Sumary completo
Edward y Bella son una feliz pareja. En su sexto aniversario, Edward decide sorprender a Bella con una vista inesperada. Dos meses despes reciben una noticia que hará su relación mas solida de lo que ya era. Pero el destino les juega una mala pasada y desmorona todo en sus perfectas y felices vidas.
Disclameir: los personajes no me pertenecen. Son obra de la maravillosa mente de Stepenie Meyer.
QUEDA TOTALMENTE PROHIBIDO LA COPIA O PUBLICACION EN OTRA SITIO DE MIS HISTORIAS, SIN MI CONCENTIMIENTO O AUTORIZACION.
N/A: Hola mis queridas lectoras, les cuento que esta historia esta en proceso de edición. La trama de la historia no cambia en lo absoluto, solo es para arreglar un par de datos y errores
Capitulo 10
Una nueva vida II
Bella POV
Las horas de trabajo de parto fueron eternas, el dolor se había vuelto insoportable. Pero debía de esperar a que estuviera mi cuerpo absolutamente preparado para traer a este mundo a mi bebito. Llegó un momento, en las que todas mis fuerzas se habían esfumado. Estaba a punto de rogar una cesárea, pero tanto Angela como Edward me animaron a seguir.
Todo dolor y sufrimiento fue reemplazado instantáneamente por alivio y felicidad en cuanto escuché el llanto de mi hijo. La duda en los ojos de Edward, cuando Angela le preguntó si quería cortar el cordón, apenas lo logre percibir, ya que la emoción que reflejaba su mirada, ocultaba todo lo demás. Era tal mi cansancio, que ni siquiera pude apoyarme en mis codos para poder ver ese momento.
Segundos después, Edward se acercó a mi con un pequeño bultito entre sus brazos, y ya no pude evitar que lagrimas de felicidad se desbordaran de mis ojos. No puedo ni explicar con palabras lo que sentí en cuanto mi ángel deposito a nuestro hijo en mis brazos, sentí un calor abrazador en mi pecho. Tenía una mezcla de emociones tan grande, que creí que el corazón me explotaría. Era precioso, aun tenía su piel rojita y su llanto era incesante. Angela interrumpió nuestro momento cuando le pidió a Edward que se retirara junto al bebé para poder terminar conmigo. Se despidió con un "te amo" y un casto beso, al que respondí.
Angela me dijo que todo estaba bien, que el parto había salido de maravilla, y que pronto me recuperaría. Un par de minutos más, en el que estaba prácticamente desvanecida por el agotamiento luego de haber dado a luz, me enviaron a mi habitación, donde me esperaría mi pequeña familia. En el trayecto debo de haberme quedado dormida, ya que desperté cuando oí el llanto de un bebé, MI bebé.
- Lo siento. No quería despertarte- se disculpó Edward hablando apenas en un susurro.
- Ven aquí- le dije, tendiéndole mis brazos.
- Voy a buscar una enfermera para que le prepare su biberón. Ah dormido toda la noche, al igual que tú.
- ¿Qué hora es?- estaba algo confusa.
- Faltan diez minutos para las siete. Es muy temprano aún. Angela dijo que pasaría a las nueve, a las ocho treinta vendrán a buscar a Charlie para hacerle unos análisis- me explico.
- ¿Por qué le van a hacer análisis?- inmediatamente me preocupé.
- Calma, cielo. Es algo rutinario. Es para saber su grupo sanguíneo y si tiene alguna enfermedad. Pero no hay de que preocuparse. Anoche cunado lo revisé junto con el doctor Wellch, todo estaba bien- me tranquilizó.
- ¿Sabes una cosa?- le pregunté.
-¿Qué?
- Quiero que llamemos a nuestro hijo como su padre.
-¿Cómo?¿Quieres que le cambiemos el nombre?- preguntó confuso.
- No, quiero que lo llamemos Anthony y no Charlie. Debo admitir que ambos nombres con anticuados, pero quiero que lo llamemos Tony.
- De acuerdo- dijo sonriéndome abiertamente y luego besó mis labios, pero dos segundo después fuimos interrumpidos por Tony.
- Me parece que este pequeño tiene hambre- musite contra sus labios. Suspiró y se alejó de mi- voy a intentar alimentarlo.
-¿Estás segura?- me preguntó.
-Si Edward. Soy su madre y se supone que puedo amamantarlo- respondí dulcemente.
Me ayudó a ponerme de una manera que resultara cómoda en la cama, junto a mi hijo y destapé uno de mis senos. Mi pequeño, inmediatamente se prendió de este y comenzó a succionar desesperadamente. Tengo que confesar que me estaba doliendo un poco, Edward lo notó, porque tomó una de mis manos y dejó que la apretara con fuerza. Tenía mis labios apretados en una línea recta para evitar emitir algún sonido de dolor. Debía de acostumbrarme a ello. No había nada mejor que mi hijo se alimentara con leche materna, según había leído en libros de maternidad, y me lo habían dicho mamá y Esme.
Veinte minutos después, Anthony se quedó dormidito. Edward lo tomó con cuidado y golpeó suavemente su espaldita. Ambos habíamos estado "estudiando" pera ser padres. Luego lo colocó en su cuna. En ese momento fui conciente de lo que era la habitación. Mas que un hospital, parecía un hotel. Sin duda, era la mejor habitación de todo el edificio. Era enorme, contaba con baño privado, un televisor plasma- realmente innecesario- a demás de un amplio sofá. Las paredes estaban pintadas de color salmón y la cama en la que estaba, era sumamente cómoda y espaciosa. No era una habitación común de hospital, y aunque odiara los lujos, no pensaba reprocharle nada a Edward, él quería lo mejor para nuestro hijo.
- Gracias por la habitación- sabía que él estaba detrás de esto. Me miró suspicaz.
- ¿No te enfadaste?- preguntó cautelosamente.
- No, esta vez no. Yo también quiero lo mejor para Anthony.
- No solo es para él. También es para ti. Quiero que estén cómodos y tranquilos. Amor, acabas de dar a luz. Necesitas descansar.
- Lo sé. Y tú ¿has dormido algo?- le pregunté mientras pasaba uno de mis dedos por las marcadas sombras que se asomaban bajo sus ojos.
- No te preocupes por mi. Tú necesitas descansar más que yo. Fuiste tú la que hizo todo el trabajo para que naciera Anthony.
- Si, pero tu estuviste todo el tiempo a mi lado. Gracias- ya podía sentir las lágrimas asomarse.
- Gracias a ti por hacerme tan feliz. Por darme a ese pequeñito hermoso que duerme ahí- dijo, mirando al catre donde nuestro hijo dormía.
- Te amo- dije ya sin poder contener mi llanto.
- Yo también te amo- me respondió y esta vez nuestro beso no fue interrumpido, o eso creí cuando luego de unos segundos, un celular comenzó a sonar. Nos separamos a regañadientes. Edward atendió la llamada.
- ¿Hola?... si mamá, esta todo bien...… tu nieto esta durmiendo… si, Bella esta bien… mamá deja de gritar… He! Hola Renée… si, Bella y su nieto están perfectamente bien… vengan en el horario de visita… lo sé, pero no los podrán ver… es que no los dejarán entrar… si, pero yo pedí que nadie molestara… no, no son una molestia. Eso no fue lo que quise decir…- esto ultimo lo dijo tomándose el puente de la nariz con su mano libre. No pude evitar reírme. No quería ni imaginar lo histéricas que estarán las nuevas abuelas- … esta bien, vengan después de las diez… porque antes Angela tiene que revisar a Bella y al bebé le van a realizar un par de análisis… no Renée ambos están perfectamente bien, solo es algo rutinario… de acuerdo, digan que son familiares míos… cualquier cosa me llaman… nos vemos luego… a dios- soltó un suspiró y se giró hacia mi.
- ¿Qué es tan gracioso?
- Nada- dije inocentemente- solo la manera en la que trataste de calmar a nuestras madres. Son como un tornado cuando están juntas, perro jamás te he oído levantarle la voz a ninguna de ellas- su respuesta fue solo un encogimiento de hombros.
Tal y como había dicho Edward, a las ocho treinta, vino una enfermera para llevarse a Tony para realizarle sus estudios, Edward fue con ellos. Estar sola en la habitación, me hizo sentir un poco vacía. Necesitaba del calor de mi pequeño y de la incondicional compañía de Edward. Gracias a dios Angela vino antes de las nueve. Me revisó, y me dijo que todo estaba muy bien. Por suerte no había necesitado puntos, por lo que me aseguró que mi recuperación sería mucho más rápida y que mañana al medio día, me daría el alta. Estaba ansiosa por regresar a casa, junto a Edward y Anthony. Angela se quedó haciéndome compañía, hasta que Edward regresó con el pequeño Tony llorando, y el intento en vano de su padre por hacerlo callar.
- ¿Qué le pasa a mi angelito?¿Qué le hicieron?- dije tiernamente mientras extendía mis brazos a Edward para que me entregara a nuestro hijo.
- No le gustan mucho las agujas- dijo Edward un tanto apenado.
- Igual a la mamá- comentó Angela riendo y mi prometido se le unió. Yo solo negué con mi cabeza- Bueno, tengo que seguir con mi trabajo. Felicidades nuevamente. Tienen un niño hermoso. A propósito, ¿cómo se llama?- preguntó curiosa.
- Charles Anthony Cullen- contesté con una enorme sonrisa- Pero le decimos Tony- aclaré.
- De acuerdo. Ahora voy a dejar al pequeño Tony a solas con sus papás. Antes de que termine mi turno pasaré a verte. Hasta más tarde- se despidió
- Adiós Angela- dijimos Edward y yo a la vez.
Anthony se había quedado dormido en cuanto estuvo en mis brazos. Edward se acercó para ponerlo en la cuna, pero apenas lo dejó en ella, se despertó y comenzó a llorar nuevamente.
- Pásamelo. Tal vez tenga hambre- dije, pero Edward arrugó la nariz y negó con la cabeza.
- No es eso. Creo que necesita un cambio urgente de pañales- dijo, por lo que yo comencé a incorporarme para cambiarlo pero Edward me indicó con una mano que me quedara ahí.
- Quédate recostada. Yo lo cambiaré.
- Pero quiero hacerlo- me quejé- Edward, me siento bien, Angela dijo que tengo que levantarme y caminar. Así que déjame cambiarlo- dije seriamente. Resignado me ayudó a levantarme y fuimos a paso lento hasta donde se encontraba el cambiador.
Lentamente comencé a mudarlo con la ayuda de Edward, ambos veíamos a nuestro hijo con admiración. Apenas tenía un par de horas de vida, pero cada rasgo de Edward, estaban reflejados en Anthony. Lo único que había sacado de mi, era el color de cabello. El rostro, era el vivo retrato de su padre.
Luego del cambio de pañal, tocó alimentarlo nuevamente. Me senté en el cómodo sofá con el pequeño en brazos y comencé a darle el pecho.
- Eres maravillosa- dijo de pronto Edward acariciando una de mis mejillas.
- Cállate adulador- le contesté en broma.
- Nock nock… ¿se puede?- sonreí al reconocer esa voz.
- Pasa mamá- la invite a entrar, seguida de Esme y Carlisle.
- Oh! Lo siento, regreso enseguida- se disculpó apenado Carlisle cuando vio que estaba amamantando a su nieto.
- Por favor Carlisle, a mi no me incomoda ¿A caso nunca viste a Esme alimentar a alguno de tus hijos?- le dije.
- Esta bien, si a ti no te molesta- hice un movimiento de cabeza restándole importancia.
- Ya terminamos- quité a mi pequeño de mi pecho, que ya se había quedado dormido nuevamente. Tapé mi pecho descubierto y se lo tendí a Edward para que quitara sus gasesitos.
- Felicidades mamá!- canturreo una emocionada Renée.
- Gracias abuela- bromee y la envolví en un abrazo.
- Edward ¿me dejas cargarlo?- preguntó ansiosa mi madre. Mi prometido me miro inquisitivamente y yo asentí con mi cabeza.
- Felicitaciones- Esme nos saludó y luego dirigió toda su atención al bultito enfundado en una mantita celeste que mi madre tenía en brazos.
- Muchas felicitaciones- esta vez fue Carlisle, quien, luego de abrazarme, lo hizo con su hijo, sin ocultar el orgullo que sentía.
- Es igual a Edward- comentó Esme, quien tenía al pequeño ahora en su regazo.
Estaba apunto de responder cuado la puerta de la habitación se abrió de golpe y el chillido de mi querida cuñada se oyó.
- Shhh… - le hicimos callar los cinco.
- Lo siento- ahora en un murmullo.
Detrás de Alice venían Jasper, Rose y Emmet. Alice se dio la vuelta y les hizo un gesto con la mano para que todos guardaran silencio. Jasper rodó los ojos, con Edward, no pudimos evitar reírnos.
Durante la siguiente hora y media, Anthony paso de brazo en brazo. Era gracioso ver a Jasper y Emmet sostener a su sobrinito, ambos estaban tensos y al primer movimiento o mueca de desagrado por parte del pequeño, me lo pasaban.
Cuando llegó la hora del almuerzo todos se excusar, a excepción de Esme y mi madre, quienes trataron de convencer en vano a Edward de que se fuera a casa a descansar. Cuando se dieron por vencidas, se fueron, no sin antes prometer en volver a la hora de visitas durante la tarde.
El resto del día fue exactamente con la misma rutina que durante la mañana. Anthony solo se despertaba cuando tenía hambre o necesitaba que lo cambiáramos. Angela me dijo que ya podía tomar un baño, lo cual agradecí, necesitaba relajarme un poco.
Aproveché cuando vino Renée por la tarde, para que me ayudara. Nuevamente insistió en que Edward fuera a dormir a casa, pero sin éxito alguno, nuevamente.
El que Anthony hubiera dormido todo el día, tuvo sus contras durante la noche. Se la pasó llorando desde las dos de la mañana hasta que comenzó a amanecer. Intentamos todo, pero nada resultaba. Edward lo revisó pero no encontraba nada mal en él, por lo que pidió consejo a su colega el doctor Wellch. Nos aseguro que nuestro hijo se encontraba perfectamente de salud. Luego, como amigo de Edward, nos dijo que debíamos de acostumbrarnos a eso. Él ya había pasado por esto, y los primeros meses de vida de sus hijos, habían transcurrido en largas noche de insomnio. Estábamos en sobre aviso de cómo serían los próximos meses en casa. Cerca de las seis de la mañana, Tony decidió darnos una tregua y se durmió. Inmediatamente Edward y yo, le seguimos.
Cuatro horas después, el incesante llanto me despertó otra vez. Fui hasta su cuna, cambié su pañal y volví a darle su leche. Sin dudas, era tal el cansancio de Edward, que ni se inmutó de que nuestro pequeño había despertado.
Antes del medio día, Angela apareció y me dio el alta. Edward debía firmar el papeleo rutinario y asentar a nuestro hijo. Mientras él realizaba los trámites, yo me alisté y guardé todo para poder regresar a casa. Estaba ansiosa por volver. Estrenar la cuna de Tony y comenzar una nueva vida. Juntos, los tres. Finalmente éramos tres. Después de todo lo que pasamos durante el embarazo, todo había salido bien. Hoy podíamos disfrutar de ser una familia, pequeña, pero una familia al fin.
- ¿Lista para irnos corazón?- estaba tan sumergida en mis pensamientos que no me di cuenta de cuando Edward regresó.
- Si, estamos listos- asentí entusiasmada.
Tomé a Anthony, que estaba milagrosamente despierto y sin llorar. Edward recogió nuestras pertenencias y salimos del hospital, rumbo a nuestro hogar.
Cuando llegamos, no me sorprendió ver a toda la familia allí. Esme estaba preparando el almuerzo y mamá se había encargado de limpiar todo el apartamento. Nos dieron una calida bienvenida.
Me disponía a sentarme a la mesa con todos cuando Tony se hizo notar. Me disculpé y fui hasta su habitación. Tenía hambre por lo que me quedé a amamantarlo. Estaba quitando sus gases, cuando vi a Edward apoyado sobre el marco de la puerta.
- Hey!- exclamé. Se acercó silenciosamente a mi, mientras yo dejaba al bebé en su cuna.
- Son lo más hermoso que me ha pasado en la vida- dijo Edward a la vez que pasaba sus brazos por mi cintura y me acercaba a él, apoyando mi espalda en su pecho.
- Sin duda lo son- le dí la razón.
- Te amo.
- Tanto como yo a ti- respondí girando mi rostro de manera tal de alcanzar su boca y poder besarlo.
- Disculpen ¿Está todo bien?- gruñí. ¿Es qué ahora todos se habían confabulado para no dejarme besar tranquila con mi futuro esposo?
- Ahora bajamos hermanita- contestó Edward, antes de unir nuevamente nuestros labios, y esta vez sin interrupciones.
Espero que haya salido bien y si lees por primera vez la historia, me gustaría saber tu opinión. Y no dejen de pasar por mi nueva historia A corazón abierto. Besos.
Chayley
