Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto


V


De niño no podía entender. Cuando miraba a los que me rodeaban captaba las diferencias, eran evidentes. Yo no era como ellos. Tenía dos brazos, dos piernas, cabello, voz, pero era diferente. Mis ojos no eran iguales a los del resto. Nadie me lo señalaba, pero yo lo sabía.

Hoy sonrío al recordar. Por supuesto que no soy como los demás. Tampoco preciso reflejarme en el otro para reconocer mi existencia, ¡qué estupidez!

A mí me gusta buscar, necesito comprender el secreto orden de las cosas, necesito saber.

Recuerdo todos esos cuerpos a lo largo de años de investigación, hundiéndome hasta los codos en sus entrañas, escudriñando, hasta que vi lo que quería ver, hasta que entendí. Recuerdo los ojos horrorizados del viejo, también recuerdo mi satisfacción. ¿Por qué el horror?, pensé. ¿Qué vio allí? Disculpen si me río.

¿Cuál es el horror de un cuerpo? ¿Acaso les molesta recordar que morirán? ¿Les asusta la muerte? ¿Los espanta? Simples humanos, débiles, obvios, flacos, mediocres… Hay que hundirse hasta los codos en el horror para encontrar la clave, para saber.

Lo que a mí me horroriza es la oscuridad, el olvido, la negación, pero no los cuerpos. Los cuerpos, sus brazos y piernas, son el vehículo de mi supervivencia, de mi endiosamiento. Porque eso es lo que soy.

No soy igual al resto, yo busco, yo quiero saber.

En cambio él, mis ojos, es igual a mí. Es único. Él también busca y necesita saber, entonces me llama y le enseño, lo educo para mí. Lo moldeo amorosamente entre mis manos, me relamo con su poder, con su ambición, con su odio, con su cuerpo… Su potencial es mi futuro, su odio es mi carta de triunfo, su cuerpo es el contenedor de esta existencia. Maravilloso.

Mi nuevo contenedor… Él también me horroriza, pero no su cuerpo.

Sí, recuerdo la mirada del viejo mientras sujetaba mis brazos, mientras me lo sacaba todo. Maldito viejo. Sí… ¿El horror? El horror para mí fue perder lo que tenía, las armas de mi esperanza. El horror para mí fue esa exasperante compasión, esos ojos que parecían mirar a través de mí, que parecían traspasarme. No, viejo, no me compadezcas, ¡qué vulgaridad! Mejor compadécete de ti mismo, del olvido, de la negación de tu ser. Yo no soy igual a ti, yo no me parezco a nadie.

Simples humanos, simples recipientes. Yo soy inmortal.


Gracias a todos los que leen. Saludos para Itzel, muy agradecida por tu afectuoso review y tu apoyo.

Gracias por su paciencia y por su lectura. Espero sus comentarios. Nos vemos!