Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto


XIV


Nota del transcriptor: último pergamino.

Aún puedo sujetar la pluma, todavía puedo deslizar algunos trazos para que quede un registro fidedigno del final de esta fase y del inicio de una nueva.

¿Qué es el lenguaje? En medio de todo este dolor que me desgarra, que se empeña por desatar mi alma de su recipiente material, busco la forma de describir esta creciente felicidad que me invade al saber que pronto, muy pronto, renaceré. Sin embargo, no hay palabras suficientes para hacerlo.

¿Cómo expresar esta intensidad, esta maravillosa certeza de eternidad? ¿Con qué frases, con qué símbolos representaré la dicha de poseer este don, esta llave que nadie más posee, porque el resto del mundo prefiere conformarse con el sinsentido y desperdician sus palabras intentando dilucidar aquello que jamás tendrá una maldita explicación? La nada, el absurdo, la angustia, ¡disculpen si me río!

¡Yo soy mucho más que eso! Yo trabajé asomándome al abismo, encarándome con el horror más absoluto que existe. Hurgué allí ignorando todas esas estúpidas restricciones que se agrupan bajo la palabra ética, y de las cuales yo me burlo. Mis manos revolvieron entrañas y más entrañas, se adentraron en este misterio atroz que es uno mismo, para entender el propio ser.

Yo lo hice, y de nada me arrepiento. Me esmeré por descifrar la clave de la existencia allí mismo, en el horror de los cuerpos muertos descomponiéndose para siempre. Yo acepté la ignominia, porque ése era mi camino.

Yo me alcé, me revelé, ¡robé la Verdad! Yo no podía conformarme con la finitud, no me resigné jamás a ser un simple hombre preguntándose las cosas, una penosa brizna de polvo flotando en la inmensidad del Universo. ¡Qué patético!

[N. del T.: es imposible reproducir este párrafo]

No, no me interesa la ética, no me interesan las reglas, no me interesa Dios. Porque si el precio de la existencia es esta innoble corrupción de mi cuerpo, un tiempo límite para respirar, para experimentar y para saber, entonces toda divinidad no es más que un patán caprichoso y mezquino, un espectador morboso, un fisgón perverso. ¡Un ser así merece ser desafiado! ¡Un ser así merece ser destruido!

Yo seré mi propio dios. Mañana, mañana este dolor cesará…


Bien, solo queda un capítulo más. Gracias a todos los que siguen leyendo n.n

Nos vemos el sábado próximo!