Dulce Descubrimiento.

Disclaimer: Adaptación autorizada por A,BellaCullen quien es la COMPLETA dueña de esta hermosa historia. ¡Gracias a ella es que ustedes la leen ahora! :D

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ULTRA-MEGA IMPORANTE ABAJO :D

Capítulo 13. Rompiendo la Coraza.

- Mmmm, creo que tienes que contarme algunas cosas y después podríamos ir al cine o dar una vuelta por nuestro parque, ¿qué te parece? - Dije estirando de las sábanas para taparme mientras me levantaba, hacía dos noches que no utilizaba el pijama.

- Me parece una idea estupenda. - Le sonreí.

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-Se supone que la etapa de la infancia debe ser una etapa llena de felicidad, sin embargo para mí fue todo lo contrario. -

Nos encontrábamos en nuestra cama. Habíamos comido, Inuyasha había intentado salirse con la suya y había estado intentando evitar hablar sobre su infancia, aquella de la cual tanto quería saber, porque me importaba demasiado, sus pesadillas hablaban por sí mismas. Pero cuando nos tumbamos en la cama no tuvo escapatoria alguna, al principio quiso distraerme, pero mi fuerza de voluntad fue lo bastante fuerte como para hacerlo parar. Necesitaba saberlo todo, así que agudice mi oído mientras intentaba leer el interior de sus ojos, los cuales parecían haberse remontado a aquel tiempo, a su niñez…

-Mis padres, Izayoi e Inu Taisho, eran personas de clase alta, tenían un buen trabajo y vivían a las afueras de Osaka en una casita. Por lo que me contaron, jamás se llevaron bien, pero trataban de ser un buen matrimonio delante de todo el mundo, les importaba mucho la opinión de la sociedad. Mi madre era muy celosa y siempre pensaba que mi padre la traicionaba con otras mujeres.- Su rostro seguía intacto, casi no pestañeaba.- Evidentemente me concibieron sin desearlo.- Noté como su mirada bajaba a sus manos y comenzaba a juguetear con ellas silenciosamente, tomé su rostro y su mirada se clavó en mi.

-Concibieron al mejor ser que he conocido y doy gracias a ello.- Le sonreí para animarle, pero él seguía sin mostrar ninguna emoción. Bajé mis manos para coger una de las suyas y le di un apretón.

-Si nací fue para conocerte, no encuentro otro motivo. Ningún niño debería pasar por lo que yo pasé, aunque también sé que debe haber niños que lo hayan pasado peor. Desde que tengo uso de razón tengo recuerdos horribles que nunca podré olvidar por que se clavaron a fuego lento en mi memoria.- Su ceño se frunció y volvió a desviar su mirada.- El primer recuerdo que tengo es el de un día que llegué del colegio, debía tener 4 años, a lo mejor menos, no lo sé. Mis padres me llevaban a uno de esos colegios privados, y pagaban una cuota para que un autocar viniera a recogerme y traerme de vuelta a casa. Nunca demostraron ningún gesto de afecto hacia mi, y simplemente tuve que aprender a convivir con eso, para mí era normal. -Hizo una pausa.

-Tómate el tiempo que quieras Inuyasha, voy a estar todo el tiempo que haga falta. - Levantó la mirada con sus ojos cargados de dolor y desprecio e hizo un gran esfuerzo para sonreírme.

-Mis padres estaban discutiendo, era la primera vez que los escuchaba tener una discusión tan fuerte y estaba muy asustado. Corrí hacia la habitación de ellos con el corazón latiéndome más rápido que nunca, a punto de llorar, rezando porque no se hicieran daño, al fin y al cabo eran mis padres y yo les quería… la escena que vi fue dura. - Otra vez se quedó en silencio, en sus pupilas podía ver como reavivaba aquel recuerdo oculto en su interior, le di un apretón a su mano, yo estaba con él. - Mi madre había intentado darle una cachetada a mi padre y este había detenido su movimiento sosteniéndole el brazo por la muñeca.- Suspiró y cerró los ojos los ojos fuertemente.- Mi padre la empujó contra la cama y comenzó a pegarle sin piedad. Yo me mantenía al margen de todo, pero seguía en la puerta observando aquella escena sin emitir sonido alguno, ya que me había quedado horrorizado, yo era solo un niño, ni siquiera sabía la razón por la que mi padre golpeaba de esa manera a mi madre. Me tapé los oídos intentando así no escuchar como mi madre gritaba y me di la vuelta para correr por el pasillo con tan mala suerte de tirar un jarrón. Temeroso y lleno de angustia me fui a mi cuarto y me escondí bajo la cama, intentando cambiar la imagen que volvía una y otra vez a mi cabeza. -

Su dolor se convirtió en el mío, sentía cada músculo de mi cuerpo tensarse cada vez más ante sus palabras. Mi infancia había sido tan diferente… Mi madre siempre había sido tan atenta y cariñosa y mi abuelo siempre había sido para mí el mejor de todos, como un padre. No podía quejarme y jamás lo haría.

-¿Te hicieron algo? - Pregunté cuidadosamente.

-Después de unos minutos mi padre comenzó a llamarme. Abracé mi cuerpo lo más fuertemente que pude aún bajo la cama, temblando de miedo, rezando porque no me hiciera nada, aún me dolía ver como trataba así a mi madre. - Dijo después de unos segundos. - Pero, nada fue suficiente, porque me encontró. Cuando vi como estiraba su brazo para ayudarme a salir, me lo pensé mucho, no sé cuanto tiempo permanecí así, pero decidí salir. -

-¿Y qué pasó? -

-No me hizo nada, no aquel día, sorprendentemente fue comprensivo y trató de eliminar mi miedo. -

-Pero no lo consiguió… - Completé.

Intentaba imaginarme a ese niño de ojos ámbar y pelo azabache, más parecido a un ángel que a un simple niño, observando aquella escena y temblando de miedo bajo su cama. Era tan inimaginable… Un niño como él tenía que haber vivido entre algodones, como un príncipe, su niñez debería haberse parecido más a un cuento que a una realidad tan fría y cruda.

-Pasó algún tiempo después de aquello, unos meses, un año, no sé, mi percepción del tiempo en aquel entonces no era muy buena. Los descubría más veces discutiendo, pero nunca más vi a mi padre tocar a mi madre, aún así aquella imagen seguía en mi memoria, como si cada día hubiese ocurrido. Ya no hablaba tanto en el colegio, solía ser un niño bastante espabilado, o eso decían mis profesoras en las entrevistas que tuvieron con la asistenta social que me asignaron. Yo solo recuerdo eso, ni siquiera me di cuenta de que me alejaba de otros niños, me cerré en mi mismo, aunque no del todo.

-¿Y qué fue lo que te hizo cambiar del todo? - Pregunté llena de comprensión y atención. Él suspiró.

-Debía tener 6 años y mis padres habían llegado a casa antes de que saliera del colegio. Una vez más estaban discutiendo, mi madre le reprochaba todas las noches que pasaba fuera de casa y él ponía excusas absurdas. Decidí sentarme en el sofá y poner la televisión lo más fuerte que pude. Sin esperarlo los escuché detrás de mí, mi corazón comenzó a latir de la misma manera que aquella primera vez que los descubrí, comencé a sentirme cada vez más nervioso, pero no tenía el valor de girarme y verlos, así que seguí mirando la televisión. -

Era difícil de imaginar una situación como la que Inuyasha me estaba describiendo, pero sin embargo parecía estar viendo una película terrorífica en mi cabeza. Sabía que tenía que ser fuerte, no debía llorar aunque las lágrimas cada vez se agolparan más en mis ojos, tenía que transmitirle la fortaleza necesaria para superar aquel trauma que lo rasgaba por dentro, que recordaba triste y dolorosamente. Sus padres, las personas que se suponían ser las más importantes en la vida de un niño, le habían arrebatado sus mejores momentos; aquellos dulces, inocentes y puros.

-Puse la televisión más fuerte, entonces mi madre repentinamente apareció delante de mí y me pegó fuertemente, diciéndome que apagara la televisión de una maldita vez. - Sonrió irónicamente. - Me quedé pasmado mirándola, nunca se había dirigido a mi de esa manera, bueno la verdad es que nunca se había dirigido a mi de ninguna manera, al igual que mi padre, exceptuando aquella vez que quiso tranquilizarme a los 4 años. Vi como su mirada se llenaba de ira y levantó la mano una vez más para pegarme, y otra vez, y otra… hasta que mi padre la detuvo y le advirtió que podían meterse en graves problemas con la justicia. - Estreché los ojos intentando comprender, ¿era más importante el problema, que ver pegando su mujer a su propio hijo? Era algo éticamente inmoral. Inuyasha suspiró y yo le abracé con fuerza, escondiendo mi rostro en su cuello. - Si no te importa prefiero seguir dibujándotelo todo por encima, debes comprender que es muy difícil para mí tratar este tema. -

-Poco a poco Inuyasha. - Le besé en el cuello, y él se separó tomando mi rostro con sus dos manos y mirándome tiernamente.

-Eres la mujer perfecta para mí Kagome, te juro que nuestros hijos jamás pasarán por lo que yo pasé. Van a ser los niños más felices del mundo. -

-Estoy segura de ello.- Inuyasha suspiró y me abrazó fuertemente, volví a esconder mi cabeza en su cuello.

- Las discusiones cada vez eran más fuertes entre mi madre y mi padre y yo recibía cada vez más frecuentemente golpes sí y golpes también entre medio de sus peleas y fuera de estas, y sin causa alguna, las excusas eran de lo más absurdas: esconder algo que a lo mejor mi madre había guardado en algún lugar, llegar 5 minutos tarde por culpa del conductor del autocar, retrasarme un poco más cuando iba a comprar chucherías… Pero lo que más me impresionó fue una de las veces en las cuales mi madre me había pegado, dejándome en el suelo tirado, desfogando su rabia contenida en mi, dejándome inmovilizado por el dolor… y no solo físico. -

-¿Qué pasó? - Dije apretándome más a él.

-Dijo… que ni siquiera yo había sido capaz de salvar su matrimonio, que ojala nunca hubiese nacido, que no me quería. -

- Inuyasha… lo siento.- Dije después de unos segundos.

-Mi padre tampoco se quedaba atrás, pero las palizas no eran tan intensas como las que me daba mi madre, solía desfogarse con ella. -

-¿Y no hablabas? ¿No se lo contabas a nadie? - Volvió a suspirar.

- Kagome… Veía a los niños de mi clase salir felices con sus padres, venían a recogerlos, hablaban maravillas de ellos, se iban de excursiones familiares… me sentía avergonzado, acomplejado, después de todo eran mis padres, ¿Qué podía hacer un simple niño? Era ingenuo e inocente, las amenazas de mis padres no tenían límites. -

-¿Te… te… amenazaban? - Pregunté con dificultad. Estaba acongojada, envuelta en su dolor.

-Sí… -

-Pero si no hacías nada malo… -

-No… pero a veces las llevaban a cabo, según como estuvieran de humor.- Me quedé en silencio.

-¿Qué te hacían? - Pregunté lentamente con un evidente tono de horror en la voz.

-Preferiría no recordar mucho, pero por ejemplo ir a dar vueltas mientras llovía fuertemente por el patio de casa… -

-Entiendo si no quieres hablar de ello… - Estaba segura de que el dar vueltas bajo una enorme tormenta era una amenaza fácil de cumplir comparado con lo que se estaba guardando para él mismo, pero no quería presionarlo…

-Mi padre era el dueño de una imprenta y esta entró en quiebra, así que tuvieron que cerrarla. Poco a poco nuestro poder adquisitivo fue bajando y eso a mi padre le carcomía. Tuvo que conformarse con ser gerente de un supermercado, pero el sueldo que ganaba, a pesar de ser un buen puesto de trabajo, no le daba para todos aquellos caprichos que antes se daba y aquello lo fue matando, se volcó en el alcohol y eso fue lo peor que pudo suceder.- Notaba como sus puños se apretaban.

-¿Eran… muy fuertes? - Decidí omitir la palabra paliza, cada vez que él la pronunciaba mi cuerpo sufría escalofríos debido a lo que aquel concepto provocaba en mi cuerpo.

-A veces pienso que nunca podré olvidar cuanto dolían aquellos golpes cada vez que volvía de un bar… pero bueno aquellas heridas físicas al fin y al cabo sanaron tarde o temprano. Lo que no sanarán nunca son las heridas que sufrieron mi alma y mi corazón.- Suspiró.- Y nunca llegaré a comprender como unos padres pueden despreciar tanto a un ser creado por ellos mismos. - Me deshice del abrazo y volví a mirarle con nuestras manos unidas.

-Yo tampoco lo comprendo… - Me acerqué y le di un corto beso en los labios. Lo veía tan derrotado, tan adolorido, tan apagado… - ¿Y cómo es que te pusiste en contacto con servicios sociales? -

-Bueno… en los vestuarios era difícil tapar los moratones, me imagino que alguien debió informar a los profesores, también tenía un comportamiento extraño… así que creo que fue ese el incentivo necesario para que los profesores se pusieran en contacto con servicios sociales… -

-¿Cuándo… fue que tus padres perdieron el derecho de tenerte? - Pregunté con miedo a su respuesta.

-Bueno… cuando se sintieron amenazados todo empeoró… y en una de esas enormes… palizas me dejaron en la calle… medio moribundo… ahora pienso que fue lo menos inteligente que podían hacer… pero ellos tendrían sus motivos.- Se encogió de hombros.

-¿Sabes que siempre me vas a tener a mí…? -

-Perdí mi infancia y mi adolescencia y cuando pensé que mi adultez iba a seguir el mismo rumbo apareciste tú… siempre voy a agradecerte todo lo que has hecho por mi. Eres todo lo que tengo. -

-Anda ven aquí.- Enrosqué mis brazos a su alrededor y le abracé con fuerza.- No tienes que agradecerme nada, en realidad no he hecho nada, lo has hecho todo tú. -

-Lo hiciste todo a partir del primer día en que te vi por primera vez. -

No estaba de acuerdo con eso. No sabía porque razón había comenzado a hablar con él en el parque, solo sabía que me sentía mejor cada vez que lo hacía. No me sentía la heroína, simplemente no comprendía que estaba enamorada. Y ahora podía comprender porque nunca había podido dejarme llevar con Kouga, ni porque pude poner por encima de Inuyasha al que era mi novio. Mi corazón me lo gritaba y no estaba escuchándolo.

Inuyasha y yo estuvimos un rato más en la cama en silencio, solo abrazados, era muy agradable tenerlo así de cerca. Después le propuse ir a dar un paseo a nuestro parque, iba a ser tan diferente esta vez… aunque le pedí que dejara irme a la farmacia un momento, tenía algo que comprar.

Caminamos por el parque, él parecía el príncipe sacado de un cuento, ya no me lo encontraría en un banco porque había tocado a mi puerta. Yo era la sorprendente suertuda que lo acompañaba. Al principio tenía reparos en cogerle de la mano por miedo a que alguien pudiese vernos, no estaba muy dispuesta a que la gente se hiciera una mala imagen de mi, pero después de un rato tuve la necesidad de hacerlo.

-¿Te acuerdas de este banco? - Dije girando mi cabeza hacia el mismo.

-¿Cómo olvidarlo? Hasta hace poco tiempo era nuestro. -

-Y ahora también.- Dije volviéndome hacia él.

-¿Quieres sentarte? - Preguntó con mi sonrisa preferida. Yo solo asentí y nos sentamos. Apoyé mi cabeza en su hombro y el me atrajo su cuerpo con los brazos, permanecimos así unos minutos.

-¿Nunca has vuelto a saber nada de ellos? - Noté como se envaraba, pero necesitaba saberlo.

-No… nunca he hecho esfuerzo alguno para saber nada de ellos. -

-¿Y no te gustaría saber como están? Si siguen juntos, si se han separado, si tu padre ha superado su alcoholemia… -

-No sé nada y sinceramente no quiero saberlo. Ellos me hicieron mucho daño Kagome… ¿no es comprensible? - Le acaricié su mejilla, sus ojos brillaban extrañamente, juraría que estaba reprimiendo las lágrimas.

- Creéme que entiendo que después de todo lo que pasaste no quieras saber nada más de ellos… pero… ¿y si un día decidieran pedirte perdón? ¿Y si alguno de los dos lo hiciera? - Inuyasha frunció el ceño cuando bajó la mirada y se mojó los labios.

-La verdad… es que no sé que haría… pero creo que no podría soportar la situación. Los recuerdos me taladrarían. -

-Nunca unos padres podrán estar exentos de culpa por hacer algo así con su propio hijo, pero si se arrepintiesen… ¿no crees que deberías perdonarles? -

-Solo lo haría con una condición… Les rogaría que no volvieran a entrometerse en mi vida, sí, eso sería lo que haría. Mientras conviví con ellos mi vida fue el peor de los infiernos, fue peor que estar viviendo en la calle, no te puedes hacer una idea de cuanto sufrí… - Y no, jamás podría hacérmela, eso era algo que él había vivido en carne propia, pero podía ponerme un poco en su lugar y comprenderle, además estaría con él siempre, para apoyarlo cuando hiciese falta.

Me acomodé mejor en su regazo cerrando los ojos, sintiendo el aire frío acariciar la piel de mi rostro, escuchando cada vez menos como los gorriones y las palomas piaban despidiéndose de un nuevo día, como el silencio comenzaba a reinar en el parque y cada vez los gritos, las voces de la gente, los pasos desaparecían, dejando un agradable y placentero silencio, un silencio que compartía con él, mientras me acariciaba y jugueteaba con los mechones de mi pelo, dejando que se recuperara del dolor, que se encontrara en su interior.

-¿No tienes frío? - Preguntó después de un largo rato.

Le abracé con más fuerza aún con los ojos cerrados, notando como mis nudillos dolían del frío, la verdad es que hasta ahora no me había dado cuenta de aquello. Abrí los párpados lentamente, acostumbrándome a la nueva luz de las farolas ahora encendidas. El parque se encontraba desierto, solo un grupo de jóvenes adolescentes se encontraban apartados al otro lado del parque rodeando uno de los bancos. Inuyasha comenzó a acariciarme la espalda.

-¿Cómo estás? - Le pregunté miedosa. El rió entre dientes.

-La verdad es que mucho mejor.- Me beso en la coronilla.- Gracias. - Levanté el rostro para encontrarme con su mirada, era la única manera de saber si realmente era verdad, su par de lagunas ámbares no serían capaz de mentirme. Y lo cierto es que encontraba aquel brillo y ese intenso color que tanto me gustaban, parecía realmente agradecido.

- Inuyasha, solo te he escuchado. -

-Has hecho más que eso, parece que me haya quitado de encima un gran peso.- Sonrió, mostrándome sus blancos y perfectos dientes, no pude evitar corresponderle de forma automática. Involuntariamente mi mano se alzó para acariciar la suave piel de su rostro.

-Vaya, estás helada, ¿no crees que es hora de ir a casa? - Dijo mientras cogía mi mano y la friccionaba entre las suyas intentando otorgarme calor, yo solo asentí.

La calidez del apartamento me envolvió y reconfortó dulcemente. Me fui directa a darme un baño de agua caliente, lo necesitaba, tenía que poner en orden y asimilar todo lo que Inuyasha me había confesado. Sobretodo tenía que guardarlo en el cajón más alejado de mi memoria con llave, olvidarlo no, solo… aprender a vivir con aquello, pero sin dejar que pudiera con nosotros. No pude evitar que las lágrimas afloraran e intenté no hacer ruido.

Llegué a la habitación donde dormía Inuyasha, se había duchado después de cenar. Aún llevaba la toalla envuelta en la cadera, fue a coger unos boxers de su mesita de noche, pero se lo impedí. Tomé su mano y cerré los ojos cuando me la llevé al rostro, acariciándola con el mismo, sintiendo su piel caliente y suave, sintiendo su olor aún más intenso después de la ducha. Sentí como en pocos segundos el dedo índice de su otra mano contorneaba la forma de mi rostro y abrí los ojos, encontrándome el suyo a pocos centímetros, dulce, tierno… me sonrió gratamente y eliminó los centímetros que separaban sus labios de los míos, fundiéndonos en el más dulce de los besos.

Si el fuego y la pasión sobresalieron notablemente las veces anteriores cuando hacíamos el amor, esta vez su tacto y sus besos se sentían diferentes, sumamente y placenteramente dulces y tiernos. Sin prisas, deteniéndonos el tiempo que hiciera falta, estudiándonos a fondo, demostrando todo el amor que sentíamos sin palabras, dejando que nuestros cuerpos únicamente interactuaran, compitiendo por demostrar cual era más dulce y demostraba más amor.

Caí rendida en su pecho cuando salió de mi, dejándome exhausta una vez más, pero con la certeza de que su amor al igual que el mío era incondicional, irrevocable. Se separó un momento de mí para ir al baño, me tumbé boca arriba y suspiré antes de sonreír. Inuyasha era lo que siempre había soñado, en realidad más de lo que había soñado, y cada día estaba más segura.

-¿Aun sigues despierta? - Dijo recostándose en la cama, yo le abracé con fuerza y posé mi cabeza sobre su pecho mientras él me estrechaba entre sus fuertes brazos.

-Estaba esperándote, quería dormir así. - Me acurruqué más en él.- Entre tus brazos. -Él beso mi cabello.

-Te quiero.- Me pareció escucharle antes de que perdiera la consciencia completamente y el sueño me atrapara.

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Hola chicas lindas!

Bueno les deseo que pasen ¡Una hermosa navidad y un prospero año nuevo! Y que en este próximo 2011 se nos cumplan todos nuestros sueños y metas =)

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Por otro lado las invito a que se pasen por el otro fic "MIA" y me dejen su opinión… estamos TAN cerquita de llegar a los ¡300 reviews! Háganme ese regalo de navidad… que yo les regalo este capitulo jajaja XD

El 2 de enero se los prometo les estaré publicando un NUEVO fic llamado "Una y mil noches de amor" para las que SI quieren ver un Inu malote, mandón, egocéntrico, posesivo y celoso pues NO se lo pierdan os dejo el summary :D

Kagome tiene que casarse, pero no con cualquiera, sino con un príncipe árabe. "Si deseas ser mi esposa, debes aprender que mis instrucciones no se cuestionan" - dijo con voz de terciopelo

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No os olvidéis que esta historia es de la autoría de A,BellaCullen :D