Capítulo 24
El tercer año de Hermione continúa:
—¿Quién puede decirme la diferencia entre un Animago y un Hombre Lobo? —cuestionó Severus. Estaba cubriendo a Lupin en sus clases ya que el Hombre Lobo estaba "bajo los efectos" de sus transformaciones.
La mano de Hermione se levantó de inmediato como él esperaba. Miró al resto de los alumnos y ni vio nada más que caras en blanco. Suspiró y le dio la palabra a Hermione, quien respondió con una perfecta respuesta de libro de texto. Siguió con la clase y su mano estuvo levantada constantemente, ansiosa por contestar cualquier pregunta que él hiciera.
—Señorita Granger, una palabra después de clase —sentenció Severus frunciendo el entrecejo, manteniendo su papel de espía.
Cuando ella se acercó a su escritorio un rato después, lucía aprensiva.
—Señorita Granger, lamento haberle hablado así hace rato, pero no quiero que nadie que la tolero, ni a usted ni a sus amigos.
Hermione asintió. Ella sabía que Severus era un espía porque él había dado permiso a Harry de divulgarles esa información a Ron y a ella. Sabía que a veces era duro con ellos porque no quería que lo descubrieran. Ella lo respetaba mucho y le alegraba que su amargura no fuera real.
—Siento la necesidad de darle un consejo, Señorita Granger —le dijo.
Ella lo miró con curiosidad, pero no dijo nada.
—Todos sus profesores están al tanto de su inteligencia. No necesitamos ser bañados con su conocimiento cada minuto del día. — Severus vaciló. No había querido sonar tan duro. Suavizando su tono continuó.
—Sólo quiero decir que no es necesario que conteste todas las preguntas. Los demás estudiantes parecen resentir que su mano esté alzada siempre. Creo que le sería más fácil si ellos no pensaran que quiere presumir.
—Yo no quiero presumir, señor —dijo Hermione bajando la mirada.
Severus la miró por un momento. —Lo sé, Señorita Granger, pero sus compañeros no. Solamente considere lo que le dije. Sus profesores no pensarán menos de usted si está más callada de lo normal en clases.
Hermione lo miró con tristeza. —Yo sólo…
Él la interrumpió. —Ya sé, Señorita Granger. Yo también quería el respeto de los profesores cuando era joven. No lo hice de la misma forma que usted, pero también conseguí su atención. Créame cuando le digo que ya tiene ese respeto.
Hermione lo miró por un buen tiempo antes de finalmente decir algo. —Gracias, Profesor. Aprecio su consejo.
Se dio la vuelta y salió del salón. Severus suspiró. Deseaba que su Hermione estuviera allí. No sabía cómo relacionarse con la niña que acababa de irse. Se tropezaba con las palabras y le costaba hablar con ella. Se sentía confortado con su presencia, pero extrañaba a la mujer en que se convertiría. Sabía que sería más y más difícil alejarse de ella conforme pasaran los años y le recordara más a su Hermione. Distancia es lo que él menos quería, de cualquier manera. Entre más cerca ella estaba, mejor se sentía él. Tal vez pudiera forjar una amistad sin salir con el corazón destrozado.
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Severus estaba en su habitación, pensando. Estaba sentado en uno de los dos sillones verde oscuro que estaban frente a la chimenea. Podía ver perfectamente a través de la ventana encantada que estaba en la pared frente a él. Mostraba una vista del lago, ambos arriba y debajo del agua. De vez en cuando, algunos peses pasaban por ahí, o un Grindylow lo miraba al pasar. Claro que no había ninguna ventana ahí, todo era un hechizo, pero aún así era hipnotizador.
Severus, de cualquier forma, no prestaba atención a la vida marina que pasaba por su ventana. Sus pensamientos estaban en un tema mucho más oscuro. Sirius Black había estado causando estragos en el castillo. Él pensaba, secretamente, que el viejo amigo de Black, Remus Lupin, estaba ayudando al asesino. Le enfurecía que Lupin pusiera en peligro a los alumnos de esa manera. Claro que él no tenía pruebas, y Dumbledore solamente desechaba su teoría, así que no podía hacer mucho más que observar y esperar.
El fugitivo había entrado en el castillo dos veces ya, la última vez directamente al dormitorio de Harry y casi matando a Ron Weasley. Las cosas se les habían salido de las manos. Alguien dejaba entrar a Black al castillo. Tenía que ser Lupin, porque nadie más podía ser tan tonto como para dejar entrar al asesino. Severus redoblaría esfuerzos vigilando a Lupin. Estaba seguro que el licántropo se delataría en algún momento, y Severus quería ser quien encontrara a Black. Sería su dulce venganza por haber traicionado a Lily.
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Severus dio vuelta en la esquina e iluminó su varita. Encontró a Harry Potter parado ahí en la oscuridad total.
—Harry, ¿qué haces merodeando en los pasillos a media noche? ¿Necesitas que te castigue para aprender que debes permanecer en tu Sala Común después del toque de queda?
Harry parecía apenado. —Lo siento, Profesor. No podía dormir.
Severus arqueó una ceja. El muchacho no era bueno mintiendo.
—¿Por qué estás realmente aquí, Harry?
Harry lucía algo sospechoso. —No hay razón, señor.
Severus lo miró con exasperación. —Vacíe sus bolsillos, Señor Potter.
Harry frunció el ceño y los vació, revelando el pergamino que era el Mapa del Merodeador.
Severus tomó el pergamino y lo examinó.
—¿Qué es esto? —inquirió.
—Es pergamino, señor.
Severus levantó la mirada a Harry.
—Eso lo sé bien. ¿Por qué lo tiene?
Harry se encogió de hombros.
Severus miró seriamente a Harry y apuntó el Mapa con su varita. —Esperaba que fuera un poco más comunicativo, Señor Potter, pero si así es como lo quiere… Revela tus secretos —ordenó.
Los Señores Mooney, Wormtail, Padfoot y Prongs felicitan al Señor Snape por descubrir el secreto de este pergamino, se leía en el Mapa.
Después comenzó a lanzarle insultos, burlándose de su nariz, su cabello y su apariencia en general. Decía que Hogwarts debía estar en verdad desesperado si el Señor Snape era profesor ahí. Luego urgía a Severus que tomara un baño. Sugería que trabajara en una poción que hiciera que su nariz estuviera de un tamaño normal.
De esa manera, no estaría metiéndose en los asuntos de los demás. ¿Nunca ha escuchado la palabra privacidad? inquiría el Mapa.
Severus tembló de rabia mientras miraba a Harry.
—¿Acaso es una especie de broma? —bramó.
Harry había estado leyendo también y ahora miraba a Severus con horror.
—¡No, señor! Lo juro. ¡No sabía que podía escribir cosas como esas! Yo nunca…
En ese momento apareció Remus Lupin.
—Ah, Severus, Harry, ¿cómo están esta noche?
Severus le aventó el pergamino a Lupin. —¿Qué opinas de esto? —le preguntó con sospecha.
Lupin bajó la mirada al pergamino y sus ojos se agrandaron. —Creo que es una broma de Zonko, si me preguntas.
Severus puso los ojos en blanco. —Los nombres, arriba. ¿No te suenan para nada?
Remus miró los nombres y se encogió de hombros. —Nunca los había escuchado.
Ahora Severus le lanzó una mirada de incredulidad a Lupin. —¿De verdad no?
—Te diré qué, Severus. Lo examinaré más detalladamente, sólo para asegurarme que no es peligroso.
—Peligroso…pero, Remus…dijiste que sólo era una broma.
—Bueno —Remus soltó una risa nerviosa—, uno nunca puede estar muy seguro, ¿o sí?
Se volvió hacia Harry. —¿Por qué no vienes conmigo, Harry? Me gustaría saber de dónde sacaste esto.
Harry asintió sin decir nada. Severus lo miró y luego lo apuntó al pecho con su varita.
—No más paseos por la oscuridad, Señor Potter. ¿Entendido? Hablaremos más profundamente de esto después.
Harry asintió vigorosamente y se fue con Lupin. Severus los observó hasta que se perdieron de vista en la oscuridad. No estaba seguro de lo que Lupin tramaba, pero sí que Remus sabía exactamente todo sobre el pergamino. Él era Mooney, después de todo.
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Severus se encontraba en la Sala de Menesteres con los brazos cruzados cuando Harry entró. Evaluó a Harry un momento antes de hablar.
—¿Vienes con una mejor excusa para tus paseos de la noche anterior? —preguntó Severus mordazmente.
—Señor, en verdad no tengo una respuesta —dijo Harry derrotado.
—Bien, ¿qué era ese pergamino?
Harry bajó la mirada al piso.
—¿Porqué me ocultas secretos? —demandó Severus—. Creí que éramos aliados.
—Lo somos, señor.
—¡Entonces dime qué diablos es ese pergamino! —espetó Severus.
Harry agrandó los ojos al darse cuenta de que Severus no dejaría que le ocultara ese secreto. —Es un mapa…un mapa de Hogwarts. Muestra a todos en él y su ubicación en el castillo. Incluso muestra si se están moviendo o no.
—Eso es muy ingenioso. ¿Cómo conseguiste ese mapa, Harry?
—Fred y George me lo dieron. Ellos lo tomaron del escritorio de Filch en su primer año. Ellos pensaron que podría tener un poco de protección si podía ver a todos en el castillo. Dijeron que podría saber si Sirius Black estaba aquí y estaría listo por si me atacaba.
—¿Dónde está el mapa ahora? —preguntó Severus.
—Lo tiene el Profesor Lupin. Dijo que necesitaba quedárselo. Dijo que la escuela está a salvo, y que estaba seguro que Black no intentaría entrar de nuevo. Aunque también me dijo que no subestimar a Black. —Harry frunció un poco el ceño—. Si siente que Black no debe ser subestimado, ¿por qué se quedó con el mapa?
Severus pensó sobre lo que Lupin le dijo a Harry. Si él estaba ayudando a Black, claro que no quería que Harry tuviese el mapa. Lupin también le aseguraría a Harry que estaba a salvo, dándole un falso sentimiento de seguridad.
—Pienso que aún debes mantenerte alerta, Harry. Black ya entró dos veces, y la última vez lo suficientemente cerca como para matarte. No debes pensar que todo está a salvo cuando hay tanto peligro alrededor.
Harry asintió. —Estoy de acuerdo con usted. He mantenido los ojos y los oídos abiertos a cualquier seña de Black, pero sería más sencillo encontrarlo en el mapa.
Severus asintió. —Quizá podamos recuperarlo.
Harry arqueó una ceja.
—No está sugiriendo robar el mapa, ¿verdad profesor?
Severus elevó una ceja. —Pero claro que no, Harry. Tal vez podamos tomarlo prestado hasta que todo este asunto de Black esté solucionado.
—El mapa es engañoso, de todas formas.
—¿Qué te hace decir eso? —preguntó Severus.
—Vi un nombre que era imposible que estuviera ahí —dijo Harry.
—¿Cuál nombre?
—Peter Pettigrew.
Severus agrandó los ojos.
—Por eso estaba en el pasillo esa noche —Harry admitió finalmente—. Había visto el nombre de Pettigrew en el Mapa. Cuando fui a Hogsmade la última visita, escuché a la Profesora McGonagall hablando con el Ministro Fudge y Rosmerta acerca de él y de cómo Black lo mató. Sabía que Pettigrew estaba muerto, pero su nombre estaba en el mapa. Tenía que investigar. Pero mientras veía el mapa, él pasó a un lado de mí. Eso fue justo antes de que usted apareciera, y no vi a nadie en el corredor más que a usted. Debe haber algo mal con el mapa.
—¿Le dijiste a Lupin todo esto?
Harry asintió.
—¿Y cuál fue su deducción?
—Dijo que tenía razón, que el mapa debía estar fallando o algo.
Severus simplemente asintió, sumido en sus pensamientos.
—Dices que el mapa te mostró a Pettigrew pasando a tu lado, ¿pero tú no viste nada?
—Así es.
—Eso me suena muy engañoso. Tal vez debamos dejar las cosas como están. Si está dando nombres falsos, no servirá de mucho para atrapar a Black.
Harry odiaba admitirlo, pero estaba de acuerdo.
Severus le tendió una bolsa azul oscuro. Harry la miró con curiosidad.
—¿Qué es esto? —preguntó.
—Es una parte de mis ganancias por la Solución Fortalecedora.
—¡Pero yo no la preparé! —exclamó Harry.
—Lo sé, pero de no haber sido por ti, nunca habría conseguido la piel de Basilisco. Aprecio tu ayuda. Ha resultado ser un descubrimiento muy lucrativo.
—Profesor, no puedo aceptarlo.
—Harry, sería injusto de mi parte quedarme con todo cuando tú, obviamente, tuviste gran parte que ver en la creación de la poción. Tómalo como una comisión por dar la idea.
—De verdad, Profesor, no lo necesito. Tengo más que suficiente dinero para lo que necesito.
—Eso no tiene nada que ver. Sería negligente si no te lo diera. Ahora no discutas más y acéptalo gentilmente.
Harry le sonrió. —De acuerdo, Profesor, pero es mío y puedo hacer lo que quiera con él, ¿correcto?
Severus asintió.
Harry guardó la bolsita y sacó su varita. —Gracias, Profesor. En verdad se lo agradezco.
Severus le lanzó un hechizo silencioso, y Harry lo bloqueó. Estuvieron entrenando por un rato hasta que Harry salió con su nueva adquisición.
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Harry fue inmediatamente a la oficina de Dumbledore y le dijo a la Gárgola que necesitaba hablar con el Director. La Gárgola se apartó y Dumbledore apareció frente a él.
—Profesor Dumbledore, necesito pedirle un favor.
—¡Harry, mi niño, sube! Podremos hablar ahí.
Subieron por la escalera y pronto, Harry se encontraba sentado al otro lado del escritorio del Director. Puso la bolsita de Galeones en el escritorio.
—El Profesor Snape me dio esto como recompensa por haberlo ayudado con la Solución Fortalecedora —explicó Harry.
Dumbledore miró con curiosidad la bolsita con oro.
—Aprecio el gesto, pero yo no necesito ese dinero. —Harry vaciló un momento—. Me preguntaba si esto podía llegar de alguna manera a la casa de los Weasley…anónimamente, claro.
Dumbledore rió por lo bajo. —Mi niño, es una maravillosa idea. Ojalá la hubiera pensado yo mismo. Me aseguraré de que esto llegue a un lugar seguro en la Madriguera, y nadie tendrá ni pista de dónde vino. Si gustas, puedo dejar una nota anónima con ella.
Harry asintió. —Es una idea genial, Profesor.
—La dejaré esta noche, después que todos hayan ido a dormir.
Harry se levantó. —Gracias, Profesor. No puedo imaginar a una familia que pudiera beneficiarse más con esto.
—Muy cierto, Harry, muy cierto —respondió Albus.
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La mañana siguiente Arthur Weasley se despertó por el grito de sus esposa llamándolo desde abajo, en la cocina. Salió rápido de la cama y bajó las escaleras, sólo para ser abordado por ella rodeándolo con sus brazos.
—¡Oh, es un milagro! ¡Arthur, es un milagro! —chilló.
Arthur le devolvió el abrazo y le preguntó: —¿Qué es un milagro, Molly?
—¡Esto! —exclamó ella mientras le daba el pergamino a Arthur, quien leyó rápidamente la nota.
Querida familia Weasley:
Recientemente me hice de un dinero que, dado mi confortable estatus me es innecesario. Espero que tomen este regalo como muestra de mi estima a su maravillosa familia. Úsenlo de la forma que mejor les venga.
Sinceramente,
Un amigo.
Arthur miró a Molly con curiosidad. Ella sostenía una bolsita azul oscuro que tintineaba al moverla. Arthur la miró con asombro.
—¿Cuánto hay ahí? —preguntó con un poco de miedo de descubrirlo.
—No lo sé —chilló Molly—, ¡pero está llena de Galeones! ¡Debe haber cientos!
Un rápido hechizo de conteo confirmó las sospechas de Molly. Había, de hecho, mil Galeones en la bolsita. Arthur y Molly intercambiaron miradas, pensando en todas las cosas que los mil Galeones podrían proveer a la familia en el año. Molly miró a su esposo con lágrimas en los ojos.
—¡Oh, Arthur, es un sueño hecho realidad!
Arthur abrazó amorosamente a su esposa. —Lo es, Molly, lo es.
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Severus había ido al salón de Lupin con la Poción Matalobos, pero cuando llegó ahí, encontró la puerta entreabierta y la clase vacía. Decidió dejar la poción en el escritorio de Lupin. Se dirigió a él y se sorprendió al encontrar el Mapa que le había confiscado a Harry abierto sobre el escritorio. El mapa mostraba todos los terrenos de Hogwarts. Mostraba a todos los que estaban en el colegio en pequeños letreros que flotaban para representar movimiento. Miró rápidamente el mapa al tiempo que dejaba la poción en el escritorio. Vio su nombre en el salón de Lupin y rápidamente buscó a Lupin. En vez de eso, encontró los nombres del Trío Dorado bajando por los jardines hacia el Sauce Boxeador. Había oro nombre con ellos. Peter Pettigrew. Severus se extraño. Si el mapa era engañoso, tal vez los tres amigos no estuvieran realmente fuera y se encontraban a salvo en su Sala Común. No obstante, él sabía que esos tres constantemente intentaban resolver los problemas del mundo, así que era más probable que en verdad anduvieran vagabundeando por los terrenos. Miró el Mapa al tiempo en que los nombres de Ron Weasley y Peter Pettigrew desparecían. Mirándolo con curiosidad, vio cómo desaparecían los nombres de Harry y Hermione unos momentos después.
Inseguro de la veracidad del Mapa, decidió investigar. Deseando no llegar demasiado tarde, abandonó el aula de Lupin. Debía llegar rápido, antes de que se mataran o de que un Dementor decidiera besarlos. Rápidamente, salió del castillo hacia los jardines. Encontró la capa de invisibilidad de Harry, se cubrió con ella y entró al pasaje secreto del Sauce. Hizo deprisa el camino hacia la Casa de los Gritos, llegando a donde estaban los chicos.
Mientras tanto, en la Casa de los Gritos se mantenía una acalorada discusión. Hermione acusaba a Lupin de haber ayudado a Black. Luego, Lupin les explicaba. Les contó sobre sus peligrosas transformaciones y sobre su amistad con James, Sirius y Pettigrew. Les reveló que eran animagos y que Sirius había llevado a Snape al Sauce Boxeador con el expreso propósito de intentar convertirlo en hombre lobo. Les explicó su preocupación cuando Harry vio el nombre de Pettigrew en el Mapa del Merodeador. Les dijo quienes eran los Merodeadores y les dio una imposible teoría de que Pettigrew era, de hecho, la rata que tenía Ron.
Todo el rato, Harry miró extrañamente a Lupin. Cuando Lupin terminó, Harry habló.
—¿Usted era parte del grupo que molestaba al Profesor Snape en el colegio?
La puerta se abrió de golpe y todos se sobresaltaron. Ninguno notó que Severus estaba ahí con la capa de invisibilidad. Ron masculló algo sobre fantasmas y que la casa estaba embrujada.
—El Profesor Lupin ya nos explicó eso, Ron —explicó Hermione.
—Ah, sí —dijo Ron entre dientes.
Harry volvió su atención a Lupin. —¿Decía?
Lupin palideció y lucía avergonzado. —Harry, las cosas que hice fueron estúpidas. Sólo seguía al grupo para mantener a mis amigos.
Sirius se burló de Lupin. —¡Oh, el murciélago tuvo lo que se merecía! ¡Siempre se interesaba por las Artes Oscuras, y se pavoneaba por el colegio como si supiera todo!
Harry apuntó a Sirius con su varita. —¡Casi lo matas! ¡Querías que se convirtiera en hombre lobo! Pudo haber muerto si el Profesor Lupin lo hubiese atacado.
Sirius bajó la mirada. —Fue una broma irresponsable. No había pensado en las posibilidades cuando lo llevé hasta el Sauce.
Harry no se veía satisfecho. —¿Por qué tú y mi padre lo atormentaban de esa manera?
Sirius adoptó una expresión desdeñosa. —Porque era fácil, ¿de acuerdo? Era un blanco fácil. Era raro y reservado. ¡Se volvió un Mortífago, por Merlín! ¡Se merecía todo lo que le pasó!
Lupin interrumpió a Sirius. —Pudimos ser más amables, Sirius. ¡Fuimos horribles con él!
Harry miró a Lupin, señalando a Sirius. —¿Mi padre pensaba de la misma forma que él?
Remus frunció el ceño. —No a ese extremo. Creo que sólo se divertía molestando a los demás. Como dijo Sirius, Severus era un blanco fácil; no le agradaba a nadie así que hubo repercusiones.
—¡Paremos con ésta charla sin sentido! —rugió Sirius locamente—. ¡Vine aquí a matar, quiero mi venganza!
—¡Y la tendrás, amigo! —respondió Remus.
Los ojos de Severus se agrandaron. Lupin había estado ayudando a Black todo este tiempo, justo como había sospechado. Se deshizo de la capa de Invisibilidad y sacó si varita. Lanzando varias sogas a Lupin, lo inmovilizó y giró su varita hacia Black.
—¡Finalmente recibirás lo que te mereces por todo lo que has hecho, Black, y estoy feliz de ser yo quien finalmente te atrapó!
—Snivellus, cálmate. Has sacado la conclusión incorrecta de nuevo —rezongó Black.
Severus rodó los ojos, mientras señalaba la puerta con su varita.
—Después de ti, asesino —dijo amenazadoramente.
—¡Profesor, espere! —repuso Harry.
La cabeza de Severus giró hacia Harry.
—El Profesor Lupin está seguro de que Peter Pettigrew está vivo, y que es la rata. Por eso vino aquí, para hacer que Peter recobre su forma humana. ¡Puede ser por eso que vi su nombre en el Mapa!
—Potter… ¡Pettigrew murió a manos de Black! —espetó Severus.
—Por favor, Profesor —suplicó Hermione—. ¿Qué tal que el Profesor Lupin tiene razón? Entonces Sirius Black es inocente.
—¡Severus, déjame mostrarte! —rogó Lupin.
Severus movía su vista entre Harry, Hermione, Lupin y Black. No estaba seguro de qué hacer. Todos esos años había creído que Black era la mascota de Voldemort, revelándole la ubicación de los Potter y luego matando a Pettigrew. Ahora resultaba que había otra posible explicación a esa historia. ¿Debería creer esas acusaciones exorbitantes, o debería llevar a Black directo a su horrible destino?
De pronto, algo que dijo Hermione mucho tiempo atrás vino a su mente. Había dicho que Lily y James habían sido traicionados por una "rata". Ella sabía si la verdad sobre eso y sobre si la historia de Lupin era verdadera o no. ¿Acaso la referencia a esa "rata" había sido un juego de palabras? Si era así, ¡entonces la inverosímil historia sobre Pettigrew podía ser verdad! Ahora que recordaba, ella siempre había sido un poco fría con Pettigrew. Recordó el incidente cuando ella le permitió hechizarlo varias veces durante el duelo. ¿Acaso ella le estaba cobrando de alguna manera sin poder revelar nada?
Tomando una decisión, movió su varita a Lupin y lo desató. Luego apuntó de nuevo a Black.
—¡Explícate rápido, Lupin, o haré el trabajo de los Dementores yo mismo! —demandó Severus.
Remus se volvió hacia la rata y pronunció el encantamiento que haría que regresara a su forma humana. Scabbers se retorció en las manos de Ron y comenzó a crecer. Frente a sus ojos, se había transformado en un hombre con aspecto de "rata" que lloriqueaba a los pies de Sirius.
Severus sujetó su varita de modo que apuntaba al traidor.
—¡Sirius, Sirius, no tuve elección! —dijo Pettigrew humillándose—. El Señor Tenebroso, me asusta. Yo no soy valiente como tú. ¡Me obligó a hacerlo! ¡Lo juro! ¡Iba a matarme! ¡Debes creerme! Yo no lo hubiera hecho, pero él me obligó.
Sirius miró a Peter con asco. —Eres asqueroso. Los traicionaste. ¡No eres más que un cobarde!
—De acuerdo —dijo Severus—. Salgamos de aquí. Seguramente serás tú quien reciba el Beso del Dementor esta noche, Pettigrew.
Severus hizo una seña a Pettigrew para que fuera el primero y lo siguió cautelosamente, sin quitar nunca la punta de su varita de la espalda del hombre. Lo seguían Black y Lupin. Hermione y Harry ayudaban a Ron, quien cojeaba para salir de la Casa.
Todos salieron del Sauce y comenzaron su camino hacia el castillo. De pronto, Remus comenzó a gimotear. Sirius miró al cielo.
—¡Es la luna llena! ¡Está saliendo! —gritó.
Severus se giró a Lupin y sus ojos se agrandaron. —La Poción Matalobos… ¡La dejé en tu escritorio!
Remus miró al grupo con miedo mientras comenzaba a sacudirse. Todos miraron con horror cómo se transformaba en hombre lobo, su nariz se alargó, su cuerpo se agrandó y le desgarró la ropa. Le salió pelo en todas partes. Finalmente la transformación se completó y Lupin alzó la cabeza y le aulló a la Luna.
Pettigrew vio su oportunidad y la tomó. Mientras todos estaban hipnotizados con la transformación de Lupin, el traidor se convirtió de nuevo en una rata y se escabulló, pero no antes de que Severus y Harry le lanzaran unos hechizos para tratar de detenerlo. Desafortunadamente, con la oscuridad y todo lo demás que pasaba, ambos fallaron su tiro y la rata se escabulló.
Severus se volvió hacia el licántropo y les hizo señas a los tres estudiantes para que se pusieran detrás de él para protegerlos de una muerte segura. Sirius se convirtió en su forma de perro para tratar de distraer al lobo, pero Lupin fue hacia los humanos. Ellos retrocedieron rápidamente. Comenzando a desesperarse, Sirius saltó sobre Lupin y lo mordió ligeramente en el hombro. El licántropo se giró con dolor y se quitó al perro. Sirius salió disparado en la oscuridad, seguido de cerca por el lobo.
Harry gritó el nombre de Sirius y echó a correr tras él. Severus trató de agarrar a Harry por la ropa, pero el chico fue muy rápido. Se giró hacia Hermione y Ron.
—¿Puede llevarlo de vuelta al castillo? —le preguntó a Hermione, tomándola del brazo.
—Pero, Profesor… ¡Harry! —discutió Hermione.
—Yo encontraré a Harry. Ustedes deben regresar al colegio. Si el lobo regresa, los atracará.
—Okay, señor. Llevaré a Ron de regreso a salvo —dijo Hermione solemnemente.
Severus agitó su varita y apareció una camilla. Ayudó a Ron a acomodarse en ella. Volviendo la mirada a Hermione le dio instrucciones.
—Vayan directo al castillo. ¡No jueguen al héroe! Ron y usted deben ponerse a salvo. Yo buscaré a Potter, y lo encontraré. Lo mantendré a salvo si puedo.
Hermione y Ron asintieron y comenzaron su recorrido a la escuela. Severus los miró por un minuto y luego se giró para buscar al Niño-Que-Er-Demasiado-Valiente-Para-Su-Propio-Bien. Corrió por el bosque, buscando por todos lados, pero no encontró nada. Se detuvo por un momento para escuchar a sus alrededores. No oyó nada. No había chillidos de licántropo, ni huellas… nada. Siguió su carrera, sabiendo que los encontraría en algún momento.
Después de un rato de búsqueda, Severus vio una intensa luz más adelante. Cubrió un poco sus ojos y corrió hacia adelante, sabiendo que había encontrado algo. Salió del bosque y vio a Harry desplomarse sobre el cuerpo de Black. Alzando la vista hacia el cielo, vio a los Dementores escapando de un Patronus en forma de Ciervo. Arqueó una ceja y se acercó a Harry.
Giró a Harry y lo examinó, notando que no tenía heridas graves. Harry recobró la consciencia por un momento y miró a Severus.
—Sirius… Dementores… el Patronus —balbuceó.
—Está bien —le dijo Severus—. Los Dementores se fueron, ambos están a salvo.
Harry cayó de nuevo en la inconsciencia. Severus lo puso suavemente de nuevo en la tierra, conjuró dos camillas y levitó a los dos hombres inconscientes hasta ellas. Se volvió y los llevó de vuelta al colegio, directo a la enfermería.
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Tiempo después, Severus se encontraba en una acalorada discusión con Dumbledore.
—¿Por qué tuvieron que encerrarlo en lo alto de la torre? —rugió Severus—. Él es inocente. ¡Yo vi a Pettigrew con mis propios ojos!
—Severus —dijo Dumbledore suavemente—, el Ministerio no te cree. Piensan que estabas bajo un hechizo que te puso Black.
Severus se burló. —¡Eso es lo más ridículo que he escuchado!
Dumbledore continuó. —La gente quiere seguridad. Si se descubriera que Black era inocente, y que el verdadero culpable aún estaba suelto, habría más pánico. El Ministerio quiere mantener el orden. Es mucho más fácil para ellos si la población cree que Black fue el culpable y que recibió el Beso del Dementor. Claro que, si hubieran podido atrapar a Pettigrew y traerlo, no habría argumento alguno contra eso, pero el Ministerio está decidido a aplicarle el Beso a Black en su momento.
Severus frunció el ceño. A pesar de su odio por Black, no podía aceptar que se castigara a un hombre inocente, especialmente un castigo tan permanente.
—¿No hay nada que podamos hacer? —preguntó a Albus, esperanzado.
—Tengo un plan que, si funciona, salvará a dos almas inocentes —dijo Dumbledore misteriosamente.
—Y por supuesto, no puedes decirme ese plan —respondió mordazmente.
Dumbledore dio unas palmadas en el hombro de Severus. —Preferiría no, mi niño.
Con eso, Albus despidió a Severus y a todas las personas no esenciales en la enfermería y se volvió para hablar con Hermione Granger.
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Severus entró apurado a la enfermería. Miró alrededor buscando a Dumbledore, pero no estaba ahí. Se acercó a la cama de Harry.
—¿Has visto al Profesor Dumbledore? —le preguntó a Harry.
Harry le dedicó una mirada inocente. —No desde que se fue hace unos minutos.
Severus sabía que Harry escondía algo. Su mirada se desvió hacia Hermione, que estaba sentada junto a la cama de Harry. Se veía algo nerviosa, como si ella también estuviera escondiendo algo.
—Tal vez las respuestas que busco se encuentren en esta habitación —dijo Severus mordazmente.
—¿Qué respuestas serían esas, señor? —preguntó Harry.
Severus miró a Hermione. —Parece que Sirius Black desapareció como el aire. No se Desapareció. No tengo ni pista de a dónde se fue, y el Ministerio está como loco porque su preciado prisionero escapó.
Un rayo de miedo cruzó la cara de Hermione antes de que pudiera poner su mejor cara de indiferencia. Severus pensó que ella sería la primera en quebrarse. Se sentó en la orilla de la cama de Harry y la miró directo a los ojos.
—Así que, ¿a dónde supone que fue? —preguntó Severus suavemente—. Estaba custodiado en la Torre Oeste; no había escape, a menos que alguien lo dejara salir. Ahora, ¿cómo pudo alguien liberarlo sin ser visto?
Los ojos de Hermione se agrandaron, y de pronto, su mano voló hasta su cuello. Severus notó una cadena alrededor del cuello de Hermione. Siguió la línea de la cadena. Desaparecía entre su ropa. Podía ver su mano cubriendo el contorno de un objeto circular que probablemente estaba atado a la cadena.
—Señorita Granger, ¿podría bajar su mano un momento? —le pidió.
Hermione cumplió su petición y la silueta fue más clara.
—¿Qué es eso entre su ropa? —le preguntó.
—Es un collar, señor —respondió ella.
—¿Qué clase de collar, Señorita Granger? Parece que tiene una forma inusual.
—Uhm, es sólo una reliquia familiar.
—¿Puedo verlo?
—No, señor. Es… es algo personal —tartamudeó Hermione.
—Vamos, Señorita Granger. Es sólo un collar.
Si las sospechas de Severus eran ciertas, el viaje de Hermione a su tiempo no era su primeria experiencia con un Gira Tiempo.
—Uhm, en verdad estoy cansada por haber sido perseguida por Lupin. Voy a recostarme y descansar un poco —dijo Hermione débilmente.
Severus puso su mano sobre el hombro de Hermione.
—De acuerdo, Señorita Granger, vaya a una cama y descanse.
Rápidamente deslizó su mano de su hombro hasta la cadena y tiró un poco de ella. El pendiente salió de sus ropas y fue visible.
Severus arqueó una ceja al ver el Gira Tiempo. Hermione lo tomó y lo guardo de nuevo bajo su ropa. Los ojos de Severus se deslizaron hacia Harry, quien había estado observándolos.
—Al parecer ha estado experimentando con el tiempo, Señorita Granger.
Hermione apretó los labios sin decir nada.
—¿Usted la acompañó, Señor Potter?
—Sí, lo hice. ¡Teníamos que hacer algo respecto a Sirius! Dumbledore nos dijo que lo hiciéramos.
Severus se maravilló de la audacia del Director. Por supuesto, Dumbledore tenía que meter a los niños en una situación donde peligraba su vida. El hombre nunca dejaba de asombrar a Severus sobre qué tan lejos llegaba para alcanzar sus metas.
—Señorita Granger, ¿desde hace cuánto ha estado viajando en el tiempo?
—Todo el año, señor. Así es como he estado tomando tantas clases —dijo suavemente.
—¿Y quién permitió eso? —preguntó despectivamente.
—La Profesora McGonagall, señor.
Tendría que agradecerle a Minerva más tarde por haber introducido a Hermione con los Gira Tiempo.
—Así que, ¿ha estado brincando en el tiempo todo el año? —preguntó.
Hermione asintió con la cabeza.
Severus lanzó un gran suspiro. —Bien, pienso que fue algo bueno que lo hicieran, si no, Sirius Black ya hubiera recibido el Beso del Dementor.
Hermione alzó la cabeza hacia él. —¿Quiere decir que no dirá nada? —susurró.
—¿Decir qué, Señorita Granger? ¿Qué usted tiene una linda reliquia en su cuello? Personalmente, no creo que a nadie le interese. Además, el Ministerio no ha creído una sola palabra de las que he dicho en toda la noche, ¿porqué comenzarían ahora?
Hermione le sonrió. —¡Gracias, Señor! —exclamó.
—Sí, gracias —intervino Harry.
Severus se levantó para irse. —Los dos, descansen un poco. Estoy seguro que los eventos de esta noche fueron el doble de duros para ustedes.
Ambos le sonrieron y en ese momento Ron se despertó.
—Hey —dijo—, ¿por qué está Snape aquí?
—Profesor Snape —lo corrigió Hermione.
Severus le dedicó una sonrisa a Hermione y salió de la Enfermería.
oooOOOooo
Harry entró en la oficina del Profesor Lupin. Encontró al hombre empacando sus pertenencias.
—Señor —dijo quedamente.
—Oh, Harry, ¡pasa, por favor!
—Es una pena que se tenga que ir, señor. Usted es buen profesor.
—Sí, pero un maestro que es un licántropo no es uno que le agrade a los padres. El Director Dumbledore ya ha hecho más que suficiente por mí. Con todo lo que pasó anoche, será imposible que mi estatus quede en secreto. Él será incapaz de escudarme ante la ira de los padres cuando sus hijos les digan mi verdadera identidad. Es hora de que empaque mis cosas y me valla.
—¿A dónde irá?
Lupin se encogió de hombros.
—De pronto me saltó un impulso de viajar —meditó. Miró cariñosamente a Harry.
—Escucha, Harry, espero que no estés en mi contra por haber sido insensato cuando era joven.
—¿A qué se refiere? —preguntó Harry inexpresivamente.
—El modo en que traté al Profesor Snape en mi pasado. No soy así ahora.
Harry suspiró. —Lo sé, Profesor. Si aprendí algo este año, es que usted es un buen amigo y alguien en quien se puede confiar. No me agradan sus acciones de cuando era estudiante, pero el Profesor Snape me dijo que es una pérdida de tiempo odiar a la gente. Ni siquiera estuve ahí. No tengo derecho a juzgarlo.
—Espero que tampoco juzgues muy duro a tu Padrino. Pudo ser muy desagradable con Snape en el pasado, pero tiene un buen corazón.
Harry le sonrió a Lupin. —Lo sé. Quisiera saber más de él, si algún día puede dejar de esconderse. De hecho es agradable tener otro familiar vivo.
Remus le sonrió a Harry y lo abrazó. —Te extrañaré, Harry. Si algún día necesitas algo, estoy a sólo una lechuza.
—Lo recordaré —contestó Harry mientras le correspondía el abrazo.
N/A: El siguiente capítulo: ¿Bailamos?
Espero que les haya gustado. Gracias por leer.
N/T: ¡Hola a todos! Como compensación por la tardanza pasada, les traigo éste capítulo más pronto. Ojalá les gustara. ¡Mil gracias a Smithback, AsukaEvans, IgnaHP, mar 90, Pabaji, jesica-haruzuchia, luna-maga y Eileen Prince Snape por sus reviews! Y a los que leen entre las sombras, también mil gracias. Me motivan a seguir con la traducción.
Creo que ahora contestaré los reviews personalmente mediante un MP, como hice en algunos capítulos.
Traducción: Daniie Snape Malfoy.
