Disclaimer: Cualquier cosa que les sueñe familiar en este capítulo fue citado, parafraseado, o simplemente resumido de el Cáliz de Fuego, libro o película.

Capítulo 26:

El cuarto año de Hermione continúa:

Hermione entró a la Sala Común y le sorprendió ver a Harry sentado en el sillón cerca del fuego. Se acercó a él, sin estar segura si debía ser amable o fría. Su curiosidad sacó lo mejor de ella, así que fue amable.

—¿Descifraste el mensaje? —le preguntó apresuradamente.

Harry la miró con el ceño fruncido. —Sí.

Ella se sentó a su lado, expectante. —¿Y qué decía?

—No estoy seguro que eso sea tu asunto, después de lo que nos dijimos hace un rato.

Hermione bajó la vista hacia sus manos que estaban en su regazo. —Harry —comenzó—, tienes razón sobre mí, y lamento haberme molestado contigo. Me di cuenta que tengo un problema de inseguridad, y te aseguro, trataré de no reaccionar mal cuando reciba críticas de ahora en adelante.

Harry la observó mientras ella miraba sus manos. —Yo también lo siento, Hermione. No debo burlarme de algo que sé que es un punto sensible para ti.

Hermione alzó la mirada hacia Harry y le sonrió. —¿Ahora me dirás qué pasó con el huevo?

Harry se rió. —Dice que algo importante para mí será sumergido en el agua y que tendré una hora para recuperarlo.

—¿No decía qué será ese algo?

Harry negó con la cabeza.

—Bueno, al menos sabes de qué trata. ¿Cómo la completarás?

—Supongo que nadaré hasta el objeto y lo llevaré a la superficie —respondió simplemente.

—Pero tienes que estar bajo el agua por una hora, Harry. ¿Cómo harás eso?

Los ojos de Harry se agrandaron. —Oh, no había pensado en eso. Sólo estaba aliviado al saber de qué va la prueba.

Hermione rodó los ojos. —Al parecer, no ha terminado nuestra búsqueda —suspiró. Levantándose del sofá le hizo una seña a Harry—. Regresemos a la biblioteca. Seguro que ahí encontraremos algo.

Harry puso los ojos en blanco, pero se levantó aún así. —Tú y tus libros, Hermione. Sin embargo, creo que esta vez sabes a lo que vas.

Hermione lo golpeó en el brazo juguetonamente. —¿Dónde está Ron, por cierto?

—El Profesor Snape lo castigó —explicó Harry.

—¡Es la tercera vez esta semana! —exclamó Hermione.

Harry asintió. —Parece que el Profesor Snape la tiene contra él últimamente. Lo ha estado vigilando como un halcón y le quita puntos hasta por los más simples errores.

—Creo que Ron ha estado más nervioso por eso, también —dijo Hermione, pensativa—. Así que cuando su poción se tornó verde, y el Profesor Snape le pidió que se quedara después de clase, ¿le dio una detención?

Harry asintió de nuevo.

Hermione pensó en la conversación que tuvo con el Profesor Snape durante el Baile de Navidad, cuando había estado tan enfadada con Ron. Había parecido lívido cuando ella le contó lo que Ron le había dicho y hecho. Él no podía estar castigando a Ron por eso, ¿o sí? Hermione sacudió la cabeza. Por supuesto que no. El Profesor Snape no podía tener razón alguna para hacer algo así. Él no estaba interesado en tontas relaciones de adolescentes. Sacando esas cavilaciones de su mente, puso su atención de nuevo en Harry.

—Andando, tenemos mucho trabajo que hacer —le informó Hermione. Ambos salieron de la Sala Común hacia la biblioteca.

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—Señorita Granger, un momento, por favor —pidió Severus mientras la clase comenzaba a vaciarse.

¡Oh, no! ¡Espero que no vaya a decirme nada sobre el abrazo que le di el otro día! pensó Hermione mientras se acercaba a su escritorio.

—¿Sí, Señor?

—Señorita Granger, ya que está al tanto de las lecciones que le doy al Señor Potter, me preguntaba si le gustaría acompañarnos a partir de ahora… eso, claro, en el caso de que usted y el Señor Potter estén en buenos términos.

—Ya arreglamos las cosas, Profesor. Será un honor unirme a ustedes.

Severus asintió. —Estaré deseando nuestros sábados juntos, entonces —, dijo justo antes de que la siguiente clase comenzara a entrar.

Hermione asintió y salió del salón. Severus se reprendió por su estupidez. Estaba buscándose problemas al incluirla en sus lecciones con Harry. Eso solamente lo llevaría a sentir pena por él mismo, pero no podía desperdiciar la oportunidad de pasar más tiempo con ella, aunque fuera a un nivel platónico.

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Harry, Ron y Hermione se encontraban en la biblioteca de nuevo, buscando en los libros una manera para que Harry pudiera estar bajo el agua por una hora. El trío aún no había encontrado nada. Estaban tan ensimismados en su búsqueda que no notaron a Dudley que se acercaba.

—Hermione, Ron, el Director me pidió que les dijera que reporten en su oficina —les dijo Dudley.

Harry frunció en entrecejo. —¿Qué podría querer de ustedes dos? Necesito su ayuda, apresúrense.

—Lo haremos, Harry —, dijo Ron—. Estaremos de vuelta antes que te des cuenta.

Con eso, ambos de dieron vuelta y se fueron. Dudley miró la pila de libros.

—¿Qué estás haciendo exactamente, Harry? —preguntó.

Harry suspiró. —Estoy tratando de encontrar una manera de respirar bajo el agua por una hora.

Las cejas de Dudley se alzaron ante esto. —¿Has encontrado algo?

—¡No! No sé que voy a hacer.

Dudley se sentó y comenzó a hojear los libros. Se hizo silencio entre ellos mientras buscaban en cada libro sobre la mesa. Después de un largo rato, Harry se echó hacia atrás en su silla, desanimado. Pasó su mirada a Dudley.

—¿Y qué hay entre Susan Bones y tú? —le preguntó Harry.

Dudley se sonrojó un poco. —Nada —, le dijo.

—Vamos, Dud. Ustedes han sido inseparables desde el Baile de Navidad.

—Siempre hemos sido inseparables, Harry —rebatió Dudley.

—Los vi tomados del brazo cuando creían que nadie los veía.

Dudley pretendió estar enfrascado en un libro.

—¿Por qué lo mantienen en secreto? ¡Yo creo que es genial!

Dudley se encogió de hombros. —No lo sé. Ha sido algo divertido estar escondiéndonos —, dijo, finalmente admitiéndolo—. No queremos que Justin y Hannah se sientan desplazados. Los cuatro pasamos casi todo nuestro tiempo libre juntos.

—Tal vez puedan juntarlos a ellos.

Dudley rodó los ojos. —No soy casamentera, Harry. De todos modos, no creo que estén interesados el uno en el otro de ese modo.

—Dudley, probablemente ellos ya lo sepan. Deberían decirles de una vez y dejar de esconderse. Ellos seguro se alegrarán por ustedes.

Dudley miró a Harry. —Sé que lo harán. Solamente no quiero que las cosas sean diferentes entre los cuatro.

—Ya lo son, Dud. Sólo tienes que darte cuenta.

Dudley lo pensó un momento. —Supongo que tienes razón. Susan me ha dicho lo mismo. Ella es muy lista en cosas de este tipo.

—Es una gran chica, Dudley. Me alegra que los dos por fin estén juntos. Hacen una gran pareja.

—Gracias —, masculló Dudley.

Dejó el libro que había estado usando sobre la mesa y tomó otro. Los chicos continuaron su búsqueda en silencio hasta muy entrada la noche. Al amanecer, ambos chicos estaban dormidos sobre los libros. Ninguno había encontrado una solución al problema para respirar bajo el agua de Harry. Por suerte para ellos, Dobby apareció, le dio Branquialgas a Harry y le dijo que se las comiera antes de sumergirse en el lago. Harry así lo hizo y no sólo completó la prueba, sino que salvó a la hermana de Fleur Delacour, también.

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—Albus, ¿en qué estabas pensando, sumergiendo a cuatro estudiantes en las profundidades del lago por quién sabe cuánto tiempo?

—¡Oh, Severus, estaban perfectamente a salvo! —lo reprendió Albus.

—¡Se pudieron haber ahogado! —gruñó Severus.

—Barty me aseguró que la prueba sería inofensiva para los estudiantes. Les expliqué cada detalle y ellos aceptaron, de buena gana, formar parte de ello. No tienes nada por lo que protestar.

—De cualquier manera, algo pudo salir mal.

—¿Estás dudando de mi habilidad al realizar hechizos? —preguntó Albus, poniendo los ojos en blanco.

—Claro que no, Albus. Sólo que eso fue un riesgo innecesario. Los concursantes podrían haber ido por un objeto inanimado. La pobre Fleur Delacour casi sufre un infarto pensando que su hermana se quedaría en el fondo del lago.

—No creo que fuera la hermana de Fleur Delacour por quien estabas preocupado, Severus. Más bien, creo que era alguien de Gryffindor por quien temías, y no me refiero al joven pelirrojo.

Severus le hizo una mueca a Albus. —No puedo evitar preocuparme cuando los pusiste a todos ellos en un peligro como ese.

—Severus, Severus, ella se encuentra bien. Nada salió mal, y todos están bien. Cálmate, por todos los cielos.

Severus puso los ojos en blanco. —¿No te importa nadie, Albus?

—Creo que la señorita Granger me pregunto exactamente lo mismo cuando estabas por recibir la Marca Tenebrosa.

Severus lo miró con curiosidad.

—Quieres decir que ella no te comentó cómo irrumpió aquí y me reclamó por forzarte a ser mi espía.

—Nunca me dijo sobre eso.

—Ella incluso me amenazó con matarme si algo te llegase a pasar.

Severus le dedicó a Albus una sonrisita autosuficiente. Sus recuerdos de ella siendo tan protectora se habían ido desvaneciendo. Era lindo recordar lo seguido que ella lo defendía de los demás.

—Eres afortunado de tener su afecto, Severus. Así como ella lo es de tener el tuyo.

—¡Ninguno de los dos tenemos el afecto del otro en este tiempo!

—Tú sabes a lo que me refiero. Sólo faltan unos pocos años para que ella regrese a ti.

—Pocos para ti, tal vez —dijo enfurruñado.

Albus miró a Severus con aire paternal. —Ella estará de regreso antes de que te des cuenta —, le aseguró.

Severus rodó los ojos. —Eso es lo que llevas diciéndome los últimos diecisiete años. El tiempo no ha pasado más rápido aunque tú digas que así será.

Albus se rió por lo bajo. —De cualquier manera el tiempo pasará, muchacho.

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Harry y Hermione entraron a la Sala de los Menesteres, pero el Profesor Snape aún no estaba ahí. No tuvieron que esperar mucho cuando el profesor entró por la puerta con una sonrisa de satisfacción en el rostro y un ejemplar de Corazón de Bruja bajo el brazo. Se acercó con aire despreocupado a Hermione y se lo alcanzó.

—Al parecer, se ha convertido en toda una pícara, señorita Granger —comentó al tiempo que ella tomaba la revista.

Estaba abierta por un artículo que tenía su nombre estampado en la parte superior. Hermione Granger: ¡Bruja de doble tiempo! rezaba el título. Hermione arqueó las cejas y echó una ojeada rápida al artículo. Comenzó a reír y le pasó el artículo a Harry.

Harry también lo revisó rápido. —Hermione, ¿cómo pudiste jugar conmigo así? Pensé que era el único a quien querías.

Hermione se llevó la mano a la frente. —¡Lo lamento, Harry! ¡No soy el tipo de chica que se conforma sólo con uno! Viktor y yo nunca terminamos, aunque te dije que así fue.

—Oh, mataré a ese sobrestimado jugador de Quidditch. Ni siquiera puede hablar Inglés.

—¡Por supuesto que puede! —replicó Hermione.

—Hermione, te llama Hermioninny —dijo Harry insípidamente—. Énfasis en la parte de ninny.

Severus comenzó a reír.

—¡Él no puede evitar que mi nombre sea difícil de pronunciar! —rebatió Hermione.

—¡Yo puedo decirlo! —exclamó Harry.

—Yo también —remarcó Severus.

—¡Ustedes dos son imposibles! —rió Hermione.

Harry se acercó a ella. —¡Es por eso que me quieres! Olvídate de ese extranjero. ¡Yo soy el indicado para ti!

—¡Harry! —exclamó Hermione—. Córtalo de una vez.

—Es una pena que la señorita Skeeter no esté aquí para verlos discutiendo así —masculló Severus con una sonrisita.

Hermione lucía confundida. —Me pregunto cómo supo que Viktor y yo hablamos sobre irlo a visitar a Bulgaria.

—Quién sabe —exclamó Harry.

—Pareciera que la señorita Skeeter tiene una fuente secreta de información —reflexionó Severus—, ¿tal vez contrató a una mosca en la pared?

—Oh, vale. Supongo que nunca lo sabremos —dijo Harry.

—¿Están listos para concentrarse, o debo darles otros cuantos minutos de discusión? —cuestionó Severus.

—¡Fue usted quien trajo esa horrible revista, Profesor! —se quejó Hermione.

—Sí, Profesor, ¡usted quiso que tuviéramos una pelea amorosa! —bromeó Harry.

—Hmm hmm. Y ahora lamento de haberles traído eso.

—¡Usted sólo lamenta que Skeeter no haya escrito nada sobre usted aquí! —le dijo Harry mientas le daba golpecitos a la revista con su mano.

—Oh, sí —dijo Severus secamente—. Espero con ansias el día en que mi nombre aparezca en un artículo como ese. Siempre es tan acertada en lo que escribe.

—Ella probablemente lo acuse de tener un tórrido romance con la Profesora Trelawney —dijo Hermione con malicia.

Todo el color se drenó de la cara de Severus. Hermione lo miró un momento y se echó a reír. Harry lo miró también y comenzó a reírse tontamente.

—¿Qué ocurre, Profesor? —preguntó Harry—. ¿A caso averiguamos en dónde pasa sus fines de semana?

Severus lo miró con enfado. —No quiero ni pensarlo. Esa mujer ha estado tras de mí desde el momento en que llegó aquí.

Harry y Hermione intercambiaron miradas de duda; era difícil pensar que habían descubierto ese secreto tan bien guardado.

Harry no pudo resistirse. —¿Y qué le impide acercarse a ella, Profesor?

Hermione rió de nuevo, haciendo que Severus la mirara con el ceño fruncido. Se la quedó mirando un minuto antes de volver a la realidad y volverse hacia Harry.

—No es mi tipo —es lo único que dijo.

—¡Estoy segura que su "Ojo Interior" opina diferente! —rió Hermione—. ¿Estás más allá de lo terrenal? ¡Yo creo que sí! —la imitó.

Severus, sin poder evitarlo, se rió por lo bajo ante su imitación.

—Hermione la odia, por si no lo había notado —explicó Harry.

Severus levantó una ceja ante esto.

—¡Oh, ella es horrible! ¡Usted no posee el espíritu para el noble arte de la adivinación! —imitó Hermione—. Alma marchita, ¡por favor! —dijo dando una patada en el piso.

Severus la miró con curiosidad.

—La Profesora Trelawney le dijo el año pasado que no tenía la Adivinación en ella —le explicó Harry—. Le hizo unas observaciones sobre su alma marchita y algo sobre pegarse a las hojas de los libros.

Severus se acercó a Hermione y la miró de arriba hacia abajo.

—Oh, sí. Ya lo veo —bromeó Severus—. Su alma marchita prácticamente le sale por las orejas.

Hermione sólo rodó los ojos.

Harry rió. —La hubiera visto. Miró a la Profesora Trelawney con hostilidad, salió azotando la puerta y nunca regresó.

—Como he dicho antes, señorita Granger, es usted bastante explosiva.

—No sé porqué ofrecen Adivinación como una clase. Es inútil —masculló Hermione.

—Tal vez debería usted tener una charla con la Profesora Trelawney —dijo Severus arrastrando las palabras—. Estoy seguro que ella dejará la clase simplemente porque usted piensa que es inútil.

—Está bien, Profesor, ya se ha divertido bastante —dijo Hermione rodando los ojos.

—Oh, le aseguro, señorita Granger —le contestó Severus —, que la diversión apenas comienza.

Con eso, sacó su varita y lanzó dos maleficios a Harry y Hermione, haciéndolos volar hasta la pared. Ambos se incorporaron y lo miraron con odio.

—¡Bueno, levántense! —demandó Severus—. Los Mortífagos no esperarán a que se curen las heridas antes de volver a atacarlos.

Hermione y Harry se pusieron de pie rápidamente y comenzaron a lanzarle hechizos a Severus. Fue bastante divertido para ambas partes. Harry y Hermione lograron más tiros de los que normalmente lograban, y Severus sintió que en verdad estaba siendo desafiado en el duelo. Habían estado atacándose entre ellos por un rato cuando Harry y Hermione le lanzaron un hechizo aturdidor a Severus simultáneamente. Él voló hasta la pared y quedó inconsciente.

Ambos estudiantes corrieron con miedo hasta Severus. Compartieron una mirada y luego fijaron su atención en su Profesor, asustados de que pudiera estar herido seriamente, y aún más asustados de lo que les diría cuando despertara.

Un minuto después, Severus gimió y abrió sus ojos. Lo primero que vio fue a Hermione mirándolo con preocupación, y por poco sube su mano para acariciarle el rostro. Por suerte, volvió a la realidad rápido y se dio cuenta que la estaba mirando desde el piso. Suprimió el impulso de atraerla hacia sí y sólo parpadeo, mirándola.

—¿Se encuentra bien, Profesor? —le preguntó ella preocupada.

Su corazón dio un vuelco de nuevo al ver la mirada de preocupación que cruzó sus ojos. Hizo esos sentimientos a un lado y trató de sonreírles a ella y a Harry.

—¡Ahora, eso fue un duelo! —observó, haciendo que sus alumnos le sonrieran de vuelta.

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Severus caminaba deprisa por los corredores. Reflexionó sobre los últimos eventos ocurridos durante la última prueba del Torneo de los Tres Magos. La muerte de Cedric Diggory los horrorizó a todos. La quemazón en el antebrazo de Severus, señalando el regreso del Señor Tenebroso no fue tan sorpresivo para él. Había visto las señales. Ambas Marcas Tenebrosas, la suya y la de Karkaroff, se habían ido definiendo con el paso de los meses.

Se apresuró hacia la oficina del Director. Se había quedado hasta asegurarse que los Aurores hubieron apresado a Barty Crouch Jr. y se lo hubieron llevado. Severus encontró a Harry, hecho un desastre, sentado en una silla frente al escritorio de Dumbledore. El Director le dio una mirada de entendimiento a Severus mientras éste veía a Harry con preocupación.

—Ah, Severus. Me alegro de que llegaras. Necesito atender al papá de Cedric. No te importa quedarte con Harry mientras yo regreso, ¿o sí?

Severus asintió, accediendo, y Dumbledore salió deprisa de su oficina. Severus jaló una silla cerca de Harry y volvió su mirada a él. Pareciera que el chico había ido con Hades y de vuelta en el corto tiempo desde que comenzó la prueba.

—Harry, ¿te encuentras bien?

Harry miró a Severus con miedo en sus ojos. —¡Él ha vuelto! Mató a Cedric. ¡No pude hacer nada! Soy un inútil. Después de todo lo que hemos trabajado, ¡y no pude salvar a nadie!

Severus se movió al borde de la silla y tomó a Harry por los brazos.

—Harry, ya basta. Eso no es tu culpa. Ninguno de nosotros pudo haber imaginado que la copa fuera un Traslador. Fueron tomados por sorpresa. Incluso en mago más poderoso probablemente no habría tenido más oportunidad que tú para hacer nada.

—Está muerto. ¡Debí haberlo salvado!

El agarre de Severus se apretó.

—No, te equivocas. Diggory estaba muerto desde el momento en que tocó ese Traslador. Harry, debes tranquilizarte. No todo está perdido. El Señor Tenebroso apenas regresó, y le tomará tiempo formar su ejército. Podemos usar ese tiempo para más preparación.

—¿Para qué? No valgo nada.

Severus lo sacudió levemente.

—Eso no es verdad. Eres esencial para nuestra victoria porque estás conectado con el Señor Tenebroso. Él te buscará para destruirte. ¡Debes seguir preparándote! Olvídate de esta inútil culpa y sigue entrenando. La próxima vez que te enfrentes a Voldemort, ganarás.

—No puedo hacer esto, Profesor. No puedo pelear contra él. Él ganará, justo como ganó hoy.

Severus suavizó su modo. —Harry, él sólo ganó una batalla, no la guerra. Toma el tiempo que necesites para lamentarte, pero no puedes pensar que eres inútil para esta batalla. Al final, tú serás la llave para su derrota.

Harry estudió a Severus con curiosidad. —¿Cómo sabe eso?

Severus se hizo hacia atrás. Había hablado demasiado. —No puedo decírtelo. Sólo lo sé —masculló.

Harry bajó la vista a su regazo y no dijo nada por un rato. Finalmente miró de nuevo a Severus con determinación.

—Trabajaré el doble de duro, Profesor. No dejaré que me tomen por sorpresa de nuevo.

Severus asintió con la cabeza. —Ese es el chico que sé que puede vencer al Señor Tenebroso.

Severus miraba a Harry. —¿Estarás bien? —preguntó finalmente.

Harry asintió.

—Dumbledore regresará pronto. Temo que si pospongo mi encuentro con el Señor Tenebroso por más tiempo, no sobreviré la noche.

Harry miró a Severus en shock, y luego con enojo. —¿Vas a regresar a él? —exclamó furioso.

Severus colocó su mano sobre el hombro de Harry.

—Ya te expliqué todo esto, Harry. Debo retomar mi posición como espía. Es imperativo que el Señor Tenebroso crea que soy leal a él.

Harry se relajó ante las palabras de Severus y luego lo miró con preocupación.

—¿Y si te lastima? ¿Y si te mata?

Severus suspiró. —Ese es un riesgo que debo tomar. Es parte de mi trabajo ponerme a merced del Señor Tenebroso y su varita.

Harry no pudo controlarse más y arrojó sus brazos alrededor de Severus.

—Tenga cuidado, Profesor. No creo aguantar otra muerte esta noche.

Severus le palmeó la espalda y se separó de él.

—No te preocupes, Harry. El Señor Tenebroso me encontrará más útil vivo que muerto, te lo aseguro.

Harry asintió y Severus se levantó. Él le asintió de vuelta y dio vuelta para salir de la oficina. Sólo esperaba que lo que le aseguró a Harry terminara siendo verdad. El primer encuentro seguro sería el más peligroso. El Señor Tenebroso iba a estar furioso por el retraso de Severus y por su relación con Dumbledore todos estos años. Esperaba poder convencer a su "señor" de que no lo matara.

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Después de asegurarse de la seguridad de Potter, Severus se Apareció donde el Señor Tenebroso. Apareció en el cementerio donde Voldemort había recuperado su cuerpo y miró a su alrededor. Peter Pettigrew estaba parado a un lado de Voldemort, sonriendo maniacamente. El resto de los Mortífagos formaban un círculo alrededor de recién resucitado señor. Haciendo una reverencia, Severus se disculpó por su tardanza.

¡Crucio! —gritó Voldemort a Severus.

Severus cayó al suelo, jadeando de sorpresa y dolor. Su cuerpo convulsionaba por la maldición. Soltó un grito de angustia mientras la maldición recorría su cuerpo. Voldemort finalmente se detuvo.

—Levántate, Severus, y explica tu demora.

—Mi Señor, no podía escapar a lado de Dumbledore sin levantar sospechas. El colegio estaba muy agitado por la muerte del chico. Si yo hubiera desaparecido, Dumbledore hubiera sospechado enseguida que había venido a su lado. Entiendo su cólera ante mi retraso, pero creo que le seré más útil bajo el ojo de Dumbledore que fuera de la escuela.

Voldemort puso los ojos en blanco. —Te has estado cobijando en ese mago durante todos estos años. ¿Cómo puedo saber que estás aquí para mi beneficio? ¡Crucio!

Severus cayó de nuevo al piso, sacudiéndose, pero la maldición no fue tan fuerte. Se incorporó sobre sus rodillas en cuanto Voldemort paró. Inclinó de nuevo su cabeza.

—Mi Señor, la única razón por la que me he quedado en Hogwarts todo este tiempo es para que usted tuviera alguien ahí dentro cuando regresara. He conseguido la amistad del Director. Él no está al tanto de mis verdaderas alianzas. Yo puedo mantenerlo informado de las actividades de Dumbledore, si lo desea.

Voldemort movió su varita entre los dedos y pensó en lo que Severus le acababa de decir.

—¡Mírame! —le ordenó a Severus.

Severus alzó la mirada, y Voldemort se adentró a la mente de Severus. Podía sentirlo recorriendo su mente, viendo su duplicidad contra Dumbledore, y confirmando la veracidad de lo que le había dicho.

—Sí, esto está bien. Esto está muy bien, Severus. Había pensado que te habías vuelto contra mí, pero ahora veo que tú has sido uno de mis más leales durante estos años, esperando, sabiendo que yo regresaría. Has hecho posible para mí espiar a Dumbledore apenas regreso. Esto es excelente.

—Gracias, mi Señor.

—Puedes irte, Severus. Mantenme al día de los planes de ese viejo.

—Lo haré, mi Señor.

Severus se puso de pie y salió del centro del círculo, para poder Desaparecerse. Percibió una figura que lo seguía mientras él se apresuraba al borde del cementerio. Dándose vuelta, vio a Lucius Malfoy siguiéndolo, con expresión sombría.

—Severus, me alegra que por fin aparecieras. Empezaba a preocuparme por ti —le dijo Lucius gravemente.

—¿Qué me perdí? —preguntó Severus.

—Solamente mucho de lo que tú mismo recibiste. Nuestro Señor estaba molesto porque ninguno de nosotros tomó la iniciativa de ayudarlo, salvo Pettigrew.

Severus se mofó. —Pettigrew sólo ve por su propio trasero. No es más que un cobarde asustado. Él vendería al mismo Señor Tenebroso si se sintiera amenazado por alguien más.

Lucius asintió. —Estoy de acuerdo. Creo que el Señor Tenebroso lo sabe también. Él, sin embargo, entiende la utilidad de Pettigrew.

Severus frunció el ceño. Ojalá pudiera matar a esa rata ahí mismo, pero tendría que responder ante Voldemort por tal acción, y no había ninguna razón por la cual él simplemente matara a esa asquerosa criatura que había causado la muerte de Lily.

Lucius continuó la conversación, sin percatarse de las reflexiones de Severus respecto al inútil de Wormtail.

—Me alegra que llagaras cuando lo hiciste, Severus. No sé si el Señor Tenebroso hubiera sido igual de piadoso contigo de haber llegado un poco más tarde.

—A mi me alegra haber podido ayudarlo a entender mis motivos. Estoy ansioso por poder probarme ante él de nuevo, Lucius.

—Como todos nosotros, mi amigo.

Severus asintió y se giró para irse.

—Tú… la… mantendrás a salvo, ¿verdad, Severus? —preguntó Lucius en voz baja.

Severus se volvió de nuevo y le puso los ojos en blanco a Lucius.

—¿A qué quieres llegar, Lucius?

—No dejarás escapar la identidad de la Profesora Granger uno de estos días, ¿o sí, Severus?

Severus arqueó una ceja. —Yo me preocuparía por mi propia mente dejando salir ese pedazo de información si fuera tú, Lucius. Deberás guardar esos pensamientos con cuidado.

—Al igual que tú —estuvo de acuerdo Lucius.

Severus dio un corto asentimiento. —Ella permanecerá a salvo si ambos nos lo guardamos para nosotros. Ahora, debo regresar, antes que Dumbledore se percate de mi ausencia.

Lucius inclinó su cabeza y le sonrió. —Viaja con cuidado, amigo.

—Envíale mis saludos a Narcissa, Lucius. Nos veremos pronto.

Severus giró en su lugar y se Desapareció. Apareció de nuevo en la verja de Hogwarts y entró a la seguridad del colegio. Sacudió la cabeza. Sabía que su Oclumancia era lo suficientemente fuerte para ocultar la identidad de Hermione a su Señor. También sabía que Lucius había estudiado Oclumancia, y estaba seguro que no sería problema para él mantener esa vieja información a salvo. Sólo esperaba que la ignorancia de su Señor sobre Hermione se mantuviera de ese modo.

Si el Señor Tenebroso se acordaba de Hermione en el pasado y preguntaba por la chica con exactamente el mismo nombre, Severus se vería forzado a cubrirla. La única historia lógica sería que Hermione es la hija de la antigua profesora de Hogwarts. La mente de Severus giraba, creando la historia. Debía ser lo suficientemente cercana a la realidad, por si el Señor Tenebroso mandaba a algún Mortífago a investigar, no encontrara nada alarmante.

De pronto se le ocurrió una idea. Si se preguntaba por ella, él haría sonar como si él hubiera investigado a Hermione desde que ella entrara a Hogwarts. La historia sería que Hermione Granger, la profesora, había muerto al dar a luz, y su hermano Muggle y su cuñada se habían adoptado Hermione. Ellos nunca le dijeron eso a Hermione, ya que su madre biológica había dejado claras instrucciones de no hablar sobre su parentesco mágico.

Severus suspiró con alivio ante la mentira. Si alguien quisiera investigar a la chica, ellos sólo encontrarían su verdadera historia, lo que parecería confirmar la historia de Severus, y que ella no sabía su verdadero parentesco. El Señor Tenebroso no tendría entonces ninguna razón por la cual interesarse en ella.

Severus esperaba nunca tener que usar ese cuento. Esperaba que Voldemort estuviera lo suficientemente ocupado reconstruyendo su ejército para siquiera conectar el nombre de una simple estudiante con la joven profesora que se había convertido en su enemiga veinticinco años atrás.

Severus sacudió la cabeza. Las mentiras ya comenzaban. Su vida se había vuelto increíblemente más complicada en las últimas horas. De nuevo se encontraba justo en medio de las cosas, y ya no podía darse el lujo de sentarse a esperar para ver qué sucederá. Era un espía nuevamente. Incluso a él mismo le costaba trabajo saber a quién servía en realidad.


N/A: Siguiente capítulo: La llegada del Monstruoso Sapo Rosa.

Espero que se hayan divertido con este capítulo tanto como yo lo hice. =) Sigan leyendo y dejen reviews. Ustedes son los mejores.

N/T: ¡Lo siento mucho! La escuela me absorbió por completo estos meses, pero ahora, al parecer, tendré más tiempo libre.

¡Muchas gracias por sus reviews! Me animan con la traducción, y me hacen sentir culpable por tardar tanto en terminar los capítulos, jaja.

¿Qué les parece ese juego de Harry al dirigirse a Severus en 1° o 3° persona? A mí me parece bien que Harry, al estar un poco alterado, se olvide un poco de la propiedad y se dirija a él más informalmente. ¿Ustedes qué opinan? También trato de utilizar un lenguaje lo más universal posible, con la menor cantidad de modismos.

Espero que les haya gustado el capítulo =)

Traducción: Daniie Snape Malfoy.