Los personajes pertenecen a la maravillosa Stephenie Meyer, yo solo deje fluir mi imaginación creando una historia un tanto diferente.

—4—

"Vamos a vivir esto como dos"


En cuanto Emmett llegó a aquella casa, y simuló mirar la puerta con ojos grandes y atentos, sintió que todo el nerviosismo de su vida desaparecía como humo entre rendijas delgadas, y débiles.

No era cobarde.

Nunca, en ningún momento de su vida, lo había sido. De hecho, y en estos instantes, tenía sus ideas claramente establecidas, y no dejaría lo que añoraba por nada en el mundo, ni aún por el mejor puesto en los marines. Sabía que si quería a Rosalie, tenía que luchar por ella y componer todos los errores que un día había cometido con la vida que ambos deseaban. Y por cumplir aquella premisa, estaba dispuesto a derribar una y mil murallas, si fuese necesario.

Todo por ella.

Ambos se sonrieron mutuamente, dándose fuerzas para el siguiente paso. Ya Emmett había adelantado la situación con Doña Anabelle, no quedaba mucho por hacer, solo constatar el hecho de que había pasado una noche más juntos, y que se casarían, aquí o en la misma China.

—Estaremos bien—le susurró él, a ella, notando el nerviosismo reflejado en el golpeteo insistente de su tacón contra el suelo—yo te amo, y estamos haciendo lo correcto. Piensa en eso, cariño.

Rosalie suspiró.

Sabía que las cosas serían un poco más difíciles para Emmett, con su madre. Si él no ofrecía una buena propuesta de matrimonio, la unión no se realizaría con la bendición de la matriarca Hale. Sin embargo, las ganas y la energía positiva que Emmett le influía al asunto, cuando hablaba, motivándose a sí mismo, ayudaban a la creación de esperanzas en el corazón de Rosalie.

—Sé que hacemos lo correcto—murmuró ella, arreglándole el cuello de la camisa en un gesto nervioso—pero…Emmett—le miró a los ojos, clavando los suyos en los de él, y mostrándole así, todo el amor que le tenía—si mi madre pone alguna traba, o si las cosas se complican…tienes que decírmelo ¿De acuerdo? —Ella le besó una mejilla, en un suave gesto de valentía, mientras el aplomo que tenía por dentro de su cuerpo, se desvanecía en lánguidas y escurridizas corrientes de agua.

—Somos una pareja—le murmuró Emmett, besándole los labios en un roce lento—y recuperaremos esa confianza que perdimos. Te aseguro Rose, que si algo sale…—pareció pensarlo dos veces, antes de hablar—contrario a lo que deseamos, tú serás la primera en saberlo.

—Eso espero—susurró la rubia, para sí misma, mientras la puerta se abría mostrándole a su hermana Sophia, envuelta en un vestido de tul, vaporoso.

—¡Rose! —Exclamó la muchacha, levantando los brazos, y atrapándola en ellos en un gesto demasiado fugaz— ¡Dios! Estábamos desesperadas por tu causa. Mamá, incluso pensó en hablar con la policía…

—Nada de eso—interrumpió Emmett, mostrando una de las más grandes sonrisas que tenía, y con ello, buscando convencer a la jovencita delante de sus ojos. —Rosalie estaba en perfecto estado, con su novio. Y ahora, queremos hablar con tu madre, Sophia. ¿Podemos entrar?

Sophia era un amor de niña. Tenía la misma edad que Amelie, por lo que podía observar el morocho. Además del característico cabello rubio y rizado, cayendo sobre la espalda en chorros de oro líquido, los ojos de ella eran similares a los de Rosalie, pero con líneas de color mucho más oscuras. La nariz y la boca, eran pequeños botones de rosa, suaves y aterciopelados.

—Claro que puedes, Emmett—respondió la niña, sonriéndole desafiante—pero me gustaría saber tus intenciones. Ya sabes, luego de que entres, me enviarán a la habitación de Lilian, y no podré saber nada de lo que pasa. ¿Puedes darme un adelantito?

Él se rió, comprendiendo que tenía una aliada en toda esa situación.

—Me voy a casar con Rosalie—le respondió, después de cruzar la verja que dividía la casa de la vereda. Besó la frente de Sophia con cuidado, como si fuera una muñeca de porcelana, pudiendo romperse al mínimo toque—y si Dios me ayuda, tu madre colaborará con mis deseos.

Sophia se rió, y se colgó del brazo restante del inmenso hombre.

—No te será tan fácil, Emmett—le murmuró, después de cuchichear con su hermana, y besarle una de las mejillas—pero les deseo suerte a ambos. Sobre todo con eso—deslizó sus ojos hacia el, mínimamente abultado, vientre de Rosalie.

La niña entró, dando pequeños saltitos por la habitación.

Y ambos, se miraron pasmados por la astucia de una pequeña mujer, tan hermosa.

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Rosalie se internó en su habitación, y nerviosa, paseó por el suelo, con el firme e inconsciente deseo de crear un hueco en la madera refinada bajo sus pies.

Desde que llegaron, Emmett no la dejó quedarse en la conversación con su madre, aduciendo que las cosas resultaban mejor, mediante improvisación. Pero sabía que era una simple mentira. Él solamente hacia eso para evitar que ella sufriera, por los comentarios hirientes de su madre, o en todo caso, por una negación que, sabía, Emmett rebatiría a capa y espada.

Ahora ya no tenía dudas de su amor por él, o del amor que él sentía por ella. Comprendía que los sentimientos entre ambos eran mutuos, y que un amor como el que ellos tenían era difícil de encontrar. Sin importar la época, o el tiempo, Rosalie entendía que se pertenecían, y luchar contra aquel sentido tan fuerte, de pertenencia mutua, les resultaba imposible a ambos.

Tenía la falda algo desarreglada, y los zapatos brillaban más de la cuenta, entre la oscura tonalidad del suelo. Se había dejado el abrigo en el piso de abajo, colgado en el perchero junto al de Emmett, como si ella fuera una invitada más.

A ciencia cierta, así se sentía.

Su madre la había recibido con miradas nerviosas y manos temblorosas. Sophia le había hecho una gran aclaración con el cuchicheo, susurrándole que los padres de Royce King habían venido de visita la tarde pasada, y Chocolate, el gato de Lilian, le había maullado con desgano y cansancio, como si caminar todos los días por aquella casa le resultara aburrido y monótono. Ni siquiera había tenido la oportunidad de ver a su hermanita pequeña. Y se sentía bastante frustrada por ello, y por perder las importantes clases que debía darles hace unas cuantas horas.

Suspiró, y mirando al techo, decidió que no podía quedarse allí más tiempo.

A pesar de que las manos le sudaban, y el sombrero que llevaba parecía haber perdido su encanto, le bastó mirarse al espejo una sola vez, para comprender que si se quedaba en aquella habitación, su aspecto se iría deteriorando más y más.

Descendió por las escaleras de madera, tratando de no hacer ruido cuando los tacones tocaban el suelo, y al llegar al salón, tomó las debidas precauciones, para evitar que el gato de Lilian, maullara, llamando la atención de los presentes en el salón. Le rascó detrás de las orejas, mientras el animal ronroneaba, y poco a poco, se acomodaba sobre su canasta de mimbre, color avellana.

De forma evasiva, olfateó el aire del comedor, y aparte de percibir el viejo olor a madera guardada, sintió en las partículas de aire, la fuerte fragancia de una cena bien preparada. Posiblemente, un filete dorado, con crema agria, papas salteadas al horno, con queso, y tal vez una ensalada fría, llena de vegetales frescos y rozagantes. Incluso reconocía que una crema fresca de apio hervía en el fogón.

El estómago le rugió.

Apenas hace una hora y media, se había alimentado. Y recordando con detenimiento su desayuno, el olor de leche caliente, le provocaba nauseas de las más tenaces. Pero pensar en el fresco filete, dorándose con especias finas en la sartén de plata de su madre, no hacía más que eliminar aquel pensamiento de la leche, y reemplazarlo por uno de hambre.

Se preguntó de qué manera, su madre había conseguido dinero suficiente para almorzar algo tan caro, si en los meses pasados, el dinero apenas y alcanzaba para cenar café, con empanadas que Rosalie y Sophia debían preparar.

Se alzó de hombros, como respuesta a su pregunta inconsciente. Si bien, las ganas de comer algo delicioso no se le habían ido de la cabeza, el deseo por conocer su futuro con el hombre que amaba, era mucho más fuerte.

Terminó por recoger su cabello detrás de la nuca, y con pasos sigilosos, llegó hasta la puerta del estudio. Como si fuera una niña de once años, curiosa por saber de los problemas de sus padres, pegó la oreja a la puerta, y trató de escuchar, al menos, una quinta parte de la conversación.

—Entiendo sus argumentos, Doña Anabelle—murmuró Emmett, con voz cansina. Ella, casi pudo imaginarlo con una vena hinchada, en la sien. —Pero, como ya le dije antes, Rosalie tendrá un hijo mío, y hacerme cargo de mi familia, es algo que deseo hacer, con todas mis fuerzas. Y solo lo podré cumplir, si me permite casarme con su hija.

—Señor McCarthy—habló la voz de su madre. Rosalie sintió que su corazón se encogía, no quería llegar a términos tensos con ella, pero tampoco pensaba perder la oportunidad que la vida le estaba dando. Era, en parte, lo que siempre había soñado. —Usted no tiene pruebas, que constaten el supuesto embarazo de Rosie, y en cuanto al matrimonio, le he dicho, hace apenas unos minutos atrás, que tengo un buen partido, como pretendiente para mi hija. Ella tendrá lo mejor, y no creo que un marine como usted pueda ofrecérselo.

La rubia quiso bufar. Él le daría más que ningún otro hombre en la tierra.

—Ella quiere casarse conmigo—aclaró Emmett, y sonó algo cansado. Como si hubiera repetido esa frase, más de un millón de veces en la noche—Y en cuanto al dinero, no tengo problema con eso. La herencia de mi madre es suficiente para mantenerla durante varios años, y no pienso dejar de trabajar, así que ella tendrá todo lo que pueda darle. Y cuando digo todo, señora mía, me refiero a todo.

—Bueno, el señor King es hijo de un banquero convaleciente. —Murmuró Doña Anabelle, y el sonido de sus tacones caros resonaron sobre el suelo de madera. — Su padre morirá dentro de unos meses, según los tres médicos que lo han revisado, y todo el imperio quedará a su cargo. ¿Qué me impulsaría a casar a mi hija con un simple militar, y no con el dueño del banco más importante de toda la región?

—Solamente le impulsaría—habló él, con la voz más molesta que Rosalie, alguna vez le haya escuchado—el deseo de su hija, por formar una pareja conmigo. Las ganas de ella, por tener a nuestro hijo, cobijado bajo nuestro regazo. El amor que nos tenemos ella y yo, que es más fuerte que cualquier restricción que usted imponga…

Se escuchó una fuerte carcajada amargada, amortiguada por el bufido de Emmett.

—¡Mire usted! —Exclamó la mujer, y la rubia pudo imaginarla levantando los brazos, en exageración nata de ella—¿Usted me hablara de amor? Usted ¿Quién la dejó sola, los tres meses más duros de su vida? Déjeme decirle algo, señor McCarthy—la mujer pronunció las últimas palabras con aire despectivo—Mi hija, merece lo mejor de este planeta. Y creo que hablo por mi familia, por mí, y sobre todo por ella, cuando…

Entonces, a Rosalie se le terminó la paciencia.

Las ganas de finiquitar aquella estupidez habían colmado, en su totalidad, la paciencia que ella tenía con personas pavorosas como su madre.

Abrió la puerta de un solo golpe, y se adentró en la habitación, cortando la premisa de su madre por la mitad.

—No tienes que hablar por mí, mamá—murmuró ella, sonriéndole a Emmett, después de verle con el cabello revuelto, y la bendita vena palpitante en la frente. —Creo que sé lo que quiero, y a quién quiero.

Caminó los pasos necesarios para llegar junto a su novio, y después de que él, por inercia, le pasara un brazo por la cintura, atrayéndola más, Rosalie prosiguió con su idea.

—Mamá, quiero casarme con Emmett. Él puede darme, más de lo que ningún otro hombre en la tierra puede. Y realmente siento, que si este bebé existe, querría estar con su padre. Y con toda su familia. —Respiró dos segundos, y sintió la sonrisa de Emmett, entre sus cabellos, mientras la besaba en el centro de su cabeza.

—Cariño—murmuró la mujer, con la piel cetrina, del miedo a perder el control de la conversación—eres muy chica aún, no sabes lo que quieres.

—Soy lo suficientemente grande, como para saber con quién quiero casarme. Toda esta ciudad me ha visto en mis peores días. Bueno, por una vez, solo una vez, me gustaría que comprendieran lo hermoso que se siente, tener eso que quieres. Vivir eso que anhelas, con todas las fuerzas de tu alma. ¿Comprendes mamá? Emmett, y este bebé—posó sus manos en el abultado vientre, bajo la tela de aquel caro vestido—son lo que quiero vivir, y tener. Y no importa cuántos candidatos, pongas ante mis ojos, no podría escoger entre ellos. Ni siquiera los miraría.

—Rosalie, solo estoy pensando en lo mejor para tu futuro—susurró la mujer, después de un largo suspiro. Doña Anabelle, se dejó caer en el sillón principal, detrás de la mesa caoba que hacía las veces de escritorio—ya una vez te equivocaste con él, ¿Qué te hace creer que esta vez será diferente?

—No existen pruebas para confiar en Emmett. —Habló Rosalie, acercándose a su madre, para acariciarle una mejilla con delicadeza—pero yo lo hago, porque lo amo. Y porque sé, que lo que pasó hace unos meses, no fue una equivocación. Solo era algo que tenía que pasarnos. Emmett no cometió errores, y yo tampoco, vivimos un noviazgo, y queremos vivir el paso siguiente. Casarnos. Tan simple como eso. No te detengas a pensar en lo que puede pasar, porque entonces, pasarías toda tu vida imaginándolo, y los minutos se escurrirían entre tus manos. Solo déjalo ir, mamá. Déjame vivir esto, con las personas a quienes quiero.

—Solo…no quiero que te equivoques, mi vida—susurró Doña Anabelle, mirándola con ojos cristalizados por las lágrimas—no quiero que pierdas nada, solo que ganes. Siempre…

—No me estoy equivocando, mamá—sonrió la rubia, limpiando las lágrimas de su madre, con cariño. —Esto es algo que quiero hacer.

Ambas se abrazaron, luego de esas palabras. Rosalie extrañaba el calor de su madre, ya que por causa de los problemas, como la falta de dinero, su madre se había vuelto una mujer fría, y nerviosa. Buscando siempre, la forma para que sus hijas salieran adelante.

Después de varios segundos, en los que Emmett observó enternecido, como sus problemas se resolvían por si solos, y gracias a la intervención del amor hecho carne, en su bella Rosalie, amabas mujeres se separaron, y después de sonreírse por una última vez, Doña Anabelle le dirigió la palabra, al que sería su yerno dentro de unas semanas.

—Bueno, Emmett, si puedo llamarte así—él asintió, con una gran sonrisa en los labios—creo que tenemos un filete caliente y dorado, que espera ser cenado. Se suponía que era…para los King. —La mujer negó con la cabeza, y miró a Emmett con la disculpa labrada en los ojos—Pero tú eres mi yerno, el oficial. Y tienes derecho a la mejor comida de la semana.

A Emmett le recorrió una punzada de culpabilidad, toda la espina dorsal.

—De hecho, Doña Anabelle—él le miró con los ojos más satisfechos del mundo—me encantaría probar su almuerzo, solamente si me permite invitar el postre, y la cena de celebración de esta noche.

—¿Cena de celebración? —le preguntó Rosalie, mirándole con los ojos entrecerrados.

—Bueno—él fingió desperezarse, y la madre de la novia se rió, nerviosa y algo cohibida por los gestos de comodidad de él—Serás mi esposa, dentro de unas semanas. Y quiero celebrarlo por lo grande. Claro—se apresuró a mencionar, ante la tristeza grabada en los ojos de su mujer—únicamente con la familia.

Ambas mujeres se sonrieron felices.

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—¿Entonces puedo invitar a Alice? —le preguntó ella, después de haber almorzado con su madre y hermanas. Ahora, ambos reposaban sobre el sofá principal del salón, con la vieja y anticuada televisión, resonando por todo el lugar. Seguramente con una telenovela romántica en la pantalla.

Tienes que invitarla—se rió él, después de besarle el cabello por milésima vez en la noche—se pondrá furiosa, si no lo haces.

Rosalie suspiró.

—Gracias por esto, Emmett—Rosalie sentía una gran paz en el interior de su alma. Como el mayor indicativo de que haría lo correcto.

Él se rió.

—Te amo, Rose. Soy capaz de mover las estrellas, si así tu lo quieres.


Hola!

Agradecimientos especiales a: Denisse-Pattinson-Cullen . AlejandraCullen21 . Tania XD . gabyhyatt . PattyQ .

Niñas, las quiero! Me encantaron todos sus comentarios. Y bueno, les traje el cap lo más prontito posible. Espero que les guste, y mucho XD. En el próximo, esta la boda! Quién quiere leerla?..Será algo muy emotivo, y habrá un salto en el tiempo. Si son lectoras fantasma...Aviéntense y dejen un review! Les aseguró que se sentirán fantástico, contándome lo que les gusta o no del fic, y lo que quieren que mejore. Vamos, chicas, que si subimos un poquito el número de reviews, tendrán el cap más pronto de lo que imaginan.

*Tengo formspring! Pregunten lo que quieran. El link está en mi perfil. Y las imágenes promocionales de la historia también.

besos

valhe