Hola Gentes preciosas, disculpen mi retraso taaaan prolongado pero es que he estado ocupada que da miedo, y aunque no lo crean, cambio de historia cada tres días, en serio, tengo demasiados proyectos a medias así que estoy tratando de sacarlos uno por uno, lo malo es que acá solo tengo dos pero en otros lados tengo bastantes y es difícil mantener todo en orden, espero que comprendan y me disculpen. Sin más quie decir aquí queda la historia, pero todavía no termina, le falta alguito xD!
Disclaimer: Estos personajes no son todos míos, son del señor Himaruya Hidekazu, y le agradezco profundamente el que los haya creado, pues sin el yo no tendría historia que escribir!
Advertencias: No muchas, no, realmente creo que este capitulo quedó bastante sano, pero por si acaso ojo con algunas cositas que se me pueden haber ido por ahí.
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El amigo de…disculpa, ¿Quién?
Tenía el pelo pegado a la cara debido a la lluvia que caía sin piedad alguna, estaba lleno de tierra de los pies a la cabeza y lloraba amargamente mientras con una pala rellenaba de tierra un agujero en su jardín, justo debajo de aquel maple que adoraba. Los mechones rubios se veían algo oscuros por la tierra convertida ahora en lodo que residía en ellos, su rostro también estaba sucio y no le importaba, las lágrimas trazaban un camino por donde se deslizaban, limpiando efectivamente la suciedad, estaba empapado y el frío le calaba los huesos pero no le importaba, tenía que terminar su labor.
Con mano temblorosa y lleno de dolor colocó una cruz de madera sobre el tumulto de tierra a sus pies, se acuclilló para poner la tablilla que había improvisado hacía unos minutos, sus ojos violetas solo podían llorar más y más a cada acto que hacía y aún así el dolor solo crecía, no pudo evitar dejarse caer de rodillas en la tierra y llorar aún con más desesperación al leer lo que había escrito, ¿por qué esa tenía que ser la primera vez que recordaba su nombre?
"Descansa en paz
Bajo la sombra de un dulce maple
Mi buen amigo
Kumajirou"
Lo escrito en esa tabla solo podía romperle el corazón una y otra vez, no le importó que hubiese empezado una tormenta terrible y que los truenos se hicieran notar con sonidos tan fuertes que hacían vibrar las ventanas de su casa, tampoco le molestaban los relámpagos que en un fugaz segundo se encendían y apagaban, causando sobresalto a los que corrían en busca de un refugio contra las frías aguas que caían del cielo canadiense, el frío, típico del lugar, era el doble cuando llovía y las personas en Ottawa trataban de buscar un lugar donde no mojarse o una vía que los llevase a casa, Mathew no tenía casa, ya no la quería, no quería estar encerrado entre cuatro paredes; solo. Ya no tenía a nadie, su mejor amigo lo había dejado y nada podría devolvérselo.
Lo único que le quedaba era dolor y soledad, un dolor tan terrible que sentía como si le hubiesen abierto el pecho y sacado el corazón de un tirón, se sentía como si en vez de morir rápidamente lo estuviesen torturando lenta pero efectivamente hasta la muerte, eso era lo que quería justo ahora; morir, pues odiaba la vida que le quedaba. La soledad que lo acompañaba era irónicamente su único consuelo, el saber que estaba solo lo perturbaba y al mismo tiempo lo consolaba, odiaba estar solo pero así podía llorar a gusto, no quería estar solo pero tampoco quería que lo oyeran gritar, odiaba la soledad pero esta siempre lo buscaba y lo abrazaba como una vieja amiga que no ves en mucho tiempo, Mathew la odiaba pero la recibía de brazos abiertos.
Cuando empezó a NO sentir su cuerpo debido al frío decidió entrar a lo que sería de ahora en adelante su infierno, la casa estaba agradablemente cálida debido a una buena calefacción pero el entumecido y maltratado cuerpo del canadiense realmente no lo percibía, ni siquiera se explicaba cómo había sido capaz de subir las escaleras y meterse en su cama, por ese lapso no había llorado más pero al estar en la cama, solo, abrazó una almohada y pensó en que no era tan suave ni olía tan bien como su oso polar, realmente lo echaba de menos y eso que apenas habían pasado unas 6 o 7 horas desde que había muerto. Se sentía tan adolorido y cansado como pocas veces en la vida pero esta vez le duraría mucho más, se había acostumbrado a la compañía del pequeño Kumajirou y nunca pensó que pudiese morir, habían pasado tanto tiempo juntos y habían cambiado tan poco que llegó a creer que él oso estaría allí para siempre. Con esos absurdos pensamientos se quedó dormido, agotado de tanto llorar, con el cuerpo entumecido a causa del frío, completamente empapado por la lluvia y adolorido por el trabajo de enterrar a quien, en vida, había sido su mejor amigo.
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La mañana vino y con ella los primeros rayos de sol, la lluvia había cesado y el único recuerdo que había de ella era el olor a tierra fresca, las gotas estancadas en los arboles y el césped, y los charquitos en la calle. Los autos corrían apresurados de un lado para el otro, regresando a la ardua rutina de la mañana, madres caminaban con sus hijos tomados de la mano, llevándolos a la escuela y estos iban junto a ellas con una sonrisa, había gente corriendo a esas horas, tratando de mantener su cuerpo sano, algunos solos, otros con compañía, unos con sus amigos y otros con sus mascotas. Mathew Williams apenas y despertaba, se sentía algo pesado al caminar y un aire de vacío se respiraba a su alrededor.
Sin mucho recato se desnudó en medio de la habitación, sin siquiera molestarse, ya no había nada que lo retuviera de ello, además, quería quitarse esa ropa lo antes posible, estaba llena de tierra e incluso ahora seguía mojada, entró al baño y decidió tomar una ducha, el agua en Canadá siempre era fría pero Mathew ya estaba acostumbrado, aquel líquido incoloro solo ayudaba a lavar la suciedad de su cuerpo aunque deseaba que pudiese ayudarle a lavar muchas cosas de su mente, cosas en las que no quería pensar. Odiaba que justo ese día tenía que ir a una reunión, con mucho gusto se la habría saltado y quedado en casa, a fin de cuentas, ¿Quién le pondría atención? El era invisible y hoy por primera vez en su vida lo agradecía.
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En la sala de reuniones se podía observar el caos de todos los días, siempre era lo mismo; Inglaterra y Estados Unidos le gritaban enojados a Francia, quien había negado estar de lado de ninguno y por consiguiente las otras dos naciones trataban de convencerlo…de que era un completo idiota. Los nórdicos estaban en su mayoría sobre Ice, Dinamarca y Noruega no dejaban de pedirle que los llamara "oni-chan" mientras Finlandia y Suecia tenían una conversación sobre lo lindo que solía ser el albino de pequeño, Sealand había tenido un ataque de celos por su causa y ahora trataba de secuestrar a Mr. Puffin. China era acosado por su hermano Corea, quién no dejaba de decir cosas vergonzosas sobre su hermano y sus derechos posesivos sobre ellas, Japón simplemente observaba la escena como venganza hacía su hermano mayor por haberse burlado de él y Taiwán trataba de ponerle un bonito vestido rosa a Vietnam, quién alegaba que ni loca se ponía esa cosa y ofrecía a Hong Kong para utilizarlo con el argumento de que a este se le vería mucho mejor. Alemania trataba de calmar a su hermano Gilbert, quién quería irse al cuello de Austria y ahorcarlo, lo habría hecho de no haber sido golpeado por el sartén de Hungría, el menor de los Italia le daba apoyos a Ludwig y no podía evitar decirle a Gilbert lo peligrosa que era Hungría enojada, mientras por debajo de la mesa sostenía la mano de su hermano, quien con disimulo trataba de charlar con Suiza mientras ignoraba a España al otro lado de la mesa. Entonces, Mathew entró, algo retrasado.
-¿Alfred?- preguntó un extrañado inglés mirando al recién llegado- ¿A qué hora te cambiaste?
-Pero yo…- empezó a decir el aludido debajo de la mesa, aplastado por un pie francés
-Mon Ami, esa ropa te queda de maravilla, casi pareces otra persona- Francis había sacado una rosa de ve Dios a saber de dónde y jugueteaba con ella.
-Pero yo…- Siguió de insistente Estados Unidos zafándose del pisotón Francés- …Estoy aquí.
-¿Alfred?- preguntó ahora un muy choqueado inglés mirando al come hamburguesas salir de bajo la mesa- Entonces… ¿ese quién es?
-Soy Canadá- Dijo el muchacho sin alzar la voz, extrañamente, fue escuchado por todos.
-¿Quién?- Preguntó Arthur, pero luego de pensarlo bien; recordó- ¡Mathew!
Quizá era su aspecto el que lo hacía resaltar, generalmente callado y tranquilo, siempre dulce y demasiado amable, así era él casi siempre, pero hoy no, su uniforme caqui había quedado en casa y vestía un traje negro de vestir, bastante formal, su cabello caía igual de desordenado que siempre pero sus ojos violetas carecían de brillo, su rostro casi siempre nervioso estaba ahora calmado y vacío, pero le faltaba algo, nadie había notado todavía lo que era y simplemente no quería recordarlo.
-Ejem… creo que ya estamos todos- Dijo Francis extrañado de que alguien que no fuese el le pusiera atención al rubio.
-Sí, empecemos de una buena vez- apuró el inglés y todos tomaron sus lugares.
Mientras tanto, Alfred no le quitaba la vista de encima a su hermano, estaba ligeramente celoso pues él era el único con derecho de fijarse en el, era el único que lo hacía siempre, aún cuando pareciera que no; lo hacía, nunca dejaba que aquel muchacho de ojos violetas pasara fuera de su radar, sabía que además de él lo notaban Francis y de vez en cuando Arthur, pero no podía evitar ser celoso, él era su hermano, su héroe. Mathew por su lado solo quería que aquello terminara pronto para regresar a casa, la actitud de Arthur le había roto el corazón un poco más, ¿no era suficiente ya?, había perdido todo y aún así le querían quitar más, ¿Qué le quedaba que pudiesen tomar?
Apretó sus manos en sus rodillas, consumiendo las lagrimas que amenazaban con salir, recordaba entonces que alguien le hacía falta, no podía abrazar más nada que el recuerdo, no le quedaba más nada que eso. No podría olvidar jamás el día que su padre le había dado a Kuma, aquel día había sido uno muy doloroso y aún así uno muy bueno.
Flashback
-Mon petit, nollores más, prometo que vendré a verte cada que pueda, solo no llores- Decía el francés al pequeño rubio a su lado, le tomaba la mano con fuerza y deseaba no tener que hacer lo que tenía que hacer- Mathew, mírame, mi pequeño ángel, mírame
-Papa, no quiero, por favor no me dejes- El pequeño frotaba sus puños contra sus ojos, tratando inútilmente de detener las lagrimas que brotaban de ellos como interminables.
-Oh Mathew…- El hombre se puso a la altura del pequeño y acarició su rostro con cariño, recogiendo así las lagrimas en el mismo- No te estoy dejando, solo pasaras un tiempo en casa de Arthur hasta que todo se solucione, yo haré todo lo que esté en mis manos para que volvamos a estar juntos lo más rápido posible.
-¿Lo prometes papa?- Su voz sonaba más calmada pero las lágrimas no querían detenerse.
-Lo prometo mon petit soleil, ¿Cuándo te he fallado Mathew?- Sonaba convincente y el pequeño le dedicó una sonrisa sinceramente enternecedora- Tengo algo para ti mi niño.
-¿Qué es papa?- Ya había dejado de llorar y ahora poseía una curiosidad creciente.
-Esto- En la mesa había una caja que el mayor tomó y le llevó al pequeño, estaba decorada pero tenía algunos agujeros en ella, entonces la caja se movió haciendo al niño sobresaltarse.
-¿Está viva?- Preguntó entre curioso y asustado, tocó la caja ligeramente y esta se volvió a mover, entonces el niño sonrió con cierta sorpresa- ¡Es una mascota!
-Lo es mon mignon, creo que te gustara, lo compre para que no te sientas solo mientras yo no estoy- El mayor sonreía también, le había costado mucho encontrar una mascota para su pequeño, al principio había pensado en regalarle una paloma, así como Pierre pero luego cayó en que Mathew era tan diferente a él- ¿Qué esperas para abrir esa caja?
-¡Aw!- El pequeño no se hizo de rogar y la abrió, dentro había algo que lo dejó sorprendido y encantado, un osezno completamente blanco se encontraba dentro y ahora lo observaba con esos enormes y brillantes ojos negros- ¡Me encanta papa! ¡Merci!
-Me alegra mucho que te agrade- Francis sonreía ante la escena frente a él, extrañaría mucho a ese pequeño- ¿Cómo se llamara?
-Oye osito, tu nombre será Kumajirou- Dijo acariciando una oreja del osezno y ayudándole a salir de la caja- ¿te gusta?
-Parece que sí- Rió el mayor cuando el travieso kumajirou le lamió la cara al niño.
-Entonces Kumachiki, ahora seremos amigos- El menor abrazó con fuerza al oso.
-¿Su nombre no era…?- Empezó a preguntar el francés con una cara de desconcierto.
-Bien Kumakaru, yo soy tu dueño- Prosiguió el niño ignorando a Francis.
-Ah olvídalo- Se resignó, sabía que su pequeño solía olvidar cosas de vez en cuando pero era un hecho que ya había olvidado el nombre del oso.
-Mi nombre es Mathew y soy Canadá- Sonrió el pequeño mientras se presentaba.
-¿Quién?- Preguntó el osezno con inocencia.
Fin del Flashback.
Mathew consiguió formar una sonrisa mientras pensaba en aquello, era tan tonto el verlo desde su punto de vista actual, él mismo había escogido el nombre para su mascota y no había podido recordarlo por un minuto, era extraño entonces que todos supieran como se llamaba menos él, nunca habían recordado sus nombres mutuamente y justo ahora extrañaba aquella presencia en su regazo que seguramente desconocía en piernas de quién estaba, que seguramente le habría mirado con aquella inocencia propia suya y habría preguntado por la identidad de quien lo sostenía en brazos y abrazaba con cariño. Una lagrima recorrió en solitario su mejilla pero la limpió antes de que llegase a caer, a fin de cuentas, ¿Cuál era el propósito de aquello?
Nadie le ponía atención nunca, entonces, ¿Qué había de nuevo en aquel día? Le negaban la mera existencia tantas veces al año que incluso no parecían alcanzar los 365 días de este para hacerlo, lo olvidaban en su cumpleaños, lo olvidaban cada vez que se daban la vuelta, hablaban sobre él de vez en cuando pero casi nunca hablaban CON él, ¿era esa la maldición que Dios le tenía reservada por ser tan mediocre? ¿Es que querían todos que fuese como Alfred; ruidoso y molesto?
Simplemente no podía, en esas ocasiones era capaz de entender a la perfección a uno de sus pocos amigos, Lovino siempre se quejaba de lo molesto que era que lo viviesen comparando con Feliciano, por lo menos el no tenía que soportar los abusos de los demás, aunque, el día de hoy parecía algo alicaído, Mathew se preguntó si le habría pasado algo, además notó como su hermano menor le mantenía la mano sujeta con cariño. ¿Por qué su hermano no podía ser así? En cuanto y él cruzaron miradas se dedicó a ofrecerle la mejor sonrisa que pudiese formar, alguien por lo menos tenía que sentirse bien ese día, que su vida apestara no era razón para descuidar a sus amigos. Mathew no era egoísta, quizá demasiado bueno, era un chico que daba todo a todos sin pedir nada a cambio, lastimosamente eso era exacto lo que recibía; nada.
Alfred se estaba empezando a asustar, había visto aquella lágrima correr solitaria por la mejilla de su hermano, veía sus ojos tristes y lo vio sonreír falsamente, era horrendo el agujero que se le hacía en el pecho, entonces cayó en cuenta de algo, Mathew se veía diferente, no por su ropa, le faltaba algo, algo importante, se notaba muy distinto y Alfred no lograba descifrar que era.
-¿sigues aquí o Tony ya te abdujo?- Preguntó un molesto Inglaterra, claramente no le gustaba ser ignorado- ¿Qué tanto piensas?
-No es… Nada- Dijo vencido al final, quería preguntarle a Arthur si no notaba algo diferente en el ojos violetas pero seguramente le preguntaría quién diablos era ese, como siempre- Discúlpame un momento, tengo algo que hacer.
-Estadounidenses- Fue lo único que bufó Arthur al ver al rubio alejarse con prisa de vuelta hacía la sala de reuniones, hacía un rato que la conferencia había terminado así que el inglés se marchó.
-Mathew, espera un segundo- Alfred consiguió llegar a su hermano antes de que este se levantara de su asiento siquiera- ¿Cómo has estado?
-Bien- Fue la respuesta seca que obtuvo el de ojos azules, los cuales abrió y cerró con cierta sorpresa- ¿y tú?
-Ehm… Bien, supongo…- Su hermano no era así, nunca tan frío, solía al menos regalarle una sonrisa torpe y un par de tartamudeos- Bonito traje, te hace resaltar.
-Em… gracias- La situación se empezaba a poner incomoda, Alfred no encontraba más que decir hasta que notó algo, ¡eso era!
-¿Dónde está Kumachikaru o como se llame? Es raro verte sin él- Para su sorpresa, y la de los pocos presentes, Mathew empezó a llorar de repente, de una manera que partía el corazón observarle- Shhh… Mattie, está bien… ¿Qué sucede hermanito?
-Yo…Kuma… No pude hacer nada…- Apenas lograba entender lo que el menor decía, entre sollozos, era raro verlo tan triste cuando era en realidad una nación tan amable- …ayer… mientras la luvia…Murió…
-¡Oh Mattie!- Entonces todo cobró sentido, Mathew había vivido pegado a ese animal desde que tenía ocho años (humanos) y no se separaba muy a menudo de él, lo cuidaba mucho y lo quería, era su mejor amigo, era obvio que estuviese afectado por su deceso- Lo siento mucho, es una mala noticia pero, Kuma ya era viejo, tuvo una buena vida, una buena y muy larga vida llena de cariño, ¿No crees?
-Pero… ¿Qué hay de mí?- El mismo Mathew se sorprendió cuando esas palabras salieron de su boca, el no era de esas personas que vivían quejándose de lo que les tocaba ni mucho menos reclamando lo que no, jamás pedía más atención de la que le daban y escucharse entonces, preguntando por su suerte, era extraño- No me gusta estar solo…
-Mattie, no estás solo tontito, nunca lo has estado y el grandioso yo no dejara que eso pase, los héroes no dejan a sus hermanos solos- Sonrió América dándole un abrazo "heroico" a su sollozante hermanito- ¿Quieres dormir hoy en mi casa?
-Supongo que está bien- Aceptó de buen grado el canadiense, limpiándose las lágrimas y evitando mirar a ninguno de los pocos que habían observado la escena (entre ellos Hungría con una cámara sospechosa)
-Yo jamás te dejaré solo Mattie.
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Quiero disculparme por lo corto que quedó este cap, realmente me quedé sin mucho que decir a medias pues realmente estos tres primeros capitulos vinieron siendo una introducción a la historia real, espero que la próxima vez nos veamos con un cap más largo y de mejor cálidad. Un beso Gente y Por Favor! Dejen Reviews!
