Dulce Descubrimiento.
Disclaimer: los personajes perteneces a Rumiko. Y la historia es de A[punto]BellaCullen.
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GRACIAS a todas y cada una de las lectoras tanto las nuevas como las que estan desde el principio :D
Capítulo 7. Salida.
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¿Y ahora que podía decir para defenderme de mí misma? Había estado a punto de besar a Inuyasha la noche pasada. Volví a mirar el reloj por centésima vez: las 08:27. No había vuelto a dormir mucho más después de volver del cuarto de baño.
¿Qué tenía que pensar ahora? Tenía que ser sincera conmigo misma, nunca antes había sentido algo parecido a lo que había sentido anoche, ni con Kouga ni con nadie. Inuyasha… volví a pensar. Me mordí el labio, esto no podía seguir así, tenía a un bellísimo Dios tentándome cada segundo que estaba en mi apartamento, pero no podía decirle nada y mucho menos echarle, ante todo él era mi amigo y uno de los mejores.
Me retorcí entre las sábanas quedando boca arriba, me crucé de brazos y flexioné las rodillas. ¿Por qué tenía que ser todo tan difícil? Me volví a preguntar una vez más. Se suponía que tenía que estar muy afectada por lo de Kouga, sin embargo… anoche casi había besado a Inuyasha. Y lo peor es que había sentido la necesidad o bueno no sabía muy bien definir lo que era realmente, solo había sentido el impulso de hacerlo, quería probarlo, quería sentirlo, quería tener a ese perfecto ser entre mis brazos… había sentido un fuego que jamás había sentido con nadie, espera. Me encogí, intentando eliminar aquella sensación que me estaba invadiendo, tan nueva y extraña, tan… desesperante. No podía ser, técnicamente yo no estaba preparada para tener relaciones sexuales… Volví a morderme el labio, esta vez más fuerte.
Tenía que quitarme estas estúpidas ideas de la cabeza a como diera lugar. Me senté en la cama y suspiré fuertemente, la luz comenzaba a entrar por los agujeritos de las enormes persianas, decidí levantarme antes que Inuyasha, no sabía muy bien como iba a mirarle a la cara sin que en seguida me pusiera nerviosa. Conocía perfectamente mis reacciones y sabía que me iba a pasar.
Caminé hacia la puerta nerviosa con la mochila a la espalda, se abrió y entré aspirando levemente su aroma. Era curioso, podía encontrar su olor tan característico en un lugar tan amplio, eso me asustó más todavía. Caminé intentando no tropezarme hasta que tenté con la mano la puerta del cuarto de baño. Con cuidado la abrí y entré en el interior, encendí la luz y suspiré por mi logro.
Después de vestirme y asearme un poco volví a mi habitación con la misma suerte de no hacer ruido y salí al amplio pasillo. Suspiré, lo había conseguido. Caminé lentamente, seguramente todos estaban durmiendo. Bajé por el ascensor hasta el comedor. Tuve que quitarme la chaqueta, la calefacción estaba bastante elevada.
-Buenos días señorita.- Me saludó Tsubaki. Era una de las mujeres que se encargaba de las tareas de aquella casa. Debía tener unos 45 o 50 años, era morena y un poco más baja que yo.
-Hola.- Dije sonriendo levemente.
-La señorita Sango está desayunando. -
- ¿Sango ya está levantada? - Ella asintió.
- ¿Desea que la acompañe hasta la cocina? -
- Me haría un gran favor. -
Tsubaki cruzó un enorme pasillo al lado de las escaleras en forma de espiral, cruzó la esquina hacia la izquierda entrando por una puerta.
-Oh.- Fue todo lo que salió de mi boca al ver la cocina, aunque tenía que habérmelo imaginado después de ver toda aquella casa.
- ¿Ya te has levantado? Realmente me tienes muy preocupada Kagome. -
- Buenos días Sango.- Dije tomando asiento a su lado. Me llevé la mano a la cabeza, el no dormir comenzaba a pasarme factura.
- ¿Estás bien? - Preguntó preocupada.
- No he pegado ojo en casi toda la noche.- Dije frotándome las sienes. Hubo un silencio, debía haberme esperado lo que vendría a continuación.
- ¿Es que Inuyasha y tú…? -
- ¡No! - Exclamé sin dejarla acabar. Sango me miró sorprendida por mi reacción.- A mi me sorprende que estés levantada tan temprano.- Dije intentando cambiar de tema.
- Bueno… he descansado de maravilla.- Dijo cambiado su expresión por una sonrisa.
- ¿Todo bien con Miroku? -
- No sabes cuanto.- Dijo enfatizando su sonrisa.
- Me alegro de que les vaya tan bien…- Dije algo deprimida por mi situación.
- Kagome… eh… - Tomó mi cara entre sus dos manos y me hizo mirarla a los ojos. -No me gusta que estés así… ¿es por Kouga? - No contesté, la verdad es que estaba hecha un lío. - Kagome, olvídate de él, no es bueno para ti, creo que lo mejor de todo ha sido…- No la dejé acabar.
- Sango… no… - Dije mirándola mientras notaba que las lágrimas se agolpaban en mis ojos. Era Sango. Era mi amiga, tenía que decírselo.
- Kagome ¿Qué pasa? - Presionó más fuerte sus manos en mi rostro y frunció el ceño.
- Es que… me parece… creo que… -
- Kagome… - Presionó.
- Creo que me gusta Inuyasha.- Solté sin pensarlo más. Sango frunció más el ceño y después comenzó a reír quitando las manos de mi rostro. -¿Qué te hace tanta gracia? -
- Tú, Kagome. -
- Ah vaya… muchas gracias. - Eliminó su sonrisa y volvió a mirarme.
- No me sorprende lo que me acabas de confesar, yo ya lo sabía. Sé que Inuyasha te gusta mucho igual que sé que a Inuyasha le gustas tú.- Sonreí irónicamente.
- Eso no es verdad Sango.- Dije apartando la mirada hacia el zumo de naranja que Tsubaki me había puesto.
- Es tan verdad como que estamos desayudando juntas. -
- Sango… Inuyasha está enamorado de otra persona. - Sango me miró incrédula. Suspiré.
- Es que no puede ser. -
- ¿Por qué no? Hay millones de mujeres, no tiene que fijarse en mí necesariamente. -
- ¿Has visto como te mira? - Pensé por unos segundos en como lo hacía.
- Sango… no me mira de ninguna manera, me mira como un amigo mira a una amiga y nada más.- Sentencié.
- Kagome… -
- ¡Buenos días! - Nos cortó Sota acercándose a nosotras.- ¿De qué hablaban? -
- Nada interesante.- Le dije.
- ¿Chicos? - Preguntó él.
- Sota… -
- Oye hermanita, y este tal Inuyasha… ¿qué pasa con él? - Me preguntó dándome un codazo juguetón.
- ¿¡Pero que les pasa! - Sota me miró sorprendido.- ¿Y tú por que no tratas a Inuyasha como a todos los demás? - Sota comenzó a reírse y Sango le siguió hasta que vio mi cara de pocos amigos.
- Kagome… - Comenzó mi hermano sofocando su risa. - ¿No tendrías que ser amable conmigo por tratar a tu amigo tan bien? -
- Pero no lo entiendo… -
- Parece buen chico.- Dijo mi hermano. Suspiré y reí incrédula.
- Me cuesta creer que lo trates bien. -
- Eres mi hermana y quiero lo mejor y desde luego se le ve que es mucho mejor que ese novio que tenías. Ese Ken. -
- Sota… -
- Me he dado cuenta que siempre me parecerán malos todos los chicos que se te acerquen… pero no sé, él es diferente, no es que piense que sea el mejor de todos, pero…- sacudió la cabeza.- ¿Me vas a contar que ha pasado con Ken? - Puse los ojos en blanco.
Suspiré, no tenía ganas de contarle nada y menos ahora que creía comenzar a sentir algo por Inuyasha, y eso no iba a confesárselo. Sota podía tratar todo lo bien que quisiera a Inuyasha pero seguramente si supiese que estaba interesada en él cambiaría de idea, bueno después de todo lo que había visto no me sorprendería si no fuera así. Alcancé a notar fruncido su entrecejo cuando le dije, todo lo delicadamente que pude, que Inuyasha se había venido a vivir a mi apartamento, pero ni rechistó y siguió escuchándolo todo. La verdad me tenía preocupada, no parecía Sota.
- Ajá.- Dijo procesando toda la información que le acababa de dar.- Pues… a mi me parece muy bien. -
- Eso fue lo que le dije yo.- Agregó Sango.
- Quizás debería… no sé… llamarle. Hace días que no sé nada, le veo en clase y para él es como si no existiera. -
- Kagome.- Sota me apretó la mano.- Él no te merece.- Me incliné hacia Sota y le besé en la mejilla.
A veces podía parecer un niño pequeño y malcriado, pero en el fondo sabía con certeza que me quería tanto como yo le quería a él y que quería lo mejor para mí.
Me quedé hablando un poco más con él y con Sango hasta que bajaron Miroku, después Inuyasha y por último Hitomi. Esperamos a que todos desayunaran.
No podía mantener la mirada con Inuyasha. Nos pillamos mutuamente un par de veces mirándonos pero en seguida nos esquivábamos. Esto no podía seguir así.
Más tarde volvimos a ponernos los bañadores para bajar a la piscina cubierta e intenté mirar lo menos posible a Inuyasha, ese bañador rojo le sentaba mejor que cualquier otra prenda que le hubiese visto puesta. ¿Qué no le quedaba bien a él? Podría verle vestido ahora con los trapos que llevaba cuando vivía en el parque y seguiría siendo perfecto.
Que suerte tenía esa chica de la cual él estaba enamorado. Me preguntaba si ella debía saber los sentimientos de Inuyasha, realmente no quería que los supiera, no sé si lo soportaría. ¿Pero qué estaba pensando? Inuyasha tenía que hacer su vida y yo no podía quedarme atrás, tenía que seguir adelante aunque no fuera con Kouga.
Intenté imaginarme a Inuyasha paseando por aquel parque de al lado de mi apartamento de la mano de alguna mujer, tan preciosa como él, perfectamente podría estar saliendo con alguna modelo famosa, serían la pareja ideal. Tenía tan pocas posibilidades de que él se fijara en mí como que yo me convirtiera en la Reina de España. Si con solo una leve caricia y con el golpeteo de su aliento me había afectado de esa manera, ¿Cómo sería besarle? Las sensaciones se habían apoderado de mí la noche anterior…
Intenté no pensar más en Inuyasha durante todo el día, algo que era casi imposible teniéndolo al lado siempre. Por lo menos había estado con Hitomi y Sango viendo una película en la sala de cine mientras él, Miroku y Sota se habían quedado jugando a la Play Station. La película, El curioso caso de Benjamin Button, al menos lograba captar algo de mi atención, eso era agradable. Pero cuando la película acabó y esperaba a que Hitomi y Sango acabaran de limpiar sus lágrimas, mi móvil vibro en mi bolsillo y el tono que jamás pensé volver a escuchar comenzó a sonar. Hitomi, Sango y yo nos miramos sorprendidas, sabían perfectamente a qué contacto pertenecía la melodía, en seguida reaccioné y cogí el móvil, me lo quedé mirando sin saber qué hacer.
- Kagome, no lo hagas.- Me pidió Hitomi.
Pero lo mejor era cogerlo, Kouga era el único que podía hacer que olvidara lo que sentía por Inuyasha o al menos eso pensaba yo, podía intentarlo, si él me quería. El tono continuaba sonando, si no lo cogía ahora colgaría… Pulsé el botón verde.
- Kouga… - Contesté. Alcancé a ver como Hitomi y Sango negaban con la cabeza en desacuerdo a lo que acababa de hacer, pero ya era demasiado tarde.
- Kagome ¿dónde estás? Te he estado llamando a tu casa todo el fin de semana y no me contestabas. -
- Estoy en casa de los padres de Sango, en la montaña. - Tampoco era para que me estuviera pidiendo explicaciones, pero tonta fui yo. No se había dignado a mirarme después de lo que había pasado en el centro comercial y ahora venía pidiéndome explicaciones de a donde me encontraba.- Aunque creo que eso no te incumbe, no debería importarte. -
- ¿Estás con él? - Me quedé en silencio.- Kagome, ¿estás con él? -
- ¿Y qué importa eso? -
- ¿Cómo? ¡Claro que me importa Kagome! -
- Mira si sigues así lo mejor será que dejemos de hablar.- Dije seriamente.
- Perdona Kagome.- Dijo después de unos segundos.- Solo te llamaba para disculparme por estos días y para pedirte que quedáramos para hablar, he estado pensando y bueno…- Miré fijamente a mis dos amigas.
- Sí, claro Kouga.- Acepté sin pensarlo.
- Perfecto, pues ¿te parece bien que pase a buscarte mañana por la mañana para ir a clase? -
- Sí, me parece bien.- Sango y Hitomi me miraban intrigadísimas.
- Te quiero Kagome.- Se me hizo un nudo en la garganta, yo ahora no sabía si le quería o no.
- Hasta mañana Kouga.- Colgué.
- ¿Hasta mañana? - Preguntaron a la vez. Las miré con culpabilidad, pero él era la única salida.
- Sí, quiere hablar conmigo. -
- ¿Y qué harás si te pide de nuevo que dejes a Inuyasha en la calle? -
- No puedo hacer eso, él lo sabe. -
- ¿Y crees que dará su brazo a torcer tan fácilmente? - Preguntó Hitomi retándome. Suspiré.
- No lo sé, no sé nada, solo quiero que Kouga recapacite. -
- Kagome en muchas ocasiones un clavo no saca a otro clavo.- Sango me había pillado. Hitomi me miró con el ceño fruncido.
- ¿Me he perdido algo? - Preguntó.
- Nada que no te hayas dado cuenta ya.- Respondió Sango poniendo los ojos en blanco.
- Ah… - Se limitó a contestar Hitomi y cruzó las piernas.
- Yo quiero a Kouga.- Sango rió de manera irónica.
- Abre los ojos Kagome.- Contestó seria.
Decidí que no tenía nada más que hablar, me levanté y me fui hacia la habitación para recoger todo lo que habíamos traído Inuyasha y yo. Eché una última ojeada a aquella hermosa habitación y bajé hasta donde se encontraban los chicos y ahora Sango y Hitomi.
- Nos vamos Inuyasha. -
- ¡Hermanita espera, lo estoy haciendo picadillo! - Decía Sota mientras pulsaba las teclas del mando de la videoconsola. Miroku rió.
- Sota… pero si aún no nos has ganado a ninguno de los dos.- Dijo este ultimo.
- ¡No! - Gritó Sota dándole un puñetazo en el hombro a Inuyasha el cual sonrió tímidamente.
- Otra vez será Sota.- Dijo Inuyasha.- ¿Nos vamos? - Preguntó mirándome. Tragué saliva.
- Sí, ya es hora de que nos vayamos.- Contesté como pude.
De camino a casa decidí poner la radio para que no resultara tan incómodo el silencio que se había creado entre nosotros. No era nada habitual el que no hablásemos, desde siempre lo había hecho con gran facilidad. Me atormentaba no poder hacerlo igualmente ahora.
Bajamos del coche y nos dirigimos hacia mi apartamento, le dije a Inuyasha que se duchara antes y esta vez aceptó. Yo de mientras me puse a planchar algunas prendas que tenía atrasadas. Noté como mi corazón se detenía cuando lo vi salir del cuarto de baño con esa diminuta toalla que solo le tapaba lo justo y como mis mejillas ardían furiosamente. Me alivió el notar que él no se había dado cuenta.
Después de ducharme preparé algo para cenar mientras Inuyasha miraba la televisión, se lo agradecí por que no sería muy capaz de tenerlo cerca, mi cocina no era muy grande y el simple roce podría echarlo todo a perder. Solo hablábamos lo necesario, parecía que él había notado mi cambio, maldición, no quería ser tan obvia.
- Esto estaba muy bueno.- Dijo con una sonrisa. Me quedé mirándole por unos segundos contemplando su rostro.
- Gracias… nada del otro mundo, seguramente tú también sabrías hacerlo.- Dije apartando mi vista de sus ojos ámbar.
- Ahora me toca fregar a mí. -
- Ni hablar. -
- Vamos Kagome, me siento mal si no te ayudo en algo, ya que vivo aquí gratuitamente déjame que al menos te ayude en algo. -
- Bueno vivirás aquí gratuitamente solo hasta que encuentres un trabajo, después podrás ayudarme.- No podía creerme lo que acababa de salir de mi boca. Inuyasha se quedó mirándome confuso durante algunos segundos. Le sonreí para romper el hielo.
- ¿No me vas a echar cuando encuentre un trabajo? -
- No, no tienes por qué irte.- Me estaba sorprendiendo a mi misma. Mis palabras salían sin haber sido procesadas antes por mi cerebro. Si quería arreglar las cosas con Kouga, no estaba actuando de manera correcta.
- Pero… -
- Por cierto.- Dije intentando cambiar de tema, ya que empezaba a sentirme nerviosa.- ¿Por qué no has aceptado la oferta de los padres de Miroku? Realmente era tentadora. -
- ¿Modelo? ¿Yo? Vamos Kagome.- Rió.
- ¿Por qué no? -
- No es tan fácil, además ya se lo he dicho a Miroku, quiero salir del agujero por mí mismo.
- Y me parece estupendo, pero podrías intentarlo sin la ayuda de Miroku.- Me miró confuso.- Sí.- Me acerqué más a su lado.- Puedes ir a ver que tal, sé que no debe ser nada fácil, pero si te ven a lo mejor les gustas.- Volvió a reír.
- ¿A quien le puedo gustar? - Esta vez fui yo la que lo miró confusa.
- Inuyasha… no eres feo.- Realmente era perfecto, pero tampoco quería que notara mi adoración a su belleza.- Anda, inténtalo, hazlo por mi.- Dije sonriéndole.
- Kagome…- Se acercó a mi rostro. Ni siquiera me había dado cuenta de que el mío se había inclinado en su dirección sin mi permiso.- ¿Tan pronto quieres deshacerte de mi? - Pronunció bajito. Noté como su cálido aliento acariciaba mis labios y cerré los ojos antes de apartarme, era necesario si no quería cometer un error.
- Ya te he dicho que no tienes por qué irte.- Inuyasha hizo una mueca.- ¿Lo harás por mi? - Él suspiró.
- Bueno… lo intentaré.- Le sonreí ampliamente.
- Bueno y… ¿Qué tal con esa chica de la cual me hablaste? -
- ¿Qué chica? - Preguntó con el ceño fruncido.
- Sí… la chica a la que quieres.- Me costaba tanto…
- Ah…- Agachó la cabeza y noté su sonrisa.- Creo que puede haber mejorado la situación.- Fruncí el ceño, el dolor se había alojado en mi pecho y me oprimía los pulmones.
- Eso está bien.- Dije como pude. Tuve la tentación de pedirle que algún día me la presentara, pero realmente no me encontraba emocionalmente bien para soportarlo. - Voy a fregar. -
- De eso nada, yo friego esta noche, vete a la cama y descansa que mañana tienes clase.- Me sonrió ampliamente. Notaba que estaba más feliz, como más a gusto, eso debía ser por su acercamiento con esa chica.
Le tomé la palabra, era lo mejor, necesitaba estar a solas conmigo misma. ¿Cómo podía haber reaccionado de esa manera? Era normal que Inuyasha se enamorara de alguien y de que esa chica le correspondiera, sería estúpido no hacerlo por su parte.
Ahora más que antes estaba segura de que debía arreglar las cosas con Kouga. El dolor de saber que Inuyasha podía comenzar a salir con otra chica que no fuera yo, era más grande que el que había sentido cuando Kouga me había dejado. Las lágrimas caían silenciosas por mis mejillas, dificultándome la respiración. No quería que Inuyasha se diera cuenta, no quería que volviera a verme llorar. Me había visto muchas veces llorando pero no sabría explicarle por qué lloraba si el causante de mis lágrimas era él.
Kouga era mi única salida y tenía que aprovecharla, tenía que intentar quererle a como diera lugar. La atracción que me causaba Inuyasha era demasiado peligrosa y debía ser consciente de que solo era una inmensa atracción, yo quería a Kouga… ¿O no era así? No, no podía engañarme, no debía querer mucho a Kouga cuando a la primera de cambio un hombre producía esas sensaciones en mí, las sensaciones que él jamás consiguió que yo sintiera.
La noche había avanzado bastante y yo aún no me había podido quedar dormida pensando en todo lo que se me venía encima. Me levanté para ir a hacerme un poco de Tila, la necesitaba, necesitaba relajarme un poco, pero al pasar al lado de la puerta de la habitación donde dormía Inuyasha comencé a escuchar como se quejaba. Asustada por los violentos jadeos, abrí la puerta de su habitación e intenté mirar a través de la oscuridad. La poca luz de la luna que entraba por la ventana me permitió observar como Inuyasha se movía en la cama como si estuviera teniendo una pesadilla. Me acerqué a la orilla del colchón.
- Inuyasha.- Le llamé, pero no me escuchaba.
- No…- Decía él. Levanté una mano y le acaricié su rostro, el cual estaba bañado en sudor.- No he sido yo… -
- Inuyasha, despierta- Volví a llamarle.- Inuyasha. -
Entonces paró de moverse y en un movimiento rápido que casi me asustó se sentó en la cama mirando en frente.
- Inuyasha…- Murmuré. Él giró su rostro lentamente hasta mirarme a los ojos y se reclinó en mi dirección abriendo sus brazos para darme un abrazo. Me quedé estática por un momento.- ¿Qué estabas soñando? - Pero no me contestó, parecía estar ahogando sus sollozos.
- Lo siento Kagome…- Lo aparté suavemente, le tomé el rostro con las dos manos y le miré a los ojos.
- No deberías pedirme perdón por haber tenido un mal sueño, pero me preocupa, ¿Qué soñabas Inuyasha? ¿Qué te molestaba tanto? -
Inuyasha cerró sus ojos fuertemente con el ceño fruncido, imprudentemente le miré los labios, los cuales había tensado. Quería hacerle olvidar ese mal sueño con mis abrazos, quería besarle para borrar esa tensión de sus labios, quería acariciarle para tranquilizarle, quería que lo olvidara todo conmigo. Sin darme cuenta me había acercado excesivamente a su rostro, notaba su respiración aún elevada, la mía se había intensificado a causa de su cercanía, miré sus labios una vez más pero no podía hacerlo, no cuando sabía que no era yo a quien deseaba. Me aparté lo suficiente, él seguía con los ojos cerrados.
- ¿Quieres una Tila? – Le pregunté. – Yo iba a hacerme una.- Él abrió sus preciosos ojos y asintió.
Estaba deseando que amaneciera para que Kouga pudiera intentar meterse otra vez en mi corazón, era lo único que deseaba en aquellos momentos. Quería ser la mejor amiga de Inuyasha, pero sintiendo lo que sentía por él, parecía imposible.
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¬_¬ Ustedes que opinan de auto-control de Kagome? porque yo ya estoy empezando a odiarlo u_u
En fin en el proximo veremos que ondi con Koga... y diganme quien quiere cuidar de este Inu con pesadillas!
...lo siento pero no voy a prestarlo este Inu es MIO! muajajaja ^^
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Nos vemos prontito bye!
