Dulce Descubrimiento.

Disclaimer: Los personajes pertenecen a Rumiko y la trama es de la propiedad de A(punto)BellaCullen

Gracias por todo su apoyo… las quiero mucho!

Disfruten el segundo capitulo XD

Capítulo Dos. Reflexiones.

Había amanecido un día verdaderamente frío por Tokio. La mujer del tiempo había pronosticado que nevaría. Eso significaba mucho frío, lo odiaba. Salí de mi apartamento para ir a clase, Kouga se había disculpado la noche anterior sorprendentemente y se había ofrecido a recogerme para llevarme a la Universidad.

Cuando bajé se encontraba esperándome en doble fila.

- Buenos días pequeña. - Dijo inclinándose para besarme.

- Buenos días. - Le respondí con una sonrisa.

- ¿Has dormido bien? –

- Sí, aunque he tenido que bajar una manta más, el frío era insoportable. - Él rió.

- Vamos Kagome, tampoco es para tanto. - En seguida se me vino la imagen de Inuyasha, ¿Cómo pasaría él estas noches tan frías en la calle? Me dolía que fuera tan terco, solo quería ayudarle. - ¿En qué piensas? Te has quedado muy callada. - Dijo cogiéndome la mano.

- Nada. - Dije con una sonrisa. - Y mira a la carretera, por favor. –

- Mierda, hay congestión. - Suspiré, delante de nosotros se había formado una larga fila de coches.

- A veces es mejor coger el Metro. –

- Vamos a llegar tarde. - Resopló.

- Bueno ¿Qué más te da? No es la primera clase que te saltas… Desde que estamos juntos has faltado a bastantes. - Me pareció notar que se tensó de repente. - Sobre todo estas dos últimas semanas. –

- Bueno ya sabes… a veces se me pegan las sábanas. - Dijo tartamudeando.

- Ah claro, las sábanas. –

Me quedé mirando por la ventana. Suspiré. No me gustaba llegar tarde a ningún sitio y menos a la Universidad, odiaba entrar en clase cuando el profesor había comenzado. Eso significaba hacer ruido mientras entraba y me sentaba y perderme la primera parte de los apuntes, que aunque podía pedírselos a mis compañeros, prefería mil veces los míos. Pronto se tapó todo el cielo, no dejando al descubierto ningún trozo azul o más bien gris, por el día que hacía, y comenzaron a caer unas gotitas. Perfecto, odiaba la lluvia, menos mal que estaba dentro del coche. Bufé.

- ¿Qué pasa? - Preguntó Kouga.

- Nada… ahora también nos vamos a mojar. - Dije mirando al frente y frunciendo los labios. Kouga se rió.

- No pasa nada, llevo un paraguas en el asiento de atrás. –

- Igualmente, los paraguas no evitan que los pantalones se mojen. –

- Pero Kagome, si solo caen pequeñas gotas de agua. - Entonces el cielo pareció escucharlo, pues comenzó a enfurecerse por segundos y las gotas finas engordaron cayendo con más fuerza. Volví a resoplar y miré por la ventana, ya casi habíamos llegado.

Entré empapada al edificio, el viento y el agua se habían ensañado con nosotros. Mi cabello parecía una fregona y mis pantalones se habían pegado por completo a mi cuerpo. Me estaba muriendo de frío literalmente.

- ¿Sería mejor volver a casa? - Preguntó lo más inocentemente que pudo. Lo fulminé con la mirada, desde luego hoy parecía no ser mi día, pero no iba a pagarlo con él.

- Creo que sería lo mejor, mira como estoy. - Dije escurriendo mi pelo. Kouga se acercó.

- Pues yo te encuentro muy sexy con tus pantalones tan adheridos… - Me besó dulcemente en la mejilla.

- Kouga… creo que no es el lugar… - Dije apartándome lentamente.

- Pues vamos a tu casa. - Agregó guiñándome el ojo. Elevé las cejas.

- Sí, necesito quitarme esto. –

Volvimos en silencio hasta mi apartamento, mi humor se había vuelto oscuro, casi negro, así que prefería que él no me hablara, sería capaz de arruinarlo todo. Bajé del coche sin paraguas, ya que "el paraguas" de Kouga, el cual era demasiado frágil para soportar el viento, se había roto al llegar a la Universidad. Pero ya no me importaba, estaba empapada. Abrí mi apartamento con urgencia y pasamos.

- Voy a ducharme en seguida, necesito entrar en calor. - Le dije a él, quien asintió y se sentó cogiendo el mando de la televisión para ponerla, podía escucharla de fondo.

"…4 accidentes de coche a las afueras de Tokio, aunque no podemos confirmar todavía si las víctimas han fallecido. Se pide a los ciudadanos que no dejen sus viviendas ya que se acerca un temporal peligroso y pueden resultar heridos. Se esperan fuertes vientos huracanados y lluvias torrenciales para los 3 próximos días."

Cerré con llave la puerta del baño, sabía que Kouga no intentaría pasar, pero… tampoco quería tentar a mi suerte. La mujer del telediario había hecho que Inuyasha viniese a mi cabeza. Él estaba solo, en la calle, sin un refugio donde resguardarse del frío, de las lluvias que se avecinaban y del fuerte viento. Comencé a preocuparme seriamente, ¿por qué tenía que ponerlo todo tan difícil?

Abrí el grifo cuando me adentré en la bañera y dejé que el agua caliente recorriera toda mi piel calentándola y haciéndome sentir mejor. Cerré los ojos ante el estado de bienestar en el que me encontraba sumergida, pero mis pensamientos seguían con Inuyasha, ¿Qué estaría haciendo? ¿Dónde estaría resguardado? ¿Es que lo estaría? Suspiré. Tenía que hacer algo para convencerle.

Después de unos minutos me di cuenta de que estaba siendo realmente egoísta con Kouga, no me había dado cuenta del tiempo que llevaba metida en la ducha. Kouga también necesitaba calentarse y cambiarse de ropa rápidamente si no quería resfriarse. Cerré el grifo cuando acabé y salí para coger la toalla con tan mala suerte que al poner mi pie derecho mojado sobre el suelo resbalé y perdí un poco el equilibrio. Menos mal que el lavabo estaba cerca y pude aguantarme, pero de mi boca salió un grito ahogado.

- Kagome, ¿Estás bien? - Preguntó preocupado tocando la puerta con los nudillos.

- Sí, sí, no te preocupes ahora salgo. - No me contestó, supuse que había vuelto al sofá.

Me vestí lo más rápido que pude y me peiné. Me secaría el pelo en mi habitación para dejar el baño libre para Kouga. Salí con la toalla en la mano.

- Puedes entrar. - Dije dirigiéndome hacia mi habitación. Él me siguió para coger su ropa. Kouga no vivía conmigo, pero a veces se quedaba a dormir y había traído algunas prendas por si se quedaba un fin de semana o algo así.

- Has sido rápida. –

- No quería que esperaras mucho y pudieras resfriarte. - Sentí como sus brazos se tensaban alrededor de mi cintura y la humedad de sus ropas traspasó mi camiseta.

- Ay, Kouga, me acabo de duchar. - Dije un poco fastidiada, intentando separarle de mí. Él puso los ojos en blanco, bastante serio y salió directo al baño.

Abrí mi armario y cogí el secador que se encontraba en la estantería de abajo, lo enchufé y me puse frente al tocador para secar mi pelo. El aire del secador era caliente y me reconfortaba también, aunque debía admitir que la vibración de mi viejo secador provocaba un cosquilleo en mi mano que no me gustaba tanto.

Inuyasha volvió a mi mente cuando un relámpago calló y el agua amenazaba con romper los cristales de la ventana de mi habitación. Noté como mi pecho y mi estómago se contraían cuando un enorme trueno sonó, ¿Qué estaría haciendo? Me sentía realmente inútil, no sabía como dar con él.

De repente escuché de fondo al sonido de mi secador un fuerte portazo, en seguida lo dejé sobre la mesa y me dirigí hacia el recibidor, la puerta estaba cerrada, miré en todas las direcciones y no vi nada. Resignada me dirigí hacia mi dormitorio otra vez, pero al pasar por el pasillo me encontré la puerta del baño abierta y la luz apagada. Kouga se había ido, perfecto, ¿Podía salirme algo peor en este día?

- ¿Sí? - Respondió mi amiga cuando la llamé a su móvil. Necesitaba hablar con alguien y quitarme la preocupación de encima.

- Hola Sango, ¿Cómo estás? –

- ¡Kagome! ¿Por qué no has venido a clase? - Dijo riñéndome, sonreí al imaginarme su cara enfadada.

- Bueno, es que me he empapado cuando he llegado al edificio. –

- Pues habrás llegado tarde, por que yo no he tenido ningún problema. –

- Sí, es que había congestión de tráfico por la autopista. –

- Ah, claro. ¿Estás con Kouga? - Fruncí el ceño.

- Ni me lo menciones. - Solté antipáticamente.

- ¿Qué ha pasado esta vez? - Ella también estaba acostumbrada a oír mis problemas al igual que Inuyasha.

- Nada… estoy replanteándome lo de Kouga… - Dije fríamente.

- ¿Piensas dejarlo? –

- A veces creo que sería lo mejor. –

- Oye Kagome, lo siento pero tengo que dejarte, acaba de llegar el profesor. –

- Bueno, no te preocupes Sango, después hablamos. –

- Vale gracias Kagome. –

- Un beso. - Colgué.

Me tumbé en mi pequeño sofá, no tenía nada que hacer. Bueno, en realidad, podía empezar varios trabajos que tenía pendientes, pero no era el día ideal para hacerlos. No estaba fresca, mi mente vagabundeaba, buscando respuestas al comportamiento de Kouga. Era tan infantil… A lo mejor me había comportado un poco borde, pero me acababa de duchar, ¿Qué quería? Suspiré, notando como las lágrimas se agolpaban en mis ojos.

Kouga había sido todo cuanto había soñado, solía portarse bien conmigo cuando éramos solo amigos, ¿por qué ahora que éramos novios tenía que comportarse así? No se portaba mal, pero no dejaba de tener ese comportamiento irritante. Estaba segura que dos meses atrás si le hubiese apartado por que me estaba mojando, se habría disculpado y hubiese actuado como si nada.

La luz del comedor se apagó de repente unos segundos antes de que sonara un trueno tan fuerte que me pareció escuchar vibrar la puerta del balcón. Inuyasha, volví a pensar. Necesitaba hablar con él. Abracé el cojín más fuerte intentando aguantar las lágrimas que pretendían desbordarse por mis ojos. Un trueno más y otro. No pude luchar más contra ellas y me ganaron. Comencé a llorar abundantemente, mi cara se encontraba mojada en segundos y mis manos no podían secar las lágrimas ya que se encontraban en el mismo estado. Pensé en levantarme para coger un paquete de clínex, pero no quería tentar a mi suerte, estaba todo oscuro y no podía ver nada, lo mejor sería esperar a que la luz volviese. Así que me quedé sollozando tumbada en el sofá y abrazada a mi cojín preferido hasta que el sueño hizo acto de presencia.

Sin darme cuenta, comencé a soñar. Estaba en un lugar verde, lleno de flores y árboles frutales, el sol resplandecía y la temperatura era cálida. Yo me encontraba sentada sobre la hierba con mi mano derecha entrelazada con la de Kouga, mirando al horizonte.

- Es hermoso. - Susurré, pero Kouga no contestó, entonces le miré.

Tenía el rostro serio, sus facciones se habían endurecido de tal manera que casi no podía reconocerlo, giró su cuello hasta que me clavó sus ojos azules, tan azules como el cielo, pero con furia en ellos. Su mano se alejó de la mía.

- No te quiero. - Dijo en voz alta con la misma expresión en su cara. No podía dar crédito a lo que mis oídos estaban escuchando. Noté como las lágrimas afloraban una vez más, tanto que dejé de distinguir su rostro. No podía hablar, la voz no me salía.

Entonces escuché una voz a lo lejos, muy bajita, casi imperceptible, pero cálida y dulce como ella sola, parecía la voz de un ángel.

- No estás sola Kagome, siempre estaré contigo. - Miré por todas partes, pero no vi a nadie.

El sol seguía calentando lo suficiente, ni más ni menos, notaba como la suave brisa acariciaba mi piel y sentía moverse la hierba a la altura de mis muñecas, las cuales yacían apoyadas sobre la misma. Asustada, volví a girarme buscando a Kouga, pero para mi sorpresa él ya no estaba allí, había alguien, pero no podía verle con claridad. Intenté forzar mi vista, pero era imposible, jamás lograría averiguar de quien se trataba.

La luz se encendió de golpe y me desperté de sopetón jadeante, con mi rostro humedecido, debido a las lágrimas. Comencé a sollozar más fuerte cuando Kouga volvió a mi pensamiento. ¿Qué debía hacer? ¿Debía dejarle? ¿Realmente quería una relación de este tipo? Kouga había sido lo que más había querido pero ¿Lo quería ahora de esta manera? Para mí él había cambiado, no era el que conocí.

Me levanté del sofá y me dirigí a mi habitación lentamente, abrí el cajón de mi mesita de noche y cogí la linterna que escondía en él, por si acaso la luz volvía a irse. Después me fui a la cocina y me preparé un poco de café, necesitaba algo caliente.

Mientras el café se hacía, fregué un par de platos que se encontraban sucios de esta mañana cuando desayuné y recogí un poco el comedor. Kouga había dejado la funda del sofá casi por el suelo. ¿Qué estaría haciendo Inuyasha? Pensé de repente. Él se había vuelto el confidente de todos mis secretos, y ahora sí que podía decir que de TODOS. Un calor delatante comenzó a subir hasta mi rostro al recordar mi secreto más íntimo y el que con mayor esfuerzo guardaba. Sonreí, me agradaba mucho tener tanta confianza con él, merecía la pena.

Lo único que me molestaba era que fuera tan orgulloso, no aceptaba mi ayuda, no lo entendía. La verdad es que no me importaba si al instalarse en mi apartamento no trabajaba desde el principio, podría mantenerlo con el poco dinero que me pasaban mis padres al mes, hasta que sus ideas estuvieran claras y diera un paso al frente. Ya se sabe donde comen 2 comen 3, así que no habría ningún inconveniente. Yo le ayudaría en todo lo necesario, quería estar ahí.

Me gustaría verle bien vestido, alegre, sonriendo, con su pelo corto y afeitado, pero sobretodo, deseaba ver por sobre todas las cosas unos ojos ámbar llenos de vida. Ámbar y no grises, que al mirarle ya no viera miedo ni dolor, solo a Inuyasha, ese Inuyasha que estaba perdido.

Olvidé mis pensamientos en cuanto escuché que el café ya estaba listo, la cafetera hacía un ruido bastante raro, debía mirar otra.

Cogí la manopla y la dejé sobre la encimera. Me puse de puntillas para coger una taza y vertí un poco de café en ella para luego añadir un poco de leche fría. Cogí el azucarero y añadí 3 cucharadas de azúcar, me gustaba el café muy dulce.

Cogí mi taza y me dirigí al sofá para encender la televisión. La lluvia no cesaba y podía escuchar el violento silbido del viento. Me estremecí, así que dejé la taza sobre la mesita del centro para ir a por una mantita de viaje a mi dormitorio. Pero cuando fui a cogerla tocaron el timbre, en seguida en mi mente como si hubieran encendido un interruptor, saltó el nombre de Kouga.

Mi corazón comenzó a latir locamente, mientras pedía que por favor fuera él, que no me obligara a pensar en dejarle, que reflexionara sobre sus errores, y que fuera capaz de madurar un poco más, solo quería eso.

Llegué a la puerta y abrí de repente, pero mis ojos se abrieron sorprendidos al ver a la persona que se encontraba frente a mí, no podía creerlo.

- Kagome… - Murmuró con sus dientes castañeando a causa del frío.

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Hola gente linda…

Que les pareció el capitulo ¿?

Kouga esta cavando sus propia tumba jajaja pobre…

No encuentran ustedes que Kag piensa mucho en nuestro vagabundo favorito ¿?

Y mas importante aun quien creen ustedes es la persona que toco el timbre ¿Será Kouga? ¿Sango? ¿Miroku? [quien aun no hace aparición] ¿Seré yo…? que voy de invitada especial para contarle pequeños secretitos a Kag sobre los hecho del futuro en el fic como recompensa por el apoyo que me han estado dando tan fielmente ñ_ñ pues quien sabe.

Nos vemos en el próximo capitulo no se olviden de dejarme sus reviews y yo les presto una noche a Inu XD bye