Disclaimer: Fullmetal Alchemist no me pertenece, es de la autora Hiromu Arakawa.
Detrás del alcohol
Chapter 8
Los ojos de Ed se abrieron como platos al darse cuenta en donde se habían detenido. El cartel brillante del teatro aparte de llamarle la atención, lo dejó atónito cuando descubrió cual era la obra que se estaba presentando. Se le dilataron las pupilas y empezó a sudar cuando Roy lo condujo del brazo como si nada encaminándose, y tirando de él en el proceso, hacia la entrada.
"Q- Que estás haciendo?" Roy solo le dedicó una sonrisa mientras sacaba del bolsillo un par de boletos. Se dirigió al encargado que los cortó y amablemente les indicó por donde tenían que ir para encontrar su ubicación. A todo esto, Edward miraba para todos lados con la curiosidad escrita en su rostro. No podía creer que estaban en el teatro. Que iban a ver la increíble obra del Fantasma de la Ópera! Y que su ubicación era ideal, lo suficientemente cerca para poder ver todo en detalle. Supuso que era un gran gasto, totalmente caro, para su bolsillo. Menos para su acompañante. Miró al moreno a su lado sin borrar su expresión de sorpresa.
"Eres un mafioso" El aludido solo arqueó una ceja.
"Por que te llevo al teatro? No estás exagerando un poco?"
"Pero..."
"Edward, no soy millonario, pero he trabajado desde que era muy joven, y me he ubicado en una buena posición económica. No te preocupes por nada, si lo hice, es porque quería hacerlo" Sonrió para tranquilizarlo, notando como el rubio comenzaba a relajarse.
"Es solo…que esto es fantástico!" Ahora su semblante solo emanaba absoluta emoción y alegría. Sus ojos se volvieron soñadores. "No puedo creer esto. Me cuesta creer que me encuentre en un lugar como éste" Y siguió observando a su alrededor con detenimiento y admiración. Roy ante este acto solo sonrió y se dijo para sus adentros que lo llevaría a todos lados a partir de ahora. Ver ese brillo de felicidad que emitía el rubio se había convertido en una de sus prioridades.
Pronto comenzó la obra, y el moreno rió para sus adentros cuando notó la radiante sonrisa del rubio. Definitivamente todo valía la pena. Él ya había visto la obra hace un tiempo atrás, por lo que optó por no prestarle mucha atención y comenzar a observar disimuladamente las reacciones del rubio a su lado, como su gesto de concentración, sus expresiones de sorpresa, incredulidad y asombro. También para aprovechar a pensar que podrían hacer más tarde en la noche. Se preguntó si sería muy pronto para depositar su mano cerca, y a mitad de la obra hacer el intento de tomarla. No estaba seguro de cuál sería la reacción de Edward. Y no creía que fuera a notarlo. Estaba demasiado concentrado mirando al frente, que podría explotar una bomba cerca y ni darse por enterado. De todos modos pensaba arriesgarse igual. Colocó su mano cerca de la del rubio en el apoya brazos. Ahora esperaría.
Edward a pesar de tener una increíble capacidad de concentración, podía estar muy atento a lo que pasara en su entorno. En cualquier momento. Salvo cuando leía un libro que le gustara demasiado. Y se percató a la perfección de las miradas discretas que le mandaba el pelinegro. Decidido las ignoró para evitar sonrojarse, sudar y pasar un momento vergonzoso. Quería comportarse de la mejor manera posible. No ayudó en nada cuando sintió la aparición de una mano cerca de la suya. Ese gesto empezó a acelerarle el pulso. A pesar de que estaba maravillado con la obra y la seguía al pie del cañón, no se perdía detalle de las acciones de su acompañante. Trató sin mucho éxito evitar ponerse nervioso y llamar la atención. Pero tampoco pudo alejar de su mente las preguntas que se le empezaban a formar en ese momento. Comenzando con un que debería hacer, como reaccionar ante sus expresiones, que pasaría si Roy le tomaba la mano y un sin fin de preguntas más. Terminó dejándose llevar. Se sorprendió de su valentía, pero se puso de acuerdo consigo mismo en que se dejaría llevar por lo que haga su compañero. Sin llegar a un extremo alocado, claro está. Al fin y al cabo, él no tenía este tipo de experiencias, aunque en un principio sólo era confusión, ahora sabía a donde se dirigía todo lo que pasaba con su cuerpo, todo lo que sentía y sobre todo el porqué. Descubrirlo fue más fácil de lo que había imaginado. Había escuchado lo de las mariposas en el estómago, y se alegró para sus adentros que así fuera. Ahora esperaría.
Pasada la primera parte del espectáculo, en el receso de diez minutos Roy se ofreció amablemente ir por un aperitivo. El rubio contento y aún con la emoción de estar en ese lugar aceptó y le pidió solo una bebida. Cuando el pelinegro se fue, suspiró haciendo el intento de relajarse. Por más que había tomado la decisión de seguirle la corriente, eso no le quitaba el temblor de los nervios que tenía en las manos.
Mientras compraba un par de bebidas, Roy sonrió de oreja a oreja, sin importarle en absoluto si lo miraban de arriba abajo como si se tratase de un loco. Una sonrisa enorme que se estuvo aguantando en toda la primera parte del show. Hacía mucho que no se sentía tan feliz. Regresó y encontró a Edward leyendo el programa que tenía el resumen de la obra con sus actores correspondientes. Le ofreció su bebida y la aceptó rehuyendo de su mirada. Sintió un cosquilleo a lo largo de su columna. Edward sabía. O por lo menos se había dado cuenta en parte de que había algo entre ellos. No supo descifrar si se enteró por completo de lo que era la atracción, pero lo observó y se calmó cuando vio que el rubio no parecía para nada incómodo con la situación. Volvió a sonreír pero esta vez con discreción. Últimamente estaba sonriendo demasiado. Menos mal que no era perjudicial para la salud. Aunque tendría que cuidarse de que la gente no lo notara y lo considerara un bicho raro. Tenía la suerte de que en Amestris era común ver parejas formadas por el mismo sexo y más común todavía era en una ciudad tan abarrotada como aquella. Los beneficios de vivir en ciudad Central. Por fin dio comienzo a la segunda parte del espectáculo, y esta vez se propuso si o si tomarle la mano a Edward.
Y lo hizo. Pasados unos cuantos minutos. Y se arrepintió un poco de no haberlo hecho antes. El rubio la había aceptado sin problema alguno dirigiéndole una breve mirada tímida pero sonriente de sus hermosos ojos dorados.
Tenía la seguridad de que era sencillo. Se había convencido totalmente. No era cosa del otro mundo. No podía ser tan difícil estar con alguien. Pero fracasó estrepitosamente cuando Roy tomó su mano. Se había vuelto a convertir en un nervio andante reprochándose mentalmente por ello. Sin embargo un escalofrío que no resultó del todo desagradable le recorrió la longitud de su columna vertebral. No quería detenerse a mirar mucho al moreno, asíque le echó brevemente una mirada y le mostró una pequeña sonrisa. Con eso sería suficiente.
La obra concluyó sin más sobresaltos, y el rubio comprobó que había sido bastante satisfactorio estar de la mano con alguien. Salieron del teatro y Roy le tendió el brazo tal y como lo había hecho antes. Esta vez lo aceptó sin miedo alguno. Se dirigieron rumbo a cenar, en un restaurante en el que Roy había hecho la reserva con anticipación. Definitivamente había planeado todo con suma delicadeza. Hablaron nimiedades y ocasionalmente se miraban de reojo, pero la conversación no tomó profundidad de ninguna clase. En la cena se soltaron un poco mas, rozando algún que otro tema con respecto a los seres queridos de cada uno, y para desgracia de Edward y gracia de Roy, los padres del primero habían vuelto hace unos pocos días atrás de su viaje y con ellos habían traído nuevamente el aura de locura que hacia fastidiar tanto al rubio. Pero le quitó importancia a la brevedad prefiriendo hablar de algo mas entretenido. Por su lado el moreno le contó un poco de cuando era mas chico y cuando de adolescente se había reclutado en la milicia llegando a ocupar altos rangos, pero desertando cuando un amigo cercano, tan querido como un hermano, había muerto en un tiroteo hace un par de años atrás. Y como Roy era muy culto y le encantaba la lectura desde que era pequeño, estudió para convertirse en profesor y tener una vida mas relajada. De ahí su buena posición económica, cosa que recordó el rubio al instante mientras le contaba dicha historia.
"Es suficiente" Roy detuvo la mano de Ed que se dirigía a la botella de vino que reposaba en la mesa para servirse otra copa.
"Pero si no he tomado casi nada. No es justo!" Un puchero apareció en su cara, transformándolo en una mirada de perrito para convencer al moreno.
"La botella está casi vacía. El último trago lo termino yo. No tengo la más mínima intención de arrastrarte por el piso hasta tu casa" Evitó por todos los medios reírse de los gestos del rubio, pero no lo logró por completo y apareció una leve mueca de gracia en su rostro.
"Pero la otra vez no me arrastraste" Ahora le hacía ojitos.
"Pero esta vez lo haré. Acaso quieres romperme la espalda?" Dio la conversación por zanjada a pesar de las réplicas del rubio, y aún con la risa atorada en su garganta por los nuevos pucheros que hacía el joven, estiró el brazo y con un movimiento de su mano llamó la atención del mesero para pedirle la cuenta.
Una vez fuera del restaurante caminaron sin rumbo fijo, manteniendo la misma charla entretenida que había comenzado mientras cenaban. Terminaron sentados en el banco de una plaza en la fresca pero despejada noche, y ninguno había notado en qué momento se habían juntado tanto. Cuando al rubio le volvió un poco de lucidez de la realidad, comprobó sin desagrado que Roy estaba con un brazo alrededor de sus hombros, y él se había pegado instintivamente en busca de más calor corporal. Sus mejillas se sonrosaron levemente, pero apartó esos pensamientos de su cabeza para enfocarse en lo que su compañero le estaba relatando en ese momento.
Transcurridos quién sabe cuanto tiempo más, se pusieron nuevamente en marcha, esta vez en dirección a la casa de Edward. A pesar de que al joven le importaba poco y nada lo que dijeran sus padres, sin ninguna pizca de responsabilidad encima, Roy tenía en su ser un carácter totalmente opuesto, y diciendo que era innecesario provocar a sus progenitores, sin contar de que la hora se les había pasado volando por lo que ya era sumamente tarde, se encaminaron a la casa del rubio. Pero las protestas quedaron atrás de nueva cuenta en el momento que empezaron a hacerse bromas cariñosas el uno al otro. Esta vez no iban del brazo, y tentativamente el moreno rozaba su mano con la del rubio, y al ver cero reacción negativa, solo un pequeño color rosa pálido en sus mejillas, lo tomó de la mano tal y como lo había hecho en el teatro. Las mejillas de por si ya sonrosadas del rubio se encendieron un poco más, pero ignorándolo por completo, siguió el rumbo de la conversación que estaban teniendo momentos antes de la acción. Llegaron a la puerta de la casa de Edward, y renuentes a soltarse las manos, se miraron para despedirse.
"Fue una buena noche, me divertí mucho, te lo agradezco" Aún sin soltarse, el rubio lo miraba con sus pupilas dilatadas y el sonrojo mas fuerte que había tenido hasta ahora.
"No tienes nada de que agradecerme. Sabes que me gustaría volver a repetir algo como esto" Roy clavó sus ojos oscuros como la noche en el joven que tenía delante observándolo todo con sumo interés.
Edward sonrió y asintió con ganas ante su comentario.
"Ya es tarde, será mejor que entre" De mala gana se soltó del moreno que no se movió de su lugar, y sacó las llaves del bolsillo del pantalón para abrir la puerta.
"Si, nos estamos viendo. Después podemos arreglar una nueva salida hacia algún lugar que no conozcas. Yo por mi parte estaría encantado" Se acercó un poco más clavando su miarada en Edward y sonrió cuando éste se puso más rojo todavía. Colocó dos dedos en su mentón y le dio un pequeño beso en su mejilla, cerca de la comisura de sus labios.
"Que tengas buenas noches Ed"
"Igualmente"
Segundos después el rubio se dio la vuelta entrando a su casa y el moreno se encaminó a la suya, sonriendo por enésima vez.
Una actualización un poco más rapida. En el próximo las repercusiones de la cita en cada uno xD
Mil gracias por sus reviews!^^
Saludos!!
