Sumary completo
Edward y Bella son una feliz pareja. En su sexto aniversario, Edward decide sorprender a Bella con una vista inesperada. Dos meses despes reciben una noticia que hará su relación mas solida de lo que ya era. Pero el destino les juega una mala pasada y desmorona todo en sus perfectas y felices vidas.
Disclameir: los personajes no me pertenecen. Son obra de la maravillosa mente de Stepenie Meyer.
QUEDA TOTALMENTE PROHIBIDO LA COPIA O PUBLICACION EN OTRA SITIO DE MIS HISTORIAS, SIN MI CONCENTIMIENTO O AUTORIZACION.
N/A: Hola mis queridas lectoras, les cuento que esta historia esta en proceso de edición. La trama de la historia no cambia en lo absoluto, solo es para arreglar un par de datos y errores
Capitulo 8
Charlie
Bella POV
Luego de la muerte de mi padre, las semanas pasaron rápidamente. Renée se quedó en Chicago, cuidándome durante casi tres semanas. Se marchó, luego de que Angela le asegurara que todo estaba bien. Ese mismo día, me realicé un ultrasonido y esta vez, nuestro bebé se dejo ver. Fue la mejor noticia en los últimos dos meses.
Flashback
Hoy tenía que ir a un control con Angela. Había seguido al pie de la letra lo que me había pedido. Comencé a alimentarme mucho mejor, hasta tuve antojos, en realidad son una excusa para comer lo que se te plazca, y Edward se encargó de satisfacer cada uno de ellos.
Hice reposo absoluto, aunque me fastidiara todo el tiempo y ya no encontrara ninguna posición que me pareciera cómoda. Había visto un millón y medio de películas y leído todos los libros habidos y por haber, incluso varios de ellos, con nombres de bebes, cortesía de Alice. Pero a decir verdad, había tantos que me gustaban que me hacían aún más difícil decidirme por uno.
En fin, íbamos con Edward rumbo al hospital, para ver si mi embarazo había mejorado, y si las semanas en reposo habían hecho efecto. El bebé se había movido demasiado durante las últimas semanas.
Éramos los primeros en la lista, así que en cuanto llegamos, nos hicieron pasar de inmediato.
- Hola chicos. Los estaba esperando- nos saludó Angela.
- Hola Angela. Sentimos la demora. El tráfico estaba fatal- se disculpó Edward. Habíamos llegado un par de minutos mas tarde a la consulta.
- No hay problema. Solo fueron unos minutos- le restó importancia- Bueno Bella, comencemos. Ponte cómoda. Ya sabes que es lo que tienes que hacer- me dijo mientras me guiñaba un ojo, yo solo solté una risita nerviosa.
Procedí a hacer lo rutinario, lo cual consistía en quitarme mis pantalones y bragas, para que mi querida ginecóloga me revisara. Para ser honesta, no me avergonzaba el hacerlo delante de Angela, era mi ginecóloga y estaba tratando mi embarazo, y respecto a Edward, digamos que el había "inspeccionado" mas profundamente esa zona. No de la nada quedé embarazada ¿no?
- Bella esta todo bien por aquí. Ahora vistete y luego vamos a la camilla, así realizamos el ultrasonido- dijo Angela, luego de haber terminado su labor en mis partes íntimas.
Cuando ya estuve recostada, con mis bragas y pantalones puestos nuevamente. Levanté mi suéter junto con mi camiseta, para que Angie esparciera el gel sobre mi abdomen y procedió a realizarme la ecografía.
Edward, como cada vez que hacíamos esto, se posicionó a mi lado, sosteniendo una de mis manos. En cuanto oímos el sonido del corazoncito de nuestro hijo, una inevitable sonrisa se dibujo en nuestros rostros. Angela movió el ecógrafo sobre toda la longitud de mi vientre durante unos segundos, antes de darnos su diagnóstico.
- Esta todo perfectamente bien. El bebé esta en tamaño y peso adecuado para los siete meses de gestación. Me alegra que no tengamos que realizar ninguna cesárea antes de tiempo, y que tanto la mamá, como su hijo, estén saludables.- nos dijo sin dejar de ocultar su alegría y conformidad. Con Edward, soltamos un suspiro de alivio.
- ¿Crees que esta vez podamos saber el sexo de bebé?- preguntó esperanzado Edward.
- Solo déjenme ver- contestó Angela. Estuvo moviendo nuevamente el ecógrafo sobre mi abdomen, hasta que se mantuvo haciendo movimientos circulares sobre una misma zona.
A pesar de que el cuerpecito se veía nítidamente en el monitor, no lograba descifrar que era lo que se veía exactamente donde indicaba Angela. Sentí como Edward hacía más fuerte el agarre de su mano.
Entonces dirigí mi mirada del monitor hacia su rostro. Su sonrisa se había hecho aun más grande. Lo comencé a mirar con el seño fruncido, pero él no me miraba a mí. Tenía sus ojos clavados en lo que mostraba la ecografía.
- Cariño, nunca tuve nada que objetar con que seas médico, pero como ya sabes, yo no lo soy. No puedo entender que es lo que te tiene tan hipnotizado- me quejé.
- Es que amor ¿no lo ves? Esta tan claro- me dijo como si fuera lo más obvio.
- Pues no. Repito, no soy médico- Edward miró a Angela como pidiéndole permiso para decirme de una buena vez que sucedía.
- ¡Es un niño!- me dijo mi prometido con ese brillo en sus ojos verdes que solo en ocasiones muy especiales mostraba.
Me quedé en silencio por un par de segundos, mientras Edward y yo teníamos la mirada fija en los ojos del otro. Fue uno de esos momentos en que todo el mundo desaparecía y solo éramos nosotros dos.
Una pequeña lágrima se derramó de las esmeraldas de Edward. La emoción que sentíamos era tal, que ninguno de los dos era conciente de nada mas, que no fuera nuestra felicidad.
Fin Flashback
Sonreí con nostalgia ante el recuerdo, mientras sostenía los escarpines que Edward me había regalado en la pasada Navidad. Cuando todos estábamos juntos. Cuando Charlie estaba con nosotros. Al primer familiar que le conté que tendría un hijo. Lo feliz que se había puesto ante la llegada del nuevo integrante a la familia. Una muestra más del apoyo incondicional que siempre me brindó.
Era aún difícil acostumbrarse a saber que ya no estaba mas con migo, al menos físicamente. Porque él estaba muy presente en mis recuerdos y en mi corazón. No había día en que no lo recordara. Aún, por las noches lloraba por su pérdida. Edward siempre estuvo ahí, acompañándome, sosteniéndome entre sus brazos, mientras me desahogaba.
Edward había vuelto a la universidad y al hospital después de dos semanas, en que insistí constantemente en que estaba bien, y que no estaba sola. Que Renée estaba con migo, junto con Esme. Cuando se lo proponía, podía ser más testarudo que yo.
En fin, estaba en la sala de casa, sentada en el sofá, mientras esperaba por Edward, a que volviera de la universidad. Hoy rendía su último examen final, por lo que le habían dado permiso en el hospital hasta que terminara de rendir todos los exámenes. Aprovecharíamos para ir a hacer compras para el bebé. Alice había insistido mucho antes para que lo hiciéramos, pero le dije que era algo que quería hacer con mi futuro esposo. Lo que comprendió y no insistió más con el tema.
Pero por otro lado, comenzó a planear nuestra boda. Habíamos decidido casarnos unos meses después de que diera a luz, sería en Forks. Queríamos algo pequeño, solo nuestra familia y amigos más íntimos. De hecho, Esme había ofrecido su casa. Lo cual aceptamos, era una casa enorme y disponía de un bello jardín trasero con el espacio suficiente para realizar allí la boda.
El sonido de las llaves en la cerradura de la puerta interrumpió mis pensamientos.
- Hey- exclame mientras Edward cerraba la puerta tras su espalda.
- Hola amor- me dijo mientras se agachaba a mi altura para besar tiernamente mis labios- Hola hijo- se acuclilló para estar a la altura de mi abultado vientre- ¿Cómo te has portado hoy?¿Has dejado a mamá descansar?- le hablaba a mi panza mientras la acariciaba.
Pasé una de mis manos por su calido rostro, contemplando lo hermoso que era, el maravilloso y tierno padre que sería.
- No esta dispuesto a darme tregua- le conteste. Era en verdad muy inquieto. Sobre todo en las noches, y su pataditas eran constantes a lo largo del día- Aun no ha nacido y ya se hace notar- Edward se puso de pie, y me dio una mirada un tanto apenada.
- Lo siento, cielo- me dijo. Yo negué con la cabeza restándole importancia.
Como madre primeriza, tenía mis miedos e incertidumbres, por lo que había hablado con Angela sobre la inquietud de mi hijo. Pero ella me había pedido que me quedara tranquila, que era normal y una muy buena señal que estuviera tan activo.
- Vámonos ya de compras- le dije, él me ayudo a pararme. Ya estaba cerca de los ocho meses y mi vientre había crecido considerablemente en las últimas semanas, haciéndose notar su peso, y con ello, mi cansancio.
- ¿Estas ansiosa por ir de compras?- me cuestionó Edward en tono divertido.
- Solo porque son para el bebé- le dí un pequeño beso y fui por mi abrigo y cartera.
Volvía a la sala y Edward ya me esperaba en la puerta. Me dio el paso para que saliera y cerró la puerta. Tomó mi mano y nos dirigimos al ascensor.
- Olvide preguntarte ¿Cómo te fue en el examen?
- No lo sé. Creo que bien. No había estudiado lo suficiente, pero a pesar de todo, me fue bastante bien.
- Pues eres Edward Cullen, el hombre perfecto, al que todo le sale bien-
Le dije de broma.
- Tan perfecto y tan bien me salen las cosas, que tengo a la mujer perfecta junto a mi-
- ¿Si?¿Dónde esta?- dije siguiendo el chiste. Ambos comenzamos a reír. Así, entre bromas y castos besos nos dirigimos al centro comercial.
Edward comenzó a arrastrarme a cada una de las tiendas para bebés que habían. Siempre aborrecí ir de compras, pero esa vez parecía una niña en una dulcería, ni hablar de Edward.
Compramos una hermosa cuna de madera pintada de blanco con un armario a juego. Luego elegimos unas sabanitas y matitas celestes. Una vez comprada la ropa de cama, nos fuimos a una tienda de ropa. Estábamos sumamente entusiasmados, que llevábamos todo lo que nos justaba pero estaba dándome cuenta que era demasiada ropa para un recién nacido. Los bebés crecen rápido y probablemente mucha de esa ropa jamás llegaría a usarla. Así que empecé a cambiar algunas prendas por uno o dos talles más grandes.
Estaba en mi labor cuando levante la vista y me encontré con una imagen muy tierna. Edward sostenía entre sus manos un pequeño vestidito blanco con florcitas rosas que venían con una pequeñita boina a juego. Me quedé observándolo hasta que se percató de que lo estaba viendo.
- ¿Lo llevamos?- me preguntó.
- ¿Quién va a tener una niña?-le respondí con otra pregunta. El solo se encogió de hombros y volvió a dejar la prenda en su lugar.
Terminamos de hacer nuestras compras y de camino a casa compramos un poco de comida mexicana. Se me habían antojado unos tacos con camarones y como mencioné anteriormente, Edward complacía todos mis antojos.
- Amor, esto no es nada saludable ni para ti, ni para el bebé- dijo mi prometido en cuanto se subía al auto con una gran bolsa de papel en una de sus manos.
- Lo sé. Pero tengo ganas- contesté haciendo un puchero solo para fastidiarlo.
- Espero que sea el último antojo que tengas. Solo se te antoja comida chatarra. No puedo entender como no has subido tanto de peso- me dijo resignado.
- Hey… no me digas gorda- le gruñí.
Cuando llegamos a casa, bajamos todas las bolsas, en realidad yo bajé solo tres, el resto las bajo Edward. La cuna junto al armario, nos los mandarían mañana. Preparé la mesa para cenar mis antojadísimos tacos. Mientras cenábamos en silencio, algo poco habitual, noté a Edward bastante pensativo. Aguardé a que dijera algo, pero ya había terminado de cenar y aún no decía nada. La incertidumbre me estaba matando y me preocupaba.
- Edward…- le llamé. Inmediatamente salió de sus pensamientos y me miró- ¿Qué es lo que sucede?
- Nada- me dijo tranquilamente- es solo que estaba pensando en nombres para nuestro hijo.
- ¿Solo en eso?- pregunté enarcando una ceja.
- Si. Me preguntaba si le pondríamos el nombre de mi abuelo. Ya sabes… la tradición- dijo algo inseguro. La familia de Edward, tenía la tradición de llamar a su primer hijo varón Anthony.
- Por supuesto que si amor. Tanto tu abuelo, como tu padre y tú tienen como segundo nombre Anthony. ¿Por qué nuestro hijo va a ser la excepción?- se levantó de su silla y se acercó a mi, que estaba apoyada sobre la mesada de la cocina y me abrazo tiernamente.
- Creo que soy el hombre mas afortunado del mundo.
- ¿Por qué dices eso?
- Porque tengo a la mujer mas maravillosa del mundo.
- No seas tonto. Yo soy la afortunada en tenerte- lo vi que iba a protestar, pero antes de que lo hiciera agregué- Somos los dos muy afortunados.
Ambos sonreímos y nos unimos en un apasionado beso, el cual comenzó siendo suave, pero se fue intensificando rápidamente. A pesar de que hacia mas de un mes que no hacíamos el amor, no lo llevamos mas lejos. Edward se había vuelto paranoico, diciendo que me podría hacer daño si lo hacíamos, estando ya tan avanzado el embarazo, y lo entendía. Habíamos pasado por tanto durante este último tiempo, que era capaz de aguantar toda la abstinencia que fuera necesaria.
Cuando nos fuimos a la cama, Edward me acomodó cuidadosamente entre sus brazos. Pero como era ya costumbre, no podía dormirme. Mi inquieto hijo comenzó con sus habituales movimientos y sus pataditas que no eran nada suaves. Así que ya que Edward había sacado el tema del nombre del bebé, seguí en la búsqueda de este. Su segundo nombre sería Anthony, pero tenía mis dudas con su primer nombre. Tenía la idea de uno, pero temía que no fuera del agrado de mi prometido. Luego de no se cuanto tiempo de darle vuelta al asunto, me quedé dormida.
La siguiente semana fue un poco movida, ya que había sido la graduación de Edward. Ese día, fue la primera vez, desde que estaba embarazada, en la que me sentí realmente gorda. Nada de lo que me ponía, me gustaba. Hasta que llegó mi querida cuñada Alice y me ayudó a elegir un lindo vestido holgado pero me quedaba bastante bien. Durante el acto, me comencé a sentir bastante incómoda. Había muchas miradas puestas sobre mí. Jamás me agradó ser el centro de atención, y que mucha gente desconocida me observara, me ponía un tanto nerviosa. ¿Es que acaso nunca habían visto a una mujer embarazada?
Una ves que cada uno de los, oficialmente, doctores, firmaran el juramente hipocrático, y se les entregaran sus diplomas, nos acercamos junto con Alice, Esme y Carlisle a felicitar al nuevo doctor de la familia. Jasper, Rose y Emmet no había podido venir por razones laborales.
- Felicidades doctor Cullen- fui la primera en saludarlo. El me envolvió en sus brazos y luego me besó levemente.
- Gracias mi Bells. Te amo.
- Yo también te amo.
- Hmmm… - oímos a alguien aclarase la garganta tras nosotros. Nos separamos y vimos a la hiperactiva Alice- Felicidades hermanito- se lanzó sobre sus brazos para llenarlo de besos, a los cuales, fingía poner cara de asco. Era muy bella la relación que tenían. Era hija única, por más que pedí muchas veces un hermano, este nunca llegó, pero Alice es como una hermana para mí.
- Ya Alice. Esta bien- dijo Edward apartándola cuidadosamente- Deja que salude a mamá y papá- esta se alejó y su lugar fue reemplazado por su madre.
- Felicidades hijo- dijo Esme con todo el orgullo que podía llegar a expresar.
- Gracias mamá.
Por ultimo, fue el turno de Carlisle, que lo envolvió en un enorme abrazo.
- Estoy muy orgulloso de ti hijo- le dijo su padre, dándole unas palmadas en la espalda.
- Bueno, ahora a donde vamos a festejar?- preguntó Alice.
- ¿A dónde quieres ir Bella?- me preguntó Edward.
- Discúlpame Edward, pero estoy cansada y solo quiero estar en casa. Ustedes vayan a donde quieran- me excusé. Ya estaba cerca de la fecha de parto, y me cansaba por cualquier cosa. Mi vientre me pesaba mucho, lo cual hacía que mi espalda doliera horrores, sumado a mis pocas horas de sueño.
- ¿Qué les parece si compramos algo de comida y vamos a cenar al penthouse?- sugirió Esme.
- Me parece perfecto-estuvo de acuerdo Edward, quien me miró en busca de aprobación, a lo cual asentí. Quería estar con él y su familia en este día tan importante, pero mi estado me lo impedía. Así que resultó ser una buna idea que fuéramos todos a casa a festejar.
- Bien, ustedes vayan yendo tranquilos, con Esme nos encargaremos de comprar la cena- dijo Carlisle- ¿Qué les apetece?
- Pastas- dije sin pensarlo. Todos rieron ante mi repentinidad, lo cual hizo que me sonrojara levemente.
- ¿Lasaña te parece bien?- preguntó Esme. Esta vez solo asentí.
- Bien, ¿con alguna salsa en especial?- volvió a preguntar mi suegra.
- Puede ser con una de queso azul, crema de leche y nueces- mi pedido sonó mas a una pregunta.
- Si, se me hace agua la boca- dijo Carlisle lamiéndose los labios. Fue un gesto muy gracioso, ahora todos reímos de él, fue su turno para sonrojarse.
- De acuerdo. Los esperamos en casa. Alice ¿Vienes con nosotros?- dijo Edward.
- Si. Así ayudo a Bella a preparar la mesa mientras papá y mamá llegan con la comida.
-Nos vemos en casa- se despidió Edward de sus padres.
Nos dirigimos a casa, como Alice dijo, me ayudó a poner la mesa. Aun que mas bien, yo la ayude a ella, porque solo me dejó colocar las copas. Luego, me mandó a sentar. Una vez que mis suegros llegaron, comenzamos a cenar.
Hacia tiempo que no los veíamos, mas precisamente, desde la muerte de mi padre. Así que, esta había sido una linda ocasión, en la cual todos estábamos tranquilos y disfrutando del momento. En cuanto terminamos de cenar, tampoco me dejaron levantar la mesa. Esme y Alice se encargaron de todo. La familia de Edward se retiró temprano, alegando que querían descansar. Pero sabía que lo hacían por mí. Apuesto a que mi cara de cansancio me delataba. Así que luego de despedirnos, me fui directo a la cama.
Los días siguieron su curso, con Edward aprovechamos cada minuto libre, para armar la habitación de nuestro hijo. Ya teníamos todo listo para cuando llegara, y Edward me sorprendió un día, cuando llegó a casa, del hospital, con una hermosa hamaca de madera lustrada. Era preciosa. La acomodamos en la habitación del bebé, frente a la cuna.
Y allí estaba sentada, perdida en mis pensamientos. Quería decirle a Edward el nombre que había decidido ponerle al bebé, pero seguía con la incertidumbre de que no le agradara.
-¿En qué piensas?- me giré y vi a Edward apoyado en el marco de la puerta. Solté un suspiro. Tuve una sensación de deja vu. Recordé la noche en que yo le había hecho la misma pregunta a él, y me había hablado sobre ponerle a nuestro hijo Anthony.
- En el nombre de nuestro hijo. Ya lo decidí.
- ¿Pero?- dijo Edward, acercándose a mí, notando la duda en mis palabras.
- Pero no se si te parecerá buena idea. Tal vez no te guste.
- ¿Qué tal si me lo dices, antes de sacar conclusiones?- sugirió.
- Me gustaría que se llamara como mi padre- dije en apenas un susurro.
- Me parece perfecto. Nuestro hijo será Charles Antony Cullen- dijo muy orgulloso.
- ¿En verdad te gusta?
- Si, mi vida. Me encanta.
- Gracias- y mis lágrimas hicieron acto de presencia.
- Hey, no tienes nada que agradecer. Entiendo que esto es importante para ti, y como futuro esposo tuyo, te apoyo en todo- me dijo mientras me abrazaba con uno de sus brazos, con su mano libre, acariciaba mi cabello- Vamos a dormir. Es tarde- asentí. Me ayudó a ponerme de pie y nos fuimos a la cama.
Los días siguieron pasando. Solo faltaban exactamente diez días para que Tony naciera, según la fecha que me había dado Angela. Estaba revisando como por decimaquinta vez, que todo lo que necesitaba, estuviera en el bolso del bebé y en el mío.
Es eso estaba, cuando una fuerte puntada atravesó todo mi vientre. Tuve que sostenerme de la cuna, que era lo más cerca que tenía, para no caerme. Comencé a respirar profundo y cuando logré tranquilizarme, una nueva puntada llegó. A la tercera vez que sucedió, me dí cuenta que se trataban de contracciones. Como pude me acerqué a la hamaca y me senté. Iba a llamar a Edward, cuando sentí que un espeso líquido caía por mis muslos. Baje la mirada y comprendí que había roto la fuente. Con manos temblorosas marqué a Edward. Por suerte, contestó de inmediato.
- Hola amor ¿cómo estas?- me dijo tranquilamente.
- Edward…- pero fui interrumpida por una nueva contracción. Apreté los labios para no gritar.
- ¿Qué sucede Bella?- me preguntó ahora preocupado.
- Tranquilo… pero ven ahora mismo por mi… - me las ingenié para decir- Se me acaba de romper la fuente.
Espero que haya salido bien y si lees por primera vez la historia, me gustaría saber tu opinión. Y no dejen de pasar por mi nueva historia A corazón abierto. Besos.
Chayley
