Capítulo 25

You don't remember me

But I remember you

I lie awake and try so hard

Not to think of you

But who can decide what they dream?

And dream I do…

El cuarto año de Hermione, parte 1:

Severus abrió los ojos de golpe. Había tenido "el sueño" de nuevo. Esta vez, casi había podido sentir a Hermione en sus brazos antes de que ella desapareciera. Dio un gran suspiro. Al menos éste sueño era mejor que los que había estado teniendo últimamente. Eran sueños oscuros, lleno de imágenes tenebrosas. Eran recuerdos de sus días como Mortífago y pesadillas sobre el regreso de Voldemort. Severus se inclinaba ante el malvado déspota y alzaba la mirada para ver el rayo de luz verde de la maldición asesina dirigiéndose hacia él, y entonces todo se volvía negro. Normalmente despertaba gritando al final de esos sueños.

Pero este sueño no era de maldad, era de ella. El corazón se le estrujaba al pensar en su Hermione. El curso apenas había comenzado, y las similitudes entre su Hermione y la chica que ahora estudiaba en Hogwarts eran cada vez más evidentes. Con cada año, la Hermione estudiante iba creciendo en la hermosa mujer en quien eventualmente se convertiría. Verla diariamente sólo acentuaba el hecho de que no podía estar con ella ahora, ni en los años siguientes.

Severus apretó la mandíbula. Él había sabido, cuando ella se fue, que la vería crecer. Había sabido que sería difícil, pero no que iba a ser tan difícil. A veces, ver a Hermione hacía que su corazón se pusiera feliz, pero en otras ocasiones parecía que el tiempo se retrasaba, como si se burlara de su sufrimiento.

Severus intentó calmarse. Sabía que ella regresaría. Esa era una de las pequeñas cosas que lo mantenían día a día. El hecho de que ella sería suya eventualmente hacía que sintiera miles de pequeños dolores en el corazón al verla con sus amigos Weasley y Potter, y que ella lo viera simplemente como un conocido, un profesor, o alguien que no le era muy familiar.

Deseaba poder tronar los dedos y que los próximos ocho años pasaran para que su Hermione estuviera ahí. Desafortunadamente, el tiempo no funcionaba así. Estaba atorado esperando —por siempre— esperando por un tiempo que parecía que nunca llegaría.

Suspirando, se giro sobre sí mismo para quedar en una posición más cómoda. Recordando la promesa de Hermione de amarlo por siempre, lentamente, Severus volvió a dormirse, ansioso por que el tiempo pasara y pudiera tenerla en sus brazos.

oooOOOooo

Alguien tocaba fuertemente la puerta del Maestro de Pociones. Severus se levantó del sofá y fue a atender. La abrió un poco y vio a un ansioso Harry Potter.

—Pasa —dijo Severus y Harry entró rápidamente.

Severus hizo una seña para que se sentara en el sillón. Harry lo hizo.

—¿Sabe lo que será la primera prueba? —preguntó Harry.

Severus miró a Harry burlonamente. —No —dijo simplemente.

—Hagrid me mostró. ¡Son dragones! Tengo que tomar un huevo que un dragón cuidará. ¿Qué se supone que haré? No puedo usar mi varita. ¡Se quemará!

Severus jugueteó con sus dedos y lo pensó un poco. Después de un momento, se acercó a un cuadro de un viejo mago revolviendo un caldero. Retirando la pintura de la pared, reveló una alacena oculta. Extrajo un pequeño vial de un pequeño grupo y regresó con Harry, sentándose a su lado en el sofá. Alzó el vial de manera que Harry pudiera ver el líquido verde amarillento.

Harry levantó una ceja. —¿Eso es Solución Fortalecedora Patentada de Severus Snape? —preguntó.

Severus esbozó una sonrisita y asintió.

—¿Qué está sugiriendo? ¿Está insinuando que debería enfrentarme al dragón con los puños?

Severus levantó una ceja. —Sólo si no te queda otra opción.

Cuidadosamente, Harry tomó el vial que le ofrecía su profesor. —¿Está seguro que no tiene una Poción que yo pudiera darle al dragón para ponerlo a dormir?

—Creo que sería difícil tomar un huevo de debajo de un dragón dormido, Harry.

—Sí, pero será imposible hacerlo cuando es un dragón despierto.

—Encontrarás la manera de hacerlo, Harry, estoy seguro. La Solución Fortalecedora te dará extra velocidad, no lo olvides. Tal vez pudieras sólo correr, tomar el huevo y alejarte de ahí.

—No lo sé. Tendré que pensar en algo. —Harry se levantó y caminó hacia la puerta—. Gracias por la poción, Profesor. Estoy seguro que será útil.

—Harry, estas pruebas, aunque son difíciles, no son imposibles. Lo lograrás.

Harry asintió y salió de la habitación.

oooOOOooo

El día de la prueba había llegado. Harry sintió que el miedo se apoderaba de él, pero logró deshacerse de él. No sería bueno para él estar lidiando con esas cosas cuando tenía que estar concentrado. Se había tomado la Poción que le había dado el Profesor Snape justo antes de su turno contra el dragón. Tomando el consejo del Profesor Moody de que hiciera lo que hacía mejor, Hermione y él habían estado practicando el hechizo convocador durante casi toda la noche. Harry estaba cansado, pero tenía su plan bien estructurado en su mente. Había escuchado las pruebas de los otros tres campeones, todos recibiendo vítores al terminar. Temía ser el único en fallar. Rápidamente apartando ese deprimente pensamiento de su mente, salió de la tienda para emerger cerca del Colacuerno Húngaro y su nido.

Corrió hacia una roca y se escondió detrás cuando el dragón le lanzó una llamarada.

Accio escoba—recitó y esperó mientras su escoba volaba desde su habitación hasta el estadio.

Finalmente la escoba alcanzó su mano, y él la montó y salió volando, apenas esquivando una llamarada de fuego que el dragón le había lanzado. Se disparó en el aire y rodeó la cabeza del dragón, alejándolo de su nido. Orientándose, encontró el mejor ángulo para ver el huevo. Allí estaba, brillando con la luz del sol. Deteniéndose y sosteniéndose en el aire, estiró la mano y realizó el hechizo convocador una vez más. El huevo salió volando del nido hacia Harry. Lo sostuvo bien y se alejó, justo en el momento en que una columna de fuego era dirigida hacia donde él había estado suspendido.

Harry se alejó rápido en su escoba, pero el dragón lo rebasó y se detuvo justo frente a él. Harry sintió que su estómago se estrujaba mientras la bestia se sostenía en el aire, bloqueándole el paso. Parecía que su broma a Snape de enfrentar al dragón con los puños iba a hacerse realidad. Aseguró el huevo dentro de su túnica, sosteniéndolo con un brazo para protegerlo. Harry se escabulló y se inclinó lo suficiente para sostenerse de la escoba con la mano, mientras el brazo sostenía el huevo. Extendiendo el otro brazo, colocó la mano en un puño. Apuntando al vientre del dragón, lanzó un rápido puñetazo contra la bestia.

Harry sintió un intenso calor en su espalda cuando el dragón lanzó columnas de fuego contra él. Iba volando tan rápido que las flamas lograron calentarlo por detrás. Momentos después había hecho contacto con el abultado estómago. Su puño chocó con él lanzando al dragón hacia atrás. Se estrelló contra la tierra y se deslizó por un tiempo hasta que se detuvo. Harry pensó haberlo escuchado gemir.

Harry examinó su mano. Pensaba que su mano y su brazo entero debían haberse destrozado, pero la poción había hecho su trabajo y él había salido ileso. Giró su escoba y se dirigió de regreso al pódium, aterrizando suave y elegantemente. Sostuvo el huevo por encima de su cabeza y fue recompensado con el estruendo de los espectadores. Sonrió con alivio, agradeciendo que la horrorosa experiencia estuviera ahora atrás.

oooOOOooo

Era la noche del Baile de Navidad. Los alumnos bailaban juntos con la música que había en el Gran Comedor. Estaba decorado en un tema de invierno, habiendo sido transformado todo en un palacio de hielo. Nieve y hielo lo engalanaban todo. Había tres gigantes árboles de Navidad al fondo del Salón, cubiertos de nieve. Evidentemente, había nieve cayendo del techo encantado, que desaparecía unos pocos metros arriba de las cabezas de los presentes. El Comedor se veía bien, incluso Severus tenía que admitirlo. Se encontraba en una orilla, vistiendo una túnica azul medianoche.

Su túnica era muy similar a las que usaba diariamente, excepto que ésta era de un material más fino. Había algo sobre la ropa con muchos botones que le encantaba, así que la mayoría de su guardarropa consistía en túnicas y capas con muchos botones. La tela de ésta en particular era una fina seda. Todo el conjunto era increíblemente cómodo; sin embargo, estaba hecho a la medida y le quedaba perfecto.

Estaba de pie entre Karkaroff y Minerva. Severus miraba a sus alumnos girar alegremente. Ellos no entendían el gran peligro que pronto estaría sobre ellos. Su marca se había estado oscureciendo desde hacía unos pocos meses, y temía que el Señor Tenebroso resucitara pronto.

—¿Te importaría bailar, Severus? —le preguntó Minerva.

Él enarcó una ceja.

—Bueno, sé que si no preguntaba, tú nunca me lo pedirías —dijo ella sonriendo.

La aversión de Severus por el baile era bien conocida por el cuerpo docente. Por supuesto, en realidad no era que tuviera aversión por el baile, simplemente que había sólo una mujer con quien querría bailar, y ella estaba actualmente bailando con Viktor Krum.

Tomó la mano de Minerva y la guió hasta la pista de baile. Pronto estuvieron dando giros con los demás.

—Severus, en verdad bailas divino. No sé porqué no lo haces más seguido —comentó Miverva.

Él le dedicó una pequeña sonrisa. —Es sólo que prefiero ver bailar a los demás, para ser honesto contigo.

Minerva le chascó la lengua. —Eres imposible, Severus. No pienses que no sé que preferirías estar bailando con otra Gryffindor esta noche.

Los ojos de Severus viajaron hasta Hermione. Ella se asemejaba más a su yo futuro que normalmente. Él no sabía qué le había hecho a su cabello, pero se veía hermoso, así como su vestido y todo el resto de ella. Ella literalmente fluía por la pista, las capas de su vestido fucsia se balanceaban a su alrededor. Ella miraba embelesada los ojos de Krum. Le sonreía radiantemente cuando él le daba una vuelta en el baile. Severus sintió un pinchazo de celos, pero rápido lo disipó. Ya tendría su oportunidad con ella en el futuro.

—Minerva, ella no es la persona de quien me enamoré.

—Oh, claro que lo es, ¡solamente que ella no lo sabe aún!

—Y no lo sabrá hasta dentro de muchos años. Déjala vivir su juventud. De cualquier manera, ella es muy joven para mí ahora. Parece que está comenzando a juntarse mucho con el Señor Krum en todo caso.

Minerva le dio unas palmaditas en el hombro. —Ella volverá a la normalidad cuando regrese del pasado.

Severus rodó los ojos mientras continuaban dando vueltas por la pista de baile. La canción finalmente terminó y Severus hizo su camino de regreso a la orilla y tomó su lugar a lado de Karkaroff. Minerva encontró en Albus otra pareja de baile. Severus los miró bailar por unos pocos minutos.

Después de un rato el baile terminó y las parejas, o bien se dirigieron a las mesas o a la mesa de los refrigerios donde Severus se encontraba. Severus escuchó una familiar risa y giró su cabeza para ver a Krum y Hermione detrás de él. Krum le tendía a Hermione un vaso de ponche y ella le sonreía radiantemente. Severus sintió su estomago hacerse nudos. No había imaginado lo doloroso que sería ver a Hermione mirando amorosamente a alguien que no fuese él. De verdad necesitaba olvidarse de ella, pero no podía. La joven pareja seguía ahí hablando ligeramente, y Severus luchó por no escuchar.

Entonces el Maestro de Ceremonias tomó el micrófono.

—Damas y caballeros, el Profesor Dumbledore ha pedido que tengamos un baile especial de alumnos-profesores ahora. Él invita a cualquier estudiante a pedirle a algún profeso que baile con ellos la siguiente canción.

Severus cerró los ojos y apretó los dientes, deseando que nadie le pidiera bailar. Sus pensamientos fueron hacia todas las posibilidades. ¿Luna Lovegood? Se estremeció. Nunca podría tener ni la más pequeña conversación con ella; tenía que decir las cosas más extrañas. ¿Pansy Parkinson? Ella hablaría sin parar sobre nada. No podía pensar en ninguna estudiante con quien quisiese bailar. De pronto sintió que le daban unos golpecitos en el hombro. Abrió los ojos y casi emite un jadeo.

Merlín, no, pensó para sí mismo.

Ahí frente a él, estaba no otra sino Hermione Granger, sonriéndole.

—¿Le gustaría bailar, Profesor? —le preguntó.

Severus arqueó una ceja. Debería decir que no… eso es lo que ella estaría esperando. Abrió la boca para declinar.

—Claro, Señorita Granger —respondió.

Uhm, no era eso lo que iba a decir. Ahora estaba guiándola a la pista de baile, y comenzando a bailar. Por supuesto, era un vals. ¿Qué había poseído sus labios para decir eso? Ahora ella estaba sosteniendo una de sus manos, y su brazo estaba alrededor de la cintura de ella. Sintió su corazón comenzar a martillar en su pecho. Ella era sólo una niña, por todos los cielos, tenía que controlarse.

Valientemente, bajó su mirada hacia ella. Ella lo miraba con una pequeña sonrisa en su rostro.

—¿Se está divirtiendo, Señorita Granger? —logró mascullar sin que la voz le temblara.

—Oh, sí. Estoy pasándolo maravilloso —dijo entusiasmada.

No pudo evitar sonreírle, simplemente porque ella estaba tan alegre.

—Me alegro, Señorita Granger. Se ve muy bien esta noche.

Era el mejor cumplido que le pudo haber hecho, dadas las circunstancias. Probablemente, ella le hubiera lanzado una curiosa mirada, por decir lo menos, si él le hubiera dicho que se veía hermosa, o preciosa, o deslumbrante en todo caso. ¿Por qué, oh, por qué tuvo que haberle pedido el baile?

Hermione sonrió radiante ante el cumplido y añadió el propio.

—Usted baila maravilloso, Profesor —comentó.

—Gracias —respondió Severus.

Bailo incluso mejor con tu cabeza sobre mi hombro y tus brazos rodeándome, pensó, pero lo desechó rápidamente.

Tal vez debería excusarse y regresar a la orilla. No, no podía hacer eso. Si no, ella pensaría que había hecho algo que lo ofendiera.

Su cercanía lo estaba volviendo loco. Podía ser sólo una niña, pero era una versión pequeña de la niña a la que amaba. Su corazón estaba explotando debido a su cercanía, aunque él la quisiera más cerca aún. ¡La situación era imposible! ¿Cómo podía tener esos sentimientos por una mera adolescente? ¿Por qué, ah, por qué tuvo que ser ella, de entre todos, quien lo sacara a bailar?

—¿Por qué, de entre todos, fue usted quien me invitó a bailar, Señorita Granger?

—Me gustan los retos, señor —respondió con sencillez.

—¿Un reto, Señorita Granger?

—Señor, es bien sabido en el colegio que usted no baila… nunca. Me sorprendió verlo en la pista de baile con la Profesora McGonagall hace rato. Me preguntaba si lo haría de nuevo, por segunda vez en… ¿cuánto hace que no bailaba antes de esta noche?

A Severus se le atoró la respiración en la garganta. —Muchos años —susurró. Y solamente contigo.

Ahora fue el turno de ella para alzar una ceja. —Bueno, si yo fuera usted, lo haría más seguido. Lo hace muy bien.

Si pudiera bailar contigo, lo haría todos los días, pensó Severus.

—Por suerte para mí, estos bailes sólo se hacen una o dos veces al año —dijo con indiferencia—. Sólo tengo que asistir a ellos en esas ocasiones.

Hermione se rió, y él recordó su risa en el pasado. ¿Acaso el baile nunca terminaría? No estaba seguro de poder aguantar mucho más su cercanía. Finalmente, las últimas notas del vals sonaron y comenzaron a separarse.

—Gracias, Profesor, por romper su tan-larga-regla de no bailar por mi —bromeó Hermione.

Severus farfulló algo entre dientes y regresó a su lugar en un costado. El Señor Krum fue inmediatamente por Hermione y la hizo girar al comienzo de la siguiente canción. Ella sonrió ampliamente. Albus tomó lugar a lado de Severus mientras veía bailar a los alumnos.

—Espero que hayas disfrutado tu baile, Severus. No pude evitar pedir ese baile especial sólo para ti.

Severus miró a su jefe. —¿Cómo sabías que ella me lo pediría?

Albus se encogió de hombros, pero sus ojos brillaron frenéticamente. —Un simple presentimiento —respondió y se alejó.

Severus se quedó mirando al anciano entrometido y cotilla. El viejo mago siempre estaba metiendo su nariz en donde no debía. Por supuesto, Severus había disfrutado con Hermione. Tal vez debería agradecerle a Albus después de todo.

Severus miró a su alrededor. Todos los estudiantes parecían estar divirtiéndose excepto por Harry, Ron y sus pobres parejas, las gemelas Patil. Por alguna razón, ninguno de los dos estaba bailando, y no parecía que eso fuera a cambiar. Las dos chicas estaban quejándose entre ellas. Severus pensó que probablemente ellas se levantarían a buscar alguien más con quien bailar si ellos no lo hacían pronto. Severus sacudió la cabeza ante la estupidez de la juventud.

Por lo menos los demás parecían pasarla bien. Neville Longbottom y Ginny Weasley bailaban juntos, así como hacían Dudley Dursley y Susan Bones. Fred Weasley y Angelina Johnson daban vueltas cuando notó que Draco Malfoy y Pansy Parkinson hacían elaborados movimientos para llamar la atención. No importaba cuán vistosa fuera su exhibición, Severus descubrió a su mirada yendo hacia otra pareja.

Severus miraba a Hermione bailar a través de una cortina de su cabello. En verdad lucía radiante. Suspiró para sí mismo cuando la vio levantar la mirada hacia Krum. Esa mirada es la que normalmente tenía reservada sólo para él. Le parecía inquietante verla dedicarle esa mirada a alguien más.

Ella daba vueltas con Krum una y otra vez. De pronto su mirada se dirigió a Severus y le dedicó una sonrisa mientras bailaba con Krum. El corazón de Severus se derritió en su pecho.

Severus se recriminó a sí mismo. Él sabía que ella no era su Hermione. No podía permitirse andar alrededor de ella, tenía quince años, por todos los cielos. Sacudió la cabeza y se reprendió por ser un tonto enamorado. Pensó en su adorable Hermione. Pareciera que debía esperar por siempre para poder verla de nuevo.

Poniendo los ojos en blanco ante sus absurdos pensamientos, decidió hacer algo productivo, como buscar en los corredores y carruajes a alumnos besuqueándose o algo así. Con una pequeña sonrisa formándose en sus labios ante la idea, se volvió para dirigirse al patio.

oooOOOooo

Severus había estado rondando por un rato. Había salido al patio y ahí encontró varias parejas besuqueándose. Les había quitado puntos y enviado de vuelta al castillo.

No sabía por qué el hacer cumplir la regla "no muestras públicas de afecto" era uno de sus pasatiempos favoritos, pero lo era. Asumió que eran las miradas aturdidas de los alumnos. Los últimos chicos a quienes pilló casi se mueren del susto. Severus esbozó una pequeña sonrisa al recordad sus miradas aterrorizadas. Había sido muy cómico.

Había dejado el patio después de que Karkaroff estuvo fastidiándolo con el hecho de que su Marca Tenebrosa se estaba oscureciendo. Ese hombre era una peste. Había sido leal a Voldemort hasta cierto punto, pero luego lo traicionó dando los nombres de algunos de sus compañeros para evitar una larga estadía en Azkaban. Severus sabía que cuando el Señor Tenebroso regresara, Karkaroff era hombre muerto.

Severus ahora merodeaba por los pasillos, buscando más diversión. Descubrió a una pareja detrás de una cortina. La corrió hacia un lado encontró a un par de Hufflepuffs allí. Ambos subieron la mirada, asustados, cuando él quitó la cortina.

—Señor Dursley, Señorita Bones, diez puntos menos de Hufflepuff por cada uno. ¡Ahora regresen al baile, o vayan a su Sala Común!

Se dio vuelta y medio sonrió mientras se retiraba de ahí. Severus dio vuelta en la esquina del pasillo y siguió andando, escuchando atentamente cualquier sonido que pudiera delatar a alguien. Pasó a un lado de una armadura y creyó escuchar moviento tras ella. ¡Ajá! ¡Otra oportunidad de asustar a algunos estudiantes! Silenciosamente se acercó a la armadura y miró detrás de ella bruscamente. La persona que estaba detrás ni se inmutó. Estaba sentada contra la pared con la cabeza entre las rodillas, sollozando. Los ojos de Severus se agrandaron cuando se dio cuenta de la situación.

—Señorita Granger, ¿se encuentra bien? —preguntó.

Hermione alzó la cabeza de golpe. —¡Oh! —exclamó.

Severus extendió su brazo para ayudarla a levantarse. Ella aceptó su mano y se levantó deprisa, saliendo de atrás de la armadura.

—¿Señorita Granger?

Hermione rápido se limpió las lágrimas. —Lo siento, señor.

—No tiene nada por qué disculparse, Señorita Granger. No ha hecho nada malo. ¿Por qué estaba escondida detrás de una armadura? ¿El Señor Krum se portó mal con usted?

Hermione sacudió la cabeza. —No, no. No es nada de eso. Él ha sido un perfecto caballero.

Severus miró a Hermione con curiosidad. —¿Entonces por qué no está disfrutando la fiesta con él?

Los hombros de Hermione se hundieron. —¡Es Ron! ¡Es un completo imbécil!

—¿Qué hizo? —preguntó Severus con preocupación.

Hermione levantó la mirada hacia él con su cara llorosa. Si Ron la había herido, Severus se encargaría de castigarlo por siempre.

—Usted no querrá escuchar mis tontos problemas, señor. Sólo me iré a la cama.

Se dio la vuelta para irse pero una mano en su antebrazo la detuvo.

—Dígame lo que sucedió, Señorita Granger.

Hermione miró a Severus con tristeza. Él sintió su corazón romperse.

—Él me dijo cosas horrendas. Eso es todo.

—¿Qué fue lo que dijo?

Ella negó con la cabeza. —Nada importante.

—¿Qué fue lo que dijo?

De pronto, el enojo se apoderó de ella. —Dijo que estaba fraternizando con el enemigo al ir con Viktor al baile. ¡Tuvo el coraje de decirme eso después de que estuvo adorando a Viktor durante la Copa de Quidditch y que estuvo persiguiéndolo durante todo el semestre! ¿Puede creer el descaro de eso? ¡Es simplemente un idiota celoso! ¡Él pensó que yo iba a sentarme a esperar para que me invitara al baile! ¡Luego se enoja por que cuando me lo pide yo ya tengo una cita! Debió haberlo escuchado, diciéndole a Harry que yo estaba mintiendo y que nadie podría querer ir conmigo al baile. Así que, cuando nadie iría con él, ¡me lo pidió a mí como su último recurso! Me trata como una idea de último momento, ¡y luego se molesta cuando yo ya he hecho planes! ¡Debí haberle dado un golpe por lo que dijo!

Hermione estuvo furiosa por un momento, y luego miró a su profesor con horror.

—¡Oh! ¡No debí haber dicho todo eso! —exclamó.

Severus le dedicó un amago de sonrisa.

—De ninguna manera. Es mejor estar enojado por el tonto comportamiento de alguien más en lugar de llorar por ello. Él no se merece tus lágrimas, Hermione. Es solamente un estúpido. Usted debería regresar al baile. El Señor Krum probablemente se pregunte dónde está.

Hermione miró a Severus con asombro ante sus palabras. ¿Acaso la acababa de llamar Hermione? Y había llamado estúpido a Ron. No pudo evitar sonreírle ante sus comentarios.

—Tiene razón, Profesor. Eso haré. No permitiré que ese imbécil arruine mi noche. Gracias. — Con eso, se fue.

Severus se quedó viendo hacia donde ella había ido. Todo lo que quería era envolverla en un abrazo y reconfortarla, pero era mejor así. Se debatía sobre si debería ir y hacer algo respecto a Weasley; estaba tan furioso con él. Pero decidió que no. Una cosa era animar a la chica en un corredor vacío, y otra era castigar a Weasley en medio de una fiesta. De cualquier manera, estaba furioso con el chico. Odiaba ver a Hermione así de molesta, especialmente porque ella merecía nada más que felicidad. ¿Cómo podía ese idiota tratarla tan pobremente? Sus acciones la habían hecho sentir insignificante y superflua. Tenía ganas de colgar a Weasley de los dedos y lanzarle maldiciones, estaba muy enojado. Los siguientes días de clases para Weasley no serían placenteros.

oooOOOooo

Harry entró a la Sala de los Menesteres para su sesión semanal con Severus, seguido de cerca por Hermione. La mente de Harry obviamente no estaba en los duelos. Sostenía el huevo dorado que le había quitado al dragón durante la primera prueba. No había logrado descifrar el mensaje oculto y estaba buscando ayuda. Él y Hermione habían pasado todo el día anterior y esa mañana sentados en la Sala Común buscando en algunos libros. Bueno, por lo menos Hermione había estado sobre los libros, buscando alguna clase de respuesta. Harry había mirado en algunos libros, pero pasaba mayor tiempo observando el huevo, intentando que de alguna manera le mostrara sus secretos. Pero nada había funcionado.

Harry vio a su profesor parado en una esquina observando uno de los muñecos de duelo. Aclaró su garganta y Severus volteó, sonriendo un poco, pero la pequeña sonrisa se desvaneció en el momento en que vio a Hermione parada junto a Harry.

—Harry, se supone que estas sesiones son secretas. Eso no significa que puedes traer a tus amigos cada vez que quieras.

—Necesito que usted me ayude, además, Hermione lo averiguó desde hace dos años. No le dirá a nadie, nunca lo ha hecho. Ni siquiera se lo ha dicho a Ron —dijo Harry con rapidez, sin rodeos.

Severus dirigió su mirada a Hermione que le miraba con la esperanza de que la dejara quedarse. Su intensa mirada perforó el corazón de Severus.

—Por lo menos trajiste a la amiga que puede pensar sin caerse —masculló.

Severus miró el huevo dorado que Harry sostenía. —¿Aún no has obtenido el mensaje del huevo?

—No —dijo Harry frunciendo el ceño.

—¿Lo has abierto completamente?

—Hace un sonido horrible cuando lo abro.

—Déjame oírlo —demandó Severus.

—No le gustará —farfulló Harry mientras lo dejaba sobre una mesa y lo abría.

Un estridente chillido emergió del huevo y al instante Severus cubrió sus orejas con sus manos. Harry cerró el huevo de nuevo.

—Oh —dijo Severus con una mueca.

Dirigió su mirada hacia Hermione. —¿Qué han encontrado sobre esto?

Hermione sonrió para sí, alegre de que su profesor reconociera su habilidad para investigar un tema.

—No he encontrado nada, señor. No hay ninguna referencia sobre nada parecido en ningún texto que haya consultado.

Severus le dedicó una rápida sonrisita, sabiendo que si ella había dicho que ya había buscado en varios textos, no había necesidad de buscar más. Probablemente ella había buscado en cada texto posible de la biblioteca.

—Estoy seguro que hizo un gran trabajo, Señorita Granger —remarcó.

Se acercó al huevo y lo tomó. Se sentía más pesado que un huevo normal de dragón. No tenía ningún rasgo distintivo. Lo abrió de golpe y volvió a escucharse el chirriante sonido. Lo cerró rápido de nuevo. El sonido que salía del huevo se le hacía de alguna manera familiar. Trató con fuerza de recordar de dónde lo había escuchado antes.

Volvió la vista hacia los estudiantes. —¿A alguno de ustedes le suena familiar?

Ambos negaron con la cabeza.

—Creo que he escuchado algo como esto antes, pero no sé en dónde —meditó.

Lo abrió de nuevo, preparándose para el violento ataque del sonido. Sí, sonaba conocido pero, ¿dónde lo había escuchado?

Lo cerró y en ese momento lo supo. Lo había escuchado en su ventana encantada, que mostraba lo que en verdad pasaba en el lago. De vez en cuando, la gente del agua nadaba por ahí. Era aún más raro cuando lograba verlos saliendo a la superficie. En esas ocasiones, la gente del agua emitía ese chirrido cuando salía del agua. El sonido continuaba hasta que la criatura se sumergía de nuevo en el agua. Entonces una bella canción emanaría de ella.

Severus miró a Harry. —Es Sirenio; la lengua de la gente del agua.

Le tendió el huevo a Harry para que lo tomara. —Debes sumergir el huevo en el agua para entender el mensaje.

Harry miró el huevo con curiosidad y de nuevo a su profesor. —Gracias, señor. Nunca lo habría averiguado.

—Tendrás que sumergirte tú también para entenderlo, creo.

Harry se giró hacia Hermione. —Eso debió ser a lo que se refería Cedirc cuando me sugirió tomar un baño con el huevo.

Ella asintió.

—Entonces eso es lo que deberías hacer, Harry —sugirió Severus—. De cualquier manera, tenemos trabajo que hacer aquí ahora —dijo y se giró hacia Hermione—. Señorita Granger, ya que está aquí, ¿le gustaría tener un duelo con nosotros?

Los ojos de Hermione se agrandaron. —¡Sí, señor! —dijo entusiasmada.

Severus escondió su sonrisa. Con un leve asentimiento apuntó al muñeco que estaba mirando cuando Harry y Hermione entraron a la sala y este se movió al centro de la habitación. Harry dejó el huevo en una pequeña mesa cerca de la puerta y se volvió hacia Severus.

—Este muñeco —explicó Severus —, es para propósitos de entrenamiento. Ustedes pueden lanzarle hechizos, y él puede lanzárselos a ustedes. Van a imaginar que es un Mortífago y él va a pelear contra ustedes. ¿Por qué no atacan ambos primero para comenzar?

Hermione y Harry levantaron sus varitas y esperaron el movimiento del muñeco.

—¡Alto! —exclamó Severus —. Si este fuera un verdadero ataque, Señorita Granger, ¿qué es lo primero que haría al darse cuenta de que un Mortífago la está asechando?

Hermione pensó por un momento y luego respondió: —Haría un golpe preventivo, señor.

—Bien. Entonces, ¿por qué espera a que el muñeco comience?

—No lo sé, señor.

—Traten al muñeco como un oponente de verdad. Hagan su movimiento antes de que él pueda incapacitarlos. Una vez que un Mortífago comienza, es difícil escapar de él. Deben tomar la iniciativa y no dejar que el enemigo controle la situación.

Hermione y Harry asintieron y se prepararon de nuevo. Esta vez, Hermione lanzó un hechizo aturdidor al muñeco antes incluso de que Harry hiciera su movimiento. El muñeco salió impulsado hacia atrás y golpeó la pared.

—Bien, Señorita Granger. Dejemos que el Señor Potter lo haga ahora.

Harry hizo lo mismo en su turno.

—De acuerdo —dijo Severus —. Hermione, pelea con el muñeco. Harry, critica su actuación.

Harry miró a Severus con incredulidad. —¿Quiere que le diga lo que hace mal?

—Eso es parte de una crítica, ¿verdad, Harry? También espero que le digas lo que hace bien.

—Nunca ha visto a Hermione cuando alguien le dice que ha hecho algo mal, ¿verdad? —murmuró Harry.

Severus medio sonrió, pensando en algunos interesantes momentos con Hermione en su pasado cuando le había probado que estaba equivocada.

—Esta es una situación de aprendizaje, Harry. Estoy seguro que la Señorita Granger tomará todo lo que le digas de buen grado, siempre y cuando no seas grosero con ella.

—Uhm, ¡estoy justo aquí! —exclamó Hermione —. Creo que puedo responder por mí misma.

—Por supuesto, Señorita Granger. No pretendía ofenderla —le dijo Severus.

—El Profesor Snape tiene razón, Harry. Yo sé que no soy perfecta.

—Casi me lo trago —dijo Harry por lo bajo.

—¿Qué fue lo que dijiste? —demandó Hermione.

—¡Nada! —dijo Harry demasiado rápido.

Hermione frunció el ceño. —¿Piensas que yo creo que soy perfecta?

—¡Yo no dije eso, Hermione! —replicó Harry.

—¡Lo insinuaste! —dijo, un poco ofendida.

Severus miraba con calma a sus dos estudiantes discutir, con los brazos cruzados y prestando atención.

—No, no lo hice. ¡Y no es mi culpa que te descoloques así cada vez que alguien te de un consejo!

—No me descoloco, Harry Potter. ¿Por qué rayos dices eso?

—¡Mira, no vine aquí para discutir contigo! —exclamó Harry y fue hacia el huevo—. Sólo iré a escuchar el mensaje. No tengo tiempo para esto.

Con eso, tomó el huevo y salió de la sala, dejando a Hermione mirando con odio la puerta y a Severus luciendo un tanto divertido.

—Es usted un poco explosiva, Señorita Granger —aseveró Severus.

Ella se giró hacia él y rodó los ojos. Recordando que él era un profesor, suavizó su expresión.

—Estoy harta de que siempre insinúe que soy una sabelotodo. ¡Eso está perfectamente bien cuando necesita escribir un ensayo, o cuando necesita a alguien que busque en los libros la respuesta a su problema con el Huevo Dorado!

—Hermione, cálmate. Sabes que tienes un problema con las críticas.

Hermione agrandó los ojos.

—El que seas hija de padres Muggles no significa que tengas que probarle nada a nadie. Está bien equivocarse.

Severus hizo aparecer dos sillas, y le hizo una seña para que se sentara mientras que él hacía lo mismo. Al parecer tendría que hacerlo de consejero para una de sus estudiantes de nuevo.

Hermione cruzó los brazos frente a ella. —¡Ya sé que está bien equivocarse!

Él le dedicó una pequeña sonrisa. Ella no tenía idea de lo bien que él la conocía.

—Entonces, ¿por qué te cuesta tanto trabajo aceptar que alguien te diga que hiciste algo mal?

—¿Acaso me sigue en su tiempo libre? ¿Por qué sabe usted que reacciono así?

Severus puso los ojos en blanco. —Las pinturas tienen ojos y oídos, y usan sus bocas muy a menudo. ¿Cómo pensaba que los profesores nos enteramos de todo lo que sucede en el castillo? Es como tener miles de espías trabajando para nosotros.

Hermione arqueó una ceja ante tal confesión. Aunque su comentario era verdad en parte, Severus deseó poder decirle la verdadera razón de porqué la conocía tan bien, pero no se atrevió. No quería asustarla y que temiera de su futuro.

—Ahora, ¿le importaría responder mi pregunta? —demandó.

Hermione suspiró. —No sé porqué lo hago. Sé que no lo sé todo, pero me fastidia que alguien averigüe algo antes que yo. Tal vez tenga razón y sea porque soy hija de Muggles. Siento que vine aquí en desventaja, y que tengo que luchar para encajar.

Severus recordó la vez en que Narcissa Black la había insultado en Hogsmade.

"¿Por qué siempre tiene que acabar en eso?" había preguntado ella, refiriéndose a su nacimiento.

Severus suspiró. Asumió que siempre acabaría en eso con algunas personas. Pero eso no significaba que Hermione tuviera que sentirse inferior durante toda su vida.

—Señorita Granger, ¿cuándo fue la última vez que en verdad tuvo que luchar en una clase?

Hermione bajó la mirada. —No puedo decir que alguna vez lo haya hecho, señor.

—¿Y por qué es eso?

Hermione se encogió de hombros.

—¿Podría ser, Señorita Granger, porque usted es brillante?

Hermione subió la mirada hacia Severus impactada.

—Profesor Snape, no soy brillante.

Severus puso los ojos en blanco. —No te estoy pidiendo que te vuelvas una niñata engreída, Hermione. No hay nada de malo en reconocer tus talentos.

Hermione bajó la mirada a su regazo, observando sus manos.

—En realidad no tengo muchos talentos, señor.

Era peor de lo que pensaba. La chica se tenía en muy baja estima.

—Levántese —le ordenó.

Ella se puso de pie y él desvaneció las sillas.

—Tengamos un duelo —dijo sencillamente.

Ella se alistó y él le lanzó un hechizo. Hermione lo desvió con facilidad y lanzó su contraataque. Se movían velozmente, lanzando y desviando hechizos. Severus tuvo un gran sentimiento de dejà vu al estar los dos luchando y lanzándose hechizos el uno al otro en la Sala de los Menesteres. Después de un rato, Severus obtuvo la delantera y la estrelló contra la pared. Se apresuró y la ayudó a levantarse.

—¿Sabes cuánto duró mi primer duelo con Harry?

Hermione se encogió de hombros.

—Treinta segundos —contestó Severus.

—Era de primer año.

—Él no hubiera durado tanto como tú en esta situación si no fuera por la ayuda extra que le he estado dando estos años. Usted lo supera por mucho, Señorita Granger.

—Hermione asintió, pero lucía poco convencida.

Severus resopló. —¿Quién resolvió la prueba lógica que puse para proteger la Piedra Filosofal en su primer año?

Hermione se sonrojó. —Fui yo, señor.

—¿Quién no ha obtenido nunca menos de una E en cualquier asignatura, jamás?

—Esa sería yo, señor.

—¿Quién probablemente obtenga E en todos sus TIMOS?

—No creo que…

—Usted lo hará, Señorita Granger. ¿Quién descubrió que había un Basilisco en la Cámara de los Secretos antes de que la petrificaran?

—Yo lo hice, señor.

—¿Quién fue la única de mis alumnos en entender mis pistas acerca de que Remus Lupin era un Licántropo?

—Yo de nuevo, señor.

—¿Quién le enseñó a Harry el encantamiento convocador para poder burlar al dragón en la primera prueba?

—Yo fui, señor.

—¿Y dice que no tiene talentos, Señorita Granger? Usted es, por mucho, la mejor bruja de su edad.

Hermione abrió la boca ante su comentario. Ella nunca lo había escuchado alagar a alguien así, ni siquiera a Draco Malfoy que parecía ser su favorito y que, además, era un Slytherin cuyo padre era amigo del Profesor Snape.

—Profesor —finalmente murmuró—. No sé qué decir.

—Simplemente confíe en usted y sus habilidades, Señorita Granger. Eso le ayudará a sentirse menos ofendida cuando alguien le da un consejo. Su condición de nacimiento no tiene nada que ver con sus habilidades. No hay ningún sangrepura, mestizo ni hijo de Muggles en toda la escuela que pueda superarla en nada.

Antes de que Severus lo supiera, Hermione se había lanzado hacia él dándole un abrazo de oso. Severus se tensó y sus ojos se agrandaron ante la muestra de afecto de la joven contraparte de la mujer a quien amaba tanto. Mantuvo su frialdad y le dio unas palmaditas en la espalda. Ella se apartó tímidamente.

—Lo siento, Profesor —dijo mientras sus mejillas se tornaban rojas—. Yo sólo necesitaba escuchar todo eso, y le agradezco que haya sido franco conmigo.

—Mantengamos su exuberancia a un apretón de manos de ahora en adelante, Señorita Granger —le dijo con una sonrisa.

—¡Sí, señor! —dijo con nerviosismo —. Uhm, debería irme.

Se dio la vuelta y salió de la Sala de los Menesteres, sin siquiera dar la vuelta para despedirse. No podía creer que acababa de abrazar a su profesor. ¿En qué estaba pensando? No es como si él fuera cariñoso. Ella podía imaginarse abrazando a Hagrid, o tal vez al Profesor Flitwick, pero, ¿al Profesor Snape? Obviamente también había sido embarazoso para él, viendo cómo se había sonrojado.

oooOOOooo

Severus miró a Hermione irse. Ella iba a ser su muerte, lo sabía. Cómo iba a poder contener sus sentimientos, estaba fuera de su conocimiento. Sabía que haría lo que fuera con tal de verla sonreír.


N/A: Más del cuarto año.

Gracias a todos. Sé que ha pasado mucho desde que vimos a la Hermione de Severus, pero ahora ella está creciendo, y su relación con Severus se está volviendo más cercana. Espero que eso les baste mientras ella regresa.

N/T: ¡Perdón! ¡De verdad, no saben lo apenada que estoy por haber tardado tanto! No intento excusarme, pero en verdad he tenido tiempos difíciles. Las clases, problemas con el ordenador, mi abuelo en el hospital… Espero que me comprendan. Pero sepan que terminaré de traducir.

Espero que sigan aquí, de verdad lo lamento mucho, no volverá a ocurrir.

Aprovecho para decirles que espero que hayan tenido una muy feliz Navidad, y que les deseo lo mejor para este nuevo año 2011.