Disclaimer: Fullmetal Alchemist no me pertenece, es de la autora Hiromu Arakawa.
Detrás del alcohol
Chapter 13
"Ay! Pero qué mier…Roy!" El rubio pegó tal salto que hizo reír a carcajadas al moreno.
"No es para tanto, exageras!" Su voz sonaba divertida, y no podía sacarse la sonrisa socarrona del rostro. En un principio no pretendía asustar al rubio, pero al verlo tan concentrado, no pudo evitarlo.
"Parece que el encanto de la primera cita se te ha olvidado" Y por su lado, Edward no iba a dejarlo pasar, iba a sacar algún provecho.
"Si, lo dejé en casa. Pienso que ahora que aceptaste salir por segunda vez conmigo, es momento de dejar la excesiva formalidad atrás, ser como se es y listo."
"Ya veo, ahora me tengo que preocupar por que seas un viejo pervertido, borracho y zaparrastroso?"
"Bueno, de zaparrastroso no tengo nada, odio la suciedad y la ropa de mala calidad, así como los restaurantes baratos y de mala muerte. De borracho mas bien es aplicable a tu persona, a mí no me involucres en ese tema."
Sus ojos se volvieron más oscuros si es que era posible, antes de añadir respuesta a las otras dos clasificaciones.
"Tener treinta no es estar con un pie en la tumba Edward…pero es muy útil sabes? A esta edad gozas de cierta experiencia en varios campos…y lo de pervertido ya te enterarás."
Se acercó con pasos decididos al rubio que en esos momentos se estaba sonrojando furiosamente, lo tomó por la cintura atrayéndolo hacia sí, y le depositó un beso lo suficientemente seductor como para hacerlo temblar.
Edward no sabía que hacer. Nunca nadie en su vida le había hecho sentir así de bien. Correspondió con ganas al beso, hasta quedarse sin aliento.
Era la enésima vez que lo besaba.
La cena que habían tenido fue de lo más sencilla y relajada. Ya no había silencios incómodos. Ahora sólo disfrutaban de ellos.
Esta vez fueron al cine. Roy no pudo evitar abrazarlo de manera un poco posesiva durante la película. Por suerte el rubio parecía satisfecho con ese gesto, y apoyó su cabeza en el hombro del moreno buscando una posición más confortable.
Salieron tomados de la mano cuando finalizó la función. Edward se sorprendió al notar que la gente a su alrededor que los observaban, no daban indicios de repulsión o desprecio. Los miraban como si fuesen una pareja perfecta. Quizá Roy no aparentaba la edad que tenía, pero se notaba a leguas la diferencia de edad. Y más aún: de estatura.
Por su lado, el moreno sólo podía inflar el pecho con orgullo y sonreír ampliamente. A él también le había sorprendido en un principio, pero ahora le resultaba agradable la aprobación de la gente.
Le daba ánimos para enfrentarse en un futuro a los padres de Edward para pedir su mano.
Porque lo había decidido. Apenas se dio cuenta de que estaba enamorado, se había jurado que conquistaría al rubio, lo protegería, y cuando éste estuviera listo, le pediría que se quedara con él para siempre.
Tal y como la vez anterior, terminaron en un parque no muy lejano de la casa de ambos. La noche aún era joven, pero no tenían ningún lugar en especial para dirigirse, por lo que optaron por sentarse en un parque a disfrutar de la calidez del ambiente.
Los besos no se hicieron esperar.
Y las ganas de llegar a algo más lo invadían con cada caricia, con cada beso. Pero no iba a dejar que su lujuria lo dominara. En qué estaba pensando? Edward no era una mujer con la que podía acostarse cuando quisiera.
Es más, Edward era mucho más importante que cualquier persona que haya conocido. Realmente no quería arruinarlo. Era su segunda cita junto al rubio.
Aún así, si tenía que esperar dos, tres, cien años para que el rubio confiara lo suficiente en él, lo haría.
No recordaba con mucha exactitud cuándo fue que se había enamorado así de él. Sólo podía asegurar que con cada minuto que pasaba junto al rubio, se sentía mas completo, feliz, sin ganas de separarse de él jamás.
Edward estaba excitado. Jamás pensó que unas simples caricias lo pusieran así de eufórico. Roy cada vez le daba besos más apasionados y demandantes.
Pensaba que de un momento a otro perdería la cordura por tantas emociones juntas. Sin embargo, disfrutó cada momento al máximo, alejándose de todo tipo de pensamientos y relegándolos para después.
Pero aunque su mente estuviese en blanco, no significaba que no era capaz de distinguir lo que ocurría en su entorno. Sintió como una mano tibia pasaba por debajo de su camisa, acariciándole la espalda con ternura. Lo dejó pasar, hasta que cayó en la cuenta de que ya no era sólo una mano, sino las dos. Y los movimientos casi imperceptibles, cargados de ternura, se estaban volviendo más frenéticos.
Su leve erección dio un tirón, reclamándole. Su cuerpo ansiaba más, y protestaría si se alejaba de la fuente de placer. Pero no estaba listo, demonios! Su cuerpo le exigía cosas que su mente todavía no podía aceptar. Le gustaba Roy, lo quería, y en su interior había admitido que se estaba enamorando de él, si es que ya no lo había hecho.
A pesar de todas las protestas que sufriría su cuerpo, y el estado de gozo en el que se hallaba, su mente seguía siendo la parte más lúcida de su cuerpo, no dejándose obnubilar por la calentura del momento.
A duras penas pudo separarse de Roy, su sonrojo seguramente iluminaría todo el parque, y como había predicho, su cuerpo tembló en protesta, negándose a alejarse de aquello que lo hacía sentir tan bien.
Vio como Roy se encontraba en una situación similar. Tenía las pupilas dilatadas por el deseo, los labios húmedos e hinchados, y un leve color rosa en sus mejillas, que si no fuera por la cercanía, no lo habría notado.
Aunque claro, de los dos Edward era el más evidente. Pasó su mano por su cabello, notándolo todo enmarañado. Se giró un poco para peinarse con los dedos y rehacer su cola de caballo.
No sería nada bueno que sus padres lo vieran en ese estado. Nunca le creerían cualquier excusa que hubiese usado. Dar explicaciones en estos momentos era algo que no se le apetecía.
De sólo pensar en eso, un escalofrío le recorrió la longitud de su columna vertebral.
"Lo siento." Pegó un respingo cuando el silencio que los envolvía fue interrumpido por esas palabras. Volvió a colocarse en su anterior posición, para encarar a su pareja.
"Por qué?"
"No quería alarmarte con esto. Me he sobrepasado." Su tono demostraba la verdad en sus palabras, su mirada ya no estaba cargada de lujuria contenida, sino con un dejo de tristeza.
A Edward se le encogió el corazón.
"No tienes por qué lamentarlo. Sabes? Te habría golpeado si me hubieras hecho algo que no deseara, no te preocupes. Lo digo en serio." Y era totalmente cierto. Le había gustado, por qué no admitirlo?
Roy solo sonrió en respuesta, y lo jaló para abrazarlo cariñosamente.
"Es hora de que te acompañe a casa, es tarde." Y efectivamente, ya casi eran la una de la madrugada. La velada le había pasado demasiado rápida.
En unos minutos ya se encontraban en la puerta de la casa del rubio. Ninguno tenía muchas ganas de separarse, pero no era momento para comportarse como colegialas. El lunes ya se volverían a ver en la universidad.
"Buenas noches Ed." Roy asió de la cintura al rubio para acercarlo y depositarle un tierno beso a modo de despedida en los labios. Edward sonrió cuando se separaron, y sacó del bolsillo de la chaqueta la pequeña llave plateada que abría la puerta.
"Buenas noches Roy, nos vemos." Se volvió para ingresar a su hogar, con una diminuta sonrisa asomándose por la comisura de sus labios.
A pasos sigilosos, subió las escaleras para adentrarse en su habitación. Cerró la puerta y comenzó a desvestirse. Un ruido sordo lo hizo sobresaltar y dirigir su mirada al centro del cuarto, justo donde se hallaba la cama.
"Alphonse! Que estás haciendo a estas horas de la noche? Y en mi cuarto? No deberías estar durmiendo?"
El rubio de ojos color almendra hizo caso omiso a sus preguntas, encogiéndose de hombros.
"Te estaba esperando hermano. Hasta llegué a pensar que no volverías esta noche."
"Cómo que no voy a volver? Al, ya te dije que ésta fue mi segunda cita."
"Lo sé, pero la gente hace locuras por amor. Ahora que ya regresaste, anda, no seas malo y cuéntame que tal estuvo."
Edward suspiró. Buscó el pijama y se lo puso rápidamente.
"Si te cuento, me dirás que es lo que estás haciendo a estas horas despierto, Al." No era una pregunta, sólo estaba afirmando lo evidente.
"Eso es obvio hermano. Sentía mucha curiosidad, no podía dormir, así que decidí esperarte para que me contaras."
"Está bien. Pero me vas a decir lo que no me dijiste hoy a la tarde." Al rodó los ojos. No iba a poder escaparse de ésta. Su hermano tenía muy buena memoria.
"De acuerdo, pero tú primero."
Ambos se recostaron en la cama del mayor para conversar sobre lo acontecido poco tiempo atrás. Edward tenía el presentimiento que esta noche tampoco iba a poder dormir demasiado.
Buenas!! He aquí el cap 13. Me demoré un poco en subirlo, perdón por eso. Pero la facultad se está poniendo un poco pesada, y el tiempo se me está acortando. Aún así siempre que consiga un momento libre voy a aprovecharlo para poder escribir. Muchas gracias por sus reviews^^
Saludos!!
