Los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos y puede que alguno me lo invente.

N/A: ¿Quieren matarme? Están en todo su derecho, pero antes debo decirles la verdad, he estado a tope de exámenes, y son los finales y como comprenderán no me iba a poner a escribir teniendo tanto que estudiar, y encima fan fiction no me dejaba actualizar, pero Miss Sands que es todo un regalo de dios para mí me ha enseñado como. Aquí el último capítulo de este fic mío. Espero que os guste.

ANTE TODO, DAR LAS GRACIAS A TODAS ESAS PERSONAS QUE SE MOLESTARON EN DEJARME UN REVIEWS, A AQUELLAS QUE LEÍAN, A AQUELLAS QUE ME APOYARON. MUCHAS GRACIAS DE VERDAD. No desaparezco, solo termino este fic :D

Miedos entre caricias.

'Porque todo tiene un fin'.

La nieve lo cubría todo. Los altos y fuertes robles estaban completamente cubiertos de blanco, al igual que los árboles, las frágiles margaritas machucadas por la violencia de la caída de la lluvia, los girasoles, las rosas, todo estaba cubierto de la fría mezcla blanca.

Renesmee Cullen se removía inquieta en los brazos de su madre, estaba como nerviosa, inquieta, ¿Podían los niños presentir y adivinar los sentimientos de sus padres? En este caso, Renesmee Carlie si podía. No paraba de saltar de los brazos de todos los integrantes de su familia hasta que por fin encontró comodidad en los brazos de su madre, nada como una caricia maternal, dicen.

Edward Cullen aguardaba impaciente la llegada de los Vulturis. Nunca había sido un hombre impaciente, y mucho menos de esos que pierden los estribos, pero esta vez podría hacerlo fácilmente, era de su hija de quien se trataba el tema, su frágil y pequeña hija, de la que una vez mal pensó, ¿Podría haberle hecho realmente daño a su pequeña? Era tan preciosa, tan frágil, estaba tan llena de vida… si le hubiese hecho algo mientras estaba en la barriga de Bella, no se lo hubiese perdonado nunca y se odiaba más aún por haber pensado eso.

Alice Cullen tuvo una pequeña y fugaz visión.

-Dentro de nada estarán aquí – informó la pequeña de los Cullen agarrando con más fuerza el brazo de su esposo.

Inconscientemente miró a su sobrina, ¿Querrían realmente hacerle daño? No podrían, era tan adorable…

Cerró los ojos con fuerza.

Mientras apretaba más y más los ojos a cada segundo que pasaba Alice deseó que su pequeña sobrina pudiera meterse en el corazón de los Vulturis tanto como supo hacerlo con los invitados que se encontraban detrás de ellos dando la cara junto a la familia.

Algo se movió en el extenso claro. Como si la presencia de esos seres que se acercaban trajeran consigo una tormenta, los arbustos y flores que habían estado sepultados por la nieve se movían de un lado a otro con un leve ruido que el viento hacia silbar.

Personas cubiertas por unas gruesas capas negras y con la capucha subida empezaron a aparecer delante de ellos, sin duda, los Vulturis no querían exponerse a una derrota y por eso habían traído a gran parte de su corte.

Aro, Marco y Caius no tardaron en hacerse notar. Pasaron por delante de toda su gente y se posicionaron delante de esta, cara a cara con los Cullen.

-Queridos amigos – empezó Aro retirándose la capucha negra hacia atrás y juntando sus manos, no apartaba la mirada de Renesmee ni un segundo. Sus hermanos poco tardaron en imitarle al igual que su gente.

Mientras los rostros se destapaban podíamos ver a Jane, a Alec, a Felix, Demetri, Athenodora y muchos vampiros más, todos experimentados y de ojos rojos.

Renesmee emitió un grito asustado, se había fijado en los ojos de los vampiros que tenía delante y le había atemorizado, a pesar de su corta edad, podía advertir cuando había peligro y cuando no, además, aparentaba mucho más de lo que tenía, era un bebé inteligente, una preciosa híbrida.

-¿Renesmee? – preguntó Aro.

-Sí – respondió Edward con voz fría, cuanto menos detalles, mejor.

-Es preciosa, sin duda – murmuró mirando a Bella – ya no eres humana – completó.

-No, no lo soy – contestó Bella.

-Habéis cumplido esa parte del trato – habló Caius por primera vez.

Todos asintieron. ¿Qué decir si cualquier cosa podría ser utilizada en su contra? En boca cerrada no entran moscas – solían decir los humanos.

-¿Puedo cogerla? – preguntó Aro refiriéndose a Renesmee.

Bella se tensó, pero no fue la única, Edward, Emmett, Esme, Rosalie, todos los Cullen también lo hicieron y miraron a Alice y a Edward alternativamente esperando saber que iba a pasar.

-Puedes – murmuró Edward entre dientes.

Bella sujetó con más fuerza a Renesmee en brazos, ni loca pensaba ella dejar a su hija en manos de semejantes vampiros que serían capaces de matar hasta a su propia madre solo por poder o sangre.

Lo que pasó a continuación fue sorprendente. La pequeña Cullen extendió los brazos hacia Aro y sonrió deslumbrado al viejo vampiro.

Marco, Caius y Aro Vulturi se echaron para atrás en un gesto sorpresivo, habían esperado cualquier reacción de la niña menos esa. Abrieron los ojos desmesuradamente, ¿Y si era verdad que la niña no era ninguna amenaza?
Aro consiguió salir de su ensoñación y caminó con paso lento hacia donde estaba la niña. De un brinco Renesmee se posicionó en sus brazos y puso su pequeña y frágil manita en la cara del vampiro.

No le hagas daño a papi y a mami.

Aro Vulturi abrió los ojos desmesuradamente.

Ellos no han hecho nada, ni los tíos, ni los abuelitos.

Aro miró a la niña con fascinación, ¿Cómo podía hacer eso si apenas debería tener o lo que aparentaba era de unos seis meses? Era increíble.

-Tiene dos meses – contestó Edward.

-Sal de mi cabeza – ordenó Aro, y a pesar de la dura orden, Edward no lo hizo.

Renesmee seguía mandando información a la cabeza de Aro, engañando como podía.

-La quiero en mi guardia – dijo.

Bella gritó e intentó correr hacia ellos para quitarle a Renesmee de las manos, pero Edward la atrapó a tiempo.

-Hagamos un trato – intervino Carlisle.

-¿Qué trato? – dijo Aro sin mirar a Carlisle, la niña era mucho más fascinante.

-Dentro de seis años, calculo que ella tendrá la mayoría de edad, tal y como evoluciona su cuerpo así será. Ya habéis visto que no supone ningún peligro para os de nuestra especie – Carlisle planeó todo con suspicacia y miró atentamente a los Vulturis – dejemos que crezca y que sea lo que dios quiera.

-¿Me estás diciendo que cuando sea mayor nos la entregaras? - preguntó Aro animado.

-Eso nunca – contestó Carlisle.

-Entonces, rubio amigo, no te entiendo.

-Dentro de seis años que ella elija – intervino Edward.

-Se quedará con ustedes obviamente – replicó Marco.

-No tiene porque ser así – dijo Alice – lo he visto.

-Adelántate – dijo Aro. Muy a pesar de lo Cullen, Aro le pasó la niña a su mujer Athenodora mientras veía a través de la mano de Alice la visión que esta había tenido.

En ella se mostraba como Renesmee, que aparentaba unos diecisiete se llegaba a Italia y se quedaba en ella, en el palacio Vulturis.

Aro sonriente y feliz, ameno a la estafa de la que había sido partidario, dijo.

-Dejen a la niña con sus padres, dentro de seis años nos volveremos a ver, hasta pronto, amigos – y con estas últimas palabras de Aro, toda la guardia Vulturis, se fueron alejando del claro, de Forks, muy lejos de los Cullen.

Ninguno de ellos dijo nada, ni tampoco sus amigos que los habían acompañado a una batalla suicida.

Entraron todos en la mansión y se sentaron como pudieron. Bella sostenía a Renesmee entre sus brazos y esta la apretaba con fuerza, había pasado mucho miedo junto a Aro y ahora les transmitía todo a su padre por medio de su mano y a su madre con el hecho de estar en sus brazos.

Bella estaba rota de dolor.

-¿Es cierto que Renesmee se unirá a ellos dentro de unos años? – preguntó horrorizada Rosalie mirando a su pequeña sobrina.

-¡Claro que no! – se apresuró a decir la duende Cullen – es solo un cacho de la visión, en ella se veía a Renesmee entrando en el palacio en Italia si, y también hablando con los Vulturis como Pedro por su casa, también es verdad, pero todo es una trampa, una trampa, que todos nosotros y muchos clanes vampiros más de todo el mundo le tenderemos, porque acabaremos con ellos.

-¿Cómo? – preguntaron todo a la vez.

-Lo he visto, ya era hora de que paguen por todo lo que han hecho, muchos vampiros del mundo se unirán a nosotros, seremos tantos que los derrotaremos y …

-¡Pum, fuera Vulturis! Sueño con ese día – dijo Emmett y aprisionó a Rosalie en sus fuertes brazos.

-Cuenten con nosotros – dijeron un clan de las amazonas.

-Y con nosotros.

-Y con nosotros.

Y así, las pequeñas familias que estaba allí apoyando se fueron uniendo a los Cullen y aportando ideas, ofreciéndose a encontrar a gente que estuviera dispuesta a enfrentarse a ellos, aportando trucos, y todo, para aniquilar a esos desgraciados vampiros Italianos.

.

Renesmee se removió cansada en los brazos de su madre. Bella bajó la mirada a su bebé y sonrió al verle esbozar un bostezo, estaba cansada.

Se acercó a Edward y se acercó a la oreja de este para susurrarle que se iba a casa a acostar a la niña, que él podía quedarse. Edward asintió después de darle un beso en los labios, necesitaba un poco de tiempo y que Bella no estuviera rondando por su lado para llevar a cabo lo que le pasaba por la cabeza.

Bella arropó bien a Renesmee en sus brazos y la cubrió con una pequeña manta de Hello Kittie. Caminó por el pequeño sendero que conducía a su hogareña caballa, un regalo de Esme y Carlisle por su cumpleaños, se la habían regalado nada más despertar. Esme creyó que ahora que la niña había nacido necesitarían un poco de intimidad y no se había equivocado.

Bella divisó la cabaña la caballa y entró en ella con solo retorcer la llave una vez. Todo estaba como lo había dejado esa mañana. Cerró la puerta detrás de ella y caminó hacia el cuarto de su hija. Posó a Renesmee en la cama mientras ella iba a preparar el baño.

Volvió pero la niña no estaba sola, Edward se encontraba tumbado al lado de ella en la cama haciendo muecas y poniéndole caritas de payaso que hizo que el corazón de Bella se derritiera. Dios, como amaba a ese hombre.

-¡Eh! – Se quejó Bella – a mí nunca me habías enseñado esas caritas tan graciosas que haces – le acusó en broma.

-Cuando quieras puedo enseñártelas – Edward sonrió.

Renesmee se removió en la cama y si no llega a ser por Edward, se hubiese tirado al suelo.

-Pequeña exploradora – le dijo Edward cuando la cogió en sus brazos y caminó con ella hacia donde se encontraba Bella – todavía es un poco temprano para que vueles – dijo y Bella y el no pudieron ahogar la carcajada que los azotó.

-Vamos a bañarla anda – murmuró Bella y se acercó a Edward para besarle los labios – está cansada y por eso está un poquito insoportable, tiene ganas de pillar la cama y darle una paliza.

Rieron y se encaminaron al baño.

Bella había llenado la bañera con un poco de agua tibia. Entro los dos desnudaron a su hija y la metieron en la bañera. Edward algo torpe, todo hay que decirlo, le echaba por su pequeño cuerpito un poco de agua que arrastraba con su mano mientras Bella la enjabonaba, de verdad, Edward podía ser todo lo ágil y rápido que quisieras, pero a cuanto bebés se refería, no era nada.

A pesar del cansancio, Renesmee no tardó en chapotear y pringar a sus padres con el agüita que estaba a su alrededor. Edward y Bella reían abiertamente, felices por todo, al final habían conseguido ser una familia, feliz, sin peligro, de momento, hasta dentro de seis años, pero no había riesgos que correr, pues Alice lo había visto todo y bien iba a salir.

Renesmee no tardó en dormirse y sus padres se lo agradecieron, tenían urgencia de otra cosa.

Después de haber acabado con su nueva cama. Se acostaron enredados uno con el otro en la gran alfombra del sueño que cubría toda la habitación, Edward los tapó con una sábana y se dedicó a acariciar el cabello de Bella que descansaba en su pecho, desnuda al igual que él después de haber hecho el amor.

-Gracias por todo Edward – murmuró Bella en un suspiro.

-A ti debo darte yo las gracias Bella, si no fuera por ti, todo esto que ahora nos hace feliz, no lo hubiésemos tenido - contestó el con sinceridad.

-Tú pusiste la semillita – rió Bella y Edward la acompañó.

-Bella – dijo Edward poniéndose un poco más serio.

-¿Uhm? – contestó esta inspirando el olor de su chico.

-Cásate conmigo.

Bella levantó la cabeza que estaba recostada en su pecho y le miró.

-Edward.

-¿Si?

-Cásate conmigo.

Ambos estañaron en carcajadas. Se besaron. Se besaron y se acariciaron hasta que no pudieron más y la pasión se hizo insoportable y volvieron a hacer el amor por segunda vez en esa noche, porque el amor y la felicidad, van en el mismo pack.

N/A: ¿y? ¿Qué me dicen del final? Bueno, sé que puede ser un poco mierdita pero bueno, lo hizo lo mejor que pude. Y con esto, este fic que tanto me ha encantado escribir se ha acabado, pero no me voy, sigo con: ~Perdido. Y también con: ~La hermana pequeña de mi mejor amigo, ambos Edward / Bella, espero que se pasen por ahí. SALUDOS Y GRACIAS POR TODO, DE VERDAD.