Disclaimer: Fullmetal Alchemist no me pertenece, es de la autora Hiromu Arakawa.
Detrás del alcohol
Chapter 16
La brisa que despeinaba su cabello era tan deliciosa como la sensación de paz que recorría todo su ser. Llevaba mucho tiempo sin sentirse así. Abrió sus ojos dorados y dirigió su mirada hacia la hermosa colina que se hallaba a unos cuantos metros frente a él. Subió sin esfuerzo alguno, y buscó un árbol para recostarse a descansar. No recordaba cómo había terminado en aquel lugar ni por qué, pero no le importaba. Se acercó a un árbol de gran tamaño en donde reposaba una mujer que en esos momentos se encontraba mirándolo con dulzura y una sonrisa en sus labios.
"Mamá."
Su madre le sonrió más ampliamente y le invitó a acercarse hasta ella con un leve gesto de su mano. Edward obedeció y se sentó a su lado, sin dejar de observarla con curiosidad. No podía recordar cuándo fue la última vez que había visto a su madre de esa manera. Suponía que había sido cuando era pequeño.
"Mamá" repitió "¿Qué haces en este lugar?"
"Mi pequeño niño, ¿Aún sigues sin saber por qué estás aquí?"
"No lo sé. No tengo idea de qué es este lugar. Pero es hermoso y me gustaría quedarme aquí para siempre."
Su madre negó ligeramente con la cabeza.
"¿Estás seguro? Tú estás para un propósito mayor en esta vida. ¿Realmente lo único que deseas es quedarte aquí, en la nada?"
"Pero…no estoy en la nada. ¡Mira a nuestro alrededor!"
"Hazlo tú."
Sin comprender, Edward giró su cabeza para contemplar el paisaje. Un gesto de horror se apoderó de su rostro al descubrir un valle solitario y tenebroso, digno de una pesadilla perturbante.
"Ése… ¡No es el lugar en el que estaba recién! ¿Qué has hecho?"
"Yo no lo hice, fuiste tú. Con tus inseguridades, celos y el temor que carcome tu alma, has creado un vacío tan profundo en tu interior, que te condenará si no logras enfrentarlo."
"¿Un vacío? ¿Enfrentarlo? ¿Enfrentar qué exactamente?"
"Esto."
Trisha Elric estiró su brazo para acariciar con la yema de sus dedos la frente del rubio. Ante el contacto, Edward cerró sus ojos, y luego despertó.
El despertador sonó tan insistentemente que Edward estuvo tentado de arrojarlo por la ventana. Se incorporó de la cama y se estiró, con gesto pensativo.
Había soñado con su madre. Un sueño sumamente extraño.
Se levantó directamente hacia el baño, para darse una ducha y asistir a clases, mientras se preguntaba si su madre todavía estaría en casa para contarle lo que había soñado.
Cuando bajó a desayunar, se extrañó que no hubiera nadie en la casa, ni siquiera su hermano, que siempre se quedaba a esperarlo. Miró el reloj y comprobó que era lo suficientemente temprano para ir a la universidad. Aún extrañado por la ausencia de su familia, desayunó rápidamente, buscó su mochila, y salió de la casa.
En el camino tampoco vio gente, por lo que se empezó a asustar. Ocasionalmente pasaba cerca algún que otro auto, pero no distinguió ningún peatón en su cercanía. Con pasos rápidos, se dirigió cautelosamente hacia la universidad, y subió sus largas escaleras para ingresar en la institución y así encontrar lo más pronto posible su salón de clases.
El terror le heló la sangre al descubrir que el lugar estaba totalmente vacío, sin señal de algún estudiante o profesor. Con angustia recorrió los silenciosos pasillos en busca de un ser viviente. Pero nada encontró.
Revisó cada aula, pasillo y biblioteca sin hallar absolutamente nada. Buscó en su celular el calendario para comprobar que era día de semana ya que por experiencia se había equivocado en el pasado un par de veces en su época de borrachera diaria.
Antes de salir resignado y asustado de la universidad, decidió recorrer los lugares que le faltaban, por más pequeños que fueran.
Mientras su extensa búsqueda llegaba casi al final, escuchó a lo lejos un eco que parecían murmullos. Siguiéndolos, fue a parar a la cafetería, uno de los últimos sitios que le faltaba por mirar. Allí encontró en una mesa sentado a Roy Mustang, y a su lado sentada lo acompañaba Riza Hawkeye, otra de las profesoras del lugar. Ambos conversaban animadamente, tomados de la mano.
Edward se encontraba demasiado estupefacto como para enojarse demasiado por ello, pero aun así no pudo evitar que por su columna vertebral le recorriera un escalofrío y por sus venas se propagara una ola de celos.
Intentó acercarse a ellos pero no pudo. Sus piernas no le respondían. Gritó el nombre de Roy y ninguno se volteó a mirarlo, ensimismados en su animada plática de una manera aislada, como si Edward no existiera.
El rubio con horror tomó su celular y llamó al moreno en un vano intento por conseguir su atención. Una música sonó en la cafetería y, para su alivio, Roy contestó la llamada.
"¿Diga?"
"Roy, soy yo, tienes que ayudarme."
"Disculpa, pero no reconozco tu voz, ¿quién eres?"
"Soy yo, ¡Edward! ¿No me reconoces?"
"No, disculpa, no sé quién eres, y no te tengo en mi agenda. ¿Cómo dices que te llamas?
"¡Edward!"
"Creo que te has equivocado, yo no conozco a nadie con ese nombre."
¡¿Pero qué demonios? ¿Cómo es posible que no le conozca? Una pequeña lágrima rodó por su mejilla, perdiéndose en el suelo. El rubio apagó su celular y se quedó observando con suma tristeza la escena delante de sus ojos.
"¿Quién era?"
"No lo sé Riz, un niño que decía llamarse Edward."
"Lo conociste en algún lado?"
"No. No conozco a ningún Edward."
Acto seguido, la pareja se levantó de sus asientos encaminándose a la salida, siendo seguidos muy de cerca por un rubio que a pesar de su dolor, caminaba cerca de ellos más por inercia que por otra cosa.
Cuando llegaron al estacionamiento de la universidad, Roy volteó su rostro para encarar a su compañera.
"¿Te llevo?"
"No, gracias, aún tengo cosas que hacer. Te veré esta noche." Se acercó al moreno y antes de besarlo, miró con burla hacia donde se hallaba Edward, como si supiera desde un principio que el joven se encontraba ahí.
Ahora las lágrimas caían sin piedad alguna, mientras que con el espanto reflejado en su rostro, contemplaba como Roy correspondía aquel beso y lo profundizaba.
De repente todo se volvió oscuro.
Muy oscuro.
Y Edward cayó al suelo notando como esa oscuridad se apoderaba de él, y lo arrastraba a lo más profundo de las tinieblas.
Llevo mucho tiempo atrasada con esta historia. No tengo excusa. Sólo la promesa de tratar de actualizar mas seguido.
Desde ya agradezco a todos aquellos que aún se encontraban esperando más capítulos, y a todos los que siempre me dejan reviews.
Saludos!
