Los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos o puede que alguno me lo invente.
N/A: Dios, no me matéis, sé que he tardado mucho, me disculpo, no tengo nada más que decir xD
Miedos entre caricias.
¿Cosa?
Bella POV.
Sentía todo mi cuerpo pesado y no podía moverme mucho si no quería aumentar el dolor. Suspiré. Esto era serio.
Nunca me había planteado ser madre, y menos en estas condiciones, ¿Embarazada de un vampiro? ¿Se podía eso? Pues ya ves que sí, lo acababa de averiguar.
Giré la cabeza hacia la ventana. Le había pedido completo silencio a Carlisle, pero, ¿Se le habría ido la lengua? Lo decía porque hacía dos días que no sabía nada de Edward. No le había visto desde el día en que había ido a cazar y nos habíamos enfadado. ¿Se había olvidado de mí? Mi corazón empezó a acelerarse. Yo no podía perderle. ¿Y si sabía todo esto y no quería saber nada ni de mi, ni del bebé?
No pienses eso Bella - me dije a mi misma – él no es así, nunca haría eso.
Y si eso pasaba, no me importaría, soy lo suficiente competente como para buscarme la vida y poder criar a mi hijo.
Sin pensarlo me llevé la mano al abdomen y masajeé la zona. Me fijé mejor. No podía ser.
Me levanté de la camilla a trompicones y caminé como pude hacia el espejo que tenía en frente. Tenía un aspecto desaliñado y somnoliento, en resumen, estaba horrible.
Miré mi estómago y me levanté la sudadera.
Ahogué un grito.
¿Cómo era posible que tuviera una panza tan grande si solo tenía semanas? Oh, dios, seguro estaba flipando.
En el espejo se reflejaba a una chica embarazada de unos cuatro o cinco meses podía aventurarme a decir.
Volví a bajarme la sudadera y me senté en el filo de la camilla, no quería volver a acostarme. Llevaba tres días acostada en esa desagradable camilla de hospital muriéndome del asco, los dolores eran lo peor.
.
Tenía un hambre alarmante. Mi barriga estaba vacía y el niño también necesitaba alimentarse, podía notarlo dentro de mí dando pataditas.
Sonreí ante la sensación,
La verdad era que ser madre o no, nunca me había importando mucho la verdad, no había sido como las demás niñas que sueñan con encontrar a su príncipe, casarse y tener hijos, para nadad, de hecho, odio las bodas y yo no me veo en una.
Alguien tocó la puerta.
Que sea Edward por favor, que sea Edward por favor, que sea Edward por favor, mientras decía esto cruzaba los dedos.
-Pase – dije a penas en un susurro, mis fuerzas no eran muchas últimamente.
Y como había querido que fuera, Edward abrió la puerta y se metió en la habitación cerrándola detrás de él y con una bandeja de comida en la mano.
¡Comida! Oh dios, los ojos seguro se me agrandaron y tendría suerte y no había hecho un charco de agua debajo de boca.
No dijo nada. Solo nos miramos. Se acercó a mí y puso la bandeja de comida en la camilla. Inspeccionó mi aspecto e hizo una mueca, eso significaba que estaba horrible, pero a estas alturas ya poco me importaba. Cogió mis manos y me estremecí ante el contacto de las suyas frías como el mármol, pero no solo por eso, sino también por la descarga eléctrica que había entre nosotros.
Con la mano derecha cogió un pan con mermelada y me lo llevó a la boca. Le di un muerdo. Riquísimo… dios, como necesitaba algo de comida.
-¿Cómo te sientes? – habló por primera vez y su voz resultó música para mis oídos.
-No sé qué decirte – contesté sinceramente.
No podía decirle que bien, porque se notaba que mal en mi aspecto, y tampoco regular porque simplemente no me iba a creer.
Suspiró y me abrazó.
Me estrujó contra su cuerpo y yo le rodé la cintura con las manos y descansé mi cabeza en su hombro.
-¿Vas a contarme que es lo que tienes? Porque Carlisle a guardado muy bien el silencio de doctor, me ha bloqueado su mente y no he podido oír nada – contestó irritado, sabía que odiaba que le ocultaran cosas.
Así que Carlisle no me había delatado.
Apreté más los ojos cerrados. ¿Cómo iba a decírselo? Dios, seguro iba a ponerse como una fuera y a gritarme por irresponsable…
Me separé de él y dejé que mis brazos callera desde su cintura, él aún mantenía los suyos en la mía y parecía que no me iba a soltar. Le miré a los ojos. En ellos podía verse días de agonía y frustración. Bajé la mirada, todo era por mi culpa.
Cogí el extremo de la sudadera y la fui levantando poco a poco hasta dejar ver mi gran y redondita panza.
Edward bajó la mirada hacia ella.
Inspeccioné su cara. No había ningún rastro de ninguna emoción.
Cogí una de sus manos que reposaba en mi cintura y la puse sobre mi vientre. Esperamos hasta que diera una patada para que lo sintiera.
Hice una mueca cuando lo hizo. Esta vez se había pasado. Le había dicho una patadita inocente, no una patada de karateka.
Edward abrió los ojos asombrado y apartó la mano.
-¿Estas… - me miró – embarazada?
Asentí.
-Eso no puede ser – dijo muy convencido de sí mismo.
-Claro que puede ser Edward, ¿No lo estás viendo? – le dije suavizando mi tono de voz.
-Pero…
-¿Pero? - le pregunté con voz hosca.
Un dolor me revolvió el estómago. Las nauseas que tanto me habían costado olvidar volvieron a aparecer y no pude aguantar, lo eché todo en el suelo del pequeño cuarto-hospital que Carlisle había montado en casa.
-Bella – gritó Edward alarmado.
Se situó detrás de mí y me agarraba el pelo y me cogía de la cintura mientras yo escupía sangre y vomitaba.
La puerta se abrió y dejó ver a un muy agitado Carlisle.
-Bella, ¿Qué fue lo que pasó? – me preguntó ya a mi lado.
-Carlisle, ella… ella…
-Sí, Edward.
-Pero eso no es posible – volvió a decir.
-Sí es posible Edward, he hecho unas averiguaciones y, sí es posible.
Cuando ya m hube calmado y había parado de vomitar, Edward me cogió en brazos y me llevó a la camilla, me dejó con suavidad sobre ella y me besó la frente, se sentó a mi lado y no me soltó la mano en ningún momento.
Carlisle estaba sentado en una silla de madera delante de nosotros.
-Según tengo entendido, de la unión de un vampiro y una humana sale un híbrido – nos miró esperando nuestra reacción – una magnífica combinación en la que el niño es vampiro y humano.
-¿Estás seguro? – le preguntó Edward.
-Tan seguro como que Bella está embarazada.
O sea, muy seguro - pensé yo.
-¿Corre peligro, cierto? – preguntó otra vez Edward tensándose.
Carlisle suspiró.
-Sí.
-¿Qué clase de peligro? – Pregunté – sinceramente.
-La muerte – fue claro y alto, pero no me alarmé, la verdad, no me importaría dar la vida por mi pequeño.
Edward leyó mal la expresión de mi cara porque se apresuró a decir.
-Tranquila amor, te sacaremos a esa cosa de ahí dentro – dijo y señaló mi estómago.
Esperen, ¿Qué? ¿Esa cosa? ¿De ahí? ¿Estaba hablando en serio?
Alarmada me levanté de la posición en la que estaba y me separé de Edward.
-Ni se te ocurra tocarnos – iba dirigido a Edward, con una mirada fría y dolida.
-¿Qué? – preguntó Edward incrédulo.
-No quiero que me toques, ni a mí ni él, ¿Te ha quedado claro? - no sé de dónde sacaba tanto coraje, pero la cosa era que lo había dicho y había dejado a Edward con una cara de anonadado grandísima.
-Bella no…
-¡Vete! – le grité con lágrimas en los ojos.
-Bella, cálmate – intervino Carlisle.
-¡Qué te vayas! – seguí gritando hasta que un fuerte dolor atravesó mi costado y se escuchó un chasquido, como si algo dentro de mí se hubiese roto, de nuevo.
.
Una insistente y molesta luz no paraba de taladrar mi cabeza. Me sentía como en otro mundo, quizás en la luna porque parecía flotar.
-¿Te encuentras bien? – esa era la voz de Carlisle.
-Siento que floto – le dije e intenté moverme pero no me dejó.
-No te muevas Bella, mejor que reposes.
-Estoy incómoda – le dije sinceramente.
-Está bien, voy a cambiarte de posición, pero tú no te muevas – murmuró.
Subió un poco la parte que hacía de almohada en la parte superior de la camilla y me movió para que quedara recostada en ella. Ya no estaba acostada, si no inclinada, se sentía mejor así.
-¿Edward? – murmuré todavía media dormida.
-No está Bella, le pediste que se fuera y eso hizo – contestó.
Mi corazón empezó a acelerarse como loco y bombear sangre sin tino.
-Tranquila, está abajo, solo que no está aquí contigo porque le dijiste que saliera, calma.
Mi respiración y mi corazón volvieron al mismo ritmo de siempre poco a poco, sentía como me iba calmando.
-¿Está enfadado? – pregunté sin querer realmente saber la respuesta.
-Sí, pero con él mismo.
-No tiene porqué – suspiré.
-Tú tampoco la tienes, no te vayas a culpar – le miré y tenía una pequeña sonrisa en sus labios.
-¿Todos lo saben?
Asintió.
-Bella… esto es peligroso…
-No quiero que le hagáis nada – contesté mordaz.
-Tranquila – me dijo poniendo las manos en alto.
Pensaba que podría hacerme reír, pero dudaba que algo pudiera hacerlo en estos momentos. Una idea cruzó mi cabeza.
-Carlisle, ¿Podrías dejarme sola? Solo unos momentos – le contesté – lo necesito para organizar mis pensamientos…
-Claro que si Bella, te veré luego, estate tranquila y no te muevas, tienes otra costilla rota – me dijo y salió por la puerta.
Eso era lo bueno de Carlisle, que si necesitabas espacio y tiempo el te lo daba sin bombardearte a preguntas.
Mi móvil descansaba en cima de la mesita de noche, si me estiraba solo un poquito podría cogerlo.
Estiré mi brazo, pero se quedaba corto así que me moví un poco y sentí una punzada en el costado izquierdo.
Joder bebé – dije interior mente para mi pequeña criatura – te estás pasando un poco, me tienes hecha polvo.
Con el último estiramiento llegué y cogí mi móvil.
Abrí la sección de mensajes y empecé a escribir.
Necesito que subas un momento a la habitación en la que estoy, es importante y yo sé que tú lo entenderás. No hemos sido las mejores amigas del mundo, y menos hermanas, pero esta vez si necesito tú ayuda y sé que me la tenderás, ya sabes por qué es. Gracias, B.
N/A: Si, no tengo perdón pero es que termino tan tarde de entrenar y estudiar que cuando llego a casa lo único que quiero es cama. Ahora tengo una semanita de vacaciones porque son carnavales y me pondré a escribir como loca. Espero terminar pronto el fic, tengo otros en mente. Saludos.
