Dulce Descubrimiento.

Disclaimer: Adaptación autorizada por A,BellaCullen quien es la COMPLETA dueña de esta hermosa historia. ¡Gracias a ella es que ustedes la leen ahora! :D

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Capítulo 14. Culpabilidad

Sentí como sus labios besaban mi mejilla e iban descendiendo por mi mandíbula, por mi cuello… un estremecimiento me invadió y no pude evitar reír entre dientes.

-Buenos días tesoro. - Abrí mis ojos y me encontré su rostro en frente apoyado sobre la almohada. Sus ojos me daban los buenos días con el color más precioso que podía existir.

-Buenos días.- Me limité a contestar, miré alrededor de la habitación. No nos habíamos molestado en ir a la mía, o… bueno nuestra. - Creo que deberías pasar tus cosas a la otra habitación. -

-Sí, yo también lo creo.- Dijo con una tierna sonrisa y nos quedamos mirando por unos instantes.- ¿Nos duchamos? - Sonreí.

-Mejor un baño, voy a preparar la bañera. -

-No, no, tú quédate aquí, ya lo hago yo.- Se levantó solo con sus boxers, haciendo que clavara mi mirada en su perfecto cuerpo, de arriba abajo y de abajo arriba, nunca superaría la conmoción que esa visión producía en mí.

Cuando desapareció, me acurruqué entre las mantas, ciertamente era uno de esos días que amanecía nublado y lo que más me apetecía era quedarme en la cama, aunque bueno… un baño de agua caliente podría estar bien, sobretodo un baño con Inuyasha, sonreí al imaginármelo.

-¿Kagome? ¡Puedes venir cuando quieras! - Me llamó él. Suspiré y me senté en la cama, gateando hasta llegar al filo de la misma.

Me levanté y me quité los pantalones junto con mis braguitas dejándolos tirados en el suelo, después los recogería, me estremecí al notar el frío y salí de la habitación en dirección al baño, no sin antes pasar por mi habitación para coger la cajita que había comprado el día anterior en la farmacia. Seguí mi camino hacia el baño y dejé por algún lugar mi camisa de dormir.

La puerta del baño se encontraba entreabierta y vi que el mismo estaba alumbrado levemente, caminé sigilosamente y abrí un poco más la puerta asomándome solo con la cabeza y quedando gratamente sorprendida, no pude evitar sonreír.

Un camino de pétalos de colores me dirigía hasta la bañera, el olor era realmente agradable y las velas daban un ambiente romántico e íntimo, algo que solo podía haber pensado aquel hombre que ya estaba metido en la bañera, el único hombre que ahora podía existir en mi vida… Abrí la puerta en silencio, sintiéndome nerviosa al notar como su mirada me hacía el amor con solo observar mi desnudez. Me metí en la bañera cuando dejé la cajita en el suelo y me senté enfrente suya, rozando sus piernas con las mías, tampoco es que fuera una gran bañera. La esponjosa espuma blanca hacía que me sintiera como estar en una verdadera nube, en nuestra propia nube.

-¿De dónde has sacado tiempo para… comprar todo…? - Dije mirando alrededor, intentando grabar esa imagen en mi mente para siempre. Inuyasha sonrió torcidamente.

-El mismo día que compré los preservativos… -

-Ajá… - Dije luchando por no sonrojarme y esquivé su profunda mirada.

-¿Te gusta? -

-Más que eso… me encanta Inuyasha.- Respondí con una tierna sonrisa.

Le miré tímidamente, estaba realmente emocionada, las palabras se habían esfumado, en ese momento solo existíamos los dos. El silencio era agradable, aunque me encantaba escuchar su suave, dulce y varonil voz también.

Cerré mis ojos y me concentré en el tacto de la espuma que cosquilleaba mi piel, era agradable. Abrí los ojos solo para ver como Inuyasha seguía mirándome con una sonrisa de satisfacción.

-Me alegro de que te guste Kagome. -

-Todo lo que tenga que ver contigo me gusta… - Volvimos a quedarnos unos segundos mirándonos. - Vaya, no he vuelto a llamar a mi madre, debería hacerlo después.- Me sentía mal, antes iba a verla muy seguido, pero últimamente tenía la cabeza solo en Inuyasha... Levanté una pierna del agua y me la acaricié desde más debajo de la rodilla hasta donde desaparecía en el agua, sintiendo la suave espuma rozar mi piel. - Espero que no esté muy enfadada.- Le sonreí y posé la punta del pie sobre su hombro.- La culpa solo la tienes tú. -

-¿Por qué? - Preguntó comenzando a ponerse nervioso, sonreí internamente, me encantaba probar los efectos que tenía en él. Mi pie comenzó a bajar por su hombro hacia abajo.

-Por estar todo el día metido en mi cabeza. -

- Kagome… deja… deja de hacer eso. -

-¿El qué? - Pregunté en un intento de sonar inocente. Mi pie seguía su recorrido, ahora llegando a sus muslos.

-Esto…- Dijo sujetando con su mano mi pie con firmeza. Con la otra alcanzó mi mano y me impulso contra su cuerpo, recibiéndome con un candente beso. Me separé de sus labios y me acerqué a su oído.

-Yo también hice una compra ayer.- Susurré, mientras mi mano buscaba su ya erecto miembro.

- Kagome… - Susurró suplicante. Yo reí entre dientes, notando como el agua elevaba la temperatura… ¿o era yo? Saqué mi mano y cogí la cajita que había dejado antes en el suelo, para enseñársela.

-Ah… - Se limitó a contestar con una sonrisa, al entender lo que contenía.

Había pensado en algo mejor como un Diafragma para no quedarme embarazada, pero era necesario ir al ginecólogo, así que eso tendría que esperar un poco, por lo pronto tendríamos que conformarnos con un preservativo femenino…

-Sí… -

Le cogí la mano y le estiré para que se levantara conmigo, escuchando como el agua se escurría por nuestros cuerpos. Podía notar su erección en mi vientre, excitándome cada vez más mientras sus besos me encendían nuevamente. Inuyasha me dio la vuelta y me quitó la caja sacando uno de ellos. Acarició mi vientre y me apretó contra él, sintiendo ahora su erección en mi espalda, no pude evitar gemir. Sentía como mis piernas se debilitaban cada vez más a causa del placer. Inuyasha me inclinó hacia delante con su cuerpo, su mano buscaba descaradamente mi intimidad mientras que la otra acariciaba mis pechos.

- Inuyasha…- Dije en un gemido, cuando sentí como introducía el preservativo.

Volvió a girarme repentinamente, acaricié sus brazos mientras le miraba, sus ojos estaban oscuros a causa del deseo. Se inclinó y volvió a besarme. Nuestras lenguas se encontraron al momento, reconociéndose y entrelazándose, probando el sabor de cada uno, disfrutando del tacto… Inuyasha se sentó en la bañera acomodándome sobre su cadera. Comencé a sentarme, rodeando su cadera con mis piernas, sintiendo como su miembro se introducía en mí, provocando que todo mi cuerpo se estremeciera al instante, apreté los dedos de mis pies, me aferré con las manos a su espalda y mordí su hombro, noté como Inuyasha gemía y eso provocó que yo quisiera acelerar los movimientos. Escuchaba como el agua de la bañera salía con nuestros movimientos, pero no me importó, solo me importaba que estaba con él, con Inuyasha…

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La mañana pasó rápida, y más rápida aún sabiendo que ya era domingo y al día siguiente era lunes y tendría que hablar con Kouga. Sería difícil, pero tendría que conformarse, ya no podía sola con esto. Sus besos y sus caricias… no podía aceptarlas, no me pertenecían, no las quería.

-No, de verdad, creo que les caerías muy bien a mis padres.- Dije riendo, mientras Inuyasha seguía con su expresión de "no lo creo". Habíamos decidido salir a tomar un café a un pequeño restaurante que se encontraba cerca de mi apartamento.

-¿Y a ver que te hace pensar eso?- Preguntó con expresión retórica.

-Para empezar a simple vista tienes un físico agradable, quiero decir hay personas que las ves y te dan una impresión… mala, pero tú eres diferente. -

-Bueno eso no cuenta. - Dijo poniendo los ojos en blanco.

-Vale, vale, pues porque eres encantador. Inuyasha eres… agradable, comprensivo, amable, honesto, bueno eso y mucho más, a parte de lo que te hace que seas totalmente irresistible. -

-¿Irresistible? - Soltó una carcajada.- Esa es la tontería más grande que he escuchado.- Siguió riendo, tomé su mano y me acerqué.

-Sí, tu piel es adictiva, al igual que tu aroma.- Susurré y me acerqué más.- Tus labios son irresistibles.- Susurré cerca de los mismos.- Tus ojos son capaces de hipnotizarme. -

- Kagome… - Susurró entrecortadamente. Yo reí entre dientes.

-¿Qué? Estoy haciéndote pagar.- Susurré cerca de su oído. - Nunca había conocido a alguien tan tierno y sexy a la vez, tan pasional y dulce.- Me separé un poco, observando sus ojos.- No sabes lo que siento cada vez que estamos así. -

Y era verdad, la proximidad entre los dos provocaba que mis hormonas se revolucionasen automáticamente sin mi permiso, como si tuvieran la orden de hacerlo con el simple hecho de que Inuyasha estuviese a 1 metro de mí, era algo sensacional.

-Tú tampoco sabes lo que me estás haciendo sentir en este momento, así que lo mejor va a ser que nos vayamos.- Dijo retirándose de mí, dejándome inclinada hacia él. Dejó dinero en el platito donde habían traído la cuenta. Suspiré y me levanté junto a él.

-Entonces, ¿pronto vendrás a conocer a mis padres? -

-No sé Kagome, ¿no crees que es pronto para que tus padres me conozcan? ¿Qué van a pensar? -

-Nada… Seguro que comprenden que ya no quiero a Kouga, o al menos deberían comprenderlo. Además ya te he dicho que no tienes de qué preocuparte, seguramente les vas a caer muy bien, como a Sota. -

-¿Sota? - Preguntó curioso.

-Sí, normalmente es muy selectivo con mis amigos, sobretodo del género masculino, es una suerte que te tratara tan bien cuando le conociste.- Sonreí. Inuyasha se paró un poco antes de llegar al portal de mi apartamento provocando que yo también lo hiciera, me giré para mirarlo. - ¿Qué pasa? - Él sonrió.

-Nada… es solo que eso me hace sentir bien. No es que me alegre de que a otros los rechace, pero así me imagino que será más fácil que me acepte, ¿no? - Respondió con una gran sonrisa. Yo le sonreí, rodeando su cuello con mis brazos.

-Te van a aceptar todos. - Me puse de puntillas y alcancé sus labios.

-Veo que te has recuperado muy rápidamente en mi ausencia Kagome.- Dijo una voz irónicamente, una voz que conocía a la perfección.

Me separé inmediatamente de los labios de Inuyasha y como un acto reflejo me llevé la mano a la boca, sorprendida, avergonzada, acababa de ser descubierta. Había muchas personas, había temido que alguien pudiera habernos visto durante estos dos días por la calle, pero de todas las personas a las que me había imaginado haciéndolo, él era el único en quien no había pensado, se suponía que tenía que estar lejos hasta mañana.

Mi cabeza pensaba, intentaba obtener una respuesta, algo que no evidenciara lo que Kouga acababa de presenciar, pero no tenía nada. Y sí, ahora lo mejor sería ser lo sincera que no había sido con él antes, él lo merecía, bastante había hecho sufrir a ambos con la intención de que Kouga no saliera herido. Pero, por muy egoísta que sonase de mi parte, y aunque realmente Kouga estuviera pasando por un momento bastante crucial en su vida, prefería que él fuera quien sufriese antes que Inuyasha.

-Kouga… yo… - Di un paso hacia él, pero el alzó su mano provocando que me detuviera. Sentí la mano de Inuyasha en mi hombro.

-No hace falta que me expliques nada Kagome.- Su mandíbula se tensó y sentí dos lágrimas inundando mis mejillas. - Me ha bastado con lo que he visto. - Mi respiración se cortó por un instante cuando le escuché hablar.

-Pensaba decírtelo... Yo tenía... Pensando… -

-¿Cuándo Kagome? ¿Cuando mi padre estuviese muerto? - Algo atacó a mi corazón provocando que se detuviera en un instante, ¿qué había hecho? Kouga se había portado demasiado bien como para que yo le hubiese hecho algo así. Estaba claro que no podía evitar hacerle daño a los dos de alguna manera…

-Quería hablar contigo mañana… -

-Kagome.- Volvió a interrumpirme.- ¿No lo entiendes? No quiero que me expliques nada, me acabas de demostrar que has caído muy bajo, nunca pensé que pudieras hacerme esto, ¿de qué manera me querías? - En ese instante Inuyasha se adelantó un paso por delante de mí.

-Ella no tiene la culpa de nada.- Dijo con voz cortante.

-¿Ah no? Ahora es una santa, ¿verdad? - Escuché a Inuyasha resoplar.

-No tienes idea de lo que Kagome ha estado sufriendo, si alguien tiene aquí la culpa he sido yo por entrometerme, pero a ella no tienes que cargarle culpa alguna, ¿entiendes? – Kouga comenzó a reírse irónicamente.

-Vaya Kagome, veo que has encontrado a un nuevo títere. De verdad que no tengo palabras para describir lo que me has hecho.- Yo simplemente no podía hablar. - ¿Qué tiene él que no tenga yo? - Preguntó ofendido.

Cerré los puños con fuerza e intenté guardar los sollozos que amenazaban con salir de mi pecho. La única respuesta lógica que encontraba era que Inuyasha y yo habíamos nacido para estar juntos, pero no podía contestarle algo así, no ahora.

- No hace falta que me respondas, pero dime ¿de qué manera te ha seducido? - Me preguntó, yo seguía en silencio.- ¿Has podido llevártela a la cama? – Inuyasha se envaró y noté como dio dos zancadas rígidas en dirección a Kouga, me adelanté y le cogí del brazo.

-Inuyasha, no. - Le supliqué. La respiración de Inuyasha estaba agitada, sabía con certeza que de no haberle detenido hubiese atacado a Kouga. Escuché a Kouga reír.

- Kagome, déjalo, no tienes que actuar más, ya me has demostrado como eres en realidad.- Estiré de Inuyasha cuando noté como quería avanzar otra vez hacia Kouga. - Y tú, amigo… - Dijo mirando a Inuyasha. - Te compadezco… ojala tengas suerte. Adiós Kagome. -

Y dicho esto se alejó rápidamente sin volver a mirar atrás. Dejé mis brazos caer flácidamente a cada lado de mi cuerpo. Quería desaparecer, quería que la acera se abriera y me tragara. Inuyasha me ciñó a su cuerpo rodeando el mío con sus brazos, yo ni siquiera podía moverme, ¿acaso no tenía el corazón que pensaba tener? ¿Cómo podía haberme pasado esto? Comencé a sentirme mareada y fue cuando me di cuenta de que estaba llorando desconsoladamente en el pecho de Inuyasha, el aire que intentaba aspirar no era suficiente para mis pulmones. Inuyasha me acariciaba el pelo intentando tranquilizarme, pidiéndome que lo hiciera.

-¿Cómo he podido hacerle esto a Kouga? ¿Por qué? - Pregunté sollozando en la cama, bocabajo, tapándome el rostro, me daba vergüenza que Inuyasha me viera. Noté sus pasos lentamente dirigiéndose hasta la orilla del colchón y se sentó. Comenzó a acariciarme el pelo.

-No has hecho nada Kagome. -

-Yo tengo la culpa, tenía que habérselo dejado claro. -

-Si no hubiese tenido esa estúpida idea de irme, justo en ese momento… -

Entonces lo vi todo claro, si Inuyasha no hubiese intentado irse no habría actuado de esa manera, ¿entonces que era lo que estaba bien? Mi cabeza me dolía de tanto pensar. ¿Qué había hecho bien? ¡Nada! Me grité furiosa. Nunca debí haber vuelto con Kouga, todo esto había pasado por culpa de mi egoísmo, por querer evitar mi sufrimiento, porque no quería enamorarme más de Inuyasha de lo que era capaz de asumir, todo era mi culpa, todo.

-Perdóname Kagome. - Dijo él muy bajito, su voz sonaba tan apenada, que hizo que me cogiera aún más asco.

-No Inuyasha… - Logré articular.- Nada de esto tiene que ver contigo, la culpa de todo la tengo yo, tú no tienes nada que ver en todo esto. Le he hecho daño a Kouga… -

-Tú no puedes hacerle daño a nadie Kagome. -

-Claro que sí.- Giré mi cabeza e intenté enfocar su rostro entre las espesas lágrimas que salían de mis ojos. Su mano se alzó para acariciar mi mejilla y quise morirme de nuevo. ¿Por qué tenía que ser así? Yo me merecía lo peor, jugué con los dos, a Inuyasha también lo había herido.

Había deseado llevarlo todo bien, sin querer hacerle daño a ninguno de los dos y nos había hecho daño a los tres, sí, yo también me incluía.

Continué llorando hasta que mis ojos se quedaron secos. Inuyasha seguía sentado a mi lado, levanté mi cabeza, retirándome las últimas lágrimas que bañaban mi rostro. El suyo estaba lleno de ansiedad.

-Lo siento… - Me disculpé.

-¿Estás bien? - Preguntó con miedo.

-Bueno… al menos ya no me quedan lágrimas. - Me senté en la cama y escondí mi rostro en su cuello. - Perdóname Inuyasha, sé que a ti también te he hecho daño.- Pero él no contestó de inmediato, sostuvo mis hombros con sus cálidas manos y me retiró de su cuerpo, haciendo que clavara mis ojos confusa en los suyos.

- Kagome, tú me has hecho el hombre más feliz del mundo, quédate con eso. No pienses, deja de pensar en lo que hayas hecho mal, para mi has actuado correctamente, de manera solidaria, queriendo hacer el bien. -

-Pero lo he hecho todo mal. -

-No a mi parecer, deja de sentirte culpable. Deja que pase el tiempo, podrás aclarárselo todo a Kouga, estoy seguro. -

Sus palabras no me hacían sentir mucho mejor y no le hubiese podido creer de no ser por que sus ojos no tenían secretos para mí. Para mi seguía siendo la misma estúpida, la misma egoísta. Inuyasha me abrazó y se tumbó conmigo en la cama, haciendo por unas horas que solo pudiera concentrarme en sus caricias y en su presencia, demostrándome el amor que sentía por mi, demostrándome que él siempre iba a estar conmigo. La comodidad que sentía entre sus brazos y el cansancio provocaron que cayera en un profundo sueño…

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Entré en la facultad, los pasillos se encontraban cargados de gente, todo el mundo me miraba con hostilidad, con ira, como si estuvieran dispuestos a lanzarse sobre mí. Caminé más deprisa buscando entre la multitud mi aula, intentando no mirar a nadie, solo siguiendo mi camino. Suspiré cuando por fin llegué y me adentré, no sabía qué era peor. La gente me seguía mirando de igual manera, pero de pronto comenzaron a reírse estrambóticamente, apuntándome con el dedo. Sentí como mi corazón casi no aguantaba los rápidos latidos de horror cuando observé que Sango era una de esas personas, y… Eri… Hojo… Ayumi… Yuka… incluso Miroku, Sota… y… sentí como mi corazón dio el último latido cuando observé el rostro de Inuyasha. Entonces me desperté sobresaltada.

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- Kagome, Kagome ¿estás bien? - Mi respiración agitada, no me permitía hablar. - Amor, tranquila, solo ha sido una pesadilla. - Continuaba ahora acariciándome el cabello. Recuperé un poco la tranquilidad y lo miré. - ¿Estás mejor? - Yo solo asentí y me aferré con fuerza a él. Solo esperaba que nunca se fuera de mi lado, no podría soportar algo así.

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Hola gente linda… :D pues aquí estoy de vuelta con este fic.

Estoy ENORMENTE FELIZ y TRISTE por el termino de "MIA" pero super happy por todos los comentarios que obtuvo el capitulo final, fueron muchísimos –y de gente que nunca había visto- eso me puso feliz :D sin contar con que conocí Barcelona hace una semana como regalo de aniversario con mi novio =) y conocí La Fuente Mágica de Montjuic que es ¡Hermosisima! [si no la conocen busquen en youtube] creo que todavía suspiro por ese momento tan romántico… O/O

Cof cof cof… bueno por lo que estamos aquí jejeje espero les guste el capitulo y no les dejo un adelanto para que todo sea de sorpresa :D nos vemos con este fic el…miercoles ^^ y las actualizaciones de "Una y mil noches de amor" serán los días sábado ¿de acuerdo? Asi ustedes ya saben cuando mirar sus correos o meterse a mi perfil para las q no tengan cuenta en la pagina…

Nos vemos prontito bye