Hola señoras y señoritas jjj, si hay señoritos bienvenidos son. He aquí un segundo capítulo de esta masacre historia que nació de mi muy fumada imaginación luego de una taza bien fuerte de té negro y un pan dulce realmente dulce que era azúcar con pan hojaldre y miel, literal, eso era azúcar casi pura con un tantito de pan para evitar una diabetes que igual me va a dar… jajaja ojala les guste y no me asesinen con un tubo (a menos que sea el de Rusia Da)

Disclaimer:Los personajes en esto no son míos ni lo serán a menos que Dios se fume algo peligroso, pertenecen al señor y le estoy realmente agradecida por crearlos, yo solo me los estoy tomando prestados un rato y se los voy a devolver (aunque tal vez le hagan falta algunos jjj).

Advertencias: Lovino siendo Lovino, osea, boca de caramelo en toda su extensión (Lease mal vocabulario) y un reguero de palabras jodidas. Un poco de OoC por parte de España y Feliciano, en serio, no manejo bien los Ve ~ de Feliciano.

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El espejo de Romano.

Había estado algo preocupado por su amigo China, primero había sido lo de siempre, pelear con el bastardo del macho patatas mientras trataba de meterle mano a su hermanito, claramente el Bastardo mayor no se había quedado atrás, no, España había tenido que estar toda la maldita reunión sobre él, ¿es que acaso habían nacido pegados? Claro que no, esos eran Feliciano y él, nunca habían sido trillizos y por consiguiente Antonio tendría que comportarse como un extraño, eso era lo que realmente era. En fin, suspiró con pesadez, estaba preocupado por China, se había cortado el cabello, su largo y hermoso cabello negro, debía admitir que no se le veía mal ni nada pero no estaba acostumbrado a verlo, lo hacía parecer una chica el triple de lo que ya parecía.

Mathew lo había mirado con significancia cuando Yao entró en la sala de reuniones, ¿Qué significaba aquella mirada? Simplemente no lo entendía, dio una vuelta en su cama y quedó completamente boca arriba, con los brazos y piernas extendidos, pensando en si estaría bien llamar a Yao para charlar, a fin de cuentas el chino era su amigo y no cualquiera, era uno de sus mejores amigos. A muchos les parecía raro que así fuera y otros no lo sabían ni siquiera, pero él, Yao y Mathew se habían vuelto muy unidos con el tiempo.

¿Por qué?

Simple; todos tenían problemas parecidos. Yo sé, quien los viera no notaría la similitud en ellos, es más, pensaría que eran tres países muy distintos, tres que no compartían nada, que no tenían ninguna cosa en común, pero lo tenían, compartían risas y alegrías así como penas y dolores, se habían apoyado mutuamente durante mucho tiempo y se podía decir que se conocían, lo suficiente para que Romano supiese que Yao no estaba bien… ¡Eso era! Mathew lo sabía también, vaya que le había tomado tiempo averiguar lo que pesaba en su pecho, estaba preocupado por su amigo y ni lo sabía, si alguien se enterara se reiría, así como lo hacía ahora de sí mismo.

-Ve ~ Fratello, la cena está lista, ¿bajas a comer?- Dijo Feliciano asomándose por la puerta apenas abierta con una sonrisa tonta, como siempre- ¡Doitsu vino a cenar Ve ~!

-Creo que no tengo hambre Feli, gracias por avisar- Contestó él sin moverse de su posición, odiaba a ese maldito macho patatas, odiar era poco, lo repudiaba, lo detestaba, si su 80% mafioso fuese un 81% entonces Ludwig estaría muerto.

-¿Ve ~ Fratello, te sientes bien?- Preguntó Italia de insistente, algo preocupado también- ¿Por qué no tienes apetito ve ~? ¡Es pasta!

-Ah, no es nada Feliciano, solo no tengo hambre, ve y disfruta de tu cena con tu amigo- Las palabras las trató de hacer sonar naturales, al menos para que su estúpido hermano no notara nada raro en ellas.

-Está bien ve ~ Nos vemos mañana- Dijo el menor de los italianos con una sonrisa- buonanotte Fratello, que descanses.

-Igual- Le respondió ya sin muchos ánimos.

Lovino Vargas, Italia Romano, El sur de Italia, vaya si había maneras para darle un nombre pero él no escogía ninguno, solía dejar que Feliciano o, en su defecto, el inútil de España lo presentara, odiaba la gente nueva, gente como Alemania, que venían a cambiarle el mundo, un mundo que era suyo y que le costaba cada vez más mantener en pie, odiaba muchas cosas pero eso era el encanto de ser él. Odiar y callar mucho, en serio, Lovino amaba muchas cosas pero todo lo callaba, no le gustaba abrir la boca para dar explicaciones a nadie, si hacía las cosas era porque le daba la gana o porque había algo que lo motivaba a hacerlo, odiaba muchas cosa, miles y cien más.

En eso sonó su móvil, lo tomó con pereza y lo llevó a su oído para escuchar una voz jodidamente familiar, sí, a Lovino le iba a doler la cabeza esa noche.

-Buenas noches Lovi Love, llamaba para ver si querías venir mañana a mi casa, haré una paella increíble y me parece un desperdicio hacerla solo para mí, si tu vienes podemos comerla juntos y así le llevas un poco a Ita-chan… ¿Qué dices- La molesta voz de Antonio Fernández Carriedo sonaba muy emocionada al otro lado de la línea.

-Lo siento bastardo, no puedo mañana- Le contestó con molestia- Además me llamo Lovino, no Lovi Love…

-Ah pero Lovi, hablé con Ita-chan ayer y me dijo que no ibas a hacer nada mañana, anda di que sí (al estilo Kiko) por favor, anda, ven a comer mañana, ¿sí?- Suplicaba el Español.

-No, no quiero, además, ¿Qué carajo sabe Feliciano de mis actividades?- Estaba a tres palabras españolas de cabrearse y eso no era bueno.

-Eh Lovi, no seas así, me esfuerzo mucho para darte una bonita comida de viernes y me desprecias así porque así… No Lovi, eso no se hace, yo no te eduque así, por favor, ven a almorzar mañana, a las dos en mi casa- Seguía suplicando el condenado español y la venita en la frente de Lovino amenazaba con estallar, contuvo el aliento, conto hasta 20 (sí, Antonio era el doble de molesto) y finalmente se calmó un poco.

-Está bien bastardo, solo porque lo pediste por favor- Suspiró resignado el italiano.

-Waa Lovi que alegría, nos vemos mañana. Buenas noches- Españoles, debía haber una regla que permitiera volarles la cabeza, no a todos, solo a los que se llamasen Antonio Fernández Carriedo, tuviesen el pelo castaño, los ojos verdes y una actitud del puto diablo.

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¿Por qué había aceptado? No lo sabía, en serio, no recordaba por qué jodida razón había accedido a almorzar con el maldito Español, caminaba sin muchos ánimos por las abarrotadas calles de España, era un lugar bonito y no lo podía negar, aún así detestaba a ese bastardo que decía ser un digno representante de su país, vaya si era solo un pendejo con disfraz de conquistador.

-¡Ja! Si supieran...- Rió el Italiano con suficiencia, estaba hastiado de todo y enojado, el clima en España era horrendo, hacía mucho calor y realmente adoraba burlarse de Antonio.

-¡Lovi love!- Soltó una maldición al escuchar esa voz llamarlo a sus espaldas y al girarse se encontró con el sonriente español, imposible no cabrearse al ver esa cara- Que dicha que decidiste venir, hace un día precioso además, andaba comprando algo de vino para acompañar el almuerzo.

-Ya lo veo- Dijo él mientras caminaba algo más rápido, los españoles no perdían el día caminando lentamente.

-Te ves muy bien hoy Lovi Love- dijo de manera seductora el español, ganándose así el primer golpe del día.

-¡Idiota! Si te quieres ganar una hemorragia interna sigue diciendo cosas así- Le reprimió el italiano tratando de no sonrojarse, realmente no le gustaba pensar en que el español se quería meter en sus pantalones, a como Francia decía siempre.

-¡Pero si lo comentaba nada más!- Se defendió con una sonrisa el idiota- Además, es verdad.

-¡Púdrete!- Esa era su manera de decir gracias, Antonio lo sabía así que solo se rió por lo bajo. Romano vestía unos jeans negros bastante ceñidos y una camisa blanca, además de una bonita corbata roja, ni sabía por qué diablos se la había puesto pero si había que ser sinceros se veía endemoniadamente sexy, sí, menos siempre es más y aquel sencillo conjunto lo hacía lucir muy bien.

-Ah Lovi Love, me deberías regresar el cumplido- sugirió su acompañante con hincando un codo en las costillas del menor.

-¿No te da vergüenza andar en la calle así vestido?- Inquirió al observar detenidamente al español, quien vestía unos jeans azules, unas zapatillas deportivas y una camiseta blanca que decía "¿Por qué no te callas?" – Pareces un pordiosero.

-¡Ah Lovi, que cruel!- se hacía el dolido el español, realmente aquellas lagrimitas eran de lagarto- ¿No te gusta cómo me veo?

-Creo que fui claro, pareces un jodido pordiosero con esa mierda encima- Le dijo un casi cabreado italiano a un estúpido sin remedio.

-Lovi no te enojes, te saldrán arrugas y eres muy guapo para eso...- Dijo regresando a Sexy Mode, al ver una venita saltar en la frente del italiano decidió que prefería vivir- ¡Ah, llegamos! Qué bien, ya podremos comer, ¿estás hambriento Lovi?

Un gruñido fue lo que recibió como respuesta, con su sonrisa tatuada en el rostro decidió abrir la puerta y hacerle lugar a su acompañante, los dos hombres (digamos) pasaron y el español corrió a la cocina diciendo cosas que Romano no quería saber, este se dejó caer en uno de los sillones de la sala y pensaba en que la casa de España no había cambiado mucho desde que se había marchado, habían muchos recuerdos allí, en eso le llegó un olor de la cocina, la paella olía delicioso.

-¡Está lista Lovi!- Gritó alguien (ustedes saben quién) desde la cocina con un ánimo desesperante- ¿Algo de vino?

-Solo una copa- Accedió Romano mientras se sentaba en a la mesa, el plato frente a él le hizo recordar que estaba famélico, no había comido nada desde el almuerzo del día anterior y decidió que esta vez le daría oportunidad a la comida española.

-¿Que tal está Lovi?- preguntó emocionado Antonio, mirándolo desde el otro lado de la mesa.

-No está mal- Accedió a contestar, realmente estaba deliciosa y justo como a él le gustaba pero no iba a dejar que el bastardo lo supiera, no, él era orgulloso a cuesta de todo.

Comieron en silencio, o bueno, al menos el Italiano lo hizo, Antonio no dejaba de decir cosas sin sentido, hablaba del clima, de política, de deportes y de cuanta mierda le viniera a la mente, sinceramente era molesto y mucho pero Lovino lo dejaba pasar, aunque odiara admitirlo él quería mucho a ese bastardo, había vivido mucho tiempo con él y se había acostumbrado, después de Feliciano era quien más lo conocía y después de él estaban sus amigos, ni siquiera ellos sabían tanto de Lovino Vargas como el maldito Español sabía. En cuanto terminaron se encargó (por primera vez en mucho tiempo) de lavar los platos y luego se sentaron en la sala a seguir charlando.

-¿Quieres ir por un helado?- Preguntó de la nada Antonio.

-No.

-¿Quieres ir a por churros y chocolate?- Siguió de insistente.

-No…

-¿Quieres ir a beber algo?- El italiano alzó una ceja y lo pensó.

-¡No! Estamos bebiendo vino- Señaló la copa en su otra mano y pensó- "¡Que idiotas son los españoles!"

-Ah, es cierto- Dijo él meciendo la copa en su mano, accidentalmente el contenido terminó en la blanca camisa del italiano- ¡Lo siento Lovi!

-España, eres un bastardo hijo de puta- Dijo enfadado el italiano pero sin levantar la voz, eso solo lo hacía ver más atemorizante.

-Ah Lovi, discúlpame, fue un accidente…- Suplicaba por perdón el español- Mira, arriba creo que todavía tengo algunas de tus cosas, debe haber una camisa que te quede.

-mas te vale Bastardo- Subió las escaleras mientras el otro limpiaba el desastre que había armado en la sala, el cuarto que ocupaba antes en la casa del español se había mantenido intacto, sonrió tontamente al pensar en Antonio esperándolo regresar- Idiota…

Empezó a rebuscar entre las cosas y sacando y sacando chunches* hasta que por fin dio con una camiseta suya, no era su favorita pero serviría, se la probó y vio que le quedaba algo ajustada pero no mal, el verde era un color que le quedaba bien. Entonces suspiró con resignación y se sentó en la cama, allí había mucho desorden por todo lo que había sacado del armario, sus viejas fotos, sus juguetes, ropas que no le entrarían ni soñando y muchas cosas más. Entre ellas vio su viejo juego de pintura y se le encogió el corazón al pensar en Feliciano, esto le recordó de un objeto muy valioso que se había dejado la última vez que había visitado a España.

-¡España!- gritó mientras bajaba las escaleras corriendo, al llegar a la sala vio que el mayor lo observaba esperando una reprimenda o algo- ¿Dónde está el guardapelo dorado que deje aquí la última vez?

-Esto… ¿guardapelo, dorado, como de este tamaño?- Empezó a preguntar con algo de nerviosismo.

-Sí, ese mismo- Apuró Romano empezando a sopesar la acción del español.

-Esto… Lovi, ¿era valioso?- Se aventuró a preguntar.

-¿Qué si…?- Entonces todo cobró sentido- ¡Hijo de puta! ¿Qué le hiciste?

-Lovi Love, lo siento mucho, se cayó y pues…- Empezó a decir con temor al ver la cara del menor.

-¿Lo rompiste? Eres un…- Lovino se detuvo en el aire, respiró profundo y contó hasta 50, sí, hasta 50 para lograr calmarse un poco pero bueno, un poco no es nada realmente cuando se está así de enojado- ¡Maldito español!

-¡Lovi no me hables así! Fue un accidente- A Antonio no le gustaba que le gritaran tampoco, no así.

-Un accidente… ¿Qué mierda España? Lo rompiste, no puedo creer que dejó algo en tu jodida casa y lo dañas- Lovino estaba molesto, como alma que lleva el diablo, realmente enojado.

-¡Ey, no hables de mi casa! Fue un accidente, ¿Cuántas veces tengo que repetirlo?- Ok, Antonio era paciente pero no soportaba que nadie, NADIE, se metiera con su casa.

-Tu casa es una mierda España- Dijo con frialdad el Italiano- ¿Es que no entiendes lo que hiciste?

-Era solo un guardapelo, y además era horrible- Agregó, estaba un poquito cabreado también.

-¿Horrible? Realmente eres un bastardo, ¿lo hiciste a propósito?- Lovino estaba a cinco minutos de cometer homicidio.

-¡No! Fue un accidente, aunque fue un favor que te hice al romper esa cosa- Definitivamente esa discusión no iba a terminar pronto.

-¿Un favor? Estás loco, en serio, hay cosas que simplemente no puedes olvidar así porque así, eso era valioso para mí- Lovino estaba enojado, los dos lo estaban pero el español (extrañamente) lo estaba más.

-¿Qué valor podía tener esa baratija? Estaba hasta manchado de pintura, lo debiste ensuciar uno de los tantos días que intentaste pintar algo- Escupió el Antonio.

-¿Intentar? Eres un maldito infeliz España, no sé qué putas estaba pensando cuando acepte el venir a esta mierda que llamas casa, además tu paella estaba asquerosa y sí, el vino español debería ser ilegal, eres un jodido bastardo- Lo había hecho, se había metido de lleno con la casa de España, eso hacía que su modo conquistador entrara en ON.

-¿Yo soy un jodido bastardo? Pues tu eres un insolente malagradecido, en serio, te invito a mi casa a almorzar, cocino para ti y todo y tú te enojas por un maldito guardapelo que no valía la pena- España estaba molesto, muy molesto, sabía que mañana se arrepentiría de ello pero hoy solo quería hacer a Lovino sufrir por meterse con el país de la pasión- ¿Por qué no eres un poco más como tu hermano?

Ante esa pregunta Lovino se quedó helado, medio mundo ya se la había hecho (literalmente) y nunca le había dolido tanto, todos siempre lo comparaban con su hermano, con el talentoso Feliciano, con el amable Feliciano, con el perfecto Feliciano, siempre era menos que su hermano, todos trataban de hacerlo ser como él pero no podía, simplemente no podía.

-Porque definitivamente yo no soy mi hermano- Dijo muy dolido tratando de que la voz no se le quebrara, nunca había llegado realmente a odiar España pero ya lo hacía.

Antonio no tuvo tiempo de reparar en lo que había hecho pues Lovino ya había salido de la casa hecho una furia y echado a correr lejos, Antonio lo lamentaba, sabía que nunca debió molestarse tanto y recordó entonces que Lovino no se bajaba ese guardapelo desde que lo habían separado de Feliciano, era cosa de hermanos y no lo había entendido, se habían cabreado por algo tan pequeño.

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Estaba cansado, le dolían las piernas, el cuerpo… el corazón, había corrido sin detenerse desde la casa del español, aún cuando había tratado de evitarlo las lagrimas corrían por su rostro, estaba, no enojado, frustrado, estaba triste y muy ofendido, jamás se había dejado doblegar por nadie pues él era Lovino Vargas y por un carajo dejaba que lo vieran llorar, él era fuerte y no dejaba que ninguno doblegara su espíritu, él no necesitaba de nadie y estaba bien solo, el problema era que todo eso era una puta mentira, las patadas y los golpes que el tiempo le había dado dolían, uno tras otro, cada vez que escuchaba decir que no era como Feliciano y que nunca lo sería le dolía como si le estuviesen rompiendo el corazón, sí, lo hervían a fuego lento para que doliera más.

Estaba cansado, pero no tanto físicamente, seguía corriendo sin saber cuándo detenerse, su casa estaba lejos pero algún día llegaría, supo que el cielo lo entendía cuando empezó a llover y entonces nadie diferenciaba entre las gotas de lluvia y otra cosa. Estaba cansado emocionalmente, sabía que Dios lo odiaba, era como sí todo cuando venía tenía que chocar contra él primero, todo lo golpeaba a él, toda la imperfección de Feliciano venía a él y caía sobre sus hombros. Extrañamente el objeto que había perdido y que tanto quería solo resaltaba que él no era mejor que su hermano.

El guardapelo era pequeño, como de unos cinco centímetros de largo y unos tres de ancho, dentro solo tenía una fotografía de Feliciano cuando era pequeño (Chibitalia pero sin vestido xD) y al otro lado un espejo, un espejo que reflejaba a Feli y claramente al dar una imagen reversa se convertía en él, era el reflejo de Feliciano y al mismo tiempo una ilusión de ser Lovino, dolía mucho el abrirlo y verlo pero lo adoraba, su hermano se lo había dado cuando los habían separado y eso lo había mantenido fuerte en casa de España, lo hacía sentir que no estaba solo y recordar a su estúpido, inútil pero querido hermano, recordó entonces que odiaba estar solo.

Flashback

-Lovinito tengo que marcharme, cuida de la casa- Le dijo España al pequeño que solo gruñó en respuesta- No será por mucho tiempo está vez, te lo prometo.

-Mentiroso bastardo- dijo entre dientes al verlo marcharse, sabía que no volvería pronto, cada vez que se iba a colonizar nuevas tierras lo dejaba solo y por largas temporadas.

Odiaba estar solo así que subió a su cuarto y trató de distraerse pintando, solía dibujar muchas cosas, ninguna tan bonita como las que su hermano hacía pero algunas no eran feas, había varias obras de las cuales estaba orgulloso, las guardaba lejos de ojos curiosos y eran prácticamente para él, un consuelo, una prueba de que valía lo mismo que Feliciano, se preguntó entonces por el estado de su hermano, el señor Austria parecía más cuidadoso que el Bastardo español pero no estaba seguro.

-No se puede confiar en bastardos- Dijo seriamente el pequeño mientras daba un vistazo a su creación, aquella concha de mar había quedado muy colorida, un fuerte naranja y un rojo casi eléctrico habían hecho un buen trabajo, era algo demasiado sencillo y sin detalles pero provocaba felicidad al menor- Supongo que está bien así.

Durante las siguientes semanas tuvo problemas, como siempre que el bastardo se iba, cocinar no le era uno de ellos, sabía hacerlo aún cuando se negaba, realmente no le gustaba hacerlo pues aunque las cosas quedaban bien nunca llegaban a ser como las que hacían Feliciano, limpiar era otra cosa que detestaba pero tenía que hacer, tampoco era que se empeñara en dejar la casa reluciente pero por lo menos la mantenía habitable, las lluvias vinieron y con ellas las tormentas, el día no era problema para Lovino, estaba bastante grande para cuidarse solo pero las noches eran otra cosa, odiaba estar solo en medio de la oscuridad y cuando había tormenta le entraba pánico, se encerraba en el armario de España y allí, donde sabía que nadie lo vería jamás, lloraba de miedo, sin querer admitirlo extrañaba al bastardo español.

Fin del Flashback

Por fin divisó su casa, ya pronto podría quitarse la ropa mojada, darse un baño caliente y echarse a dormir, le había tomado toda la tarde llegar a su casa y sin darse cuenta ya era de noche, Feliciano no estaba, había una nota en la entrada que decía que se había ido con Alemania y Japón a cenar pero que había lasaña en el microondas si quería, no le importó mucho que su hermano no estuviese, seguramente lo habría ahogado en preguntas inútiles que sin duda lo habrían hecho perder la paciencia.

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-¿Que sucede Feliciano?- Preguntó Ludwig a su acompañante, había estado algo callado.

- Ve ~ No es nada, espero, es solo que siento que algo no está bien- Contestó alzando la mirada al rubio- Quiero decir, con mi hermano Ve ~

-¿sigues preocupado porque no cenó con nosotros ayer?- Ludwig entendía la actitud del mayor de los italianos hacía él más que Feliciano- Olvídalo, seguramente no quería cenar conmigo presente.

-No es solo eso Ve ~... Hay otra cosa, no sé que es pero…-En eso sonó el móvil de Italia, (imaginen la canción de hetalia sonando jj) él lo tomó ciertamente preocupado y atendió- ¿Ciao?

-Ita-chan, ¿está Romano ya en casa?- La voz preocupada del Español solo consiguió aumentar el nerviosismo de Feliciano.

-No estoy en casa, ¿paso algo Ve ~?- Feliciano estaba dispuesto a dejar la película para otro día.

-No lo sé, bueno, sí, pero… Tuvimos una pelea y yo… le dije algo muy feo pero… no fue mi intención…- Explicó Antonio con culpa en la voz- Creo que fue mi culpa por haber roto ese guardapelo, pero fue un accidente…

-España Ni-chan… ¿Un guardapelo de oro, pequeño que tenía un espejo en la tapa?- Feliciano estaba que no se lo creía cuando escuchó al español confirmar su miedo- Era muy especial para mi hermano, entiendo que se haya enojado Ve ~

-¿EH? No puede ser, ¿realmente era valioso?- España estaba ahora sintiéndose el doble de culpable que antes.

-Bastante, pero fue un accidente, no te preocupes Antonio, yo hablaré con él- se despidió cortésmente del español y miró a sus amigos- Doitsu, Kiku, lo siento, tengo que volver a casa, algo pasó y bueno, ustedes entienden Ve ~

-Oh no hay problema Italia, podemos dejarlo para otro día- Dijo Japón con una sonrisa tranquilizadora, realmente el también quería pasar un tiempo de caridad con su hermano, quien seguía algo extraño con ellos.

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-¿Hermano?- Feliciano había llegado a casa en un taxi (las distancias aquí se solucionan con la magia de los fanfics jj) la casa parecía vacía.

Subió las escaleras y entró con cuidado al cuarto de su hermano, dentro no había nadie pero la luz del baño estaba encendida, allí encontró a quien buscaba, sentado en el suelo, con la camiseta fuera y llorando, seguramente iba a tomar un baño y se arrepintió. Lovino estaba todo mojado, con el pelo pegado a la cara y las lagrimas corriendo por sus mejillas, al verlo había tratado de limpiarlas y aparentar pero no podía engañarlo ya; era muy tarde para eso.

- Ve ~¿Quieres charlar?- Preguntó Feliciano colocandose al lado de su hermano y acariciando suavemente su cabeza- Tenemos toda la noche Ve ~

-Lo siento Feli... no quiero- Le contestó entre sollozos mal disimulados, su hermano estaba frío así que lo rodeó y lo abrazó a su cuerpo, dandole algo de calor y besando sus lagrimas.

- Ve ~ Entonces nos quedaremos en silencio hasta que paren- Feliciano claramente se refería a las lagrimas, odiaba ver a su hermano mayor llorar, él siempre lo hacía pero Lovino no, era una roca por fuera aún cuando sabía que por dentro era suave como la espuma, que con un toque se deshace- Ve ~ Yo me quedaré aquí hasta que paren.

-Gratzie fratello- Dijo suavemente con la cabeza hundida en el pecho de su hermanito.

Estuvieron así un buen rato hasta que por fin las lagrimas parecieron acabarse, entonces, Feliciano dejó a Lovino tomar un baño caliente, vestirse más cómodamente y se echaron en la cama del mayor, Feliciano seguía abrazando a su hermano, dándole protección de eso que sabía era lo único que podía herirlo; la soledad. La lluvia fuera solo parecía caer cada vez más fuerte y entonces vinieron los rayos, ambos les habían tenido pánico a cierta edad pero ya no les causaba ese efecto, sin embargo, cuando llovía y había tormenta solían dormir juntos, tomados de la mano.

¿Por qué?

Porque ambos sentían que a cada relámpago, esa luz que se encendía y apagaba de golpe, podía quitarles lo único que los mantenía cuerdos; al otro. El tiempo en el que se aterrorizaban de los rayos había sido cuando estaban separados pero juntos aquello no era más que un mal clima, juntos era como les gustaba estar pues eran hermanos y se querían mucho, la estima que Feliciano tenía hacía su hermano pocos la comprenderían, Romano siempre había estado allí para él, para defenderlo, para cuidarlo, para ofrecerle todo cuanto estuviese a su alcance, para apoyarlo y animarlo a seguir, para alegrarlo con sus chistes pésimos y sus intentos frustrados de echar a Ludwig de su vida, con sus celos que solo indicaban lo valioso que era para él, amaba a su hermano mayor y aunque el tiempo pasara y los problemas viniesen; no dejaría que nadie ni nada lo arrebatara de su lado.

Por su parte, Romano no entendía, amaba a su hermanito, amaba como Feliciano siempre le sacaba una sonrisa, como estaba siempre que lo necesitaba, como lo apoyaba a levantarse cada que caía, como se preocupaba por él aún cuando no había nada que lo delatara en problemas, aún cuando no había derramado una lagrima y él ya sabía que estaba triste y le obsequiaba una sonrisa, amaba las sonrisas de Feliciano, sus ve ~ ve ~ ve ~, aún cuando decía que le molestaban; sus irremediables ataques de estupidez y su voz molesta, amaba la forma en que su hermano decía "Pasta" cada que no tenía nada más que decir. Entonces, si amaba a Feliciano, ¿Cómo podía odiarlo de esa manera?

Lo odiaba, sí, y mucho. Detestaba que fuera tan bueno, tan amable, tan dulce, tan perfecto; porque él era todo lo contrario. Detestaba que su hermano supiese pintar tan bien, que pudiese tocar música encantadora, que pudiese bailar con gracia y siempre sonreír, porque él no podía. Odiaba que la gente siempre lo comparara con él, odiaba que siempre le dijeran que no era él, que le pidieran ser él. Su nombre era Lovino Vargas, nunca había sido, no era y definitivamente jamás sería Feliciano Vargas. Entonces, odiaba todo lo relacionado a Feliciano pero no podía odiar a Feliciano porque lo amaba. Había algo bueno en todo eso, aún cuando sus sentimientos chocaran, aún cuando el mundo lo hiciera caer, pusiera peso en sus hombros, lo hiriera o le hiciera llorar por no ser como su hermano, este siempre estaría allí para animarlo, para ayudarle a ponerse en pie, para liberar su tensión y para besar sus lagrimas.

- Ve ~¿Sucede algo?- Preguntó Feliciano al sentir que la mano de su hermano presionaba la suya.

-Dormirás conmigo hoy, ¿verdad? No te irás, ¿cierto?- Preguntó Lovino como un niño quien no quiere que su papá se vaya a trabajar.

- Ve ~ Claro que dormiré contigo hoy, mañana y cuando quieras, jamás me iré si no me lo pides- Feliciano sonreía con ternura y besó la frente de su hermano para darle las buenas noches- Ve ~ Que descanses hermano mayor.

-igual Hermanito- dijo Lovino regalando una sonrisa hermosa, así como pocas se podían ver y susurro con cariño- ¿Fratello?

- Ve ~ Dime.

-Ti amo…

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Soooo... terminé, creo que me quedó algo más corto que el otro pero bueno, no se le puede hacer nada, trabaje tres días en el primero y en este solo hoy desde la mañana jjj… que cansado escribir pero bueno, no me queda de otra, es eso o aburrirme. Originalmente iba a llamarse "El pincel de Romano" pero cambié de idea al recordar a mis amigos Mati y Eli, son primos pero sus papás son gemelos así que se parecen chorros, son casi igualitos y los bandidos tienen la misma edad y todo jjjj… un día se pusieron a jugar con unas fotos y un Guardapelo de la tía materna de Eli y terminaron peinándose iguales solo que con el fleco para un lado distinto, y como el guardapelo lo que tenía dentro eran dos espejos pero uno se había roto pegaron la foto allí y cuando lo entre abrías se veía como si fuesen Eli y Mati cuando solo era la foto de Mati al revés que hacía parecer que en el espejo estaba la foto de Eli.

Por cierto, Chunches en mi país (la hermosa Costa Rica) significa cosa, en serio, acá todo es un Chunche, es común escuchar a gente diciendo, "¡Ey mae, páseme ese chunche!" jjj…. ¡Dejen Reviews Plisss!