Dulce Descubrimiento.
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Rumiko. Y la historia es de A(punto)BellaCullen.
_-|::::::::::::::::::::|-_
Ayudenme con el segundo nombre de Inuyasha ¡Recomiendes sus nombre favoritos!
Capítulo 6. Temible fin de semana.
Había llegado el esperado fin de semana. Me encontraba en mi cama, relajada, esperando a que se hiciera un poco más tarde y pensando en la noche anterior. Inuyasha y yo nos habíamos quedado hablando hasta tarde y conseguí arrancarle un par de sonrisas más, no tan hermosas como la primera, pero no insignificantes para mí. Había descubierto cuanto me gustaba su sonrisa, pero había algo que me tenía inquieta. Tenía claro que Inuyasha era un chico guapo, atractivo… pero no sabía por qué no lo lograba ver simplemente como a un chico hermoso, había algo en él que me llamaba inexplicablemente. Me gustaba demasiado el cambio que había experimentado… Sacudí mi cabeza intentando eliminar aquel pensamiento. ¿Qué me estaba pasando? ¿Acaso Inuyasha me empezaba a gustar?
Me encontraba hecha un lío, me encantaba estar con él y su compañía se había convertido en los últimos días en una salvación para mí. Con él no pensaba en Kouga, era mi antídoto. Me giré inquieta hacia el otro lado mirando hacia la ventana, a través de la cual comenzaba a entrar la luz del sol con más intensidad. Tragué pesadamente, me estaba dando cuenta que pensaba mucho en Inuyasha, más de lo normal. Lo normal, sería pensar en Kouga después de la última conversación que tuvimos, pero no me sentía lo mal que debería sentirme para eso.
Sabía que no podía fijarme en Inuyasha, no, él estaba enamorado de alguien. Suspiré. Qué difícil que era todo. Escuché el chirrido de la puerta de la habitación de al lado, donde dormía él, seguido del sonido de la puerta al cerrar del baño. Lo mejor sería levantarme.
- Pensaba que me había levantado antes que tú.- Dijo sentándose en la mesa redonda del comedor.
- Bueno, soy un poco rápida. Mientras estabas en el baño, me he vestido, he recogido la habitación y cuando has salido he entrado yo, me imagino que tú debías recoger tu habitación.- Le sonreí.
- Me sorprendes.- Dijo arqueando las cejas. Yo reí y saqué del tostador dos tostadas más. Las puse sobre la bandeja con el café y me dirigí hacia la mesa también.
- ¿Estás preparado para un fin de semana en la montaña? - Inuyasha suspiró.
- Creo que va a ser difícil… - En seguida miró hacia la mesa con el ceño fruncido.
- ¿A qué le temes? -
- Hace tiempo que no… hago reuniones, bueno siempre he estado solo, pero… no sé, antes de entrar al centro tenía mis amigos pero ya... - Se detuvo, seguía mirando hacia la mesa. Me lo quedé mirando por unos segundos, me incliné hacia él y le acaricié la mejilla con la palma de mi mano, él cerró los ojos y noté como se ponía nervioso, me imaginé que a causa de recordar algo desagradable, pero tuve que quitar mi mano en seguida por las sensaciones que su piel me brindaba. Cada vez estaba más segura de que era un peligro tener a Inuyasha Taisho viviendo bajo el mismo techo que yo.
- Inuyasha, tranquilo, no tienes que temer a nada. Son todos muy simpáticos, te aseguro que estarás a gusto con ellos. -
- ¿Son… muchos? - Preguntó elevando la mirada, sus ojos siempre me pillaban desprevenida.
- Bueno… Sango y su novio Miroku, y mi hermano también se ha apuntado, vendrá con su novia Hitomi. -
- A lo mejor mi presencia no… - Reí.
- Inuyasha… les vas a gustar, deja de pensar en eso.- Dije guardándome que Sota era un poco especial con mis amigos, no quería darle una excusa para que se quedara.
- Pero Kagome, no estoy acostumbrado a tratar con tanta gente, a lo mejor debería quedarme aquí.- Suspiré y lo miré suplicante, entonces esta vez suspiró él. - Vale, tú ganas. -
Cogimos nuestras mochilas, que iban cargadas con mi neceser grande, para guardar lo de Inuyasha y lo mío, un par de mudas, ropa interior, pijamas, por que Sango me había avisado a última hora que iba a alargar "la barbacoa" y solo mi bikini ya que avisé a Sango que Miroku tendría que dejarle uno a Inuyasha, no le había comprado. Estábamos en pleno invierno pero Sango había insistido en que me lo llevara. Nos dirigimos a mi coche para encaminarnos hacia la casa de los padres de Sango. Este fin de semana sería entero para nosotros, eso me vendría bien, no pensaría tanto en Kouga, pero… ¿Me ayudaría en algo estar tanto tiempo con Inuyasha? Intenté concentrarme más en la carretera, no era un buen pensamiento. Además iba a estar genial encontrarme rodeada por mis amigos, sonreí, Inuyasha y yo no íbamos a estar solos. ¿¡Pero por qué pensaba en estas cosas! De repente en un movimiento involuntario mi vista se fue hacia el semáforo que se encontraba en rojo. Tuve que dar un frenazo para no pasármelo.
- Lo… lo siento.- Dije un poco incómoda. Inuyasha estaba tenso, el que nos encontráramos en un lugar tan poco espacioso no me era de gran ayuda, su delicioso aroma se había esparcido por todo mi ser y…
- No pasa nada.- Dijo al fin, menos mal.
Tardamos en llegar una hora escasa al bello lugar, todo estaba verde. Yo llamaría más bien caserón a aquella casa. Era de piedra, las barandas lisas que acompañaban a las amplias escaleras de granito eran de metal, dándole un aspecto algo más moderno. Una piscina cubierta se podía ver desde la valla, ahora entendía lo del bikini. De repente dejé de escuchar los pasos de Inuyasha detrás de mí.
- Parece más un hotel que una simple casa en la montaña.- Dijo él. Reí.
- Anda, vamos a entrar, hace bastante frío aquí fuera y seguramente Sango a encendido la chimenea.- Me coloqué mejor la bufanda, tapándome hasta la nariz, solo se me podían ver los ojos. Inuyasha sonrió, de repente comencé a sentir calor en mi rostro, ¿No debería ser al contrario? ¡Hacia mucho frío!
- Mejor entremos.- Dijo mientras pasaba por mi lado. Me encantaba que sonriera. Suspiré y tocamos.
Sango nos recibió de la mejor manera, nos dijo que ella estaba allí con Miroku desde el viernes por la tarde. Me inundó una oleada de envidia. Miroku se portaba muy bien con Sango, era realmente satisfactorio verlos juntos.
Insistí en que me dejara la chaqueta por unos minutos hasta que mi cuerpo se habituara un poco al calor, aunque enseguida nos guiara hacia una gran chimenea y supiera que toda la casa tenía calefacción. Las chispas saltaban y el calor era agradable, estiré los brazos para calentarme un poco las manos, las cuales tenía dudas de que no se hubiesen congelado.
- Habéis llegado antes de lo que esperaba.- Dijo Sango mientras se acomodaba al lado de Miroku.
- Inuyasha se ha levantado muy pronto.- Sonreí.
- Ya decía yo, que Kagome Higurashi había llegado demasiado temprano, te esperaba aquí un poco antes del mediodía.- Yo reí.
- Bueno Inuyasha ¿y que tal va la búsqueda de trabajo? Debe estar todo muy difícil ¿no? - Preguntó Miroku.
- La verdad es que sí, entrego docenas de currículums diarios pero no me llaman de ningún sitio, la verdad es que todo es mucho más difícil cuando lo vives desde a dentro.- Miroku asintió.
- Oye Inuyasha.- Intervino Sango.- Estuve hablando con Miroku ayer sobre algo que podría interesarte. - Fruncí el ceño atendiendo más a lo que Sango decía.- Bueno, los padres de Miroku trabajan en una agencia de modelos y bueno yo había pensado que tú a lo mejor… -
- Sango.- Le interrumpió Inuyasha, esta se quedó estupefacta por la reacción de él.- Te lo agradezco muchísimo de verdad, no sabes cuanto, pero me gustaría salir de aquí por mí mismo. No te lo tomes por un gesto orgulloso de mi parte, realmente quiero superarme por mí mismo, salir del agujero solo.- Hizo una pausa de unos cuantos segundos.- Aunque bueno, ya sé que nunca habré salido solo del todo, si no hubiese sido por Kagome.- Se giró para mirarme y me ví reflejada en esos ojos color ámbar que tanto me habían fascinado siempre. Sentí la risita de Sango.
- No quiero presionarte, pero a veces deberías… no sé aceptar la ayuda de la gente.- Dijo Miroku. Inuyasha negó rotundamente con la cabeza. Tocaron el portero.
- ¡Yo voy! - Gritó Sango emocionada.
- ¿Estás cómodo? - Le pregunté bajito con una sonrisa. Él solo asintió.
- ¡Kagome, es Sota! -
- Oh vaya, mi hermano.- Dije cogiéndole de la mano para que él también se levantara. Vi como mi hermano se acercaba junto con Hitomi de la mano.
- Hola hermanita, ¿ya estás aquí? ¡Esto es un record! - No pude evitar que se me saltaran los colores, me deshice de la mano de Inuyasha para abrazar a mi hermano.
- ¡Sota! Te he echado de menos. -
- Deja que lo dude, nunca vienes a vernos.- Me aparté de él para abrazar a Hitomi.
- A ti también.- Le dije a ella. Me separé. - Lo siento Sota, pero tú también podrías venir a visitarme, así que no toda la culpa es mía.- Noté que Sota miraba extraño por encima de mi hombro izquierdo, dirigí mi vista siguiendo la suya. Claro, Inuyasha. - Ah Sota, él es Inuyasha un amigo.- Sota me miró confuso, no sabía nada de Kouga.
- ¿Y tu querido Ken? - Sota tenía la costumbre de comparar a Kouga con el famoso novio de Barbie. Fruncí el ceño.
- Algo que te explicaré en otro momento. -
- Pensaba que no iba a recuperar a mi hermanita, menos mal que has reaccionado. -
- Sota… - Gruñí. Sota pasó su mano por mi cabeza para despeinarme y siguió hasta donde se encontraba Inuyasha para ofrecerle su mano amistosamente. No podía creérmelo, normalmente no se mostraba tan simpático con mis amigos masculinos.
- Mucho gusto. -
- Igualmente.- Dijo Inuyasha estrechándole la mano. Todos nos habíamos quedado mirando extrañados a Sota, eran tan raro… Debía estar de muy buen humor para comportarse así.
- Bueno ¿Se van a quedar toda la mañana mirándome? ¿¡Dónde está esa piscina cubierta! - Preguntó girándose eufórico hacia Sango. Todos reímos, excepto Inuyasha que solo sonrió.
- ¿Ya quieres ir a bañarte? -
- Por supuesto, lo estoy deseando.- Dijo cogiendo la mano de Hitomi.- ¿Dónde está nuestra habitación? -
- Será mejor que les acompañe, y os las enseñe a todos. - Esperaba que Sango tuviera una habitación sola para mí, realmente no era una buena idea meterme en la misma habitación con un hombre como Inuyasha.
Caminamos hasta que llegamos a unas amplias escaleras en forma de espiral, las cuales tenían en el centro una pecera alargada, del suelo al techo, me entretuve por un instante mirando los pececitos y seguí subiendo escalones hasta llegar al primer piso.
- Por aquí.- Nos guió Sango. Había un ancho pasillo, se paró en la primera puerta.
- Esta es vuestra habitación.- Dijo mirando a Sota, el cual esbozó una enorme sonrisa satisfactoria y entró casi arrastrando a Hitomi al cuarto. Se escuchó un "WOW" proveniente de Sota, ¿podía imaginarme la habitación? Sango se paró en la siguiente puerta.- Bueno… - Dijo rascándose la cabeza.- Tenemos dos opciones: la primera es que yo me quede contigo e Inuyasha con Miroku y la segunda es que tú te quedes con Inuyasha y yo con Miroku.- Dijo mirándome. Perfecto Sango, a esa conclusión llegaría hasta un niño de 6 años. La miré con súplica esperando que entendiera mi expresión. - Si duermes con Inuyasha… - No quería pensar en esa posibilidad. - Estaríais en una habitación con doble cama y además os separa un tabique.- Comprendía perfectamente que Sango quisiera algo de intimidad con Miroku, pero ¿cómo podía hacerme esto? Aunque bueno un tabique en medio ya suponía otra cosa.
- Bu… bueno… - Inuyasha me miró de repente con los ojos muy abiertos.
- ¿Sí Kagome? - Esperó Sango con una sonrisa. Noté como los colores en mi rostro fueron elevándose.
- Me da igual… - Dije mirando al suelo.
- ¿Seguro? - Preguntó ella, interpretando su papel. ¡Já! Puse los ojos en blanco.
- Sí. - Miré a Inuyasha por el rabillo del ojo y me pareció que tragaba saliva pesadamente, a lo mejor el no quería dormir "conmigo".
- Bueno pues seguidme.- Inuyasha nos seguía por detrás lentamente. Sango se paró en la última puerta. - Es aquí. - Dijo abriéndola. Pasamos los cuatro al interior.
Me quedé con la boca abierta al ver la hermosa y espaciosa habitación que estaban observando mis ojos. Había una habitación enorme, nos adentramos en ella y me fije que había un hueco para acceder a otro lugar, me imaginé que la otra habitación, pero a medida que me fui acercando parecía como un cristal, Sango se acercó y la puerta se abrió sola, definitivamente, me encantaba esta casa. Pasamos los cuatro hacia el interior y efectivamente había otro dormitorio igual de espacioso.
- Sa… Sango es precioso. -
- Ya sabes de quien heredé mi buen gusto.- Dijo sonriendo. - ¿Con cual os quedáis? Bueno el único inconveniente es que tienen que compartir baño, pero nada que no estéis acostumbrados ¿no? - Dijo señalando hacia una esquina de la habitación. Perfecto el único inconveniente a parte de dormir al lado de Inuyasha en una habitación que solo separaba un tabique con una puerta de cristal era que para acceder al baño alguno de los dos tenía que cruzar la habitación del otro. - Estoy esperando chicos.- Miré a Sango, Inuyasha estaba tan callado como yo, a lo mejor no había sido buena idea el aceptar.
- Me da igual, Inuyasha se puede quedar con esta, yo dormiré en la otra.- Dije pensando en que así sería mejor, aunque no tenía por qué. Inuyasha solo asintió.
- Bueno pues venga, cambiaos que Sota ya debe estar listo.- Los dos asentimos.
- Inuyasha cámbiate tu primero.- Le dije señalándole el baño.
- Espera, aun no te he dado tu bañador.- Dijo dirigiéndose a Inuyasha.- Kagome cámbiate tú, Inuyasha se viene conmigo y se cambiará con Miroku, yo vengo ahora.- Suspiré con alivio.
Fui a la otra habitación, la cual sería la mía por esa noche, dejé la mochila sobre la enorme cama, la cual lucía un hermoso edredón rojo sangre que combinaba muy bien con los muebles blancos. Pegué otro vistazo más a la habitación antes de ir al baño. Era realmente la habitación de una princesa. Las baldosas de mármol brillaban, a los muebles se les veía muy espaciosos. En una de las esquinas cercanas a la puerta principal había un perchero enorme de forja negra y también podía observar un par de cuadros abstractos adornando las paredes grises. Sacudí la cabeza, cogí mi bikini y me dirigí al baño cruzando el dormitorio que sería de Inuyasha. Este era exactamente igual que el mío, pero los muebles eran de un color marrón-negro y su colcha era azul oscuro, realmente sin pensarlo había hecho una buena elección de habitación. Sonreí y me dirigí hacia el baño. Me sobresalte al ver aquel baño enorme. Aunque tenía que habérmelo esperado. Era menos espacioso que los dormitorios, pero no menos grande para ser un baño. Había una enorme bañera de hidromasajes redonda en medio, a la derecha había un plato de ducha. En frente de la puerta podía ver un enorme espejo que llegaba de punta a punta toda la anchura del baño y llegaba a la mitad de la pared para después comenzar un mueble enorme el cual por falta de uno tenía dos lavabos. Dejé mis pequeñas prendas sobre el mármol beige de aquel mueble y comencé a quitarme la ropa para ponerme el bikini. Una vez hecho me la puse otra vez, dejando mi ropa interior fuera, pero ¿ahora que debía hacer? Alguien abrió la puerta de golpe.
- ¡Kagome! -
- ¡Sango, que susto! - Ella rió.
- ¿Pensabas que era tu querido Inuyasha? - Preguntó con picardía. Fruncí el ceño.
- ¿Qué quieres decir? -
- Pues que me he fijado en como le miras y en como te mira. - Dijo mientras se quitaba su ropa.
- Sango, solo es mi amigo. - Dije señalando mi ropa interior para que me dijera qué hacer con ella.
- Ya… ¿Ves esa cesta de ahí? - Por supuesto, la enorme cesta que se encontraba bajo unas estanterías de cristal.- Mételo ahí, Kaede vendrá a recogerlo todo más tarde.
- ¿Kaede? - Sango puso los ojos en blanco y sonrió mientras terminaba de ponerse su bikini.
- Bueno ¿Qué pasa con Inuyasha? - En seguida noté una vez más el calor que me provocaba escuchar ese nombre.
- Nada Sango, es mi amigo ya lo sabes. -
- Bueno… no importa… tiempo al tiempo, ya me darás las gracias.- Dijo terminando de vestirse.- ¿Nos vamos? - Suspiré.
- Espera, ¿por qué lo has hecho? ¿Por qué no te has quedado en mi misma habitación? ¿Esperas que me crea que no hay más habitaciones?, preferiría dormir sola.- Dije cogiéndola del brazo. Sango solo rió.
- ¿Ves Kagome? Si solo lo consideras tu amigo ¿Por qué te molesta tanto? Además no es tan grave, dormís separados. -
- ¡Solo faltaría que durmiéramos juntos! Tenemos que compartir baño. -
- Bueno… también lo comparten en tu casa. -
- Sí pero no hay que pasar por la habitación del otro. -
- Bueno Kagome, ¿prefieres que venga a dormir contigo? - Me lo pensé, pero tampoco quería molestar a Sango, ella quería estar con Miroku yo lo sabía.
- No… da igual. Vamos. -
- Espero que te hayas puesto aquel bikini rojo que te regalé. - Dijo saliendo por la puerta principal de "las dos habitaciones".
- El mismo. - Dije seria.
- ¡Uhh! Le vas a encantar. -
- Sango basta.- Le avisé.
Esta vez bajamos más rápidas por el ascensor, nunca en mi vida había estado más sorprendida. Fuimos al gran salón donde se encontraba la enorme chimenea y pasamos por un pasillo con paredes de cristal, el cual llevaba a la piscina, ya comenzaba a sentir el calor proveniente de la misma. Sota ya se encontraba saltando como un niño pequeño dentro de la piscina, me encantaba mi hermano, Hitomi estaba metida en el jacuzzi.
- ¡Kagome, tienes que probar esto! - Me llamó.
- ¿Dónde están Miroku y Inuyasha? - Pregunté a Sango.
- Tranquila amiguita los he dejado mirando bañadores.- Me guiñó un ojo. Siseé audiblemente, me quité la ropa y me metí en el jacuzzi con Hitomi, en seguida Sota se reunió con nosotras.
- ¿Y Miroku? - Le preguntó Sota a Sango.
- Está con Inuyasha cambiándose. -
- Ah, duermen en la misma habitación claro.- Dijo totalmente convencido, pero el silencio contestó a lo evidente.- ¿¡Qué! ¿Vas a dormir con él? - Dijo mirándome fríamente a mí. Odié a Sango con la mirada.
- No… no exactamente. -
- No van a dormir juntos Sota, estarán en una habitación con un tabique en medio.- Recordar que para ir al baño tenía que pasar por su habitación hacía que me entraran escalofríos. Sota suspiró y cambió su expresión.
- Bueno… siendo así… - Realmente no podía creerme que mi hermano se estuviera comportando tan bien.- Bueno ¿Y qué ha pasado con Ken? - Sango se rió y la fulminé con la mirada.
- ¿Cuántas veces tengo que repetirte que no le llames así? -
- Es la verdad hermanita. ¿No estáis juntos? - Lo miré fijamente apenada.- Entiendo… Ya era hora de que lo dejaras.
- La verdad es que yo no le he dejado, me ha hecho elegir. - Y ahora vendría lo mejor de todo. Apreté los puños y los dedos de los pies bajo el agua.
- ¿Elegir? No me digas que estás con ese Inuya… -
- ¡No, no! - Dije antes de que se adelantara.
- ¿Entonces? -
- ¡Ey, chicas! - Gritó Miroku, solo con el bañador y sosteniendo una toalla. Había vuelto en el mejor momento.
- ¿Dónde te has dejado a tu acompañante? - Preguntó mi hermano divertido. Miroku miró al interior del pasillo.
- Venga vamos, no te hagas esperar más.- Se adentró por un segundo y salió otra vez estirando a Inuyasha de la mano.
No sé como no perdí los ojos al abrirlos tanto. Noté como por un segundo la mandíbula se me había perdido por el camino, pero pude cerrarla a tiempo. Jamás había podido observar a algo tan perfecto en su totalidad. Había visto a Kouga muchísimas veces en bañador y me había impresionado, pero Inuyasha… él era un asunto a parte. Daba la sensación de haber trabajado su cuerpo para estar en forma y yo era testigo de que no había podido pisar un gimnasio, por lo menos estando en la calle.
Su torso blanco definía sus pectorales, también podía adivinar la dureza de sus abdominales y aquella V marcada en su pelvis me estaba matando. Había comenzado a salirle bello en el pecho, pero no mucho, solo lo suficiente para hacer notar que era un hombre, un hombre demasiado tentador para mi desgracia.
Sus brazos también eran los brazos que cualquier mujer soñaría con acariciar y tener, no tenían que ver nada con los de mi hermano, Sota se pasaba de fuerte. Y es que jamás hubiese imaginado que debajo de su ropa se escondiera un cuerpo tan hermoso como su rostro. ¿Cómo podía ser tan perfecto?
- ¡Kagome! - Escuché a Sango y volví a la realidad.
- ¿Sí? - Sango soltó unas risitas.
- Te preguntaba que si venías a la piscina.- Volví a mirar a donde había fijado mi vista todo el tiempo.
Inuyasha ya no se encontraba allí, estaba en la piscina con los demás ¿Qué me estaba pasando? Noté un calor alojarse en mis mejillas cuando pensé que a lo mejor había sido demasiado obvia observándolo de esa manera, creo que casi me lo había comido con la mirada. Volví a mirar a Sango y asentí. Caminamos juntas hasta las escaleras, los chicos jugaban con una pelota. Me quedé otra vez absorta mirando la blanca espalda de Inuyasha, todos sus músculos de esta se marcaban levemente y sus hombros… sacudí la cabeza.
- ¡Kagome! - Gritó Miroku.
Vi de repente la pelota dirigirse en mi dirección como también me di cuenta de que Inuyasha saltó para cogerla antes de que me diese y quedó en frente mío. Me sentí desnuda al notar como recorría mi cuerpo semidesnudo y quise notar que se había ruborizado levemente antes de que se girara de nuevo y se aclarara la garganta pero seguramente serían ideas mías, la que estaba roja como un tomate era yo.
- Por poco Kagome.- Se disculpó Miroku.
- No pasa nada Miroku. -
Nos quedamos todos un rato en la piscina, la verdad es que el agua no estaba a muchos grados pero el ambiente caliente hacía que fuera agradable estar dentro del agua. Cuando nos cansamos de estar allí Sango nos propuso ir a ducharnos y comenzar con la barbacoa.
- Tú primero.- Le dije a Inuyasha tímidamente intentando no mirar más debajo de su rostro el cual me provocaba casi el mismo efecto que su cuerpo, por no decir el mismo.
- No, no Kagome, no estaría bien por mi parte. -
Decidí acceder y me duché primero, cuando salí me crucé con él y le hice un leve gesto para que se metiera en el baño. Seguidamente guardé mis cosas y bajé con Sango y Hitomi que se encontraban abrigaditas, como yo, preparando las ascuas.
Cuando los chicos estuvieron listos comenzamos a preparar la barbacoa, todo había estado delicioso. Me había encantado notar como Inuyasha había congeniado con todos, sabía que pasaría, él era encantador, era difícil que no le cayera bien a la gente.
Más tarde Sango nos obligó a Hitomi y a mi dejar de recoger ya que Kaede se encargaría de todo. Las cosas habían cambiado mucho desde la última vez que había venido, hacía ya dos años. Al otro extremo de la casa, en la parte de atrás había un patio grandioso y un jardín hermoso y enorme con una piscina descubierta de notables dimensiones. Era una casa de ensueño.
Por la tarde estuvimos jugando al Sing Star* hasta antes de cenar y reímos hasta más no poder, más de una vez me quedé mirando a Inuyasha, sus carcajadas eran música celestial para mis oídos. Era tan agradable verlo así…
Después de cenar todos nos encontrábamos cansadísimos, así que decidimos ir a dormir para reponer fuerzas. Yo por lo menos caí rendida, fue tocar la cama y quedarme inconsciente. Hasta que me desperté a no se qué hora sería desorientada. Mis inoportunas necesidades fisiológicas me habían despertado. Quise aguantar, no me hacia gracia pasar por la habitación de Inuyasha pero me dolía la vejiga bastante.
Suspiré y me senté en la cama para encender la lamparita de la mesita de noche que se encontraba al lado de mi cama, no alumbraba mucho pues la habitación era muy grande, pero al menos podía ver la puerta de cristal, a partir de ahí no sé como lo haría.
La puerta se abrió y me quedé por un par de segundos en el umbral, pero me animé y decidí pasar, si no lo hacia ahora tendría que hacerlo cuando me estuviese muriendo del dolor de vejiga. Caminé por la oscuridad rápidamente intentando encontrar rápido la puerta del cuarto de baño pero de repente choqué con una piel caliente. ¡Cielos! Mi rapidez hizo que el choque me hiciera caer, pero cuando pensaba en que pronto estaría perdida en el suelo de mármol y con un buen moratón en alguna parte de mi cuerpo, sus brazos me sujetaron con fuerza ciñéndome a su cuerpo.
Noté su aliento acariciándome el rostro y como su dulce y varonil aroma me invadía los pulmones, era delicioso. Su respiración se había agitado considerablemente, pero un momento la mía tampoco se había quedado atrás. Quería acercarme y acortar aquellos pocos centímetros para probar aquellos dulces labios. Podía sentir sus manos aún presionadas fuertemente en mi cintura, se había quedado tan estático como yo. Podía hacerlo si quisiese, Inuyasha era un buen chico a parte de que había descubierto que me encantaba y oficialmente se suponía que no estaba con Kouga, además él no me había venido a buscar en estos días. Pero no podía hacerlo, él no me correspondería, estaba enamorado de alguien más. Así que presioné mis manos sobre su duro pecho, el tacto del cual provocó que mi cuerpo se envolviera de infinitas descargas eléctricas.
- Lo siento… estaba oscuro y… - Dije titubeante.
- No Kagome, no te preocupes, la culpa ha sido mía, debo fijarme mejor por donde voy.- Me cortó nervioso.
- Soy algo patosa. -
- No… no te preocupes. -
- Gracias.- Dije sonriendo en la oscuridad.
- No podía hacer menos.- Noté como se alejaba en la oscuridad. ¿Acaso había ido al baño con la luz apagada? Yo no le había visto salir.
Entré en el baño, cerré la puerta, presioné el interruptor de la luz y suspiré, realmente Inuyasha me estaba gustando más de lo que yo me hubiese imaginado. Me miré al espejo y llevé mis manos a mi rostro para taparlo. Había estado tan cerca de arruinarlo todo…
.
Sing Star es un juego de karaoke en el que los jugadores cantan canciones para ganar puntos. Mientras en la pantalla se muestra el vídeo de la canción conjunto con la letra de esta.
_||:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::||_
Ayudenme con el segundo nombre para Inuyasha ¡Recomienden sus favoritos!
¡Chicas! Dios cada vez surgen más y más sentimientos por parte de nuestros prota :D
Kagome esta cayendo en la tentación que le provoca Inuyasha.
Pero la entendemos completamente… digo ver a Inuyasha en traje de baño! Y compartir habitación!
Uff… estoy hiperventilando haha
A lo que iba no se olviden de dejarme sus reviews que la cosa se esta poniendo cada vez mejor :D
Un besote y ya me voy a dormir... Por cierto he salido OFICIALMENTE de los examenes me fue bastante bien y eso me tiene muy contenta :D Gracias por tooodo su apoyo bye!
Nana
