.
-Cariño, ten más cuidado, ¿Estás bien?
-¡Pues claro que sí!-grité en plena felicidad-vamos a abrir los regalos.
Mis padres rieron ante mi reacción despreocupada, en otra ocasión ahora estaría llorando desconsolada en los brazos de mi padre, pero hoy era un día especial, ¡Era navidad!
Me zafé como un torbellino de los brazos del jefe de policía de Forks Charlie Swam y me senté en un ladito del suelo, cerca del escachuflado árbol de navidad que minutos antes había sido una maravilla de árbol.
-Mamá, este es tuyo, pone tu nombre-sonreí y le llevé el paquete envuelto en papel de regalo a mi madre.
Mi madre lo cogió con una gran sonrisa en su preciosa cara, de esas que te daría ganas de abrazarla y no separarte de ella nunca.
-Papá este es tuyo, también pone tu nombre.
Abrí regalos, revolví papeles, tiré bolas de navidad, llené la casa de purpurina, me cargué un jarrón de mi madre, jugué por toda la casa, ese día hice muchas locuras, conclusión, cinco barbies nuevas con sus coches y sus caravanas, además de sus novios, una bicicleta de Bob Esponja, muchas ropa y zapatos nuevos y material escolar sin estrenar además de un ordenador infantil.
-Bella-susurraba alguien a mi lado.
Me llevé el brazo a los ojos, la luz me molestaba y quería seguir durmiendo.
-Bella, sé que estas medio despierta, venga levántate.
Esa voz tan insistente y tan cantarina no podía ser de otra persona más que la de Alice.
-¿Alice?
-¿Quién si no?
Gruñí, se estaba bien en la cama y por una vez no había soñado nada malo.
-Venga Bella, levántate, hoy es Sábado y tenemos muchas cosas que hacer.
Me levanté de golpe.
-¿Qué cosas?-esperé su respuesta con miedo, sabía hasta donde quería llegar y sabía su plan de los Sábados y la verdad, no me gustaba nada.
-¡De compras!-gritó y mi pesadilla se hizo realidad.
-¡Alice no!-grité y me levanté de la cama.
-Venga Bella, solo será un poco además te prometo que no te compraré muchas cosas.
-¡No Alice, no voy a ir! ¡No soy tu juguete!
-Hay Bella, nunca dije que lo fueras pero ya te estás quedando sin ropa en el armario y eso no puede ser.
-¡Alice tengo más ropa que la presidenta de Estados Unidos!
-Lo sé, ¿No es genial?-preguntó entusiasmada.
La puerta se abrió y me di la vuelta, Esme apareció asomada en ella.
-¿Porqué tanto escándalo?-preguntó mirándonos.
-Porque Alice me quiere matar llevándome de compras-le respondí con la tortura reflejada en mi cara.
-Es una exagerada mamá.
-No quiero ir Esme-dije poniendo mi mejor carita de perro sin familia.
-Alice, sal un momento, ¿Si?-dijo Esme mirándola.
Alice a regañadientes salió de mi habitación dejándonos solas a Esme y a mí.
-Vete por favor Bella, solo será un poco y tendrás contenta a Alice para toda la semana, por favor hazlo por mí-dijo Esme pasándome un brazos por los hombros.
Me rendí y acepté, ahora iba en el coche con Jasper, Alice y Edward camino a Port Angeles. ¿Por qué Alice siempre conseguía lo que quería?
Después de una intensa mañana y tarde de compras compulsivas, Alice paró y me dejó tranquila, a mi bola. Yo quería quedarme un poco más por aquí, quería ir a una librería que no quedaba muy lejos, pero no me dejaron a exención de que alguno de ellos me acompañara y Edward aceptó acompañarme, ahora nos dirigíamos los dos a una de las mejores librerías de todo el condado.
Jasper se había tomado la molestia de ir a casa y traer el coche de Edward para que luego pudiésemos volver a casa.
-Buenos noches-dijimos cuando entramos en la librería.
-¿Va a cerrar ya?-preguntó Edward.
-No jovencitos, pueden pasar, todavía estáis a tiempo-nos contestó una señora mayor de pelo canoso y piel arrugada que se encontraba detrás del mostrador con unas lentes algo pequeñas y un libro en mano.
Asentí y fui en busca de lo que buscaba.
Al final acabé comprándome cinco libros nada más y nada menos, que por supuesto no pagué yo, ya que Edward no me dejó que lo hiciera.
Salimos de la librería, Edward cargaba con la bolsa.
Llegamos al coche y Edward metió la bolsa en el portabultos pero no se metió dentro.
-¿Quieres ir a cenar?-preguntó.
Dudé por un momento pero luego asentí.
Caminaba por las calles oscuras, frías y lluviosas de Port Angeles con las manos metidas en los bolsillos de la sudadera y con un pensativo Edward a mi lado.
Cada minuto que pasaba a su lado me daba más cuenta de que realmente le quería y no solo como un hermano o un amigo, esto estaba mal, muy mal, ¿Desde cuándo los hermanos se enamoran?
Iba a volverme loca y no tardaría mucho en hacerlo.
-¿En qué piensas?-me preguntó.
-Nada en concreto.
-Nunca me dices lo que piensas.
-Y tú nunca me dices nada.
Dicho esto, caminamos en silencio hasta llegar a el Sabor sabor, el mejor restaurante de comida normal de todo Washington.
Llegamos al local y entramos.
-Una mesa para dos por favor-pidió cortésmente la persona por la que estaba perdiendo la cabeza.
Una chica no mucho más mayor que yo nos guió hasta una mesa alejada de todo, al fondo, en el que perduraba un toque romántico.
-Ahora vengo a tomarles nota-dijo la chica con un fuerte acento Alemán.
Me acomodé en la silla y cogí la carta, empecé a leerla pero no hubo nada que me llegara a convencer del todo. Miré a Edward, este ya me estaba mirando.
-¿Ya sabes que vas a pedir?-pregunté.
-No como-sonrió y me quiso morir, no aguantaría mucho más esas sonrisas-¿Qué quieres?
-Lo que sea.
La chica llegó más rápido de lo esperado y me sobresalté por su presencia, no la había visto venir y tampoco pensé que se pudiese poner tan cerca de nosotros, mejor dicho, de Edward. La camarera estaba reclinada en la mesa, con un brazo apoyado en ella y el otro en el mentón de Edward.
-¿Ya sabes que vas a pedir preciosidad?-le preguntó.
-Sí, una coca cola y unos raviolis, gracias-contesté yo.
La chica se giró y me fulminó con la mirada.
-Le estaba preguntando a él-dijo con un tono irritante.
-Ya lo sé, pero te respondo yo, el no va a comer-dije secamente y con un tono cortante que me asustó hasta a mí, nunca solía hablar así, no era propio de mi.
Sentía unas ganas tremendas de cogerla por los pelos, bueno, rectifico, agarrarla por las greñas rubias platino de bote esas a las que ella seguro llamaría "pelo" y estamparla contra la pared.
Guau, me sorprendí a mí misma, que agresividad.
¿Estaba celosa verdad? Si, lo estaba.
-Lo que la señorita dice por favor-dijo Edward sacándose a la mujer de encima posando suavemente sus brazos sobre la mesa alejados de él.
¡Pero qué caballeroso era Edward siempre! Si, celosa.
-Bien-dijo la greñuda no muy convencida yantes de irse me echó una mirada fulminante de esas que en realidad quieren decir, te odio
Esperé mi plato en silencio, Edward no hablaba, yo tampoco.
El silencio al final se hizo insoportable y tuve que abrir la boca.
-¿Por qué te pusiste así ayer?
-No me puse de ninguna forma.
-Sí, si lo hiciste Edward.
-No Bella, no lo hice.
¿Encima lo negaba?
-Sí, me vistes-me puse roja al instante y no supe continuar, retomé la conversación-como me viste, nos acercamos y eso… y... y… luego te pusiste de lo más hosco conmigo.
¿Todo eso lo había dicho yo? Cada día me sorprendía más. Nunca creí tener tanto valor como para soltarle todo eso con valentía, por lo normal solía achicantarme y tragármelo todo como siempre, el silencio, sola, pero al parecer. Ese tiempo de la inocente e inofensiva Bella ya me había abandonado, desde que… bueno, vamos a decir las cosas claras, desde que me había enamorado, y encima de Edward, sentimientos y sensaciones que pensé que nunca saldrían a la luz y que pensé que nunca podría experimentar me afloraban cada poco.
La rubia de bote trajo mi plato en el peor momento. Estúpida. Había estropeado mi momento de valor.
-Contéstame-le dije cuando la chica se hubo ido.
-Come.
-Antes contéstame.
-Come Bella por favor, no hagas más difíciles las cosas.
No le obedecí, seguí insistiendo hasta que no tuvo más remedio que decírmelo.
-Bella, no malinterpretes las cosas, yo me acerqué-hizo una pausa-no sé ni porque me hacer qué ¿Vale? No sé qué estarás pensando pero no es lo que yo creo que tú estás pensando… no me lío, que no fue nada… si es lo que yo creo, no podríamos estar juntos Bella, ni siquiera besarnos, ya sabes, eres mi hermana y-hizo una pausa y miró más allá de mi-estoy enamorado y tengo novia…
¿Qué? ¿Qué estaba enamorado y tenía novia? Imposible, nunca lo había visto con nadie antes. Nunca nadie me había dicho nada, ni un solo comentario en la familia… nada, era imposible, ¿O no?
-No Edward, yo no estaba pensando nada de eso por favor, no lo malinterpretes, ya sé que solo somos hermanos-¿Lo sabía realmente?-Y, ¿Quién es tu novia? Nunca oí escuchar en la familia que tenías.
Dudó en decírmelo.
-Tanya.
¿TANYA? ¡Pero si vivía a kilómetros y kilómetros de nosotros!
¿Cómo podía estar con ella? Oh mierda, estaba con ella. Ahora entiendo por qué tanta ausencia cuando hacía Sol, porque tanto tiempo fuera cuando se iban de caza, aprovechaba y la iba a ver. Dios, mío, quise morirme. Edward tenía novia, y encima estaba enamorado.
Comí el resto de mi comida sin ganas ni apetito, se me había quitado todo de golpe, la alegría que sentía al estar con él, lo contenta que estaba por haber conseguido los libros que quería.
Genial, vaya mierda.
Terminé de comer, Edward pagó la cuenta y salimos del local sin decir nada, ni siquiera se escuchaba mi respirar, apenas lo hacía, estaba en shook.
Me senté en el asiento delantero con las piernas encima del asiento encogidas y sujetándome las rodillas con las manos, no podía hacer nada, no quería pensar ni podía hacerlo.
En todo el camino de vuelta a casa me dediqué a mirar por la ventana mientras escuchaba a Los Beatles cantar en apenas un susurro por el estéreo de Edward, estaba hecha polvo, como si un camión me hubiese pasado por encima y se hubiese llevado todo lo mío, realmente si amaba a Edward.
Pobre Bella ¿Verdad? Dios, cuando leí lo que había escrito yo también me quedé como ella. ¿Y quién no se ha llevado un palo como el de ella alguna vez? Dios, como duele eso.
Bueno, aquí el cuarto capítulo, para el próximo capítulo veremos qué pasa, todavía no lo tengo escrito ni nada. ¿Qué pasa con Tanya y Edward? ¿Realmente Edward ama a Tanya o que es lo que pasa? Bueno, eso se sabrá en el próximo capítulo de Miedos entre caricias.
Hasta otra, gracias por todos los reviews de verdad. ¡Saludos, se os quiere!
Aquí os dejo los prólogos de mis otras historias que todavía están en proceso.
Querido compañero – Edward y Bella- En proceso.
Bella.
Suspiré y toqué la puerta de mi jefe, lo único que pedía era que no me despidieran, no ahora que necesitaba el dinero más que nunca, la vida en Nueva York no era nada barata y además el tratamiento de Jane costaba muchísimo.
Carlile apareció delante de mí, me sonrió y me invitó a pasar con un movimiento de mano.
-Bella-me di la vuelta para mirarle, ni siquiera me dio tiempo a mirar la estancia, posiblemente sería la última vez que la viera-te he llamado-mi corazón latía fuertemente-para presentarte a mi hijo Edward, mi hijo menor, trabajará con nosotros-
¿Qué? ¿Así que no me iba a despedir? Tonta Bella que te adelantas a los acontecimientos-me reprendí.
Carlile miró a mi lado y yo hice lo mismo.
¿Pero que veían mis ojos? ¡Guau! Tremendo yogurazo.
-Este es mi hijo Edward, viene de Londres, de trabajar en nuestra central allí, ahora trabajará aquí, seréis compañeros, tú la directora de marketing y publicidad y él el director de marketing y publicidad-dijo mi jefe presentándonos.
Edward se acercó a mí y me dio dos besos en la mejilla.
-Edward Cullen, encantado-
-Isabella Swan, encantada-
Encantadísima me dieron ganas de decirle.
-Bueno Bella, mi hijo trabajara en el despacho de tu antiguo compañero ¿Si?, espero que hagan un buen equipo-
Eso mismo espero yo Carlile, eso mismo espero yo.
¿Pero de donde había salido ese chico? ¡Mi madre! Pero si era el chico más guapo que había conocido en mi vida, encima era tan encantador…
¡Bella! Me reprendí, es tu compañero, no puedes pensar así, además, acuérdate porque estás aquí, trabajas duro para poder pagarle el tratamiento a tu hermana, no puedes despistarte con chicos guapos, tienes que trabajar duro, sudando si hace falta como lo haces por las noches en ese bar de mala muerte, tu hermana te necesita.
Es verdad, no podía tener más vida que trabajar, tenía que ayudar a Jane, a mi hermana, le había prometido que le ayudaría, que no la dejaría morir, y no rompería mi promesa, no me despistaría con Edward Cullen, yo seguiría con mi vida normal, no podía dejarla morir, el tiempo se agotaba.
Mi novio es un licántropo – Jacob y Reneesme- En proceso.
Reneesme.
-¡Jacob, eres un idiota! ¡Un imbécil! ¡Y un niñato!-dije levantando al pobre Lucas del suelo, Jacob le había hecho daño con solo dos puñetazos.
Ayudé a mi amigo a sentarse en una silla mientras Jacob lo miraba todo delante nuestra, de pie, sin inmutarse.
Sus puños estaban cerrados a los costados, y temblaban, temblaba con violencia, pero no me importó, el no podía ir por ahí pegándole a todos mis amigos solo por sus estúpidos celos.
-¡Qué digas algo idiota!-dije golpeando su pecho con mis manos.
Ahora sí que temblaba violentamente, se convulsionaba, era como si algo necesitara salir de dentro de él.
No me había dado cuenta de que había puesto su mano en mi cintura y me la apretaba con fuerza, me estaba haciendo daño, pero apenas lo había notado, porque estaba asustada mirándolo, ¿Qué le pasaba a Jacob? ¿Tanto frío tenía?
-Me voy, no quiero hacerte daño-
Y así, temblando violentamente como nunca había visto a nadie hacerlo, se fue dejándome sola en la fiesta de mi mejor amiga y con un moretón en la cintura.
Sé que los prólogos no son muy buenos, pero creo que merece la pena leer la historia, por favor, pasaos y dejan un reviews, encontraréis las historias en mi perfil (:
Hasta el domingo que viene, o incluso antes si os portáis bien con los reviews.
Por cierto, ¡Feliz navidad!
No tengo el miedo de hablar claro, y decir cosas que quiero hacer, o . pienso que ser natural, y ser genuino es triunfar.
