Los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos, aunque puede que alguno me lo invente.
Como otro Domingo más, otro capítulo, me estoy replanteando subir uno también en la semana como lo hice esta semana, y creo que voy a hacerlo, bueno, muchísimas gracias por sus reviews, y que lo disfruten.
Miedos entre caricias.
¿Feliz navidad?
Bella POV.
La clase del señor Anderson se me estaba haciendo pesada, las clases en la universidad eran de dos horas y quemaban a una, y más si te tocaba a un profesor tan plasta como lo es el señor Anderson, estudio Periodismo en la universidad de Denali, si, Denali, Esme se emperretó en que me viniera a esta y bueno, yo no iba a defraudarla, estoy aquí porque era la más próxima a Forks. Comparto piso con mi compañera de clase Rachel Black, es algo... como decirlo... ¿Hiperactiva? bueno, vamos a dejarlo en extrovertida, es una Alice humana, físicamente no se parecen en nada, pero por dentro son clavaditas.
El timbre de la última clase sonó, lo cual decía que se habían acabado las clases en unas semanas, mañana era navidad y bueno, habían vacaciones.
Hoy me voy a Forks, espero llegar allí a la hora justa de la cena, no quiero defraudar a Esme ni a Carlisle.
Esquivé a la gente por los pasillos con mis libros fuertemente cogidos a mi pecho, aquí la gente no tenía respeto y si te descuidabas, acababas por los suelos con todo regado, lo digo por experiencia, mi primer día fue así, pero a partir de ese día, aprendí la lección y no me volvió a pasar.
-¡Bely, espera! - gritó una voz conocida a mis espaldas, me di la vuelta y allí estaba mi compañera de piso apurada con una tonga de libros en la mano- ¿Vas a casa? - me preguntó cuando llegó a mi lado.
-Sí, hoy vuelvo a Forks, ya sabes... - dije triste, no quería volver, aquí estaba tranquila, alejada de todo y de todos, y apenas pensaba en él, su nombre dolía.
-Ah - murmuró comprendiendo que quise decir, ella lo sabía todo - pues... te acompaño a casa, yo me quedaré aquí, pero porque Billy y Jacob vienen.
-Vale, Rachel - le dije seria- déjalos quedarse en casa, no les dejes que se paguen un hotel, en casa caben y sé que lo haces por mí, pero yo no voy a estar y no me molesta - le dije sinceramente.
-Está bien - dijo no muy convencida, era una compañera fiel y no le gusta molestar, seguimos caminando.
Nos montamos en mi camioneta rojiza anaranjada, como decía Emmett, mi carrasquilla. Me había enamorado de ella una tarde que fui a Seattle con Alice y al día siguiente, la tenía delante de la puerta de casa, como decían ellos, " regalo de graduación" fue el mejor regalo de graduación que nunca me imaginé tener, en realidad, nunca pensé tener todo esto que tengo ahora con los Cullen, cuando mis padres murieron y me pasó lo que me pasó...
-Niña, esto a penas duele, puede que solo un poquito pero no pasa nada, yo estoy a tu lado, ¿Vale? - sonrió malvadamente- ahora, como una niña buena, abre las piernas.
-No quiero, me va a hacer daño.
-Que no niña, en serio, no te dolerá nada, confía en mí.
-¡Que no quiero! - me revolví debajo suya.
-No quieras que yo lo haga, será peor, así que date prisa, no tengo todo el día, después de acabar contigo, le toca el turno a mi mujer, ¿Sabes? es muy exigente.
-¡Cerdo! ¡Déjame! ¡Déjame! - su agarre se intensificó en mis muñecas.
-Niña, ¡Ya! ¡Para o será mil veces peor de lo que ya es! te estoy diciendo que abras las piernas - me gritó con ferocidad.
-No - dije con miedo.
-Bueno, tú lo has querido, aunque tengo un gran dilema contigo, porque no sé si usar precauciones o no, bueno, como eres todavía pequeña, no la usaré.
Todo aquello me sonaba a chino, era una pequeña niña sin experiencia, con muchos sueños en los que siempre aparecía el príncipe azul en su caballo y tú eras su princesa, el venía a buscarte y te llevaba a su gran castillo y allí los dos estaban juntos para siempre, felices.
-¡Bella! ¡Bella! ¡Reacciona! - gritaba Rachel a mi lado zarandeándome.
Dejé mis recuerdos atrás y volví al presente. Estaba delante de la puerta de casa.
-¿Te encuentras bien? - me preguntó mi compañera asustada.
-Sí, solo ha sido... una ensoñación - intenté poner mi mejor sonrisa, pero al parecer salió mal porque Rachel entró a casa no muy convencida.
Nuestro piso era pequeño, pero te daba el calor de un gran hogar. Tenía un salón-cocina, tres habitaciones, una de Rachel, otra mía y otra era un despacho con estanterías repletas de libros, un escritorio para estudiar y un sillón cama, dos baños, una terraza y una piscina comunitaria, aunque en realidad, no tengo ni idea porque la pusieron si nadie se vaya, hace demasiado frío en Denali durante todo el año como para bañarse en una piscina.
Fui directa a mi habitación sin decir más, la maleta verde que ayer había preparado con mi ropa estaba encima de mi cama esperando ser revisada.
Revisé que estuviera todo, los regalos de Carlisle y Esme, los regalos de Alice y Jasper y los regalos de Rosalie y Emmett. Dios, me dolía, porque siempre, en todas las navidades le tenía un regalo a él, pero este año... era tan diferente, ni siquiera cuando me fui vino a despedirse, al parecer estaba demasiado ocupado con su vampira como para despedirse de su "hermana", la cosa era que no lo veía hace cuatro meses, en realidad a ningún Cullen, aquí vivía alejada de todo, y eso en parte era bueno, apenas recordaba y me sentía mejor, aunque él siempre estaba en mi mente, la invadía como cual garrapata.
Lo volví a meter todo en la maleta pero dejé la vestimenta que hoy me iba a poner fuera, como era navidad, haría una excepción.
Me duché el cuerpo y me estregué el famoso champú de piña de Rachel, muchas veces me había dado la lata para que lo usara, pero yo estaba contenta con mi champú de limón así que no tenía necesidad de cambiar, pero hoy se me había gastado y bueno, le pillé el suyo.
Salí de la ducha y me envolví en una toalla blanca. A trompicones llegué a mi habitación, una patosa mojada no era buena seguridad.
Me puse la ropa interior y pasé a mi ropa, Alice se iba a quedar impresionada, no lo había escogido yo, todo había sido obra de mi gran amiga Rachel la maravillosa, que para todo tenía un repertorio.
Me vestí con un traje blanco sin mangas, sencillo pero impresionante, me llegaba por encima de mis rodillas, era corto, pero por hoy lo soportaría, me calcé unos tacones abotonados negros de infarto y una cazadora de piel negra. Me hice la raya del rojo negra y con rímel aumenté más mis pestañas, con un poco de pintura negra la apliqué en los parpados para dar una mirada más felina y con gloss brillante me embadurné los labios, me miré al espejo y no me creía yo, tenía una mirada indiferente y felina como cuando Rachel había hecho la prueba para mí y mi vestimenta era sensual y sexy pero moderado, porque era de esos que impactan, pero bien, sin enseñar nada. Me planché el pelo con la plancha de Rachel y me lo coloqué a mi gusto, suelto por mi espalda quedaba bien, me llegaba a mitad de la espalda, le tendría que decir a Alice que me lo cortara.
Miré el reloj de que descansaba en la estantería del cuarto, eran las cuatro y media y mi vuelo salía a las cinco y media, con un poco de suerte, llegaría a tiempo.
Llamé a un taxi para que llegara a tiempo y luego me puse a terminar de meter las cosas en la maleta, cuando terminé salí de mi habitación con un triste suspiro y apagué la luz, solo serán tres semanas- me dije a mi misma.
Me despedí de Rachel con un "Cuídate amiga, te quiero" a lo que ella respondió con un "siempre lo hago, pero hazlo tú también, más que yo no me quieres, y ¡Wow! Estas que te sales amiga, si ya lo decía yo, estas impresionante, como el tonto del Edward ese, no te coma es que entonces me plantearé si no es gay porque estás amiga, de toma pan y moja y bla bla bla", que con una simple frase que se supone que me debería de haber dicho, se enrolló tanto que hasta el taxi que me esperaba a bajo empezó a tocar la pita impaciente.
El taxi me dejó a las cinco y diez en el aeropuerto, iba justa. Como pude caminé por el espacioso aeropuerto, no es que fuera en tacones y traje todos los días, no era de mi estilo vestir así, pero hoy la ocasión lo requería.
Pasé mis cosas por la cinta negra del transporte y la chica, cuando le entregué mi pasaporte me dio mi tarjeta de embarque, me deseó feliz vuelo y felices fiesta, con un "igualmente" me fui de allí.
Caminaba por el aeropuerto buscando mi puerta de embarque hasta que pasé por una tienda que me llamó la atención, era una tienda de discos, ¿Una tienda de Cds en un aeropuerto? Era súper raro. La curiosidad me mató y entré, no era solo tienda de discos, sino también de libros.
Me quedé impactada al ver todo lo que me rodeaba, era gigante y había todo tipo de música y libros.
Leí el tipo de música que ponía en la estantería y me acordé de él, Jazz, clásico y blues, esos eran los tres tipos de música que más le gustaban a Edward. Vi por casualidad un disco de Debussy, ponía que era una nueva edición y tuve que cogerlo, al igual que cogí dos Cds de Van Morrison. Llegué a la caja y los deposité allí.
-¿Es para regalo? - me preguntó la dependienta.
-Sí.
-Bien, entonces se lo pondré en una cajita y luego lo envolveremos - con una mirada me preguntó si estaba conforme y yo asentí.
La cajita era una cajita de cartón fuerte con dibujo de notas musicales a los alrededores, nada del otro mundo, la envolvió con los tres Cds dentro, pagué y luego me fui.
Era las cinco veinticinco, seguro ya no quedaba nadie.
Con suerte, conseguí llegar justo a tiempo. Me senté en un sillón del avión y lo único que hice fue mirar la cajita envuelta, esos Cds eran para una persona que bueno, con la que no sabía cómo estaban las cosas, seguro me odiaba y... no sé, era todo muy extraño.
A las nueve en punto de la noche llegué a Forks, la noche estaba buenísima, era extraño, Forks era frío y durante todo el año era invierno, pero esta noche había dado paz a la navidad.
Jasper y Alice fueron a buscarme, como había previsto Rachel, se quedaron sorprendidos al verme enfundada en tacones y vestido, me halagaron tanto que me puse como un tomate.
El camino fue agradable, Jasper y Alice me hablaban de lo ocurrido en la casa durante estos últimos meses en los que yo no había estado, me contaban cada payasada de Emmett, cada apuesta de Jasper y Emmett, cada enfado de Rosalie y se ahorraban cualquier información de Edward, no sabía nada de él, y bueno, tampoco quería averiguarlo, lo mejor seria... evitarnos, un poco.
No sabía cómo iba a reaccionar esta noche y tampoco sabía que iba a pasar, Alice me dijo que los de Denali estaban allí, esta noche cenarían con nosotros y bueno, supongo que Edward estará con ella y...
-Llegamos - dijo Jasper sacándome de mis pensamientos.
Cuando me ponía a pensar, me olvidaba del mundo, siempre me pasaba, tanto con recuerdos como con cosas insignificantes, Rachel me había dicho más de una vez que era malo lo que yo hacía, que habían cosas que no se podía pensar, que se tenían que hacer rápido, en el momento, que no se pensaban que si no la oportunidad se iba.
Me bajé del coche y me quedé mirando al frente, a la casa Cullen, el hogar en el que había vivido ocho años de mi vida.
Suspiré y caminé al frente, Jasper llevaba mi maleta y Alice iba a mi lado.
Abrieron la puerta y Emmett se lanzó hacia mi abrazándome, mejor dicho, estrujándome, sentía que se me iba el aire, pero no dije nada, había extrañado mucho ese abrazo de oso, cuando me soltó me miró y parecían que los ojos se le iban a salir de su lugar.
-¡Dios bendito Bella! Estas tremenda - gritó y todos reímos ante la poca falta de tacto de Emmett, él era así.
Entremos y nos encontramos a todos delante nuestra y lo vi, enfundado en unos preciosos y ceñidos pantalones crema y con una camiseta tres cuartos de rayas marineras del mismo color que su pantalón, iba sencillo pero podía matar a cualquiera.
Esme me estrechó entre sus brazos y yo le correspondí, la había echado tanto de menos, la comida no sabía igual sin ella, y la casa tampoco olía igual sin ella, y nada era igual sin ella, luego pasé a los brazos de Carlisle, que me estrecharon con sobreprotección, saludé a Eleazar, a Kate, a Carmen, a Tanya y a otra chica más que también era de ese aquelarre, una tal Irina que hacía muecas cuando me miraba y luego, se suponía que me tocaba saludar a Edward, pero nos quedamos quietos, mirándonos el uno al otro, parecía sorprendido al verme vestida de esta manera, pero yo ya me había acostumbrado, era una nueva yo.
-Estas muy guapa - me dijo señalándome.
-Tú también - hice lo mismo que él.
-Hace tiempo que no nos vemos, has cambiado, ¿Has crecido? - preguntó.
-Sí, hace mucho tiempo que nos vemos, esto... puede ser - dije mordiéndome el labio.
Sonrió y sin pensárselo más, me cogió por la cintura y me arrastró hasta donde él estaba y me estrechó en un cálido abrazo que dios, fue mi gloria y a la vez mi perdición. Deposité mis brazos en su cuello y lo apreté más contra mí, el no aflojaba el fuerte agarre de sus brazos contra mi cintura, puse mi cara en el hueco de su cuello.
-Te eché de menos, ¿Sabes? - me dijo en apenas un susurro girando la cabeza hacia donde estaba la mía todavía abrazados.
-Pues no lo parecía - sonreí aunque en realidad me dolía - no te despediste de mí y ni siquiera me felicitaste en mi cumpleaños - aunque era una tontería, eran pequeños detalles que bueno, dolían.
-Lo sé, y te pido disculpas por ellos, fue un bobo y en realidad no sé ni porque no te felicité ni me despedí de ti, creo que era por - pareció pensárselo mejor - no sé.
Me sonrió y yo le devolví la sonrisa.
-Ejem - alguien carraspeó a nuestras espaldas y nos separamos.
Tanya estaba a nuestro lado con cara de pocos amigos, al parecer le había molestado que Edward y yo nos hubiéramos abrazado, ¡Será celosa la tía!
Todos se sentaron en la mesa, Edward se puso en frente mía y durante toda la cena no paró d preguntarme cosas y de hablarme de lo que había hecho durante estos meses en los que yo estuve fuera. Tanya no paró de fulminarme con la mirada en toda la cena y Irina me miraba haciendo muecas, ¿Acaso olía mal? Me había duchado con champú de piña, y olía estupendo, ¿No le gustaría el champú de piña? ¿Sería alérgica? ¡Por dios Bella! Los vampiros no son alérgicos.
Edward se había ido de la casa en lo que yo estuve fuera, se había ido a Nueva Orleans y había vivido allí estos cuatro meses atrás, había descubierto lo que era realmente el Jazz y el Blues, ya que Nueva Orleans es el origen de este tipo de música, había estado tocando con un par de humanos en cafeterías, bares y todas estas cosas, a cambio de nada, lo hacía porque le gustaba, mejor dicho, le encantaba, lo había pasado bien, al contrario que yo, que me pasaba todo el día pensando en él, ¡Hay que joderse! - pensé.
Llegó la hora de los regalos y cada uno puso los suyos debajo del árbol, saqué de la maleta los regalos y cogí la cajita que había comprado en el aeropuerto.
Carlisle, Esme, Jasper, Alice, Emmett y Rosalie, agradecidos y sorprendidos por mi regalo me lo agradecieron con besos y abrazos, sus regalos eran viajes a diferentes puntos del mundo para cada pareja, Jasper y Alice a Nueva Zelanda, sabía que tenían ganas de ir, Carlisle y Esme a China y Rosalie y Emmett a Paris. Llegó el momento del regalo de Edward y me puse a hiperventilar, ¿Y si no le gustaba? Crucé los dedos para que le gustase. Se lo entregué en la cajita y sorprendido por haber obtenido un regalo mío, lo abrió con mucho cuidado sin parar de mirarme, me sentí derretirme en su mirada, el no miraba otra cosa que no fuera a mí y Tanya no paraba de protestar, Edward de vez en cuando la miraba alzando una ceja y luego se giraba a mirarme y me sonreía y yo no podía evitar devolverle la sonrisa, al parecer todo entre nosotros se había arreglado.
Se quedó con la cajita en la mano, al fin había desenvuelto el papel de regalo, miraba la cajita y a mi alternativamente.
-Abre la tapa - le dije con un poco de pánico a que lo hiciera, si no le gustaba, me sentiría mal seguro, se lo había comprado a última hora, pero con ilusión de que le gustara.
La abrió y se quedó mirando lo que había dentro con la boca abierta y una cara de sorpresa que en parte me ilusionó pero la otra parte me hizo perder las esperanzas.
Depositó la caja con cuidado en las manos de Carlisle y corrió hacia mí abrazándome, perdí el equilibrio y los dos caímos al suelo, caí encima de ella y nos miramos, me tenía agarrada por la cintura y no me soltaba, yo me agarraba el pelo a los lados para poder mirarle a la cara.
-Es el mejor regalo que me han hecho nunca - me dijo y parecía sincero.
-¿De verdad? -le pregunté con sorpresa.
Era imposible que los tres Cds que yo le había regalado fueran lo mejor que nunca recibió, porque Tanya le había regalado un nuevo deportivo, los Cds al lado de su nuevo flamante coche no eran nada.
-No - sentí mi mundo caer- porque lo mejor que me pudieron obsequiar eres tú - me sonrió y sentí mi cuerpo temblar.
¿Me estaba diciendo lo que yo creo que estaba diciendo? ¡Dios! ¿Se podía ser más feliz? Algo sonó fuertemente y Edward se levantó levantándome a mi también y poniéndonos en pie a ambos. El enorme árbol de navidad Cullen estaba tirado en el suelo, con todas las bolas de navidad rotas por los suelos y todos los objetos, también habían de cristal, eran las favoritas de Esme, las bolas de cristal que Carlisle le había regalado en su primera navidad, y ahora ellas solo eran cristales esparcidos por el suelo, miré a Tanya, ella lo había tirado.
Todos se agacharon a recoger el desastre y yo también lo hice, iba a recoger una bola de plástico que estaba en el suelo, pero no vi un cristal y me corté con él haciendo que saliera un poco de sangre de mi dedo.
-Au -dije y me volví a poner de pie.
Todos me miraron.
Vi a Irina venir hacia mí como una bala, pero antes de que me tocara, algo en el pecho me impulsó hacia atrás y salí disparada contra la pared, llevándome la mesilla y el cristal de la entrada de Esme. Choqué contra eso y sentí un fuerte dolor en la cabeza y en el brazo, no quise mirar.
Todo había sido tan rápido. Irina había caído contra el impecable piano de Edward y lo había partido, Edward la había empujado para que no me hiciera nada.
Ahora lo pillaba todo, Irina había estado tentada toda la noche con mi sangre, de ahí todas esas muecas que me dedicaba, no podía estar conmigo en la misma habitación, mi sangre la atraía, todo era un desastre y una locura, ahora la sala estaba completamente llena de cristales, Tanya, Kate, Carmen, Eleazar y Emmett sostenían a Irina que estaba tentada de venirse contra mí, Jasper apretaba fuertemente su boca con su mano y Alice estaba a su lado controlándolo, Carlisle y Esme acudieron a mi lado y Edward, de pie a unos pasos de mí, me miraba con cara de sufrimiento y con muecas de dolor, sabía que mi sangre le tentaba de una manera mucho más poderosa que a los demás. Se llevaron a Irina y Alice y Jasper se fueron detrás de ellos. Carlisle me habló, pero yo solo podía mirar a Edward, estaba desolado. Me dolía horrores la cabeza y el brazo, quise decirle a Edward que no era nada, pero al ver mi herida del brazo deseé no haber mirado, me estaba mareando, tenía un gran corte en el brazo que seguro me llevaría unos cuantos puntos, ¿Porqué a mi?
Wow O_O Intento, ¿Verdad? ¿Qué pasará ahora? Eso se sabrá en el próximo capítulo...
Una vez más, agradecer por sus reviews, que son maravillosos, gracias (:
Espero sus reviews.
Un saludo y un beso.
