Disclaimer: Digimon no es de mi propiedad. Esta historia sólo ha sido escrita con fines de entretenimiento no de lucro.


Capítulo III

Mágico Londres

Faltaba poco para que la noche terminara y diera paso al día. A pesar de la calefacción en la habitación hacía mucho frío y Mimi volteaba a cada rato a ver a una Sora yacida dormida en su cama, no se imaginó que su jefa y ahora amiga, roncara. Pero el hecho de que Sora roncara no era motivo por el cual no conciliaba el sueño, sino era ese sexi vocalista de los Teen Wolves. Ese cabello rubio de peinado rebelde que se agitaba con los movimientos que el joven hacía al moverse cuando bailaba, esos ojos azules tan bellos como el mismo cielo y perderse en ellos, de piel blanca y por lo visto bien cuidada, sus finas facciones en sí no se veía muy japonés, tenía más aire de ser francés, ese perfecto cuerpo masculino que con aquella ropa puesta en el concierto dejaba ver sus bien formados brazos, esa sonrisa tan seductora, angelical y esos labios endiabladamente apetecibles, esos labios que siempre que estaba a punto de probar en sus sueños, el maldito despertador sonaba, en fin, lo único que pudo hacer, fue suspirar hondamente y sonreír porque el chico de sus sueños era real.

De repente la castaña se levantó de golpe de su cama, arrojando su cobertor con una fuerza sobrehumana, puso los pies en el suelo y no evitó en sentir calosfríos porque el frio era intenso y se dio cuenta que dormía con una playerita de tirantes y shorts, la ojimiel se abrazo así misma tiritando de frío. Tomó su cobertor y se cubrió para luego volver a la cama. Envidiaba a Sora, ella dormía tan plácidamente, entonces se acordó que la pelirroja se había puesto casi su traje esquimal tal vez por eso la chica no sentía frío. «Méndiga Sora» pensó la castaña porque su nueva amiga no le había dicho que se cubriera.

Era mediado de Marzo y Mimi jamás se imaginó del terrible frío que podría hacer en Londres por lo que en su maleta no llevó la ropa necesaria para cubrirse. Estaba acostumbrada a los fríos de Nueva York, pero en Londres era mucho más intenso y con eso que últimamente los cambios climáticos estaban para llorar.

Apenas estaba por amanecer y Mimi recién conciliaba el sueño (se puso las dos chamarras que había llevado al viaje, dos pans y tres pares de calcetas) Él aparecía en el escenario, cantando tan hermoso como lo había hecho en la noche, en la mano sostenía una rosa color blanca y con la otra la invitaba a subir al escenario, ella aceptaba encantadísima, llevó su mano al pecho y una enorme sonrisa se hizo presente en su rostro. Miró aquellos ojos azules que la volvían loca por unos segundos para luego posar sus mieles pupilas en esos labios tan seductores que la invitaban a ser probados. De repente los gritos de las miles de enloquecidas, de la música se apagó, al igual que el lugar dejó de ser el escenario para volverse un lugar oscuro donde de la nada fue iluminado por una hermosa luna plateada la cual se enfocaba en aquellos dos jóvenes que se veían enamorados. El rubio se acercaba a ella peligrosamente, sin decir palabra y no las necesitaba para saber que iba pasar, al fin, por fin probaría esos labios y entonces…

—¡Mimi, despierta! —por esta ocasión no se trataba de su horrible despertador que ya por costumbre quería tirarlo, pero como no lo encontró, se dio cuenta que no estaba en su departamento. Se trataba de Sora que corrió las cortinas y dejó entrar un deslumbrante sol que la cegó por un minuto y aunque no era su departamento, como todas las mañanas, se cayó.

—¡Maldita sea! —Exclamó la castaña, sorprendiendo a una pelirroja que le miró con aquellos ojos rubíes—. Lo siento, que diga, buenos días.

—Lo siento por despertarte abruptamente —se disculpó una apenada Sora.

—No, no te preocupes, es que así me despierto yo… cayéndome de la cama, no es lindo, ¿sabes?

Sora se mordió los labios, aguantándose las ganas de reír, siempre veía a Mimi con aquel hermoso cabello bien aliñado, perfecto sin un solo pelo fuera de su lugar y ahora que la veía recién levantada, parecía que la chica había tenido una ardua pelea con las sabanas que le dejó el pelo hecho un enredijo, todo alborotado, parecía ser el peinado de Edward el joven manos de tijeras y eso agregándole todas las ropas puestas de la chica. Le causó mucha ternura, Mimi era una chica simplemente excepcional que se ganaba a las personas muy rápido, se lamentó no haberla tratado desde un principio, ahora entendí porque Yolei, Kari querían tanto a la castaña, además de el resto de los empleados.

Después de bañarse y peinarse, Mimi volvía a ser esa chica de cabello impecable, vaya cambio. En Londres eran las 10 de la mañana y habló a su amiga Kari para contarle todo, pero estaba tan desubicada que no tomó en cuenta la hora que era en Nueva York, así que del otro lado del teléfono, escuchó una voz adormilada quien la dejó hablando como loca ya que Kari soltó el teléfono y siguió durmiendo como bebé, Mimi colgó cuando escuchó los pequeños ronquidos de su amiga. Pero aquello no la dejaría con las ganas de contarle aunque sea a una de sus amigas que el chico de sus sueños era real, así que marcó al celular de Yolei, recordando que su amiga se había ido a Las Vegas y con eso que esa ciudad tiene el mote de las ciudad que nunca duerme, seguro que su amiga de gafas si le respondería y con lo fácil que era sorprenderla, ya se estaba preparando para recibir los gritos.

—Hola —escuchó a través del auricular, pero la voz se oía aguardentosa—. Aquí hablando Yolei ¿y allá? Jajaja —esa risa era de Yolei, pero no la usual risa, sino la risa cuando su amiga se le pasaba las copas.

—Mimi, ¿estás bien? —interrogó Mimi, sabiendo que su amiga estaba ebria.

—¡Mimi, que alegría saber de ti, hace tanto tiempo que no te veo! Estoy bien, celebrando con mi marido, por cierto te manda saludos… ¿qué dices Ken? ¡Oye, es mi amiga! No andes diciendo que esta como Diosa, ¡Yo soy tu esposa! —Escuchó a Yolei reprender a su marido—. Lo siento Mimi, pero Ken está muy ebrio que anda diciendo cosas incoherentes y lo voy a castigar, esta noche no tendrá su premio… bueno, creo que sí, me tomé unas bebidas energizantes, ¿entiendes? Que te prenden y no precisamente para tener energía todo el día… sino para toda la noche… hip… me desconecto amiga, cuídate que ya no aguanto… ¡KEN, a la habitación ahora mismo! —después de eso, escuchó el timbre de colgado.

Esta vez la sorprendida había sido ella, no sabía que su amiga fuera muy "inquieta" con Ken, ahora entendía porque se había embarazado tan joven. Sacudió la cabeza después de imaginarse que pasaría en esa habitación, no quería quedarse traumada por el resto de su vida, así que siguió con los planes: Conocer Londres.

Sora sentía andar con una hermanita mucho menor que ella, pues la castaña se emocionaba por cada cosa por más pequeña que ésta fuere, en ocasiones Mimi terminaba llorando porque decía que no le alcanzaba para pagar esos zapatos que tanto le gustaban, que era los que siempre ha soñado, aunque eso lo dijera a cada rato pues siempre le gustaban otros diferentes. Ni que decir de la ropa, se compró algunas prendas pero no eran precisamente las que le fascinaron, sino las que alcanzó a pagar. Se tomaron centenares de fotografías juntas y otro tanto a los bellos lares de Londres, uno que otro inglés quedó prendado de la belleza de las dos jóvenes que hacían todo lo posible por pasar más tiempo con ellas. Luego fueron a comprar unos big ben en miniatura como regalitos para sus amigas, unos chocolates y unos bombones cubiertos. Al fin se sentaron a descansar en un restaurant donde la castaña babeaba por los platillos, se veían todos muy apetecibles aunque el precio era elevado.

—Yo invito —le dijo Sora, sonriéndole.

—¿Segura? Después no te arrepientas que la comida te salió de un ojo de la cara, eh —le advirtió la ojimiel, a lo que Sora negó con la cabeza a la vez que sonreía—. Gracias. Si no fuera porque tuve suerte de ganarme los boletos para venir a Londres, ni en sueños visito ese mágico lugar —admitió la chica.

—Sí, he de decir que no sólo fue tu suerte, sino también la mía, porque conocí porque le caes bien a todo mundo Mimi y yo me limitaba con lo mío sin darme la oportunidad de tratarte —reflexionó la pelirroja que veía su menú—. Te recomiendo este platillo, seguro te va a encantar —le señaló.

—Confío en ti —aceptó la castaña—. Pero nunca es demasiado tarde y míranos ahora, algo que creo que no hubiese pasado en Nueva York. Tuve suerte en que la estación de radio estuviera de aniversario y se luciera con su regalito de boletos al concierto de los Good Bad Boys, el viaje todo pagado, con hospedaje y comida, y creo que lo mejor de eso, es que yo también estoy conociendo a la Sora tímida y buena onda que no era en Nueva York, espero que no sea pasajero eh.

Aquello causó una gran sonrisa en la pelirroja, haciéndola lucir muy linda y con una luz que jamás mostró en Nueva York.


En un hotel yacía un rubio acostado en la cama bien cubierto con los cobertores y durmiendo calentito, hasta se acurrucaba. El muchacho jaló el edredón para cubrirse aún más, de hecho quería envolverse en él como si se tratara de un gusano. Un estirón evitó de hacerse del edredón, pero no le importó, siguió durmiendo. Sintió un peso extra en su cuello, lo cual obligó a abrir los ojos, aún adormilado vio una mano morena que colgaba cerca de su cara, no le tomó importancia al principio, quería seguir durmiendo, pero de repente abrió los ojos por completo, se levantó, mejor dicho brincó de la cama como si se tratara de una rana y señaló al intruso que dormía en su cama.

—¡Maldito pervertido! —le gritó Matt a Tai que se despertó por el grito de su amigo.

—¿Eh? —el moreno no reaccionaba aún, de hecho se frotaba los ojos—. ¿Qué? Hace un frio de los mil demonios y quería dormir calientito.

—¡AHHHHGGG y están en ropa interior! ¡Serás un desgraciado! —Matt se sentía asqueado que aventó el cobertor sobre su amigo, cubriéndolo.

—Tranquilo, aunque fuera gay, no serías mi tipo —le respondió Tai a manera de hacer molestar más a su amigo—. Pero eso sí, ni una sola palabra de que compartimos la cama.

—Hasta crees que voy a andar divulgando que dormí con mi mejor amigo… raro —Matt fulminó con la mirada azulada a su castaño amigo a quien las ganas de carcajearse se asomaron en su moreno rostro.

—Bueno, hay que apurarse, hay que ir al Tower Bridge a las cinco y ya es tarde —avisó Tai que miró su muñeca izquierda.

—Ni siquiera tienes reloj. Por cierto, ¿al Tower Brigde? ¿Y tú como sabes dónde queda? Si pasabas geografía llorándole al profesor —le acusó Matt que ya estaba más relajado.

—Por qué me recomendaron ese lugar, dicen que es muy mágico —respondió con tanta simpleza que a Matt le provocó una mueca de enfado.

—¿Quién? —insistió el rubio, mirándolo con sospecha.

—Un amigo… ¿te metes a bañar tú primero o yo? —Tai se levantó con pesadez—. Mejor tú, yo me duermo otros minutitos.

Tai como lo dijo, se volvió a dormir, que cuando Matt ya se había bañado, el castaño estaba roncando, así que el rubio para desquitarse del mal rato que su amigo le hizo pasar cuando despertó, le echó agua encima, haciendo que Tai se levantara en un salto.


Sora checaba su reloj a cada rato, Mimi parecía una adolescente emocionada, seguía llamando la atención, y al parecer eso le gustaba a la castaña, pues se dejaba tomar fotos y hasta coqueteaba uno que con otro inglés, no faltaron los que preguntaron por Sora, pero la pelirroja se ponía del mismo tono que su cabello, no podía responder y se ponía muy nerviosa cuando le preguntaban su nombre. La castaña le daba uno que otro tip a Sora, pero la pena evitaba que la pelirroja aplicara los consejos de Mimi.

Mimi solía llevar a Sora a las tiendas, pero de repente, fue Sora quien jaló a Mimi para llevarla a conocer el Tower Bridge. Sora llevaba el control, pero de repente, perdió a Mimi en una tienda, ¿acaso la chica no se cansaba? Así que no le quedó otro remedio que entrar tras de su amiga. La vio que se metió al vestido a probarse una blusa muy bonita de color rosa pastel con bordes blancos, no le quedó otra que esperar, sentarse y ojear una revista, cosa que se la pasó haciendo todo el día.

La castaña estaba feliz, la blusa simplemente era preciosa, con un diseño muy encantador, coqueto pero a la vez con cierta apariencia inocente, una perfecta combinación de cómo era ella, la miró frente al espejo, como se le vería puesta, la admiraba, además de eso, que estaba a su alcance, sí podía pagarla, lo bueno es que en la tienda había calefacción y podría probarse la blusa sin tiritar de frío como le había pasado en otras tiendas. Se quitó su abrigo, su gorro dejando ver su hermoso cabello castaño, la bufanda, los guantes, el suéter de cuello de tortuga, la blusa gruesa de lana, la otra blusa hasta que al fin quedó solamente con el sostén. Dispuesta a probarse por fin la blusa, la chica sintió una presencia más en los vestidores, no le hubiera tomando importancia si no fuera que entraron al suyo.

—¡Imbécil, este es un probador para damas! ¡Pervertido! —exclamó la castaña, furiosa, quería asesinar al maldito.

Sin verlo todavía, la chica se le dejó ir como una fiera a golpes al muchacho, supo que era chico por los zapatos. Fue tal su furia que terminó cayéndose sobre él, a pesar de que sus ropas cayeron sobre el hombre y ella no dejaba de golpearlo, el intruso logró atrapar las pequeñas pero veloces manos de Mimi, deteniéndola, con una sola mano bastó para tener las dos manos de la chica, con la otra se quitó la ropa encima, dejando ver unos bellos ojos azules zafiro, de mirada molesta, una perfecta nariz, un rostro simplemente perfecto, todo él era perfecto, el rubio cabello, brillante y sedoso. Mimi se le quedó viendo directamente a los ojos, se veía estupefacta por estar frente al vocalista que la noche anterior lo reconoció como el chico de sus sueños, literalmente. Matt tampoco estaba como si nada, sobre él estaba esa chica preciosa pero loca, sin blusa, algo incomodo pero el hecho de que ella estuviera frente a él removió muchas cosas de nuevo.

Por los gritos, Sora llegó y llamó la atención de otros clientes del lugar, entre de ellos, estaba Tai, que al ver a Sora se acercó.

—No contábamos que a los dos se les antojara comprar algo en la misma tienda y terminara uno encima del otro —le comentó Tai a la pelirroja quien asintió, sorprendida.

—Lo siento, pero los probadores son mixtos en esta tienda —dijo la señorita que atendía—. Perdón por no haberlo dicho antes —se veía apenada.

—No, no se preocupe… —Mimi se levantó todavía ensimismada.

—Perdón, pensé que estaba desocupado —dijo por fin Matt.

Los ojos de la castaña brillaron como soles porque al fin escuchaba hablar al chico de sus sueños, la voz era preciosa, la había escuchado cuando cantó, y habló para el público, pero no para ella, era simplemente especial, milagrosamente no se derritió frente a él, sólo quería seguir admirándolo, sobre todo esa boca tentadora que incitaba a ser besado. Un sonrisa de encantó se hizo presente en su rostro, sonrisa que no pasó nada desapercibida por Matt quien sentía que no había nada ni nadie más en el lugar que él y ella.

El ambiente fue abruptamente interrumpido por Tai quien le dio un codazo a su rubio amigo y se acercó a su oído para susurrarle:

—Irónico que tú hace rato me dijiste pervertido, ¿no crees?

Matt se ruborizó ligeramente pero sus ojos no denotaban vergüenza sino ganas de estrangular a su amigo, pero sus impulsos fueron tranquilizados al oír a la castaña decir que fueran a tomar un café.

—De acuerdo, chicas, yo les invitó el café —Tai se veía muy contento, parecía estar satisfecho—. Tú pagas —le masculló a Matt.

—¿Qué? Pero si tú las invitaste —replicó el rubio en voz baja.

—Sí, pero tú eres el que ganas —contestó Tai que frente a las jóvenes mantenía su gran sonrisa.

—Avaro —dijo entre dientes el rubio, fulminando a su amigo con la mirada.

La castaña tomó de la mano a Matt, adelantándose para salir, hasta que la señorita de la tienda le recordó que debía de pagar la prenda o sutilmente llamaría a la policía.

—Creo que lo mejor es perdernos, ¿te parece? —propuso Tai a Sora.

—¿Y el café? —interrogó ella inocentemente.

—Lo tomamos en otro lado, así no hacemos mal tercio —guiñó un ojo con picardía.

Entonces Sora enfocó su mirada a su amiga y al rubio que iban varios pasos delante de ellos, notó que Mimi miraba con mucha ilusión a Matt y éste a pesar de su apariencia indiferente, los azules ojos de él, transmitían el mismo sentimiento que la castaña. Sin duda alguna, había algo entre los dos, algo que ella ignoraba pero sabía que era algo muy bonito. Sonrió para sí.

—De acuerdo —aceptó Sora, tomando el brazo que Tai le ofreció, recargándose sobre el fuerte hombro de su acompañante, dando vuelta en la siguiente esquina, perdiendo de vista a su amiga.


Mimi quería decirle a Matt que ha estado soñando con él durante mucho tiempo, pero le atemorizaba como lo iba a tomar a él, seguro pensaría que estaba loca, que era una psicópata obsesionada o algo por el estilo, sin embargo, no podía dejar de verlo, toda encantada por lo guapo que era, no podía creer que hubiera un hombre tan bello como él.

—Oye… —los dos hablaron al unísono, cosa que causó que las mejillas de ambos se tornaran rosas—. Tú primero —de nuevo, al mismo tiempo, por la pena, ambos desviaron la mirada a lados opuestos.

Se mantuvieron callados un rato, hasta que sus mejillas sonrojadas volvieran a su pálido color gracias al frío.

—Y dime, ¿te gusta Londres? —interrogó Matt quien no se atrevió a mirarla, en lugar de eso, atisbaba el nublado cielo londinense.

—Mucho, ¡Es precioso! Es muy hermoso, es simplemente mágico, sobre todo porque te encontré —no podía creer que lo hubiera dicho, pero se había emocionado, lo único acertado que pudo hacer, fue ver el suelo.

No se lo esperaba, también lo tomó por sorpresa, pero era verdad, Londres era mágico, pues se encontró con la chica de sus sueños. Cautivado por la pena de la chica, con su mano, levantó la barbilla de Mimi de tal manera que ella lo viera directo a los ojos. Era hermosa, sus rojos labios hacían juego con sus mejillas, parecía una muñequita de porcelana. Esos labios que durante mucho tiempo soñó con besarlos porque en sus sueños no sucedió, ahora tenía la intensa necesidad de probarlos. Se acercó, ella abrió los ojos como platos, pero algo la detuvo.

—Lo siento, ¿qué va a decir Sora? Que me beso con el primero que me encuentro —La castaña volteó para buscar a su amiga, pensando que la otra estaría algo alarmada, con lo recatada que era—. ¿Y Sora?

—Ah, ese Tai seguro se la llevó —indicó el rubio, despreocupado.

—¿Qué? ¡¿No me digas que tu amigo es un secuestrador? Hay no, y no es para menos, Sora es hija de uno de los magnates de Nueva York, ¿tú también eres un secuestrador? Yo sólo soy una empleada, no gano mucho… —Mimi se alarmó con la idea, se veía horrorizada.

—Tranquila —Matt hizo todo lo posible por contener la risa—. Tai no es ningún secuestrador y mucho menos yo, Tai será muy… muy confianzudo, pero es un buen chico, créeme quedó impactado con tu amiga, así como yo contigo… ¿cómo te llamas?

—Mimi —dijo toda embobada, dejando escapar un suspiro, cualquier otra chica se hubiese molestado que no supieran su nombre, pero ella no.

—Creo que debemos presentarnos primero. Soy Matt Ishida, mucho gusto Mimi… —Matt le dio la mano.

—Tachikawa —Mimi se veía encantada.

El rubio tan sólo sonrió, aunque su rostro no lo demostraba, estaba encantado con Mimi incluso hasta más que ella.


Tai dejó escapar un largo suspiro mientras veía a Sora, era muy hermosa, la chica más hermosa que él jamás había conocido, lo enternecía, lo conmovía, lo enamoraba con tanta facilidad, se sentía el hombre más afortunado y no dejaba de sentirse el centro de atención de todo Londres por llevar a su lado a una joven tan bella como Sora.

—En este lugar hace unos cafés muy ricos —dijo Sora.

—Conoces muy bien Londres, sino fuera por ti, yo ni se de la existencia del Tower Bridge y menos dónde se ubica —sonrió el castaña, logrando hacer sonreír a la chica. Quedó embobado porque Sora se veía más bella sonriendo.

—Es que aquí estudie mi carrera —respondió la chica, con cierta timidez que sin querer, hizo que Tai se enamorara más de ella y aunque resultara raro, Sora se sentía atraída y enamorada por ese chico que acababa de conocer.

—Interesante, cuéntame más de ti, Sora, me gustaría saber absolutamente todo de ti, porque a pesar de haberte conocido ayer, siento que eres el amor de mi vida —sí que era confianzudo a tal grado de confesarle lo que sentía, notó que Sora se sorprendió, hasta podría jurar que la chica se espantó—. No era mi intención asustarte, sólo que es difícil de explicar… es como amor a primera vista, yo no creía en eso hasta que te conocí… Ay que estoy haciendo —él también se puso muy incomodo por ser tan directo que empezó a tartamudear, haciendo que la pelirroja soltara una carcajada.

—Y-yo también me sentí así, me gustaste desde el primer momento que te vi… —la joven miraba a todas partes menos a los ojos de Tai—. Sólo que yo no soy tan espontanea como tú y decir lo que siento…

—Forma parte de tu encanto… Sora, eres muy bonita y me gustas, y al saber que tú sientes lo mismo por mí, me dan ganas de subirme a la mesa y gritar —Sora sonrió, pero cuando vio que el chico estaba dispuesto a hacerlo, ella se sintió incomoda—. Lo haría sino hubiera tanta gente aquí, lo único que hago es llamar al mesero —tranquilizó el joven castaño esbozando una gran sonrisa.

Se percató que la cafetería era famosa por lo detallistas que eran en los dibujos sobre los cafés. Tai se levantó con el pretexto de ir al baño, pero en realidad, detuvo al mesero.

El castaño le pidió al mesero que en el café de Sora, dibujaran una rosa. Cuando la pelirroja vio el detalle se sentía muy feliz.

—Lo bueno de esta rosa, es que la puedes probar sin ser rara —dijo Tai, logrando hacer que la chica sonriera.

La sonrisa de Sora era simplemente mágica, lograba hacer que él sintiera maripositas en el estómago y que todo lo malo del mundo desapareciera. Quedaba todo embobado, simplemente lo desarmaba con esa hermosa sonrisa y aquella carita de ángel que ella tenía.

—Será muy apresurado, pero siento que te amo —confesó el castaño, tomando la mano de la chica y besándola con mucha sutileza.

Olía tan bien, era un aroma que lo volvió loco al instante.

—Oh Tai, eres tan dulce… pero eso de amar ¿no crees que si es muy apresurado? —Sora le sonrió.

—Sí lo es, ¿pero qué tal si mañana me muero y no te lo dije antes? —notó que aquello alarmó a la pelirroja—. Eres la chica de mis sueños, y aunque apenas anoche te conocí, créeme que me has enamorado por completo.

—Yo me siento muy bien a tu lado y he de confesar que me pones algo nerviosa —la chica se sonrojo, haciendo que Tai se enterneciera.

—Y tú a mí, aunque no lo parezca, quiero que te sientas segura conmigo —el chico sonrío, se acercó a la pelirroja.

La besó suavemente, con mucha delicadeza y notó como se tensaron los labios de la chica y ella se estremeció. Cuando se alejó de ella, la muchacha se veía muy apenada.

—Lo siento, es que… es que nunca he besado a nadie —confesó la chica.

Tai abrió los ojos como platos, sorprendidísimo, cómo era posible que una chica tan bella no haya tenido novio y mucho menos haber besado. Pero luego su sorpresa se transformó en alegría, él era el primero, el hombre más afortunado del planeta por ser el primero y ojala Dios padre todo poderoso el único en haber probado esos labios tan dulces y suaves.

—Eres tan hermosa Sora… en serio, te amo —no podía resistirse a esos inocentes labios, besándola otra vez.


Mientras tanto, Mimi y Matt caminaban por las calles de Londres sin prestar atención a la gente empezaba a sacar sus paraguas, ni se percataron que empezaba a caer gotas de lluvia, hasta que una gotita helada cayó sobre la nariz de Mimi, haciendo que la castaña se estremeciera. Ya estaba lloviendo con más intensidad, obligando a los jóvenes refugiarse en una de tantas tiendas.

—Que curioso, termínanos en una cafetería, lo malo es que ya no está Tai quien nos iba a invitar el café —observó la castaña al ver el lugar.

—No importa, de todas formas yo iba a acabar pagando —confesó Matt.

Mimi volteó a verlo y le sonrió. Estaba lloviendo y nada caería mejor que un café o chocolate humeante acompañado de un trozo de pastel. Matt caballerosamente alejó la silla de la mesa para que Mimi se sentara, en seguida él se sentó frente a ella. El mesero apareció enseguida, al parecer la bella pareja que acababa de entrar no pasaba desapercibida.

Él pidió un café y ella una malteada de bombón asado.

—Pero hace frío —dijo Matt algo sorprendido.

—Sí, pero se me antojo —respondió la castaña—. Está bien, me trae un chocolate con crema y bombón.

La lluvia no cedía y había dejado atrapados a la pareja de Mimi y Matt en una cafetería, al igual que a la pareja de Tai y Sora, quien a pesar de que se quejaban del tiempo, no les perjudicaba en nada, era pretexto perfecto para pasar más tiempo con quien les gustaba.

—Entonces mañana te vas —Matt bajó la mirada se notaba algo triste.

—Sí, mañana temprano sale mi vuelo —suspiró con nostalgia la chica—. La verdad es que no quiero irme, pero… pero yo vine a Londres gracias a un concurso porque si fuera por mí, nunca lo conozco, yo no tengo tanto dinero para vivir aquí.

—Sí, te entiendo, Londres es precioso, pero también se necesita dinero para sobrevivir aquí —añadió el rubio que tomó un sorbo de su café.

—Y qué hay de ti, te he contado todo sobre mí.

Matt sonrió, empezó a contar sobre sus gustos, la música era su mundo y que fue una suerte que los integrantes de los Good Bad Boys fueran al bar donde ellos tocaban y que les haya gustado su música, por eso abrieron el concierto en Londres.

—Entonces fue cosa de suerte estar aquí… —Mimi le puso un poco de crema en la nariz del chico.

—No, suerte fue haberte conocido, Mimi yo… yo siento que te conozco —Matt puso su mano sobre la mejilla de Mimi para luego jalarla y quedar lo más cerca posible de ella.

El muchacho tocó con su punta de nariz la de Mimi, curiosamente poniéndole la crema a ella.

—Yo he soñado contigo —confesó Mimi, mirando fijamente los ojos azules del chico, logrando captar el reflejo de su rostro en ellos.

—Yo también, Mimi, estás presente en mis sueños todas las noches y es hermoso tenerte conmigo —no pudo más, acercó a la chica de tal manera de que sus labios rozaran—, y lo que no he podido hacer en mis sueños, lo haré ahora —al fin el sueño más anhelado y que por culpa del maldito despertador nunca se realizaba. Besar los labios de aquella bella chica castaña.

Mimi por dentro se estaba muriendo de emoción, podía sentir algo caliente recorrerle cada milímetro de su ser, podría saltar de gusto pero también los nervios que la dejaron congelada. Ni modo, tenía que resignarse a ser besada. Cerró los ojos como niña esperando su más deseado regalo de cumpleaños.

—Se informa a todos las personas que se queden en sus casas y se mantengan muy bien abrigas, debido a una tormenta de nieve que se aproxima, para las personas que piensan viajar el día de mañana le informamos que los vuelos serán cancelados hasta nuevo aviso, en otras noticias… —Mimi volteó por inercia a ver el noticiero, haciendo que Matt cayera sobre la mesa.

—No puede ser… me quedaré más días en Londres… ¡Qué padre! —esta vez sí saltó, todavía no se había percatado que dejó a Matt con las ganas de besarla.

Maldición y triple maldición, Matt estaba enojado porque siempre había sido x o y motivo el cuál interrumpía el sueño justo donde iba a besar a Mimi, pero esta vez, había sido la misma Mimi quien estropeó el beso.

No podía molestarse con ella, se veía tan entusiasmada por quedarse más tiempo en Londres.

—Perdón, es que yo no me quería ir de Londres, sería como dejar parte de mi vida —se dio cuenta de lo que había hecho y se apenó.

—¿De tu vida? Pero tienes dos o tres días aquí —Matt no entendía.

—Es que eso significaría dejarte a ti… claro que tendría que irme a un hotel más económico pero… —se quedó callada, no se lo esperaba, Matt la había interrumpido callando su boca con un beso.

Se dejó llevar, sintió calor y frío a la vez, era una sensación única, le estremeció sentir los labios del rubio sobre los suyos, como ese inocente beso se estaba consumiendo poco a poco pero ella lo evitó, siendo esta vez quien tomó el rostro de Matt y haciendo que el beso se tornara más intenso. Ya no era sentir los labios sobre sus labios, sino sentirlos más de ella, más de su propiedad. Lo mismo pasaba con Matt, lo estaba volviendo loco, el frío ya no si sentía en su cuerpo, sentía algo más, pero se detuvieron a tomar aire.

—Perdón —se disculpó Mimi, toda roja de la vergüenza—. Me deje llevar por la ganas que siempre he tenido de besarte en mis sueños y nunca sucede.

Al rubio le dio pena admitir eso, pues le pasaba exactamente lo mismo, siempre sonaba el despertador. Se dedicó a escuchar los sueños que ella tenía con él y aunque fuera una escalofriante que se trataran de los mismos sueños que él tenía con ella, resultaba muy hermoso saber que se conocieron por medio de los sueños.

—Tal vez te vi en una foto, por internet, ¿tienen página oficial? —interrogó Mimi que estaba comiendo un poco de su pastel de selva negra.

—No, pero si me conocieras por medio de una foto, ¿entonces cómo es que yo te conocí a ti? No recuerdo haberte visto en una red social.

—Y ni creo que me vieras en una red social, porque no tengo mucho tiempo para mí, mi trabajo resulta agotador —respondió la castaña, dándole a probar su pastel a Matt.

—Cómo sea, el punto es que terminamos conociendo y pues que eres la chica de mis sueños —Matt se veía feliz.

La tormenta no cedía y el celular de Mimi sonó era Sora quien la llamó para preguntarle donde se encontraba, la castaña le dijo el nombre y Sora quedó en ir por ella en media hora.

—No quiero que se acabe este día —Matt tomó las manos de la Mimi y las besó.

—Yo tampoco —volvieron a besarse.

Sora bajó de un taxi muy bonito, se trataba de un auto clásico y entró al lugar, llamando a Mimi y Matt. En el taxi estaba Tai. Mimi escuchó a Sora darle una dirección desconocida al chofer.

—A dónde vamos Sora —interrogó Mimi.

—Cuando lleguemos lo sabrás —Sora guiñó un ojo y luego volteó a ver a Tai, los dos sonrieron con complicidad.

La castaña y Matt sólo se miraron entre sí, ignorando lo que planeaban sus amigos. Pero a Mimi se le dibujó una sonrisa picara al ver que Tai rodeó con su brazo el cuello de su amiga. Entonces Sora y Tai se la habían pasado igual que ella con Matt.


N/A:

Hola! cómo están? cómo se la pasan en sus vacaciones? Espero que muy bien y que las disfruten sobre todo para quienes tienen dos semanas de merecidos días de descanso, disfrutenlas por mí, ya que el lunes entro a clases ¬¬ en fin, aproveche mi semana de descanso para escribir porque antes no me dio nada de tiempo U.U lamento mucho el retraso.

Muchisimas gracias por su valioso tiempo dedicado a esta historia, gracias por sus reviews, no saben lo feliz que me hacen =)

Eri-shii: Hola linda, muchisimas gracias por tu review, y deseo que este capi te haya gustado =)

sakatomo-kirumi: Hola linda, gracias por tu review, me hace muy feliz saber que mejoré aunque sea una pizca, pero poco a poco se va mejorando no?, espero seguir con tu apoyo con está historia, yo no conozco ese lugar pero por las películas veo que precioso. Gracias linda.

shun K75: Hola! me siento alagada que te haya gustado la historia y te inspire a hacer la tuya, primero que nada, felicidades por animarte a escribir una historia, gracias!

Minami Tomoeda: Hola linda! Primero que nada, agradecerte tu review, me hacen muy feliz n.n y espero que este capitulo te haya gustado mucho.

mimatoxlove: Hola linda! gracias por tu review y sí, fue muy latoso en esa ocasión no poder actualizar ¬¬ pero bueno, eso ya pasó y ahora FF vuelve a la normalidad =)

-darkwitch: Hola linda! pues muchisimas gracias, jejeje, espero que te siga gustando el fic n.n

Romanticexpression: Hola linda! que bueno que hayas resurgido de las cenizas como un ave fenix =D gracias por tu review n.n espero que te siga gustando la historia n.n

Muchisisisisisimas gracias a todas y a todos, por su apoyo, su tiempo y sus comentarios, me hacen muy feliz, y me motivan para no dejar de escribir.

Besitos y abrazos para todos.

Espero actualizar dentro de poco, al menos esta historia y darle fin, porque serán 5 capítulos.

Se despide con un beso y un abrazo y

muchisimo cariño:

XANHEX