Iba a actualizar mañana pero las tareas de Semana Santa se me acumulan y no creo que mañana por la mañana hubiera podido subir nuevo capítulo. Así que como me aburro he decidido subir el capítulo ya, al fin y al cabo, ¿qué mas da un par de horas más que menos? Así es hasta mejor porque la espera es menor.

Total, que aquí me tenéis, con el capítulo dos y una crisis creativa con Negociador, que aunque no me pongo con él (en parte ha sido por falta de tiempo) tampoco sé cómo explicar lo que quiero contar. Siento la espera con la historia, yo sería la primera que disfrutaría actualizando la historia semana sí semana también y con capítulos mucho más largos de los que doy, pero otra cosa no puedo hacer, así que no me voy a auto obligar a escribir sobre algo de lo que no tengo ideas porque el resultado va a dejar bastante que desear.

Dicho esto, aprovecho mis reservas de historias y os dejo con el segundo capítulo.


Disclaimer. Los personajes de Bones son propiedad de Kathy Reichs, Hart Hanson, Stepehn Nathan, la FOX, etc. No me pertenecen y no obtengo beneficio económico por escribir ni publicar esto.


Respóndeme


-II-


Notó que tenía las piernas mojadas y, tras encender la luz, descubrió por qué.

El coche estaba anegado de agua y barro por fuera y rodeado por la misma combinación en el exterior. De momento no había mucho —cincuenta centímetros— pero, al fijarse en las puertas del vehículo, vio que éstas iban a seguir filtrando agua al interior del automóvil.

No sabía dónde estaba, el GPS se había estropeado al darse un golpe y necesitaba ubicarse, así que intentó recordar.

Ella en el Jeffersonian corrigiendo los trabajos de sus alumnos, Booth, su coche, el puente, todo aquel montón de agua y el automóvil arrastrado por la corriente.

Necesitaba salir de allí, necesitaba que Booth y su equipo la rescataran pero, para ello, tenía que ponerse en contacto con alguno de sus amigos. Así que se dispuso a buscar el móvil.


"Noticia de última hora: Las autoridades acaban de informarnos de que una presa situada cerca del Condado de Arlington acaba de reventar, anegando parte de la cuidad de Washington y desbordando algunos puentes que cruzan el río Potomac" y la presentadora de informativos agregó "Conectamos con nuestro enviado especial a la zona del embalse…"

El hombre dejó de escuchar al reportero que se encontraba informando acerca del dique que había estallado y, acto seguido, se llevó las manos a la cabeza.

—Era… Era tan fácil llevarla y asegurarme de que estaba a salvo —murmuraba, lamentándose, el agente.

—¿Qué te pasa? —la voz de Ángela, que acababa de llegar, interrumpió las cavilaciones de Seeley.

—Debería haberla llevado hasta su apartamento, comprobar que llegaba bien a su piso pero, tenía ganas de tomar un café, comer algo de tarta y estar un rato en mi casa.

—¿Te refieres a Brennan? —inquirió la artista.

—Sí —hizo una pausa y Booth continuó—. Una presa ha reventado en el Condado de Arlington, ha desbordado puentes e inundado una parte de la ciudad.

—¿Qué tiene eso que ver con Brennan? —preguntó, una vez más, la amiga de la antropóloga.

—Para ir desde el Jeffersonian hasta el apartamento de Huesos se tienen que cruzar ambos puentes [1].

—¿Crees que… Crees que la corriente la ha arrastrado? —dijo, con voz entrecortada, Ángela.

—No queda otra —concluyó el agente—. No está en su casa y no me coge el móvil, ¿se te ocurre algo más?

La dibujante tomó asiento junto a Seeley, en el sofá del despacho de su amiga, y, mirando fijamente a los ojos de Booth, dijo:

—¿Piensas que tienes la culpa?

—¿A qué te refieres? —el hombre intentó evitar la pregunta.

—Sabes perfectamente qué es lo que quiero decir —afirmó la artista—. No te hagas el tonto.

Aunque Ángela no obtuvo respuesta, interpretó el silencio del agente como contestación afirmativa a su interrogante.

—Booth, todo el mundo comete errores. Hemos estado varios días con un caso especialmente duro y es perfectamente normal que quisieras irte a tu casa o relajarte con un café.

—Le dije que la llevaba pero me respondió que no, que tenía trabajo y que sabía cuidarse ella sola —Seeley recordó la conversación entre él y su compañera en la oficina de ésta.

—Pero Brennan es así: antepone su trabajo a cualquier cosa, le gusta trabajar. No es la primera vez que se queda hasta muy tarde en el Jeffersonian o que no va a su casa a dormir con tal de examinar un cadáver. Tampoco es una persona dependiente y lo sabes.

—Tienes razón —Booth se levantó de su asiento y añadió—. Así no solucionamos nada, tenemos que buscar una forma de encontrar a Huesos.

—Antes de venir llamé a Cam y Hodgins, no tardarán en llegar —comentó Montenegro.

—Gracias, Ángela.

Los dos salieron de la oficina de Brennan y se dirigieron a la plataforma central del laboratorio, donde se encontraron a la doctora Saroyan y a Jack, esperando, de pie junto a las escaleras.

—Ángela, ¿qué ha pasado? —interrogó el entomólogo, acercándose a la dibujante.

—¿A qué venían tantas prisas? —Saroyan se unió a la conversación con otra pregunta.

—Huesos ha desaparecido —comunicó el agente.

—¿Desaparecido? —dijeron, al unísono, el botánico y la forense.

—No ha vuelto a su casa y no coge el teléfono móvil —continuó la artista.

—Además, una presa ha reventado en el Condado de Arlington —informó Seeley—. Dos puentes de la ciudad se han desbordado.

—¿Qué tiene que ver eso con Brennan? —inquirió Hodgins.

—Los puentes… Para ir desde el Jeffersonian hasta el apartamento de Brennan se tienen que cruzar los dos —contestó la dibujante.

—El embalse se rompió sobre las siete y cuarto, así que, lo más probable es que la corriente haya arrastrado el coche de Brennan —dijo Booth.

—¿Justo cuándo pasaba por el puente? —Jack pensaba que aquello resultaba extraño.

—¿No os estáis precipitando? —añadió Cam.

—¿Se os ocurre algo mejor? —interrogó el ex francotirador.

Todos callaron.

Si se pensaba bien, no era imposible y se trataba de una opción bastante probable.

Un dique que había reventado, parte de la ciudad de Washington anegada, dos puentes que rebosaron y por los que se tenía que pasar para ir al piso de la antropóloga. Además, Temperance no contestaba a las llamadas y no estaba en su casa.

—¿Y qué hacemos para encontrarla? —preguntó la doctora Saroyan.

—Deberíamos consultar las corrientes del Potomac, así podemos mirar el recorrido que está siguiendo el agua —aconsejó el entomólogo.

—Y mirar el parte meteorológico —añadió Ángela.

—¿Qué os parece si obtenemos información sobre la presa de Arlington? —la forense hizo su aporte.

—Hodgins, las corrientes; Ángela, el tiempo y Cam y yo miramos lo del embalse —anunció el agente.

Cada uno se dirigió a sus respectivos puestos de trabajo y comenzaron con la tarea que les correspondía. Jack descolgó el teléfono y comenzó a marcar el número de teléfono de Salvamento Marítimo, la artista se dedicó a mirar los partes meteorológicos y, por último, tanto Booth como la doctora vieron diversos informativos e investigaron sobre el dique.


Miró hacia los lados, necesitaba buscar su Blackberry y hablar con Booth. No tenía otra forma de comunicarse con el exterior. Para que la salvaran.

Así que alargó la mano hasta llegar a su bolsillo e introdujo ésta en el interior de la tela de su pantalón, ahora parcialmente mojado, para poder sacar su móvil, con la esperanza de que aún tuviera batería y no se hubiese estropeado con el agua y el lodo.

Al comprobar que el móvil seguía en su bolsillo, Brennan conservó la esperanza de que Booth la rescatase, la fe en él, la misma que conservó —a su manera—, el día en que La Sepulturera la enterró a ella y a Hodgins con vida en el interior de un vehículo.

Miró el dispositivo electrónico y, pese a que la cobertura no era ni de lejos la más adecuada y que apenas se conservaba una rayita de batería, servía perfectamente para el cometido que Temperance le tenía ya asignado, pensado en segundos por su privilegiado cerebro.


Al terminar la llamada, Jack ya disponía de toda la información que le sería de utilidad, recorrido de la corriente, fuerza de la misma y otros datos menos importantes que le había suministrado por teléfono. Ángela, que había conseguido las predicciones en poco tiempo de una fuente completamente fiable, no tenía buenas noticias que darle al resto. Cam y Seeley, por su parte, también habían cumplido con su trabajo: confirmar datos acerca del pantano y también del puente.

Así pues, se encontraron todos en la plataforma con la intención de compartir la información.

—¿Qué tenéis? —interrogó la jefa.

—Salvamento Marítimo tiene previsto que la riada vaya hacia Virginia, hasta que llegue a la bahía de Chesapeake, desembocando en el Atlántico. Tiene una fuerza bastante considerable, además, teniendo en cuenta que ha sido capaz de arrastrar un coche… —fue Hodgins quien habló.

—Yo no tengo buenas noticias —anunció la artista—. Habrá más lluvias durante las próximas horas con una intensidad igual o mayor que ahora.

—¡Oh, Dios mío! —Booth se tuvo que apoyar en la pared, y se posó la mano sobre la frente, levantando algo de pelo—. Debí haberla llevado a su apartamento…

—No podías saberlo, lo que ha ocurrido no se adivina, Seeley. Sólo, ocurre —decía Cam mientras se acercaba su amigo y le ponía la mano sobre el hombro—. La encontraremos, te lo aseguro. Hemos conseguido cosas más complicadas, esto no se nos va a resistir, ¿vale?

—Vale —contestó, quedamente, el agente.

—¿Y tú, Cam? —preguntó Ángela.

—Está confirmado, el embalse que se ha roto ha provocado la crecida del río que ha causado el desbordamiento de dos puentes. El resto… Todos lo sabemos —explicó la forense.

—Booth, tío, ¿qué te pasa? —inquirió Jack, que acababa de ver a Booth palidecer.

Terminó de pulsar el teclado del móvil y apretó el último botón que le hacía falta para completar su tarea.

No pudo evitar sonreír cuando vio que la pantalla iluminada aparecía la siguiente frase:

Calling [2]

Seeley sacó su teléfono del chaquetón que llevaba puesto y lo comprobó, ya que acababa de notar la vibración del aparato en el bolsillo de la prenda de vestir.

Se sorprendió, gratamente, al comprobar quién le estaba llamando; y fue la voz del entomólogo lo que le devolvió a la realidad.

—Booth, ¡Booth! —gritó Hodgins.

—Es Huesos.


[1] Me lo he inventado. No sé si habrá puentes o no entre la casa de Brennan y el Jeffersonian, pero necesitaba que así fuera porque si no, lo de ser arrastrada por el agua como que no.

[2] Es inglés según yo muy básico, pero aún así pongo la traducción por si alguien tiene un lapsus, no lo sabe o lo que sea. Si yo no me equivoco, "Calling" significa "Llamando".


¿Y bien?

Espero que os haya gustado, aunque solo sea un poquito (porque lo que es a mí no me convenció mucho el resultado...).

Pero en fin, así están las cosas y así se las hemos contado (como dice Matías Pratts si yo no me equivoco, lo cual es probable). Yo no tengo mucho más que decir, excepto que la próxima actualización será el martes de la semana que viene, es decir, el día 26. Esta vez ya sin ninguna sorpresa con antelación. O eso creo, nunca se sabe aunque en principio no tengo intención de hacerlo antes.

No me enrollo que a este ritmo me embalo y ni las persianas de mi casa.

Esperando que disfrutárais de la lectura, me despido hasta la semana que viene.

Hasta otra. :D