Los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos, aunque puede que alguno me lo invente, si es así os daréis cuenta.
¿Extrañadas? Hahahaha bueno, como me encanta sorprenderos, aquí traigo un capítulo de regalo, para que la historia vaya avanzando, porque me doy cuenta de que si solo actualizo los Sábado se queda ahí un poco ñoña así que, puede que actualice dos veces en una misma semana el fic, una y otra vez más, gracias por sus reviews, que ya son cuarenta, son poquitos pero a mí me alegran xD Nos leemos abajo (:
Miedos entre caricias.
Ida.
Bella.
Mike condujo con una lentitud desesperante, pensé que nunca llegaríamos, pero al parecer, disfrutó el camino, porque no paraba de sonreír como bobo, mientras yo me dedicaba a revolverme en las antiguas cenizas que quemaban, ¿Porqué Edward la quería a ella? Dios, no podía seguir martilleándome la cabeza así, me pasaría factura, ¿Pero qué hacer si el ocupa la mayor parte de mi?
-Ya hemos llegado a donde me indicaste, ¿Esa gran casa que tenemos delante de nosotros es donde tú vives? – preguntó incrédulo.
¿Tan grande y llamativa era? A juzgar por su expresión, si, era alucinante, yo en realidad, la veía siempre igual, por eso no la apreciaba como lo podían hacer ellos.
Me miró esperando una respuesta y yo solo asentí, me bajé de su camioneta con mi mochila al hombro y mi carpeta en mi mano izquierda y con mi mano derecha saqué las llaves del bolsillo trasero de la mochila, el llavero de forma de Volvo plateado que Edward me había regalado sonó cuando las saqué del bolso, me quedé mirando el llavero con tristeza, parecía que había sido hace tanto tiempo cuando esa tarde me había regalado el llavero.
-Vamos Bella, no seas aburrida, te lo pasarás bien, ya lo verás, además, tienes que salir a coger un poquito de aire, te vas a agobiar – me dijo Edward mientras me atosigaba en el pasillo de casa.
-Edward, tengo muchas cosas que hacer, son los exámenes finales de este curso y no puedo permitirme suspender ninguna, porque si no, no me dejaran pasar de curso, esto ya no es como la secundaria – contesté apartándome de él y echando a correr por el pasillo.
Sabía que esto sería un juego, yo echaba a correr despavorida, el iba detrás de mí, me alcanzaría y empezaríamos a jugar, y así fue.
No tardó mucho en correr detrás mía y tirarme al suelo, pero no me caí yo sola, lo tiré a él conmigo y caí encima de él.
Fueron tan íntimos esos momentos.
Suspiré y seguí caminando.
-Vamos Bella, levanta, te voy a llevar a un sitio fantástico, me lo agradecerás, y serás mi consentida durante toda la tarde, así que aprovecha – me dijo agarrándome por la cintura y levantándome del frío suelo.
-Edward, de las palabras, tengo muchas cosas que hacer, ¿Cuáles son las que no entiendes? – pregunté asqueada, a él no le resultaba difícil sacar el curso adelante, pero a mí me costaba una barbaridad, y cualquier momento de más para echarle una ojeada a los libros me venían de maravilla.
-Vamos deja de quejarte y de hacerme esperar, sabes que al final acabaremos yendo – puso su mejor cara inocente y nos miramos.
Al final suspiré rendida.
-¿Si voy luego me dejaras en paz por un tiempo para que pueda hacer mis cosas? – pregunté fulminándole con la mirada.
-Te lo prometo – me atrajo hacia él y me apretujó contra su pecho en un abrazo.
Condujo por un tiempo hasta llegar a Seattle, allí nos bajamos en una carpa y caminamos hacia una feria. ¿Una feria? ¡Una feria! Me había traído hacia una feria. La verdad, que este chico era todo una caja de sorpresas.
Esa tarde la pasamos muy bien, entre sonrisas, mimos y tonterías, parecíamos dos chicos enamorados en vez de dos "hermanos", estábamos por irnos cuando una atracción me llamó la atención, era de estañar globitos con dardos, ese mismo que al que yo jugaban con Edward en la Wii.
Edward notó que me había parado y miraba intencionadamente hacia allí y me arrastró de la mano hacia el lugar, pagó una ficha para él y otra para mí y jugamos, yo era pésima y no conseguí estañar ningún globo, pero sin embargo Edward consiguió estañar los tres globos que aparecían en cada partida.
Canjeamos los tiques que habíamos ganado en las demás atracciones y en esta y el chico nos hizo elegir.
En la tarima uno había un enorme lobo de pelaje gris, parecía ser un suave peluche, pero Edward dijo que debería de mirar los demás.
En la tarima dos había un enorme conejo de peluche que era muy feíto el pobre, acompañado de una caja de bombones.
Y en la tarima tres había un enorme oso blanco con un corazón en medio y al lado de este un llavero que no alcanzaba a ver desde aquí.
Edward no me pidió mi opinión, en cuanto vio el enorme oso blanco, casi se tiró a por él, en ese momento me pregunté si Edward no era un poco infantil todavía, pero luego lo comprendí todo, cuando le entregaron el peluche nos fuimos a sentar a un banco al mismo tiempo que nos comíamos un gran algodón de azúcar rosa y allí me entregó el peluche, como era una completa patosa y estaba llorando de la alegría que me provocaba que Edward pensase en mi de esa forma, lo abrasé con el algodón en medio de nosotros, imaginaros cuando nos separamos y vimos nuestra camisetas pegadas por el mejunje, fue asqueroso.
-¿Nos vamos a quedar aquí de fuera toda la tarde? – esa chillona voz desesperante me trajo de vuelta a la realidad y asumí que ya Edward no estaba, porque prácticamente solo estaba para Tanya.
Suspiré, no sabía cuántas veces en un día podía hacer eso y abrí la puerta con pausa y a la vez con determinación, no sabía que esperarme cuando entrara, quizás Edward se lanzaría hacía Mike o Jasper y le arrancaran el cuello de una sola mordida.
Pero nada sucedió, no escuché ningún ruido ni ningún indicio de que alguien estuviera en la caza, quizás se hubieran ido de caza para darnos más privacidad.
-Entra – cuando lo hizo cerré la puerta detrás de él.
Parecía un besugo anonadado mirando todo con ojos saltones a su alrededor, ¿Nunca había visto una casa? El vivía en una, parecía que estaba en un palacio y todo esto era nuevo para él. Bobos humanos que tienden a exagerarlo todo – pensé. Me reí, ya hablaba como Edward. Como Edward… Cerré los ojos. Dios, cuanto lo extrañaba.
Entré a la cocina seguida por Mike, en la nevera había una nota a la que me precipité a leer, eso sí, llevándome por delante una silla. Maldije por lo bajó y arranqué la nota de la puerta de la nevera.
Salimos, la comida está en el microondas, buen provecho, no tardaremos mucho. Un beso, te quiere, Esme.
Bueno, al menos había algo positivo en todo esto, no tendría que soportar las fulminantes miradas de Edward.
Ella y Mike comieron en incómodo silencio, él pareció estar a gusto, porque no protestó y se lo comió todo a gusto, Bella tenía miedo de que se ahogara, parecía no respirar y ingerir toda la comida de golpe.
Bella mareaba su comida de aquí para allá y apenas probó bocado.
Al momento de terminar de comer se pusieron con el trabajo en la mesa grande de la cocina después de haberla limpiado, quería enseñarle lo menos posible de la casa, los Cullen eran muy reservados.
Después de tres horas de constante trabajo decidieron parar un momento, Bella salió hacia la cocina a por un vaso de agua y Mike la siguió.
-Bueno, parece que haremos un buen trabajo juntos – dijo Mike sin apartar la mirada de Bella.
-Eso parece – contestó ella secamente.
-Bella, yo no sé qué pasa… esto… yo tengo… mm… ganas… de… besarte.
Cuando Bella había asimilado estas palabras fue demasiado tarde, Mike la cogió por la nuca y la arrastró hacía el, posó una mano suya en la cintura y ejerciendo una poderosa fuerza de la que Bella se quedó sorprendida, juntó sus labios en lo que Bella categorizaría como: un horrible beso.
Ella no sentía eso para nada.
Bella forcejeó contra él dándole zarpazos, mordiéndole, pero nada pareció detenerle, hasta que un estruendoso ruido detrás de ellos los hizo separarse.
Toda su familia estaba allí contemplando la escena con rostros sorprendidos, pero fue Edward el único que se atrevió a hablar.
-Sal de aquí ahora mismo – dijo haciendo mella de una tranquilidad bien estudiada.
Bella miraba horrorizada como su familia se iba esparciendo poco a poco y como se quedaban ellos dos solos en la cocina.
Edward tenía los puños fuertemente apretados a los costados y parecía no querer saber nada de ella.
-¿Qué te pasa? – preguntó Bella al fin haciéndose la valiente, una valentía de la que no sabía que tenía.
-¿Qué qué pasa? – preguntó Edward demasiado alterado para su gusto.
-Sí, eso he dicho – le contestó ella.
-Te besas con Mike Newton en la encimera de MI casa y encima me preguntas que, ¿Qué pasa? Nunca lo había creído de ti Bella, eres toda una caja de sorpresas.
-No te pases conmigo – le respondió ella sumamente dolida.
-Tienes que empezar a respetar Bella, nosotros te lo hemos dado todo con que solo lo pidieras, lo mínimo que podías hacer era tener un poco de respeto hacia nosotros y si te querías revolcar con el desgraciado de Newton, llévatelo a un hotel, pero no lo hagas en MI casa – le contestó enfurecido él.
Bella sin pensarlo estaba a su lado y empotró su mano contra su cara haciendo que sonara un hueso de su mano, al instante estaba desbordándose de dolor.
-Estate quieta, déjame mirarte la mano Bella – le decía Carlisle mientras intentaba colocar el hueso que ella se había desencajado al intentar revirarle la cara a Edward.
-Duele – dijo ella con lágrimas en los ojos.
-Bella yo… - balbuceó Edward a su lado.
-¡Cállate Edward! No quiero volver a escucharte y tranquilo, que nunca más te quitaré la paz en tu casa, dentro de un mes estaré lejos de aquí, muy lejos de aquí, y espero nunca más volver, estate tranquilo y contento, no volveré a fastidiarte con mis cosas infantiles y podrás revolcarte con Tanya a tus anchas sin que te interrumpa- le contestó Bella con lágrimas desbordantes en sus ojos y ni la increíble agilidad de Carlisle pudo hacer que esta se fuera corriendo.
El último mes fue todo un sufrimiento en la casa Cullen, todos estaban sufriendo por lo sucedido entre Edward y Bella y conmovidos por la marcha de esta, iba a estudiar en California, lejos de Forks, muy, muy lejos de Forks.
Él día llegó y todo se despidieron de ella menos Edward, que no apareció por allí y la desarmó más de lo que ella ya estaba, no había nada que le doliera más que la indiferencia de él, ella en un lugar lejano, muy lejano se había sentido quería por él, habían compartido momentos sumamente cariñosos juntos, habían abrazado sueños juntos, habían cantado, reído, gritado y ahora de todo eso ya no quedaba nada, bueno si, un corazón roto.
Wow *_+
¿Qué me dicen?
Ahora las cosas se van a poner potentes, ella se va… ¿El que hará? ¿Ella volverá?
No puedo decir nada xD
Espero que dejen muchos reviews, otra vez gracias por los del capítulo pasado, y los del pasado, y los del otro pasado xD
Un beso y un saludo.
