Los personajes son de la increíble Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos, aunque puede que alguno me lo invente, si es así lo sabréis, tenemos a toda la saga controlada.

Jeanette: Como todos los Domingos, el capítulo, que lo disfrutéis y gracias por todos los reviews del capítulo pasado, son una pasada y me apoyan y animan mucho, muchas gracias.

Miedos entre caricias.

¿Trabajo con Mike?

Bella.

-Bella, creo que será mejor que nos vayamos, la verdad, estoy muy cómodo así y me gustaría quedarme todo el día en esta posición, pero como comprenderás, hoy tienes examen y yo no quiero corromper tú inocencia – me susurró Edward al oído haciéndome soltar una pequeña carcajada.

¿Por qué eres tan condenadamente genial Edward Cullen? Suspiré y reforcé con más fuerza mi agarre en el cuello de Edward.

-No quiero ir al instituto – solté en plan llorica.

Sonrió ante mi plan aniñado y me besó la frente.

-No es una cosa de querer o no, es una obligación, y cualquier chica madura y responsable afrontaría la situación e iría de camino a clases – me dijo en tono neutral.

-Odio cuando te pones en plan sabio del año la pera Edward, no te pega mucho, ¿Sabes? Estas más mono calladito, has un esfuerzo y cierra tú bocota – le dije en plan juguetón dándole un ligero tortazo en su hombro al tiempo que me levantaba.

Ya se me había pasado la llantina, y la verdad es que, después de haber expulsado todo lo que llevaba dentro, tenía un hambre horrible, y sinceramente, me sentí mucho mejor, no solo había expulsado comida, también sentimientos aprisionados en forma de lágrimas, claramente Edward no se dio cuenta de lo que ellas significaban, porque no tiene ni idea de lo que pasa por mi mente, pero, aunque el viva ajeno a todo, esa lágrimas fueron derramadas por él también, por todo lo que estaba sucediendo estos días, desde el día en que Tanya Denali pisó la casa Cullen, mi mundo se había convertido en un caos.

-¿En qué piensas? – dijo pasándome el dedo por la arruga que se había formado en mi ceño.

-En nada que te deba importar – le dije sacándole la lengua y caminé hacia el volvo que estaba mal aparcado al principio del bosque.

Era increíble como Edward podía cambiar mis sentimientos y revolucionar mi mundo en cuestión de minutos, ¡Que digo minutos! ¡Segundos! En ese sentido, era mucho mejor que Jasper.

-Está abierto – dijo con una gran sonrisa pasando a mi lado.

-Pues me lo hubieses dicho antes, me muero de frío y me estaba congelando aquí de fuera, si me lo hubieses dicho te hubiese esperado dentro, ya que tú – dije acusándolo con mi dedo – vas como una tortuga, ¡Por dios! ¿Dónde quedó el grandísimo mono araña Cullen? ¡Eres una abuelita Edward! – solté y me sorprendí antes todo lo que salió de mi boca.

-¡Guau! – Dijo Edward con una expresión divertida – que habladora y peleona estás hoy, ¿Eh? – me miró esperando respuesta y yo solo pude asentir, estaba anonadada todavía - ¿Abuelita? ¡Já! – Se carcajeó- la abuelita vas a ser tú ahora en cuanto te coja y te haga volar – dijo con una sonrisa maliciosa.

Oh, oh.

¿Cuándo te coja y te haga volar? Oh dios, eso no tenía buena pinta. Lo vi venir hacia mí y instintivamente me metí al volvo lo más rápido que pude chocándome con todo.

-No, no, no – murmuró Edward en mi cuello, su aliento rozaba mi pelo – de esta no te salvas – me agarró por la cintura con fuerza y tiró de mi.

Me aferré con todas las fuerza de la que fui capaz al volante del volvo y Edward pareció resistirse un poco.

-¿De verdad crees que eso te servirá? – Preguntó y asentí frenética, era lo que yo esperaba - ¡Dios bella! Puedo cargar cuatro coches como este en una mano y, ¿De verdad crees que no te puedo cargar a ti?- volví a asentir no tan segura pero para que viese que no me rendía- eres increíble – dijo y tiró de mi suavemente pero con la fuerza suficiente como para desprender mis dedos del volante y cargarme.

Como si de un saco de pienso se tratase, pero cargó a la espalda y corrió conmigo a paso descomunal, no podía ver nada, era todo un borrón debajo de nosotros y sentí que me empezaba a marear.

Le grité unos cuantos insultos como "Idiota", "Perro", "Animal", pero ninguna funcionó y no me bajó, al contrario, creo que lo enfureció un poquito porque cuando ya habíamos parado, emprendió la vuelta de regreso a paso aún más inhumano que el de antes, ahora sí, sentí que mi estómago amenazaba con salírseme del cuerpo.

Le aporré la espalda con fuerza, con una tal bruteza que pensé que me quedaría sin mano, pero el pareció no notarlo porque ni se giró, ni paró, ni corrió más veloz aún.

Al fin llegamos al volvo y me bajó depositándome con cuidado en el suelo, me mantuve un minuto contado y al otro minuto me fui de lado al suelo, ni siquiera pensé en el porrazo que me iba a meter como siempre que una sabe que se va a caer, por ejemplo con un "Vaya porrazo me voy a meter" no, no me dio ni tiempo y tampoco la cabeza no me reaccionaba.

Pero nunca mi cuerpo llegó al contacto con el suelo, Edward me agarró al poco de que me caí así que estaba salvada, por ahora.

-¡Ole! Cuidado muñeca, te puedes hacer daño, no intentes bailar, no es lo tuyo Bellita – se burló de mi al tiempo que me metía dentro de su coche, su asqueroso malditamente caro coche.

-Estúpido – fue lo único que conseguí decir, al momento me eché la mano encima de la frente y me recosté en el cómodo sillón.

El coche arrancó y me agarré a la manecilla de la puerta, giré mi cara hacia la ventana y elevé un poco mi mano para poder ver el paisaje por la ventana transparente.

La verdad, nunca me cansaría de admirar el paisaje de Forks, era tan pequeño pero especial. En este pequeño pueblo de apenas 3.120 habitantes se escondían muchos secretos que la gente ignoraba completamente, y no lo digo solo por los Cullen, porque estoy segura que, alguna criatura diferente, a parte de ellos también se refugia por aquí.

-Tranquila Isabella, no te haremos daño, no seriamos capaces – dijo una Esme igualita a la de ahora hace diecisiete años.

Yo no decía nada, estaba demasiado asustada por los acontecimientos de aquella horrible noche de verano, aunque ya había pasado un mes, seguía pensando que me estaba sucediendo de nuevo, era tan real, todo, de alguna extraña manera me hacía recordar a ello, el cerrar de la cremallera de algún pantalón, un roce, un movimiento.

Los Cullen se habían portado muy bien conmigo en ese mes que había estado en el hospital de Washington. Mi vecina, la vieja señora Cooper, cuando entró en mi casa y vio lo que había pasado, me había acogido en su casa esa noche, pero al ver mis heridas y mis reacciones, decidió llevarme al hospital de Phoenix, Arizona, pero ni allí, en una gran zona metropolitana como esa consiguieron hacerme nada y tuvieron que trasladarme a Washington, mis nervios y mis histeria no les dejaba trabajar conmigo ni con ninguno de los pacientes ya que no paraba de gritar y de armar escándalos, por eso, solo pasé una noche allí, en seguida me trasladaron a el hospital de Forks, Washington, todavía no sé como consiguieron meterme en esa camilla, bueno, me amarraron a ella pero no sé cómo me dejé, luego, me metieron en un helicóptero y me llevaron a Forks.

Allí, me atendió Carlisle y bueno, durante un mes entero estuvo a mi mera disposición, dentro de lo que cabe fue divertido, él me hablaba y yo le escribía en un papel la respuesta, no quería hablar, era como si estuviera en huelga, huelga de silencio, aunque yo sabía bien porque hablaba, porque si lo hacía, lloraría y no quería demostrarme débil ante nadie, prometí que nunca me dejaría pisotear después de lo ocurrido, y así lo cumpliría.

Edward me hizo volver a la realidad con un tortazo en el muslo.

-¡Eh! – me quejé.

-Bella – rodó los ojos – no sé ni cuánto tiempo llevo llamando, ¿En donde andabas?

-No te importa – le contesté y salí del volvo cogiendo mi mochila de entre las piernas.

Caminé hacia el infierno con Edward detrás siguiéndome los talones, no es que tampoco ayudara mucho que estuviera detrás de mí, y tampoco ayudaba que toda la gente se hubiese girado hacia nosotros para mirarnos, esto era una de las muchas cosas que odiaba de levantarme cada día y venir al instituto, la atención que despertaban los Cullen, si hubiese sido Swan, solo Isabella Swan, seguro nadie se giraría para mirarme ni me criticaría tanto como lo hacen, porque si de una cosas estoy muy segura aquí, dentro de estas cuatro paredes es que el apellido Cullen está en boca de muchos mientras hay clases.

Nada más entrar en el edificio sonó la campana.

Bien, así me ahorraría el estar esperando.

Edward se dirigió hacia su clase y yo hacia la mía, teníamos diferentes clases aunque estuviéramos en el mismo curso, el tiraba más por los números y yo por las letras, dos mundos totalmente diferentes.

Entré a mi primera clase de la mañana, historia de las letras y allí estaba el profesor Thompson cuando entré. Maldije a ese hombre por lo bajo, siempre llegaba antes que yo y no me dejaba ni tiempo a sacar las cosas, empezaba a dar materia nada más llegase y no daba la materia por concluida hasta que no tocase el último pitido de la sirena, era horrible, en ora materias nos dejaban cuatro o tres minutos para recoger antes de la otra clase.

Thompson hablaba entusiasmado de vete a saber tú que, mientras yo solo pensaba en una persona, Edward, y es que el suceso de anoche me dejó hecha polvo aunque no quisiese admitirlo, porque dios, fue horrible y aunque después viniese a mi cuarto a darme explicaciones… ya estaba decepcionada.

Joder, Edward enredado en las mugrosas sábanas del sillón de su cuarto junto a Tanya, ¡Vaya mierda! Y él solo hecho de pensar que podría ser yo no daba hecho a pensamientos, porque yo nunca podría, nunca podría darle lo que, él como hombre reclamaría. ¡Asquerosa noche de verano!

La campana sonó y el profesor Thompson paró de hablar, muchos de mis compañeros soltaron el aire por la boca, suspiraron y muchos saltaron de alegría con un; ¡Al fin!

Por el rabillo del ojo, mientras cogía mis cosas para mi siguiente clase vi a Mike Newton caminar hacia mí.

Oh no, no tenía ganas de verle.

-Hola Bella – soltó con aire desenfadado.

-Buenas Mike – le dije intentado evitar su mirada.

-Yo me preguntaba si querrías hacer el trabajo de historia lingüística conmigo, ya que todoa han hecho parejas, yo soy tú única alternativa… claro si, si tu quieres…

-Si Mike, lo haré contigo, ¿Vale? - ¿Yo había dicho eso? Bueno, no tenía más opciones- ¿Para cuándo es? – pregunté, no había atendido en toda la clase.

-Para mañana, así que sería quedar hoy – contestó con una sonrisa de oreja a oreja.

Mierda, no podría escaquearme, era para mañana y no podía tomarme el placer de no hacerlo, era cuestión de meses que nos hicieran los exámenes de la prueba de acceso a la universidad y necesitaba los más puntos posibles para conseguir una beca, no quería que Esme y Carlisle pagaran mucho por mí, ya habían hecho más que suficiente y si podía ahorrarles algo, pues haría todo lo que podría para hacerlo.

-¿En tu casa o en la mía? – preguntó.

-¿Qué? – solté en un gritito.

-El trabajo – soltó con una sonrisa sínica queriendo imitar a alguien superior de lo que es que le salió horrible.

-En mi casa, esto… ¿Y si hoy me llevas tú a casa y comemos allí y hacemos el trabajo? – Esme estaría encantada de cocinar para más y yo tenía que hacer ese estúpido trabajo con Mike, no podía hacer otra cosa, además que no me dejarían ir a su casa ni de coña y la biblioteca no era una opción, en pocos momentos me dejaban salir y tenía que ir con alguno de mis "hermanos" y no llevaría a ninguno conmigo hoy, porque ninguno querría.

-¿Enserio? – preguntó con entusiasmo, parecía un niño pequeño.

-En serio, y ahora, tengo otras clases a las que ir y atender, así que, nos vemos luego a la salida – le dije y salí lo más rápido que pude de su lado.

¡Dios! ¿Cómo sus padres lo soportaban? Apenas había estado unos minutos con él y ya me tenía loca de la cabeza, a sus padres ni que decir, dios, Mike Newton era todo un sufrimiento y solo el mero hecho de pensar en tenerlo toda una tarde a mi lado me daban escalofríos, y encima tendría que comer con él, ¡Vaya mierda de día!

Saqué mi móvil de mi maleta en lo que caminaba por el pasillo de camino a clase de Italiano, no coincidía con Edward tampoco, ya que el estudiaba Francés y yo Italiano, y eso me ponía algo triste, pero era lo mejor.

Alice, dile a Esme que hoy cocine para dos, Mike se viene conmigo a casa, no pienses mal, tenemos que hacer un trabajo de clases y no se lo digas a Emmett, no quiero que se ría de mi, te quiero, B.

Las demás clases se me pasaron más rápido de lo normal, y ¡Mierda! Yo quería que fueran lentas y pausadas, no quería tener que aguantar a Mike toda la tarde, ni la comida, dios, en la que me he metido.

Rápidamente visualicé a Mike al lado de la fuente acompañado de ¡No podía ser! ¿ese era Edward? ¿Pero qué hacía allí?

Me acerqué a ellos lo más rápido que pude y me planté delante.

-¿Nos vamos, Bella? – preguntó Edward algo tenso.

-Cullen, ya te he dicho que yo hoy llevaré a Bella, tenemos que hacer un trabajo, puedes ir detrás nuestra, vamos a tu casa – le respondió Mike mirándole fijamente.

-¿Es eso verdad? – me preguntó pasándose una mano por el cabello, prueba de que estaba frustrado.

-Si – afirmé.

-Genial, excelente, gracias por dejarme tirado ¿Eh? Hermanita, eres la mejor – dijo con sarcasmo.

-¿Perdón? – pregunté extrañada.

-Nada, tú a lo tuyo y disfruta del patán de Newton – dijo, se dio la vuelta y casi corrió hacia su coche con los hombros tensos y la cabeza media inclinada hacia el suelo con los puños cerrados a los costados.

Bien, este se había enfadado y a saber porqué, eres increíble Bella, lo jodes todo en horas, no sé cómo te las arreglas pero, siempre los jodes todo.

-Que celoso tu hermano, ¿No? – preguntó el estúpido de Mike con una sonrisa de ganador en la cara.

Me dieron ganas de borrársela de un bofetón, pero estaba demasiado preocupada por Edward como para hacerle nada, ¿Qué narices le había pasado? ¿Por qué había actuado así?

Bueno, aquí un Domingo más con mucha ilusión por este fic, como siempre, me encanta escribirlo y todo gracias a ustedes que leen, bueno, decir que tengo un nuevo fic y que no me va mal, si queréis pasaros a leerlo, ya sabéis, mi perfil.

Espero que os haga gustado este capítulo, es más largo que el otro.

Un beso y un saludo.