Disclaimer: Digimon no es de mi propiedad. La historia aquí presentada es con fines de entretenimiento, no de lucro.
Capítulo IV
Decisiones
Mimi se quedó dormida sobre el hombro de Matt, así como Tai dormitaba sobre el hombro de Sora, los dos jóvenes despiertos compartieron una mirada y una sonrisa. Llegaron a una zona evidentemente rica. A pesar de la lluvia el joven rubio logró distinguir que unas enormes puertas se abrían para darle pasó al auto. Había un largo camino, pero en el trayecto vio que había muchos árboles cómo si se tratara de un bosque, más adelante, pasaron un pequeño puente donde vio fluir un arroyo, para luego adentrar a un jardín, el más hermoso y grande que haya visto jamás. Al final del camino, el taxi se detuvo frente a una enorme y bella mansión. El chofer del taxi ayudó a bajar las maletas, Matt sutilmente (con un coscorrón) despertó a Tai, pero a Mimi la cargó, mientras que su amigo sostenía la sombrilla. Mimi parecía un ángel mientras dormía, eso dejó más impactado al rubio que el mismo lugar al que acababan de llegar.
Sora señaló una habitación para recostar a su amiga, Matt con toda la delicadeza del mundo, como si Mimi fuera hecha del más delicado cristal del mundo, colocó a la castaña, quien hasta se acurrucó más y en su rostro se dibujó una sonrisa de lo más angelical.
Tai no había cerrado la boca desde que entraron, en esa casa cabían unas diez, no unas treinta veces su departamento y el de Matt juntos. Era increíblemente grande ese lugar, todo en acabados muy finos. No dejaba de ver cada rincón de la casa, caminó hasta que llegó a donde se encontraba la chimenea, era un lugar muy cómodo, espacioso y calentito porque la chimenea estaba prendida y entonces vio una foto de Sora cuando era un poco más joven acompañada de una anciana.
—Es mi abuela —dijo Sora que estaba recargada sobre el marco de la puerta, tenía los brazos cruzados y miraba fijamente a la chimenea. La pelirroja caminó hacia el moreno.
—¿Y dónde está? Me encantaría conocerla —respondió Tai sonriente—. Por cierto te veías hermosa, bueno, en sí, te sigues viendo preciosa —Tai echó un mechón del rojo cabello de Sora tras de la oreja.
—Está en Suiza en estos momentos —Sora sonrió por el noble gesto de Tai—. Le encanta ir a tomar chocolate allí.
—He oído que es el mejor chocolate del mundo y es delicioso… —los castaños ojos de Tai se enfocaron en los labios de Sora—, así como tu boca.
Tai besó los labios de Sora con mucha ternura, pero por el calor del ambiente, aquel beso se tornó más posesivo. Las manos de Tai se dirigieron a la cintura de la chica, y la empujó más hacia él.
—Me vuelves loco… —confesó el chico que sólo se separó de los labios para decirle eso y luego volver a poseerlos.
Sora no estaba muy tranquila, aquel beso tuvo efectos en ella, unos que empezaban a hacerle perder su voluntad y seguir.
Tocaron a la puerta, interrumpiendo el apasionado momento. Se tratada de la servidumbre que llevaba dos tazas de chocolate caliente.
—Con permiso —dijo la sirvienta, saliendo de la habitación.
Sora estaba apenadísima, toda roja por la vergüenza, pero no era la única, también Tai lo estaba.
—Perdón… no tenía la intención de hacer algo así tan rápido, perdón, en serio que lo siento mucho, yo no haré algo que tú no quieras…
—No te preocupes, pero es verdad, es muy rápido, apenas nos conocimos y… no está bien —respondió Sora.
—Lo siento, pero suelo hacer las cosas como las siento… no lo puedo controlar y menos contigo. Sora, en el momento que te vi, sentí que mi corazón estallaba y no he dejado de pensar en ti ni un solo segundo. —Tai sujeto a la pelirroja por los hombros con sutileza mientras la veía con unos ojos llenos de sinceridad que conmovieron a la pelirroja.
Sora bajó la mirada, se entristeció ligeramente.
—Tai, yo no puedo responder tan rápido a tus sentimientos, apenas lo estoy aceptando que yo sienta esto por alguien… me gustas Tai pero yo no podía decirte… —la chica levantó la mirada por un segundo, sus ojos brillaban como el fuego encendido en la chimenea, pero no tardó mucho en volver a bajar la mirada—. Yo no podría decirte lo que tú me dijiste en la cafetería.
—Y no es necesario que lo digas —Tai puso su mano en la barbilla de la chica y alzó su rostro, obligándola a que lo viera—. Con sólo ver tu mirada, sé que sientes exactamente lo mismo que yo. Sora, te amo —volvió a probar los dulces y tiernos labios de Sora.
El corazón de Sora dio un vuelco y realmente sentía que algo por Tai estaba creciendo dentro de ella, algo que la hacía sentir la mujer más afortunada del mundo, la más bella del universo, única. ¿Era ese amor que no se atrevía decirlo?
Mientras en otra habitación, el rubio de ojos azules velaba el sueño de la castaña que dormía plácidamente. Simplemente era encantador verla respirar tan tranquilamente, ver cómo cada respiro que ella liberaba era como un regalo de la vida. Entonces sucedió algo más hermoso, la vio despertarse, cómo abría con lentitud esos bellos ojos acaramelados, se incorporaba torpemente y se frotaba con su dorso de la mano sus ojos.
—Eres preciosa —escuchó la voz de Matt, entonces lo vio, él estaba ahí.
Ella rápidamente rodeó con sus brazos el cuello del chico y liberó algunas lágrimas.
—¿Por qué lloras? —interrogó el ojiazul, desconcertado por la reacción de la chica.
—Porque estoy feliz, después de todo no se trataba de un sueño y que sí es cierto el hecho de conocerte al fin —lo soltó para tomar con ambas manos la cara del muchacho y jalarlo hacia ella para besarlo—. Te amo.
Aquellas palabras las había escuchado cientos de veces, varias de ellas de fans enloquecidas que lo esperaban tras bambalinas y sin previo aviso le planteaban un beso, otras veces de sus novias, y otras más de chicas que apenas conocía que sin pena alguna se lo decían nada más de verlo. Pero estás habían sido las primeras palabras que hicieron que el corazón le dieran un vuelco de emoción. Eran algo apresuradas, pero sentía conocer a Mimi desde hace mucho tiempo, no sólo por los sueños, sino como si fueran almas gemelas.
Tardó en responder, no se percató que había desviado su mirada a la nada y que la castaña esperaba a que él dijera una respuesta.
—Creo que te asuste, siento haber sido tan…
—No, está bien, yo también siento algo muy profundo cuando estoy contigo y creo que es amor… no, no creo, es amor —esta vez fue Matt quien besó a la chica.
Los dos se acostaron sobre la cama, besándose tiernamente, cuando se separaban, no se decían nada, sólo se miraban fijamente a los ojos, los cuales denotaban mucho amor, ella sonrió haciendo que Matt volviera a besarla.
Tocaron a la puerta y era la servidumbre con dos tazas de chocolate. La sirvienta salió y ellos se levantaron para tomar el rico chocolate.
—¿Y dónde estamos? —preguntó la castaña.
—Es la casa de Sora —respondió Matt quien disfrutaba de su chocolate.
Mimi casi escupe el chocolate a la cara de Matt, terminó atragantándose.
—¿No lo sabías? —Matt le dio unas palmaditas en la espalda a la chica que no dejaba de toser.
—Pues llevamos dos días como amigas, bueno, ni sé porque me sorprendo, Sora como te dije, es hija de un magnate de Nueva York, pero jamás pensé que tuviera una casa que más bien parece castillo aquí en Londres… vaya, espero que por ser multimillonaria nadie quiera aprovecharse de ella, porque entonces me van a conocer, soy capaz de sacar ojos si la hieren.
—Sí lo dices por Tai, déjame decirte que él es el chico más desinteresado del planeta, él sólo tiene 3 intereses en la vida: Dormir, Comer y futbol… ah sí, también ser un gorrón y creo que ahora, Sora forma parte de sus más grandes intereses, hasta podría decir que es la número uno… con razón no dejaba de escuchar Sora en la noche —Matt se quedó callado al recordar que había dormido junto a su amigo.
—Lo sé, Tai no es malo, me di cuenta de eso desde el momento que lo vi… muchos me dicen que tengo un don, porque por medio de las miradas me doy cuenta cuando una persona es malintencionada y cuando no lo es —comentó Mimi.
—¿Ah sí? ¿Y que ves en mi mirada, soy mal intencionado? —retó el rubio, acercándose a la castaña.
—Veo que me vuelves loca con esos hermosos ojos azules, que los odio porque sólo hacen que te sueñe noche con noche y sólo quiera estar cerca de ti porque te amo —respondió la castaña que se lanzó sobre el chico.
Los dos cayeron al suelo, él acostado y ella encima de él, arrodillada y apoyada de sus manos, Matt sonrió con malicia y le hizo cosquillas para que ella perdiera el equilibrio, cosa que funcionó al instante a la vez que Mimi se partía de la risa. Ahora era él quien aprisionaba a la castaña. Ella intentó a hacerle cosquillas pero no funcionó.
—¡Insensible! —le exclamó ella, frunciendo el ceño por no lograr su cometido.
—Sólo es poder mental —expuso el rubio con cierta arrogancia.
Entonces ella empezó a jugar en el cuello del chico, sin querer él empezó a carcajearse. ¡Bingo! Había encontrado una zona que el rubio no podía controlar.
—¿Poder mental? —se burló Mimi, sin piedad atacó con cosquillas al rubio.
Tai y Sora que se dirigían a la habitación, se detuvieron antes de tocar, escucharon muchas risas, a Tai se le dibujó una sonrisa picara.
—¿Qué estarán haciendo esos dos? —preguntó malintencionadamente el muchacho.
A Sora las mejillas se le encendieron, se llevó su mano al pecho, temerosa a tocar.
Sin previo aviso, Tai entró a la habitación para sorprender a su amigo y a la castaña, para verlos muertos de la risa y cómo los dos se atacaban con cosquillas.
—¡Ataque de cosquillas! —exclamaron al unísono Matt y Mimi.
—¡¿Eh?
Matt jaló a Sora y Mimi a Tai, empezando a hacerles cosquillas. Tai era mucho más sensible que nadie, Sora empezaba a divertirse haciéndole cosquillas al castaño, así como él a ella, lo mismo pasaba con Matt y Mimi. Se la pasaron la mitad de la noche riéndose y jurándose entre ellos que no volverían a hacerse cosquillas entre sí, pero no tardaban ni tres minutos para comenzar otro ataque.
Terminaron muertos por las cosquillas, así que se quedaron a dormir en la misma habitación, sobre la alfombra. Mimi uso el brazo de Matt como almohada y éste feliz de tenerla en sus brazos. Sora se durmió sobre el pecho de Tai.
—Son bellísimas —susurró Tai.
—Ni que lo digas —corroboró Matt, admirando a Mimi dormir—. Podría verla así toda mi vida y no cansarme.
—Yo podría morir mil veces por tan sólo verla respirar —Tai volvía acomodar un mechón de cabello de Sora, y ella se estremeció ligeramente, sonriendo.
—¿Desde cuándo tan romántico? —le preguntó Matt.
—¿Qué? Yo también tengo mi corazoncito, aunque ahora le pertenece a esta bella pelirroja —el castaño dejó escapar un largo suspiro.
Matt se quedó callado y sonrió. Era verdad, el amor te volvía idiota y él ya lo estaba con tan sólo saber que la chica de sus sueños, estaba justo en ese momento, durmiendo a su lado, en sus brazos. No pudo más y le dio un beso en la frente.
Como había diagnosticado en las noticias, al día siguiente amaneció nevando, dejando ya una capa blanca sobre el suelo. Mimi llamó a sus amigas para avisarles lo que estaba pasando, se puso como tomate cuando Yolei le contó todo lo que había hecho con Ken.
—¿En serio es posible hacer eso? —interrogó con curiosidad.
Yolei le afirmó que sí y aquello causó que Mimi se pusiera todavía más roja, pues la pelimorada fue muy detallista.
Volvió a su color natural, el blanco al escuchar a Kari quien se escuchaba emocionadísima porque había conocido a un chico en la universidad, de nombre TK y que era muy lindo con ella.
—Al parecer es amor a primera vista —le dijo Mimi por teléfono.
Al oír el sí en un grito, supo que su queridísima amiga y casi hermana estaba enamorada de aquel chico, sí la conocía tan bien, era tan transparente como el agua de manantial.
Quería decirle a Kari y Yolei todo lo que había pasado en Londres, pero eso le llevaría horas y más horas pero seguramente la tarifa de la llamada llegaría hasta las nubes y no contaba con tanto para pagar, así que prefirió callar y contarles todo a su regreso, nada que un buen café para los chismes. Después de platicar con ellas, se sintió muy bien, las extrañaba muchísimo y ahora tras escuchar su voz, era como estar con ellas.
—Sora… respecto al trabajo… seguro que me descontaras los días que no vaya, ¿verdad? —le preguntó Mimi cuando encontró un momento oportuno para hablar con Sora, ya que la pelirroja se la pasaba todo el tiempo con Tai y ella con Matt.
—Claro —respondió Sora con mucha seriedad, a Mimi le cambió el semblante, se veía muy asustada—, claro que no, ya hable a la oficina y avise de las circunstancias, así que no te preocupes, todo lo contrario, te subiré el sueldo.
—Oye, pero no tienes que hacer eso, no porque yo sea tu amiga significa que ahora me darás preferencia —le reprochó la castaña.
—No, claro que no, perdón Mimi, pero en la oficina seguiré siendo tu jefa, fuera de ella, seré tu amiga. Además, el aumento del sueldo te lo mereces desde hace tres meses, sólo que no quería dártelo porque me caías mal —confesó la pelirroja, enseñándole la lengua.
Mimi se quedó por unos minutos perpleja con los ojos y boca bien abiertos.
—Serás una desgraciada —expresó Mimi, molesta, pero luego sonrió—. No importa, créeme que es mejor que lo des ahora, porque si me lo hubieras dado desde hace tres meses, ya no tendría nada de ese dinero… por cierto, ¿me puedes dar un adelanto? Es que creo que sobregiré mis tarjetas con mis compras y…
—Ah, no te preocupes, Mimi, ya pedí que hicieran una transferencia a tus tarjetas, no te cobraran más intereses de lo debido, ah sí y no es un adelanto, tómalo como un agradecimiento de mi parte por haberme invitado al concierto y haber conocido a Tai —en la mirada de Sora se reflejaba el amor que sentía por el castaño.
—Gracias —Mimi abrazó con mucho cariño a Sora—. Pero tengo una pregunta, tú siendo una de las chicas más ricas de Nueva York, teniendo esta mansión en Londres, ¿no podías pagarte unos simples boletos de un concierto de los Good Bad Boys?
—Fue por mi padre, cuando los iba a comprar, él me dijo que mi tiempo de adolescente se había acabado que ya era una mujer madura con responsabilidades y cosas realmente importantes que hacer en vez de asistir a un tonto concierto para tontas pubertas —Mimi se arrepintió de haberle preguntado pues Sora inmediatamente se puso triste.
—Lo siento —Mimi tomó las manos de la chica para que Sora la viera a los ojos—. Entonces yo soy una tonta puberta —logró que Sora esbozara una sonrisa—. Tu padre es muy duro contigo, tu adolescencia no la disfrutaste, en sí, no has disfrutado tu vida por todas las responsabilidades que él te ha echado encima y no es justo, estás a tiempo de hacer lo que deseas y ser lo que quieres, sino al rato él va a terminar decidiendo con quién te vas a casar y hasta los años que vas a vivir, no lo permitas Sora, no hagas que tu vida sea para tu padre, has que tu vida, sea tu vida de verdad.
—Tienes razón, creo que él no aceptaría a Tai en mi vida… tengo miedo Mimi, porque yo empiezo a sentir algo muy fuerte por Tai y yo no tengo la fuerza ni el valor para enfrentar a mi padre —confesó Sora a punto de llorar.
—Mis padres tampoco aceptaron mis gustos, ¿por qué crees que ellos viven en California? A la fuerza querían que yo fuera doctora, y créeme si hubiera hecho lo que ellos querían, seguro ahora tendría encima miles de años en la cárcel por matar a tantas personas, sería algo así como asesina serial. Me independice, el departamento donde yo vivo, me lo obsequió un tío que se fue a vivir a Canadá con su esposa porque él me apoyó, él siempre me dijo: sé lo que quieres ser, así sea una vagabunda, sé una vagabunda… bueno, creo que eso lo dijo cuando me caí en un basurero, no preguntes porqué. El punto es que, hay veces que no puedes darle gusto a nadie y jamás se lo darás si tu intención es esa, darle el gusto a todos, menos a ti. Sí a nadie más le convence como eres, es muy su problema, pero tú estás bien así y alguien te aceptará, tarde o temprano. Sora, en algunas ocasiones he visto que estás ojeando revistas de moda y que luego las escondes bajó un montón de papeles y sobre todo cuando viene tu padre a checar que todo marche bien, te pones nerviosa y en cuanto él sale, tu humor se pone de los mil demonios y nosotras pagamos el pato… pero si mi intuición no me falla, a ti te gusta eso de la moda y deberías hacer eso.
—¿En verdad soy tan mala cuando me pongo de mal humor? —preguntó algo alarmada.
—¿Mala? Eso es poco, pareces el diablo hecho persona, una muy guapa por cierto —bromeó Mimi—. En serio, sí eres algo pesadita.
—Lo siento. Gracias Mimi por tus consejos, espero poder llevarlos a cabo.
—¿Esperar? No amiga, la palabra correcta es aplicar —corrigió Mimi.
No había platicado tan bien, Sora supo que los padres de Mimi era una familia que si no bien era millonaria se encontraba muy bien económicamente, tanto como que fueran capaces de pagarle la mejor universidad del país para que ella estudiara medicina, pero como la castaña no quiso, ellos prácticamente la dejaron sin nada y con el dinero se compraron una casa en Malibú a la orilla del mar. Que tenía años sin verlos, pero no es porque la chica no quería, sino era porque ellos aún no aceptaban que Mimi los hubiera desobedecido, sin embargo, Mimi no les guardaba ningún rencor, eran sus padres a quien ella amaba de sobremanera pero que no estuvo dispuesta a que ellos manejaran sus amigos. Sora terminó admirándola, cómo es que ahora su mejor amiga de la nada salió adelante, hizo su carrera gracias a muchos esfuerzos, pero con su forma de ser se había ganado la amistad de muchos que la apoyaron y alentaron para que no se rindiera.
Después de su larga platica, Matt junto con Tai entraron.
—Como las vimos muy ocupadas platicando, nos fuimos a la biblioteca a leer un buen libro —dijo Tai dándose mucha importancia.
—Tú sólo abrirías un libro si tu vida dependiera de ello —quemó Matt, mirándolo con reprobación—. Lo que realmente pasó es que veníamos aquí para dejarles los cafés, pero como las vimos muy entretenidas platicando, no queríamos estorbar y nos fuimos a ver televisión de ahí a jugar tenis de mesa.
—Que lindos son —Mimi amó más a Matt por ser sincero y darle espacio para ella y su amiga.
—¿En serio no te gusta leer? —interrogó Sora curiosa.
—Bueno, bien lo dijo aquí mi buen amigo Matt —Tai fulminó con su mirada al rubio—, sólo los leo si mi vida depende de ello, o sea, mis calificaciones, pero afortunadamente, desde que salí de la universidad ya no he necesitado de ningún libro… bueno, sólo uno pero es privado —se acercó al oído de Sora y le susurró algo que puso a la chica toda colorada incluso más que su cabello.
—¡Tai! —exclamó la chica que se echó aire con su mano.
—¿Cuál libro? —preguntó con inocencia Mimi que ladeó la cabeza.
—Ven linda, tus castos oídos no deben de escuchar al pervertido de Tai, mejor vamos a la sala, están pasando una película muy hermosa, Titanic, creo —Matt le había puesto sus manos sobre las orejas de Mimi y la guió hacia la salida, mirando acusadoramente a Tai.
—¿Cuál? —Mimi no había escuchado a Matt, pero no opuso resistencia al irse con él.
—Bueno, ahora que no están, ¿quieres hablar sobre el libro que te dije o te enseño lo que he aprendido de él? —bromeó Tai, adoraba poner colorada a Sora.
Mientras veían la película, los dos bien acarameladitos, Matt recibió una llamada que lo hizo saltar de gusto.
—Vamos a abrir el concierto de los Good Bad Boys durante los próximos trece meses —exclamó Matt que invitó a Mimi a saltar con él.
—¿En serio? ¡Ah felicidades, amor! —Mimi estaba tan emocionada como él, era como si ella fuera Matt.
Mimi brincó con él, era una noticia estupenda, seguro dentro de poco, los Teen Wolfs serían escuchados por miles de personas y al igual que ellas y el resto de los que asistieron al concierto, quedarían encantados y serían un grupo tan famosos como los GBB.
—¡Qué felicidad! —Mimi le dio un beso—. Eso y más merecen, todos sus años de esfuerzos, al fin dándoles frutos.
—Yo estoy más que feliz, mi sueño esta a un paso más de volverse realidad, volvernos un grupo famoso que guste de nuestra música —los ojos de Matt destellaban un brillo muy especial.
La tormenta de nieve sólo duró unas horas y en las noticias afirmaron que los vuelos se reanudarían al día siguiente a partir de las doce de la tarde, hecho que entristeció a Mimi y que no tardó nada en ponerse a llorar sobre el pecho de Matt.
—No, no quiero irme, de verdad que me gusta estar aquí —confesó la castaña.
—¿Te gusta estar aquí? —preguntó Matt, algo desilusionado.
—No lo digo por Londres, sino por ti, me gusta estar aquí, junto a ti, entre tus brazos, con mi cabeza sobre tu pecho y escuchando cada latido de tu corazón… no quiero dejarte… —no pudo más y lloró con más fuerza.
Matt le acarició la cabeza, él tampoco quería que ella se fuera y para colmo hacía pocas horas sus amigos de la banda le habían dado la noticia de haber firmado un contrato muy importante para ellos, en su momento no le tomó nada de importancia a las capsulas que le fueron mencionadas, el hecho de que si no cumplían serían demandados por una cantidad que ni en sueños tenían, al igual que no sólo era su sueño de hacerse conocer en Europa sino también de los de la banda, no podía defraudarlos. ¿Qué debía hacer?
Mimi estaba en su habitación, recordando todo lo que había vivido esos días, fueron los mejores de su vida y debía de partir al día siguiente, yéndose desde temprano de la casa de Sora para llegar justo a tiempo al aeropuerto, no podía darse el lujo de perder el vuelo, aunque le doliera, tenía una vida en Nueva York, su trabajo, sus amigas pero no lo tenía a él.
—¿Y sí empiezo de nuevo? —Se dijo la chica que miraba el oscuro cielo por el balcón—. Sólo es cuestión de venirme a vivir aquí, conseguir un empleo y listo. No tengo nada que perder, hablo perfectamente inglés, español y francés, sé de números, de finanzas, de administración, mercadotecnia y un poco de psicología, sin duda alguna soy un elemento valioso… Kari y Yolei, si tengo un buen sueldo podría visitarlas durante mis vacaciones, mis padres… bueno, creo que con ellos basta una llamada para que sepan que estoy bien… Matt… ¿pero qué tal si Matt se vuelve famoso y anda de un lugar para otro? No, importa, yo lo seguiré a donde quiera qué el vaya, yo puedo seguir adelante sin empleo, pero no sin él, de verdad lo amo más que a nada ni a nadie en este mundo…
Todo lo decía en voz alta para darse fuerza a sí misma y tomar una decisión definitiva.
Lo que no sabía es que Matt estaba escuchando tras la puerta.
Ella estaba dispuesta a dejar todo por él, pero él no era capaz de dejar todo por ella. No podía permitir que Mimi dejara un buen empleo, a sus mejores amigas, una vida perfecta sólo por él. Debía de hacer algo para evitar que eso sucediera.
Muy temprano, Sora entró a la habitación de la castaña, la pelirroja se veía muy contenta.
—Mimi, he tomado una decisión
—¿Cuál? —Mimi acababa de despertar, pero seguía en la cama.
—No voy a regresar a nueva York, me iré a París a estudiar diseño y Tai ira conmigo —dijo con una gran sonrisa en su rostro.
—¿Qué? —Mimi terminó de despertarse.
—Sí, cómo me dijiste, no debo de esperar, sino debo hacerlo, así sea con o sin la aprobación de mi familia, haré mi vida, estudiaré lo que deseo y estaré con la persona que amo, aunque mi padre diga que me deshereda y todo eso, no me importa, porque el dinero que tengo es gracias a mi trabajo y con ése dinero puedo pagarme lo que quiera, no necesito nada de mis padres —Mimi notó el cambió en su amiga, vaya que amor podía todo.
—Me parece perfecto, amiga, muchas felicidades —la castaña la abrazó— ¿Y qué hay con la aseguradora?
—Tendrá otra jefa, la cual, todo el mundo la va a adorar.
—¿En serio? ¿Quién es? —interrogó con curiosidad.
—Tú Mimi,
—¿Y-yo? —se señaló aún incrédula.
—Sí, tú serás la nueva jefa, ¿sabes lo que eso significa? Mejor sueldo, prestaciones inigualables, estacionamiento propio…
—Bueno, el estacionamiento no importa porque ni auto tengo —interrumpió Mimi.
—La aseguradora le entrega un auto para uso personal al jefe, en este caso, jefa, un espacioso departamento ubicado en el mejor lugar de la ciudad y tú sabes cuál es ese, seguro de vida para ti y tus familiares más las vacaciones que son el doble de días que el de cualquier empleado… y es que sé lo mucho que te gusta organizar a las personas, tienes el don de que le caes bien a todo el mundo, seguro serás le mejor jefa que ellos han tenido y tendrán en su vida. Mimi, sólo es que tú me digas sí, para que yo haga la llamada y hagan el cambió de inmediato, de tal forma de que en cuanto entre mañana a la oficina, no entraras como una empleada, sino como la jefa, y tendrás todo —Sora le tomó las manos, sonriente, esperando a que la chica dijera que sí.
Mimi estaba encantada, una oportunidad así, jamás se le presentaría en la vida, de esa forma le demostraría a sus papás que estudiar administración no era para ser uno más del montón y que ellos la aceptaran de nuevo. Estaba muy ilusionada con la idea.
—Sora, yo, bueno, sé que es algo que no se debe de pensar y decir sí al instante, pero me gustaría pensar mejor.
—Bueno, tienes tiempo, considerando que en nueva York es la una de la madrugada, no creo que estén despiertos y mucho menos las oficinas. De acuerdo Mimi, esperaré tu respuesta.
La castaña estaba muy agradecida con Sora, ¿pero y Matt?
Matt por su parte estaba enterado de todo gracias a Tai quien le dijo que Mimi tenía mucha suerte, ¿quién desaprovecharía una oportunidad como esa? Sólo una persona que aire en la cabeza. Aquello hizo pensar más a Matt, lo que escuchó anoche fue motivo suficiente para no pegar el ojo en toda la noche y ahora esto, sí le permitía que ella dejara esa gran oportunidad por estar con él, no se lo perdonaría, no era nada justo para ella. Diablos, estaba atado de manos y encadenado.
El rubio tocó a la puerta de Mimi, pasaban de las siete, hora que ella debía de estar lista para irse al aeropuerto.
—¿Por qué no te has ido? —le preguntó cortante Matt.
—Buenos días, primero, ¿no? —Mimi puso su mano sobre el pecho del rubio quien groseramente la retiró.
—Se te hará tarde, recuerda que tu vuelo sale en el primer avión a Nueva York y para tu fortuna, es el primero que saldrá.
—Matt, ¿qué te pasa? Parece que me estás corriendo… yo, no me quiero ir —Mimi estaba desconcertada por la frialdad de Matt.
—Oye, me la pase muy bien contigo, aunque yo esperaba a que pasara algo más, ¿tú sabes, no?
—No, no sé a qué te refieres —lo miraba fijamente, cómo era posible que cambiará tan radicalmente su actitud hacia ella.
—Ah no te hagas la inocente, ¿pues qué más va a ser? Lo que todo una estrella de rock quiere de una fan, acostarse con ella y ya —eso lo hizo ganador de una fuerte bofetada que le volteó la cara—. Pegas duro —la agarró de las manos y la besó a la fuerza, ella se resistió, lo empujó con todas sus fuerzas.
—¿Cómo te atreves? —estaba al borde las lágrimas, se veía desilusionada, aquello le partió el corazón al rubio, quería abrazarla y decirle que todo era mentira pero era la única manera de que ella no dejara todo por nada.
—Hey, si bien que te gustó, pero eres un hueso duro de roer y simplemente no cediste a mis encantos, simplemente me aburriste, dos días son muchos para mí… —cada palabra que salía de su boca le ardía, era como estar escupiendo veneno.
—Eres un desgraciado que sólo jugaste con mis sentimientos… ¡Maldito bastardo! —Mimi le dio una patada en la espinilla, le había dolido mucho pero no más de lo que le estaba causando al amor de su vida.
Lo sacó de la habitación a patadas. Tras cerrar las puertas, el indiferente, frío e intimidante Matt se desvaneció, sus ojos se llenaron de lágrimas, no creía de lo que fue capaz de hacer para no echarle a perder la vida a Mimi. Escuchaba los gritos desgarradores y el llanto de Mimi dentro de la habitación. Se alejó despacio, no podía soportar saber que él fue el causante de todo ese sufrimiento, pero sabía que ella lo iba a superar.
En cuestión de minutos, Mimi ya estaba con la maleta hecha y dispuesta a marcharse, Sora le dijo que fuera a desayunar pero la chica argumento que no tenía nada de hambre. Dejó a Sora y Tai desconcertados por que la castaña no permitió que la acompañaran al aeropuerto.
—¿Qué habrá pasado? —preguntó Sora, pues en la mañana había visto a una Mimi rebosante de alegría y ahora veía a una Mimi triste y enojada—. Bueno, hablaré para avisar el cambio de jefa en la oficina.
Mimi terminó aceptando la propuesta de Sora.
Tai le contó a Matt respecto a Mimi, pero el rubio ni se inmuto, se veía destrozado, y con los ojos rojos, no reaccionaba.
—¿Sabes qué pasó con Mimi? —le preguntó Tai.
—No echó a perder su vida por mi culpa —respondió Matt.
—¿Cómo? —no entendía lo que su amigo le dijo.
Tai era su mejor amigo, casi su hermano, desde niños se conocieron, hasta compartieron cuna, no podía ocultarle nada. Le contó lo que había escuchado en la noche, y luego lo que hizo en la mañana. Primero, Tai le reprendió y luego le dijo que lo entendía.
—Eres un verdadero imbécil, ¿qué chica está dispuesta a dejar todo por alguien? ¿Y tú lo que haces es alejarla más de ti? No pensé que fueras tan complicado, con decirle la verdad bastaba —regañó el moreno.
—Mimi es terca, no hubiera aceptado… además, no creo que hubiera soportado el ritmo de estar en un lugar y luego en otro… mientras que allá en Nueva York tiene una vida por delante, un futuro brillante asegurado…
—Eres el imbécil más grande que ha pisado la tierra. Sólo le hubieras dicho, acepta la propuesta de Sora, yo iré a verte cada vez que pueda y una vez que termine el contrato voy a buscarte, pero no, al señor imbécil se le ocurre decirle un montón de barbaries destrozando el pobre, inocente y sincero corazón que lo único que hizo, fue darte tus mejores días de tu vida.
—Sí de algo sirve, me siento fatal…
—Pues no mucho, porque créeme, ella se siente peor que tú, ella se ve que te ama y tú con tus estúpidas ideas de alejarla la hiciste sentir peor que una rata, en serio eres un imbécil —Tai no se veía nada de acuerdo por lo que Matt hizo.
—¡Imbécil! —Sora le propinó una bofetada bien dada al rubio, pues la chica había escuchado la conversación—. ¿Qué no tienes tacto?
Tai por reacción se puso la mano sobre su mejilla, hasta a él le había dolido, se sorprendió que Matt no se hubiera inmutado por la bofetada.
—¡Lo que pasa es que eres un egoísta! ¿Cómo es que Mimi se pudo enamorar de un imbécil cómo tú? —Sora se veía enojadísima, parecía que iba a sacar humo.
—Y-yo me siento el peor hombre del mundo —confesó Matt, no podía evitar llorar.
—Y no es para menos —apoyó Tai.
Sora vio el reloj de pulsera.
—Si amas a Mimi y estás dispuesto a todo, debes de decirle toda la verdad —le dijo Sora, jalando al rubio.
Mimi se encontraba ya en el aeropuerto, sólo esperando a que anunciara que ya podían abordar el avión con destino a Nueva York, ya no quería saber nada de Londres, ni de los Good Bad Boys, ni los Teen Wolves, de Matt ni mucho menos del chico de sus sueños, sólo anhelaba con llegar a casa, tirarse sobre su cama y ahogar sus gritos con la almohada para luego cuando estuviera un poco calmada ir a la cocina y comerse los litros necesarios de helado mientras veía una película triste y llorar todavía más, hasta que sus ojos quedaran secos. Sólo eso quería hacer. Estaba muy mal, las personas que se acercaban a pedirle la hora ella les contestaba de mala manera hasta grosera se portaba, alejándolas. Al fin anunciaron que debían de abordar el avión, estaba ansiosa por subirlo.
Se sentó al lado de la ventanilla y no volteó a ver a nadie, sólo miraba los rastros de nieve que la tormenta había dejado para luego ver sólo las nubes. Nada le regresaría esa sonrisa, hasta sentía que iba a ser la peor jefa que la aseguradora iba a tener.
—Perdón, ¿puedo sentarme? —escuchó al alguien, simplemente no contestó.
Una rosa bajo su nariz, obligándola a voltear, se encontró con unos bellos ojos azules, algo rojos e hinchados, se veía que habían llorado mucho, justo como ella los tenía.
—¡Matt! —exclamó al reconocerlo.
—Espero que no me quieras tirar desde el avión, no tengo paracaídas —trató de bromar el chico, su voz se escuchaba entrecortada.
—¿Qué haces aquí? —estaba estupefacta.
—Pedirte perdón por mi estúpido comportamiento de la mañana… no pensé claro y cometí el peor error de mi vida… Mimi, perdóname, lo que te dije, no lo sentía, cada palabra que decía, me hería muchísimo, soy un imbécil como dice Tai y Sora.
—Me destrozaste, me hiciste pedazos, ¿y quieres que te perdone? —Mimi estaba al borde del llanto de nuevo.
—Sí, bueno no, bueno, sí quiero que me perdones, pero si tú no quieres, está bien, pero te diré que no dejaré de pelear hasta conseguir ese perdón, pero antes debes de escucharme por favor, el vuelo dura mucho…
—Me dijiste que sólo querías acostarte conmigo y que fui aburrida y muchas otras cosas más que simplemente me destruiste —reprochó la castaña.
—Lo sé, pero yo pensé que sólo así no renunciarías a un futuro perfecto…
—Mi futuro perfecto eras tú.
Esas palabras le hicieron sentir como una cucaracha al rubio. Se quedó callado unos minutos, sin embargo no dejó de mirar a los ojos de Mimi.
—Yo pensé que no, que tu futuro era esa oportunidad que Sora te ha dado, no se me hacía nada justo que tú dejaras todo por mí, cuándo yo no haría eso por ti —confesó Matt dejando escapar un suspiro.
—Pero hay maneras de decir las cosas, sí que eres un imbécil —Mimi le miraba, seguía con ganas de estrangularlo—. Pero yo no te pedí que sacrificaras cosas por mí, yo decidí dejar todo por ti, yo no le temo al cambio. Yo estaba dispuesta a seguirte fueras donde fueras, todo por estar junto a ti. Sí lo pensaste por el dinero, éste va y viene, es algo que no se tiene asegurado como muchas cosas en la vida, sólo la muerte, y no sabemos sí hoy, en una hora, mañana, en un año, una década nos vamos a morir, por eso, hay que hacer lo que se quiere cuando se quiere. Matt, me has desilusionado como no tienes idea.
—Y-yo no puedo creer lo que hice, la más grande estupidez del planeta, debí escucharte primero, debí de pensar más claro antes de dejarme llevar por mis impulsos. Después de esto… No sé que voy a hacer.
—Me heriste Matt, no esperes que reaccione como si nada hubiera pasado, porque simplemente algo así no se puede, nadie puede, tomaste la peor decisión, la cual fue pensar por los dos, cuando pudimos hablar tranquilamente y decidir cada quien lo que más nos convenía. Yo ahora no puedo decir: Te perdonó, borrón y cuenta nueva, ¡No! Simplemente no puedo. Pero algo sí te digo y por más dolida que yo esté, de verdad te amo, Matt. Ahora por favor, ¿me puedes dejar sola? —pidió la chica que decidió no llorar más.
Al rubio no le quedó más remedio que respetar el espacio de Mimi, se levantó y se sentó varios asientos alejado de ella. Se dio de golpes en la frente por lo estúpido que había sido, recordaba perfectamente cada palabra que le dijo en la mañana. Fue un estúpido.
Mimi seguía viendo por la ventanilla, no podía olvidar las palabras que Matt le dijo en la mañana, habían sido tan duras que le calaron lo más profundo de su corazón, amaba a Matt pero lo que le había dicho no se lo perdonaría tan fácil y eso sí podía hacerlo. Eso de guardar rencor no era de su agrado, pero Matt había logrado eso, hacer que ella sintiera rencor por alguien y lo peor de todo, había sido con la persona que ella más amaba.
En el mismo avión se encontraban dos enamorados que por culpa de una mala decisión de uno de ellos, ahora no estaban juntos, sonriendo, abrazándose y besándose. No faltaba mucho para que el avión aterrizara. Ese tiempo Mimi dejó de ver la ventanilla y se dedicó a mirar sus manos. ¿Podría dejar el amor que sentía por él por una estupidez que él cometió? Al final de cuentas, no lo había hecho con una mala intención, pero que la lastimó profundamente. Ahora ya no era decisión de él, sino la de ella la que iba terminar afectando su futuro y el de Matt. Hacer algo que no le gustaba que hicieran, tomar una decisión por otros. Cerró los ojos, recordando los bellos momentos que pasó con Matt, cuando recordó lo de las cosquillas esbozó una ligera sonrisa, pero de golpe llegaron las palabras de Matt que resonaron muy dentro de ella. No podía, no podía perdonarlo.
Escuchó la voz de una azafata anunciando que en diez minutos estarían aterrizando en el aeropuerto internacional de Nueva York. Diez minutos se le hacían eternos al a vez que demasiados cortos, su vida dependía literalmente de ese tiempo. ¿Qué tal si le decía a Matt que no volviera a buscarla? Seguro él tomaría un vuelo de regreso a Londres, haría su vida y hasta encontraría a otra chica… ¿otra chica? Aquello no le agradó absolutamente nada.
Mimi se levantó de su asiento, pero la azafata le detuvo, diciéndole que debería de abrocharse el cinturón por lo que estaban por aterrizar. Mimi hizo caso omiso. Buscó a Matt por los asientos, empezaba a asustarse porque no lo encontraba en ninguno, ¿qué tal sí se había tirado del avión y sin paracaídas? La paranoia se estaba apoderando de ella. Hubo una turbulencia, haciendo que estuviera a punto de caerse, pero alguien la sostuvo en sus brazos.
—Deberías de estar sentada con el cinturón puesto —le dijo Matt.
—No podía estar quieta en mi asiento pensando en que alguien más te pueda ganar —respondió la castaña que se sentó al lado del rubio.
Matt arqueó una ceja, no comprendía lo que Mimi decía.
—No me será fácil perdonarte Matt, pero te amo demasiado, que no puedo dejar que algo como esta mañana permita que lo que siento se vuelva doloroso, cuando debe ser felicidad —Mimi lo miró a los ojos, notó que el chico estuvo llorando durante el vuelo.
—¿Eso quiere decir que puedo intentar conseguir tu perdón?
La castaña asintió, liberando una sonrisa de gusto. Provocó que Matt la abrazara aprehensivamente. Trató de besarla, pero ella esquivo el beso.
—Creo que tardaras en probar mis labios. Haz meritos primero.
—No tardaré mucho, lo prometo —dijo Matt.
Mimi una vez que aterrizaron recordó a Matt sobre la gira.
—Tai se hará cargo, después de todo, por algo estudio leyes —dijo despreocupado el rubio.
—¿Tai es abogado? —interrogó Mimi sorprendida.
—Y aunque no lo creas, de los mejores. ¿Verdad que no tiene facha de uno? Parece más un pordiosero —Mimi empezó a carcajearse.
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Hola! ¿cómo han estado? Espero que muy bien y que anden lo más frescos posibles por estos terribles calorones que han hecho u.u Bueno, yo he regresado con un capitulo más de su historia sueño contigo, la hice un poco largo en compensación por mi tardanza, espero que les guste.
Disculpen que sea escueta en mis notas de autora, pero tengo tarea esperando ¬¬ pero si tengo tiempo para agradecerles de todo corazón su apoyo, su tiempo dedicado a la lectura de esta humilde historia y sus valirosos reviews, muchisimas gracias, me hacen muy feliz n.n son quienes hacen que yo continué.
Muchisimas gracias.
Feliz día de las madres! para quienes ya tienen la fortuna de tener a un ángelito, un abrazote para todas!
se despide con mucho cariño
XANHEX
Besos y abrazos =) cuidense mucho.
