Dulce Descubrimiento.
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Rumiko. Y esta historia es de A(punto)BellaCullen.
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Lean abajo les dejo un regalito :D
_:::Capítulo Cuatro. En Picada II:::_
- ¡Inuyasha, puedes darte una ducha! - Quise avisarle desde mi habitación, pero no me contestó. - ¿Inuyasha? - Pero seguía sin contestar, así que me dirigí al comedor con mi toalla enrollada al cuerpo para averiguar si había hecho alguna de las suyas. En cuando entré en el comedor y se giró desde la entrada para mirarme, se tensó y agachó la cabeza rápidamente. - Me habías asustado, ¿por qué no me has contestado? -
- Bu… bueno.- Dijo mientras jugueteaba con los dedos de sus manos.- Es que ¿Para que me voy a duchar si voy a seguir con la misma ropa puesta? Es una tontería. - Entonces me acordé.
- Puedes tomar algo prestado de Kouga, hay ropa guardada en mi habitación. -
- Kagome por favor, no me lo hagas más difícil. - Dijo frunciendo el ceño y siguió mirando al suelo.
- Está bien, pues solo me queda hacer una cosa.- Dije sonriendo divertida. Inuyasha seguía mirando las baldosas.
- ¿Qué cosa? - No le respondí, en seguida cogí el teléfono
- ¡Sango! -
- Hola Kagome, ¿Cómo estás? -
- Muy bien. Oye… - No sabía por donde empezar, Sango no sabía nada de lo que había pasado.
- ¿Sí Kagome? -
- Es que… ¿Te acuerdas de Inuyasha? - Dije muy lentamente.
- ¿Tu amigo vagabundo? - Puse los ojos en blanco.
- Sí… - Dije seria.
- Perdona Kagome, es que... -
- …Bueno… haré como que no he escuchado nada. Siguiendo con lo que iba a decirte: creo que por fin he podido convencerle para que piense un poco en él y venga a vivir conmigo. - Me giré para guiñarle un ojo a Inuyasha, el cual me miraba con ojos curiosos. Se hizo el silencio durante unos segundos en la otra línea del teléfono.- ¿Sango? -
- ¿Y Kouga? - Mordí mi labio inferior.
- Bueno, es mi apartamento ¿no? -
- Sí… pero ¿Por qué me llamas a mí? - Preguntó con una notable curiosidad en la voz.
- Necesito tu ayuda. Tú sabes de estas cosas. Quiero que sea un chico normal, como todos, que la gente pase a su lado y no se le quede mirando, que sea simplemente Inuyasha y no un vagabundo. - Eso último lo dije en un tono acusador, para mi Inuyasha siempre sería Inuyasha, vagabundo o no, pero mis amigos para diferenciarle le llamaban así y eso no me gustaba nada.
- Ya veo. ¡Pues cuenta conmigo Kagome, ya sabes como disfruto con estas cosas! - Dijo eufórica.
- Lo sé, por eso sabía que podía llamarte. Además así platicamos que hace tiempo que no lo hacemos. -
- Es verdad. Bueno pues en seguida salgo. -
- Perfecto. -Me giré sonriéndole a Inuyasha después de dejar el teléfono en la mesa. Él me miraba con ojos sorprendidos. - No me mires así, no sabes la ilusión que me hace todo esto. - Inuyasha seguía sin decir nada. - Bueno lo mejor será que me vaya a cambiar, quiero salir a mirarte algo de ropa ya que no aceptas nada prestado de Kouga. -
- Kouga no me prestaría nada nunca. - Dijo volviendo a mirar al suelo con el ceño fruncido. Me reí.
- A veces me recuerdas a un cascarrabias. - Dije sonriéndole, pero no se dignó a mirarme.
Recordé que aún llevaba la toalla puesta, así que me dirigí a mi habitación, era temprano. La lluvia por suerte había bajado mucho la intensidad, al igual que el viento, aunque de todas maneras no pensaba salir a la calle. Iría con mi coche desde mi garaje, que se encontraba en el sótano de los edificios, hasta el centro comercial, así que no pisaría mucho la calle.
Me colé unos vaqueros pitillo y me puse una camiseta interior de tirantes más otra de manga larga y encima un suéter celeste de lana, hacia mucho frío. Fui a mirarme al espejo y me peiné, saqué el secador y me sequé el pelo un poco por encima. Me puse dos orquillas y salí al comedor para esperar a que viniera Sango. Inuyasha aún seguía en el mismo sitio, me di cuenta que llevaba la misma manta que le dejé la noche anterior, así que volví a mi habitación a coger una seca.
- Esta también la vas a tener que tirar. - Dijo cuando conseguí que la aceptara. Puse los ojos en blanco.
- Ni que fueras el núcleo de la contaminación. - Inuyasha me miró exasperado.
- No te digo las cosas por gusto Kagome, no te lo tomes a broma. -
- Tú siempre hablas demasiado en serio, deberías tomarte la vida con más calma y disfrutarla más, después de todo es muy corta. - Hubo un silencio.
- Siempre he pensado que mi vida fue un error. - Fruncí el ceño queriendo comprender lo que acababa de decir, me acerqué a él y me acuclillé.
- Inuyasha… tu vida no es un error. Ojalá hubiesen más personas como tú en el mundo. Yo he encontrado un verdadero amigo en ti. -
- Pues eres la única que lo piensa. - Fui a contestarle pero en seguida sonó el timbre. Así que fui a abrir la puerta.
- Hola Sango. - Respondí con una gran sonrisa y un eufórico abrazo, el cual ella me respondió.
- Kagome, hace como cuatro días que no nos vemos y me siento al revés -
- No estamos muy acostumbradas, después de todo nos vemos cada día en clase, aunque claro… con este tiempo cualquiera sale. -
- No me pongas esa excusa tan mala. - Me reí.
- Anda pasa. - Sango al no esperarse a Inuyasha tan cerca pegó un grito al verle. - Sango, solo es Inuyasha. -
- Lo… lo siento… es que… no me lo esperaba tan cerca y escondido. - Se disculpó.
- Bueno… pues él es Inuyasha. - Sango se le quedó mirando con los ojos abiertos de par en par. Sabía que no podía creerse como él podía vestir de ese modo y llevar ese cabello y esa barba, para Sango debía suponer un gran reto cambiar a Inuyasha. Ella asintió.
- Encantado Sango. - Dijo Inuyasha después de levantarse.
- Igualmente. - Dijo ella arrugando un poco la nariz, pero luego le regaló una sincera sonrisa.
- Bueno chicos, os voy a dejar solos. Quiero ir al centro comercial a ver si veo algo de ropa para Inuyasha ya que no acepta nada prestado de Kouga, pero mejor, así no podrá reprocharme nada. -
- Muy bien Kagome, pues nada. - Dijo Sango y suspiró.
- Te dejo en buenas manos.- Le guiñé un ojo a Inuyasha, el cual miró en seguida a Sango.
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El centro comercial se encontraba llenísimo de gente y no me extrañaba, con el tiempo que hacía a la gente no le debía apetecer caminar por la calle. Aquello parecía una lata de sardinas. Me dirigí a las tiendas donde Kouga solía comprarse la ropa y compre algunas camisas, suéteres, algunos pantalones y un par de zapatos, siempre pidiendo la opinión de la dependienta. No quería llegar a mi apartamento y que Sango me hiciera volver a cambiar la ropa, no por Dios.
Pasé por una tienda de perfumes y me paré a mirar. Me quedé indecisa, no sabía si comprarle alguno o no. Al final decidí no hacerlo, los perfumes son algo muy personal.
Iba caminando hacia la salida cuando vi a Kouga de lejos, estaba hablando muy acaloradamente con una chica, la cual reconocí al instante, iba a nuestra clase. Me dirigí corriendo hacia él, tenía tantas ganas de verle, no quería acabar con todo esto tan rápido. Pero un momento, ¿él no debería estar mal por como le traté? ¿Por encontrarse a Inuyasha en mi apartamento? Demasiado tarde, se había girado y yo estaba lo suficientemente cerca como para que me reconociera.
- ¡Kagome! - Gritó a lo lejos. Se despidió en seguida de la chica y se acercó corriendo a mí dándome un abrazo. - Kagome por Dios, perdóname por lo de esta mañana, he sido un tonto, no tenía que haberme comportado de esa manera, yo… - No podía creérmelo Kouga pidiéndome disculpas. Solté las bolsas que llevaba en el suelo y me lancé a él rodeándole el cuello con los brazos para besarle. Sus labios me recibieron efusivamente, mientras sus manos me aferraban con fuerza. Nos separamos después de unos segundos. Y le miré sonriendo.
- ¿De… de verdad te arrepientes? - Kouga me miró con dulzura, con esa mirada que tanto me gustaba.
- Creo que lo mejor sería ir a sentarnos a algún sitio. ¿Quieres un helado? - Preguntó con una tierna sonrisa, sí, volvía a ser mi Kouga.
- No, hace mucho frío, además ya es hora de comer, ¿no?.- Dije con una sonrisa aferrándome a su brazo derecho.
- ¿Hamburguesa? -
- Hecho. - Cogí las bolsas y nos dirigimos a una de las cafeterías del centro.
Kouga había cambiado su actitud, parecía que estaba tranquilo y sereno, como estaba conmigo antes de comenzar a salir, parecía seguro de sí mismo. Mientras caminábamos me lanzaba dulces miradas que me encantaban, no podía dejar de mirarle, era tan guapo…
- Bueno y ¿tú que hacías por aquí? - Quise saber cuando nos instalamos en la cafetería.
- Pues había venido a mirar un par de cositas. -
- ¿No puedo saberlo? -
- Ah, sí, bueno… - Comenzó a balbucear sin mirarme a los ojos. Noté como si se empezara a poner nervioso.
- ¿Tan grave es? - Entonces me miró, pero noté algo raro en su mirada que no sabía descifrar.
- Claro que no.- Dijo después de unos segundos.- La verdad es que solo venía a despejarme un poco por lo de esta mañana, ya sabes. -
- Ah, cierto… - Dije mientras me rascaba la mejilla con mi dedo índice.
- ¿Y tú que hacías por aquí? - Preguntó él.
- He venido a hacer unas compras.- Me limité a contestar, hubo un largo silencio.
- Kagome… yo… siento lo de esta mañana, sé que no tenía que haberme comportado de esa manera, pero es que… -
- ¿Qué Kouga? ¿Qué? - Presioné.
- Pues que me puse celoso al verlo ahí, en tu apartamento contigo y yo sin saberlo. - Sonreí.
- Vale Kouga.- Dije mientras le acariciaba el rostro.- Admito que tengo a lo mejor una parte de culpa, debía haberte llamado para avisarte de que Inuyasha iba a pasar la noche conmigo, pero es que como te fuiste de aquella manera de mi departamento sin decirme nada, pues yo también estaba algo picada.- Kouga me sonrió.
- También hice mal en irme de esa manera. Soy un estúpido, perdóname. -
- No Kouga, a lo mejor yo también me comporté un poco extraña, lo siento. - Kouga se estiró para poder alcanzar mi rostro y darme un beso en los labios.
- Te quiero pequeña. -
- Y yo a ti. -
- Lo sé.- Volví a sonreír.
- Pues por eso precisamente, deberías estar seguro de que no pasaría nada con Inuyasha, siempre te voy a ser fiel, tú lo sabes. Tú eres mi sueño hecho realidad. - Kouga sonrió aún cerca de mi rostro.
- Por eso te quiero. - Pasaron algunos segundos en los que nos quedamos mirando. - Bueno y ¿no piensas enseñarme lo que te has comprado? - En ese momento me di cuenta que debía darle la noticia de Inuyasha y esperaba que por favor no se lo tomara tan mal, después de todo se había arrepentido, ¿no? Eso significaba que confiaba en mí.
- Sí, bueno… pero antes me gustaría contarte algo. -
- Ah, dime pequeña. - Dijo con una enorme sonrisa, no sabía como empezar.
- Bueno… es que… -
- ¿Sí? -
- Verás, es que… cuando te has ido esta mañana… pues… - Hice una pausa mirándole a los ojos.
- Kagome ¿Qué pasa? - Preguntó muy curioso.
- Es sobre Inuyasha. - Noté como su ceño se frunció levemente.
- ¿Qué pasa con él? - Intentó sonar lo más natural posible.
- Ha decidido aceptar mi oferta. - Fui testigo de cómo su ceño se fue frunciendo más y más hasta que sus cejas casi se tocaron. - ¿Kouga? - Susurré, pero él había agachado la cabeza. - ¿Kouga? -
- Pensaba que te había quedado claro que no lo quería cerca de ti. - Murmuró.
- Pero… pero si hace un minuto te estabas arrepintiendo de lo de esta mañana. - Entonces elevó la cabeza.
- Pues claro, ¡no quería haberme comportado así! Pero sigo pensando que él no tiene que ir a vivir a tu departamento. -
- Pero… -
- Pero nada Kagome, no quiero verte junto a ese… - Su voz destilaba rabia.
- ¡Basta! Tú no eres nadie para decirme a quien tengo que llevar o no a mi departamento, ¿Eso no te ha quedado claro esta mañana? ¡Inuyasha es mi amigo te guste o no y voy a ayudarle, necesita una oportunidad y solo puedo dársela yo! - Dije levantándome de la silla.
- Señores por favor, están formando un escándalo - Vino a avisarnos un camarero, pero ni le miré solo podía mirar a Kouga, sin poder comprenderle. Kouga me cogió del brazo para sacarme fuera, pude alcanzar a llevarme las bolsas conmigo. Cuando salimos se las quedó mirando y soltó una de sus risas irónicas.
- ¿Ropa de chico? - Volvió a reír.- ¿Acaso todo esto es para él? -
- Kouga… por favor no lo hagas más difícil te lo pido, acéptalo. -
- Kagome, es que no puedo, no puedo verle cerca de ti. Me repugna. - Escupió. Eso me enfureció, comencé a sentir una ola de ira por primera vez hacia Kouga, nunca antes me había pasado.
- Que sea la última vez que dices eso en mi presencia.- Mis ojos comenzaron a humedecerse.- Es la última vez que dices en mi presencia que Inuyasha te repugna, ¿te queda claro? -
- ¿Ahora tampoco puedo expresar mi opinión? -
- No es cuestión de que expreses tu opinión, es que realmente no puedo creerme que pienses de esa manera y que tu mente sea tan cerrada, es que me niego a aceptarlo. -
- Se está aprovechando de ti, ¿es que no lo ves? -
- Inuyasha es mi amigo. -
- Y yo soy tu novio. -
- Pero que seas mi novio no te da derecho a elegir a mis amigos, eres tú el que tienes que aceptarlos si me quieres. -
- ¿También tengo que aceptar que vayan a vivir contigo? - Las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas, me quedé en silencio, no tenía sentido hablar más con él. - Mira Kagome… así están las cosas o lo eliges a él o me eliges a mi.- Mi corazón dio un saltó del pánico de imaginarme sin Kouga, yo le quería realmente y no pretendía perderle. Pero tampoco quería quitarle la oportunidad a Inuyasha de comenzar una nueva vida. - Comprendo… piénsalo Kagome y cuando lo tengas todo claro, dímelo. -
Vi como Kouga se alejaba, pero no era capaz de correr y pedirle que no se fuera, que yo quería estar con él, había algo que me lo impedía y no sabía bien qué era. Cuando perdí su figura suspiré, me limpié las lágrimas que me quedaban y me dirigí a mi coche, me metí en el interior y metí las llaves en el contacto, pero no pude arrancar porque otra ola de dolor me quemaba el pecho. ¿Por qué me suponía tan difícil elegir entre Inuyasha y Kouga? ¿Por qué? ¿Y por qué todo era tan difícil? ¿No podía tenerlos a los dos? Todo por el orgulloso de Kouga.
Las lágrimas comenzaron brotar nuevamente y no pude contenerme, los sollozos eran demasiado fuertes. Agarré el volante con fuerza y ahogué un grito que quería salir de mi pecho, la gente pensaría que estaba loca.
En mi mente solo cabían dos imágenes: Inuyasha con sus ojos tristes y llenos de dolor, temerosos; y Kouga con su dulce sonrisa. Eran dos imágenes muy distintas pero las quería a las dos. Intenté ponerme en su lugar, pensar qué pasaría si él intentara ayudar a una amiga que estuviese en la misma situación que Inuyasha, pero la imagen no venía a mi mente. Arranqué el coche y decidí regresar, Sango ya habría tenido tiempo de acabar con él.
Las lágrimas no cesaban y el que lloviera no ayudaba en absoluto. Tardé mucho más en volver que lo que tardé en ir al centro comercial. Antes de subir intenté serenarme, Inuyasha no podía verme así y mucho menos debía enterarse de por qué lloraba. Él no debía saber que era el causante de mi estado, bueno él y Kouga.
Suspiré y me bajé del coche, me dirigí al maletero y cogí todas las bolsas, cerré y volví a suspirar, subí todas las escaleras y me paré frente a mi puerta. No pude evitar recordarlo todo y otra vez las lágrimas acudieron a mis ojos. Pero no podía quedarme ahí todo el día. Así que me sequé las lágrimas como pude, abrí la puerta, pasé con todas las bolsas y no miré hacia ningún sitio, solo vi los sucios pantalones de Inuyasha.
- Aquí tienes ropa. - Intenté sonar lo más natural que pude. Dejé las bolsas delante de él. - Ahora ya puedes ducharte, tómate el tiempo que quieras.- Yo seguía mirando hacia abajo, no quería que notara mis ojos hinchados y rojos, así que rápidamente me dirigí a mi cuarto.
Me tiré en la cama y aproveché que Inuyasha se duchaba para poder desahogarme. Era una lástima que Sango ya no estuviese, por que ella seguramente me habría servido de gran apoyo. Quise llamarla, pero mis sollozos no me dejaban respirar adecuadamente, por lo que decidí no asustar a Sango, la llamaría más tarde.
Tenía una gran confusión en la cabeza ¿Por qué no podía elegir a Kouga sin que me doliera tanto hacerle daño a Inuyasha? Él era mi amigo y seguramente no tendría ningún problema si se lo explicaba todo, es más, seguramente estaría encantado. Pero el problema era yo, quería tenerlo conmigo, no sabía por qué razón, pero ahora que había aceptado quedarse conmigo no quería desprenderme de él. ¿Era necesaria para mí su presencia? No entendía por qué.
_::Fin cuarto capitulo::_
Hola de nuevo…
Mientras veia el rescate a los 33 mineros y terminaba de arreglar mis maletas he decidido dejarles un nuevo capitulo de DD para que lo disfruten…
También informarles que en un ataque de locura y mientras ayudaba a mi novio en un trabajo pues le he hecho una PORTADA a este fic XD búsquenla en mi perfil [el la primera vez que lo hago asi que espero les guste]
Me a costado un par de horas hacerla asi que nada espero les guste y me den ideas para poder hacerle una portada a MIA :D
Les dejo un adelanto del siguiente capitulo
Capitulo cinco. Salvación.
- Kagome…- Noté que el dueño de esa aterciopelada voz que tanto conocía, colocaba una mano -con un olor muy peculiar- delicadamente sobre mi mejilla. Pero la sorpresa era, que ese olor tan delicioso no encajaba con aquella voz que me parecía tan familiar. Entonces elevé mi rostro, con el corazón latiéndome frenéticamente a causa de lo que aquel contacto me había provocado.
Me quedé en estado de shock al ver a una persona que casi no hubiese reconocido si no me hubiese fijado en las dos esferas ámbar que tenía como ojos. Mis ojos llenos de lágrimas se abrieron más al darme cuenta realmente de que el hermoso chico que tenía en frente con el ceño fruncido en señal de preocupación era Inuyasha. Mi Inuyasha.
Uff se esta poniendo buena la cosa! Sango le hizo un fashion emergency a Inu! XD
Nos vemos pronto un besito para todas bye
_::Nana::_
