Dulce Descubrimiento.

Disclaimer: Los personajes pertenecen a Rumiko. Y la historia es de A[punto]BellaCullen.

.

Gracias por los comentarios, estuvimos a un pelo de llegar a los ¡100 reviews! =) Se los agradezco mucho chicas que estan desde el principio y las que se han ido sumando con el pasar de los capitulos GRACIAS.

.

Capitulo 10. El comienzo del final.

.

- ¿Se debe a algo esa sonrisa? - Pregunté cuando Inuyasha entró por la puerta del apartamento.

Normalmente cuando venía de echar currículums no venía con la misma sonrisa, pero hoy había cambiado algo en él, le encontraba verdaderamente radiante, podía encontrarlo hasta más guapo y la verdad es que eso era difícil.

- Seguro que no lo imaginas.- Dijo él arqueando las cejas. Probablemente no sería otra cosa más que…

- ¿Trabajo? - Se acercó al sofá y se sentó a mi lado entusiasmado.

- Sí, sí, pero no sabes exactamente de donde vengo. - Dijo cogiendo una de mis manos. Sonreí.

- Lo sabría si me lo dijeras. -

- Adivina… - Le miré elevando las cejas y esperando una respuesta, sabía Dios donde habría encontrado trabajo, aunque… Me llevé la mano que me quedaba libre a la boca.

- ¡Te han aceptado en la Agencia de Modelos! - Dije demasiado convencida. Él solo se limitó a sonreír mientras asentía, pero yo en un arranque de euforia y emoción le rodeé el cuello con mis brazos fuertemente. No podía creerlo, me había tenido engañada, yo no sabía nada. - Pero... ¿por qué no me has dicho nada? - Dije retirándome.

- Quería que fuese una sorpresa. Estuve pensándomelo un par de días cuando me diste la dirección, pero pensé que lo mejor sería probar, a lo mejor tendría suerte. - No podía ni pestañear, imaginándole en esa situación, con fotógrafos, en portadas de revistas, en folletos de publicidad… con sus compañeros y… compañeras… Sí, ahí mi emoción bajó un poco… pero seguía entando feliz. - Hice una entrevista, extrañamente les gustó mi físico a simple vista y… -

- ¿Extrañamente? Inuyasha… eres el ser más perfecto que jamás he conocido. -

- Eso lo dices por que no has visto a mis compañeros. -

- ¿Tú ya los has visto? - Pregunté perpleja. Inuyasha sonrió levemente, miró hacia el suelo, suspiró y volvió a mirarme.

- Vengo de hacer un reportaje fotográfico. -

- Pero… - Intenté decir algo coherente pero no me salían las palabras

- Bueno al principio, hará dos semanas, me tomaron una sesión de fotos para probarme, pero la sesión de hoy ha sido para una revista de moda, con más compañeros… nada de firmas importantes ni nada de eso, pero bueno me pagan por cada sesión que hago, eso está bien. - Me olvidé del sueldo por un instante.

- Compañeros y compañeras… - Murmuré.

- Bueno compañeros, solo me he cruzado con un par de chicas cuando iba a cambiarme. - Suspiré, apoyé con fuerza mi espalda en el sofá y subí mis piernas.

Modelos preciosas, con curvas de ensueño, altas, esbeltas, llamativas. Cualquier chica de esas haría muchísimo mejor pareja que yo con Inuyasha. A su lado yo debía parecer un manchurrón, la gente se preguntaría como alguien como él podría estar perdiendo el tiempo con una chica tan normal como yo, sinceramente lo que menos me importaba era la gente, pero era verdad que ahí fuera había mejores candidatas que yo para Inuyasha…

- Kagome… Te has quedado muy callada… ¿Qué pasa? ¿No te alegras por mí? - Preguntó ahora preocupado.

- Claro Inuyasha, es solo que… -

- ¿Qué? - Sentía como comenzaba a ruborizarme. Inuyasha posó una de sus cálidas y grandes manos sobre mi mejilla. - ¿Qué Kagome? -

- Son… son muy guapas, ¿no? - Dije ininteligiblemente. Se hizo un silencio sepulcral y entonces Inuyasha soltó una carcajada, lo miré extraña.

- Kagome… - Dijo sofocando la risa aún.- No me he fijado en ellas, yo no tengo ojos para nadie más que no seas tú. He dicho que voy a esperarte y es lo que haré.- Dijo ahora serio. Me llevé las manos a la cara, tapando mis ojos.

- ¿Vas a conformarte conmigo, pudiendo tener algo mejor? - Inuyasha me cogió las manos y las apartó. Estaba tan cerca de mi rostro…

- Lo eres todo para mí Kagome, todo, ¿entiendes? - Posé mi mano en su mejilla y él apoyó su frente en la mía.

- Tengo miedo a perderte, con todo lo de Kouga y ahora… -

- Shhh... - Me interrumpió él. Miré sus labios, después de todo un beso en ellos no tiraría nada por la borda y necesitaba tanto hacerlo… - No lo hagas o no podré parar Kagome.- Dijo él adivinando mis intenciones. Suspiré, la realidad era que si volvía a besarle, esta vez no tendría las suficientes fuerzas para parar yo tampoco.

- Creo que yo tampoco podría.- Dije cuando me retiré. Inuyasha sonrió. - ¿Te dieron las fotos de esa sesión que te hicieron para "probarte"? - Pregunté haciendo gestos de comillas. Inuyasha puso los ojos en blanco.

- No. -

- Quiero verte.- Inuyasha volvió a reír.

- Veré que puedo hacer.- Sonreí. - Por cierto, di el teléfono de aquí, como no tengo móvil… -

- ¡Ah! No te preocupes te compraré uno. -

- No, eso sí que no, pronto tendré dinero suficiente para mis propios gastos y para ayudarte con el apartamento, no aceptaré nada más. - Sonreí, él no tenía remedio.

.

Los días pasaban. Miroku y sobretodo Sango se alegraron muchísimo cuando les di la noticia sobre Inuyasha. Mi mejor amiga aprovechaba cualquier situación para volver a repetirme que Kouga no me convenía y que dejara de hacer la tonta, pero sinceramente no pensaba que estuviera cometiendo ninguna estupidez ayudándolo, aunque a veces sentía no poder más.

Cada vez llamaban más días a la semana a Inuyasha, parecía que le iba muy bien en la Agencia y que a él le gustaba. Yo tenía más tiempo para preparar mis trabajos y los exámenes que se avecinaban. La verdad es que aún no había comenzado el mes más agitado, pero solía organizarme bien.

Los cuchicheos y las risas en clase cada vez eran más notables y sinceramente terminaban por darme igual. Ese día Kouga había llamado para pasar a recogerme por la mañana, sorprendentemente hacía días que ni lo intentaba y que desaparecía las dos primeras horas. Algunas tardes también raramente se disculpaba por no poder venir a acompañarme a ver a mis padres, yo se lo agradecía pero no sé… era raro.

- Kouga, ¿me puedes hacer un favor? - Pregunté muy preocupada.

- Claro. -

Estábamos subiendo las escaleras de mi apartamento, ya casi llegábamos. Kouga había insistido en subir y claro ¿como iba a volver a negarle que viniera? Era lo más normal, que mi novio entrara en casa de su novia. Sabía y tenía clara la razón por la cual había puesto tantas ridículas excusas en estos últimos esporádicos días, cada vez que intentaba subir. Inuyasha. Quería, por lo menos a él, mantenerlo alejado de todo esto, no me gustaba hacerle sufrir y sabía cuanto significaba para él que quedara con Kouga, siempre podía observarlo en sus ojos. Pero ahora no me quedaba un as bajo la manga y había gastado todas mis excusas.

- Pórtate bien con Inuyasha.- Dije mirándole fijamente sosteniendo el pomo de la puerta de entrada.

- Ah, ¿está dentro? - Preguntó algo irónico y posando sus manos en mis caderas. Me retiré un poco.

- Probablemente ¿Lo harás? - Puso los ojos en blanco y después asintió.

Suspiré rezando por que el milagro se cumpliera y abrí la puerta. Sonreí cuando noté que Inuyasha aún no había llegado, aunque llegaría.

- ¿Inuyasha? - Pregunté de todas maneras cruzando los dedos interiormente.

- Parece que no está.- Kouga fue directo a sentarse en el sofá y dio un par de palmaditas a su lado para que le acompañara. Resignada avancé hasta allí.

- ¿Cómo sigue tu padre? Hace tiempo que no me cuentas nada de él.- Me sorprendió cuando Kouga se encogió de hombros. - ¿Cómo que…? - Hice su gesto. Suspiró y me miró a los ojos.

- Sigue igual… - Ahora miraba sus manos.

- ¿Y qué dicen los médicos? - Necesitaba saber cuanto tiempo más duraría todo esto.

- Lo de siempre…- Mordí mi labio y me paré a pensar. Los cánceres eran imprevisibles, los médicos te daban un diagnóstico y una duración de vida relativamente corta a veces y esa persona después podía llegar a recuperarse, sabía de lo que hablaba, ya había vivido una situación similar con la abuela de Sango.

- Ten fe. - Kouga elevó sus ojos y se acercó a mi rostro. Una de sus manos acarició mi brazo suavemente y comencé a sentirme mal y nerviosa.

- Kagome … - Susurró Kouga mientras se acercaba más y más, pestañeé, intentando buscar una excusa válida que nunca tendría y no me quedó de otra que responderle al beso. - Te necesito más que nunca. - Volvió a susurrar. Notaba como mi piel repelía sus caricias y el golpeteo de su aliento y cerré los ojos fuertemente. Una de sus manos viajó hasta intentar meterse bajo mi camisa marrón.

- Kouga…- Murmuré intentando apartarme.

- Kagome, por favor.- Siguió metiendo la mano por debajo de mi camisa, acariciando el broche del sujetador.

Tenía que poner límites a esta situación, pero me sentía tan mal, por Inuyasha y por él. ¿Cómo negarle algo así a Kouga? Él me quería y necesitaba desahogarse conmigo, pero no podía, mi cuerpo lo rechazaba y anhelaba el roce de otros labios, de otras manos… pero en el momento en el que iba a retirarme, escuché un fuerte portazo y Kouga y yo nos dimos la vuelta repentinamente.

- Lo… lo siento, no quería molestar.- Justamente. Me odiaba a mi misma. Comencé a respirar cada vez más rápido, tenía la sensación de que le había fallado, que había traicionado a Inuyasha. Su rostro se había descompuesto totalmente, su mandíbula se había tensado fuertemente y sus hombros se habían cuadrado más de lo normal, su mirada se encontraba fija en mí anhelante, dolida, celosa. Sentí a mi corazón encogerse.

- No pasa nada, pero deberías tocar antes a la puerta, jamás sabes lo que puedes encontrar…- Di un manotazo a Kouga.

- Inuyasha está en su casa, puede entrar y salir sin necesidad de dar golpecitos en la puerta ni tocar el timbre. - Kouga me miró con el ceño fruncido y luego volvió a mirar Inuyasha.

- Estás muy cambiado, nunca imaginé verte de esta manera, te sienta muy bien vivir con mi novia.- Dijo enfatizando el posesivo con un tono de voz prepotente.

- La verdad es que sí, se porta demasiado bien conmigo.- Noté la tensión que se había formado al momento y todo por mi culpa.

- Chicos… ¿no es hora de comer? Vamos a hacer algo. -

- Yo no tengo hambre Kagome.- Dijo Inuyasha en un tono seco.

- Pero… -

- De verdad Kagome, no te preocupes, iré a mi cuarto.- Dijo brindándome una cálida sonrisa, aunque en sus ojos pude notar que no se iba nada tranquilo.

Preparé la comida seria, sin ganas de hablar, haciendo pequeños esfuerzos de vez en cuando para parecer la misma, aunque sabía que eso era imposible y me lo confirmaban las preguntas de Kouga. "¿Qué te pasa?, No pareces la misma de antes, ¿He hecho algo mal? ¿Te encuentras bien?" Me sentía como una tramposa.

Aquella tarde Inuyasha se la pasó entera en su habitación, Kouga se fue y aún seguía allí dentro. No tenía hambre, así que me fui a la cama sin cenar.

Cada vez notaba a Inuyasha más diferente, distante, sus ojos no brillaban como antes y su sonrisa era cada vez más efímera. Kouga por supuesto se las había ingeniado para subir más veces a casa y mirar a Inuyasha amenazante, posesivo, como asegurándose de que no se acercara a mí, queriendo marcar terreno. Lo que él no sabía era que yo ya no tenía remedio y que me encontraba perdidamente enamorada de Inuyasha.

Luché por evitar que se volviera a repetir la misma situación de hacía días, donde Inuyasha me había visto de ese modo con Kouga. Por supuesto no pensaba hacer nada con nadie que no fuera Inuyasha, pero a veces era imposible, parecía que Kouga sabía el momento exacto en el que Inuyasha aparecería por la puerta.

Comencé a preocuparme cuando Inuyasha entraba por la puerta y con un simple "Hola" se dirigía rápidamente hacia su habitación. Las preguntas y preocupaciones me atrincheraban, mi corazón me pegaba latigazos y mi cuerpo se quedaba sin fuerzas.

Uno de esos días lo seguí hasta su cuarto con el objetivo de poder preguntarle que le pasaba por la cabeza, qué iba mal. Toqué su puerta con los nudillos.

- Pasa. - Dijo secamente. Me asomé por la puerta y suspiré. Inuyasha estaba tumbado en su cama boca arriba, con los brazos cruzados detrás de la cabeza y las piernas flexionadas, mirando hacia el techo de la habitación. Me acerqué sigilosamente, sentándome en el borde de su cama.

- ¿Estás bien…? - Pregunté con cuidado.

- Sí.- Dijo cortante. Me quedé callada por algunos segundos, buscando alguna pregunta.

- Estás raro… ¿Tienes problemas en la Agencia? -

- No.- La misma voz cortante. Suspiré y noté como mis ojos se llenaban de lágrimas.

- ¿Inu… Inuyasha… ya… ya no me quieres? - Inuyasha suspiró y se irguió, quedando sentado en el centro del colchón de matrimonio con los brazos sobre sus rodillas flexionadas.

- No digas tonterías Kagome. -

- ¿Entonces que pasa? - No me contestó.- Es… ¿alguna modelo…? ¿Te gusta alg…? -

- No es nada de eso.- Dijo antes de que pudiera acabar de formular mi pregunta. Nos quedamos en silencio. Yo mirándole a él y el mirando los pies de la cama. - Simplemente no puedo soportarlo. - Fruncí el ceño y me acomodé mejor en la cama.

- ¿No puedes soportar qué? - Inuyasha bufó fuertemente y sus ojos se llenaron de una profunda ira cuando me miró.

- Él, no le soporto a él. No soporto como te mira, no soporto que esté a tu lado, no soporto que sus manos te acaricien de esa manera, no soporto que él piense que solo eres suya, no soporto entrar por la puerta y ver como te besa, no puedo Kagome, pensaba que sí, pero es algo que me carcome por dentro. -

Las lágrimas cayeron por mis mejillas, me sentía como la peor de las mujeres, era una tonta, pero ya lo había decidido, pronto acabaría con Kouga, él tendría que conformarse con afrontar la enfermedad de su padre con mi amistad, no podía ofrecerle nada más. Inuyasha era mi prioridad y él no podía estar mal.

- Inuyasha yo… lo siento, tenía que haber tenido más cuidado. Pero por favor, no pienses que me gusta estar con él, no… te prometo que pronto le dejaré y que tú y yo estaremos juntos.- Inuyasha se quedó en silencio y pude ver como una de sus mejillas se bañaba con una solitaria lágrima. Me acerqué más a él y le acaricie la mejilla, retirándosela.- Me siento tan mal, siento hacerte tanto daño, no soy buena, esto lo demuestra… quizás yo no te convenga después de todo.- Él seguía en silencio.

Sequé las lágrimas de mis ojos y me levanté de su cama para dirigirme a la mía, esa noche tampoco cenaría.

.

- ¿Quieres? - Pregunté, ofreciéndole una fruta a aquel joven vagabundo.

- No gracias.- Contestó mirando al suelo. Guardé silencio y me senté a su lado en el banco del parque de en frente de mi apartamento.

- ¿Hace mucho tiempo que estás por aquí? - Suspiró fastidiado.

- Es mi nuevo paradero. -

- Nunca antes te había visto. ¿Cómo te llamas? -

- ¿Importa? - Sonreí.

- Tengo curiosidad por saberlo. -

- Inuyasha… -

- Mmm, yo soy Kagome.- Dije estirando mi mano, para estrecharla con la suya, ya que no me atrevía a besarle en la mejilla, pero se limitó a mirarla y volvió a mirar al suelo del parque.

.

Y más recuerdos. Me había ayudado en todo momento, cuando pensaba no tener esperanzas con Kouga, él estaba ahí para infundirme ánimos, como aquel día, cuando noté que Kouga coqueteaba con una compañera de clase, sentía que mi mundo se había venido a bajo y que no tenía nada que hacer.

.

- ¿Estás bien? - Preguntó una suave voz delante del banco del parque donde me encontraba sentada. Sabía quien era, solo había escuchado su voz dos veces, lo suficiente.

- No… - Dije aguantando los sollozos. Noté como se sentaba a mi lado.

- Podemos hablar… si quieres.- Pronunció no muy seguro.

.

Y cuando por fin enfrenté por primera vez el poder de sus ambarinos ojos, un poder que aún no sabía que existía, por que estaban asustados, adoloridos, dañados.

.

- ¿Podrías mirarme? Me molesta tu indiferencia, parece que hablo sola. - Dije en medio de una de las primeras conversaciones.

- Quizás prefieres que la gente piense que hablas sola a que piensen que hablas con un vagabundo.- Dijo aún con la mirada clavada en el suelo.

- Quiero que lo hagas. -

.

Recuerdos que siempre estarían dentro de mí, que nunca podría olvidar por que formaban cada parte de mí, porque eran la prueba de que siempre había habido algo especial con aquel zarrapastroso vagabundo con el que me sentía tan bien.

Retorcí las sábanas con fuerza y pataleé en silencio en el colchón cuando una oleada de desesperación me invadió completamente, ahogando los sollozos, los gritos, el dolor que amenazaba con salir de mi pecho, pero tenía claro que pronto acabaría, ni él ni yo podíamos seguir así, no lo merecíamos, él no lo merecía.

Cuando me tranquilicé me quedé otra vez recordando algunos momentos, como cuando decidí comenzar a llevarle alimentos al parque, Inuyasha tardaba días en ir a los refugios a buscar comida y eso me preocupaba bastante. Entonces escuché un ruido, la puerta de la habitación de Inuyasha se había abierto. Me senté en la cama afinando más el oído y escuché unas llaves. Me levanté y corrí lo más rápido que pude hasta la entrada.

- ¡Inuyasha! - Grité detrás de él. Llevaba una mochila en su espalda y ya había abierto la puerta.- ¿Dónde vas? - Vi como la mano que tenía libre se cerraba en un fuerte puño, pero después de dos segundos, los cuales se me hicieron interminables cerró y se giró para enfrentarme con el rostro lleno de lágrimas.- Inu… Inuyasha.- Él intentó secárselas, pero la hinchazón y el color rojo lo seguían delatando, hacía rato que estaba así.

- Me voy. -

- ¿Qué? -

Sentía como si mi mundo se hubiese venido a bajo en cuestión de segundos, en el tiempo en el que había pronunciado esa frase. No podía irse, no podía permitirlo, si él se iba, moriría en vida, solo quedaría un cuerpo en este apartamento. Mi cuerpo no reaccionaba, sus ojos, los cuales habían ido consumiendo su color a lo largo de los días, seguían clavados en mí, estudiando mi rostro. Pronto noté como las lágrimas se agolpaban, no tardarían en desbordarse nuevamente. Estaba actuando como una estúpida, estaba jugando con los dos y conmigo misma, tenía que hacerle entrar en razón, no podía irse, yo le quería.

- Kagome, tengo que irme, no aguanto más esto. -

- ¿Pero donde vas a ir? No puedes irte.- Dije acercándome a él y tomando una de sus manos. - No puedes, no me dejes sola. -

- Kagome, ya te lo he explicado… -

-Y yo te he dicho que pronto acabará. - Dije abrazándole por la cintura lo más fuertemente posible, con la intención de que no se separara nunca de mí. Él acarició mi pelo con la palma de su mano y con la otra me abrazó por encima del codo.

- No lo entiendes, ¿verdad? - No dije nada, estaba memorizando su olor, tocando su cuerpo, disfrutando de su calor.- Si vuelvo a verle… voy a acabar de encenderme del todo y va a pasar algo que no me gustaría que sucediese. -

- No volveré a traerle. -

- Kagome… - Me separé de su pecho para mirarle a los ojos.

- No te vayas, por favor.- Supliqué.

- Lo siento… - Dijo él retirándome suavemente.

Me lo quedé mirando, estábamos a unos centímetros y lo notaba a kilómetros de distancia. Cómo en cámara lenta observé como su mano volvía a posarse en el pomo, me miró por última vez y abrió la puerta.

.

.

.

Hola... Que tal? Les gusto el capitulo =)

Si lo se, el capitulo termino super triston pero TODO el sufrimiento de los dos valdra la pena en el futuro no muy lejano ^_^

NO les dejo adelanto porque quiero que todo sea sorpresa! pero les hago un recordatorio... Les dije que en el proximo capitulo HAY LEMMONS! =)

…si quieren saber que onda lean el próximo capitulo =) Y por supuesto COMENTEN!

Gracias por todo su apoyo las quiero mucho =) son encantadoras… ¡Las mejores del mundo! Pff casi 100 eso es algo hermoso ¡GRACIAS!

Q estén super =)

Nanami