¡Hola a todos! Estamos de vuelta.
N/T: Siento haber tardado tanto en traducir este capítulo, pero las vacaciones de Navidad siempre son algo difíciles. Y el regreso a clases con exámenes, no es lo mejor. Disculpen, ya no tardaré tanto.
Y mil gracias a todos por sus reviews, ¡Nos hacen muy felices!
Capítulo 17
-Tengo una "reunión" hoy en la noche, así que podré pasar tiempo contigo, Hermione.
Hermione miró a Severus desde atrás de su escritorio. Se quedaron solos en el salón de clases cuando la clase terminó. Esa sería su primera reunión después de todo un mes. Tal vez ahora que había llegado la primavera, Voldemort incrementaría sus actividades. Hermione había estado, secretamente, agradecidas de que no lo hubieran llamado muy seguido, pero ahora, su corazón se llenó de preocupación una vez más. ¿Cómo regresaría?
-Ten cuidado, Severus, - le advirtió.
-Siempre lo soy.
-Si estás herido, ve y búscame.
-¿Por qué tendría que estar herido? - le preguntó curioso.
Hermione bajó la vista. - A Voldemort le gusta jugar con sus seguidores. Le gustaba mucho jugar contigo en mi pasado. Además, si descubre que estamos saliendo, se pondrá furioso. -
Severus se la quedó viendo en silencio, procesando lo que había dicho. ¿A caso se había condenado a una vida de torturas? Cuando Dumbledore le explicó su papel como espía, supo que había la posibilidad de que lo torturaran, incluso de que lo mataran, pero no esperaba ser el juguete personal de Voldemort. Frunciendo el ceño, él sólo esperaba poder afrontar todo lo que venía sin ser descubierto.
Las clases de Oclumancia con Dumbledore habían ido bien. Había desarrollado esa habilidad rápidamente y era bastante bueno en ello. Él incluso había comenzado a ser bastante petulante respecto a sus habilidades, pero si tenía que ser torturado, ¿qué tan fuerte podía ser él?; ¿sería capaz de mantener al Señor Tenebroso fuera de su mente?; ¿sus secretos se revelarían y Voldemort los sabría? Tendría que redoblar sus esfuerzos y fortalecer sus habilidades aún más. Si descubrían que era un espía, eso no solo significaba su muerte, sino la destrucción de la Orden también. Claro, que si Voldemort descubría su relación con Hermione, los dos podían darse por muertos.
-Tendré cuidado, Hermione, - dijo finalmente. -Él nunca sabrá de nosotros, no permitiré que lo descubra. Y si, por alguna razón regreso herido, iré contigo.
Hermione lo miró de nuevo, después se levantó de su escritorio, lo rodeó para llegar a Severus y lo abrazó. Le dio un rápido beso en los labios.
-Supongo que no te veré hasta mañana entonces, - dijo cuando se separó de él.
-Estaré bien, te veré mañana.
Hermione asintió y él se fue. Ella se preparó a sí misma para una tarde de preocupación por el bienestar de Severus. Sabía que no podría descansar hasta que no viera sus ojos mirándola desde la mesa de Slytherin en el desayuno.
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Se escuchaban fuertes golpes en la puerta de Hermione. Se sentó rápidamente en la cama. Se había quedado dormida, y el golpeteo la hizo despertarse sobresaltada. Miró el reloj mientras se ponía rápido una capa encima. Era medianoche. Tal vez Severus había regresado. Fue rápido hacia la puerta y la abrió con urgencia. Tenía razón, era Severus quien estaba ahí. Él entró de golpe a la habitación, lucía enloquecido. Antes de que Hermione pudiera cerrar la puerta, la había jalado hacia él y la abrazó como si fuera un salvavidas.
-¿Qué ocurre?- preguntó Hermione.
Severus la soltó y cerró la puerta. Se volvió hacia ella y la abrazó de nuevo.
-Voldemort me ordenó que te matara. - dijo finalmente.
Hermione se tensó.
-Dijo que has ignorado su advertencia de irte. Deberías encargarte de eso. Mandará un aviso a todos los hijos de Muggles: que le deben ser obedientes. Quiere que lo haga esta noche.
-Severus, ¿qué vamos a hacer?
Se separó de ella. -Debes regresar, Hermione; a tu tiempo. -
Ella lo abrazó fuertemente. - No, ¡no estoy lista para irme! No puedo dejarte, Severus. -
-Tienes que. Si me rehúso a matarte, me matarán, y luego mandarán a alguien más a matarte. No permitiré que mueras. Tienes que regresar.
Hermione comenzó a llorar. -No voy a dejarte, - replicó. -Podemos pelear, me puedo esconder.
Él se alejó un poco y las sostuvo por los hombros. -¡Piensa, Hermione! Tienes que irte.
Hermione miró hacia abajo, sollozando, tratando de contener las lágrimas. -Ya se… sólo que no quiero, - dijo finalmente.
-Me verás de nuevo.
-Todo será diferente, - dijo de forma sombría.
-Mi amor por ti nunca cambiará.
Ella lo miró con duda. Por supuesto que iba a cambiar. Todo iba a cambiar. Tendría veinticinco años para olvidarla. Lo superaría. Pero ella ya sabía que pasaría. Se había preparado para su separación. Solamente que no estaba preparada para que fuera en ese momento. Desafortunadamente, Voldemort ya había trazado su destino. Ya estaba cansada de que manejara la vida de todos a su antojo. Al menos, cuando regresara a su presente, él se habría ido.
- Iré por el Giratiempo, - dijo derrotada.
Se dio la vuelta y caminó hacia su dormitorio. Se cambió rápido de ropa y se acercó a su mesita de noche. Sacó el Giratiempo del mueblecito y lo colocó alrededor de su cuello. Salió de su recámara y se acercó a Severus.
-Quiero hacerlo en la oficina de Dumbledore. Prefiero aparecer ahí en el futuro. Él por lo menos sabrá lo que sucede.
Severus asintió y la tomó de la mano. Salieron de las habitaciones de Hermione y se encaminaron hacia la oficina del director. Aun sosteniendo su mano, Severus la miró de reojo. Lágrimas resbalaban silenciosamente por su cara. La observó por algunos minutos y luego se detuvo, encarándola. Se acercó a ella y acunó su cara entre sus manos.
-No llores, Hermione, - le dijo, besando sus lágrimas.
-Estoy bien, Severus, - dijo en un sollozo. - Sólo sigamos.
Siguieron caminando tomados de la mano.
-¿Qué le dirás a Voldemort? - preguntó Hermione finalmente.
-Le diré que, cuando llegué a tu habitación, estaba desierta. Que habías empacado todas tus cosas y que probablemente te habías ido en la noche, en secreto.
-Te castigará.
-Tal vez, pero tú estarás a salvo, - respondió él con determinación.
-¿Sospecha que tú y yo tenemos una relación?
- No, no tiene idea.
Llegaron a la gárgola y Hermione murmuró la contraseña. Cuando la gárgola se apartó, Hermione envolvió a Severus en un abrazo.
-Debes olvidarme, - dio ella.
-Nunca te olvidaré, - le respondí Severus.
-Entonces olvida que me amas.
-No.
-Sólo quiero que seas feliz.
-Lo seré, sabiendo que estás a salvo.
-Encuentra a alguien que te quiera, Severus.
-Ya lo hice.
Hermione sollozó y enterró su cabeza en el hombro de Severus. -No quiero irme, - dijo en un sollozo.
-Pero te irás, porque eso es lo que debes hacer.
-Por favor, Severus, sigue adelante con tu vida.
-No lo haré, a no ser que estés a mi lado.
Hermione hizo un esfuerzo por reponerse. Lo miró. -Tú, Severus Snape, eres más necio que yo, - dijo a la final, exasperada.
Él le sonrió. -¿Lo ves? Somos perfectos el uno para el otro.
Se giraron, subieron por la escalera de caracol y llamaron a la puerta. Esperaron un momento, pero finalmente Albus abrió la puerta y los dejó pasar, mirándolos a ambos con curiosidad. Rápidamente, le explicaron todo al director, y él estuvo de acuerdo en que Hermione se fuera de inmediato.
Severus había estado mirando a Hermione todo ese tiempo, tratando de memorizar cada parte de ella. Hermione se giró hacia Severus y lo miró con tristeza. Él se acercó a Hermione y ella se arrojó a sus brazos. Severus la tomó del mentón con sus temblorosas manos. La hizo levantar la cara para poder mirarla a los ojos. Millones de cosas eran dichas sin palabras cada vez que se miraban. Severus se inclinó un poco hacia ella, se detuvo, y volvió a mirarla. Miró su hermosa cara, sabiendo que no volvería a verla de nuevo en veinticinco años. Lentamente, él se fue acercando hacia sus labios. Se besaron una última vez mientras que Dumbledore volteaba hacia otro lado para darles un poco de privacidad. Las lágrimas caían desenfrenadas por la cara de Hermione mientras Severus la besaba con pasión. Ella le devolvía el beso con amor, depositando en él todos sus sentimientos hacia Severus y su tristeza al tener que separarse. Finalmente se separaron. Severus le limpió las lágrimas.
-Me verás muy pronto, - dijo él.
-Tú no, - dijo ella tristemente.
Ella sabía, en el fondo de su corazón, que esto sería su final. ¿Cómo podría él esperarla? Había mucho tiempo entre el ahora y cuando se volvieran a ver. Así como estaba segura de los sentimientos de Severus por ella ahora, Hermione sabía que cuando apareciera en su tiempo, su relación estaría perdida. Ella lo miró de nuevo, tratando de retenerlo en su memoria. Sería lo único que podría consolarla cuando volviera a su tiempo.
Ella miró los ojos de Severus, y éstos reflejaban tanto amor en ellos, que le cortó la respiración. ¿Sería posible que su amor durara? Una chispa de esperanza se posó sobre su corazón mientras una lágrima resbalaba por su mejilla. Hermione sabía que era egoísta esperar que Severus la siguiera amando. Pero no podía hacer nada al respecto. Su vida parecía vacía sin él. En verdad no sabía cómo podría seguir con su vida sin él en el futuro.
Severus tocó la cara de Hermione una vez más; tratando de memorizarla por completo. Ella salió de sus cavilaciones cuando él la acarició y la besó levemente una vez más.
-Será mejor que te vayas, - dijo Severus finalmente y se apartó.
Ella extrajo el Giratiempo y tomó su varita. Se alistó para girar el Gira-tiempo y regresar a su tiempo. Lamentaba no poder estar más tiempo con Severus, pero gracias a Voldemort, no tenían otra opción. Miró de nuevo en dirección a Severus y le dedicó una gran sonrisa.
-Te amo, - dijo Hermione y le dio un golpecito al Giratiempo con su varita.
-Yo también te amo, - contestó Severus mientras veía como el pequeño objeto comenzaba a girar. Antes de que tuviera tiempo para volver a mirarla, ella ya había desaparecido. Su vida se había ido.
Dumbledore se giró hacia él.
-Lo siento, Severus. Sé que esto es difícil para ti.
Severus luchaba contra las lágrimas, y miró a Dumbledore. -Estaré bien. Ella está a salvo. Tengo que ir a reportárselo al Señor Tenebroso, - dijo y se giró para irse.
-Buena suerte, Severus, - dijo Dumbledore mientras éste salía de la oficina.
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Voldemort estaba sentado suntuosamente en su "trono" en la habitación más larga de su escondite. El Señor Tenebroso no hacía nada sin elegancia. El piso era de mármol, y la habitación estaba llena de caros tapices que representaban a grandes Magos de la Historia. El más grande, reposaba detrás de su trono. Era la representación de Salazar Slytherin frente a una estatua de una serpiente. La colorida tapicería lo cubría todo. Desde el suelo hasta el techo.
-¿Está muerta, Severus?- demandó Voldemort con un siseo.
La mirada del Señor Tenebroso se posó sobre su sirviente, expectante.
Severus se inclinó, apoyándose en una rodilla y dijo, -Mi Lord, cuando llegué a sus habitaciones, estaban vacías. Todas sus pertenencias no estaban. Se escapó.-
-¡¿Qué?! - rugió Voldemort. -¿Cómo supo lo que habíamos planeado? Alguien tuvo que alertarla.
-Mi Señor, parecía que se había ido tiempo antes; probablemente incluso antes que terminara nuestra reunión. No sé cómo, pero debió haber tenido una premonición. No creo que nadie se atreviera a traicionarlo.
Voldemort rodó los ojos. Penetró la mente de Severus y lo que vio fue exactamente lo que él había dicho. Evidentemente, su marioneta le estaba diciendo la verdad.
-Te enseñaré a creer, Severus, - chilló y extendió su varita.
La maldición Cruciatus golpeó a Severus, y se retorció en el suelo. Nunca antes había sentido tanto dolor. Voldemort mantuvo el hechizo por lo que parecía una eternidad, y Severus gritó. Las lágrimas que había estado reteniendo desde que ella se fue, ahora caían por su cara, resultado del dolor y la partida de Hermione. Se hizo bolita y un escalofrío lo recorrió cuando Voldemort terminó la maldición.
-La próxima vez que te de una misión, ¡espero que la cumplas! ¿Entendiste?
-Sí, mi Señor, - dijo Severus desde el suelo.
-Vete, - ordenó Voldemort.
Severus con trabajos se puso de pie. No estaba muy seguro de poder Aparecerse correctamente, pero estaba completamente seguro que si se tardaba en irse, eso le causaría más dolor. Salió del cuarto y se desapareció. Colapsó justo frente a las puertas de Hogwarts. Haciéndose bolita de nuevo, gritó. No sabía si gritaba por el dolor que le había causado la maldición que le había mandado Voldemort, o por la enorme tristeza que sentía. Hermione se había ido. No la vería de nuevo hasta dentro de veinticinco años. Era como si ella hubiera muerto. Las lágrimas rodaban por sus mejillas mientras gritaba de nuevo. Abrazó sus piernas y lloró.
Sintió unos gentiles brazos ayudarlo a incorporarse. Dumbledore lo apoyaba, cuando estaba más débil.
-Deberíamos llevarte a la enfermería, mi muchacho, - le dijo.
Dumbledore colocó su brazo alrededor de Severus, guiándolo por el camino hacia el castillo.
-Será más fácil con el tiempo, - le dijo mientras entraban en el castillo.
Severus frunció el ceño. "Veinticinco años es mucho tiempo" pensó taciturno.
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Severus pasó esa noche en la enfermería, recuperándose de la maldición Cruciatus que le habían lanzado por su incompetencia al matar a Hermione. Madame Pomfrey le había dado las pociones necesarias para su recuperación, pero aún le dolía todo. El dolor era más por el sentimiento de pérdida que por el hechizo. Sollozó contra la almohada durante casi toda la noche, sintiéndose más solo que nunca. Hermione se había ido. Ya no le dedicaría esas pequeñas sonrisas en mitad de las clases. Ya no compartirían sus tardes en la Sala de los Menesteres. Ya no sentiría sus amorosos abrazos, ni sus hermosos besos dándole fuerzas.
¿Cómo podría seguir sin ella? Ella se había vuelto esencial en su vida, como el latido del corazón. Ahora sólo se sentía vacío. Sentía su corazón explotar de tristeza. El pecho le dolía por el sentimiento de pérdida. Cuando pensaba en los meses y años que tendría que pasar sin ella, su pecho se comprimía tanto, que pensaba que no podía respirar. Estaba sólo, completamente sólo, y nadie podría ayudarlo a reducir un poco la tristeza. Nadie podía entender cómo se sentía. Tendría que lidiar con eso sólo, por lo que parecía toda la eternidad. Golpeó su almohada con frustración.
-¡Hermione!- sollozó. – No puedo hacerlo. ¡No puedo vivir sin ti por tanto tiempo!
Se sumergió en la desesperanza. Los años que venían sin ella, los veía justo ahí, como si estuvieran mofándose de él. ¿Se sentiría feliz de nuevo, antes de que ella regresara? ¿Estaba condenado a sufrir por el resto de su vida? ¿Cómo podría vivir sólo, sin ella? Se sentía vacío, sin nada que lo hiciera sentir bien. No habrá felicidad para él. No sería nada, solo la mascota de Voldemort, sin felicidad, sin pasión, sólo miseria.
Por un momento, pensó que hubiera sido mejor nunca haberla conocido. Pero si hubiera sido el caso, se hubiera condenado a un destino que ahora le parecía peor que la muerte. Convertirse en el monstruo que Hermione le había descrito sería peor que vivir sin ella por los próximos veinticinco años. Por lo menos si él podía cambiar el futuro, cuando ella apareciera de nuevo, lo vería con una luz diferente. Ojalá que fuera una luz que ella encontrara "atractiva".
Lentamente fue dejando de llorar, hasta que se detuvo completamente. Ya no tenía más lágrimas para derramar. Finalmente se que dormido en un intranquilo sueño, girando y dando vueltas en la cama. Sus sueños estaban plagados de pesadillas donde Hermione se acercaba a él, y de pronto, era jalada en una vorágine donde ella suplicaba su nombre, una y otra vez, hasta que desaparecía.
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Los meses siguientes fueron muy difíciles para Severus. La desaparición de Hermione había causado que tanto estudiantes como profesores no hablaran de otra cosa, haciendo que los recuerdos rondaran a Severus. Todas las noches, él iba a la Sala de los Menesteres. Todas las noches se torturaba a sí mismo con su partida. Algunas noches, la extrañaba tanto, que se quedaba dormido en la Sala, y salía al día siguiente, con aspecto demacrado. Era como si Hermione estuviera muerta, y para él, así era. Su regreso parecía tan lejano que no comprendía cómo iba a estar sin ella. Creía su vida acabada, pero rápido quitó esos pensamientos. No servía de nada, él seguiría sin ella.
Iba a clases como un fantasma. Ya no le importaba pasar las materias. La gente lo evitaba, incluso más que antes. Todos lo eludían, y hasta Lucius dejó de sentarse con él en las comidas. Los Merodeadores también perdieron el interés en él, ya que los ignoraba por completo, ellos ya no encontraban divertido molestarlo. Si tan solo hubiera sabido antes cómo detenerlos… Los profesores trataban de sacarlo de su aislamiento, pero él solo ignoraba su preocupación y se refugiaba en la Sala de los Menesteres todo lo que podía, mientras no había clases.
Lentamente, comenzó a llorar menos. Empezó a concentrarse en recordar momentos felices de los dos, pensando en su regreso, incluso aunque pareciera que faltaba mucho tiempo; aunque pensara que era tanto tiempo que quizás nunca sería. Trataba de concentrarse en otras cosas. Se metió de nuevo en los estudios, incluso más que antes de que Hermione se fuera. Se concentró en Pociones, e incluso le pidió al Profesor Slughorn si podía ayudarlo a preparar cosas por las tardes. Slughorn pareció sorprendido al principio, pero aceptó la petición de Severus. El Profesor necesitaba preparar muchas pociones para la Enfermería, a demás de otras cosas, así que le venía muy bien un ayudante.
Severus aprendió mucho del Profesor Slughorn, y le comentó sobre su deseo de convertirse en un Maestro en Pociones. Slughorn parecía encantado de que a uno de sus estudiantes le gustara tanto su asignatura, así que le sugirió que solicitara ser aprendiz de un Maestro en Pociones amigo suyo. Severus comenzó con las solicitudes normales para un aprendía, y antes de darse cuenta, tenía una oferta para estudiar con el mejor Maestro en Pociones del mundo. Slughorn tenía buenos contactos después de todo.
Severus seguía con sus misiones para el Señor Tenebroso. Le daba a Dumbledore información de Voldemort, y algunos de sus planes eran saboteados. Algunos no. Algunas veces, Severus era obligado a formar parte de actos que lo llenaban de pesadillas durante meses. Era forzado a torturar gente inocente, y veía a los demás Mortífagos deleitarse matando Muggles inocentes. Había estado obligado incluso a matar él mismo, algunas veces para salvar de alguien de las torturas de los Mortífagos. Su estómago se retorcía cada vez que era parte de estos eventos, pero se mantenía estoico detrás de su máscara.
Antes de darse cuenta, el año escolar había terminado, y estaba preparándose para comenzar su aprendizaje. El que sería su Maestro, vivía en Londres así que, desafortunadamente, seguiría atado al Señor Tenebroso. Pero no importaba; iba a estudiar algo que él encontraba fascinante.
Sus recuerdos de Hermione, ahora se habían vuelto amargos. Había encerrado su amor por ella muy hondo en su corazón y pensaba en ella con cariño. Ya no tenía la necesidad de romper cosas cuando recordaba su partida. Ya no deseaba estar muerto. Ahora miraba a futuro. Un futuro lejano, donde ella pudiera estar en su vida de nuevo, y no tener que separarse nunca. Pensar en ese futuro lo ayudaba a vivir el 'día-con-día'.
N/A: El siguiente: La historia se repite, con algunos cambios.
Estúpido Voldemort, lo arruina todo. Pienso que Hermione hubiera pasado muchos años más en el pasado de no ser por la orden de su muerte. Gracias a Daniie por la traduccion!
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