Sumary completo

Edward y Bella son una feliz pareja. En su sexto aniversario, Edward decide sorprender a Bella con una vista inesperada. Dos meses despes reciben una noticia que hará su relación mas solida de lo que ya era. Pero el destino les juega una mala pasada y desmorona todo en sus perfectas y felices vidas.

Disclameir: los personajes no me pertenecen. Son obra de la maravillosa mente de Stepenie Meyer.

QUEDA TOTALMENTE PROHIBIDO LA COPIA O PUBLICACION EN OTRA SITIO DE MIS HISTORIAS, SIN MI CONCENTIMIENTO O AUTORIZACION.

N/A: Hola mis queridas lectoras, les cuento que esta historia esta en proceso de edición. La trama de la historia no cambia en lo absoluto, solo es para arreglar un par de datos y errores


Capitulo 11

Juntos por siempre

Bella POV

El tiempo pasaba en un abrir y cerrar de ojos. Así, como crecía Anthony. Ya era un hermoso bebé de tres meses. En este momento me encontraba acomodando su habitación, mientras el dormía su siesta, ya que esta había sido colmada de regalos en su ultimo "cumplemes", hace un par de días. Sin dudas, era el niño mas mimado del mundo. Sus abuelos, sus tíos de sangre y los postizos, Angela y Ben; habían colmado a Tony con presentes. No era nada extraño, desde siempre fue así, pero habían tantas cosas que me resultaban realmente exageradas ¿Para qué necesitaba un niño de tres meses, un coche a batería que recién usaría cuando tuviera dos años? Edward tuvo que hacer lugar en el sótano de casa, nos habíamos mudado a nuestra propia casa unas cuantas semanas atrás, para poder guardar todos los juguetes que por el momento, no serían utilizados.

En fin, hoy también era mi cumpleaños. Y pensar que hace un año atrás estaba preocupada por mis exámenes finales en la universidad y triste de pensar que pasaría mi cumpleaños sola. Que ironía, esa noche fue cuando concebimos a nuestro rayito de sol. Tantas cosas podían pasar en tan solo un año. Quedarme embarazada, comprometerme, graduarme, mudarme, perder a mi padre, convertirme en madre, y ahora estaba solo a un mes de casarme con el único amor de mi vida.

En un rato llegaría Esme, ella junto a Carlisle, cuidarían de Tony, mientras Edward y yo salíamos a cenar. Aprovechando que ambos estaban en la ciudad por cuestiones laborales. Era un poco egoísta de mi parte festejar solo mi cumpleaños con mi prometido y padre de mi hijo. Pero para ser honestos, no habíamos tenido ni un solo momento de intimidad en los últimos meses. Era la primera vez que íbamos a salir desde el nacimiento de Tony. Aun estaba a tiempo de retractarme y pedirle a Edward que nos quedáramos en casa. Sabía perfectamente que lo dejaba en muy buenas manos y no tenía de que preocuparme. Pero no lo podía evitar.

Anthony despertó, al momento en el que se oyó que llamaban a la puerta. Levanté a mi pequeño de su cuna, lo envolví en una mantita, y me dirigí extrañada a la puerta. Solo esperaba a mis suegros, y estos vendrían mas tarde.

- Hola Bella ¡Feliz cumpleaños hija!- era Esme, quien me saludo y me envolvió en un cálido abrazo, teniendo cuidado de no lastimar a Tony.

- Hola Esme. Gracias- le devolví el saludo un poco confusa- Pensé que vendrían mas tarde.

- ¿Más tarde? Bella falta media hora para que Edward llegue del hospital- me quede tiesa. Diablos, se me había echo tardísimo- Carlisle estaba allá negociando con el director unos asuntos. En un rato vendrá. Y por tu cara, pudo apostar a que estas atrasada.

- Si. Dios, no me di cuenta que hora era.

- Dame a ese pequeñín hermoso. Tú ve a alistarte. Yo me quedo con él.

- En el refrigerador hay recipientes con leche. Ya es hora de su biberón.

- No te preocupes. Ve tranquila.

- Gracias Esme.

Subí corriendo las escaleras y me metí directamente en la ducha. Tomé un baño rápido y salí envuelta en una toalla a la habitación. Empecé a rebuscar en mis cajones por algún conjunto de lencería adecuado para esta noche. Tenía la intención de pasar una muy larga y placentera velada. Comencé a desesperarme cuando no hallaba ninguno que se adecuara a lo que quería, hasta que la vi. Alice había pasado al medio día para almorzar con migo, y me había traído un presente "para que lo deslumbres esta noche", esas fueron las palabras exactas de mi querida cuñada, acompañadas de una mirada pícara. No lo había podido ver, porque justo en ese momento, Tony requería de mi atención, pero podía jurar que era ropa interior, y no me equivoque. Era realmente hermoso. Sexy, de encaje azul marino, revelaba más de lo necesario, pero sin llegar a ser vulgar.

Sonreí ante la consideración de Alice. El pequeño diablillo me había acompañado a comprar el vestido que usaría esta noche y luego de haberlo comprado, se escabullo mientras yo cambiaba a Tony en el servicio. Cuando volvió, traía un par de bolsas extras, no me dejó ver que era. Me coloqué las pequeñas prendas. Sequé mi castaño pelo con el secador de cabello y con un cepillo me hice rápidamente, un brashing, quedando liso en las parte de arriba con un leve volumen, y ligeras ondas en las puntas. Me maquillé colocando solo un poco de colorete, rimel, para resaltar mis pestañas, una fina línea de delineador en los parpados superiores y a mis labios apliqué un gloss con apenas una pizca de color durazno. Fui al closet y saqué del fondo de este, el vestido.

Era un hermoso y delicado vestido color azul marino. A Edward le encantaba que usara ese color, yo haría cuanta cosa pudiera, solo para complacerlo. Era straple en la parte de arriba, sin tirantes, y se ajustaba a mi abultado pecho, beneficio de la maternidad. Se amoldaba perfectamente a mi cuerpo, marcando bien las curvas necesarias y disimulando las otras. Mis caderas se habían ensanchado luego del embarazo, pero no habían engordado más de lo necesario. En estos últimos tres meses, milagrosamente, había logrado recuperar mi peso.

Finalmente, me coloqué unos zapatos de tacón negros de raso y ridículamente altos, pero cómodos, gracias a la plataforma que tenían. Me acerqué al espejo de cuerpo completo que había en la habitación para poder verme bien.

- Simplemente hermosa- sonreía al escuchar su aterciopelada voz. Edward se acercó a mi, me abrazó por detrás, antes de depositar un delicado beso en mi cuello- ¿Estas lista?

- Casi- susurré. Me voltee y le dí un dulce beso en sus labios y me deshice de sus brazos.

Fui hasta la cómoda y me coloqué mi perfume. Edward volvió a mi, y con sus largos dedos, corrió mi cabello hacia atrás. Sus manos abandonaron mi cuello solo por unos segundos. Mantenía mis ojos cerrados, para evitar verlo a través del espejo y acabar con el poco control que tenía. Volví a sentir sus calidos dedos otra vez en mi cuello, pero no solo fue eso, algo frío hizo que mi piel se erizara. Abrí lentamente mis ojos y solté un jadeo ante lo que veían. En mi cuello colgaba un hermoso corazón de zafiro en una delicada cadena de plata. Llevé mis dedos trémulos al dije. Edward me miraba expectante.

- Es… es precioso. No debiste- dije cuando logré encontrar mi voz

- No es nada comparado con lo que tú vales.

- Gracias- me volteé para atrapar sus labios entre los míos, demostrándole todo el amor que sentía- Vamos ahora que se nos va a hacer tarde.

- Aguarda a que me cambie la camisa y el saco.

- Ok. Me voy a despedir de Tony y tus padres. No tardes- dije mientras tomaba mi bolso y salía de la habitación.

Luego de llenar de besos a mi pequeño, volver a repetirle todas las indicaciones a Esme, y prometer que volveríamos pronto; salimos con Edward rumbo al misterioso restaurante. No me quiso decir a donde me llevaría.

El trayecto fue en sumo silencio. Mi mano izquierda reposaba en su muslo derecho, y de vez en cuando la llevaba a sus labios y depositaba tiernos besos en ella. Empezamos a abrir paso por las concurridas callen de Chicago, hasta que Edward estacionó frente de "Iggy's". Comencé a reír. Se suponía que era una sorpresa y me trae a mi restaurante favorito, al que usualmente venimos. Me sonrió y bajó del auto para ir a abrir mi puerta, me tendió su mano para ayudarme a salir. Le entregó las llaves al ballet y con nuestras manos firmemente entrelazadas, nos adentramos al lugar.

Una vez, Edward se anunció, el anfitrión nos guió hasta nuestra mesa. No una cualquiera. Había reservado la terraza. Me quedé maravillada con la vista. Desde aquí se podía ver toda la ciudad. Muy caballerosamente corrió mi silla para que tomara asiento, una vez lo hizo, me besó por un par de segundos y se fue a sentar a su lugar. El mozo no tardó en traernos la carta. Después de elegir nuestra cena, destapar un vino espumante y servir nuestras copas, este se retiró.

- Feliz cumpleaños mi amor- dijo alzando su copa.

- Gracias. Este es sin duda uno de mis mejores cumpleaños.

-¿Cuáles han sido los otros?- preguntó curioso.

- Creo que todos los que he pasado junto a ti. Pero creo que mi anterior cumpleaños fue el mejor.

- ¿Por qué?

- Porque esa noche concebimos a Anthony- dije con nostalgia ¿Qué estaría haciendo mi bebito en este momento?

- Tienes razón. Pero este puede que sea aún mejor. Hasta creo que podríamos encargar una hermanita pata Tony- dijo divertido

- ¿QUÉ? Hey... aun no- le dije apuntándolo amenazadoramente con mi dedo índice. El solo comenzó a reírse.

- Solo bromeaba cielo. Eso lo haremos mas adelante. Pero creo que podemos ir practicando- me guiñó un ojo.

- Me parece una muy buena idea- respondí. Nuestra insinuante plática fue interrumpida por el maître.

- Aquí tienen su cena Señor y Señora Cullen. Espero que la disfruten- sin más, se retiró.

Edward me miraba fijo, con ese brillo y sonrisa tan características propias de él.

- ¿Qué sucede?- interrogue.

- Me encanta como suena Señora Cullen- dijo remarcando las dos ultimas palabras.

- Pues, se supone que muy pronto lo seré.

Nos dedicamos a degustar de nuestros platos, mientras conversábamos acerca de nuestro día, el trabajo en el hospital, las nuevas mañas de nuestro hijo, los últimos detalles de la boda y demás. Compartimos de postre un delicioso tiramisú. Luego de un rato, nos retiramos. Edward comenzó a dirigirse de camino contrario al que quedaba nuestra casa.

- Cariño ¿a dónde vamos?- pregunté algo impaciente.

- A darte tu regalo de cumpleaños.

- Pensé que la cadena y la cena lo eran.

- Pues, eso solo era un presente- ninguno de los dos dijo más nada.

Un par de minutos después, aparcábamos frente al lobby del Elysian. Era uno de los hoteles más lujosos de Illinois. No dije absolutamente nada, solo me dejé guiar por el hombre maravilloso que estaba mi lado. En un parpadeo, estábamos frente a la puerta de la que supuse sería nuestra habitación. En otras circunstancias, hubiera protestado, pero no esta noche. Lo necesitaba.

Sin mediar palabras, nos adentramos en la suite. Edward no encendió las luces, pero el cuarto estaba iluminado levemente por velas. No pude ver mas nada, porque mis labios fueron atacados por otros más poderosos. En un principio fue un beso calmo, pero solo duró un pequeño momento, este se convirtió rápidamente en un beso desesperado. Edward tomó mi trasero y aproveché para colgarme de su nuca y enredar mis piernas al rededor de su cintura. Me fue llevando hasta que quedó sentado al borde de la cama. En ese momento, mis pulmones reclamaban aire.

- Te necesito- musité contra sus labios antes de atacarlos nuevamente.

- Yo también- bajó la cremallera de mi vestido, mientras yo quitaba su saco y desabrochaba su camisa rápidamente. En un ágil movimiento, mi espalda quedó contra el colchón. Edward comenzó a tocar todo lo que podía de mi cuerpo. El solo roce de sus dedos en mi piel, me volvían loca.

- Edward…- ronroneé en su lóbulo antes de apretarlo con mis labios. Fui bajando mis manos por su fornido pecho hasta llegar a la hebilla de su cinturón. Lo desprendí, y en un vivaz movimiento, tiré de sus pantalones junto con sus boxers.

- Creo que alguien esta muy ansiosa- susurró contra mi cuello, a la vez que dejaba húmedos besos. Empezó a buscar el broche de mi sostén, por lo que levante mi espalda para facilitarle la tarea. Una vez se deshizo de este, quitó mis bragas. Siguió besándome, hasta que volvimos a necesitar respirar, por lo que rompimos el contacto de nuestras bocas.

- Cada día eres mas hermosa- se quedó Edward observando mi desnudo cuerpo.

- Edward… ya no puedo esperar mas- mi voz era ronca y no me importó que notara mi necesidad por él.

- Te amo- eso fue todo lo que dijo antes de sentir su duro, erecto y gran sexo adentrarse en mi. Solté un jadeo ante la sorpresa.

Se quedó quieto por unos momentos, hasta que enredé mis piernas en su espalda invitándolo a entrar más profundamente. Lo cual aceptó gustoso. Comenzamos con movimientos lentos y fluidos. De a poco fuimos subiendo la intensidad. Comencé a levantar mis caderas para que pudiera embestirme con más profundidad. Era increíble lo que este hombre me provocaba. El nudo en mi estomago se empezó a formar y aumente la velocidad, indicándole que estaba cerca. Sus embestidas se hicieron más rudas, tuve que separar mis labios de los suyos para poder tomar algo de aire.

- Edward… dios Edward… estoy muy cerca- dije como pude.

Eso pareció incitarlo más, ya que aumento aún más sus movimientos, si es que eso era posible. Mis uñas se clavaron en sus brazos, cuando el potente orgasmo salía de mi boca. Tres fuertes y profundas embestidas más, fueron suficientes para que Edward me siguiera. Permaneció unos momentos recostado sobre mi pecho, aun dentro mío, mientras intentábamos controlar nuestra respiración.

- Espero que te haya gustado tu regalo.

- Me encantó. Fue mucho más de lo que esperaba. Te amo.

- Yo más- dijo, pude sentir como volvía a ponerse duro y firme en mi interior.

Este hombre, sin dudas era especial. Volvimos a entregarnos el uno al otro sin inhibiciones, hasta que los primeros rayos de sol, se colaron por las ventanas.

Edward POV

En el último mes, nuestra actividad sexual había aumentado de 0 a 3 o 4 veces a la semana. Siempre y cuando Tony nos dejara, o yo no tuviera guardia por la noche en el hospital. Como lo era el caso de hoy. Me encontraba de camino a casa. Había estado de guaria hasta las 7 de la mañana. Solo quería llegar a casa y acurrucarme junto a Bella en nuestra cama. Estacioné el Volvo en el garaje y subí corriendo las escaleras en dirección a la habitación de Tony. Siempre que llegaba de trabajar, fuese la hora que fuese, lo encontraba durmiendo como un angelito.

Me adentré en el cuarto y noté que no estaba en su cuna. Es ese momento recordé que en las noches que me tocó guardia, Bella se llevaba a Anthony con ella a dormir, alegando que así, no se sentía sola. Con una sonrisa fui hasta nuestra habitación, ahí se encontraban mis dos tesoros. Tratando de hacer el menor ruido posible, me quite la ropa, y me coloqué solo el pantalón del pijama, antes de escabullirme entre las mantas junto a mi hijo y mi futura esposa. Cuidadosamente los envolví a ambos en mis brazos. Bella soltó un suspiro y una sonrisa se formó en sus labios.

- Llegaste- susurró sin abrir los ojos.

- Si amor, ya estoy aquí. Vuelve a dormir, es muy temprano- solo asintió con su cabeza. Y juntos nos dejamos envolver por los brazos de Morfeo.

Me encontraba sumamente perdido cuando desperté. Estaba solo en la cama. Me volteé para tomar mi móvil, faltaban diez minutos para la una de la tarde. Había dormido mucho, considerando que siempre me levantaba antes del medio día. Me desperecé, y me fui a dar una ducha para terminar de despabilarme. Quince minutos mas tarde, bajé y me dejé guiar por el delicioso aroma que provenía de la cocina.

- Mmmm… ¿qué es eso que huele tan bien?- dije, acercándome a Bella.

- Despertaste dormilón.

- ¿Por qué me dejaste dormir tanto?

- Porque te veías cansado y necesitas descansar. En un par de horas nos iremos a Forks.

- Eso es cierto. En dos días serás oficialmente la Señora Cullen- ronroneé en su oído. Inmediatamente la noté tensarse. Sabía que le encantaba que le hablara al oído.

- Si… estoy ansiosa- respondió y ya pude notar como su respiración se hacía irregular.

- ¿Si?- le pregunté mientras metía una de mis manos por debajo de su playera.

- Edward… se quemará el almuerzo… por favor.

- Podemos pedir comida- dije ahora dirigiendo mi mano a uno de sus pechos. Estaba tan cerca de convencerla, pero fuimos interrumpidos. La dicha de ser padres de un bebé de cuatro meses. Gruñí- Esto no se queda así- le dejé en claro. Me giré para alzar a Tony que se encontraba en su babysit.

- No te preocupes. Te lo recordaré mas tarde.

Le dí su biberón a Anthony, mientras Bella terminaba de cocinar. Para cuando terminó, nuestro hijo se había quedado dormido. Lo cual agradecimos ya que nos dejaba almorzar tranquilos. Luego ayudé a Bella a limpiar la cocina. Esta tarde saldríamos rumbo a Forks, donde realizáramos nuestra boda. No podía creer que al fin, dentro de dos días, nos casaríamos.

Una ves cargamos nuestras maletas en el coche y asegurar bien a Tony en su asiento, partimos hacia la casa de mis padres. Alice, Rosalie, Esme y Renée se habían encargado de todo. Pero Bella se sentía mal por no haber ayudado en los preparativos, solo consultaban con nosotros sus ideas, para tener nuestra aprobación. Gracias a dios mi hermana había respetado la petición de Bella. Nada ostentoso y solo los invitados necesarios. No más de cincuenta personas. Solo queríamos compartir este momento tan especial de nuestras vidas con las personas más íntimas. Quienes nos habían brindado todo su apoyo durante nuestro noviazgo.

No hicimos más que poner un pie dentro de la casa de mis padres, que Alice saltó encima de Bella, y luego de saludarnos, se la llevó para "ultimar detalles". Mi madre tomó a su nieto en brazos y nos sentamos todos en el living de casa. Conversamos un largo rato de temas triviales, hasta que Tony empezó a lloriquear. Subí a mi antigua habitación, donde se encontraban nuestras maletas, y cambié a Anthony.

- Ahora vamos a buscar a mamá- le dije a mi hijo mientras lo alzaba.

- No va a ser necesario- dijo mi hermosa Bella parada en el marcó de la puerta.

- Tony tiene hambre.

- Si, lo sé. Me pude escapar de la loca de tu hermana.

- Espero que no te encuentre- bromeé con ella.

- Pásame a Tony. Hace más de una hora tendría que haber tomado su leche- dijo mientras se sentaba en la cama junto a mi y se preparaba para amamantar a nuestro hijo- Alice quiere que vayas para hacerte la última prueba del frac. Prometió que sería el último, por hoy.

- De acuerdo. Ya que está noche será la última que podamos dormir juntos antes de casarnos, quiero que vayas a la piecita del fondo del jardín- le dije juguetonamente.

- ¿Recordar viejos tiempos?- me preguntó de igual manera. Solo guiñé un ojo y salí de la habitación.

Fui torturado por Alice durante casi una hora. No fue más, porque mamá nos llamó a cenar. Le estaba muy agradecido a mi hermana por todo lo que estaba haciendo por nosotros, pero cuando quería, podía ser realmente asfixiante.

Bajamos al comedor, donde ya se encontraban en la mesa, esperando por nosotros. La cena fue muy entretenida, nadie ocultaba el entusiasmo por la boda que se llevaría acabo en menos de dos días. Ayudé a Esme a levantar la mesa, pero más que ayudarla, era para pedirle que cuidara de su nieto esta noche.

- Ve tranquilo Edward. Disfruten de la última noche de soltería. Alice seguramente mañana los obligará a dormir en distintas habitaciones- me dijo mi madre guiñándome un ojo. Se quedó pensativa unos segundos- Ahora entiendo porque tu hermana estaba limpiando ayer la piecita del jardín.

- Mamá… por favor- dije avergonzado- ¿Cómo lo sabes?

-¿Crees que nunca te vi entrar ahí con Bella? Hijo sabía perfectamente a que iban- dios, estaba sumamente avergonzado. Tenía mi rostro escondido entre mis manos- Edward, no te atormentes- no podía ocultar la risa- todos hemos sido jóvenes y te advierto una cosa, no querrás saber que hacíamos tu padre y yo antes de casarnos.

- No mamá… no lo quiero saber- dije con una mueca de desagrado. Ella rió.

- Ahora ve y disfruta de esta noche con tu novia. La próxima noche que compartan, será tu esposa.

- Gracias mamá- dije besando su frente antes de salir al jardín.

- Dejé algo en el mini bar- la oí decir sobre su hombro.

Salí sonriendo y negando con la cabeza. Mi madre y mi hermana eran increíbles, pero tenían la mente más perversa de la familia, ni siquiera Emmet era así. Abrí la piecita, y los recuerdos me bombardearon. Los primeros meses de nuestro noviazgo, nuestra primera vez, las veces en que ambos nos encontrábamos en Forks y nos escapábamos para estar juntos aquí.

- Daría todos mis ahorros por saber qué es lo que cruza por esa cabeza- su inconfundible voz me sacó de mis recuerdos. Me voltee hacia ella.

- Pensaba en todas las cosas que hemos hecho en esta habitación.

- Si estas paredes hablaran… - suspiró Bella en un noto lleno de nostalgia.

- Creo que no nos convendría a ninguno de los dos que fuera así ¿Imagínate si nuestros padres se enteraran?- dije fingiendo horror.

- No, creo que no nos conviene- lentamente se fue acercando a mi, como yo me acercaba a ella- ¿Qué se supone que haremos?- me dijo en un tono juguetón, pero más que eso, sonó muy sexy.

- No se… ¿se te ocurre algo?- le seguí el juego.

- Mmmm… la verdad que no- se detuvo a pensar unos segundos- ¿Y a ti?

- Creo que tengo un par de ideas- a esta altura ya tenía envuelta su cintura con mis brazos, y sus manos se encontraban acariciando mi nuca.

- ¿Qué te parece si me cuentas?- me dijo, mordiendo el lóbulo de mi oído.

- No te lo voy a contar.

- ¿No?- hizo un puchero que debería ser ilegal. Era tan malditamente sensual cuando hacia eso.

- No… te lo voy a demostrar- y no le di tiempo a más.

Ataqué sus labios ardientemente, ella respondió del mismo modo. La necesidad que teníamos el uno por el otro, no aminoraba con nada. Ambos nos deseábamos con la misma intensidad que desde la primera vez. El aire se ausentaba de nuestros pulmones, por lo que debimos separarnos para poder respirar. Pero que dejara sus labios no significaba que dejara su piel. Empecé a atacar su cuello, llenándola de besos. En eso Bella comenzó a tirar de mi remera, me separé solo lo suficiente de su cuerpo para que pudiera quitármela, a lo que aproveche para poder hacer lo mismo con la de ella.

Nuestros labios retomaron su contacto, pero esta vez fue más demandante. Bella delineó con su lengua mis labios. Le dí acceso, para que nuestras lenguas se lanzaran en una batalla para dominar a la otra, pero ninguna se iba a dar por vencida.

Estaba sumiso en su boca, que no fui conciente del momento en el que ella había desprendido mis pantalones y los había lanzado al suelo, junto con mis boxers, y ya se encontraba desprendiendo los botones de sus jeans. Le frené con mis manos, para poder hacerlo yo. Una vez me deshice de ellos y sus bragas, su sostén fue a hacerle compañía al resto de nuestras ropas.

La tumbé con sumo cuidado en la cama, sin romper nuestro beso. Mi boca fue bajando hacia su cuello, descendiendo hasta llegar a uno de sus pechos. Empecé a succionar con cuidado, ya que se encontraban más grandes producto de la reciente maternidad. No quería que ocurriera ningún accidente. Su otro pecho fue atendido por una de mis manos. Bella no dejaba de acariciar mi cuerpo y repetir mi nombre entre jadeos.

Cambié la atención de sus senos, y dirigí una de mis manos hacia el sur de su cuerpo, mientras volvía a besarla con ahínco. Rocé con la yema de mis dedos su punto de placer. Un escalofrío la recorrió entera. Me aventuré e ingrese de una sola vez dos dedeos en su interior. Estaba más que humedad. Comencé a bombera en su interior sin darle tregua. Quería hacerla llegar al cielo todas las veces que pudiera esta noche. Seguí bombeando en su interior, hasta que ella llevó uno de sus dedos a su clítoris, dedicándose a dar más estimulación. Pude sentir como sus paredes empezaban a apretarse en mis dedos, y ella hacia mas veloz el movimiento de su dedo en su sexo. No tardó en correrse.

- Edward…- suspiró mi nombre en señal para que detuviera el movimiento de mis manos. Lleve mis dedos, llenos de sus jugos a mi boca, me saboreé en ellos, mientras Bella me observaba con sus ojos cargados de lujuria y placer.

Me corrí de encima de ella para dejar que regulara su respiración. Al parecer, solo necesito de unos cortos minutos, porque cuando quise darme cuenta, estaba sobre mi, besándome. Estuvimos por unos momentos así, hasta que fue bajando lentamente, besando mi mentón, mi cuello, mi pecho, mi abdomen…

- Bella… no tienes que hacerlo- tuve que usar todo mi autocontrol para pedírselo, cuando pude ver sus intenciones.

- No… me encanta hacértelo. Déjame- no me dio tiempo a responder.

Su cabeza se encontraba entre mis piernas y pasaba su lengua por mi erección como si de una paleta se tratara. En un parpadeo, introdujo mi miembro en su boca y comenzó a lamerlo suavemente. Pero el cavernícola que habita en mi, hizo acto de presencia y tomé su cabeza con ambas manos y comencé a marcarle el ritmo. Solo la solté, cunado sentí que estaba cerca.

- Bella… Bella detente…- pero al parecer no me oyó.

Me derramé por completo en su boca, y ella, como toda verdadera mujer, se bebió hasta la última gota. Eso me excitó aun más, si es que era posible. En menos de un minuto ya estaba listo y duro. Ella se dio cuenta- y como para no verlo- posicioné sus piernas entre mis caderas y lentamente comenzó a introducir mi pene en su cavidad. Permanecimos quietos y en silencio, solo nuestra agitada respiración se oía, durante unos segundos. Luego Bella empezó a mecerse dócilmente.

Pero la suavidad no duró mucho, ya que apoyó sus manos en mi pecho para poder impulsarse con mayor fuerza. Tomé sus caderas, y juntos nos dejamos envolver por la lujuria. Nuestras estocadas eran cada vez mas profundas. Mi vista estaba maravillada por el vaivén de sus pechos. Todo su cuerpo parecía haber sido tallado a mano. El embarazo la había dejado unas curvas perfectas y un plano vientre, del cual jamás podrías haber imaginado que allí había albergado a nuestro hijo por casi nueves meses.

Podía sentir como comenzaba a estrecharse a mi alrededor, pero nuestro compás no cesaba.

- Edward… Edward…- sus gemidos parecían más bien quejidos. Su voz sonaba estrangulada.

- ¿Te duele?- pregunté, aunque sonara egoísta, no quería parar justo ahora.

- No... Diablos!... Más fuerte…

Sus deseos eran órdenes para mí. Seguí penetrándola sin compasión alguna. Ahora, sus gemidos eran gritos.

- EDWAAAARD!- y tras ese grito, un orgasmo potente inundó toda la habitación.

Sus paredes estaban, prácticamente, estrujando mi miembro. Lo cual, fue todo lo que necesite para seguirle y soltar un orgasmo similar al de ella, segundos atrás. Me derramé como nunca antes en su interior. Se dejó caer sobre mi, sin romper nuestra unión, mientras nuestros cuerpos aún se convulsionaban por los espasmos del placer.

- Wooow…- dije Bella, aún agitada.

- Increíble… sin duda el mejor sexo que hayamos tenido nunca- dije lo que pensaba.

- Sin duda- suspiró.

Pasaron varios minutos en los cuales ninguno dijo nada. Solo se oía nuestra ya acompasada respiración. Aun permanecíamos unidos por nuestros sexos, y nuestro cuerpo enlazado por nuestras extremidades. Bella se removió con cuidado para que mi pene saliera de su interior. Se acostó a mi lado. Pase uno de mis brazos por su espalda, atrayéndola a mi, ella dejó descansar su cabeza en mi hombro, y uno de sus brazos reposaba en mi abdomen.

- ¿Te importa si duermo?- me preguntó en un murmullo.

- No hay problema amor. Son mas de las cuatro de la mañana- dije mientras veía el reloj digital en la mesilla de noche- Debes estar agotada, ayer fue un largo día, hoy lo será aún más. Alice no te dejará en paz. Duerme.

- Te amo- fue prácticamente inaudible.

- Te amo- contesté.

Acaricié sus castaños cabellos, hasta que el cansancio me venció y la acompañé en sus sueños.

Bella POV

Los primeros rayos de sol, empezaron a darme de lleno en la cara. Lentamente comencé a estirarme. Aún con los ojos cerrados, tanteé con mis manos, el lado izquierdo de la cama, pero me encontré con un pequeño cuerpecito, y no con el pecho de mi novio. Alice había insistido por todos los medios en que la noche antes de la boda, Edward y yo, no durmiéramos juntos. Y la sentir vacía la cama, sin la compañía de mi amante, acosté a Tony con migo, quien aún permanencia dormido.

Se veía tan tierno, su sueño era tranquilo. Tomé una de sus pequeñas manos y la acaricié, recorriendo sus largos y finos dedos, era una replica de su padre. Aún no creía lo maravilloso que habíamos creado como fruto de nuestro amor. He de admitir que me sorprendí, cuando me enteré de mi embarazo, pero sin duda, era lo más hermoso que me había pasado en la vida.

- Nock… nock… ¡Arriba!- canturreó mi adorada cuñada (nótese el sarcasmo)

- Shhh… Alice, algunos todavía duermen- siseé.

- Perdón, pero ya es tarde ¡Por dios Bella, tenemos tanto que hacer!- dijo emocionada.

- Alice, tranquila. Ahora me levanto. Solo, no hagas ruido. Despertarás a Anthony y retrasará todo- le pedí.

- Esta bien, lo siento. Pero ahora mismo ve a darte un baño. Yo vigilo a mi sobrino.

- Gracias.

Sin mediar más, me puse en pie y me encaminé al baño. Tomé una ducha, no muy larga, pero al menos la calidez del agua, ayudó a despertarme del todo, y llenarme de energía para el largo día que me esperaba. Salí de la ducha, me sequé y envolví en un albornoz. En la habitación, me esperaba Alice.

- Ponte esto- ahora mi cuñada hablaba apenas en susurros- Yo ya regreso, mientras te cambias.

Asentí, tomando el paquete que me tendió, y se retiraba del cuarto. Mi boca se abrió en una "o", cuando vi el contenido de dicho paquete. Era un conjunto de ropa interior, mas precisamente, un babydoll, de encaje color crema. En verdad, era bellísimo, jamás había usado algo como eso. Pero esta noche sin dudas, iba a ser especial, aunque cada noche que pasaba con Edward lo era, solo que esta vez, no era una noche cualquiera. Sería oficialmente la Señora Cullen. Sin perder más tiempo, me coloqué la indumentaria. Mientras me lo ponía, me dí cuanta que la parte de los pechos era flexible, ya que no poseía breteles, pero sostenía perfectamente mis pechos, y sobre el tocador, habían dos almohadillas para evitar manchar la fina prenda. Algo que luego tendría que agradecerle a Alice por su consideración. Estaba colocándome nuevamente el albornoz, cuando mi amiga ingreso de nuevo a la habitación.

- Gracia Alice- dije, con una sonrisa sincera.

- De nada. Sabes que a mi no se me olvida nada- respondió sabiendo de que se trataba.

- Lo sé.

- Bueno, ahora ven y siéntate aquí. Aprovechemos el tiempo, mientras Tony duerme- dijo entusiasta mientras yo tomaba asiento frente al tocador- Tu relájate, que yo me encargo de todo.

- Confió en ti- dije en tono divertido.

Mi cuñada puso manos a la obra, yo solo cerré mis ojos, y me dejé hacer. No tenía ni idea de que me estaba haciendo. Sabía que haría un buen trabajo, Alice tenía ese don. Paso más de una hora, cuando mi pequeño decidió que ya había dormido suficiente, justo al momento en que Alice terminaba de arreglar mi cabello.

- Estas hermosa Bella. Ahora ve y atiende a Tony. Bajo a buscar tu desayuno.

- Gracias Ali. Realmente esta precioso.

Había recogido todo mi cabello perfectamente, no había un solo cabello fuera de su lugar. Era sencillo, peo en verdad se veía elegante y sin exagerar, estaba segura que combinaría con el vestido.

- Y eso que aún me falta el maquillaje. Ya verás que serás la novia mas bella del mundo- alegó.

- Si, como no- dije con sarcasmo, rodando los ojos.

- Eso lo dices, porque nunca te ves realmente. Eres hermosa, tanto por dentro como por fuera. Siempre supe que eras lo mejor que le podría haber pasado a mi hermano. De hecho, siempre supe que serías mi hermana- confesó mi amiga, con sus ojos brillantes.

- Te agradezco tanto Alice. Eres mucho más que una amiga. Eres la hermana que nunca tuve- dije emocionada, a punto de llorar.

- Gracias tontita… y te dejo que llores ahora. Pero escúchame bien Bella Swan, pronto Cullen. Luego de que te maquille, te prohíbo llorar. Quiero una novia radiante, no con los ojos rojos e hinchados- dijo divertida, apuntándome con su dedo índice y hacia un esfuerzo para que sus lágrimas no se derramaran como ya estaban las mías- Y alimenta a mi sobrino que tiene hambre- me abrazó unos momentos antes de irse.

Limpié mis húmedos ojos, y fui a atender a mi hijo. Lo cambié y amamanté. Media hora después, Esme venía con mi desayuno.

- Buen día Bella ¿Cómo amaneciste?- preguntó cálidamente.

- Muy bien Esme.

-¿Nerviosa?

- La verdad es que no- fui sincera. No entendía porqué, en su mayoría, las mujeres antes de casarse, se ponían nerviosas e histéricas- Estoy muy tranquila.

- Eso es porque estas segura de lo que harás, y porque realmente amas a mi hijo- dijo sentándose junto a mi y le daba un beso en la sien a su nieto.

- Supongo que será por eso- ambas reímos- Bueno, este caballerito ya esta listo para que tomé un baño- dije mientras quitaba su airecito.

- Déjame que yo lo haga. Desayuna y deja que Alice termine de arreglarte, no te preocupes por nada.

- Pero Esme, tu también tienes que alistarte. Ya he abusado demasiado de ustedes. Se encargaron de organizar toda la boda- dije apenada.

-¿A caso crees que lo hicimos por obligación?- preguntó con un falso tono de ofensa, sin poder ocultar su sonrisa- Para mi fue un placer que me dejaras organizar todo, junto a Renée, Rose y Alice. Así que déjate de tonterías y dame a mi pequeño nieto.

- Gracias por todo Esme- dije honestamente- Ve con la abuela y pórtate bien- le dije a Tony y besé su coronilla.

- Adiós mamá y deja de preocuparte. Esme tomó a Anthony y salieron del cuarto, luego de tomar todo lo necesario para su aseo.

Me quedé sola desayunando, hasta que Alice regresó ya peinada y maquillada.

- Vamos Bella, ya no nos queda mucho tiempo- me apresuró.

- De acuerdo. Soy toda tuya.

Alice, retomó su labor. Esta vez, tocaba el maquillaje.

- Buenos días- se oyó una cantarina vos, asomarse por la puerta.

- Hola mamá- saludé. Mirando hacia la puerta.

- Hija, no puedo creer que te cases- mi madre ya estaba llorando.

- Voy a buscar el vestido. En un momento vuelvo- se excusó Alice, dejándome a solas con Renée.

- ¿Cómo te sientes?

- Bien.

- Te noto muy tranquila, para ser el día de tu boda.

- Es que en verdad lo estoy. Esto es lago que quiero hacer, y estoy segura de que no hay nadie mas que Edward.

- Tú y él están predestinados a pasar el resto de sus vidas juntos. Muy pocas veces se ven uniones como la que tú tienes con él. En mi caso, las cosas fueron diferentes. No es que no quisiera a tu padre- se apresuró a aclarar- es solo que las cosas pasaron muy rápido

- Te refieres al hecho de que llevaban menos de un año saliendo y te embarazaste de mi, y los abuelos obligaron a papá a casarse con tigo- mas que una pregunta, sonó a una afirmación.

- ¿Cómo sabes eso?- preguntó extrañada. Ella nunca me había hablado de esto.

- Papá me lo contó una vez. Pero a pesar de la presión, él en verdad te amaba con locura. Algo que talvez tu no pudiste hacer- le reproché, sin tener la intención de hacerlo- Lo siento, no quise decir eso- me disculpé al ver la mueca de dolor en su rostro.

- Descuida. Tienes algo de razón. Lo que yo le hice a Charlie no tiene perdón, y estas en todo tu derecho a enfadarte con migo. Es solo que me sentí incompleta, como si algo me faltara.

- ¿Y jamás se te ocurrió hablar de esto con papá?

- Es que no era él, yo era el problema. Tu padre siempre hizo todo lo que estuvo a su alcance para hacerme sentir bien, a veces llegaba a abrumarme, pero había algo que me faltaba, y él no podía dármelo…

- Por eso te acostabas con mi entrenador de la preparatoria- le interrumpí.

- Lo siento, en verdad hija- me pidió llorando.

- A mi no me tienes que pedir perdón. Lo que me duele, es que nunca se lo dijiste a papá. A él lo engañaste.

- No hija, no solo defraudé a tu padre, también te lo hice a ti. Perdóname Bella. En verdad estoy muy arrepentida.

- Esta bien mamá- había sido muy dura con ella- ya, deja de llorar que me vas a hacer llorar a mi también y Alice me va a matar- traté de aligerar el ambiente.

-Gracias hija. Eres la persona más bondadosa que he conocido en mi vida. No sabes lo orgullosa que estoy de que seas mi hija, aunque no me lo merezca- dijo mientras me abrazaba con fuerza.

- Ya mamá. Basta, olvidemos todo eso. Ahora, a secar esas lágrimas y sonreír. No quiero a nadie triste el día de mi boda.

- Permiso- pidió Alice.

- Si Ali- asentí con una sonrisa, contenta de haber podido aclarar las cosas con mi madre.

- Voy a ver si Esme necesita algo- dijo Renée mientras abandonaba la habitación.

- Alice, estas muy bella- dije cunado me percate de que ya estaba lista.

Su vestido era de un color lila bien suave, ajustado en la parte superior, con escote palabra de honor, y caía suelto con finas capas de gasas en el mismo color. Mi cuñada se había encargado del atuendo que usarían las damas de honor, y en verdad había hecho una buena elección.

- Gracias Bella. Pero ahora ven. Edward esta esperándote, ya llegaron todos los invitados.

-¿Ya?- pregunte sorprendida. No había sido consiente del paso del tiempo.

- ¡Si, ya!- exclamó entusiasmada.

Fui hasta donde estaba mi amiga, y me enfundó en mi vestido de novia. Era realmente una obra de arte. El corsé de color crema se apegaba perfectamente a mis curvas, y estaba todo bordado a mano. Mientras que la falda de raso, caía suavemente hasta el suelo, con un gran tajo al costado izquierdo, que llegaba a mitad de mi muslo, pero apenas se podía percibir, mientras permanecía de pie. Este, fue combinado con unos zapatos de raso del mismo todo que mi indumentaria, con taco aguja, y aunque no estaba acostumbrada a usar dicho calzado, era sumamente cómodo.

- ¡Bella, estas hermosa! Ven- mi cuñada tomé mi mano y me guió hasta el espejo.

La imagen que me devolvió el objeto era de ensueño. Todo lo que había echo Alice en mi, había sido perfecto. No quería ser modesta, jamás lo fui, pero lucía increíble.

- No se cuantas veces mas tendré que agradecerte Ali. Me encanta- dije aun perpleja mirando mi reflejo.

- Permiso…- se oyó la voz de Esme asomarse por la puerta, seguida de mi madre, quien sostenía a Tony

- Mi bebé... que bello que estas- la emoción era más que evidente en mi voz. Mi hijo llevaba puesto un esmoquin hecho a medida. Lucía muy tierno. Sin duda, esto había sido obra de su tía.

- Hija, estas preciosa- me halagó Esme, mientras me daba un beso en la mejilla- Veo que ya estas lista. Pero antes debes ponerte esto- la madre de mi futuro esposo, me tendió una fina pulsera de plata- La quiero de regreso- me la colocó en mi muñeca con una sonrisa, la cual correspondí.

- Y esto le pertenecía a la abuela Marie- mi madre me dio una pequeña cajita que contenía unos pequeños pendientes a juego con la pulsera que Esme me había prestado.

- Algo azul- Alice mencionó, mientras me colocaba la cadena que Edward me había obsequiado en mi último cumpleaños- Y esto es algo nuevo, a demás del vestido- me tendió una liga, la cual me ayudó a poner en mi muslo derecho.

Alguien llamó a la puerta.

- Adelante- dijo mi madre.

- Estas muy hermosa Bella- dijo Carlisle, ingresando en el cuarto.

- Gracias Carlisle.

- Bien, ya estamos listos. Toma Bella- Alice me tendió un ramo de orquídeas blancas.

- ¿Nerviosa?- preguntó mi suegro, mientras me tomaba del brazo y salíamos de la habitación.

Debo confesar, que me hubiera encantado que la persona que me entregara en el altar fuera mi padre. Lamentablemente, eso no era posible. Pero Charlie, estaba muy presente en mi corazón en este momento tan importante.

- No, solo estoy emocionada.

Salimos de la casa y nos dirigimos en silencio hasta el jardín trasero, donde todo se encontraba perfectamente decorado para la ocasión. La marcha nupcial comenzó a sonar, todos se levantaron de sus asientos y voltearon a verme. Pero yo solo pude fijar mi vista en el maravilloso hombre que me esperaba al final del pasillo, junto al altar, con esa sonrisa y brillo en sus esmeraldas que tanto adoraba. Manteniendo la conexión de nuestras miradas, comencé a transitar, junto con Carlisle, el caminó que me llevaba hacia él.

- Cuídala como a tu propia vida- dijo Carlisle a su hijo, mientras este ultimo, tomaba mi mano y asentía.

- Estas hermosa- susurró, solo para que yo lo oyera. Mi sonrisa, se hizo aun más amplia.

El sacerdote dio paso a su labor. Fue una ceremonia clásica y sencilla, al igual que nuestros votos. El corazón se me hincho de felicidad, cuando ambos dijimos "si quiero" y colocamos nuestras alianzas.

- Así, los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia.

Sin esperar un solo segundo, unimos nuestros labios, en un lento beso. Cargado de amor y dicha. Jamás podría olvidar este momento. Los invitados estallaron en aplausos, lo cual hizo que nos separamos. Sonreímos y nos volteamos ante la pequeña multitud. Las felicitaciones y los buenos augurios, no se hicieron esperar. Una vez finalizados los saludos, procedimos a tomarnos algunas fotografías, mientras tanto, los invitados, se iban acomodando en sus mesas.

La recepción fue perfecta. Esme se había encargado de contratar al mejor banquete de Seattle. Luego de haber quedado todos satisfechos con el almuerzo, se realizó el tradicional balls. Comenzando con Edward, luego Carlisle, Jasper, Emmet, Ben, incluso con mi pequeño. Finalmente, volví a los brazos de Edward.

- ¿Disfrutando de la velada?- susurró mi ahora esposo en mi oído.

- Toda ha sido perfecto- conteste con un suspiro.

- Si, pero lo mas perfecto aquí eres tu.

- Gracias- respondí con una autentica sonrisa- Lo amo Señor Cullen.

- La amo Señora Isabella Cullen.

Nos miramos a los ojos durante un breve instante antes de unir nuestros labios nuevamente, en un beso que profesaba el amor mutuo que sentíamos, con la promesa de permanecer el resto de nuestras vidas juntos. Sin importar las pruebas que se nos interpusieran en nuestro destino. Todo se podría sobrellevar…

Estando juntos.

FIN


Espero que haya salido bien y si lees por primera vez la historia, me gustaría saber tu opinión. Y no dejen de pasar por mi nueva historia A corazón abierto. Besos.

Chayley