"Me miras... ... ... ... ... ... ... ...y no haces nada"

He aprendido a darme cuenta de la cruda realidad, de verla reflejada en mi persona, de sentir y saber que el sueño ha llegado a su fin dando paso a la inestabilidad. Es triste aceptar la resignación y mas cuando se sabe que es el suicidio diario.

Si todo esto es el resultado de mis errores, no me queda mas que darle paso a la aceptación.

Es demasiado triste despertar cada mañana y recordar que no estas conmigo, pero es mas aun cuando el corazón se niega a reconocerlo y la realidad lo obliga a entrar en razón, sumergiéndolo en agonía y dolor. No me quedan mas que recuerdos, recuerdos que alguna vez fueron hermosos, pero que ahora se han vuelto enemigos en todo su esplendor.

Tu recuerdo me mantiene vivo, pero al ver que no te tengo, me mata sin compasión. Ahora la soledad y la amargura son mi mejor compañía y el cinismo mi mejor consejero. La vida no será como antes, ya nada volverá a ser igual...

Nervioso por lo que podría pasar en tan solo segundos, doy un paso adelante, permitiéndome ver el interior de una casa, de aspecto hogareña, mas no me sorprende, así lo quería ella, demostrando la calidez que según ella un hogar debe poseer, lo se, la conozco tan bien, que hasta me parece un cruel engaño de mi imaginación al saberla conocer, a pesar de que las palabras salen sobrando, siempre sobran entre nosotros.

Escucho a los lejos unos ligeros pasos, apresurados, sus sonidos no son pesados, intrigado miro alrededor de la esplendida sala de estar, mas no veo movimiento alguno, cada vez los escucho mas cerca, rindiéndome en busca del ocasionante de esos sonidos, me dedico a esperar, esperar su llegada, mientras millones de pensamientos amenazan con invadirme, preguntándome si me habré de equivocado de casa……

O tal vez...

Quizas...

Soy yo el que me equivoque murmure al ver una niña pequeña, detenerse abruptamente al ver un hombre en medio de la sala, ese hombre esta inmóvil, sin habla, solo la mira y ella lo mira a el, cautivado queda el al ver semejante belleza, tiene así un rostro inocente pero a la vez muestra un deje de travesía, su pelo negro azabache y su angelical sonrisa llama mi atención, sin mas otra presencia en el cuarto interrumpe el mundo de contemplación que éramos presos la niña y yo, una mujer, de estatura mediana y de paso decidido nota también al hombre que sigue inmóvil, ella al igual que la niña se detiene abruptamente y yo sonrió ligeramente al ver las similares reacciones de las dos, y soy yo el ocasionante.

Alzo la mirada, para encontrar unos cautivadores ojos, ámbares, unos que recordaba hasta delirar, sin embargo ningún detalle pase desapercibo, la mirada es distinta, distinta a mis sueños, distinta de la última vez.

Ella me observa, con la boca ligeramente abierta, su piel paso de ser algo sonrojada a pálida, sus piernas tiemblan imperciblemente, sus carnosos y tentadores labios se secaron un poco, me miraba con asombro, con temor, y se lo que pasa en su cabeza, me reconoce, se ha olvidado de mi, se olvido de sus sentimientos hacia mi, de mi existencia, se olvido de mi aspecto, se ha olvidado de mi, hasta ahora, pero no todo vuelve a ser como antes, ella a cambiado, se nota, se siente.

Cuando estaba a punto de abrir la boca y saludar aunque sea decentemente a pesar de mi deplorable aspecto, empapado hasta los huesos, ensuciando la hermosa sala de estar, pero mi rostro, a pesar que hace unos segundo se encontraba tenso, estaba feliz y ahora solo una mirada, una simple mirada, me trajo al mundo, me enseño la realidad y me sentí idiota por creer que tenia una oportunidad mas, realmente idiota.

La niña de un momento a otro se separo de los brazos de esa mujer y salio corriendo en el mismo camino por el cual llego, y sin mas se perdió de vista, pero la mujer se quedo donde estaba, no movió ni un músculo, ni cuando la niña se fue, no paraba de verme y yo, yo me tome mi tiempo al conectar su mirada otra vez con la mía, mas que todo por que necesitaba reponerme, me preguntaba básicamente que hacia aun ahí, que hacia si ya nada esta a mi alcance, así lo quiere ella, así me lo hizo saber, y otra vez las palabras sobraban.

Justo cuando estaba apunto de irme la preciosa niña volvió a aparecer, pero esta vez no estaba sola, no, un hombre la acompañaba, alto, algo corpulento, al inmediato pensé que era el padre de la niña y ella, ella era su niñera, pero me recrimine a mi mismo, por tratar inútilmente de evitar la realidad, mas no estaba seguro, por eso, seguía o quería seguir creyendo que era su niñera, y ahora me doy cuenta, que mas bien estoy suplicando por que mi estúpida idea sea al menos algo real, una suplica, que no vale la pena escuchar.

Mi hija me dice que eres un vendedor dice el hombre amigablemente, rompiendo el silencio que se había creado, y dando un rápida mirada a la mujer aquella, que lo único que hacia era mirarme, me dispuse a responder, sin embargo pensé muy bien las palabras que emplearía, de seguro algo de información podré sacar, algo que apoye la estúpida idea mía o eso espero.

Eh si...pero al parecer me equivoque, tu...tu esposa claramente me lo hizo entender, con su permiso dije queriendo salir de ahí lo mas pronto posible pero al mismo tiempo quise quedarme, de seguro el hombre reiría y diría alegremente que ella no es su esposa, tal vez mi idea no es tan absurda como creía.
Y en que te equivocastes? Pregunto el hombre con curiosidad, y esas simples palabras me derrumbaron por dentro, no lo negó, será ella su...su..., no, de seguro no le dio mucha importancia, o no me escucho bien, no puede ser así¡No puede ser así!.
De…..de dirección, de camino, si me disculpan estoy algo apurado, es...es muy lejos donde...donde debería estar, muy lejos...termino de decir con un ligero temblor en mi voz, sintiendo saladas gotas recorrer mi rostro notando como la realidad me ha afectado, y agradezco por primera vez la lluvia, por ocultar mi sufrimiento, pero se que ella sabe, se que nunca la he engañado, nunca puedo ocultar mi sentir, lo sabe, pero no se mueve, solo me mira desfallecer, me mira caminar hacia la puerta con pasos pesados, me ve agarrar el picaporte débilmente, me mira pero no cambia su expresión, no cambia su decisión, me mira y me ve llorando, y lo sabe, lo siente, pero no hace nada, nada en lo absoluto.

Me miras y no haces nada.
Me miras y te quedas callada.
Me miras y me dejas partir.

Supongo que este es el adiós...