Disclaimer: J.K. Rowling es dueña de estos personajes y cualquier cosa que les resulte familiar. Si piensan que han leído algo como esto antes, fue tomado y posiblemente cambiado de la Piedra Filosofal.
Capítulo 20
Estaban peleando de nuevo. Petunia y Vernon peleaban constantemente por Harry Potter. Él insistía en que el niño durmiera en la alacena que estaba debajo de la escalera, y ella le pedía que fuera razonable y le dieran a Harry la habitación que estaba llena con las cosas de Dudley. Era una causa perdida. Habían tenido esa conversación cada semana desde que Harry estaba a su cuidado, pero Vernon se negaba a ceder en las peticiones de Petunia. Harry permanecería en la alacena debajo de la escalera. Petunia bajaba enfurruñada esas escaleras hacia la cocina para hacer el desayuno.
Le guiñó un ojo a Harry cuando salió de su cuartito. Él le respondió con una rápida sonrisa y fue a recoger el correo. Vernon bajó las escaleras con fuertes pisadas, casi rompiéndolas por su gran peso. Gruño al sentarse y tomó el periódico para leerlo mientras esperaba su abundante desayuno.
Harry regresó con el correo, con una peculiar mirada en su rostro. Le entregó todas las cartas, excepto una, al tío Vernon. Se quedó observando la carta, que iba dirigida a él.
Dudley, quien había estado sentado en la mesa todo el tiempo, comenzó a gritar:
- ¡Harry tiene correo!
Vernon le arrebató la carta de las manos a Harry y la observó.
- ¡Hogwarts! - exclamó.
Harry miraba la carta con curiosidad y la cabeza de petunia giró hacia la mesa. Miró a Vernon y vio con horror como hacía jirones la carta. Después de eso, continuó mirando el resto de las cartas mientras Harry se quejaba de que su correo había sido destruido. De pronto, un grito ahogado salió de la garganta de Vernon.
-¡¿Qué significa esto?! - gritó.
Petunia se acercó para ver la razón del alboroto. Ahí, en la mano de Vernon había otra carta de Hogwarts. Ésta estaba dirigida a Dudley. Petunia apretó los labios y fingió estar sorprendida por la carta. Ella había estado observando disimuladamente a Dudley desde hacía tiempo. Él había mostrado una pequeña cantidad de poderes mágicos, pero ella pensó que tal vez no los desarrollara a tiempo, como le sucedió a ella. Por eso, no estaba segura de si lo elegirían para estudiar en Hogwarts. Aquí estaba la prueba de que sí lo habían hecho.
-¿Por qué, qué supones que significa, Vernon?- dijo inocentemente.
Vernon frunció el ceño. -¡Significa que piensan que Dudley es uno de ellos!- chilló.
Tomó la segunda carta y la hizo jirones como hizo con la primera.
-Tal vez la debiste haber abierto, Vernon. Deberíamos saber lo que decía.
-¡Te diré lo que decía! Decía que nuestro hijo es una monstruosidad. ¡No voy a tolerarlo! ¿Me entendiste? ¡Ninguno de estos niños va a responder a ninguna de esas cartas!
Dudley y Harry observaban la discusión con curiosidad. Harry miró a Dudley de reojo y encogió los hombros. Dudley hizo lo mismo. Los dos muchachos se llevaban bien, excepto cuando Dudley molestaba a Harry. Él era mucho más grande que Harry, y usaba su enorme tamaño para conseguir lo que quería. Era un niño consentido. Vernon le daba todo lo que él pedía, pero Petunia trataba de ser igual de justa con los dos chicos.
Los dos volvieron su atención de vuelta a la pelea. Sabían que era mejor no interrumpir. Solo sabrían lo que sucedía si Vernon lo creía necesario.
Harry suspiró. Por la forma que iba tomando la discusión entre sus tíos, nunca sabría lo que decía la carta.
-Tal vez sería bueno que ellos fueran. Si tienen esa habilidad, sería bueno que les enseñaran a usarla correctamente,- discutió Petunia.
La cara de Vernon estaba totalmente roja. -¿Desde cuándo eres una simpatizante, Petunia? Creí que estábamos de acuerdo en esto. Decidimos juntos que era mejor así.-
Petunia vaciló un momento. -No soy una simpatizante. Solo quiero lo mejor para los niños.-
-¡Lo mejor para los niños es que se queden donde están, aprendiendo cosas normales, no inusuales abominaciones que los convertirán en lunáticos!
Petunia tuvo suficiente. Se volvió hacia el desayuno, le pidió a Harry que se encargara de los huevos mientras ella preparaba las tostadas y el tocino.
Vernon se sonrió a sí mismo y pensó "Eso es, así debe ser." Claro que, no sabía el problema que le esperaba.
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Después de muchos intentos de entregar las cartas de Harry y Dudley, las lechuzas mandaron una avalancha de cartas a la casa de los Dursley. Petunia le había gritado a Vernon que abriera las cartas, pero su gordo y necio esposo no le hizo caso y dejaron la casa.
Ahora estaban escondiéndose en una choza en el mar. Harry no estaba seguro de porqué su tío Vernon lo llamaba una choza. Estaba hecha de piedra y parecía un viejo y abandonado faro. Dentro estaba oscuro, solo iluminado por una pequeña linterna colocada en medio de la habitación. La habitación era circular, con una gran puerta de madera en la entrada. Una pequeña escalera comenzaba al lado de la puerta y se enroscaba alrededor de la construcción hasta llegar a un agujero en el techo que llevaba a lo más alto de la choza. La familia había acomodado unas bolsas de dormir en el suelo y ahora todos estaban acostados y listos para dormir. Harry supo que no podría dormir, y estaba escuchando el golpeteo de las olas al llegar a la pequeña isla donde estaba la choza.
Vernon había insistido en el hecho de que las lechuzas nunca podrían encontrarlos en un lugar tan bien escondido. Ahora era muy entrada la noche y Harry escuchaba incluso las respiraciones de su familia. Se preguntó cómo podían dormir tan profundamente en el incomodo suelo de la choza. Harry miraba el techo, consultando su reloj de vez en cuando. Cuando el reloj marcó la medianoche, Harry se incorporó en silencio hasta quedar sentado y susurró "Feliz Cumpleaños, Harry" para sí mismo.
De pronto, un pequeño paquete apareció en su regazo. Miró a donde se encontraba su tía, quien lo había lanzado hacia él y ahora se encontraba apoyada sobre su codo. Tenía un dedo sobre sus labios instándolo a guardar silencio. Harry le sonrió y desenvolvió el paquete. Dentro había un reloj nuevo. Harry le sonrió de nuevo y murmuró un "Gracias". Ella le devolvió la sonrisa.
Ese silencioso momento se vio interrumpido por un gran estruendo en la puerta. Vernon, quien se despertó sobresaltado, se levantó y alcanzó su arma, justo en el momento en el que el hombre más grande que hubieran visto en sus vidas derribara la puerta. Vernon apuntó el arma hacia la cabeza del gigante.
-¿Qué cree que hace? - demandó Vernon.
-Lo siento por eso,- dijo una voz. -Mi nombre es Hagrid. Estoy aquí para llevar a Dudley y Harry a Hogwarts.-
-¡Sobre mi cadáver! - chilló Vernon a la vez que levantaba el arma y preparándola para disparar.
-¡Ya basta! - se escuchó un grito.
Era Petunia. Ella sacó su varita y con un ligero movimiento, el arma voló hacia sus manos.
-Ya tuve demasiado de tus tonterías, Vernon Dursley. Debes ver que no puedes evadir esto, ni evitar que suceda. ¡No permitiré que derrames sangre inocente sólo porque eres tan cabezota, que no dejas que estos niños sepan la verdad de ellos mismos!
Vernon la miraba incrédulo. -¿Qu… qué… acabas de hacer?-
Petunia movió su varita enfrente de él. -Yo, mágicamente, te quité el arma. He estado escondiendo mi magia desde que nos casamos, asustada de la forma en que reaccionarías, pero no puedo hacerlo más tiempo. Soy una bruja. Lo negué por años, pero finalmente acepté mi magia. Severus Snape me ayudó a aprender cómo controlar mi magia cuando Harry y Dudley eran tan solo unos bebés.-
Hagrid se metió en la conversación en el momento en que escuchó el nombre de Snape. -¡Oh, el Profesor Snape es una gran persona, ya lo creo que sí!
Petunia le dedicó una pequeña sonrisa. Vernon ni lo miró, en su lugar, observó a Petunia.
-¿Quieres decir que tú también tienes estos horribles poderes? Yo pensé que tú eras normal, como yo, ¡pero eres tan monstruosa como Harry! ¡Y una abominación como mi propio hijo! Todos ustedes, ¡estoy rodeado de fenómenos! ¡Sácame de aquí!
-¡Cálmate, Vernon! Harás que te de un infarto,- dijo Petunia suavemente.
-¿Haré que me dé un infarto? - gruñó, haciendo que su doble-mentón temblara por su enojo. Vernon se acercó más a Petunia y la miró amenazadoramente. -No, tú me conducirás a mi muerte, todos ustedes, con su magia y comportamientos antinaturales. Yo no tengo nada que ver con esto. La relación se terminó.-
Petunia lo miró con tristeza. -Me gustaría que lo reconsideraras. A pesar de todo, te amo.-
-Yo nunca podría amar a una inadaptada social como tú. Eres una abominación, una monstruosidad. ¡No quiero volver a verte nunca!
Petunia lo miraba con ojos tristes. -Lamento que te dientas así,- murmuró.
Todo lo que ella había temido estaba pasando. Su esposo ya no la veía como un humano. Bueno, ella ya había negado su herencia por mucho tiempo. Había odiado a su hermana y arruinado su relación con ella por eso. No iba a permitir que Vernon arruinara la oportunidad, de su hijo y su sobrino, de aprender y crecer en sus habilidades mágicas. Ella ignoró a Vernon mientras guardaba su varita y se giraba hacia Hagrid.
-¿Qué necesitan hacer para prepararse para el ciclo escolar?- preguntó ella.
-Todo está en la carta.- Sacó dos cartas de su abrigo y se las entregó a Petunia. -Con gusto yo puedo llevarlos a que consigan todo lo que necesitan si usted gusta, Madame.-
Petunia miró a Vernon de nuevo, parecía estar a punto de explotar.
-Oh, casi lo olvido,- dijo Hagrid de pronto.
Sacó una caja de su bolsillo y se la tendió a Harry.
-¡Feliz Cumpleaños Harry!- exclamó.
Harry levantó la tapa y descubrió un pequeño pastel con "Felis Cumplañoz, Harry" escrito en él.
-¿Cómo supo que…?- preguntó Harry asombrado.
-Nosotros los magos sabemos todo sobre ti, Harry,- respondió Hagrid.
Harry miró a su tía. Ella le había contado en secreto acerca de los magos desde que era pequeño. Él entendía lo que les había pasado a sus padres, pero Petunia le había dicho que siguiera con la mentira que Vernon había creado. Una parte de él no sabía si creer la extraña historia que su tía le había contado, pero ahora estaba seguro de que todo lo que le había dicho era cierto.
-¿Qué es Hogwarts?- preguntó.
Dudley asintió fuertemente con la cabeza.
-¡Bueno, es la mejor escuela para magos que ha habido jamás!- dijo Hagrid felizmente.
-¿Escuela para magos?- preguntó Dudley.
-¡Exacto! Y ustedes dos son magos. Ustedes podrán ir ahí, y aprender todo sobe la magia. Es un lugar maravilloso. Les encantará.
Harry le sonrió a Hagrid y luego a Dudley. -¿Cuándo nos vamos? - le preguntó.
-Pues, ahora, si quieren.
Petunia miró a Vernon. Él se había movido a un rincón de la habitación, dándoles la espalda.
-Hagrid, ¿Estará bien si yo también voy? No estoy segura de tener una casa a donde regresar.
Vernon gruñó. - Puedes quedarte con la casa. No quiero nada de ella excepto mis cosas personales. No quiero tener nada que ver con monstruosidades.-
-Puede venir con nosotros de todas formas, Sra. Dursley,- dijo Hagrid amablemente. -Eso le dará tiempo al Sr. Dursley de llevarse sus cosas mientras está con nosotros.-
Petunia se tensó y asintió una vez. Se volvió hacia Vernon.
-¿Estás seguro que esto no hay manera de resolver esto?
Vernon se giró y miró a Petunia. -Tú estás muerta para mí, mujer. Todo lo que sé, es que los últimos quince años nunca pasaron.-
Petunia lo miró tristemente, bajó la cabeza y se dirigió a la puerta. Esa era la última vez que lo vería. Una enorme mano se alzó y le dio unas palmaditas en la espalda que hicieron que se tambaleara.
-Oops, lo siento. Algunas veces no controlo mi propia fuerza,- dijo Hagrid tímidamente.
Petunia no pudo evitar sonreír, aún cuando era miserable por dentro. Dejaron a Vernon sólo; él debía arreglárselas para salir de esa pequeña isla. Mientras Hagrid los dirigía hacia la costa, Harry y Dudley no podían dejar de hablar sobre lo valiente que había sido Petunia al enfrentar a Vernon.
-¡Estuviste genial, mamá, en especial cuando le quitaste el arma de sus manos!- exclamó Dudley.
-¿Cómo lo hiciste, tía Petunia?-preguntó Harry con curiosidad.
Ella sacó su varita y se las enseñó. Ella nunca había hecho magia en frente de ellos, aún cuando les había dicho que podía hacerlo.
-Esto es una varita. Creo que probablemente consigamos una para ustedes mañana. Ayuda a un mago o a una bruja a dirigir su magia y usarla con toda su habilidad.
-Bien dicho, Sra. Dursley,- comentó Hagrid.
Ella le dedicó una débil sonrisa.
Hagrid le lanzó una mirada comprensiva. -Sra. Dursley, si me permite decirlo, creo que, a la larga, será mucho más feliz sin su marido. Él parecía… bueno… un estúpido.-
Petunia no pudo más que reír ante el comentario tan acertado de Hagrid.
-Lo es, Hagrid. Pero eso no quita el hecho de que lo amo.
-Hagrid asintió. - Lamento eso, Sra. Dursley. Es una pena que él no pueda ver más allá de su nariz para comprender esto.
Ella se encogió de hombros. -Yo sabía que esto algún día pasaría. Solo tenía la esperanza de que no fuera así.-
-Bueno, Harry, Dudley y yo la animaremos. Tendremos un día genial mañana en el Callejón Diagon. ¿Ha ido alguna vez?
-Severus me llevó para comprar mi varita, pero eso fue hace años.
-No ha cambiado mucho. Hay algunas tiendas nuevas y eso, pero sigue lleno de gente, como siempre.
Petunia sonrió. Tal vez era lo que necesitaba para mantener su cabeza lejos de su matrimonio arruinado.
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De verdad habían disfrutado su viaje al Callejón Diagon. Hagrid los había llevado a todos los lugares a los que debían ir y vio que llevaran todo lo que necesitaban. Le regaló una lechuza a cada uno de los chicos, como regalo de cumpleaños atrasado. La de Harry era una hermosa lechuza blanca como la nieve, y la de Dudley era marrón oscuro. Demasiado pronto, el día terminó, y se hallaron de nuevo en Privet Drive.
-¿Le gustaría pasar, Sr. Hagrid? - preguntó Petunia.
-No, no, gracias de cualquier manera. He estado fuera demasiado tiempo. Necesito regresar a mi trabajo en Hogwarts. - Se giró hacia los dos chicos. -Los veré a finales del mes próximo.-
Los tres lo despidieron y se encaminaron a la puerta. Cuando Petunia entró, no estaba sorprendida de ver que todo lo que pertenecía a Vernon había desaparecido. Subió las escaleras y entró a su dormitorio, encontrando vacía la mitad del closet y cajones que ocupaba Vernon. Observó todo con amargura. Quince años desperdiciados. Ella sabía que no lo vería de nuevo. Se tumbó en la cama y comenzó a llorar, cubriendo su cara con sus manos.
Dudley y Harry entraron después de un rato. Cada uno la rodeó con un brazo.
-Está bien, mamá,- dijo Dudley. -De todas formas, él siempre fue cruel contigo.-
-Ajá,- repuso Harry. -Él no conocía el significado de la palabra 'agradable'.-
Petunia sonrió. -Bueno, algo bueno salió de todo esto,- dijo con calma.
-¿El qué? - dijeron ambos al unísono.
-Harry por fin tendrá su propia recamara.
La sonrisa de Harry fue suficiente para que Petunia olvidara sus problemas.
-Vamos,- dijo ella. -Tenemos una mudanza que hacer. Y ahora que podemos utilizar la magia, será muy rápido.-
Los tres se levantaron y se dispusieron a llevar todas las cosas de Harry arriba. Pronto, ya tenían todo acomodado, y Harry tenía una verdadera habitación. Incluso tenía una ventana que daba hacia la calle.
-Sé que no estarás mucho tiempo aquí para disfrutarla, Harry. Pero es tuya de todas formas.
-Gracias, tía Petunia,- dijo Harry y la abrazó.
N/A: El siguiente capítulo: El primer año de Harry en Hogwarts.
Espero que hayan disfrutado el giro en los acontecimientos. ¡Por fin Harry tiene su propia habitación! Severus regresará en el siguiente capítulo, como imaginarán. Y también veremos a Hermione de nuevo.
Un gran abrazo a todos los lindos lectores. Y gracias por todos los geniales reviews.
N/T: Muchas gracias por los reviews! Me animan a seguir traduciendo ^^ Ya saben, cualquier cosa… REVIEWS! xD
Traducción: Daniie Snape Malfoy ^^
