Disclaimer: Todo lo que les parezca vagamente familiar en este capítulo y el próximo, fue citado, parafraseado, o simplemente resumido de el Prisionero de Azkaban. Si no está aquí, sucede igual que en el canon.

Capítulo 23

El tercer año de Hermione, parte 1:

—¡Oh, no! —chilló Petunia al momento de estar en la Plataforma nueve y tres cuartos. El Expreso de Hogwarts justo daba vuelta en la curva, perdiéndose de vista.

—Esto no es bueno —murmuró para sí misma.

—¿Debemos usar un auto volador como hizo Harry el año pasado? —exclamó Dudley.

Petunia le frunció el ceño. —Claro que no, Dudders, eso sería tonto. ¿De cualquier manera, dónde encontraríamos otro auto volador?

—¿Tal vez podríamos hechizar alguno? —intervino Harry.

Petunia le sonrió. —No, Harry, hay otros medios de transporte, pero tendremos que salir de la estación.

Petunia sonrió y comenzó a andar. —Vamos, niños. Tengo que llegar al trabajo.

Cuando Vernon se fue, Petunia había buscado trabajo fuera de la casa. Había trabajado en un banco durante un año, pero encontró el trabajo tedioso. Ahora que había aceptado su magia, quería involucrarse en algo mágico.

Cuando llevó a Harry a la Madriguera el verano anterior, Arthur Weasley le tomó aprecio rápidamente. La había llevado directo a su garaje para mostrarle con orgullo su gran colección de objetos Muggles. Ella había expresado su interés por ayudar a la comunidad mágica a entender la tecnología Muggle, y antes de darse cuenta, Arthur le había sugerido entrar a trabajar en el Ministerio. Le explicó que a la mayoría de los magos no les interesaba la tecnología Muggle, pero su experiencia podría ser útil en otras áreas.

Petunia ahora era miembro del Comité de Excusas-Muggles. Ella ayudaba al comité a encontrar excusas para las catástrofes mágicas. Ella era una valiosa miembro para el comité, ya que los ayudaba a ver cuáles eran excusas creíbles para los Muggles. A veces el comité creaba las excusas más descabelladas para algún suceso. Petunia los ayudaba a ver su imprudencia. Usualmente, era una sencilla excusa la que funcionaba mejor.

Cuando una anciana bruja había estropeado una poción, haciendo explotar toda su casa, el Ministerio había decidido no Desmemorizar a los vecinos. Si podía encontrarse una excusa, siempre trataban de evitar los Obliviate. Petunia había estado sentada observando al comité discutir acerca de una posible manera de explicar algo así. Uno de los miembros más recientes del comité sugirió una historia que incluía a un dragón que sobrevolaba el área y había estornudado de manera inoportuna. Rápidamente le recordaron que los Muggles no creían en dragones. Petunia casi se cae al piso de la risa. Ella sugirió la explosión de un horno. Todos la miraron con desconcierto. Aunque los miembros del comité habían escuchado sobre las fugas de gas, no tenían idea de lo que era un horno. Les explicó el uso que los Muggles le daban a los hornos y al comité le agradó la idea. Ellos no siempre eran tan obtusos. Entendían más sobre los Muggles que los magos promedio, pero ese incidente se quedaría grabado en su memoria como un ejemplo del abismo que había entre sus dos mundos.

Petunia fue sacada de sus pensamientos gracias a la discusión de sus dos niños. Escuchó su disputa mientras salían de la estación hacia la calle.

—Te dije, Harry, no debiste haber dejado a Hedwig hacer esa última cacería —le reprendió Dudley—. Es su culpa que llegamos tarde.

—No es como si ella usara un reloj, Dudley. No es su culpa —dijo Harry enfadado.

Dudley gruño.

Pronto se encontraron en la acera a un lado de la calle. Petunia pensó en lo que necesitaba y extendió su varita. De pronto un autobús de tres pisos de un brillante color morado apareció de la nada. La puerta se abrió, y un delgado joven con granos por toda su cara les sonrió.

—Hola, soy Stan Shunpike. Bienvenidos al Autobús Noctámbulo.

Harry y Dudley miraban asombrados, mientras Petunia se acercaba más a la puerta del autobús.

—Estos dos jóvenes magos perdieron el Expreso de Hogwarts y necesitan llegar a Hogwarts.

—Once sickles cada uno, por favor —dijo Stan de memoria.

Petunia buscó en su bolsa y sacó el dinero, depositándolo en la mano que Stan extendía. Se dio vuelta y le dio un rápido abrazo a cada chico.

—Ahora, sean buenos los dos y aprendan mucho.

Dudley se puso rojo ante la muestra de afecto, pero Harry abrazó a Petunia de vuelta con entusiasmo.

—Cuídate, Tía Petunia. Te veremos en vacaciones —le dijo.

Ella los miró entrar en el autobús y los despidió con la mano. El autobús desapareció en un instante. Petunia miró a su alrededor para asegurarse que estaba sola. No vio nada salvo un gran perro negro sentado del otro lado de la calle, mirándola. No le dio mayor importancia al perro, se dio vuelta y se apareció en el Ministerio.

oooOOOooo

Después de lo que parecieron sólo unos pocos minutos, Dudley y Harry se encontraban frente a las puertas de Hogwarts. Durante el trayecto hasta el colegio, ellos habían discutido de lleno sobre Sirius Black con Shunpike, el conductor del autobús y la cabeza reducida que colgaba del espejo. Harry y Dudley se habían mantenido atentos en las noticias sobre la fuga de Black desde que ocurrió. Harry le había preguntado a su Tía Petunia sobre las cosas que el periódico había escrito sobre Black, pero ella no sabía lo que en realidad había sucedido. Le informó que lo único que sabía sobre la muerte de sus padres era que había ocurrido a manos de Voldemort, ya que ella no estaba aún involucrada en el mundo mágico cuando los asesinaron.

Sin embargo, los tres del Autobús Noctámbulo parecían saberlo todo. Ellos confirmaron la desagradable historia de cómo Sirius Black traicionó a sus amigos con Voldemort y causó sus muertes. Shunpike incluso dijo que Black se merecía al menos el Beso del Dementor por lo que hizo.

—¿Qué es el Beso del Dementor? —preguntó Dudley curioso.

—¡Pues es la cosa más horrible que puede pasarle a una persona! —chilló el conductor.

—¡Te absorben el alma del cuerpo! —agregó la cabeza reducida.

—Cuando acaban contigo, lo único que queda es un cascarón vacío —dijo Shunpike, quien se fue acercando más a Dudley y Harry mientras terminaba de decir el horrible resultado del beso.

Harry y Dudley hicieron una mueca al pensar en que alguien perdiera el alma.

—¡Black se lo merece! —continuó Stan, asintiendo vigorosamente con la cabeza.

—De verdad es un loco, ése —dijo la cabeza reducida—. ¡Mataría a su propia madre si la viera en la calle!

Ambos chicos mascullaron afirmativamente, pero se sintieron aliviados cuando el autobús se detuvo en Hogwarts unos segundos después. Ya no querían escuchar más sobre ese loco asesino lunático ni de besos que te roban el alma.

Harry y Dudley llevaron sus baúles y el resto de sus pertenencias a la puerta y las dejaron dentro. Se prometieron no perder el tren nunca más, pensando en cómo normalmente el equipaje aparecía solo en sus dormitorios. Mientras dejaban sus baúles una voz los interrumpió.

—Llegaron un poco temprano, caballeros.

Ellos giraron y vieron a Dumbledore ahí, con las manos tras la espalda y los ojos brillantes.

Harry pudo haber jurado que no estaba sorprendido de verlos, para nada.

—Perdimos el tren, señor —explicó Dudley—. Mi mamá nos envió en el Autobús Noctámbulo.

—¡Ah! —exclamó Dumbledore—. Una mucho mejor solución que la del años pasado, ¿no, Harry?

Harry se sonrojó. ¿Nunca lo iban a dejar olvidar ese incidente?

—Sí, señor —dijo finalmente.

—¿Por qué no suben a sus dormitorios? Los demás estudiantes no llegarán hasta dentro de varias horas. Sólo no olviden bajar para el banquete.

—Sí, señor —dijeron los chicos al unísono.

—Muy bien, pueden irse —dijo Dumbledore, agitando las manos para que los chicos se fueran.

Los observó ir hacia la escalera mientras Severus apareció detrás de él.

—¿Cómo lo sabes todo? —preguntó Severus.

—¿A qué te refieres, Severus? —le regresó Dumbledore.

—Dijiste que teníamos invitados y te fuiste a la mitad de nuestra conversación. ¿Cómo supiste que estaban aquí?

—Bueno, sólo escuché el ruido de la puerta, Severus. ¿Tú no? —Albus se giró con una mirada curiosa

Severus rodó los ojos. —Olvídalo -dijo con frustración—. Tú nunca das una respuesta clara, de todas formas.

Severus se giró y se dirigió al Gran Comedor para terminar los preparativos para el banquete. Se perdió de la sonrisa-de-gato-Cheshire que puso Dumbledore.

oooOOOooo

Harry revisaba entre sus cosas, buscando su túnica. No se veía por ningún lado. Dudley y él habían estado en la sala común de Hufflepuff las últimas horas, pero Harry había querido subir a su propia habitación antes del banquete. Estaba justo por bajar al Gran Comedor cuando se dio cuenta que su túnica no estaba. Debió haberla tirado en el camino hacia el castillo. Salió de su habitación y comenzó el largo camino hacia los terrenos, deseando encontrarla antes de que llegaran los demás alumnos.

Finalmente llegó a los terrenos y siguió el camino hacia la verja de entrada. Estaba seguro que la encontraría tirada en algún lugar en el trayecto. Encendiendo su varita, comenzó a buscar. Después de unos minutos, vio su túnica justo a un lado de la reja. Suspiró con fastidio, ya que la túnica se encontraba sobre un charco de lodo. Cruzó la reja y levantó la capa. Chorreaba mugre. Harry agitó su varita, murmuró Evanesco, y observó cómo la mugre desaparecía.

Se giró para mirar a su alrededor. Podía ver la línea de carruajes a lo lejos, dirigiéndose al castillo. Llegarían en cuestión de minutos. Pero algo andaba mal. Sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Se dio cuenta de que las cosas a su alrededor comenzaban a cubrirse de escarcha. Miró a su alrededor un par de veces, pero no vio nada fuera de lo común, salvo la escarcha. De pronto, de la nada, una criatura descendió frente a él. Tenía una larga capa negra, y su cara era invisible gracias a una gran capucha. Harry no podía alejar su mirada de la criatura que flotaba frente a él. Sintió una gran desesperación apoderarse de él mientras miraba donde deberían estar los ojos de la criatura. Harry estaba inmóvil. Se sentía cada vez más abatido y cayó de rodillas en el piso. Lo último que escuchó fue el grito de una mujer antes de perder la conciencia.

Un segundo después se escuchó un fuerte 'pop', y un hombre apareció de la nada. Vio a un estudiante desmayado y a un Dementor sobre él.

Rápidamente, el hombre sacó su varita y exclamó: "Expecto Patronum".

El Dementor se fue de inmediato y el hombre se acercó corriendo al chico que estaba tirado en la tierra. Lo incorporó un poco y notó la cicatriz en su frente. Miró al muchacho con detenimiento, asegurándose de que no tuviera heridas visibles. Un minuto después, Harry comenzó a reaccionar. Abrió los ojos y se topó con un hombre que no reconoció inclinado sobre él.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Harry débilmente.

—Fuiste atacado por un Dementor —dijo el hombre.

Buscó algo en su bolsillo y sacó una barra de chocolate mientras Harry se sentaba y se restregaba los ojos.

—Come esto —ordenó el hombre—, te ayudará.

Harry miró el chocolate con escepticismo, luego, subió su vista hacia el hombre.

—¿Quién es usted? —preguntó con recelo.

—Soy Remus Lupin, el nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. Come el chocolate, Harry, como dije antes, te ayudará.

Harry tomó el chocolate y le dio un mordisco a la barra. Volvió su mirada al hombre. Lucía demacrado. Había largas cicatrices cruzando el costado de su cara, y sus ojos parecían haber visto demasiado para alguien de su edad.

—¿Cómo sabe mi nombre? —preguntó Harry.

—La cicatriz —dijo Lupin, señalándole la cabeza.

Harry se restregó la cicatriz y medio sonrió. —Es una marca inconfundible, ¿verdad?

Remus asintió.

—Fue bueno que decidiera aparecerme en la entrada, en vez de tomar los carruajes —remarcó Lupin mientras el primer carruaje cruzaba la reja—. Ahora no serías más que un cascarón vacío si yo no hubiera llegado.

—¿Qué era esa cosa que me atacó, señor?

—Eso, mi niño, era un Dementor.

Harry miró al Profesor Lupin con miedo. —¿Tiene algo que ver con el Beso del Dementor?

—Sí, Harry. Los Dementores son los seres que dan el beso. ¿Cómo escuchaste del Beso del Dementor?

Harry le contó su breve pero extraño viaje en el Autobús Noctámbulo. El Profesor Lupin ayudó a Harry a levantarse y se encaminaron a las puertas del castillo. Lupin le explicó más sobre los Dementores y que eran los guardias en Azkaban. Todo eso le provocó escalofríos a Harry. Rápidamente, Lupin guió a Harry a través del Gran Comedor y lo llevó hasta Madame Pomfrey, quien lo llevó a la Sala de Trofeos y lo examinó rápidamente. Declarándolo en buen estado lo dejó ir y él se reunió con sus amigos, quienes ya estaban sentados en la mesa de Gryffindor. Pronto los puso al tanto de lo que había sucedido.

—¡Esos Dementores registraron el tren también! —exclamó Ron.

—Sin embargo, nadie se desmayó —dijo Hermione pensativa.

Harry frunció el ceño. ¿Por qué se había desmayado si nadie más lo había hecho?

La voz de Dumbledore resonó en el comedor y todos los ojos se posaron en él. Explicó sobre los Dementores y de cómo los niños debían mantenerse alejados de ellos. Se disculpó por el que había atacado a Harry, ya que se les había ordenado a los Dementores mantenerse alejados de las puertas esa tarde, pero ése había desobedecido. Enfatizó la necesidad de ser cuidadosos ahora que Sirius Black andaba suelto, y aunque la escuela era bastante segura, nunca estaba de más ser precavidos. Después de eso, dio una palmada y el banquete apareció.

Harry comió en silencio, dándole vueltas en la cabeza a todo lo que había ocurrido en la última hora. Black no se aparecería allí. No tenía motivos para ir a Hogwarts. ¿O sí? Harry había visitado a los Weasley durante una semana cerca del fin de las vacaciones de verano. Estaban emocionados por su reciente viaje a Egipto, y lo habían llenado con historias sobre el viaje. La familia incluso había salido en la portada de El Profeta.

En algún momento había pillado al Sr. Weasley y a la Sra. Weasley hablando de él por lo bajo. Habían dicho que Black iba a buscarlo porque quería venganza por lo que le había hecho a Voldemort. Haber escuchado eso hizo que un escalofrío recorriera la espalda de Harry, pero él no se acobardaba ante el peligro. Si Black lo encontraba, él no sería responsable de lo que le haría al hombre que entregó a sus padres a Voldemort.

oooOOOooo

Harry llamó a la puerta del aula de Pociones. Escuchó una voz que le permitía pasar, así que abrió la puerta y entró. El salón estaba vacío.

—¡En la parte de atrás! —llamó la voz de nuevo.

Harry caminó hacia una puerta en la parte trasera del salón de Pociones y se encontró con el laboratorio privado de Severus Snape. Nunca había estado ahí antes, y sus ojos se agrandaron mientras lo inspeccionaba. Tenía el tamaño justo para dos mesas paralelas entre sí. En la mesa del fondo se encontraba un caldero que era removido por su Profesor de Pociones. La otra mesa estaba vacía. En la pared y frente a las mesas había estantes con diferentes calderos, algunas varillas para remover y varios envases y viales. Lucía como un laboratorio muggle de Química.

Harry volvió su atención al Profesor Snape, quien seguía removiendo el caldero con una inusual varilla. Parecía estar hecha de vidrio y tenía la cabeza de una serpiente en ella. Parecía estar observando a Snape mientras peste removía la mezcla.

—¿Quería verme, Profesor? —preguntó Harry.

Severus tomó un segundo para levantar la mirada. —Estaré contigo en dos minutos, Harry —dijo volviendo a su trabajo.

Cuando hubieron pasado los dos minutos, Severus dejó de remover, retiró la varilla y la colocó junto al caldero. Caminó hacia Harry y le señaló un par de sillas que había en una esquina y que Harry no había visto. Se sentó en una y observó a su profesor hacer lo mismo.

—No tuve oportunidad de hablar contigo después de los sucesos que tuvieron lugar a finales del año pasado. ¿Puedo pensar que te repusiste completamente? —preguntó Severus.

Harry asintió con la cabeza.

—¿Y te sientes mejor después del ataque del Dementor?

Harry hizo una mueca pero asintió.

—¿Qué pasa, Harry?

—Hermione y Ron me dijeron que los Dementores también entraron en el tren, pero nadie se desmayó. Me preguntaba por qué fui tan débil que no pude combatirlo.

Severus miró a Harry directamente a los ojos. —Colapsar por el ataque de un Dementor no es un signo de debilidad, Harry.

—¿Entonces por qué fui el único que se desmayó como una pequeña niña?

Severus sonrió ante su referencia. —Harry, ¿te dijo el Profesor Lupin de qué se alimentan los Dementores?

Harry afirmó con la cabeza. —Sí, ellos succionan toda la felicidad de un alma.

—Pienso que muy pocas personas en el colegio tienen peores recuerdos que tú. Cuando todas las partes felices de tu vida te son quitadas, los horrores que quedan son mucho peores que lo que cualquiera de tu edad tendría que soportar. La intensidad de las memorias incrementa el control del Dementor. No me sorprende que colapsaras.

—Creo que escuché a mi mamá gritar mi nombre antes de desmayarme.

Severus apretó la mandíbula cuando la imagen de cómo debió verse esa escena apareció en su mente.

—Parece que aún a esa corta edad, su muerte fue lo suficientemente horrible como para que tengas un recuerdo de eso.

—Nunca había pensado en eso hasta ahora.

Severus afirmó con la cabeza. —Los Dementores son artesanos en revivir esos recuerdos que han sido olvidados o suprimidos.

Harry se encogió de hombros, no queriendo seguir hablando de eso. —Me pidió después de clase que viniera esta noche, ¿qué ocurre?

Severus arqueó una ceja ante su descaro. —Me preguntaba por qué decidiste ir con ese bufón de Lockhart en vez de conmigo cuando descubriste la verdad sobre la Cámara de los Secretos.

Harry miró a Severus detenidamente. Snape evidentemente se había sentido desairado por su descuido. Esa no había sido la intención de Harry, en absoluto.

—Hubiera venido con usted, pero él se mostraba firme al decir que sabía dónde se encontraba la entada a la Cámara cuando todos ustedes estaban reunidos en el segundo piso. Ron y yo pensamos que si le decíamos lo que sabíamos, él sería capaz de sacar a Ginny más rápido de ahí.

—Ya veo.

—Para cuando nos dimos cuenta que sólo era un farsante, era demasiado tarde. Teníamos que llevarlo con nosotros. Tuvimos suerte de que la varita de Ron no funcionara, o ahora seríamos dos completos tarados.

—Espero que ahora comprendan la insensatez de sus acciones.

Harry miró a Severus. —Por supuesto, señor.

Severus suspiró. —Harry, tienes esa tendencia a actuar sin pensar cuando tienes una idea en la mente. Te perjudicarás si sigues por ese camino. Un día caminarás hacia una trampa de la que no podrás salir.

Harry bajó la mirada, sintiéndose reprendido. —Lo sé, señor. Estuve pensando mucho sobre eso durante el verano.

—Espero que te hayas puesto algunas reglas para tu comportamiento en el futuro —dijo Severus.

—Lo hice, señor. No me dejaré envolver tan profundamente en algo en lo que no pienso en las posibles repercusiones.

—Sabes, Harry, que puedes acudir a mí en esas situaciones. Estaré feliz de ayudarte a resolver los problemas si es necesario.

Harry miró a Severus. Su rostro era impasible, pero podía decir que sus palabras eran sinceras.

—Gracias, señor. Lo haré la próxima vez.

Severus asintió y se levantó, señalando el fin de su "charla". Regresó hacia la mesa.

—¿Qué es en lo que está trabajando, señor? —preguntó Harry con interés.

—Es una Solución Fortalecedora —le respondió Severus.

—¿Acaso esa solución no lleva piel de serpiente? —preguntó Harry.

Severus levantó la mirada mientras tomaba la varilla. —Sí, así es.

Los ojos de Harry emitieron un destello. —¿Alguna vez pensó sustituirla por piel de Basilisco?

Severus gruñó. —Pienso que tal adición haría de ella una poción muy potente. Desafortunadamente, ya que no hay Basiliscos de dónde conseguir piel, es una teoría que quedará sin comprobar.

—Yo sé de dónde puede conseguir piel de Basilisco, señor —dijo Harry con entusiasmo, tratando de compensarlo por no haberlo tomado en cuenta al final del año anterior.

Severus levantó de golpe la cabeza en cuanto las palabras del muchacho cobraron sentido. —¡El Basilisco de la Cámara! —dijo asombrado.

Harry asintió y le dedicó una sonrisa conspiradora. —¿Le gustaría conseguir un poco? —le preguntó a Severus.

Los ojos de Snape se iluminaron. Después, lo pensó dos veces. ¿No acababa de reprender al chico por actuar sin pensar? Él era un adulto. No podía simplemente bajar a la Cámara de los Secretos para probar una teoría.

—Harry, no es seguro bajar ahí de nuevo. ¿Acaso no se derrumbó la mitad de la Cámara?

—Oh, no es nada que un movimiento de varita no solucione. Además, la piel se encuentra antes del derrumbe. Por favor. ¡Esto podría ser un gran avance!

—Sólo uno temporal. Hay tanta piel de Basilisco.

—¿Y qué? ¡Hablarán de usted por siglos, Profesor!

Severus gruñó. —No trabajo con pociones pro fama.

—¿Entonces qué es todo ese discurso que les da a los alumnos de primero en la primera clase?

Severus le dirigió a Harry una mirada mordaz. —Jovencito, no necesito recordarte quién es el superior en esta habitación.

—Al menos yo no temo probar algo nuevo.

La ceja de Severus se elevó ante eso. El chico era un imbécil insufrible, trataba de engatusarlo para bajar a la Cámara.

—Lo juro, señor. Ya maté al malo y gran Basilisco. De verdad no hay nada que temer.

Severus gruñó. —No soy miedoso, Señor Potter. Sólo cuidadoso. Recuerda, ¿tú intentas matarte por lo menos una vez al año? Eso es justo lo que intento evadir.

Harry finalmente rió. —¡Oh, ande! La piel está justo ahí. Está cerca de la entrada. No nos tomará nada ir y tomar un poco.

Severus lo pensó y después se reprendió a sí mismo por haberle dado crédito a esa idea. Después decidió que probablemente nunca se perdonaría si ni siquiera intentaba conseguir la piel.

—De acuerdo, iremos —dijo finalmente.

—Sabía que vería las cosas a mi manera, señor —le respondió Harry con una sonrisa.

—No tiente a su suerte, Potter.

oooOOOooo

Estaban en el baño de niñas, y Harry estaba buscando el lavamanos. Finalmente murmuró algo y todo el lavamanos se movió, revelando un agujero que llevaba, Severus no quería saber cuánto, hacia abajo.

—Está ahí abajo —señaló Harry.

Severus lo miró mordazmente. —¿En serio? Creí que teníamos que subir hasta el techo y pasar las vigas para llegar —. Enfatizó su sarcástico comentario señalando al techo.

Sin notar el sarcasmo, Harry comentó: —No, de verdad es allá abajo.

Severus masculló algo a sí mismo mientras sacaba su varita y la movía en dirección al agujero. Una escalera de soga se ató a la orilla del hoyo y cayó en silencio. Descendería hasta alcanzar el fondo.

—Bien, ahora ha quitado toda la diversión —dijo Harry entre dientes.

Severus lo miró con incredulidad.

—No, en verdad, no se imagina lo divertido que fue caer a ciegas por el agujero. Pensé que me daría un paro cardiaco antes de alcanzar el fondo.

Severus le sonrió. —Después de usted, Señor Potter.

Harry pasó sus piernas a la escalera y comenzó su descenso, seguido de cerca por Severus. Bajaron y bajaron durante un tiempo. De pronto el túnel se curveaba, haciendo difícil el descenso, pero pronto se dirigía hacia debajo de nuevo y ellos podían bajar con mayor facilidad. Finalmente, Harry sintió el familiar crujido de miles de huesos bajo sus pies. Dejó la escalera e hizo lugar para que Severus pudiera bajar. Extrajo su varita y dijo "Lumos", haciendo que una pequeña parte de la Cámara se iluminara y pudieran ver.

Para ese momento Severus ya estaba en el piso, y evaluaba sus alrededores con una mueca en la cara. Los esqueletos de pequeños animales estaban desparramados por todo el lugar. No había un lugar limpio en el suelo.

—La piel está por allí —dijo Harry señalando hacia donde debían ir.

Severus lo siguió de cerca, con su propia varita encendida. No tuvieron que ir muy lejos hasta que se toparon con la piel. Los ojos de Severus se agrandaron mientras la examinaba. Sabía que la criatura era enorme, pero ver el tamaño de la piel, en verdad lo hacía apreciar más su enormidad.

—Es gigante —murmuró.

—Luce aún más grande en el Basilisco —bromeó Harry.

—Es un milagro que sobrevivieras, Harry.

—Tuve algo de ayuda de un Fénix.

—De hecho —respondió Severus.

Severus sacó una pequeña bolsita de su bolsillo y la agrandó. Se acercó a la piel de Basilisco, usó su varita como un escalpelo de cirujano y cortó un pedazo de piel de aproximadamente dos pies. Levitó la muestra hasta la bolsita y la cerró. La devolvió a su tamaño original y la guardó de nuevo en su bolsillo.

—Bien —dijo—, creo que es todo lo que necesitaré.

—¿Quisiera echar un vistazo? —preguntó Harry.

Severus miró a Harry con desdén. —En realidad, no. ¿Qué hay que ver, de todas formas, una enorme serpiente muerta?

—La construcción es muy compleja —caviló Harry.

—Ah…construcción…suena fascinante.

—En verdad es un aguafiestas, ¿lo sabía? —dijo Harry descaradamente.

—Sí, se ha sabido que arruiné una o dos fiestas en mi tiempo. Salgamos de aquí. Puedo sentir la presencia del Señor Tenebroso, y no quiero estar cerca de eso.

Los ojos de Harry se agrandaron. —¿Puede sentir a Voldemort? Pero Ryddle fue destruido, y su espíritu, o lo que fuera, ni siquiera estaba en esta parte de la Cámara.

—Tal vez no sea Voldemort, sólo maldad en sí. ¿Tú no lo sientes?

Harry se quedó quieto un momento y trató de contactar a su yo interior. Trató de sentir la maldad, pero sólo consiguió sentir miedo.

—Solamente me pone de nervios este lugar. En realidad no siento maldad. Es algo tenebroso, supongo.

Severus asintió. Tal vez era porque él era mayor y tenía más experiencia con la maldad. Tal vez era porque se había hecho amigo cercano de la maldad, pero era evidente para él, aunque Harry no pudiera sentirlo.

—Tal vez los lugares como éste emanan maldad por su simple naturaleza —reflexionó Severus mientras Harry lo miraba con curiosidad.

—Vamos —ordenó Severus—. Ya tenemos lo que vinimos a buscar. Salgamos de aquí.

Harry asintió y lo siguió hacia el túnel que los llevaría a la libertad.

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De vuelta en su laboratorio, Severus sacó de nuevo la bolsita de su bolsillo y la regresó a su tamaño original. Con unos guantes, extrajo la piel y la observó detenidamente. Era muy gruesa y fibrosa. Sabía que la piel en el Basilisco, podía ser tan dura como la piel de Dragón, pero ésta parecía un poco flexible. Aún se distinguía el patrón de escamas en ella. Era en realidad hermoso para algo tan desagradable. Se debatía sobre cuánto debía usar en la poción. Sabía que los colmillos de Basilisco eran extremadamente venenosos, pero la piel era conocida por no ser peligrosa para ingerir. Usando su varita, cortó un pequeño pedacito de la piel. No era más grande que una goma de mascar. Tomando su cuchillo, comenzó a cortarlo tan finamente como se hacía con la piel de serpiente que se utilizaba normalmente en esa poción. Juntó las tiritas y comenzó a cortarlas en cuadritos uniformemente. Harry estaba sentado en la esquina, observándolo trabajar. Finalmente, Severus reunió todos los pequeños cuadritos en su mano y miró a Harry.

—Aquí va. Si el caldero explota, asegúrate de que tenga un funeral decente.

—No sabía que los murciélagos tuvieran funerales cuando morían —bromeó Harry. Una enorme sonrisa apareció en su rostro.

La única respuesta de Severus fue su ceja arqueada. Estaba demasiado concentrado en la poción como para contestar la broma.

Harry sonrió a sí mismo de nuevo al ver cómo Severus echaba los cuadritos al caldero, tomaba su varilla y comenzaba la tediosa tarea de remover la poción. Se tendría que remover por quince minutos en sentido de las manecillas del reloj, y otros quince minutos en sentido opuesto.

No hubo una explosión instantánea, sin embargo, comenzó a emanar un poco de humo al momento de agregar la piel de Basilisco. Parecía que Severus removería por siempre, la mente de Harry se dispersó cuando su mirada se volvió borrosa y comenzó a pensar en otras cosas. Finalmente, Severus dejó de remover y retiró la varilla del caldero. Harry se levantó fue hacia él.

—Bueno, sigue vivo. ¿Cree que funcionó?

—Tendré que probarlo para asegurarme.

—¿En serio quiere probarlo? ¿Qué tal si la piel de Basilisco es venenosa?

Severus no dijo nada pero se dirigió al salón de clases. Tomó una jaula de un estante y la llevó al laboratorio. Harry vio que dentro de la jaula había tres ratones blancos.

—Nuestros objetos de prueba —dijo Severus mientras sacaba uno de los ratones de la jaula y lo había beber un poco de poción de una cuchara.

Devolvió el ratón a la jaula y lo observó cuidadosamente por si tenía alguna reacción extraña. El ratón parecía estar bien.

—¿Cuánto tardará la poción en funcionar? —preguntó Harry.

—Debería hacer efecto en un minuto, si no es que antes.

Miraron juntos con mucha atención cómo el ratón deambulaba por la jaula con sus amigos. De pronto comenzó a correr. Corría en círculos dentro de la jaula. Con cada vuelta que daba, el ratón parecía ir más rápido. Pronto era tan solo un borrón dando círculos por la jaula.

—Wow —dijo Harry.

—Wow, de hecho —repitió Severus.

—Veamos qué más puede hacer este pequeño —dijo Severus mientras levantaba la puerta de la jaula y trataba de atrapar al ratón.

Fue imposible ya que el ratón era muy rápido para él. Pero no fue necesario que pensaran en otra solución ya que el animalito se detuvo por un instante y luego echó a correr hacia uno de los costados de la jaula. Corrió a través de las barras metálicas como si fueran de papel y se escabulló, dejando un hoyo en la puerta cuando la atravesó.

—Creo que Dumbledore se enojará con usted por haber dejado a Mighty Mouse* suelto.

—No es como que tuve opción —replicó Severus.

Harry rió ante el tono cortante de su profesor. —¿Cuánto tiempo dura la poción?

Severus suspiró. —Una hora. Espero que esa rata no haya destruido todo el castillo para entonces.

—Tal vez encuentre un hoyo y se quede dormido.

—Sólo podemos esperar.

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Por supuesto, el ratón no encontró un hoyo y se durmió. Había decido torturar el dormitorio de las chicas de Slytherin. De alguna manera había encontrado su camino hasta ahí, y Pansy Parkinson fue la primera en verlo. Había gritado como una Banshee y brincado a una silla. El ratón se puso nervioso con el alarido y corrió hacia la silla, dándole a una pata y haciendo que Pansy cayera al suelo. Las otras chicas del dormitorio comenzaron a gritar también al ver a Pansy caer al suelo. Pansy se levantó del suelo en un instante y todas se subieron a sus camas. No fue hasta que Severus llegó, media hora después, y atrapara al ratón que bajaron de sus camas y dejaron de gritar.

—¡Por Merlín, niñas, es sólo un ratón! ¡Dejen de gritar! —gritó al entrar a la habitación, seguido de cerca por Draco Malfoy, quien había alertado a Severus de dónde se encontraba el ratón.

—¿Vieron a dónde se fue? —les preguntó a las gritonas chicas.

Lucinda Wright dejó de gritar por un momento y señaló una esquina de la habitación, detrás de uno de los baúles. Severus se movió sigilosamente y con cuidado levitó el baúl. Ahí estaba el ratón, luciendo asustado. Severus había venido preparado con una caja de titanio. Dudaba que incluso Mighty Mouse, como Harry lo había apodado, pudiera escapar de esa trampa.

Moviendo la varita dijo: —Accio ratón.

El ratón voló por el aire y cayó en la caja. Severus cerró la tapa con un ruido metálico. Las cuatro muchachas dejaron de gritar y suspiraron. Lentamente, todas bajaron de sus camas.

—Ahora, espero que puedan tener el resto de la noche tranquila —las reprendió Severus—. No quiero ser molestado con reportes de otro animal de cuatro patas molestándolas. Si aparecen, ¡ignórenlos!

Con eso, Severus salió de la habitación, con caja y ratón en mano.

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Severus estaba de vuelta en su laboratorio y Harry miraba la caja de titanio con inquietud.

—¿Seguro que no puede escapar de ahí?

Severus le lanzó una mirada de desprecio. —Por supuesto que no, está hecha de Titanio.

El ratón había estado quieto, pero había comenzado a moverse de nuevo, abollando la caja con sus intentos de salir. Severus miró la caja con curiosidad, ahora preguntándose junto con Harry si el ratón estaría totalmente contenido.

—Creo que ya no deberíamos probarlo en los otros dos —meditó Harry sin dejar de mirar la caja.

—Sí, creo que tienes razón —masculló Severus—. Creo que es hora de una prueba humana. ¿Te gustaría ser voluntario?

Harry miró a Severus con nerviosismo. —¡Espere un momento! Yo nunca dije que iba a ser su conejillo de indias, Profesor. Sólo tuve la idea.

Severus esbozó una sonrisa traviesa. —Una razón más para que tú seas quien lo pruebe.

Harry agrandó los ojos y dio un paso atrás. —¿Qué tal que la poción me vuelve loco como a ese ratón? ¿Qué tal que no fue sólo la personalidad del ratón? ¿Qué tal que la poción nunca pierde su efecto?

—Harry —dijo Severus más seriamente—. Solamente bromeaba sobre que tú la probaras. Primero quiero llevarle una muestra a Albus para ver qué piensa sobre pruebas humanas.

Harry se relajó visiblemente. —Oh, okay —dijo suavemente.

Severus rió. —Es fácil engañarlo, Señor Potter. Supongo que con eso, ahora estamos empatados por haberme llamado murciélago hace rato.

Harry rió también.

oooOOOooo

Albus miró el vial lleno de un líquido verde-amarillento. Luego miró la caja de metal que estaba en su escritorio donde estaba el ratón de prueba. Pequeñas abolladuras adornaban la caja, pero el animal no había escapado de su prisión. Subió su mirada a Severus.

—Así que, decidiste bajas a la Cámara de los Secretos, tomar un poco de piel de Basilisco, hacer una poción con ella y administrársela a un ratón. Supongo que debería estar feliz de que no decidiste tomártela a la primera.

Severus arqueó una ceja.

—Director, estoy seguro que estará de acuerdo en que si esta poción funciona, ésta podría ser una nueva era para las Soluciones Fortalecedoras.

—Sí, y probablemente haga crecer el deseo de, ilegalmente, tomar piel de Basilisco por menos que honorables Maestros en Pociones, excluyéndote a ti, claro.

—Albus, ¿crees que la poción es segura para probarla en un humano? —preguntó Severus, ignorando el comentario anterior.

—¿La poción perdió su efecto ya en el ratón? —cuestionó Albus.

Severus revisó su reloj. —Si funciona como una Solución Fortalecedora normal, debió haber perdido el efecto hace quince minutos.

—Ah, ¿entonces debería ser seguro abrir la caja? —preguntó Albus.

Severus asintió.

Albus tomó la caja y abrió la tapa. El animalito estaba encogido en una esquina pero parecía inofensivo. Albus, vacilando, introdujo su mano y sacó a la pequeña criatura. Lo examinó bien y luego lo depositó en su escritorio. El pequeño animal comenzó a caminar lentamente por él.

—Parece estar bien —dijo Harry.

Albus tomó un caramelo de limón y lo puso frente al ratón. El pequeño comenzó a lamerlo. Estudió al animal por algunos minutos. El ratón no parecía tener efectos secundarios. Subió la vista a Severus.

—¿No hay la oportunidad de que caiga muerto en unas pocas horas? —le preguntó.

Severus elevó la ceja. —Siempre hay la oportunidad, pero las posibilidades son mínimas.

Albus cruzó los brazos frente a él. —Así que, ¿a quién tienes en mente para probarlo?

—Bueno, yo iba a…

—No, Severus. Tú eres el único que puede salvar a quien quiera que la tome si ésta resulta dañina. Yo la probaré.

—Albus, no vine para obligarte a tomar una poción que no ha sido probada —bramó Severus.

—¡Tonterías! Estoy ansioso por ver sus efectos. Tú me monitorearás por si algo sale mal.

Con eso, destapó el vial y lo tomó de un golpe, sin agregar nada más. Severus sacó su varita y comenzó a moverla para monitorear a Albus. Todo parecía ir bien hasta que de pronto la cara de Albus se puso morada. No había otros signos de alarma, pero el extraño color ya era suficientemente preocupante.

—¿Se encuentra bien, Profesor? —preguntó Harry.

—Es una sensación extraña, pero siento que no estoy en peligro —. Paseó la vista por su despacho hasta que la detuvo en la caja de titanio. Su cara había regresado por fin a su color original.

—¿Tal vez una prueba de fuerza? —dijo.

Severus asintió mientras observaba también la caja. Dumbledore la tomó con ambas manos y la miró por un momento. Luego la arrugó como si fuera una bola de papel. La miró con sorpresa.

—Bien, bien, bien, parece ser que tu pequeña adición ha hecho maravillas con esta poción, Severus. Utilicé poco esfuerzo para aplastar esa caja.

La única respuesta de Severus fue su ceja arqueada.

—Vayamos al salón de Defensa y probemos un duelo —sugirió Albus.

—Harry —dijo Severus mirando al chico—. Ve por Madame Pomfrey y pídele que se reúna con nosotros en el aula de Defensa. Dile que traiga su equipo de curación, algo de Skele-gro, y cualquier cosa que pueda ser útil para alguien en un duelo.

Harry asintió brevemente y salió del despacho.

oooOOOooo

Un rato después, Severus se encontraba en una cama en la enfermería. Albus había sido ligero, pero aún así le había roto tres costillas. Había logrado amoratarle ambos ojos a Severus y había cardenales por todo su cuerpo. Pomfrey lo había atendido en el salón de Defensa y su cara había vuelto a la normalidad, peor ella había insistido en que pasara la noche en la enfermería. Al parecer la poción había funcionado mejor de lo que nadie había pensado.

Severus consideraba el significado de eso. Con algunos experimentos más, tendría una poción comercializable. Claro, siendo el único con acceso al principal ingrediente de la poción, Severus podría volverse rico. Con la pequeña cantidad de piel necesaria para la poción, calculaba que podría prepararla por, al menos, cien años sin tener que preocuparse por quedarse sin piel.

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Después de algunos experimentos, Severus tenía la poción en un estado segur para quien la tomara. Al final, había reducido la cantidad de piel de Basilisco a la mitad, lo que evitaba que la persona que la tomara se pusiera morada. El nivel de fuerza había disminuido. Nadie trituraría cajas de titanio bajo su influencia, pero aún era extremadamente potente. Quien la tomara nunca perdería una pelea. No incrementaba la habilidad mágica, tampoco la disminuía, pero Severus había descubierto que tomarla muy seguido lo dejaba mareado por algunos días. Como la poción Felix Felicis, ésta no podía ser tomada constantemente.

Había presentado su descubrimiento al Ministerio de Magia, y ellos habían aceptado de buena gana su petición de comerciarla. De hecho, ellos crearon un Contrato de Exclusividad con él de inmediato, lo que significaba que él debía distribuir la poción con el Ministerio y sólo el Ministerio. El Ministro Fudge creía que sería una gran ayuda para sus Aurores y no quería que su nueva adquisición saliera al público. La cantidad que le dieron a Severus por ella lo hicieron un hombre bastante rico. ¡Embotellar la fama, generar la gloria y poner un alto a la muerte, en verdad!

N/A: ¿El Hombre Lobo ayudando al Perro?

Espero que les gustara. Hubo algunas preguntas sobre Lucius. Sí, sigue siendo un Mortífago. Simplemente no odia a los nacidos de Muggles como hacía antes, y no es tan molesto con eso. No le interesa oponerse a nada de lo que predica Voldemort. Ama su lugar como Mortífago. Lo hace sentirse poderoso.

N/T: ¡Lo lamento mucho! De verdad siento mucho la tardanza, y no los aburriré con mis excusas; simplemente diré que tuve serios problemas familiares que me imposibilitaron la traducción de este capítulo.

* "Mighty Mouse" es como está en el original. Significa "Ratón Poderoso", pero no se me ocurrió una buena forma de traducirlo.

Espero que les gustara el capítulo. ¡Y mil gracias por los reviews!