Capítulo II
Quien busca guerra, la encuentra
-¿Qué pasa acá?- preguntó Ruki. Sarah se acercó a la ventana, y mirando el gran jardín del palacio, comenzó su relato. Hace unos años, ambos reinos de Abra y Kadabra vivían en armonía, pero un oscuro día, llegó Azul, una sirvienta de apariencia sencilla, la cual encantó a los reyes de Kadabra. La excesiva confianza hizo que ella tomara el control del palacio. Una noche, a sangre fría, degolló al Rey de Kadabra y destripó a la familia de dicho Reino. Quiso tomar el Reino de Abra y hacer de ambos su imperio, pero Lila se opuso, ya que no quería que una tirana como Azul hiciera de Abra, el reino de las pesadillas como se había convertido Kadabra. Es por eso que ha intentado hostigar a Lila, hasta que ahora declaró la guerra. Todo esto, con el propósito de que Lila le ceda el poder a ella y de una vez por todas convertir ambos reinos en su imperio.
Una lágrima cayó por la mejilla de Sarah. Aoi corrió para abrazarla y ella agradeció ese abrazo. Secó sus lágrimas y Kai dijo:
-Podemos ayudar en lo que sea, incluso si tenemos que pelear, lo haremos-
Esas palabras despertaron el miedo en ellos, quienes gritaron sorprendidos por las palabras de su líder. Kai sonrió e insistió en sus palabras. Reita se levantó y le dijo al resto:
-Debemos dejar de ser cobardes y pelear. Sus Majestades cuentan con nosotros.-
Sarah sonrió y los abrazó a todos. De inmediato, una gran bala proyectada desde una catapulta irrumpió en la sala de estar. Todos se levantaron de sus asientos asustados y Sarah corrió hasta el balcón para ver de qué se trataba. Ruki sacó una nota que venía en la bala, la cuál decía: "La guerra ha comenzado". Sarah le quitó la nota a Ruki y se la mostró a Lila. Ella cambió su cara de seria a enfadada y una tormenta eléctrica comenzó.
-Si guerra es lo que quiere, guerra tendrá- dijo.
Uruha vio los rayos en el cielo y Sarah explicó inmediatamente que Lila era capaz de controlar el clima con su estado de ánimo. Aoi y Ruki enseguida bailaron para cambiar el estado de ánimo de Lila y ella comenzó a reír. La tormenta en un dos por tres terminó y Uruha quedó sorprendido, ya que se dio cuenta que Sarah no estaba mintiendo. El día se volvió soleado, pero cuando Lila abandonó la sala, los cielos se cubrieron de nubes. Aoi y Ruki corrieron detrás de Lila y Sarah le dijo al resto:
-Mañana comienzan el entrenamiento. Irán con el Ejército. Descansen.-
Cada uno se fue a su propia habitación, mientras que Trina se acercó a Sarah y ambas se abrazaron. Trina estaba asustada, pero Sarah le dio un beso en su frente y le dijo a su hermana menor:
-Trina, ya verás que todo pasará, y después de la guerra, el sol brillará todos los días en nuestros prados.-
Trina la abrazó y se fue a dormir. Sarah se dirigió hasta la cocina, abrió el refrigerador y sacó un poco de helado y crema. Se sentó en un sitial frente a un ventanal, y a la luz de la luna, comenzó a tararear la Sonata Claro de Luna de Beethoven. Aoi la abrazó y ella le dijo:
-Lo que no quería que pasara, va a ocurrir. Me da lata por Trina. Ella es aún muy chica para pelear en una guerra…-
-No la dejes pelear…- sugirió Aoi y Sarah interrumpió:
-¿Cómo quieres que la detenga si ella va a ver como sus hermanas sufren? ¿Crees que ella se quedará de brazos cruzados? De seguro peleará.-
Sarah tomó el vaso en el cual tomaba helado y lo llevó a la cocina. Aoi se asomó a la cocina y le dio las buenas noches a Sarah. Ella hizo lo mismo y ambos se fueron a sus habitaciones. Agatha acompañó a Sarah a su habitación y dejó su cama lista para ir a dormir. Sarah mandó a Agatha a dormir y que la dejara hacer sus cosas solas. Definitivamente la preocupación se apoderó de Sarah.
A la mañana siguiente, Sarah llevó a los chicos al campo de entrenamiento. Allí, una persona en armadura se acercó a ellos. De inmediato los chicos comenzaron a susurrarse. Sarah llamaba a esa persona "Comandante". De repente, esa persona retiró su yelmo de su cabeza. Era una chica. Ellos quedaron boquiabiertos y Sarah dijo:
-Chicos, ella es la Comandante Sheyla.-
Reita quedó maravillado con ella. No dejó de mirar sus ojos color miel, su largo cabello castaño y su bella sonrisa. Pero la sonrisa de Reita se borró en un instante cuando Sheyla le dijo a Sarah:
-Princesa Sarah, ¿me ha traído a estos cinco debiluchos para entrenarlos para una guerra?-
Reita se enojó con ella y gritó:
-¡No somos debiluchos!-
Por lo que fue un error. Sheyla lo retó a un duelo de espadas. Reita, confiado en derrotar a una mujer, tomó su espada, pero cuando iba a atacar, Sheyla enterró su espada en el suelo, se elevó impulsándose con la espada y le dio una patada, la cual lo dejó en el suelo. Ella se posó frente a él y le dijo:
-Así que no eres debilucho… te ganó una mujer. Tenlo en cuenta. Empecemos con el entrenamiento, niñitos de cristal.-
Los cinco estaban enojados con Sheyla, quien siempre se mostró fría ante ellos. Los llevó a su primera fase: los hizo trotar por el Bosque de los 20 Años, pasando por riachuelos, saltando por troncos, escalando paredes de rocas, saltando árboles y arrastrándose por el barro. Al final de la primera fase de su entrenamiento, ellos terminaron cansados, pero Sheyla los levantó y les dijo:
-Ustedes son unos niños mimados. Este entrenamiento es lo más suave que hay. Mañana quiero vayan al patio de espadas, tomen una y comenzaremos con la lección.-
Reita se iba a alzar sobre ella, pero los chicos lo detuvieron y Reita dijo:
-Y a mi que me empezó a gustar esa chica… me estoy enamorando del demonio.-
-Si te dijeron que el demonio era un ser rojo con cuernos, es que están mintiendo. Acabas de conocerla.- agregó Aoi. Los chicos apenas se pudieron mover y se fueron a descansar a sus respectivas habitaciones. Sarah entró a la habitación de Aoi y mientras él dormía, le dejó un anillo de oro y se fue de allí.
Afuera de la habitación estaba Sheyla, quien s iba a dormir. Sarah caminó con ella mientras ambas conversaban de lo duro que se vendría la guerra. En eso, Sheyla dijo:
-Esos chicos son bien debiluchos…-
-Son principiantes, Sheyla. Ten paciencia. Se convertirán en guerrero- interrumpió Sarah y Sheyla, algo dudosa de las palabras de Sarah, le preguntó:
-¿Cómo puede tener fe en que esos chicos serán guerreros?-
Por lo que Sarah sonrió y respondió:
-Sheyla, debes confiar mas en ellos. Incluso Reita se atrevió a aceptar tu desafío. Un guerrero no es siempre aquel que es fuerte en todo, sino quien acepta grandes desafíos aún siendo débil.-
Sheyla sabía que era fría y fuerte, pero bajaba su cabeza ante las palabras de Sarah. Sheyla se retiró a su habitación, se sentó en su cama y pensó en la forma en que Reita aceptó su desafío. Ella comenzaba a agradarle Reita. Pero, su carácter no podía permitir que ella se mostrara débil frente a él. Apagó la lámpara que tenía en su velador y se fue a dormir.
