Dulce Descubrimiento.

Disclaimer: Los personajes pertenecen a Rumiko. La historia es de A(punto)BellaCullen.

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¡He vuelto! lean abajo les dejo un humilde regalito :D

_:::Capítulo 5. Salvación:::_

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No sé cuanto tiempo llevaba tirada en mi cama, pero parecía poco, los sollozos y las lágrimas no paraban. Me hacían sentirme incómoda, había mojado toda la almohada y el estómago me dolía de los sollozos, de repente escuché acercarse a alguien de manera sigilosa, me erguí y me senté en el filo del colchón intentando recuperar mi respiración.

- Kagome… - Noté que el dueño de esa aterciopelada voz que tanto conocía, colocaba una mano, con un olor muy peculiar, delicadamente sobre mi mejilla. Pero la sorpresa era, que ese olor tan delicioso no encajaba con aquella voz que me parecía tan familiar. Entonces elevé mi rostro, con el corazón latiéndome frenéticamente a causa de lo que aquel contacto me había provocado.

Me quedé en estado de shock al ver a una persona que casi no hubiese reconocido si no me hubiese fijado en las dos lagunas ámbares que tenía como ojos. Mis ojos llenos de lágrimas se abrieron más al darme cuenta realmente de que el hermoso chico que tenía en frente con el ceño fruncido en señal de preocupación era Inuyasha. Mi Inuyasha.

Sango realmente había hecho un trabajo exquisito, jamás hubiese imaginado que detrás de esa larga cabellera y esa barba zarrapastrosa se escondiera un rostro como el de Inuyasha. Nunca había tenido el placer de observar sus labios carnosos y bien definidos, ya que se encontraban siempre ocultos bajo el largo bigote que llevaba. Su pelo había tapado la mayor parte de su cara dejando solo al descubierto sus ojos. Sango había hecho un gran trabajo, le había cortado el pelo, pero no cortó del todo: le había dejado como 3 dedos arriba de la cintura de largo el cual estaba meticulosamente peinado. Su frente era lisa y sin imperfecciones al igual que el resto de su rostro y su nariz era pequeña y muy agraciada. Sus pómulos, los cuales nunca había tenido el placer de apreciar tampoco, sobresalían con gracia. Sus cejas eran perfectas y sus ojos parecía que habían recuperado el tono ámbar claro, resaltando sus largas y espesas pestañas negras. Estaba absorta, no sé cuanto tiempo me lo quedé mirando.

- ¿Kagome, estás bien? - Preguntó zarandeándome por los hombros.

- ¿In… Inu... Inuyasha? -

- Kagome, soy yo, ¿Qué te pasa? Llevas mucho tiempo aquí metida y llorando. - Volvió a preguntar notablemente preocupado.

- Inuyasha… - Volví a decir. Entonces las lágrimas volvieron brotar y solo pude lanzarme a él buscando su abrazo.

Me sorprendí al notar que Inuyasha estrechaba su abrazo, como norma general nunca se había atrevido a algo así, me tocaba lo justo y necesario y a veces ni eso, nunca teníamos casi contacto físico. Yo por mi parte tampoco lo había forzado nunca, ya que no quería que estuviese incómodo, pero aquello no me lo esperaba.

Mis lágrimas no paraban de caer e Inuyasha no se separó de mi abrazo, no sé cuanto tiempo permanecí llorando en su hombro, tampoco me dio tiempo a pensar si le incomodaba que lo estuviera abrazando, solo necesitaba a mi amigo, a Inuyasha.

Después de un largo rato Inuyasha me separó y me secó las lágrimas con sus pulgares. Le miré directamente a los ojos los cuales no podía descifrar correctamente, aunque parecían estar confusos con un brillo de intranquilidad, de desconcierto.

- ¿Qué pasa Kagome? - Preguntó al fin.

Mi garganta se había quedado seca de tanto llorar, por lo cual tuve que tragar varias veces. Mi respiración no era la más normal, pero quería contárselo todo, así que intenté tranquilizarme, cerré los ojos y respiré hondo unas cuantas veces hasta que mi respiración se regularizó, aunque cada vez que intentaba hablar se me formaba un nudo en la garganta al recordarlo todo.

- Si no quieres decírmelo, no lo hagas, pero apuesto a que todo esto tiene que ver con Kouga y conmigo. - Aún seguía en cuclillas en frente mío, mirándome de la misma manera.

- Inuyasha…- Logré articular, apartando la mirada de su perfecto rostro y mirándome las manos.

- No hay nada que decir, me voy en seguida.- No me dio tiempo a avisarle, se levantó en seguida y al segundo me encontraba de pie también detrás suya.

- No te vayas. - Le rogué. Entonces se giró y me quedé otra vez sumisa.

Nunca me había fijado bien en su cuerpo, más que nada porque la ropa que llevaba no era de lo más favorecedora. No cabía duda en que había dado con su talla. La camisa azul que llevaba y esos pantalones vaqueros grises le quedaban mejor de lo que jamás me hubiese imaginado. Inuyasha era realmente atractivo.

- ¿Kagome? ¿Estás bien? - Preguntó acercándose rápidamente hacia mí. Pestañeé un par de veces y le miré de nuevo.

- Sí… es solo que estás muy cambiado… - No pude evitar acariciarle el rostro, Inuyasha cerró los ojos.

- Es mejor que me vaya.- Murmuró y se volvió a girar caminando hacia la salida.

- ¡No Inuyasha! No te vayas, te necesito, necesito a mi amigo.- Él se detuvo aún dándome la espalda, me acerqué lentamente y cogí una de sus manos dirigiéndolo hacia el sofá del comedor.

- Kagome de verdad, no quiero ser un problema en tu relación, si tengo que irme me iré. - Miró hacia el suelo.

- No, no voy a permitir que te vayas.- La seguridad de mi voz hizo que Inuyasha me mirara con los ojos como platos.- De verdad, por fin he conseguido que te quedes, y ahora no te vas a ir de aquí, prometí ayudarte y lo haré cueste lo que me cueste.

- En el contrato no estaba incluido perder a tu novio. -

- No hay ningún contrato. Además Kouga tiene que recapacitar, si me quiere de verdad lo hará, estoy segura.- Le sonreí. Inuyasha me miró con una de sus miradas de culpabilidad. - A partir de mañana vas a comenzar tu nueva vida y es de lo único de lo que me encargaré a partir de ahora. - No sabía que decirle, sus ojos seguían igual y no quería que se sintiera culpable por nada. - ¿Te lo has pasado bien con Sango? - Me miró fijamente durante algunos segundos.

- Ah sí, es muy divertida y simpática. - Reí.

- Sí, ha hecho mucho por mí, como tú.- Dije intentando eliminar su culpabilidad.

- Lo único que he hecho yo ha sido alejarte de tu novio. - Puse los ojos en blanco.

- Volverá Inuyasha, si me quiere lo hará, ¿No tenía que hacerme valer? - Mis palabras me dolían en demasía pero no podía dejar a Inuyasha en la estacada, no ahora. Y me di cuenta que en realidad mis palabras tenían razón, si Kouga me quería de verdad, seguramente volvería.

- Sí, pero en este caso el culpable soy yo. - Le di un apretón a su mano.

- Kouga debería aprender lo que significa la palabra generosidad. - Nos quedamos mirando fijamente sin decir nada. - Anda, sonríeme.- Le pedí. Pero Inuyasha se puso más serio.

- ¿Tengo alguna razón para hacerlo? Todo lo hago mal.- Me contestó, decidí no seguir, pero estaba empeñada en algún día arrancarle una sonrisa.

- Bueno espero algún día sacarte una sonrisa.- Terminé sonriéndole. Inuyasha apartó su mano de la mía.

- ¿Puedo ir a dar una vuelta? Necesito despejarme, la tormenta ha parado.- Evalué su expresión por un minuto, iba a volver. - Tranquila, no te fallaré. -

- Bueno… si no ya sabes que te encontraré.- Por segunda vez noté como las comisuras de sus labios se estiraban, pero no lograba ver una sonrisa en ellos.

- Volveré pronto. - Se despidió con un leve asentimiento, le tiré las llaves y salió por la puerta.

Me quedé sentada por un buen rato en el sofá, pensando en cómo podía ser que Inuyasha pudiese ser tan atractivo. Un prototipo de hombre como él pertenecía a la clase de hombres que solían ser famosos, como actores guapos, modelos… pero nunca se te podía pasar por la mente que fueran vagabundos. Su belleza era tan intensa que casi dolía.

De repente apareció en mi mente el recuerdo de que Inuyasha estaba enamorado de alguien, ¿Quién sería? La chica elegida sería afortunada por tenerlo a su lado. ¿Pero por qué pensaba yo en estas cosas, teniendo problemas propios? ¿Cómo iba a solucionar lo de Kouga? Tenía claro que le quería, pero no quería manipulaciones de ningún tipo.

Sí, sabía que era un poco celoso, sobretodo por que cuando Ginta, Kohaku o Hakudoshi se acercaban a mí sus caras le delataban y hasta me parecía tierno de su parte al principio, pero hasta cierto punto.

Me levanté del sofá y me dirigí a mi habitación para recogerla un poco. Después cogí los productos de limpieza y comencé a limpiar la habitación que sería de Inuyasha, estaba un poco vacía pero era acogedora. Coloqué su ropa y salí hacia el comedor para coger el teléfono.

- ¿Sango? -

- ¡Hola Kagome! Perdona que no me haya quedado, pero es que Miroku me ha llamado, quería verme. - Sonreí.

- Ah, no te preocupes… - Noté como mi voz se apagó de repente.

- ¿Kagome? -

- Sango… ¿Puedo ir a tu apartamento o estas con Miroku? -

- Miroku no está, ven ya, te espero.- Dijo de manera apresurada. Colgué y cogí mi chaqueta para salir directa a casa de Sango, no debía preocuparme por Inuyasha, él tenía llaves.

El camino hacia el apartamento de Sango me pareció realmente largo, necesitaba contárselo todo, necesitaba que me dijera que tenía que hacer, opiniones, consejos…

Salí del coche y me dirigí hacia su portal no sin antes tropezarme al subir a la acera, típico. Subí con el ascensor hasta el 3r piso. El piso de Sango era mucho más grande que el mío, y estaba decorado de una manera que la delataba. Si se le enseñasen 3 apartamentos decorados por 3 personas diferentes, entre ellas mi amiga, a alguien que conociese a Sango y no hubiese visto nunca su apartamento, sabría escoger el que perteneciera a ella. Toqué al timbre, me abrió la puerta y me recibió con una radiante sonrisa invitándome a pasar con la mano, nos sentamos en el enorme sofá de su enorme comedor.

- Bueno… y ¿qué es lo que te pasa Kagome? Me tienes muy preocupada. - La miré por unos momentos, intentando ordenar en mi cabeza las ideas.

- Verás, es que… cuando he ido al centro comercial me he encontrado con Kouga y… -

- ¿Con Kouga? - Preguntó sorprendida.

- Sí, me ha estado pidiendo perdón por la que formó esta mañana, ¿No te lo he contado, verdad? - Sango abrió más los ojos y negó con la cabeza.

Suspiré y comencé a explicárselo todo, cuando acabé tomó una gran bocanada de aire, la mantuvo por unos segundos en su boca y la expiró fuertemente.

- La verdad, me has dejado sin saber que decir. No podemos negar que Kouga es algo especial y que bueno, en cierto modo puedo comprenderle, por que tener en tu apartamento a… - Los ojos le brillaban de la emoción. - ese pedazo de hombre… ¿Qué me dices Kagome? Me he portado bien, ¿no? - Noté como un calor sospechoso luchaba por hacerse sitio en mis mejillas, miré rápidamente hacia el suelo intentando contestar algo coherente, pero de repente mis pensamientos se habían disipado.

- Está muy cambiado.- Me limité a contestarle con voz temblorosa.- Pero ese no es el tema. -

- Ah, no, desde luego, solo quería comentar eso. Pues como te iba diciendo, no sé qué pensar. Por lo que me has dicho, yo pensaría que Kouga se ha disculpado para quedar bien contigo, porque de otra manera no hay explicación para que después de enterarse de que Inuyasha estaba en tu apartamento otra vez se pusiera así de furioso y encima te diera a escoger. - Hizo una pausa. - Pues espera si lo ve, se va a morir de la envidia. -

- Sango… - La avisé.

- Kagome, es la verdad, las cosas claras y el chocolate espeso. Si el chico es más guapo que Kouga, pues lo es y punto. - Me comenzaba a sentir incómoda con esta conversación.

- Bueno, entonces según tú ¿Qué debo hacer con Kouga? -

- Pues, a mi me parece bien lo que le has dicho a Inuyasha, si realmente te quiere volverá, no tienes de qué preocuparte. - Dijo con una sonrisa. La estuve mirando, asimilando la información, era verdad, Sango tenía razón, yo la tenía.

Me quedé el resto de la tarde en su casa, hablando de todo lo que no habíamos podido hablar estos días. Sango me propuso hacer una barbacoa el fin de semana en el chalet de sus padres que se encontraba en la montaña, la verdad era una buena idea, después de todo necesitaba despejarme y un poco de contacto con la naturaleza me vendría bien.

Pasaron dos días en los que no tuve noticias de Kouga, no iba a la Universidad, era muy raro, porque él, por norma general no fallaba, bueno solo algunas horas a veces, pero siempre se presentaba. La noticia de nuestra ruptura comenzó a extenderse hasta que todo el grupo lo sabía. Era más deprimente aún notar como la gente me miraba con lástima.

Al tercer día me encontraba sentada con Sango, Ginta y Kohaku hablando sobre cómo haríamos el trabajo de Familia y Primera Infancia que teníamos pendiente para el segundo cuatrimestre, entonces le vi entrar, tenía que sentarse con nosotros porque formaba parte de nuestro grupo, pero no lo hizo, se mantuvo distante. Por el rabillo del ojo vi cómo la profesora se acercaba a él y hablaban, después intenté disimular cuando noté que la profesora se dirigía a nosotros.

- No me importa lo que haya pasado entre Kouga y ustedes, pero como pueden entender a estas alturas se las van a tener que arreglar si ningún grupo acepta a Kouga o si no poden intercambiarlo con un componente de alguno de los otros grupos. -

- Esta bien, no te preocupes, sentimos todo esto, pero no esperábamos que Kouga estuviese tan enfadado como para querer irse del grupo. - Dijo Sango.

- Bueno, solo quería avisarles.- Después caminó hacia el grupo que se sentaba detrás nuestra.

En seguida mis manos se elevaron para taparme la cara, estaba comenzando a marearme por la impresión que todo esto me estaba causando, ¿Es que acaso no pensaba ni saludarme? Se estaba comportando nuevamente como un inmaduro, cada vez su personalidad me sorprendía más, nunca pensé que pudiera llegar a ser de esa manera.

Ese día cuando llegué a casa, Inuyasha aún no había llegado, se tomaba realmente en serio lo de buscar trabajo, prácticamente no le veía en todo el día, aunque con la crisis económica que el país estaba pasando por estos momentos, era verdaderamente difícil encontrar algo. Me tumbé en el sofá, a penas eran la 1 y cuarto pero no tenía una pizca de hambre, así que le esperaría, pero poco a poco y sin proponérmelo los párpados comenzaron a pesarme hasta que el sueño me venció.

Otra vez me encontraba en aquel lugar verde, lleno de flores y árboles frutales con la temperatura perfecta y el sol brillando, pero en esta ocasión no había nadie, caminé por la hierba intentando encontrar a alguien, pero era imposible. Entonces escuché una voz.

- Kagome…- Me llamó suavemente. Reconocería esa voz en cualquier lugar, era él, era Kouga. Mi piel se erizó al escucharle y el corazón comenzó a latirme rápidamente.

- Kagome…- Me volvieron a llamar, pero esta vez no era la voz de Kouga, esa voz… esa dulce y aterciopelada voz no era la de Kouga… era la que me había llamado en el sueño anterior, ¿Sería…?

Sin pensármelo dos veces me giré rápidamente, notando como mi corazón se había acelerado de manera frenética y comenzaba a sentir un hormigueo en mis manos.

Pero solo podía ver a Kouga… a su lado había alguien, pero solo podía ver su silueta oscura, pertenecía a un cuerpo fornido a la mejor medida, las manos descansaban en los bolsillos de sus pantalones, y aunque me esforcé lo máximo para fijarme en su rostro no pude ver nada, solo su pelo moverse con la brisa del aire. Comencé a caminar para poder verlo mejor, pero a medida que me acercaba la silueta se alejaba. Noté como unas lágrimas luchaban por manchar mi rostro. Quería verle, lo necesitaba.

Me desperté de repente cuando escuché un golpe fuerte, me costó unos segundos comprender que había sido un portazo, un portazo de la puerta del recibidor.

- Vaya, lo siento, ha sido el viento ¿Estabas dormida? No quería despertarte.- Lo miré aún con los ojos entrecerrados del sueño, me aclaré la garganta e intenté normalizar mi respiración por el susto que me había dado.

- No, no te preocupes Inuyasha, es solo que estaba soñando y me he asustado con el portazo. -

- ¿Una pesadilla? -

- Un sueño extraño. - Hubo un silencio mientras Inuyasha se sentaba en el otro sofá. - ¿Has encontrado algo interesante? - Suspiró.

- La verdad es que está mal la cosa… Pero hoy también he dejado varios currículums, a ver si hay suerte. - Le sonreí.

- Ya verás que sí. Por cierto, recuerda que mañana hemos quedado para hacer la barbacoa. -

- Kagome… no sé si yo debería… -

- Inuyasha… me dijiste que sí. - Se pasó la mano por sus cabellos azabache, me encantaba observar siempre ese gesto. Luego suspiró.

- Vale, pero no te acostumbres.- Dijo serio. Una ola de felicidad por su confirmación me invadió y no pude evitar saltar del sofá para abrazarle.

- ¡Gracias Inuyasha! De verdad.- Dije antes de apartarme y sentarme a su lado. Su olor me invadía de una manera increíble, era tan varonil y tan dulce a la vez… ¡Kagome! Me ordené a mi misma dejar de evaluar el peculiar olor de Inuyasha.

- Quizás sea una buena idea.- Dijo mientras se levantaba.- ¿No piensas comer? -

- ¿Me ayudas a preparar algo? - Sin saber por qué mi corazón dio un brinco al hacerle esa pregunta. Él se limitó a asentir.

Mientras cocinábamos comencé a contarle lo que me había pasado con Kouga, a veces podía notar como su mandíbula se tensaba y sus ojos se crispaban. Estaba descubriendo cada día más las ventajas que tenía el haberle quitado su pelo y su barba larga, yo le importaba realmente y eso me hacía sentir muy bien, él era mi única salvación, estar con Inuyasha se me daba bien, no tenía que pensar en no incomodarle, podía ser yo misma.

- Oye, esto estaba delicioso. Tienes que decirme cual es el truco.- Dije cuando acabé mi plato.

- Es la primera vez que lo hago, además solo he seguido tus pasos.- Dijo sorprendido por la emoción que se dejaba notar en mi voz.

- ¿Bromeas? ¡Inuyasha no me mientas! - Dije riéndome, pero en seguida dejé de hacerlo cuando observé lo que hacia tanto tiempo intentaba conseguir.

Los pómulos de Inuyasha se habían elevado, creando una adorable arruga de expresión debajo de sus ojos, los cuales brillaban con ese ámbar que estos últimos días se había intensificado. Pero lo que más llamó mi atención fue cuando observé que las comisuras de sus labios se habían elevado hacia arriba y formaban una hermosa sonrisa, aquella que tanto me había imaginado. Lo había visto reírse alguna vez, pero solo cuando estaba borracho y esas sonrisas no me gustaban lo más mínimo, no tenían que ver nada con esta.

Era raro ver a Inuyasha sonreír, nunca lo había hecho antes, pero me había quedado totalmente maravillada con su expresión, no era forzada, era natural, eso era lo mejor de todo, había conseguido hacerle sonreír. Jamás había tenido el placer de observar sus perfectos dientes blancos, ¿era yo o estaban más centelleantes que de costumbre?

- ¿Kagome? - Preguntó eliminando su sonrisa, pero con una expresión natural en la cara, no seria como a la que me tenía acostumbrada.

- ¡Lo… lo he conseguido! - Grité eufórica. Inuyasha me miró confundido. - ¡Inuyasha, has sonreído! - Se quedó pensativo durante un largo minuto y luego sin volvérmelo a esperar rió. Otra vez me cautivó pero esta vez por el sonido de su voz al reír. Los dos comenzamos a reír por unos segundos.

- Lo mejor de todo, es que creo que no me había dado cuenta. No sé, por primera vez he sentido que había hecho algo bien, creo que se ha debido a eso. – Lo miré con dulzura, Inuyasha necesitaba aumentar su autoestima y si yo era la única que podía conseguirlo, haría todo lo posible.


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Bueno chicas, aquí está el quinto capítulo, espero que les haya gustado. Este capitulo va con regalo, le he hecho una nueva portada al fic :D que espero les guste esta mucho mas bonito [a mi parecer] que la anterior.

La imagen esta compuesta de dibujos de Inu de varias chicas talentosisimas... me he llenado la compu de imagen de la serie en version humana y estan buenisimas asi tal vez esta no sea la ultima vez que hago alguna portada... ire viendo que tal.

Quiero darles las gracias a todas y cada una por sus reviews, por sus alertas a favoritos, autor y eso.

Esta semana ha sido muy movida para mi ya saben mi primera semana en España y lo primero que hice al llegar [luego de dormir ^^] fue ir a una librería :D me compre varios libros muy buenos asi que en lo que me preparo para los exámenes que dare en dos semanas mas pues me voy a desvelar leyendo haha X)

Un besito chicas que estén muy bien y nos vemos pronto ya sea aquí con DD o con MIA bye!

_|::Nana::|_