Dulce Descubrimiento.
Capítulo 11. Rendición.
- No te vayas, por favor.- Supliqué.
- Lo siento… - Dijo él retirándome suavemente.
Me lo quedé mirando, estábamos a unos centímetros y lo notaba a kilómetros de distancia. Cómo en cámara lenta observé como su mano volvía a posarse en el pomo, me miró por última vez y abrió la puerta.
.
Pero yo no podía dejar que se fuera, ¿Qué haría en este apartamento sola sin él? Me había acostumbrado a estar con Inuyasha, no lo soportaría. Entonces avancé hasta él, cerré la puerta de un portazo con una mano, con la otra rodeé su cuello haciéndole inclinarse y presioné fuertemente mis labios con los suyos. Abrí mis ojos, él parecía sorprendido, así que rodeé su cuello con el brazo que faltaba y volví a besarle otra vez, moví con insistencia mis labios, entonces noté como sus brazos se tensaban en mi cintura, apretándome contra él, rindiéndose con un gemido. Entreabrimos nuestros labios solo para que nuestras lenguas se encontraran, las cuales estaban demasiado hambrientas y se devoraban al mismo tiempo. Una de mis manos bajó por su cuello, memorizando cada parte de su pecho, de sus brazos, de su abdomen por encima de su camisa, mientras la otra lo sostenía por la nuca, afianzándolo contra mí. Me separé por un momento mientras sus labios besaban frenéticamente la parte más sensible de mi cuello, provocando que sintiera estremecimientos y una fuerte descarga. Sus manos acariciaban avariciosas mi rostro, mi cabello, mi espalda…
Sabía perfectamente que ahora sí, no podría parar, lo necesitaba y lo tendría.
- ¿Estás… segura? - Preguntó entre besos y jadeante.
Dejé de besar su cuello y elevé mi rostro para observarle. Aún seguíamos en la entrada, abrazados tan fuerte como podíamos. Una de mis manos viajó hasta su rostro, acariciándole suavemente desde la sien hasta la barbilla, después besé esta última dulcemente.
- Te necesito Inuyasha, no he estado tan segura de algo en mi vida. -
La luz era débil, solo nos alumbraba la luz de la luna, no había amanecido y aún quedaba noche por delante, pero podía ver en sus ojos el dilema entre lo que debía hacer y lo que quería. Irse o rendirse al deseo. Me acerqué lentamente a su rostro, intentando incitarlo, no podía dejar que se fuera.
Mis labios acariciaron el contorno de los suyos, mientras mis manos se introducían bajo su camisa, acariciando la parte más estrecha de su espalda, provocando que su respiración creciese más todavía, más incluso que la mía.
- Deja de torturarme Kagome.- Susurró contra mis labios con los ojos cerrados.
Seguí mirándole y mordí su labio inferior dulce y lentamente. Inuyasha soltó un largo suspiró, pero funcionó. Sus manos, las cuales había posado débilmente en mis caderas, recorrieron el contorno de mi espalda hasta llegar a mi nuca para sujetarla con fuerza, no pude evitar gemir. Abrió sus ojos los cuales relucían de deseo y seguidamente estampó sus labios con insistencia en los míos, provocando que el calor que sentía ascendiese rápidamente.
Inuyasha volvió a posar sus manos en mi cadera, pero esta vez con decisión, haciéndome caminar hacia atrás hasta toparme con la fría pared, jadeé. Mis manos volaron rápidamente hasta los botones de su camisa, pero Inuyasha las cogió y las aprisionó con las suyas poniéndolas cada una a un lado de mi cabeza. Abrí mi boca, intentando rechistar, no quería que dijera que iba a ser un error, no lo era en absoluto. Pero antes de que pudiera decir nada, Inuyasha atrapó mis labios con la mayor de las pasiones, besándome como jamás lo había hecho. El fuego, la pasión y el amor jugaban conjuntamente, estirando para ver quien se llevaba el premio.
Cuando se separó me miró a los ojos con esa sonrisa torcida que me quitaba el aire.
- No tan deprisa.- Susurró, exhalando su aliento en mi cuello. En un movimiento rápido puso una de sus manos en mi cintura y me giró poniéndome cara a la pared, apoyé mis manos en ella intentando no marearme. - He estado esperando mucho este momento, quiero hacerlo bien Kagome.- Susurró en mi oído y mordió el lóbulo de mi oreja, provocando que gimiera audiblemente.
Sentía como mis rodillas se debilitaban y mis manos se aferraban con más fuerza a la fría pared. Inuyasha comenzó su dulce tortura. Su nariz comenzó a deslizarse por mi cuello, mientras sus manos se introducían en mi camisa de dormir, acariciando muy suavemente con sus enormes manos mi abdomen, provocando que un escalofrío recorriera todo mi cuerpo. Comencé a notar como mis pechos dolían y pedían a gritos su tacto, pero él en vez de subir, acarició la cinturilla de mi pantalón, introduciendo las manos bajo él. No pude evitar echar mi trasero hacia atrás cuando sus manos me acariciaron por encima de las braguitas y el calor volvió a subir de nuevo en cuanto noté su enorme miembro endurecido, se me escapó otro jadeo. Escuché sus risitas.
Me giré sin que él lo viniese venir y rodeé su cuello con mis brazos, uniendo nuestros labios, besándole agresivamente.
- Deberías dejar las torturas para otro día… o… para después - Murmuré, besando su rostro.
- Me parece una estupenda idea. - Dijo sonriendo.
Inuyasha tensó sus brazos alrededor de mi cintura elevándome, yo rodeé su tronco con mis piernas fuertemente, notando como mi intimidad latía desenfrenadamente, pidiendo lo suyo. Jamás antes había sentido algo similar, pero lo cierto es que aún así temía cuánto dolor podría producirme la primera vez. Sango y yo habíamos hablado varias veces sobre el tema y me confesó que para ella no fue tan malo.
Me di cuenta de que llegamos a mi habitación cuando Inuyasha dejó de besarme, dejó de sostenerme con uno de sus brazos y destapó la cama, después me tumbó lentamente posicionándose al mismo tiempo encima mío.
- Te quiero.- Susurré antes de volver a besarle.
- Yo más.- Aseguró interrumpiendo el beso.
- Eso habrá que verlo.- Le reté mientras él se detenía besando mi cuello.
Tomé su rostro con las manos y lo elevé, solo para volver a besarle de nuevo. Mis manos esta vez no tuvieron impedimentos para comenzar a desabotonar su camisa y retirarla. Inuyasha era tan perfecto, su piel era suave, aunque comenzaba a sentirla algo sudorosa, acaricié su enorme espalda hasta que una de mis manos comenzó a palpar las perfectas líneas de su abdomen y de sus pectorales, provocando que él ahogara un gemido en mi boca y se separara para volver a mostrarme esa sonrisa traviesa y seductora, noté como mis mejillas se encendían, cuando noté la picardía en ellos.
Inuyasha nos giró rápidamente y ahora era yo la que estaba encima suyo, sentada sobre su cintura, comenzó a subir mi camisa, saqué mis brazos y me ayudó a quitármela por la cabeza, me acordé de que no llevaba el sujetador, no utilizaba para dormir. Ví como su mirada ahora se fijaba en mis pechos, me sentí por un segundo avergonzada e intenté taparme, pero él lo impidió cogiéndome por los brazos y rodando otra vez para quedar encima.
- Jamás te tapes Kagome… - Presionó su erección contra mi intimidad y los dos gemimos al mismo tiempo.- Así me tienes.- Susurró.
Después comenzó a besarme trazando un camino de besos fogosos y húmedos desde mis labios hasta mi pecho, gemí cuando su boca se desvió hacia uno de mis senos y mordió mi erecto pezón, después siguió mordiéndolo y besándolo. Una de sus manos tomó mi otro seno acariciándolo y jugueteando con la aureola mientras que la otra, intentaba bajar mi pantalón y se introdujo dentro de las braguitas. El calor volvió a torturarme de nuevo cuando me acordé de que debía estar muy húmeda.
Una sensación inexplicable comenzó a azotar mi cuerpo, gemí con fuerza varias veces enredando mis manos en el cabello de Inuyasha y presionándolo más contra mi pecho, pero justo cuando pensaba que iba a morir de placer Inu retiró su mano y dejó de masajear mi intimidad, aunque rápidamente fue sustituida por su boca.
- Inuyasha…- Gemí casi sin fuerzas.
Sus manos se deslizaron por mis piernas, eliminando por completo mi pantalón y mis braguitas mientras besaba, sin besar, mi intimidad, eso me enfurecía, estaba jugando conmigo y yo no aguantaba más.
- Inuyasha.- Dije algo molesta.
Él subió volviendo a girarnos para que yo quedara sobre él. Como pude y con movimientos frenéticos quité su cinturón y desabroché su pantalón, él me ayudo a quitárselo, después bajé sus boxers, por fin podía observarlo en su totalidad y mis expectativas habían fallado un poco, quedándose cortas. Él era perfecto y jamás me cansaría de repetirlo.
- Eres tan hermoso.- Dije observándole, mientras gemía.
Inuyasha no habló, quizás por que no veía lo mismo en mí o porque su necesidad era mayor que la mía, cosa que era casi imposible. Comencé a besarle el cuello, y su pecho, mientras sus manos bajaban por mi espalda hasta alojarse en mi trasero y presionarme contra su endurecido miembro. Gemí después de que Inuyasha bufara fuertemente. Mis manos dibujaron su torso hasta que llegaron a su virilidad. Dura, sedosa, tentadora… enorme. Comencé a masajearla provocando, para mi placer, sonoros jadeos por parte de él.
Él volvió a girarnos repentinamente dejándome debajo de nuevo. Me miró a los ojos dulcemente y me besó de la misma manera. Mis manos subieron hacia su cabello acariciándolo, sintiéndolo. Noté como Inuyasha se posicionaba en mi entrada.
- Qui… quiero que me avises, si algo va mal.- Yo solo asentí.
Inuyasha comenzó a besarme de nuevo antes de comenzar a introducirse en mí. Un dolor peliagudo comenzó a abrirse en mi interior e intenté ahogar un grito, pero lo que no pude evitar fue que mis lágrimas se agolparan, por muchas causas, no solo el dolor físico. Mis manos apretaron los brazos de Inuyasha y cuando noté que iba a morir comencé a arañar su espalda, Inuyasha se detuvo, separó sus labios de los míos y me observó preocupado.
- Sigue, vamos Inuyasha.- Pedí. Esto iba a pasar, estaba segura. Inuyasha sacó un poco su miembro y lo volvió a introducir con algo más de facilidad, aunque el dolor aun seguía, sus manos masajeaban mis pechos mientras me besaba.
El dolor comenzó a desaparecer después de cada envestida, convirtiéndose en el placer de los placeres. Inuyasha gemía al igual que yo, su boca dejó de besarme, convirtiéndose la acción en imposible por los sonidos que salían de nuestro interior, sus movimientos cada vez aumentaban más de velocidad y me sentía totalmente enloquecida. Mi espalda se arqueó cuando llegué a la cima, me sentía completa y feliz, totalmente plena. Inuyasha dejó caerse en mi pecho antes de sacar su miembro de mi interior y suspiró.
- Nunca pensé que podía haber sido tan maravilloso y perfecto.- Dije casi sin aliento.
- No ha sido tan perfecto, te he hecho daño.- Reí levemente, era cierto.
- No podías evitarlo… ¿Tú ya habías…? - Inuyasha levantó la cabeza de mi pecho repentinamente mirándome a los ojos como si lo que le había preguntado hubiese sido un insulto.
- Evidentemente que no.- Intenté tranquilizarlo, acariciando su mejilla y volviendo a acomodar su cabeza en mi pecho, acariciando su cabello.
- Perdona… es que parecía que tuvieses… experiencia.- Inuyasha suspiró y acarició mi brazo con su mano.
- La experiencia la habré conseguido soñando entonces.- Soltó unas risitas. Preferí no preguntar nada más, bueno… solo había una pregunta que me atormentaba.
- ¿Vas a irte? -
- Ahora no puedo irme Kagome…- Se apartó de mi pecho y se apoyó de costado sobre el colchón, yo adopté su posición.- Después de lo que ha pasado, no tengo fuerzas para hacerlo.- Presioné mis labios con los suyos.
- Te prometo que arreglaré las cosas en cuanto pueda.- Logré que una pequeña pero esperanzada sonrisa asomara por su rostro.
- Te quiero Kagome. -
- Y yo a ti. - Me acomodé junto a él, demasiado exhausta, pero enormemente feliz.
.
.
Sentí el roce de sus labios recorrer cada centímetro de mi espalda, mientras una de sus cálidas manos le iba abriendo el camino. Intenté no moverme y seguí con los ojos cerrados, aún debía ser temprano porque la luz del sol no iluminaba mucho mi habitación… ¿O ahora debería decir nuestra habitación?
Noté como la piel desnuda de mi cuerpo se erizaba y no pude evitar estremecerme cuando Inuyasha llegó a la parte más estrecha de mi espalda, desviándose hacia mi abdomen, entonces paró de hacerlo. Abrí uno de mis ojos y me encontré su rostro a unos centímetros, sonriendo. Le devolví la sonrisa.
Me encontraba bocabajo mirando hacia la ventana de mi habitación, con mi pierna izquierda flexionada hacia fuera y la derecha entrelazada con la suya. Inuyasha me miraba, con su brazo derecho posado delante de mi cuerpo, atravesado en mi espalda.
- Buenos días cariño.- Susurró acercándose para propinarme un dulce beso en los labios. Me estremecí cuando le escuché llamarme de esa manera.
Retiré mi pierna de entre la suya y me di la vuelta para encararle, colocándome bien la sábana. Inuyasha pasó su brazo alrededor de mi cintura apretándome contra él.
- Mmm, ¿Eres un sueño? - Inuyasha frunció el ceño y después puso los ojos en blanco.
- ¿Quieres que te pruebe… si estás soñando? - Preguntó ahora con una de sus sonrisas torcidas.
- ¿Cómo vas a hacerlo? - Sin hablar se acercó a mi mandíbula y comenzó a rozar sus labios hasta llegar a mi cuello, comencé a notar como mi respiración se dificultaba. Su boca se abrió y sentí como sus dientes me mordían. Sin esperarlo y sin poder evitarlo un gemido salió de lo más hondo de mi ser, Inuyasha se separó con una sonrisa de suficiencia.
- Creo que eso ha sido suficiente.- Fruncí el ceño, no lo era.
Golpeé su pecho con mis manos cuando comenzó a reírse y después sin poder resistirlo me uní a él, suspiré. Inuyasha se había quedado callado, pero yo me había quedado sintiendo un fuego que tenía que apagar, así que deslicé mis manos por su pecho y rodeé su cuello con mis brazos, quedando mi rostro en frente del suyo.
- Creo que no lo ha sido.- Murmuré acercándome más a él.
Noté cuando Inuyasha bajaba la sábana de mi cuerpo y comenzaba a acariciar mis pechos, no pude evitar echar la cabeza hacia atrás mordiéndome el labio inferior. Un hombre como él era un sueño, demasiado bueno en todo.
- A veces te tengo miedo.- Susurró muy cerca de mi oído, sentándose en la cama y pasando mis piernas por cada lado de su cuerpo, ciñéndome a él con sus brazos alrededor de mi cintura.
- ¿Por qué? - Pregunté jadeante mientras mis labios acariciaban su cuello una y otra vez y notaba por debajo de mi intimidad como su erección crecía.
- Eres demasiado adictiva. -
- Inuyasha… - Susurré.
Mis manos dibujaban la forma de sus hombros, de sus torneados brazos, de su pecho y de su abdomen, mientras él se dedicaba a torturarme dulcemente aplastando mis pechos, dando pequeños mordiscos y besos candentes a mis mejillas, labios y cuello, provocando que mi cuerpo gritara de placer y anhelara que estuviera en mi de nuevo.
- ¿Sí? -
- Ahora.- Murmuré mientras una de mis manos posicionaba su miembro bajo mi sexo. Inuyasha gimió cuando sintió mi evidente estado, al rozar su miembro con mi intimidad, pero yo no podía más y fui bajando lentamente, introduciendo su miembro en mí.
La fricción era perfecta y más ideal se convertía a medida que Inuyasha acariciaba mi clítoris, provocando que me retorciera del placer y mi espalda se arqueara instintivamente, ofreciéndole mis pechos, uno de los cuales atrapó con su boca mientras yo me movía.
Comencé a moverme más rápido y nuestros jadeos comenzaron a ser más violentos, Inuyasha ayudaba a moverme con sus manos en mi cadera.
- Di mi nombre.- Me pidió.
- Inuyasha… - Gemí.
- Más. -
- Inuyasha… - Volví a gemir.
- Me estás… matando… Kagome.- Gemía.
Yo no podía hablar, estaba llegando a lo más alto, todas las sensaciones se intensificaban provocando que estallaran a la vez, volviendo a dejarme exhausta, relajada, pero feliz, siempre feliz.
.
El sol que entraba a través de la ventana se coló por mis párpados provocando que despertase. El corazón brincó en mi pecho cuando recordé que era viernes y no me había levantado para ir a la Universidad. Miré a Inuyasha y sonreí más tranquila. Si algo merecía la pena, era faltar a clase por estar con él.
Uno de sus brazos se había apropiado de mi cintura mientras una de sus piernas descansaba entre las mías. Su pecho perfecto subía y bajaba pausadamente. Su precioso cabello, mucho más despeinado de lo habitual le daba ese toque de inocencia mientras dormía plácidamente. Él había sido mío y lo era, todo lo sucedido había sido real y yo no podía estar más llena de felicidad, sentía que iba a explotar por ello.
Sentí la repentina necesidad de querer mimar a aquel ser tan perfecto que descansaba entre mis brazos. Cogí con cuidado su brazo y lo aparté de mi cintura, después estiré de mis piernas dejando la suya solitaria en el colchón, lo arropé bien y lo observé un par de minutos sintiéndome orgullosa porque él fuese mío.
Desvié mi mirada, buscando mi ropa, pero encontré algo mucho mejor. Cogí su camisa gris de la noche anterior y me la puse, su fragancia comenzó a invadirme por completo, era tan dulce y varonil a la vez… Cogí una de las gomas de pelo de mi tocador y me recogí el cabello en una coleta baja. Me encontraba realmente cómoda.
Llegué a la cocina y me puse a preparar el desayuno, tanta acción anoche me había despertado mucho el apetito y seguramente él cuando despertara estaría tan hambriento como yo.
Cogí la bandeja y puse las dos tazas de café con algunas galletas y tostadas y el bote de mantequilla y mermelada al lado. Miré la bandeja por última vez y me dirigí hacia la habitación, coloqué con cuidado la bandeja en los pies de la cama en el lado izquierdo y me subí en ella.
Inuyasha seguía dormido, así que me senté a su lado sobre la almohada y comencé a acariciarle el cabello, no tuve que esperar mucho para que se moviera levemente y sin abrir los ojos se acomodara en mi regazo.
- Eres muy madrugadora.- Dijo con voz soñolienta, antes de bostezar, ese gesto me hizo sonreír.
- ¿Madrugadora? Debería estar en mi segunda hora de clase.- En seguida abrió los ojos lo más que pudo, con el ceño fruncido.
- ¿Y qué haces aquí? - Dijo irguiéndose.
- ¿Quieres que me vaya? - Pregunté haciéndome la ofendida.
- No… - Aspiró un par de veces por la nariz. - ¿Qué es ese olor? - Ladeé mi cabeza hacia el desayuno. No pude evitar reír.
- He traído algo para desayunar.- Pasé mis dedos por sus labios.- Supongo que tendrás tanta hambre como yo.- Él se irguió, observando la bandeja sonriente mientras una de sus manos se posaba en la parte más alta de mi pantorrilla, haciéndome estremecer. Comenzó a palpar el trozo de tela y echó un vistazo.
- Ajá. ¿Intentas volver a matarme? - Me quedé pensativa.
- No es mi intención. - Dije bajando de la almohada y sentándome a su lado.
- Pues… no es lo que parece. Me encanta como queda mi camisa sobre tu cuerpo.- Dijo acariciando suavemente mi cuerpo por encima de la misma, con voz seductora.
- Inuyasha… deberíamos desayunar.- Dije con la voz entrecortada. Él suspiró y después rió.
- Sí, tienes razón.- Avanzó por la superficie del colchón hasta agacharse para alcanzar sus boxers y colárselos, después cogió la bandeja y con cuidado volvió a sentarse en medio del colchón, poniendo la bandeja entre los dos. Cogí una tostada y la mordí, sabía mejor que nunca.
- ¿Tienes que ir a la Agencia hoy? - Dije antes de tragar.
- No, no me han llamado, así que estoy solo para ti.- El tono de su voz provocó que sintiera como los colores se elevaran hasta anidarse en mis mejillas, sonreí.
- Estás preciosa con ese rubor en tu rostro. - Noté como el calor se extendía a causa de su penetrante mirada, en ese mismo instante debía estar como un tomate.
- ¿Quieres dejar de hacerlo? - Pedí mirando la bandeja.
- ¿Hacer qué? - Preguntó.
- Mirarme así… me pones tan nerviosa… - Él solo rió angelicalmente, quise pensar que era tan feliz como yo.
Cuando acabamos de desayunar tuve que rogarle que no se duchara conmigo, aunque insistió y me lo puso realmente difícil, pero si volvía a caer no sé cuanto tiempo hubiésemos estado bajo el agua. Después nos pusimos a ver la televisión. Me parecía irreal todo lo que había pasado y no podía parar de mirarle, venerándole. Todo era bonito y perfecto a su lado, todo me parecía bien.
- ¿Tienes hambre? - Pregunté después de un rato, me había quedado medio dormida entre sus brazos en el sofá.
- No mucha… - Comenzó a morder el lóbulo de mi oreja y empecé a sentirme algo acalorada, pero pronto empecé a reír ante el ruido de su estómago.
- ¿Estás seguro? - Dije riendo aún. - Yo creo que alguien está enfadado porque no le atiendes muy bien, casi no has desayunado. - Él sonrió un poco avergonzado.
- Bueno está bien, hagamos algo para comer, quiero probar el postre, seguramente me has preparado algo muy dulce.- Le miré elevando una ceja y me levanté enseguida dirigiéndome a la cocina.
- No sé, sabes… aún no he preparado nada. -
Me agaché para encender el horno y que comenzara a calentarse, no tenía ganas de esmerarme, unas pizzas estarían bien. Fui al congelador y saque un par de bases de pizzas, después abrí la puerta del frigorífico y saqué un poco de jamón York y queso Havarti. Fui al mueble de debajo del fregadero para coger una lata de atún y un nuevo bote de tomate frito y me dirigí a la encimera para comenzar a prepararlas. Unas grandes y fuertes manos inesperadamente me sostuvieron por la cadera, sabía de quien se trataba perfectamente.
- Pues deberías comenzar a prepararlo, ¿no crees? - Susurró, golpeando con su aliento mi oreja. No pude evitar estremecerme.
- Inuyasha… - Él me ignoró. Comenzó a acariciar con la punta de su nariz mi cuello y mi respiración comenzó a convertirse en un violento jadeo.
Me dio la vuelta repentinamente y siguió torturándome, acariciando sus labios con los míos sin llegar a besarme, jugando conmigo, alejándose lo justo cada vez que intentaba hacerlo yo. Bajó sus manos hasta mi trasero y me elevó, rodeé su cintura con mis piernas, él apoyó su frente en la mía con su respiración agitada, después me llevó hacia el otro lado de la encimera que quedaba libre y me sentó allí. Una de sus manos comenzó a acariciar mi entrepierna, provocando que gimiera su nombre, haciendo que me volviera loca al no permitirme que le besara teniendo sus labios a milímetros de los míos. Otra de sus manos se introdujo por debajo de mi camiseta de algodón y acarició por encima de mi sujetador mi seno izquierdo, cosa que hizo que gimiéramos y se rindiera para besarme. Mis manos exploraban sus brazos en profundidad por encima de su camiseta roja y bajaron acariciando su tronco. Nuestro beso se volvía cada vez más violento, desesperado, demandante. Nuestras lenguas se rozaban otorgándose mutuamente el placer de los placeres.
Pero cuando Inuyasha comenzó a subir mi camiseta… sonó el teléfono.
- No lo cojas.- Susurró en la base de mi cuello.
- ¿Y si es la Agencia? - Dije entrecortadamente.
- Llamarán más tarde. - Respondió con voz ronca intentando subir mi camiseta, mientras yo con una sonrisa lo impedía y besaba su cuello.
- ¿Y si es importante? - Inuyasha suspiró y se apartó. Me bajé de la encimera y corrí a coger el teléfono.
- ¿Sí? - Pregunte.
- ¡Hola pequeña! ¿Estás bien? No has aparecido en toda la mañana.- La voz preocupada de Kouga provocó que mi burbuja personal, en la que incluía a Inuyasha estallara, haciéndome volver a la cruda realidad. Una punzada me presionó el corazón haciendo que me sintiera realmente mal por Kouga.
.
.
.
Hola chicas! Perdón la demora… pero esta semana ha estado bastante ajetreada =(
Pero bueno que me dicen ¿les gusto el capitulo? ¿Qué tal el lemmons?
Ya veremos que paso con la molestosa interrupción de Kouga ¬¬ y justo cuando las cosas se estaban poniendo taaan candentes…
Como premio por sus hermosos reviews les dejo un adelanto del próximo capitulo =)
Capitulo 11. Perfección.
Volví a girarme, esperando encontrarme a Inuyasha detrás de mí, pero él no estaba, se había sentado en el sofá. Tenía el rostro serio, muy diferente a esta mañana. Dejé el teléfono sobre la mesa, avancé hasta el sofá, y me senté en su regazo rodeándole con los brazos y hundiendo mi rostro en su cabello.
- Lo siento… - Me disculpé.- No podía decírselo por teléfono. - Ejercí más fuerza en mi abrazo, a mi me dolía todo esto de igual manera que a él, o incluso más, pues me mataba saber que era yo la causante de que él estuviera de esa manera.
Un besitooo nos leemos pronto =)!
