Sumary completo

Edward y Bella son una feliz pareja. En su sexto aniversario, Edward decide sorprender a Bella con una vista inesperada. Dos meses despes reciben una noticia que hará su relación mas solida de lo que ya era. Pero el destino les juega una mala pasada y desmorona todo en sus perfectas y felices vidas.

Disclameir: los personajes no me pertenecen. Son obra de la maravillosa mente de Stepenie Meyer.

QUEDA TOTALMENTE PROHIBIDO LA COPIA O PUBLICACION EN OTRA SITIO DE MIS HISTORIAS, SIN MI CONCENTIMIENTO O AUTORIZACION.

N/A: Hola mis queridas lectoras, les cuento que esta historia esta en proceso de edición. La trama de la historia no cambia en lo absoluto, solo es para arreglar un par de datos y errores

Capitulo cuatro

Inesperado pero encantados

Bella POV

Estaba muy feliz. Hacía ya dos meses que estaba comprometida con Edward. Por mas de que aun no habíamos fijado la fecha para nuestra boda, los dos estábamos ansiosos por casarnos. Estaba yendo rumbo al Hospital general de Seattle. Desde hacia un par de semanas no me venia sintiendo nada bien, tenía nauseas y vómitos prácticamente a diario. En un principio supuse que era solo una indigestión, pero al pasar los días, los malestares seguían, había perdido un poco el apetito, sin mencionar que hace un par de días, me desmayé.

Había hablado con Edward ese mismo día y le había contado lo sucedido. Me dijo que tomaría el primer vuelo de Chicago a Seattle, pero yo lo refrene y le pedí que no se preocupara. Igual vendría el próximo jueves, ya que el viernes era mi graduación. Por fin tendría mi tan deseado título Me había esforzado mucho para esto. Era algo que realmente me apasionaba. En fin, Edward aceptó solo con la condición de que fuera al médico cuanto antes. Así que acá estoy en la puerta del hospital.

El médico clínico de turno me atendió y me hizo preguntas de rigor. Luego me dio una orden para que me realizaran unos análisis. Una vez hechos, me pidieron que regresara al siguiente día para que el doctor los revisara. Sin más, me retire a mi departamento. En cuanto llegue a casa me prepare un enorme sándwich; me puse cómoda en mi sofá y llame a Edward. Al segundo tono contesto.

- Hola Bellis ¿cómo te sientes?- fue lo primero que pregunto.

- Como me he estado sintiendo las últimas dos semanas. Fatal.

- ¿Fuiste al médico?

- Si. Hoy mismo fui. Me ordeno hacer unos análisis y mañana debo regresar para retirarlos y para que el doctor los vea y me diga de una buena vez que es lo que sucede.

- ¿En verdad que no quieres que vaya?- pregunto y me imaginé sus labios haciendo un tierno puchero.

- En realidad si, pero no es por mi salud, si no porque te extraño. Pero solo faltan tres días más para que estés aquí.

- Yo también te extraño. Y detesto que estemos lejos cuando me necesitas. Muy pronto vamos a estar juntos y nada ni nadie nos va a separar jamás.

- Si amor. Ya falta menos. Y dime ¿cómo van tus exámenes?

- Hasta ahora todo bien. Mañana rindo el último examen, porque el profesor quiere tomarse sus vacaciones antes, entonces adelantaron dos días el examen. Así que probablemente pueda estar antes allí.

- Eso sería estupendo. Extraño tanto estar a tu lado. Solo deseo que tu último semestre no sea tan largo- dije con desgana ante la idea de saber que tendríamos que pasar seis meses mas separados.

- Pues yo tengo una idea para que no estemos más separados- propuso mi novio entusiasta.

- ¿Cuál seria?

- Que te vengas a vivir con migo.

- Me encantaría- dije con mi voz cargada de ilusión.

- Entonces aprovecharemos las vacaciones de Navidad par que te mudes.

- Me parece perfecto.

- Bueno cielo, te tengo que dejar. Tengo una consulta con un profesor.

- Esta bien Edward. Ve tranquilo. Mucha suerte mañana en tu examen- le desee.

- Gracias, la voy a necesitar. Cuídate y llámame si sucede cualquier cosa.

- Si amor. No te preocupes. Te amo.

- Yo también te amo. A dios- y colgó.

La idea de mudarme a Chicago me agradaba. Pero no porque fuera una gran ciudad, si no por el hecho de vivir con mi futuro esposo. Disfrutaba mucho los días que pasábamos juntos y no había nada que me hiciera mas feliz que despertar todos los días con él a mi lado.

El martes llegó en un abrir y cerrar de ojos, y como en las ultimas dos semanas, vacié mi estomago en el retrete. Me sentía fatal, tenia hambre y ganas de comer de todo, pero a la vez todo me daba asco. Así que llevaba días sin desayunar. Me di una ducha, cepille mis dientes y me alisté para volver al hospital y saber de una vez por todas el motivo de mi mal estar.

En cuanto llegue, el doctor estaba entrando a su consultorio. Cinco minutos después me hizo pasar. Me senté en una de las sillas que se encontraban frente a su escritorio.

- Hola Isabella ¿cómo amaneciste hoy?- me preguntó cordialmente.

- Buen día doctor Stone. Hoy me levante igual que los últimos días- la ansiedad me estaba matando- ¿Ya vio mis estudios?¿qué es lo que tengo?

- Bueno Isabella- dijo mientras revisaba los resultados- Acá esta muy claro lo que sucede. Tuve mis sospechas, pero no me arriesgué a decirte nada. Hoy en día hay tantos virus que podría haberse tratado de una intoxicación- hizo una pausa y me miró con una enorme sonrisa en su rostro- Felicidades. Estas embarazada.

- ¿Está usted seguro?- tardé un par de minutos en reaccionar, él solo asintió- No lo puedo creer- estaba sorprendida. Esperaba muchas cosas, menos un embarazo.

- Ahora te haré una derivación a un medico ginecólogo para que se haga cargo del resto del embarazo. ¿Tiene algún ginecólogo de confianza?- estaba aturdida por lo que tarde en responder.

- Si. La doctora Angela Weber es mi ginecóloga.

- Bien saca un turno lo antes posible. Y mucha suerte- me deseó.

- Gracias- me levanté y estreche su mano- Hasta luego doctor Stone.

- Hasta luego Isabella.

No lo podía creer. Iba a ser madre, iba a tener un hijo con Edward. Estaba feliz, nerviosa, histérica, tenía miedo, me sentía rara. El ser madre es algo para lo que nadie esta preparada. Y yo iba a serlo. Fui a pedir turno con mi ginecóloga y me dieron cita para el próximo jueves. Justo el día en el que Edward llegaba.

Volvía al departamento envuelta en mi propia burbuja. Estaba pensando la manera de decírselo a Edward. Sabía que me amaba pero no sabía como reaccionaria. Esto no lo habíamos planeado. Esperaría hasta que llegara y le contaría. Ese mismo día me llamo luego de su examen. Me pregunto sobre los resultados de mis análisis, le dije que todo estaba bien, que solo era un malestar estomacal y que pronto se me pasaría. Por otro lado, me dijo que no aguantaría hasta el jueves, así que mañana estaría en Seattle. Genial, un día menos para pensar la manera de decírselo.

Había ido al aeropuerto a buscarlo. Estaba muy contenta de poder pasar un par de semanas juntos, a de más pronto me mudaría con él. Pero estaba también nerviosa y Edward lo notó.

- ¿No hay nada que deba saber?- me pregunto mientras conducía.

- N-no… ¿qué es lo que deberías saber?- me hice la desentendida, pero mi estupidez hizo acto de presencia y tartamudee en mi respuesta.

- No lo se. Con respecto a tu salud, supongo que no. Tú me dijiste que todo estaba bien. ¿Tal vez con algo que pasó en Forks hace unos meses atrás?- suspiré un tanto aliviada y agradecí que especulara que el motivo de mi nerviosismo era por eso y no por otra cosa, que era lo que en realidad me tenia así.

- Cuando lleguemos al departamento hablaremos- el solo asintió.

El resto del camino al departamento fue tranquilo y había logrado tranquilizarme un poco. Pero no podía aplazar esto mucho. Èl tenía que saber que seríamos padres. Llegamos a casa y Edward bajó sus maletas del coche. Subimos y prepare café tratando de no oler el oscuro liquido. Yo me preparé solo un té.

- ¿Ahora no tomas café?- me preguntó mi prometido. El sabía que me encantaba y siempre me ayudaba a quitarme el frío. Me encogí de hombros como respuesta.

- Ven- me dijo palmeando el lugar vacío en el sofá a su lado. Me senté y subí mis piernas y las atraje a mi pecho. Mi vista estaba fija en la taza que sostenían mis manos.

- Y bien, me piensas contar qué fue lo que sucedió- me dijo pacientemente. Tomé aire antes de comenzar a hablar. Le iba a contar todo desde el principio.

- La ultima vez que fuimos a Forks pasaron muchas cosas- me miró extrañado. Suspiré pesadamente y continué- Cuando fui a visitar a mis padres el día que llegamos… descubrí a Renée con otro hombre.

- ¿Cómo? No te entiendo Bella.

- Mi madre engaña a mi padre con otro hombre- dije pausadamente. Note a Edward tensarse a mi lado.

- Pero… ¿cómo?- estaba incrédulo- ¿cómo lo sabes?

- Los vi- hice una pausa recordando ese día- Llegué, golpeé a la puerta en vez de abrir con mi llave, y agradezco al cielo por eso. Porque si no, no hubiera querido ni imaginar con que imagen me podría haber encontrado. René me recibió bastante sorprendida y nerviosa. A los segundos oí pasos en las escaleras, y ahí estaba, nada más y nada menos que el entrenador Phil Dwyer, solo en ropa interior.

- Oh Bella!- exclamó mientras me quitaba la taza y tomaba mis manos entre las suyas- Lo siento mi vida.

- No tienes por que sentirlo- dije honestamente- Tú no tienes nada que ver.

- Lo sé, pero tendría que haberte acompañado.

- Eso no hubiera cambiado nada. Aparte el destino dispuso que fuera así.

- ¿Charlie lo sabe?

- No. Al menos yo no le dije nada. Y me siento como una traidora. Se lo tendría que haber dicho.

- No eres ninguna traidora. Tampoco eres tu quien se lo tiene que decir. Eso solo le corresponde a Renée.

- Lo sé. Pero es mi padre, Edward- estaba comenzando a llorar.

- Amor, tranquila. Deja que los problemas que tengan tus padres los solucionen ellos- yo solo asentí. Ahora había llegado el momento de decirle lo más difícil.

- Pero eso no fue lo único que sucedió ese fin de semana- dije calmada solo un poco.

- ¿Qué mas paso, cielo? – me preguntó levantando mi mentón para mirarnos a los ojos.

- Bueno… como ya sabes, esta semana fui al medico y me realice unos análisis.- Edward asintió- Bueno, te mentí. No esta todo bien.

- ¿Qué te sucede bella?- preguntó histérico- ¿Estas enferma?¿Qué tienes?

- Calma Edward, no estoy enferma. Técnicamente, esta todo bien

- Entonces ¿qué pasa? Me confundes- pregunto mas calmado. Tomé una gran bocanada de aire antes de hablar.

- Estoy embarazada- dije cuidadosamente. Edward estaba en shock. Le di su tiempo para que reaccionara.

- ¿Es verdad?- preguntó cautelosamente.

- Si-salió tímidamente de mis labios. Lo que sucedió después, no me lo esperaba. Edward me tomó en brazos y me estrechó contra su pecho antes de besarme. Cuando el aire nos hizo falta, nos separamos. Pegamos nuestras frentes y nos miramos a los ojos.

- Es el regalo mas maravilloso que me has dado Bella.

- No lo hubiera hecho sin ti- e inesperadamente comencé a llorar nuevamente.

- ¿Por qué lloras?- preguntó alarmado.

- Porque estoy feliz y creo que también es por culpa de las hormonas- ambos reímos.

- Vamos a ser padres- dijo Edward con un brillo en sus ojos que jamás había visto antes.

- Eso parece.

- Y dime ¿cuánto tiempo tienes?

- Según mis cálculos, unas ocho semanas. El doctor me pidió que viera a mi ginecóloga.

- ¿Ocho semanas? Hace ocho semanas nos comprometimos- yo asentí- ¿Y cuándo veras a tu ginecóloga?

- Tengo cita para mañana a las diez con Angela.

- Estupendo.

Ambos no cabíamos de la felicidad. Unimos nuestras bocas nuevamente en un apasionado beso, y las caricias no se hicieron esperar. Diablos, me sentía mas acalorada que nunca. Edward me fue inclinando en el sofá y metió sus manos por debajo de mi camiseta. Comenzó a acariciar mi abdomen y delicadamente, rompió nuestro beso para levantar mi prenda y besar mi vientre.

- Hola bebé- sus palabras salieron cargadas de amor. Se veía tan tierno- fuiste algo inesperado…

- Pero estamos encantados- terminé su frase. Me miró y sonrió aun más, si es que eso era posible.

- Te amo- me dijo.

- Tanto como yo a ti- volvimos a besarnos desesperadamente. Cuando retiró sus labios de los míos, aproveche para recuperar el aliento y hablar.

- Vamos al cuarto.

- Si amor. Lo siento. Ahora debemos tener más cuidado.- y me cargó hasta la habitación.

No se en que momento me recostó sobre la cama y nos desnudamos. Había perdido toda noción de lo que ocurría. Solo era conciente de sus besos y caricias.

- Bella…- pronunció mi nombre con la voz ronca.

- ¿Qué… qué sucede amor?

- Eres muy hermosa- comenzó a masajear mis pechos con una mano, mientras retomábamos nuestro beso. Volvió a interrumpir y miró fijamente mis senos- Están mas grandes- reía ante su comentario.

- Y lo estarán más.

- Te amo- lentamente se hundió en mi, mientras sosteníamos nuestras miradas. Hice una mueca cuando estuvo completamente dentro mío, pero no era de dolor. Era solo placer.

- Dime si no te sientes bien y quieres que pare- sonreí. Eso me hizo recordar a nuestra primera vez. Solo asentí como respuesta.

Edward comenzó a moverse lentamente dentro mío. Me estaba torturando, yo necesitaba que fuera mas rápido. Así que tomé el control y lo hice girar para que yo quedar sobre él. Empecé a cabalgarlo lentamente, para ir subiendo poco a poco la intensidad. Edward colocó sus manos en mis caderas para ayudar a impulsarme más profundamente. Las embestidas se hicieron más salvajes. Estaba enloqueciendo y él lo sabía.

- Edward… - jadeé- Oh dios…EDWAD!- cada vez estaba mas cerca.

- Dime Bella… grita mi nombre… grítalo bien fuere cuando te corras- y eso fue mas que suficiente. Ambos explotamos juntos llenos de éxtasis. Gemí su nombre como nunca antes lo había hecho.

- Edward… te amo-dije mientras trataba de controlar mi respiración.

- Yo también te amo mi ángel.

Lentamente fue saliendo de mí. Me acurruque a su lado, y entrelace mis piernas entre las suyas.

- Descansa mi Bellis- mi prometido acariciaba mi espalda y lentamente me fui relajando hasta caer en la inconciencia.

Edward POV

Bella se quedó dormida a los pocos segundos. Yo solo me dediqué a admirarla. Era un ser divino. No podía creer que estuviera embarazada, que seríamos padres. Un pedacito suyo y mío. La prueba de que no había amor más puro que el nuestro. Estaba más que feliz, no le podía pedir mas nada a la vida. Tenía un futuro prometedor, una mujer increíble y hermosa que muy pronto seria mi esposa, que a demás me daría el regalo mas maravilloso que podría haber deseado, un hijo, nuestro hijo. Perdido en mis pensamientos, me dormí

Desperté cuando sentí que algo, o mas bien dicho, alguien, hacia un movimiento brusco a mi lado. Abrí los ojos de golpe y comprobé que era Bella que salía corriendo de la cama. Me levanté rápidamente y la seguí. Su destino, el baño. Bella estaba arrodillada frente al escusado devolviendo absolutamente todo. La oí quejarse, eso me hizo sentir culpable, por que al fin y al cabo, yo le había hecho eso. Comencé a frotarle la espalda para ayudarla, cuando sus nauseas cesaron, tome una bata y la ayudé a colocársela, y con una toalla limpié la comisura de sus labios. Se veía fatal y en su frente se nota un poco de sudor. Bella me miró disculpándose con la mirada, y fue al lavado donde se cepillo sus dientes y luego lavo su cara.

- ¿Cómo te sientes?- pregunte preocupado.

- Ahora mejor- contestó con una mueca- Después de devolver, me siento mucho mejor.

- Lo siento amor.

-¿Qué es lo que sientes cielo?- preguntó confusa.

- Que tengas que pasar por esto. En verdad lo siento- ella sonrió.

- No seas tonto. La mayoría de las mujeres pasamos por esto ¿pero sabes una cosa? Pasar por todo esto valdrá la pena cuando tenga a nuestro bebé en brazos.

- Te amo- dije mientras envolvía su cintura entre mis brazos y la acercaba a mi.

- Te amo- respondió y unimos nuestros labios en uno de esos besos que dicen más que mil palabras. Lentamente Bella comenzó a separase de mi.

- Vamos si no queremos llegar tarde a nuestra primera consulta con Angela -dijo. Lo había olvidado.

- Ok. Ve a alistarte mientras yo preparo el desayuno.

- Edward- dijo un tanto apenada- No quiero que sientas que desprecio tu comida, todo lo contrario. Es solo que la comida por las mañana me da nauseas, y no quiero volver a arrodillarme frente al escusado.

- Pero Bella no puedes estar sin comer nada hasta el almuerzo- replique- Tienes que alimentarte ahora con mas razón.

- Lo sé cielo. Pero por favor, entiéndeme. Es solo hasta que las nauseas pasen.- y me hizo su carita de perrito degollado que había aprendido de mi querida hermana Alice. Así no podía negarle nada.

- De acuerdo- me dio un casto beso en los labios y se metió a la ducha.

Fui a la cocina por una taza de café y volví a la habitación para tender la cama. Dejé todo en orden mientras Bella terminaba de bañarse. Cuando entró en la habitación, frunció su seño.

- ¿Qué sucede?- pregunté preocupado.

- ¿Estuviste tomando café?

- Si ¿por qué?

- No más café. Por favor... por lo menso hasta que pasen las nauseas.

- Lo siento- me disculpé.

- Esta bien. Ve a ducharte mientras yo me termino de arreglar- asentí y me metí al baño.

Bella POV

Terminé de alistarme mientras Edward se duchaba. En cuanto estuvimos listos, salimos rumbo al hospital. Estaba algo nerviosa, pero al tener a mi prometido a mi lado, me tranquilizaba. Llegamos diez minutos antes y aguardamos en la sala de espera a que la doctora Weber, mi amiga, me llamara. Angela había ido al instituto con Alice y con migo, y por supuesto con Edward. Hacia muy poco que se había recibido, pero eso no implicaba que no fuera buena en su área. Era una ginecóloga y obstetra inminente. Y ya tenía una gran lista de mujeres que recibían sus atenciones. Cuando nos hicieron pasar a su consultorio, Angela me miro un tanto extrañada.

- ¿Qué hacen los dos juntos en mi consulta?- preguntó a modo de bienvenida.

- Yo estoy bien Angela, ¿y tu?- bromeé. Ella sonrío.

- Lo siento. Es solo que me sorprende que vengas con Edward. A de mas tu próximo control es para dentro de unos tres meses…- de pronto dejo de hablar y su rostro se iluminó. Edward y yo la miramos expectantes- Dios mío Bella, no me digas que estas embarazada.

- Pues si- esa fue simplemente mi respuesta. Angela vino corriendo a abrazarme.

- Los felicito. No saben que contenta me ha puesto esta noticia- abrazo a Edward. Luego de las felicitaciones, los abrazos, y las bromas, mi amiga comenzó a revisarme. Hizo un par de preguntas de rigor, tomó mi presión, me peso y midió.

- Bueno Bella, aparentemente todo va bien. Ahora, ¿quieren conocer a su bebé?

- Obvio- respondimos los dos a la vez.

- Ok. Recuéstate y levanta tu blusa- me ordenó e hice lo que me pidió. Comenzó a esparcir un gel frío sobre mi abdomen. Luego empezó a pasar el ecógrafo sobre la zona. Inmediatamente el consultorio se inundó por el sonido de un corazón latiendo frenéticamente. Era el corazoncito de mi bebé, el sonido más bello del mundo.

- Miren- dijo mi amiga señalando en la pantalla una manchita- Ese, es su bebé- lagrimas comenzaron a caer por mis mejillas y Edward apretó a un mas fuerte mi mano. Me volteé a verlo, y vi una lágrima cayendo por su rostro.

- Te amo- dije. El se inclinó y me besó.

- También te amo- dijo contra mis labios.

Angela nos dejó para poder disfrutar del momento a solas. Ya no tenia palabras para describir la felicidad que me invadía en ese momento. Solo aprovechamos esos minutos para mirarnos a los ojos. Las palabras sobraban.

Cuando mi amiga regresó, nos informó que ya tenía casi nueve semanas de embarazo. Me recetó hierro y me dio unas gotas para las nauseas. Me recomendó que comenzara a desayunar cosas livianas, y que las frutas y las galletas saladas siempre ayudaban a evitar los vómitos. Me pidió que descansara y no hiciera esfuerzos. Fijamos la fecha para el próximo control, que seria dentro de un mes.

- Angela, no le digas a nadie sobre el embarazo- le pedí- Recién hace dos días que me entere y aun no se lo hemos contado a nadie.

- No se preocupen.

- Gracias.

- No hay de que. Bueno chicos, los vuelvo a felicitar y en verdad estoy muy contenta de que vayan a ser padres.

- Muchas gracias- dijo Edward.

- Ah Bella, lo siento. Lo olvidé por completo- dijo Angela mientras se daba un golpe en la cabeza con una de sus manos- A Ben lo han trasladado en la empresa y yo a fin de mes me voy a mudar con él a Chicago.

- ¿A Chicago?- pregunté.

- Si, ¿por qué?

- Pues porque Bella se mudará a Chicago con migo también.- contestó Edward.

- Eso es fantástico- dijo muy sonriente Angela- voy a poder seguir atendiéndolos, porque de hecho, ya conseguí mi traslado al Chicago Hospital Center.

- Entonces nos seguiremos viendo- dije muy entusiasmada de que Angela pudiera seguir siendo mi doctora. Le estaba mas que agradecida la destino por esta coincidencia.

- Bueno, te dejamos que sigas con tu trabajo. Muchas gracias Angela- se despidió Edward y la brazo, yo repetí el gesto.

-Nos vemos pronto.

- Eso seguro. Buena suerte y cuídense.

Espero que haya salido bien y si lees por primera vez la historia, me gustaría saber tu opinión. Y no dejen de pasar por mi nueva historia A corazón abierto. Besos.

Chayley