Dulce Descubrimiento.
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Rumiko. Y la historia es de A(punto)BellaCullen.
Mientras mas reviews mas rápido actualizo =) abajo les dejo un adelanto, disfrútenlo
Capítulo 8. Error.
.
- Buenos días pequeña.- Me saludó Kouga cuando subí al coche.
- Buenos días.- Respondí sintiéndome rara. Me acerqué para propinarle un beso en la mejilla, pero como un acto reflejo en seguida me alejé cuando me di cuenta de que Kouga iba a besarme en los labios. Se me quedó mirando confuso. - Querías hablar, ¿no? - Kouga hizo un gesto de dolor.
- Supongo que no me lo merecía.- Dijo arrancando el coche. - Tienes mal aspecto. ¿Estás bien? -
La noche anterior también había dormido bastante poco y eso me imaginaba que debía notarse en mi cara. Inuyasha me había acompañado a la cocina para tomarse una Tila conmigo, pero a mi no me hizo efecto alguno. Estuve pensando toda la noche qué sería con lo que había soñado Inuyasha, algún miedo de su infancia o algo que habría pasado cuando estuvo viviendo en la calle. Lo acompañé hasta su habitación cuando se acabó la infusión y estuve toda la noche pendiente por si volvía a escucharlo.
- ¿Kagome? - Preguntó Kouga sacándome de mis pensamientos.
- Ah sí, es que no he dormido muy bien. -
- ¿Por qué? - Bien, esta era justo la pregunta que quería responder. Miré al frente y apreté mis puños intentando buscar una rápida respuesta.
- Me quedé mirando la televisión hasta tarde. -
- Eso no es muy típico en ti. -
- ¿No verdad? - Dije riendo forzosamente para darle credibilidad a mi mentira.
- ¿Cómo está él? - Me hubiese gustado verme la cara en esos instantes, ¿Kouga me estaba preguntando por Inuyasha? Giré mi cara instintivamente para mirarle. Su rostro seguía mirando la carretera, aparentemente tranquilo.- ¿No vas a responderme? -
- Me sorprende que preguntes por él, simplemente. - Dije volviendo a mirar la carretera.
- Intentaba ser correcto.- Me quedé en silencio, esto no tenía ni pies ni cabeza, ¿Por qué estaba actuando de esta manera? - Kagome, siento como me comporté con él, fui un estúpido. Siempre te he dicho que lo que más me gusta de ti es tu persona y yo quería cambiarte, pero lo siento, a veces los celos nos ciegan, deberías saberlo. -
- ¿Tú… estabas celoso de Inuyasha? - Vaya en ese entonces no tendría que estar celoso, ahora debería estarlo.
- No sé… era extraño. Sé que siempre te has llevado bien con él, que le quieres mucho y el ver que lo metías en tu apartamento antes que a mí me molestó bastante.
Era verdad, puede ser que tuviera razón, había metido en mi apartamento a Inuyasha antes que a mi novio, pero sabía los motivos. Si Kouga vivía conmigo, me hubiese sentido más forzada a hacer algo que no quería y con lo que no me hubiese sentido a gusto, y aunque él me aseguraba que me esperaría el tiempo que hiciese falta, al final me hubiese sentido obligada a hacerlo y yo quería hacerlo cuando realmente sintiera la necesidad de entregarme a él.
- Lo siento Kouga, sabes que solo intentaba ayudarle. -
- Lo sé, pero Kagome, quiero arreglar las cosas. -
- Ya sabes las reglas.- Me pareció escuchar un bajo bufido.
- Lo sé y créeme que es difícil, pero estos días me han servido para reflexionar y darme cuenta que no puedo estar sin ti. Kagome lo eres todo para mí.- Aquellas palabras me llegaron y por un momento me hicieron sentir culpable por sentir aquella desesperante atracción por Inuyasha. Agaché la cabeza. - Kagome te necesito más que nunca. - Miré a esos ojos azules que me habían gustado desde que lo había visto por primera vez y que ahora había sustituido en mis preferencias por unos ámbar.
- Kouga… -
- Kagome… mi padre se muere.- Noté como mis ojos se hacían más grandes y como mi pecho se oprimió por la noticia. Su padre se estaba muriendo. Quitó las llaves del contacto, ya habíamos llegado. En un gesto de apoyo alcé mi mano para acariciarle la mejilla, pude alcanzar a ver una lágrima recorriendo su mejilla.
- Lo siento Kouga… no sé qué decirte, me has dejado de piedra.- Él comenzó a sollozar.
- Están haciendo todo lo posible por salvarle, pero el cáncer está muy extendido. -
Cáncer... pensé… Nunca había visto a sus padres, jamás me había querido llevar a conocerlos, pero sentía un fuerte dolor en mi pecho, me imaginé como debía sentirse él poniéndome en su lugar, si yo me encontrara en su situación me hubiese hundido en las más profundas sombras.
Me acerqué más y le rodeé con mis brazos, tenía que dejar de lado los rencores y mis sentimientos por Inuyasha, ahora él me necesitaba. Noté como ladeaba su cabeza intentando buscar mis labios.
- Kagome… por favor…- Susurró cerca de mis labios. Tenía que hacerlo, tenía que besarle, Inuyasha estaba fuera, el quería a otra, Kouga me quería a mi y me necesitaba, no podía hacer menos, me esforzaría hasta lo imposible para volver a quererle, tenía que lograrlo. Atrapó mis labios delicadamente, asegurándose de que no me apartara. Cerré los ojos y me dejé llevar, pero un par de ojos ámbar, los cuales conocía perfectamente, aparecieron en mi mente. Me aparté lo más suavemente que pude.
- Kouga… vamos a llegar tarde.- Se separó y me miró por unos instantes, después asintió con una media sonrisa.
Podía notar como la gente nos miraba curiosa, podía ver a mis compañeros hablar por lo bajo, seguramente sobre el nuevo tema: Reconciliación de Kouga y Kagome. Algunas compañeras me miraban hoscamente, otras no paraban de reír, era realmente extraño. Antes me lanzaban miradas envidiosas pero nunca se habían reído. Me había sentado toda la mañana entre Sango y Kouga, la primera casi no me había dirigido la palabra.
- Sango, ¿podemos hablar? - Le pregunté cuando acabamos al mediodía. Ella suspiró antes de clavar una amenazante mirada en Kouga. Sabía lo que tenía que hacer.
- Kouga, me voy con Sango a casa, ¿vale? - Le estreché la mano, él asintió y se inclinó para darme un cortó beso en los labios. - Nos vemos mañana.- Me sonrió y desapareció por las puertas automáticas.
Sango y yo nos reunimos con Miroku en su coche, durante el camino no me dirigió la palabra, entré silenciosamente en el asiento trasero, saludando a Miroku.
- ¿Qué estás haciendo Kagome? - Preguntó Sango exasperada cuando Miroku arrancó.
- Lo correcto.- Respondí.
- Lo correcto no es huir Kagome. -
- ¿Y de qué se supone que estoy huyendo Sango? -
- De Inuyasha. - El corazón me dio un vuelco al escuchar su nombre y comencé a sentirme acalorada, como una reacción a su acierto.
- No estoy huyendo de nadie.- Dije más tratándome de convencerme a mi misma que a Sango.
- Kagome… no sigas con Kouga, él no te conviene. -
- ¿Cuántas veces más me lo vais a repetir? Kouga me quiere. -
- Pero tú no le quieres a él. -
- ¿¡Cómo puedes estar tan segura! - Le contesté ya enfadada.
- Es una lástima que aún no te hayas dado cuenta de nada. -
Me quedé en silencio, precisamente ese había sido el problema, me daba cuenta de que Inuyasha me importaba demasiado, que me gustaba como nunca me había gustado nadie, que había sentido mi piel arder a causa de sus caricias y no de otras, ese era exactamente el problema.
- Quiere a otra persona.- Dije firmemente.- Y yo debo seguir adelante. -
- ¡Pero no con él! -
- ¿¡Pero que te pasa con Kouga! ¡Que yo sepa no te ha hecho nada! - Sango se giró con la mirada llena de ira para mirarme.
- ¡A mi no Kagome, pero a ti sí! -
- Sango, se ha disculpado conmigo, se arrepiente de verdad por haber tratado así a Inuyasha… - Sango se volvió a girar indignada mirando hacia la carretera.- Y ahora me necesita más que nunca… -
- ¿Por qué? - Preguntó seria pero con un deje de curiosidad en la voz.
-Su padre se está muriendo Sango.- Noté como Miroku aspiraba aire fuertemente por la impresión. Sango, se giró lentamente para mirarme.
- Kagome… -
- Sango, él me necesita y tengo que estar para él. -
- Puedes ayudarle de otra manera. -
- Ya me da igual… nunca conseguiría nada con Inuyasha, así que, prefiero volver a intentarlo con Kouga. -
- Deberías luchar por él.- Reí irónicamente.
- No tengo posibilidades con él. -
- No las tendrás si no lo intentas, estoy segura de que como mínimo le atraes, Kagome. - Suspiré. Miroku frenó en frente de mi portal.
- Es mejor dejar las cosas así Sango, gracias por traerme Miroku, nos vemos mañana.- Abrí la puerta trasera y salí del coche a paso rápido hacia mi apartamento.
Subí las escaleras rápidamente mientras buscaba las llaves en mi bolso y con la otra intentaba sostener la carpeta. Me tropecé en el último escalón y lo maldije. Abrí la puerta de mi apartamento y me adentré, notando el placentero calor hogareño, enseguida encendí la calefacción, Inuyasha no tardaría en llegar.
Me acomodé en mi sofá y encendí la televisión. Me puse a pensar en el beso de Kouga. Era una suerte para mí no haber probado los besos de Inuyasha, si ya me había vuelto adicta a su piel, seguramente me habría vuelto adicta si los hubiese probado también. Apagué la televisión cuando me di cuenta de que no estaba viendo nada.
Me levanté y me dirigí a la cocina para preparar algo, aunque no tenía ganas de pensar mucho en qué hacer para comer, así que decidí preparar huevos fritos con patatas. Me disponía a sacar las patatas cuando escuché la puerta. Mi corazón comenzó una carrera desenfrenada, y la piel comenzó a arderme alojando el mayor fuego en mis mejillas. Una de las patatas que había cogido se me escapó de las manos.
- Hola Kagome.- Me dijo un Inuyasha muy animado. Tragué saliva, lo sentía cerca detrás de mí, cogí la patata, suspiré silenciosamente y me giré para enfrentarlo lo más naturalmente posible.
- Hola, parece que te ha ido muy bien hoy ¿no? - Aún no me atrevía a mirarle.
- Como siempre.- Continuó con su tono de voz.
- Te noto… diferente, pareces animado, por eso pensaba que… - Inuyasha se acercó a mi lado y sentí el roce de su bien formado brazo en mi hombro, se inclinó lentamente, provocando que yo me viera obligada a concentrarme para recuperar mi respiración y dejar de pelar las patatas si no quería hacerme un buen corte.
- Gracias por lo de anoche Kagome.- Murmuró cerca de mi oído, haciendo que pudiera sentir su delicioso aliento acariciando mi mejilla ¿Por qué lo hacía?
- Cu… cu… cualquiera lo habría hecho. - Di gracias a que en ese mismo instante el teléfono sonara. Inuyasha se separó lo suficiente para dejarme libre.
- Yo sigo, no te preocupes.- Asentí sin saber que más decir y corrí hacia el teléfono.
- ¿Sí? -
- ¡Mi niña! -
- Ah, hola mamá - Sonreí.
- Me tienes preocupada, no pasas por aquí desde hace mucho tiempo.- Me llevé una mano a la frente, ni siquiera me había dado cuenta.
- Vaya lo siento mamá, de verdad, he estado muy ocupada estos días y no he tenido tiempo para ir a verlos. -
- Pensaba que ya te habías olvidado de nosotros. Ayer Sota estuvo con Hitomi aquí y nos dijo que habíais estado juntos este fin de semana. -
- Ah sí, nos lo hemos pasado verdaderamente bien. - Solo yo tuve algunos problemas por ver a Inuyasha semidesnudo e intentar besarle, quise confesarle.
- ¿Entonces cuando vas a venir a vernos? -
- No lo sé mamá, a lo mejor mañana. -
- ¿Mañana Kagome? ¿Y hoy? - Puse los ojos en blanco, la verdad no estaba de humor para ir a ningún sitio, necesitaba pensar.
- Mejor mañana ¿vale? -
- Pero que no pase de mañana ¿eh cariño? -
- No mamá. -
- El abuelo y yo te echamos de menos. -
- Los tengo muy mal acostumbrados. - Escuché su risa.
- Bueno nena pues nos vemos mañana, ¿vale? -
- Hecho.- Colgué, suspiré aún dándole la espalda a la puerta de la cocina, escuché como Inuyasha echaba algo en una sartén para freír.
- Se te da bastante bien cocinar.- Dije antes de atravesar la puerta de la cocina.
- Bueno freír patatas sabe hacerlo cualquiera.- Reí mientras habría el frigorífico para sacar los huevos.
- No te creas.- Kouga no era muy buen cocinero.
Después de acabar de hacer la comida, puse la mesa rápidamente mientras Inuyasha preparaba los platos y los traía a la mesa. Comimos tranquilamente hablando sobre lo que él había hecho durante el día y lo "interesantes" que habían sido mis clases, estaba loca por acabar la carrera.
Por alguna extraña razón no me atrevía a confesarle que había vuelto con Kouga. Tenía miedo que volviera a ser aquel Inuyasha serio y sin vida, pensando que Kouga volvería a hacer de las suyas y lo peor de todo, pensando que tenía razón. Sin duda, los pocos días que habíamos estado conviviendo se habían convertido en los mejores, bueno con mis pequeñas crisis a causa de mis queridas hormonas, las cuales me habían jugado varias malas pasadas. Aunque la causa mayor era él por ser tan peligrosamente perfecto.
Como ya acostumbraba, me prohibió fregar y solo me dejó quitar la mesa y barrer un poco.
- Bueno, creo que lo mejor va a ser que vaya a hacerme una buena siesta.- Le dije a unos cuantos metros.
- Yo debería hacer lo mismo, esta noche creo que no hemos dormido muy bien.- Dijo mientras se acercaba a donde yo me encontraba. Me di la vuelta dando un paso para dirigirme a mi habitación, pero la curiosidad pudo conmigo y me giré, encontrándome su perfecto rostro a pocos centímetros del mío. Los dos nos quedamos observándonos fijamente a los ojos. Intenté formular mi pregunta de la manera correcta, pero sin alejarme, sus ojos me habían hipnotizado y atrapado.
- ¿Qué… estabas soñando… anoche Inuyasha? - Murmuré muy cerca de su rostro y tragué saliva. Él seguía mirándome. - Inuyasha… -
- Preferirías no saberlo Kagome… - Susurró mientras notaba como se inclinaba lentamente hacia mi rostro.
- Quiero saberlo, necesito saber qué te atormenta.- Dije mientras me alzaba de puntillas involuntariamente y mis manos se fijaban a sus brazos, los cuales lentamente iban atrapando mi cintura.
Nos detuvimos a un par de centímetros el uno del otro sin quitarnos la vista de los ojos. Notaba un brillo nuevo en los suyos, y su color era alegre y vivo, como nunca antes los había visto. No podía más con esta situación, él me estaba buscando y me iba a encontrar, claro que me iba a encontrar. Noté como sus brazos se tensaban fuertemente alrededor de mi cintura, los míos viajaron libremente hasta rodear su cuello.
- Inuyasha…- Susurré.
Me estiré hasta poder alcanzar por fin mi objetivo. Mis labios presionaron dulcemente los suyos, buscando el calor de estos. Los suyos presionaron los míos con algo más de entusiasmo. Sin poder evitarlo atrapé su labio inferior entre mis dientes y lo mordí delicadamente, probando aquel néctar tan dulce. Pronto dejé de sentir las baldosas bajo las puntas de mis pies y Inuyasha comenzó a besarme con algo más que entusiasmo a lo que yo respondí ferozmente. Mis manos se perdieron en su suave cabello, atrayéndolo más a mí. Él elevó una de sus manos hasta mi nuca y la sostuvo presionándola también contra su rostro mientras la otra seguía sujetándome por la parte más estrecha de la espalda.
Me separé de sus labios pero no de su piel y recorrí un ansiado camino de besos hasta el lóbulo de su oreja derecha, mientras él repartía pequeños pero húmedos besos por mi rostro. El calor se apoderó de mi cuerpo, otorgándome descargas eléctricas por las zonas donde él pasaba sus manos y sus labios. Me dejó en el suelo y lo empujé hacia el sofá del comedor, necesitaba algo más de él y lo necesitaba ahora.
Lo tumbé en el sofá y me puse encima suya a horcajadas, sin parar de besarle, él parecía tan encendido como yo, y eso era de agradecer. Bajé las manos de su hermoso rostro solo para que se alojaran bajo su camisa negra, escuché un gemido suyo que se ahogó en mi boca.
Su escultural cuerpo provocaba que los grados de mi cuerpo se elevaran y que cada vez sintiera más necesidad de poseerlo. Durante el fin de semana lo había visto casi todo, pero ahora podía tocar las líneas de su perfecto torso las cuales estaban bien marcadas y sus abdominales estaban duros como la piedra.
Noté cuando Inuyasha, sin parar de besarme aún, metió sus manos por debajo de mi camiseta interior y sus manos ardientes traspasaban las fibras de mi cuerpo, pero… fue en ese preciso momento cuando recordé que yo estaba con Kouga, no podía hacerle esto. Además ¿no se suponía que Inuyasha estaba enamorado de otra persona? Me separé de repente de su rostro con las lágrimas agolpadas en mis ojos.
- No puedo.- Dije intentando calmar mi respiración, tener a Inuyasha así había supuesto demasiado para mí. Él no dijo nada, se sentó a mi lado intentando recuperar también el aliento. - No debía… -
- Lo siento Kagome.- Se limitó a contestar.
- No sé como ha pasado, tú estás enamorado de otra persona y yo estoy con…- No me dejó acabar, me interrumpió.
- Eres tú, ¿no lo ves? - Mi respiración se cortó por un pequeño instante y enseguida comenzó a aumentar nuevamente, podía sentir como mi corazón vibraba de alegría, ¿Era yo? ¡Ella era yo! Había estado celosa todo este tiempo de mí misma y yo sin saberlo, no pude evitar sonreír levemente mientras las lágrimas salían disparadas de mis ojos. - Kagome… todo este tiempo he estado enamorado de ti, ¿de quien iba a estarlo? ¿Me habías visto con alguien más? Tú eras la única, eras como ese ángel que cada día venía a salvarme al parque. No tenía el valor de decírtelo, ¿Quién iba a fijarse en mí? Además tú tenías novio.- Se me hizo un nudo en el estómago.- Pero Kagome, si no sientes lo mismo que yo puedo entenderlo. De todas formas déjame que te de las gracias, ha sido maravilloso y… -
No le dejé continuar, me lancé a su cuello y comencé a besarle de nuevo. No podía ser, él me quería a mi y por mucho que a mi me costase admitirlo yo también le quería. Lo sabía ahora que le había besado con la mayor de las pasiones, lo sabía ahora que él me había correspondido de igual manera, lo sabía porque mi corazón me lo decía desde hacía tiempo y yo había decidido ignorarlo, pero ya no podía hacerlo por más tiempo. Sin saber cómo ni por qué pronto Kouga apareció en mi mente y me separé, cogí una de sus manos y la estreché fuertemente.
- Tengo algo que contarte. -
- ¿Qué pasa Kagome? Si vas a decirme que no me quieres… por favor no lo hagas más difícil.- Vi como su ceño se fruncía y como sus ojos cambiaban de color a un ámbar algo más apagado, le abracé lo más fuertemente que pude.
- He sido una estúpida.- Las lágrimas recorrían mis mejillas tan desesperadas como anteriormente yo había estado besando a Inuyasha.
- Pero Kagome… - Me alejó de su abrazo, tomándome la cara con sus dos manos y mirándome fijamente a los ojos. Yo miré los suyos e intenté ver en su interior, me dolía tanto tener que decirle esto… yo le quería pero Kouga me necesitaba y se había portado muy bien esta mañana. Yo tenía que intentar sanar su dolor y solo lo conseguiría si estaba con él.
- Hoy he vuelto con Kouga.- Dije evitando su mirada, pero noté como se crispaba y pronto sus manos cayeron flácidas en sus piernas.
- Entiendo… Kagome lo siento… yo… yo pensaba que tú sentías algo por mí.- Hizo una pausa.- Perdóname, no tenía que haberlo hecho, ¿Quién iba a fijarse en mi después de todo? -
- No sigas…- Le dije como pude, levanté mi cabeza y esta vez fui yo quien le tomó el rostro para que sostuviera mi mirada. No podía verle así, me rompía el corazón. - Ha sido un error, no debía… -
- Kagome… lo siento -
- Déjame seguir.- Le interrumpí, noté como sus ojos se anegaban de lágrimas. - No debía haber vuelto con Kouga, esto me pasa por ser una estúpida y no hacerle caso a nadie. Te quiero a ti Inuyasha. -
Así como se lo dije Inuyasha se inmutó. Su mirada se perdió y noté que estaba como en otra cosa, como si no me estuviera mirando a mí. Sus pupilas se movían sin mirar a nada y su ceño se había fruncido considerablemente, después de un rato suspiró y cerró los ojos fuertemente por un segundo.
- ¿Qué dices Kagome? - Preguntó con un aspecto realmente confuso.
- Lo que has escuchado Inuyasha… -
- Pero tú… tú estas con Kouga, no deberías… - Agachó la cabeza.
- Lo sé, pero no le quiero a él, intentaba alejarme de ti. Inuyasha yo pensaba que estabas enamorado de otra chica, ¿lo entiendes? - Inuyasha cerró sus ojos un par de veces seguidamente y elevó sus cejas.
- ¿Y ahora? - Suspiré.
- Ahora no puedo dejar a Kouga… él me necesita Inuyasha.- Nos quedamos en silencio varios minutos, Inuyasha parecía que le costaba procesar todo lo que le había dicho, aunque yo aún no podía creerme que él me quisiera a mí.
- Entonces… él es más importante para ti, tú le quieres.- En seguida negué con la cabeza. - Yo… ¿No pretenderás que te comparta? - En seguida me vine abajo.
- Su padre se está muriendo… hoy se ha disculpado por como se comportó contigo… y como pensaba que no me querías, pues decidí volver a intentarlo con Kouga. No puedo dejarle ahora, lo dejaría más hecho polvo. Su padre se muere y su novia lo deja el mismo día que vuelven por quien yo le he jurado y perjurado que no sentía nada por él, o sea por ti. -
- Kagome… yo… - Inuyasha se quedó mirando nuestras manos, ahora entrelazadas.
- Siento mucho todo esto… - Inuyasha suspiró.
- Voy a esperarte el tiempo que haga falta Kagome.- Mi pecho se infló de repente, sintiéndome mejor. Él me quería de verdad, solo él. No pude evitar sonreírle cuando nuestras miradas volvieron a encontrarse y nos fundimos en un muy emotivo abrazo.
- Te prometo que no te fallaré... solo... solo te pido un beso más. - Inuyasha posó una de sus manos en mi cuello y con la otra acarició la parte superior de mi brazo, provocando que un estremecimiento recorriera todo mi cuerpo. Se inclinó hasta que presionó sus suaves labios con los míos. Este sería el último beso hasta que todo acabara, era justo para él y para mí, era lo correcto.
Más tarde Inuyasha decidió salir a dar una vuelta mientras yo me quedaba duchándome en casa, era un suplicio tenerlo tan cerca y no poder besarle o acariciarle. Recogí la colada y me puse a buscar algunas cosas por Internet que necesitaba para la Universidad, después me puse el pijama y le esperé viendo la televisión.
Inuyasha volvió después de 3 horas las cuales se me habían hecho eternas, nunca antes se me habían pasado tan lentas, incluyendo 3 horas seguidas de clase. Esa noche me preparó él la cena y me hizo esperar sentada en la mesa, me encantaba su manera de ser, ¿por qué tenía que ser tan perfecto? Vi como con una sonrisa se acercaba hasta la mesa del comedor con dos platos y me puso delante dos fajitas.
- Con una era suficiente, además no tengo mucha hambre.- Le hice una mueca.
- No sé como habrán salido, pero espero que te gusten, si no te doy permiso para que me eches en seguida.- Dijo con una sonrisa.
- ¿Tú tienes que darme permiso? Podría echarte de mi apartamento en seguida si lo desease.- Dije haciéndome la indiferente.
- Si es lo que quieres… - Se encogió de hombros. Después nos miramos y nos reímos. Inuyasha alargó su brazo para acariciarme la mano.
- Sabes que jamás lo haría.- Dije clavándole mi más sincera mirada. Inuyasha se quedó mirando nuestras manos por un momento e hizo un gesto de dolor, después volvió a mirarme.
- Va a ser difícil. -
- Lo sé… - Dije agachando la cabeza.
Me sentía muy mal por hacer esto. En realidad no solo le estaba haciendo daño a Inuyasha, también se lo estaba causando a Kouga, aunque claro, este aún no se imaginaba nada. No sabía cuánto tiempo tendría que estar con Kouga, pero por lo menos hasta que se recuperase de su dolor un poco. Me sentía mal conmigo misma actuando de esta manera, pero era la única salida que veía por ahora. Kouga sufría, yo había cometido el error de adelantarme a los acontecimientos, era yo la culpable de todo, si desde el principio hubiese actuado esta mañana de otra manera con Kouga, ahora podría estar libremente con Inuyasha, pero no.
No podía causarle más dolor a Kouga, no podía dejarle yo también. Miré a Inuyasha en la oscuridad mientras miraba la televisión, podría imaginármelo a mi lado así todos los días de mi vida. Preparándome la cena, fregando los platos, consintiéndome y haciéndome sentir la mujer más feliz y dichosa del mundo, era lo que quería, lo que más ansiaba.
- ¿Qué miras? - Preguntó antes de girar su rostro para mirarme. Noté como el calor amenazaba a mis mejillas con quemarlas, me había descubierto.
- Solo imaginaba cosas.- Me acerqué más, apoyando mi cabeza en su hombro.
- ¿Qué cosas? -
- El futuro.- Se quedó en silencio.
Noté como apoyaba suavemente su cabeza en la mía después de besarme en la coronilla, cerré los ojos, hubiese podido estar sintiéndolo tan cerca para siempre. No caí en la cuenta de que me había quedado dormida hasta que sentí como dos fuertes brazos me llevaban.
- ¿Inuyasha…? - Logré articular torpemente a causa del sueño.
- Shhh… duerme Kagome es tarde.- Susurró con su voz aterciopelada. Sentí como me dejaba en la cama muy delicadamente y me arropaba. - Buenas noches.- Presionó sus labios en mi frente.
- No te vayas.- Supliqué no muy consciente. Noté como suspiró y me destapó levemente para acurrucarse a mi lado en el otro extremo de mi cama de matrimonio. Hundí mi cabeza en su pecho y dejé volar mis sueños, mañana comenzaría otro nuevo día y acabaría de manera diferente, pero esta noche lo necesitaba.
.
Bueno chicas aquí esta la actualización de DD =)
Y estoy segura que TODAS esperaban con ansias este capitulo… que hermoso ya los dos saben que están enamorados.
Como con MIA les pido a las lectoras AUSENTES que me dejen su opinión y como regalo adelantado para todas [por sus futuros reviews] les dejo un adelanto pequeño del próximo capitulo.
9.- Afrontando mi elección.
...Pasé mis dedos por donde antes su barba había impedido que pudiese deleitarme observando aquella suave piel, ahora afeitada, aunque había crecido unos milímetros desde la última vez que se había afeitado y podía notar su aspereza también bajo mi tacto, dejándome maravillada por las sensaciones que me invadían al recorrerla con las yemas de mis dedos. Subí hasta su frente por donde algunos mechones descansaban tranquilamente, tracé la línea de su nariz perfecta y acabé perfilando el contorno de sus labios, él era tan perfecto, en su totalidad...
