Los personajes no me pertenecen, son de la increíble Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos, aunque puede que alguno me lo invente, si es así, os daréis cuenta, tenemos a toda la saga controlada xDDD

Jeanette: Como todo Domingo, aquí traigo el capítulo, espero que lo disfruten, saben que como siempre lo hago lo mejor que puedo, y creo que este va a estar bueno. ¡Un beso!

Miedos entre caricias.

Con él no tengo miedo.

Bella.

Oh dios, no podía ser. Dios por favor, dime que todo ha sido ilusiones mías que lo que yo creo que Edward estaba haciendo en esa habitación no era de verdad, que esa lagartona y Edward no estaban haciendo el amor.
Cerré los ojos recostada detrás de la puerta de mi habitación, tenía las rodillas fuertemente apretadas contra el pecho y los ojos querían llorar, pero no les iba a dar ese placer.

Seguí con los ojos cerrados.

Ya no hay ilusiones Bella, él sí, realmente quiere a Tanya Denali.

Era muy tonto estar sufriendo por el amor que sentías hacia tu "hermano", pero es que lo que yo sentía por Edward era mucho más fuerte que un simple amor de adolescentes, y no me había dado cuenta, o no quería darme cuenta hasta hacía poco tiempo.

Decidí que era muy patético seguir sufriendo por alguien al que no le interesaras lo mínimo y abrí mis ojos de repente, había sentido un golpe en la puerta, juro que lo había sentido.

-¿Bella? – Preguntó una voz dulce cargada de histeria al otro lado de la puerta – se que estas ahí y que me estas escuchando – dijo después de unos momentos en los que no le contesté.

-Sí, estoy, ¿Se te ofrece algo? – pregunté intentando controlar mi voz, no quería delatarme ante tal pelmazo.

-Te vi salir de mi habitación… - murmuró titubeando.

-Sí, no fue mi intención interrumpirte, solo quería decirte una cosa pero bueno, vi que estabas ocupado…

-Bella yo… - sentí cierto nerviosismo en su voz.

-Tranquilo Edward, no pienso decir nada de verdad – afirmé controlando las lágrimas que amenazaban con salir.

-Vale Bells, pero…

-No en serio Edward, déjalo… esto… tengo sueño, si no te importa voy a dormir, tengo exámenes importantes y debo descansar – dije poniendo una escusa para que se fuera.

-Eh… ¿Bella?

-¿Si?

-¿Que era lo que querías decirme? – preguntó interesado.

-Buenas noches Edward, te quiero –dije y me despegué de la puerta.

-Te quiero –le oí susurrar.

Me puse mi pijama y me tiré en mi cama.

Te quiero…

-¿Sabes? Las más que me gustan a mí son las niñas inexpertas como tú, adoro tu pequeño cuerpito, quizás cuando crezcas un poco podremos volvernos a encontrar, ¿No crees? ¿A que sería una grata sorpresa? – preguntó el encapuchado levantándose de encima de mí y cerrando su cremallera de los pantalones.

No me movía, estaba quieta en el frío suelo de mármol, lloraba, histérica.

-Oh bebé, no llores así, tampoco fue para tanto, me lo agradecerás – dijo poniéndose a mi altura y colocando mis pantalones, eso sí, tocándome mientras lo hacía.

Intenté hacer que quitara sus asquerosas manos de mi, pero no las quitaba, recorrió mis muslos con sus apestosas pesuñas, mi pequeña cintura, mi entrepierna… ¡Por dios, era solo una niña!

Me levanté sobresaltada y escuché unos ruidos en la puerta.

Rápidamente encendí la lamparilla de la mesa de noche con lágrimas en los ojos, sufría al recordar, y era algo que no podía borrar de mis pensamientos.

Cogí lo primero que encontré en mi mesilla y me coloqué detrás de la puerta, esta volvió a ser golpeada.

-¿Quién es? – pregunté con nerviosismo.

-Yo, Edward – contestó rápido – abre por favor.

Tiré lo que había conseguido pillar de la mesilla de noche y con una gran bocana de aire que entró en mis pulmones calmándome un poco abrí la puerta. Una luz segadora de sol entró por la puerta y me cubrí la cara con el brazo instintivamente, esto me sirvió además para secar mis lágrimas.

-¿Qué quieres? –le pregunté secamente.

-Gritabas – afirmó mirándome.

-Supongo – me encogí de hombros.

-Eh… tenemos que ir a clase – miró más allá en mi habitación, notó que le pillé mirando mi cuarto y sonrió – parece un agujero negro – dijo intentando hacer una broma, pero por mí su broma se la podía meter en el…

-Supongo – le corté la broma – ya bajo – le cerré la puerta en las narices.

No sé porqué me comportaba así con él. Pero me había salido del corazón, él solo había planificado las palabras y le había respondido así, creo que lo hacía por cómo se sentía, estaba herido y eso se notaba.

Suspiré y me puse el mismo uniforme aburrido de todas las mañanas, mis converse negras con cordones fosforitos que Emmett le había cambiado ayer y me colgué la maleta al hombro.

Salí de mi habitación y noté la luz de sol, Edward tenía razón, mi cuarto parecía un agujero negro.

Da igual, cuando venga de clase, le pediré a Esme que me ayude a comprar cosas para remodelarla, necesitaba cambiar de aires, allí habían demasiados recuerdos que no quería recordar, dolía hacerlo, además, Esme se pondría loca de contenta cuando le dijera que quería que me ayudara a redecorar la habitación.

Me hice una coleta de caballo por el camino y me paré en el baño del pasillo para lavarme la cara.

Me miré en el espejo mientras me pasaba agua por la cara y me sorprendí al mirarme, no tenía buen aspecto.

Abrí las cajoneras del baño y en efecto, como pensé estaba lleno de cosas de maquillaje. Cogí una base de cara para disimular ojeras y me coloqué un poco debajo de mis ojos achocolatados, cuando terminé lo cerré, lo volví a poner en su sitio y me miré en el espejo, disimulaba un poco.

Me volví a cargar la maleta al hombro y corrí escaleras abajo.

Nunca había sido de maquillaje, pero hoy mi cara lo pedía a gritos, parecía una muerta andante, estaba tan pálida como Rosalie y mis ojeras eran tan pronunciadas como las de Benicio del Toro, ese actor que había hecho de El Ché en una película.

Llegué a la cocina y en ella solo estaban Edward, Tanya – como no – Carmen y Eleazar.

-Buenos días Isabella – me saludó Carmen educadamente.

-Buenos días a todos – contesté yo, menos a ti lagartona, su odio recorrió todo mi cuerpo, odiaba verdaderamente a Tanya.

Miré hacia los tortolitos. Edward estaba apoyado en la mesa y Tanya le pasaba un brazo pos sus hombros sobándole la oreja, ¡Qué coñazo de tía!

-Aquí tienes tu desayuno – me dijo Esme llegando a mí y tendiéndome un plato con comida.

Me senté en la mesa en frente de Edward y Tanya – el único sitio libre que quedaba- ¡Qué casualidad! Y empecé a comer mi desayuno.

-Estas muy grande Bella y pensar que fue el otro día cuando llegaste – dijo Eleazar tocándome la espalda y me levanté de un salto tirando la silla estruendosamente al levantarme.

Edward también se levantó y me miró.

Yo estaba de pie con los puños apretados a mis costados y enfrente de Eleazar, le miré y pude ver su cara preocupada y alarmada.

-¿Te pasó algo Bella? – me preguntó, me di cuenta de que no sabía nada.

Sentí como las malditas lágrimas me bañaban el rostro y al minuto tuve a Esme a mi lado.

-Eleazar no te asustes es que verás, Bella tiene un problema y es que… - no supo cómo seguir – a ella le hicieron daño, antes de llegar… pues… no le gusta que le toquen… - Esme me intentaba excusar.

Le miré y le sonreí sínicamente, en realidad no sentía esa sonrisa, necesitaba llorar y lo estaba haciendo delante de ellos.

-Puedes decirlo Esme, al fin y al cabo son familia, ¿no? Edward y Tanya están untos – pude escuchar el gritito de alegría de Tanya – Eleazar lo siento – lloraba yo – cuando era pequeña, antes de llegar aquí… estaba en mi casa una noche… sentí golpes, bajé y… y mis padres estaban – tragué fuerte- muertos, ellos… luego… los de negro – temblaban- abusaron de mi y… me tocaban y me decían cosas – me tapé los oídos en una tonta distracción.

-Es suficiente – gritó Edward y me cogió del brazo sacándome de la cocina con mi mochila en su hombro y la suya en el otro.

Escuché bufar a Tanya.

Me hizo entrar en el coche torpemente, no podía parar. Volvieron mis recuerdos.

-Oh, pero que tenemos aquí…

-Tranquila pequeña, no te dolerá, esto es rápido, te sentirás complacida cuando terminemos, es algo natural…

-¡Suéltenme! ¡Por favor no me hagan daño! ¡Suéltenme! – lloros.

-Shhhh… pequeña, esto no es nada, me lo agradecerás, repito.

-Déjame, no me hagas nada – lágrimas.

-Abre las piernas pequeña – te toca.

-¡No, suéltame no, no quiero! – histeria.

-Quien mejor que yo para enseñarte lo que es, tranquila, es un acto normal, es atracción…

-¡No quiero! – sientes que se te desgarra la garganta.

-¡Que abras las piernas niñas! ¡No tengo todo el día en ti! – te coge de las piernas y las separa la una de la otra poniéndote a su disposición.

Regresé a lo que estaba haciendo ahora.

Edward conducía histérico por la carretera desierta de camino al instituto, pero todavía nos quedaba mucho camino para llegar.

Empecé a toser, me ahogaba con mis propias lágrimas, sentí como se me removía el estómago.

Rabia, histérica, dolor.

Edward paró el coche de un freno y todo ocurrió rápido, me sacó del coche y me llevó a un lado de la carretera.

Vomité. No sabía que tuviera que hacerlo, no sentía la necesidad de las náuseas, pero lo hice, una, dos, tres y cuatro veces, todo sobre el verde pasto al lado de la carretera.

Seguía ahogándome con mis lágrimas y temblaban, estaba sufriendo un ataque de histeria.

-¡Bella para por favor! – gritó Edward pasándose una mano por su pelo y halándoselo.

Volví a vomitar y esta vez los sollozos fueron más grandes, temblaba más y casi no podía mantenerme en pie.

-Ya Bella por favor – me suplicó Edward con voz cansada.

Yo estaba encogida de pie con una mano las manos en el pecho e inclinada llorando, por si acaso vomitaba otra vez.

Edward me levantó, limpió un poco mis ojos con las mangas de su jersey y me cogió en brazos, me metió en el coche y empezó a conducir más histérico y rápido aún.

Paramos en la entrada de un bosque, me sacó del coche y me cargó, mi cabeza descansaba en su pecho y seguía llorando y temblando.

Llegamos debajo de un árbol y Edward se sentó, yo quedé de pie y no paraba de llorar.

Edward me haló de una mano y me hizo quedarme sentada en su regazo, con una mano acariciaba mi espalda para hacerla entrar en calor y hacer que parara de temblar y con la otra me abrazaba contra él fuerte al mismo momento en el que me mecía como una niña pequeña y me susurraba.

-Ya está Bella, para, estoy aquí, a tu lado, no va a pasar nada, no te harán daño.

Sentí como me calmaba en sus brazos mientras el cantaba mi ni nana, esa que se había inventado cuando tenía diez años y llegué a la casa Cullen.

Era consciente de que estaba en el regazo de Edward y que me sostenía por la espalda y me abrazaba, pero no sentía escalofríos ni la sensación de alejarme, si no de pegarme más a él.

Quité mis manos de mi pecho y las alcé por la cabeza de Edward agarrándome fuertemente a su nuca, así no tenía miedo, en el regazo de Edward nunca tendría miedo, sabía que estaba mal y que con esto me saltaba todas las normas, él tenía una novia, pero no me importaba ahora, me calmaba, no tenía miedo, con Edward no lo tenía.

Lo abrasé aún más por la nuca y sentí como me presionaba más contra si a medida que mis lágrimas iban cesando.

Con Edward no tenía miedo, con Edward no tenía miedo...

Vale, quizás un poco corto pero… dios, la última parte O_O , Bella en su regazo, como lo estaba disfrutando Edward y Bella en realidad xDD

Estaba en su regazo y no se apartó, que lista la Bella hahahahah

Bueno, espero buenos reviews , muchas gracias a todos, leo todos sus reviews aunque no los conteste.

Un beso y saludos.