Dulce Descubrimiento.

Disclaimer: Los personajes pertenecen a Rumiko y la trama es de la propiedad de A(punto)BellaCullen

_:::::::::::_

IMPORTANTE LEAN ABAJO =)

_:::Capítulo Tres. En Picada:::_

Eso dicen, que cuando menos te lo esperas va la vida y te sorprende. Y eso era justamente lo que yo acababa de verificar.

Inuyasha se encontraba en mi apartamento. Aunque bueno no precisamente como a mí me hubiese gustado, claro. Se encontraba sentado con sus piernas abrazadas y su espalda apoyada en la pared contigua a la puerta del recibidor.

- Lo si… sien… to.- Se limitó a tartamudear antes de pasar el umbral.

Desde entonces no había vuelto a articular palabra. Y no hacía falta cuanto le hubiese preguntado o dicho porque no me contestaba. Él seguía ahí con sus brazos abrazados a sus piernas y su cabeza agachada, en señal de remordimiento. Solo alcanzaba a escuchar su respiración entrecortada a causa del frío, que se iba regularizando gradualmente a medida que pasaban los minutos. Por lo menos me había dejado prestarle una manta para sustituir a su ahora empapada chaqueta, la cual había metido directamente en el cubo de basura. No saldría de mi apartamento con la misma ropa, me lo había propuesto.

Estábamos los dos en silencio. Él seguía sentando en el suelo y yo me había sentado en frente suyo envuelta en una manta, con mi mirada clavada en él, pero no lograba que su cabeza se irguiera, seguía igual.

Un trueno hizo que mi cuerpo pegara un brinco y soltara un audible gemido de miedo, lo sentía mucho pero no podía negar que las tormentas me asustaban y más si eran tan fuertes, no había parado desde esta mañana. Entonces Inuyasha subió su rostro de repente para fijar su mirada preocupada en mí.

- ¿Estás bien? - Murmuró con un deje de interés que pretendía esconder, pero que para mí no pasó desapercibido.

- Ahora estoy mejor. Por lo menos me has dirigido la palabra. - Dije con una leve sonrisa. Suspiró y se llevó las manos a la cara.

- Lo siento Kagome de verdad, yo no quería acabar aquí… pero… es que… - Me di cuenta de que de alguna manera se estaba intentando disculpar por haber venido a mi apartamento pidiendo ayuda, era ridículo.

- Necesitabas que te echara una mano, y eso no es malo, ¿para que están los amigos? Después de tanto tiempo pidiéndote que por favor vinieras a vivir a mi apartamento, parece que por fin has aceptado y eso me satisface mucho.- Le regale una amplia sonrisa. Pero Inuyasha esquivó el contacto con mi mirada y se quedó pensativo unos segundos, después volvió a mirarme con esos ojos llenos de tristeza y temor.

- No he venido para quedarme… - Susurró. Preferí quedarme callada para que me diera una buena explicación.- Sé que tienes muy buenas intenciones de ayudarme y que realmente no significaría una carga para ti si yo decidiese recibir tu ayuda, pero aunque te estoy gratamente agradecido no puedo aceptarla.

- Pero… ¿Por qué? ¿Acaso es que no te caigo bien? - Pregunté frunciendo el ceño.

- No seas tonta Kagome, eres la mejor persona con la que me he topado nunca, pero entiéndeme no puedo hacerlo. Primero porque no tengo por que venir a molestarte. Tú llevas tu propia vida, estás independizada y no necesitas que venga alguien a eliminar de alguna manera tu intimidad.- Abrí mi boca para intervenir pero no me dejó ya que continuó con su discurso.- Y segundo, tienes novio y la verdad no quiero meterme en problemas con él, solo por las dos veces que lo habré visto parece ser que no le he causado muy buena impresión, aunque bueno es normal. ¿Qué impresión va a causar un apestoso vagabundo? –

- ¡Calla! No sigas, ¿es que no lo ves? ¿Te gusta hacerte daño? ¿Nunca te han dicho que lo mejor se encuentra en el interior de las personas? Lo tuyo es una fachada, una sucia fachada que insistes en ensuciar cada día más y que ambientas con el peor perfume que venden en el mercado, ¿Para qué? ¿Para evitar que las personas se acerquen a ti y puedas sentirte alguna vez querido? ¿Lo haces para impedir que alguien pueda hacerte daño? - Hice una pausa.- De verdad, no lo entiendo. ¿Preferirías que no me preocupara por ti? - Dije ahora con un tono de resentimiento en la voz, no resentimiento por él, si no por la situación en la que me encontraba más que nada. Inuyasha dulcificó su mirada y pude notar como sus cejas se ceñían en señal de arrepentimiento.

- Lo siento Kagome, no quería hacerte sentir mal. - Esperé a que siguiera, pero Inuyasha se había callado.

- Lo de Kouga es una tontería, él sabe que le quiero, jamás le sería infiel. Si me quiere tiene que aceptar a mis amigos tal y como son.- Dije en tono tranquilo. Inuyasha hizo una mueca de desacuerdo. - Lo digo en serio. Si me quiere, debe confiar en mí. - Seguía callado.

Decidí no hablar más sobre el tema, pensé que quizás necesitaba meditar sobre todo lo que le acababa de decir. Tenía que entender que era lo mejor para él. Inuyasha necesitaba una persona que apostara por él y esa persona era yo. Estaba convencida de que si lo intentaba y se lo propusiera podría salir adelante.

Los minutos pasaban e Inuyasha ahora había estirado sus piernas ya un poco más relajado, pero su mirada seguía clavada en las baldosas del recibidor, mientras yo seguía envuelta en una manta. Decidí levantarme para calentar un poco de café para los dos. El tiempo seguía igual, ¿Cuándo iba a parar este temporal?

Cogí la bandeja de uno de los muebles de la cocina para que me ayudara a llevar las dos tazas, la leche, el azucarero y la pequeña cafetera. Lo puse entre los dos y volví a sentarme en frente suyo.

- No es necesario que te sientes conmigo en el suelo.- Murmuró.

- Bueno… no es necesario que tú te sientes en el suelo, afortunadamente cuento con bastantes sillas y un par de sofás, pero si prefieres sentarte en el suelo yo quiero acompañarte.- Dije con una sonrisa. - ¿Te gusta muy negro el café? –

- No mucho.- Asentí.

- ¿Azúcar? –

- 3 cucharadas.- Respondió después de unos segundos. Sonreí y le miré.

- Yo también le pongo 3. -

Por primera vez en todo el tiempo que le conocía quise notar como si las comisuras de sus labios quisieran alzarse para sonreír, pero solo me pareció que quería hacerlo. Quizás sería algo que pudiera conseguir si aceptaba mi oferta, ayudar a Inuyasha a sonreír. Me llenaría de satisfacción.

El teléfono sonó de repente provocando que tuviéramos que romper nuestro contacto visual.

- ¿Sí? - Respondí.

-¡Kagome, niña, por fin puedo hablar contigo! –

- Hola mamá. –

- ¿Estás bien? La tormenta me tiene muy preocupada por ti, ya sabes que si quieres puedes venir a casa, quizás te sientas mejor y haces que no me esté preguntando a cada segundo por ti.- Sonreí.

- Gracias mamá, pero estoy muy bien, las tormentas me asustan pero creo que podré superarlo.- Dije animadamente y riendo al final.

- ¿Estás con Kouga? - Sentí de repente como la sangre huía de mi rostro, recordando todo lo que había pasado anteriormente con Kouga. Desde que Inuyasha había llegado no había vuelto a pensar sobre nuestro pequeño enfado. Pequeño enfado que me había dejado bastante mal, aunque podría asegurar que mis lágrimas y mi mal estado se debían al mal tiempo que hacía también.

- No, Kouga se ha ido hace bastante tiempo. - Dije algo desanimada.

- ¿Entonces estás sola? Puedo ir a acompañarte si quieres. –

- Ah no mamá, no te preocupes. Además preferiría que salieses lo justo de casa. –

- Bueno como quieras.- Nos quedamos en silencio durante unos segundos.

- ¿El abuelo esta bien? –

- Sí, como siempre. –

- Bueno, pues te dejo. –

- Muy bien Kagome, cuídate y si necesitas algo por favor llama en seguida.- Sonreí.

- Sí mamá, gracias, te quiero. –

- Y yo pequeña. - Colgamos. Suspiré. Dejé el teléfono encima del mueble de la televisión y me giré para observar a Inuyasha quien me estaba mirando.

- Era mi madre. –

- Lo he supuesto.- Caminé hasta sentarme a su lado apoyando mi espalda en la pared al igual que él y colocándome bien la manta para que me tapara lo máximo posible.

- ¿Qué ha pasado con Kouga? - Me quedé en silencio por unos segundos, ¿Cómo…? - Es que cuando hablabas con tu madre sobre él me ha parecido notar tristeza en tu voz. - Me quedé en silencio, Inuyasha me conocía mejor de lo que me esperaba. Podía compararlo con Sango, aunque tenía que admitir que a Sango ese detalle a lo mejor le habría pasado por alto.

- Se ha vuelto a enfadar.- Dije clavando mi mirada al frente.

- ¿Qué ha sido esta vez? –

- La verdad, es que una tontería. - Dije agachando la cabeza. - No debería enfadarse. - Hubo un silencio mayor que el anterior.

- ¿Has vuelto a bromear con él? –

- No… es que me acababa de duchar, me ha intentado abrazar con la ropa húmeda y me he quejado un poco. - Mi tono de voz había bajado bastante.

- Entiendo… Quizás deberías hablar con él –

- ¿Crees que hice mal en quejarme? –

- Si te molestaba no.- Hizo una pequeña pausa. - ¿Cuánto hace que os conocéis? ¿Dos años? Creo que debería conocerte lo suficiente como para saber lo que te molesta y lo que no. Si te quiere debería esforzarse en hacerte sentir bien siempre. –

- Como tú.- No pude evitar decir con una sonrisa. Noté como se envaró.

- Es sorprendente que un vagabundo pueda hacer sentir bien a alguien, sobretodo cuando casi todo el mundo se aleja de mí, más que nada por mi olor y mi aspecto. La excepción eres tú.- Dijo después de unos segundos.

- ¿Yo? - Asintió. Eso me hizo recordar que me dijo que se había enamorado de alguien, entonces si yo era la excepción, ¿De quien podría estar enamorado Inuyasha? Naturalmente que de mí no, pero ¿Entonces?

-¿Kagome? Te has quedado muy pensativa. –

- Ah, no me hagas caso. -

- ¿Vas a llamar a Kouga? -

- No… -

- Mejor, tienes que hacerte valer. -

Preferí no decir nada ante eso ya que él era el primero que tenía que hacerse valer y no ante otra persona, si no ante él mismo. La tarde transcurrió placenteramente. Inuyasha y yo hablábamos como si fuésemos viejos amigos, dos viejos amigos con una confianza increíble. Me encantaba hablar con Inuyasha. Me sentía escuchada, comprendida, valorada. No me sentía así con nadie, exceptuando a Sango. Aunque bueno ella y yo tampoco llevábamos la misma relación desde que ella empezó su relación con Miroku y yo con Kouga.

Es ley de vida, pero Sango y yo nos queríamos a morir, siempre la había considerado mi hermana. Nos conocíamos desde los 3 años, cuando nuestros padres decidieron llevarnos a la misma guardería y como si el destino pretendiera algo, como siempre, hizo que nuestros padres comenzaran una estrecha relación amistosa.

Sonreí cuando leí su nombre en la pantalla de mi móvil llamándome. Sango era menuda, con sus grandes ojos color avellana y su cabello oscuro y largo peinado en una coleta baja, debía admitir que le sentaba muy bien. Su nariz era pequeña y fina y sus labios gruesos y carnosos. Éramos todo lo contrario, yo era de lo más normal.

Mi cabello azabache era medianamente corto, terminando con mis puntas algo onduladas, mi cara era más bien alargada, mi nariz es fina y algo larga, mis labios ni muy gruesos ni muy finos, aunque el superior estaba un poco más relleno que el inferior y sobresalía de manera notoria y mis ojos eran de un profundo color marrón chocolate. Mi piel era bastante blanca, muchas veces me habían comparado con la leche y era bastante delgada, a veces me quejaba por no tener las curvas, características en las mujeres, definidas.

Tampoco vestía como Sango. Ella siempre era la que intentaba que yo vistiera un poco mejor ante su perspectiva. Yo solía vestir cómoda, unos vaqueros y un suéter o una camisa eran suficientes, no tenía por qué vestirme demasiado para ir a clase o salir a comprar. En cambio ella siempre iba conjuntada y guapísima.

Y en cuanto a nuestra manera de ser, mejor ni comparábamos. A mí no me gustaba llamar la atención en absoluto, mientras que a ella solía encantarle. Disfrutaba sin malicia cuando otras chicas en la universidad le miraban con envidia. A mi eso no me importaba, prefería pasar desapercibida.

Sango me había llamado para hablar conmigo sobre Kouga. Naturalmente la había dejado preocupada cuando tuve que colgar esta mañana. Como siempre, Sango insistía en que fuera fuerte y no dejara que Kouga hiciera conmigo lo que quisiera. Sango había sido testigo de lo amigos que habíamos sido durante dos años y como en un mes las cosas habían cambiado tan sorprendentemente.

Me sentía muy afortunada por tener tan buenos amigos como Sango e Inuyasha. Realmente era lo que me mantenía en pie cada día, el cariño de la gente a la que le importaba, contando a mis padres, a mi hermano Sesshomaru y su novia Rin, a los que aunque no veía muy habitualmente sabía que estaban ahí para lo que quisiera. Kouga se había llevado la mayor parte de ese mérito, pero a partir de las últimas dos semanas me estaba empezando a cansar su actitud de niño malcriado.

Vivía en casa de sus padres, en un chalet alejado de la ciudad. Tenía que decir que Kouga nunca me había llevado a verlos, ni antes ni después de empezar a salir. Siempre se lo recordaba, pero por último me parecía que me estaba dando largas, así que decidí no repetírselo más y esperar a que saliera la invitación de él, aunque en mi interior sabía que si tenía que esperar tendría que sacar a lucir toda mi paciencia.

La noche llegó sin darnos cuenta ya que durante todo el día había tenido las persianas hasta abajo, así que decidí ponerme manos a la obra y hacer algo para cenar. Me decanté por hacer un par de lenguados a la plancha y picar un poco de ensalada.

Conseguí convencer a Inuyasha que se sentara en la mesa, a pesar de que insistía en comer sentado en el suelo. Cuando terminamos llevé los platos al fregadero y recogí la mesa después de que Inuyasha volviera al lugar del principio.

- ¿Piensas dormir ahí? - Pregunté adivinando sus intenciones.

- Claro, no pienso molestarte mucho, cuando el temporal se acabe me largaré. - Dijo mientras se recostaba sobre el suelo envuelto en la manta que le había prestado.

- De eso ni hablar, te vas a quedar aquí conmigo. - Pude observar como ponía los ojos en blanco con fastidio.

- Kagome, ya lo hemos hablado. -

- Lo sé, pero no entras en razón. Quiero ayudarte, toma mi ayuda. - Inuyasha cerró los ojos con el ceño fruncido. - ¿Lo vas consultar con la almohada esta noche, al menos? -

- Está bien. - Susurró serenamente mirándome después de unos segundos. Cerró los ojos acurrucándose mejor, me imaginé para estar más caliente.

Entonces se me ocurrió una idea. Sin decirle nada, me dirigí rápidamente a mi cuarto, me puse mi pijama polar, cogí un par de mantas que tenía guardadas en mi armario, de esas bien calientes y quité el nórdico que yacía sobre mi colchón, cogí mi almohada y me encaminé hacía donde estaba Inuyasha. Lo tiré todo en el suelo y comencé a tender una manta, colocándola en el suelo para que no quedaran arrugas.

- ¿Qué haces? - Preguntó un Inuyasha confuso con su ceño fruncido. Sonreí.

- ¿Tú que crees? Pienso dormir aquí. - Dije tranquilamente.

- ¿Qué? No, no pienso permitir que duermas aquí teniendo una cama en tu habitación. - Dijo irguiéndose.

- Entonces, tú también dormirás en una cama. - Negó con la cabeza. - Pues ya sabes, es lo que hay. Tú eres terco, pero yo lo voy a ser más. - Le ofrecí una manta, pero me ignoró y volvió a tumbarse sobre el suelo, con el ceño fruncido.

- Esto es frustrante. - Murmuró.

- Más frustrante es que no aceptes mi ayuda. - Respondí, pero él no me contestó. Seguí colocando la otra manta y me tumbé. Coloqué el nórdico sobre mi cuerpo y lo dirigí hacia Inuyasha para taparlo también, pero me hizo un gesto con la mano para que no lo hiciera. - Vale, pero ¿me aceptarás un poco de almohada no? -

- No, después no habrá manera de desinfectarla. - No pude evitar soltar una carcajada.

- Entonces acepta un cojín al menos. - Puso los ojos en blanco.

- Esta bien. - Me levanté para cogerle un cojín del sofá, mi preferido y se lo di. - Gracias. - Ahora ya me había quedado un poco más conforme, pero no del todo. Estiré mi mano para darle al interruptor de la luz.

- Buenas noches Inuyasha. -

- Buenas noches. -

No pude evitar dormir tranquila y feliz por el hecho de que Inuyasha estuviera durmiendo bajo el mismo techo que le había ofrecido tantas veces. ¿Quién sabe lo que hubiese pasado si hubiese decidido quedarse en la calle toda la noche? Por lo menos me había asegurado que se quedaría refugiado aquí todo el temporal y aunque no me gustaba del todo la idea podía dormir más tranquila pensando en que ahora no iba a estar solo por la calle. Estos días intentaría sacar el tema de que se decidiera a venir a vivir aquí conmigo, pero sabía que lo tenía muy difícil si pretendía que Inuyasha diera su brazo a torcer.

Me prohibí el hecho de pensar en Kouga durante el tiempo en que intentaba quedarme dormida. Si me quería vendría a disculparse y a corregir que la culpa no era mía, si no que su comportamiento era extremadamente infantil algunas veces. Es más, si me quería tendría que aceptar que Inuyasha era mi amigo y que yo quería ayudarle por lo mismo.

Me desperté en la oscuridad con un gran dolor por todo mi cuerpo a causa de haber dormido en el suelo. Comencé a estirarme notándolo sobretodo en todas mis articulaciones, las cuales parecían haberse oxidado y necesitar aceite para engrasarlas. Suspiré y me giré hacia el otro lado donde pude ver el bulto perteneciente a Inuyasha. Giré mi rostro hacia el interior del comedor donde lucía un gran reloj digital. Las 10:30 de la mañana, claro todo estaba oscuro porque había bajado las persianas a tope, pero todavía podía oír la lluvia fuera y el viento. No eran tan fuertes como la noche pasada pero aún se notaba.

Me acordé de repente que no me había traído el despertador para levantarme e ir a la Universidad, aunque bueno con este temporal no apetecía mucho, ya le pediría a Sango los apuntes. Me erguí para sentarme en el suelo y noté como Inuyasha se removía bajo la manta.

- Buenos días. - Murmuró con voz adormilada.

- Hola. - Dije muy animada. - ¿Has dormido bien? -

- Sí, mejor que en mucho tiempo.- Dijo antes de aclararse la garganta. - Gracias. -

- No tienes por qué darme las gracias, para algo están los amigos. -

Como imaginé Inuyasha no dijo nada más, así que decidí abrir un poco las persianas para ver como había amanecido. La mañana era gris, no peor que el día anterior pero aún era peligroso salir. El viento soplaba con fuerza y la lluvia golpeaba los cristales con ímpetu. Fue entonces cuando escuché unas llaves abrir la puerta de la entrada. Me quedé estática por unos segundos… ¿Sería mi madre? ¿Qué pensaría al ver a Inuyasha? Me encaminé rápidamente hacia el lugar mientras Inuyasha se sentaba y flexionaba sus piernas para abrazárselas. Llegué a tiempo.

- ¡Uy! Hola pequeña. - Se asustó Kouga al no esperarme ahí. Yo por mi parte abrí los ojos como platos, lo último que me esperaba era que él acudiera a mi apartamento.

-¡Kouga! - Grité y me colgué de su cuello. - ¡Has venido! - Le besé en los labios.

- Vaya que recibimiento. - Dijo mirándome fijamente a los ojos, aún seguíamos en el umbral de la puerta. Sonreí, pero él no me respondió.- Kagome… lo siento, me comporté como un imbécil la última vez que estuve por aquí. - Puse uno de mis dedos en sus labios.

- No importa, lo importante es que estás aquí. - Nos quedamos mirando durante algunos segundos.

- Bueno… y… ¿no me vas a dejar pasar?, hace mucho frío aquí fuera. - De repente me acordé de que no sería una buena idea de que entrara, Inuyasha seguía dentro. ¿Pero qué podía hacer?

- Sí, claro. - Pero cuando me cogió de la cintura para empujarme hacia el interior intenté frenarlo. – Espera... -

- ¿Pasa algo? - Preguntó confuso.

- Bueno verás… - Dije después de unos segundos. - ¿Te... te acuerdas de Inuyasha? - Kouga puso los ojos en blanco. - Pues verás, es que anoche hacia tantísimo frío y llovía tanto que… - No me dejó acabar, me apartó de un empujón y entró al interior. En cuanto encontró a Inuyasha se le quedó mirando con la rabia contenida.

- ¿Y tú que haces aquí? ¿Piensas aprovecharte más de ella? ¿Es que acaso no hace lo suficiente, que también tienes que venir a robarle su intimidad? - Gritó furioso a un Inuyasha que rápidamente se levantó y se le quedó mirando con ojos de culpabilidad.

- Kouga… - Le puse a mi novio la mano en el hombro para tranquilizarlo un poco, pero su enfado era demasiado grande.

- Quiero que te vayas de aquí, déjala en paz, solo eres un sucio y apestoso vagabundo, ¿Qué pretendes? - Se hizo un silencio y Kouga soltó una risita irónica. - ¿Acaso estás enamorado de ella? - Quité mi mano en seguida de su hombro y lo miré con el ceño fruncido, ¿Cómo era capaz de hacerme esto? Me giré a Inuyasha con la intención de pedirle disculpas con la mirada, pero él no me miraba a mí. Miraba a Kouga con los ojos llenos de sorpresa.

- Kouga, creo que es suficiente, Inuyasha es mi amigo, tienes que entenderlo.- Kouga me miró con el ceño fruncido, como si no pudiera dar crédito a lo que sus oídos estaban escuchando.

- Kagome… creo que lo mejor será que me vaya. Te agradezco lo mucho que me has ayudado, pero Kouga tiene razón, estoy abusando de tu hospitalidad, además parece que el temporal ha bajado su intensidad. -

- Pero… - Inuyasha me lanzó una mirada de súplica, me fue a dar la manta pero le hice un gesto para que se la llevara. Por alguna extraña razón no se negó y salió de la puerta con ella. - ¿Estás contento? - Pregunté a Kouga cuando Inuyasha cerró la puerta.

- ¿Es que te parece normal que me encuentre a mi novia en su apartamento con un vagabundo? -

- Inuyasha es mi amigo, no tenías derecho a echarlo de MI apartamento. - Enfaticé el posesivo "mi".

- ¿Es que no te das cuenta de lo que está haciendo contigo? ¡Te manipula! - Preferí no contestarle, estaba luchando por que las lágrimas no salieran de mis ojos. ¿Tanto le costaba entender que Inuyasha era mi amigo? ¿Es que no confiaba en mí lo suficiente como para comprender que Inuyasha era una de la mejores personas con las que me había topado nunca?

- Vete. - Dije con la voz en un hilo. Kouga se quedó en silencio. - Quiero que te vayas. -

- Pero Kagome… - Acercó su mano para acariciarme el rostro, pero me retiré. Entonces no esperó más, se encaminó hacia la puerta rápidamente y salió dando un portazo.

Me dejé caer sobre mis rodillas en las mantas que aún seguían tiradas en el suelo y las lágrimas comenzaron a inundar mis ojos. Quería tenerlos a los dos: a Inuyasha, mi amigo y a Kouga, mi novio. No pedía tanto, ¿Qué tenía que hacer? ¿Elegir entre uno de los dos? Inuyasha aceptaba a Kouga, el problema era este último.

Entonces se encendió en mi cerebro una bombilla cuando recuperé la conciencia y comencé a darme cuenta de nuevo que la tormenta se había vuelto a enfurecer y que Inuyasha estaba en la calle. Sin pensármelo dos veces, fui a mi habitación, me enfundé unos vaqueros y un suéter sin fijarme en si quedaba bien o no, corrí por el pasillo y salí de mi apartamento aún con las lágrimas en los ojos. Tenía que encontrarle. Miré hacia la derecha y hacia la izquierda en cuanto me encontré en el portal, pero no pude verle. La lluvia caía con fuerza y abundantemente, así como mis lágrimas. Corrí en dirección al parque, pero sin adentrarme en él. Corrí y corrí hasta que de lejos vi a Inuyasha caminando lentamente y con la manta, la cual ahora debía estar empapada, sobre su cuerpo.

- ¡Inuyasha! - Grité sin éxito. - ¡Inuyasha! - Volví a gritar pero aún me encontraba muy lejos así que corrí en su dirección, lo perdí cuando giró la esquina a la derecha, pero seguí corriendo hasta tenerlo a unos 6 metros. - ¡Inuyasha! - Entonces el interpelado se giró con cara de incredulidad. Me paré frente a él intentando recuperar mi respiración y haciendo fuerza para que el viento no pudiera moverme.

- ¿Qué haces aquí? -

- Tienes que volver. -

- Kagome, creo que debería haberte quedado claro todo hace unos minutos. -

- Le he dicho a Kouga que se fuera, eso le servirá para que vuelva a razonar, parece que lo voy consiguiendo. - Inuyasha frunció el ceño.

- Jamás tolerará que viva en tu apartamento. -

- Tú lo has dicho el apartamento es mío, puedo traer a quien quiera. -

- Pero… -

- Pero nada, vas a venir si no quieres que coja una pulmonía. - Inuyasha me seguía mirando sin poder creerse nada.

- Kagome… te lo agradezco de verdad pero no quiero que tengas problemas con tu novio por mi culpa. -

- Tendrá que acostumbrarse. Vamos Inuyasha, hace frío. - Dije sintiendo como todo mi cuerpo comenzaba a temblar. Inuyasha bufó y supe que había ganado.

Comenzamos a correr bajo la lluvia, hasta que llegamos a mi portal, subimos dejando el suelo de la escalera empapado y llegamos a mi apartamento.

- Ahora podría irme, sabiendo que te quedas aquí. - Alcé una ceja.

- Sabes… sabes que volvería a bajar a por… por ti. - Dije tartamudeando. - Es más, voy a... a cerrar la puerta con llave mi... mientras me ducho, así seguro que... que no escapas. - Continué, Inuyasha puso los ojos en blanco.

Me dirigí rápidamente hacia mi habitación para coger ropa limpia, con las llaves en mis manos, para que Inuyasha no intentara nada. Me dirigí hacia el baño y dejé el agua caliente correr inundándolo todo con su vapor. No estuve mucho tiempo ya que quería que Inuyasha ahora sí se diera una buena ducha. Las lágrimas salieron de mis ojos cuando volví a pensar en Kouga, pero él no tenía razón, no podía tenerla.

_::Fin Tercer Capitulo::_

¡Hola… Perdón la demora no fue mi intención u.u!

Cosillas sobre la Historia:

Primero: ¡Perdón por la tardanza pero es que estoy en exámenes ya que me voy este viernes 15 a España en un viaje de intercambio por mi carrera [Medicina] Y como todavía quedan aquí dos meses de clases pues me están haciendo EXAMENES u.u Les daré los detalles de esto y las actualizaciones en una Nota de Autor.

Segundo: que malas son U.U nadie me eligió para ser la persona tras la puerta [todas eligieron a Inu] y yo que pensaba contarles secretitos T.T

Tercero: como ya vieron Sesshomaru si apareceré pero NO tan seguido, esto ocurrirá mas adelante cuando tenga que conocer a su CUÑADO ñ_ñ

Cuarto: En la historia SI habrá Lemmons pero eso sucederá maaas adelante n_ñ

Quinto: Virginia260 este capitulo va dedicado para ti… pensaba dedicarte el capitulo de "Mia" pero con la nota de autor que deje se me olvido n_ñ Gracias por acordarte de mis compatriotas Los mineros que gracias a Dios ya están muy prontito a salir de la mina Un Abrazo enorme desde Chile ^.^

Sexto: ¡Gracias a TODOS por sus HERMOSOS reviews LOS ADORO y es por esto que si tambien lees "MIA" pues sabras que pensaba actualizar el miercoles pero como han apoyado taaanto mi otro fic pues las premio publicando antes :).

Un besito para todas...

_::Nana::_