Dulce Descubrimiento.

Disclaimer: Los personajes pertenecen a Rumiko. Y la historia es de A[punto]BellaCullen.

-.-

Un adelanto y la espera esta llegando a su fin ;)

Capítulo 9. Afrontando mi elección.

Aún era temprano, pero me sentía más descansada que ningún otro día. Me encontraba en mi cama, al lado de Inuyasha, mirándole y observándole, nunca en mi vida había dormido más bien que esa noche. Él yacía aún dormido sobre el colchón, sonreí al ver su boca entreabierta, aspirando y expirando lenta y tranquilamente. Aún no sabía como me había podido pasar, ¿Quién se hubiese imaginado que acabaría enamorada de Inuyasha? Dejé volar mis recuerdos…

°|°_Flash-Back_°|°

Había terminado las clases temprano y decidí ir a comprar lo necesario para la cena que había organizado para ese mismo fin de semana, donde vendrían mi mejor amiga Sango, Miroku, Hitomi, Sota, y algunos compañeros de la universidad, Eri, Hojo y Kouga.

Al salir del Supermercado, decidí acortar el camino pasando por el parque que prácticamente se encontraba en frente de donde yo vivía, pero unas risas y algunas voces me distrajeron.

- ¡Sucio! - Me acerqué al lugar de donde procedían los gritos. Unos jóvenes de unos 16 o 17 años estaban golpeando a un vagabundo y uno de ellos lo estaba grabando con el móvil, parecían estar divirtiéndose mucho.

- ¡Ya verás cuando Tsubaki vea esto, se va a morir de la risa! - Gritó otra voz llena de júbilo.

Escuchaba los quejidos de alguien, mi corazón se encogió conmocionado, debía estarlo pasando fatal pero… no quería meterme en problemas, eran 4 chicos y yo solo una mujer, ¿Qué podía hacer? Me giré intentando dejarlos atrás, quizás lo mejor era llamar a la policía, pero no podía, no me sentiría bien conmigo misma dejando a aquel pobre hombre tirado en el suelo.

- ¡Golpéale ahí! -

- ¡Ah! - Escuché quejarse a aquel hombre. Sin pensármelo más suspiré y me volví con las bolsas aún en las manos.

- ¡Dejenlo ya! - Grité exasperada, todos se giraron para mirarme mientras yo les observaba con el ceño fruncido.

- ¿Y tú quien eres? - Preguntó uno de ellos.

- ¿Acaso necesito ser tu madre para ordenarles que lo dejen en paz? ¿Él se ha metido con ustedes? - Dejé una de las bolsas en el suelo y busqué en mi bolso el móvil. - Si no lo dejáis ahora, llamaré a la policía.- Todos comenzaron a reírse.

- Eh guapa, a lo mejor a ti no te importaría intercambiarte por este apestoso… te mataríamos… pero de placer. -

- Intenta algo conmigo y pagareis las consecuencias, ¿Quieren que los metan en un reformatorio? -

Los chicos se miraron unos a otros. Uno de ellos se encogió de hombros y ladeo la cabeza hacia el camino del parque. Todos asintieron y se me quedaron mirando amenazadoramente mientras se alejaban, intenté hacerme la fuerte pero un escalofrío invadió mi cuerpo a causa del temor. Cogí la bolsa que había dejado en el suelo y me acerqué a aquel pobre hombre que yacía sobre el césped del parque.

- ¿Está bien? - Le dije mientras me hincaba de rodillas a su lado. Sus ojos estaban apretados fuertemente, uno de sus pómulos estaba rojo y en su frente lucía un corte. Su respiración era dificultosa.- Llamaré a una ambulancia.- Pero cuando fui a marcar el número una mano temblorosa me lo impidió.

- No.- Me dijo una voz ronca pero hermosa a la vez.

- Pero necesita que le atiendan. -

- Estoy bien.- Abrió los ojos y no pude evitar quedármelos mirando, eran hermosos, no me gustaban tanto como los de Kouga, pero había algo en ellos que llamaba mi atención. Me fijé mejor en su rostro, no pensaba que fuera tan joven, intenté que se incorporara. - Gracias, ahora puedes irte. -

- Pero… - Me lo quedé mirando, tragándome muchas preguntas.- Espera ahora vuelvo, si no quieres que llame a una ambulancia al menos espera que traiga el botiquín.- Él no habló así que yo me dirigí a casa a por lo necesario para desinfectarle aquella herida. Cuando volví al lugar él ya no estaba. Pero no sería la última vez que lo vería, simplemente la primera vez de todas.

°|°_Fin Flash-Back_°|°

Pasé mis dedos por donde antes su barba había impedido que pudiese deleitarme observando aquella suave piel, ahora afeitada, aunque había crecido unos milímetros desde la última vez que se había afeitado y podía notar su aspereza también bajo mi tacto, dejándome maravillada por las sensaciones que me invadían al recorrerla con las yemas de mis dedos. Subí hasta su frente por donde algunos mechones descansaban tranquilamente, tracé la línea de su nariz perfecta y acabé perfilando el contorno de sus labios muy lentamente, él era tan perfecto, en su totalidad y cada parte de su anatomía ¿Cómo podían haber hecho daño a algo tan bello?

Sonreí cuando sus labios besaron las puntas de mis dedos.

- Buenos días.- Susurré bajito apartando mis dedos. Él frunció el ceño considerablemente aún con los ojos cerrados en señal de frustración. No pude evitar reírme.

- Los has quitado muy pronto.- Dijo abriendo lentamente sus ojos color ámbar con los cuales podría encontrarme perdida durante todo el día… pero tenía bastantes cosas que hacer y una de ellas era ir a la Universidad.

- Así es mejor.- Me limité a contestar mientras retiraba las sábanas de mi cuerpo y me sentaba en la orilla del colchón colándome las zapatillas. Inuyasha suspiró.

- ¿Has descansado bien? - Me giré para verle el rostro y asentí con ganas, realmente nunca había dormido tan bien. - Yo también… - De repente su rostro se compungió y dejó de mirarme. - Esta noche he dormido mejor que nunca en la vida, ¿sabes? A parte de aquella noche que te quedaste conmigo en el recibidor…- Me miró con una media sonrisa aunque podía leer a causa de su arrugada frente que se arrepentía por haberme hecho pasar aquella noche ahí. Me deslicé por el colchón hasta poder tocar su mejilla con mi mano. Me azotó una pequeña descarga en ese momento.

- Algún día deberías contármelo todo. -

- Ya lo sabes todo.- Dijo apartando su mirada.

- No sé nada.- Dejé que pasaran los segundos esperando a que me contestara algo, pero no quiso decirme nada. Me acerqué y le besé en la mejilla. - Algún día lo harás… anda vamos a levantarnos. -

Mientras Inuyasha había decidido hacer la cama yo me fui a duchar, después los dos preparamos juntos algo para desayunar. Sentía que lo tenía tan cerca y tan lejos a la vez… No podía evitar en numerosas ocasiones quedarme deslumbrada mirándole a los labios mientras hablaba, eran tan sensuales… que estaría besándole todo el día, por eso me obligaba con grandes esfuerzos a dirigir mi mirada hacia otros lugares menos tentadores.

Kouga me llamó aquella mañana también para recogerme, pero decidí mejor ir en mi coche, sería menos incómodo para mí. Llegué a la Universidad sin saber qué hacer exactamente, debía contarle a Sango lo que había pasado y escuchar la riña que me vendría encima, aunque bueno me la tenía merecida. Iba tan metida en mis pensamientos que no me di cuenta que al entrar en el aula todo el mundo se me había quedado mirando. Me miré a mí misma rezando por que no me hubiese manchado con algo y me toque el rostro disimuladamente por si había algún resto de pasta de dientes, ¿Quién sabe? Pero nada, no había nada raro, ¿por qué me miraban así? Ya era suficiente con un día.

- Buenos días. - Ni me di cuenta cuando Sango se había sentado a mi lado.- ¿Hoy no te acompaña Kouga? - Aspiré y me mordí el labio inferior, el verla me había vuelto recordar lo que tenía que contarle.

- No… me ha llamado pero hoy prefería venir en mi coche.- Sango me miró incrédula con las cejas arqueadas y con una sonrisa fanfarrona.

- Estás escondiéndome algo Kagome… lo estoy viendo en tu mirada.- Vaya que intuitiva…

- No te escondo nada, solo quería tantear un poco la situación… -

- ¿Qué es Kagome? -

- Es que… anoche Inuyasha… -

- Buenos días.- Saludó el profesor, miré a Sango quien se había quedado bastante insatisfecha, le hice un gesto con el dedo de que después se lo contaría.

Me pareció raro que Kouga no hubiese venido a las dos horas seguidas de clase, la verdad es que no necesitaba verle, pero me tenía preocupada, a lo mejor su padre se había puesto peor… ¿Y si... Y si ya había muerto? Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, no, me habría llamado. ¿Entonces por que no había venido? Me había llamado esta mañana expresamente para traerme.

- ¡Kagome, ahora sí! - Gritó Sango sacándome de mis pensamientos.

Cogí aire y me preparé para la que se asomaba, menos mal que solo teníamos diez minutos de descanso, aunque sabía que al final no me escaparía. Le conté a Sango lo que había pasado con Inuyasha el día anterior y lo que había sentido en ese momento, que me había dado cuenta de que realmente con quien quería estar era con Inuyasha y que todo este tiempo me lo había estado negando a mi misma por miedo. Como me esperaba el grito de emoción de Sango al decirle lo que pasó casi hizo que retumbara todo el aula, aunque seguidamente frunció el ceño y comenzó a soltarme todas y cada una de las palabras que me había dicho anteriormente, intenté no hacerle caso y pensar en otra cosa pero en el fondo escuchaba cada una de ellas y me odiaba a mi misma por no haberle hecho caso antes. Noté cuando Sango se tensaba dejando de reñirme y se ponía derecha en la silla mirando al frente.

- Hola pequeña.- Fruncí el ceño levemente antes de girarme para encontrarme con él, una de sus manos descansaba en mi cintura.

- Bueno días.- dije con una risa un poco forzada. Él se inclinó para besarme y me retiré en seguida. Kouga frunció el ceño insatisfecho. - Sabes que aquí no me gusta.- Intenté excusarme. Aunque la verdad era que después de lo que había probado el día anterior… sería el doble de difícil ser amable con Kouga. - ¿Por qué no has venido a las dos primeras horas? - Kouga se mojó los labios, pero tuvo suerte por que en ese mismo instante apareció la profesora de matemáticas. Dejé caer una mirada suspicaz, él se limitó a sonreír nerviosamente y mirar hacia la profesora.

Después de clases, Kouga quería venir conmigo para ir a mi apartamento, pero sinceramente no quería ponérselo más difícil a Inuyasha, ya tenía bastante con todo lo que por mi culpa se había formado. Así que me disculpé diciéndole que estaba muy cansada, que necesitaba descansar, pero que podíamos quedar más tarde para ir a ver a mis padres. Era una buena idea, no estaríamos solos y a la vez estaría con él, sería… más fácil de llevar.

.

- ¿Ya te vas? - Di un respingo. Estaba colocando el comedor y en ese mismo instante me encontraba colocando los cojines del sofá, no le había visto, se suponía que había ido a dormir a su habitación.

- Estaba ordenando el comedor, Kouga no debe tardar.-

Me di la vuelta y noté como mi estómago se contraía y el corazón amenazaba con salirme por la boca a causa de lo que estaba viendo ante mis ojos, ¿siempre me sentiría así? No es que no me gustara, pero me resultaba algo incómodo tener que concentrarme cada vez que lo veía en una situación como la que se me presentaba en ese momento, ¿es que él no era consciente de lo que provocaba en mi?

Ante mis ojos se encontraba Inuyasha, con un pantalón celeste de pijama a rayas y con el torso desnudo, perfecto. Su pelo azabache y despeinado le daba ese aspecto travieso, atractivo y dulce que tanto me gustaba y su sonrisa… era demasiado. Una de las comisuras de sus labios se elevaban más de una parte que de la otra y estaba tan sexy… tenía claro que quería ver esa imagen el resto de mi vida, quería estar con él para siempre.

Noté como una de mis piernas se flexionaba sin mi permiso y casi caigo al suelo de no ser por volver a enderezarla a tiempo.

- Has dormido poco.- Dijo viniendo en mi dirección y como un movimiento instintivo me fui hacia la cocina.

- Tú tampoco has dormido mucho.- Dije mientras vertía un poco de agua en un vaso. Se me hacía tortuosamente difícil estar cerca de él.

- La verdad es que me fui a intentar dormir por no estar solo por aquí. -

- Podías haberte puesto la tele.- Dije mientras dejaba el vaso en el fregadero.

- Creo que no había nada interesante.- Noté que su voz se acercaba al igual que sus pasos y comencé a sentirme nerviosa, así que saqué el jabón y el estropajo. Sabía que le parecería estúpido que me pusiera a lavar un único vaso, pero necesitaba intentar proyectar mi atención sobre otra cosa.

- ¿Ah no? Bueno seguramente estarías más entretenido que en tu cama. -

- No tiene por qué… - No me giré pero noté como si se estuviera rascando en alguna parte y luego escuché un suspiro. - La verdad es que te he robado un libro que tenías en tu cuarto, espero que no te moleste. No sé, sé que el magisterio es para acabar siendo profesor, pero debéis estudiar bastantes cosas así que…- Noté su aliento muy cerca de mi. - ¿Por qué friegas un vaso? Lo podía haber hecho yo más tarde. -

- Eh… - Dije enjuagándolo.- Bueno es que… - Noté como acariciaba mi pelo con su rostro. - Inuyasha…- susurré.

- Me siento tan mal cuando tienes que verte con él.- Murmuró cerca de mi oído.

Me quedé sin moverme, solo escuchando nuestras respiraciones, intentando no abalanzarme sobre él, intentando no pensar en su torso, intentando no rememorar aquella sonrisa torcida.

- Te prometí que… -

- Kagome… - me calló con un dedo en los labios y abrí mis ojos encontrándome con los suyos rebosantes de preocupación. - Ahora estás con él, no pasa nada amor, sé que cada caricia y cada beso que te de te recordará a mí, solo tienes que imaginar que soy yo. -

- Inuyasha eso es imposible.- Dije escapando de su mirada. - Tampoco voy a decir que siento asco, Kouga ha sido mi novio, pero es tan diferente… Te prometo que no siento nada, simplemente es como si besara a… no sé. -

- Shh… ya Kagome.- Dijo mientras me acogía en sus brazos y me estrechaba fuertemente. - Solo te agradecería que si… si algún día dejas de sentir esto que sientes por mí, por favor házmelo saber cuanto antes.- Subí mis manos húmedas por su ancha y fuerte espalda y lo abracé con ganas.

- Nunca dejaré de sentir esto tan fuerte, es imposible, es más fuerte que yo misma.- Después de unos segundos me di cuenta de que me estaba acalorando demasiado… - ¿No tienes calor? Digo... ¿frío?.- Dije apartándome a regañadientes de su lado. Escuché unas risitas.

- No, la verdad es que se está bien con la calefacción.- Nos quedamos mirando a los ojos.- ¿Te molesta que ande así? - Sonreí y negué tímidamente con la cabeza. Después miré el reloj.

- Tengo que irme.- Mordí mi labio inferior. Se acercó hasta mí para darme un suave beso en la frente.

- Que lo pases bien. -

Salí de mi apartamento para llegar al coche de Kouga pensando en Inuyasha, naturalmente. ¿Por qué tenía que ser tan condenadamente sexy? Suspiré cuando salí a la calle y divisé el coche de Kouga. Un esfuerzo Kagome, me dije a mi misma y me dirigí hacia el automóvil.

- Hola.- Dije intentando sacar mi mejor sonrisa cuando abrí la puerta del copiloto.

- Buenas tardes Kagome, ¿has descansado? -

- Sí, bastante.- No había dormido mucho tampoco, pero era lo que tenía que responderle.

Se me quedó mirando entusiasmado con esos ojos azules y se inclinó sobre mí para besarme. Le devolví el beso y tuve que esforzarme un poco más para profundizarlo. Vale, había mentido a Inuyasha y a mí misma, no era como besar a una roca y encima me sentía mal. Me aparté suavemente.

- Vamos anda, tengo ganas de ver a mis padres.- Dije intentando sonar lo más naturalmente posible. Kouga me miró con el cejo levemente fruncido pero después asintió.

La tarde en casa de mis padres pasó bastante rápido. Había sido una brillante idea, aunque no seguía sintiéndome bien del todo por que lo que yo quería realmente era que Inuyasha fuera el que se sentaba junto a mí en el sofá y que el brazo que rodeaba mi cintura fuera el de él.

Mis padres reaccionaron como esperaba ante la mala noticia sobre el padre de Kouga, le intenté sacar con ayuda de mi madre donde podíamos ir a visitarle pero él insistió en que era mejor no hacer visitas porque estaba muy cansado y era lo que menos le apetecía. Podía entenderlo pero una visita de la novia de su hijo no le haría mal, sus padres tenían que ser raros de verdad.

- Espero que vengas más seguido Kouga, hacia bastante tiempo que no te veíamos.- Se despidió mi madre dándole un beso en la mejilla.

Los dos evitamos nuestras miradas en el momento en el que se encontraron, sabiendo cual había sido la causa de nuestra desaparición, sobretodo de la suya, pero me había prometido volver a ver más seguido a mis padres, como lo hacía antes.

- Le prometo que vendré más seguido con Kagome.- Dijo el pasando uno de sus brazos por mis hombros, sonreí con algo de incomodidad y vi como mi madre fruncía un poco el ceño, me conocía realmente bien y estaba segura de que sabía que algo pasaba.

- Estas muy callada.- Ya casi habíamos llegado. No habíamos hablado en todo el camino, no me apetecía.

- Estoy algo cansada, solo eso.- Él suspiró.

- ¿No has descansado lo suficiente? - Dijo parando el motor en frente de mi portal.

- No, creo que tiene que ver más con el tiempo, ¿has visto como está el cielo? Parece que se prepara para otra de esas fuertes tormentas.- Me mordí el labio inferior, pidiendo en mi interior que no hiciera más preguntas.

- ¿Puedo subir a tu apartamento? -

- ¡No! - Dije impulsivamente. Kouga frunció el ceño considerablemente. Intenté sonreír.- Bueno… ya te he dicho que estoy cansada, seguramente me iré pronto a dormir, además nos veremos mañana en clase, ¿no? -

- ¿Quieres que te pase a buscar? -

- Vale. - Kouga volvió a suspirar.

- Siento que estás distinta Kagome… no estás como siempre.- Dijo inclinándose en mi dirección, apoyando su barbilla en mi hombro y acercando sus labios a mi cuello. Noté como mi corazón se retorcía de agonía, no quería esto, quería sentir las sensaciones que Inuyasha me brindaba. - No tendrá que ver con tu amigo ¿no? - Preguntó mientras me daba pequeños besos en el cuello subiendo hacia mi mandíbula. -

- Cla… claro que no.- Tragué saliva a causa de la incomodidad y me aparté un poco.- Tengo que subir, ¿nos vemos mañana? - Sonreí. Él suspiró y me devolvió la sonrisa, después asintió y se inclinó para besarme.

Subí como siempre rápido las escaleras, tenía ganas de cruzar la puerta y verle a él, sentir como su mirada me traspasaba, sentir su compañía, aunque eso fuera una tortura, se había convertido en mi dosis diaria. Abrí la puerta y ahí estaba él. Su rostro se había girado para mirarme sonriendo, uno de sus brazos, aún desnudos se estiraba apuntando con el mando a distancia la televisión y sus piernas descansaban sobre la mesilla de centro, no pude evitar corresponderle con mi mejor sonrisa.

- ¿Podrías cerrar la puerta?, entra bastante fresco por ahí. -

- Oh.- Me limité a decir y la cerré en seguida.

- ¿Cómo lo has pasado? -

- Bueno… bien, no sabes como es mi madre de divertida.- Dije riendo mientras dejaba las llaves colgadas en el llavero.

- Espero saberlo algún día.- Me mordí el labio inferior mientras observaba como su perfil perfecto sonreía mirando la televisión. Era agradable de imaginar… Inuyasha y yo visitando a mis padres, estaba segura de que a mi madre le encantaría.

Después me dirigí a mi cuarto, cogí algo de ropa y entré en el baño para ducharme. Quise preparar la cena mientras Inuyasha lo hacía, pero me dijo que ya se había duchado esa tarde y me obligó a sentarme en el sofá diciéndome que tenía que descansar.

No nos quedamos hasta muy tarde viendo la televisión, la verdad es que ninguno de los dos había dormido ese mediodía, así que decidimos irnos a dormir pronto.

- Que duermas bien.- Dije apoyada en el marco de su puerta. La luz de su habitación estaba apagada, pero podía sentir su dulce aroma.

- Buenas noches.- Me contestó.

Me encontraba cansada, había sido un día realmente muy ajetreado. Inuyasha y yo estábamos tumbados en nuestra alfombra roja delante de la chimenea encendida, abrazados fuertemente, descansando después del último día de mudanza hacia nuestra nueva casa. Inuyasha trazaba formas en mi brazo y su tacto cálido llegaba a mi piel traspasando el suéter de lana que llevaba puesto. Presioné mis labios contra la piel de su cuello y el dejó de acariciarme. Bufé y escuché su risa angelical.

- Me tienes muy mal acostumbrada.- Susurré cerca de su oreja.

- ¿Ah sí? - Murmuró ladeando su cabeza, buscando mis labios. Inuyasha me cogió por la cadera y me puso sobre él. Sus ojos destilaban deseo. Me acerqué a su rostro.

- Podría estar así por siempre.- Volví a susurrar acariciando sus carnosos labios con los míos.

- Tengo miedo.- Su lengua dibujó el contorno de mi labio inferior y seguidamente lo mordió levemente haciéndome gemir y consiguiendo que el calor aumentara considerablemente.

- ¿Por qué? - Me las arreglé para preguntar y besé sus labios, él los entreabrió dejando que su aliento se anidara en mi cavidad. Nuestras lenguas se encontraron y perdí el norte. Dejé de notar la manta sobre mi cuerpo e Inuyasha nos giró quedando encima mío, después se retiró quedando a pocos centímetros, dejándome jadeante.

- Siento demasiada felicidad y eso… no creo que pueda ser bueno.- Presionó sus labios en mi mejilla, en mi frente y después acarició con la punta de su nariz la línea recta de la mía.

- Es bueno por que estamos juntos… - Me las ingenié para contestar con mi respiración entrecortada. Inuyasha sonrió, con esa sonrisa que tanto me gustaba, esa torcida y condenadamente sexy.

Seguidamente llevó las manos por debajo de mi suéter y lo fue subiendo lentamente sin dejar de tener contacto visual conmigo, pero aunque intenté evitarlo tuve que cerrar los ojos al sentir la sensación que me envolvía cuando sus manos hallaron mis pechos por encima de mi sujetador. Gemí audiblemente.

- Kagome… - Susurró golpeando con su cálido aliento mi cuello. Volví a gemir.

- Kagome…- Volvió a llamarme con algo más de insistencia, volví a gemir.

- ¡Kagome! - Abrí los ojos jadeante en la oscura habitación… mi… mi habitación. Entonces lo comprendí, todo había sido un sueño, hermoso y placentero, pero después de todo, solo eso, un sueño.

- Kagome, ¿Estás bien? - Noté como me zarandeaban, era él, era Inuyasha. Entonces comencé a llorar.

No porque estuviese disgustada por el sueño, si no porque me hubiese gustado que ese sueño fuese verdad, quería estar con él, necesitaba sentirlo, saberlo mío. Sabía que me quería, pero sin una relación Inuyasha podía dejar de sentir ese sentimiento por mí y tenía que hacer algo ya. A mi parecer estaba jugando con dos personas y al final yo sería la única que saldría perdiendo.

Pero no podía actuar de manera impulsiva ahora, no podía abalanzarme a sus brazos y comerle a besos aunque me muriese por hacerlo. Quizás el sueño tenía que ver mucho con mí ahora manera de pensar. Tenía que esperar a la mañana siguiente era lo mejor.

- Solo era una pesadilla Kagome.- Dijo él abrazándome. Intenté tranquilizarme.- ¿Estás mejor? Me has asustado. - Elevé una de mis manos para secarme las mejillas, pero él actuó antes que yo, podía ver sus ojos aunque estuviese oscuro, su ceño estaba fruncido, él estaba preocupado.

- No… no te preocupes, ha sido una tontería.- Dije tímidamente.

- ¿Entonces por que lloras? - Me preguntó.- ¿Quieres que me quede? - Negué con la cabeza, no sería una buena idea, no sabía cuanto tiempo podría soportar el tenerlo en mi misma cama. - Bueno… espero que no vuelvas a soñar con eso tan desagradable.- Si supieras, pensé. Asentí. Me ayudó a tumbarme otra vez y me besó en la frente.- Buenas noches Kagome. -

Sí, definitivamente difícil, el sueño no le había hecho justicia a las sensaciones que seguramente él me brindaría en esa situación. Un beso en la frente había sido suficiente para confirmarlo. Intenté dejar de lado el sueño para poder dormirme, pero en toda la noche no pude dejar de recordar y fantasear. Estaba deseando que llegara ese día.

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Estoy un poquito triste u_u chicas yo les dedico tiempo y trabajo a las historias ¿no creen que me merezco un comentario? ¡De TODAS las que se toman la molestia de leer! U_U

Bueno para las chicas que se hacen presente dándome su opinión sobre los capítulos les dejo un adelanto… y gracias por sus buenos deseos =)

Y el esperado momento para todas por fin llegara! Si, las que querían lemmons XD lo tendrán PRONTO….

Por otro lado chicas pacense por mi perfil y vean la portada de MIA

Adelanto próximo capítulo: El comienzo del final.

Sentía como si mi mundo se hubiese venido a bajo en cuestión de segundos, en el tiempo en el que había pronunciado esa frase. No podía irse, no podía permitirlo, si él se iba, moriría en vida, solo quedaría un cuerpo en este apartamento. Mi cuerpo no reaccionaba, sus ojos ámbar, los cuales habían ido consumiendo su color a lo largo de los días, seguían clavados en mí, estudiando mi rostro. Pronto noté como las lágrimas se agolpaban, no tardarían en desbordarse. Estaba actuando como una estúpida, estaba jugando con los dos y conmigo misma, tenía que hacerle entrar en razón, no podía dejarme...

Un besito para todas =) bye

Nanami.